Vol 3. Núm 8. 2015
CON LUCES Y SOMBRAS. HISTORIA DE MUJERES EN LA PSICOLOGÍA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO
Daylin Piedra Barrios Facultad de Ciencias Médicas Manuel Fajardo. La Habana, Cuba
Resumen
El artículo presenta los resultados de una tesis de diploma sobre la historia de seis mujeres en psicología, a partir de una propuesta teórica-metodológica de historia con perspectiva de género. Se desarrolló a partir de seis estudios de casos biográficos: Mary Whiton Calkins, Sabina Spielrein, Marie Langer, Ana Luisa Segarte, Elisa Knapp y Gloria Fariñas. Esta propuesta vincula el relato con perspectiva de género de su desempeño en el espacio público a la vez que en el espacio privado, con el análisis con perspectiva de género. Se siguió una metodología cualitativa, empleando la entrevista y el análisis documental como técnicas. Se encontraron alrededor de 22 regularidades en el relato de la historia y 25 en el análisis con perspectiva de género.
Abstract
The article presents the results of an investigation into the story of six women in psychology from a theoretical - methodological approach history from a gender perspective. It develops from six cases biographical studies: Mary Whiton Calkins, Sabina Spielrein, Marie Langer, Ana Luisa Segarte, Elisa Knapp and Gloria Fariñas. This proposal links the story with a gender perspective their performance in public space while in the private space, with analysis from a gender perspective. A qualitative methodology was followed, using interview and documentary analysis as techniques. Around 22 regularities in the telling of the story and 25 in the analysis with gender were found.
Palabras claves
historia con perspectiva de género, espacio privado, espacio público, history with a gender perspective, private space, public space

Introducción
A partir de estudios de género se ha visibilizado la misoginia y el androcentrismo científico, histórico, también en psicología. De ahí que surge la inquietud de ¿cómo contar la historia de manera que hablando de mujeres y/u hombres estén ahí, en el lugar que les corresponde? ¿Cómo hacer historia con perspectiva de género?
Crear epígrafes especiales ha sido una opción hasta hoy para llamar la atención sobre la presencia de mujeres. Pero sigue siendo algo añadido, anexado, con la posibilidad de ser más marginado aún. Mi propuesta para lograr la inclusión, a la vez que develar las desigualdades por razones de género, el androcentrismo, los mecanismos de poder, las barreras, las estrategias para hacer y participar en ese espacio público tan negado para las mujeres, sería un relato a la vez que análisis con perspectiva de género.
Relatar con perspectiva de género supondría entonces contar la participación dentro del espacio público a la vez que en el espacio privado. ¿Por qué? Ambos son espacios de realización de la vida de las y los sujetos; espacio público y espacio privado están fusionados; constituyen espacios cultural e históricamente jerarquizados, implicando poder; y porque esta lógica resulta válida, para sus objetivos, colocando en la mira tanto a mujeres como a hombres.
Al hablar tanto de espacio público como de espacio privado se hace referencia a lugares físicos, a relaciones y actividades o desempeños. La diferencia entre ellos estriba en el poder, la valoración, reconocimiento social y la posición que cada una/o ocupa en esos espacios, relaciones y actividades.
De ahí, que el espacio público1  se asocia con lo laboral remunerado, con lo del mercado y con lo político. Todas estas dimensiones suponen poder, prestigio, reconocimiento. Aunque pueda ser común a todas/os, el lugar que cada quien en él pueda tener es diferenciado.
Al hablar del espacio privado estas relaciones, actividades y lugares físicos no implican poder (no la falacia de poder que se le ha adjudicado), ni prestigio porque está a la vista de pocas personas (Amorós, 1994). La producción en él resulta particular, personalizada. Se asocia a lo doméstico, lo familiar.
Cada uno abarca de manera específica lugares, actividades y relaciones de importancia para la realización plena de las esferas de la vida de las personas: personal, familiar, estudio/ trabajo, sexual, relaciones de pareja. Esto implica, que no se puede hablar del total aislamiento en uno de estos espacios, constructos además. Por ello la necesaria comprensión de su interrelación, especialmente en nuestros días.
Apoyada en las ideas de Bethsabé Andía Pérez (2007), puedo proporcionar luces sobre la interconexión entre estos espacios, su relación dialéctica. Es que las políticas públicas afectan la vida de la familia y el hogar. A su vez, las relaciones en el lugar de trabajo y en la política están moldeadas por las desigualdades del poder sexual, de género que tiene su expresión en todos los ámbitos de realización de las personas, de manera particular en las interrelaciones grupales. Además la participación en la vida pública se limita por el modo en que se organiza la vida privada en función de los roles, estereotipos, barreras, mecanismos de poder de género.
Para el mundo femenino suponen dicotomías pues si vemos la definición misma del espacio público puede verse una conexión válida con los roles tradicionales de género masculino: poder, reconocimiento, éxito. A las mujeres o los roles de género femenino le viene como añadido, como una sumatoria, como algo adicional. De ahí, que deben competir o al menos ha sido la estrategia para lograr ese reconocimiento.
Ellas se atreven a salir al espacio público, sin embargo ellos al privado no tanto. Por eso se entiende que relatar la historia desde la participación tanto de mujeres como de hombres en el espacio público y privado sirve para los objetivos de una historia con perspectiva de género. Es que hablar de dimensiones tan generales como las relaciones interpersonales, las actividades y los espacios en que se desarrollan no se habla de un monólogo, sino de la vida en grupo, de lo social en lo personal y viceversa.
Sandra Harding (1987/1998) alertaba sobre la traición de intentar colocar el énfasis en la participación de las mujeres en el espacio público. Lo cual podría mantener una visión androcéntrica, lejos de hacer análisis válidos de género. Tal representación sugiere o perpetúa que las únicas actividades válidas, reconocibles, meritorias son aquellas que los hombres han considerado importantes. Develar el ejercicio en el ámbito privado visibiliza el protagonismo femenino en actividades vitales, en las que han debido estar hasta hoy como protagonistas, responsables y las que han aprendido a disfrutar.
A veces pareciera que el enfoque pone en la mira a las mujeres en especial. Esta ilusión se justifica en la necesidad de trabajar arduamente porque la historia no las borre de forma definitiva de la memoria. En los momentos en que se encuentran los estudios, las prácticas educativas, las mujeres deben colocarse en el centro. No basta con hacer investigaciones, se necesita de divulgación, de educación, de sensibilización para que en realidad estén como modelos, como paradigmas, para que funcionen. Aún son ellas las que deben ser objeto de rescate, de vindicación. Sin embargo no es excluyente: mujeres y hombres están sujetos a relaciones de poder, a mecanismos de exclusión, a barreras todo lo cual se devela, visibiliza con la perspectiva de género.
La otra de las dimensiones importantes para hacer historia con perspectiva de género resulta el análisis con perspectiva de género. No se hace en un momento en especial, sino a la par que se va relatando la participación en los espacios público y privado.
Se toma en cuenta las barreras que por razones de género han enfrentado. Las estrategias de enfrentamiento a las barreras, y es donde entran la conciliación espacio-temporal de manera más nítida, los aplazamientos, la búsqueda de redes de apoyo, los conflictos, las renuncias. En este análisis se vela por los costos que supone transgredir o aceptar las barreras de género. Los que implican frustraciones, malestares. También examinar la conciencia de género en las/los sujetas de historia, lo cual puede movilizarlas/los y devenir en mayor malestar o en acción para cambiar su situación. Como otra de las subdimensiones la identidad de género, viendo la definición de sí mismas/os en esta cultura y su movilidad en función de los espacios y las relaciones.
Hacer historia con perspectiva de género permite:

  • Recuperar las mujeres olvidadas.
  • Comprender los mecanismos de exclusión.
  • Construir modelos, genealogía.
  • Visibilizar la situación de las que viven y siguen haciendo historia.

Implica develar condiciones y situaciones de género. A la vez que las mujeres de hoy, de distintas nacionalidades también se incluyen en el mismo análisis, pues aunque los contextos históricos, culturales, políticos sean en ciertos puntos diferentes, lo que respecta a las mujeres en los marcos de subjetividades, representaciones, actitudes, acceso, segregación no ha cambiado tanto.
¿Por qué importa crear modelos, genealogía? Una de las dificultades del acceso de las mujeres en el ámbito académico, científico-tecnológico, laboral remunerado ha sido la ausencia de modelos o la presencia de modelos negativos para la superación, el desarrollo. Han tenido que optar por ingresar en el espacio público a partir de modelos mayormente masculinos.

Metodología
Partiendo del problema ¿cómo construir una historia de la psicología con perspectiva de género, atendiendo a las mujeres como sujetos del saber psicológico? se empleó una metodología cualitativa. Su argumento radica en la necesidad de una metodología flexible, en la medida en que se va ahondando, sin ánimos de generalizar los datos más bien en lograr la profundidad para entender y explicar el fenómeno. Requirió de la búsqueda y análisis de fuentes históricas tanto primarias como secundarias, la cual no resulta un momento en particular sino un proceso recurrente en la medida que lo demandó la investigación.
Dentro de los métodos posibles se escogió el estudio de caso, de corte biográfico, ya que permite conocer a cada una de las mujeres estudiadas en profundidad. La lógica autobiográfica, a partir de obtener información sobre sus vidas desde la persona misma o de documentos escritos. 
Para su estudio se usaron como técnicas las entrevistas en profundidad, semi-estructuradas y el análisis documental y de información. El análisis se basó en las dimensiones y sus correspondientes indicadores que guiaron la investigación.
La población la constituyeron todas aquellas mujeres que se hayan formado como psicólogas. Resulta pertinente aclarar que este fue un primer acercamiento a la visibilización de las mujeres como productoras en la psicología, podían pertenecer a la muestra muchas otras mujeres.
Los criterios de selección de los casos fueron ser mujer, haberse formado en psicología o haberse desempeñado profesionalmente dentro de esta. Las tres psicólogas no vivas, de otros países debían cumplir que en los libros de Historia de la Psicología o en alguna de las asignaturas de la carrera no hayan sido abordadas y que se encontraran varias fuentes sobre sus vidas.
En el caso de las psicólogas cubanas, debían ser mujeres de las primeras generaciones formadas en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana –primera universidad en Cuba–. Debían estar de acuerdo con los requisitos de la investigación, que se pudiera dar a conocer su historia.
Para el registro y análisis de la información se empleó el análisis de contenido. Lo cual permitió develar y organizar los significados y sentidos de las historias recogidas tanto en entrevistas como en autobiografías, o biografías realizadas por otras personas, así como en fotos u obra escrita.
La presentación de sus resultados se estructuró en dos momentos: conformando seis estudios de casos biográficos2. Cada historia con la lógica de las dimensiones relatar con perspectiva de género y analizar con perspectiva de género, de manera dinámica donde no hay momentos distinguibles entre una y otra. Otro momento, sistematización de todos los casos a partir de sus regularidades y especificaciones de ser necesario. En este, primero el relato con perspectiva de género de las historias de las mujeres y luego el análisis con perspectiva de género. Esta separación fue necesaria debido a las dimensiones de la categoría de análisis, para lograr mayor visibilización del problema de la investigación y sus resultados.

Resultados y discusión
La vida de estas seis mujeres psicólogas estuvo caracterizada por eventos vitales, procedencias, interacciones que aunque a lo interno de cada una tienen sus particularidades –como es de esperarse– encierran regularidades que pueden dar cuentas de cómo fue el desempeño de estas mujeres como grupo de estudio tanto en el espacio privado como público.
Una de ellas es lo favorable de haber pertenecido a su país de nacimiento por lo que el contexto les permitía. Las mujeres extranjeras vivían en países del primer mundo, desarrollados. Países en los que se gestaron las bases de la psicología cuando comienza a tener auge y a incorporarse a las universidades. Tanto Estados Unidos, como Rusia y Austria son países de avanzada en la creación de universidades, en la formación de personalidades de las ciencias y la cultura. En el caso de las mujeres cubanas a pesar de vivir en un país del Caribe, fue donde triunfó una revolución social de inclusión para todos sus habitantes.
Todas pertenecieron a familias que privilegiaban el conocimiento y aprendizaje; así como a familias de clase social media o alta. También pudo distinguirse que no todas tenían en el ambiente del hogar a padres profesionales, en algunos de los casos se trataba del padre, en otros de la madre o algunos parientes cercanos. De manera que, no solo el fomento de la educación por parte de la familia, sino la presencia de modelos de investigadores o de personas que estudiaron alguna carrera. Se resalta esta regularidad por la importancia que posee la familia en el desarrollo y que sirve como un factor de resiliencia ante las barreras de género para las mujeres en él acceso a la educación universitaria, a la salida al espacio público.
Las familias de Mary Whiton, Sabina Spielrein y Marie Langer eran de clase alta mientras que las de las cubanas de media, lo que les permitió estudiar desde la niñez hasta grados universitarios y pagar por esto; así como acceder a escuelas privadas y con buenos recursos materiales.
Aprendieron de roles de género en la familia apuntando los padres a lo tradicional y las madres se movían entre lo tradicional, con mayor fuerza, y en ocasiones hacia la transgresión.
Fue positiva la influencia del color de la piel. El color de piel como la raza devienen en otro organizador social y que en la historia de la humanidad ha estado vinculado a movimientos sociales y a fuentes muy discriminatorias. Estas mujeres eran de piel blanca, privilegiada históricamente. Ana Luisa Segarte es mestiza pero en su trayectoria de vida no experimentó discriminación de ese tipo. Sin embargo Elisa Knapp vivenció el rechazo de la madre de uno de sus novios por venir de una familia de mulatos y blancos.
No obstante, tuvieron una vida marcada por otros tipos de discriminación, ser judías. Sabina Spielrein y Marie Langer eran de origen judío y esto les costó tener que huir, esconderse. Incluso a Sabina le costó la vida: junto a sus dos hijas fue fusilada.
También pertenecieron a escuelas potenciadoras del aprendizaje, favoreciendo su interés por el conocimiento por la diversidad cultural y de contenido que les brindaba. Sin embargo asistieron a escuelas donde las monjas y cuidadoras influyeron con fuerza en su identidad de género. Se les enseñaban deberes tradicionalmente femeninos y hábitos de comportamientos rígidos y bien establecidos.
Aunque en los espacios profesionales tenían como principales modelos a hombres: profesores y padres tenían la admiración por el poder del conocimiento, de lo profesional; también existieron mujeres como modelos de identificación y figuras transgresoras o de ideas de avanzada. Las ideas de  oposición a lo cultural y políticamente imperante, también encontraron raíces en la participación política de las familias o las enseñanzas escolares a partir de ciertas personas que representaban la transgresión, en especial desde otras mujeres significativas.
Todas se movían en un círculo de amistades profesionales y cultas, así como vivieron con parejas profesionales, de la ciencia. La importancia de los coetáneos en la conjugación de actividades de recreación o científicas propiciaron una apertura cultural amplia y favorecedora de la visión del mundo. Que sus parejas3 hayan sido profesionales, científicos no les garantizaba el buen desempeño en esta área, pero resulta bueno destacar por la atracción de las mujeres por hombres intelectuales, con profesionales académicos, lo cual demuestra su interés por el conocimiento.
Fueron madres en algún momento, una de las salidas de un funcionamiento bajo la ética del cuidado. Una maternidad que promovía un modelo alternativo y que daba independencia a sus hijas/os.
Llegan a la psicología a través de profesiones afines a la ética del cuidado: Medicina (Sabina Spielrein, Marie Langer, Elisa Knapp, Gloria Fariñas) y/o de la pedagogía o la enseñanza (Mary Whiton, Ana Luisa Segarte, Gloria Fariñas). La psicología misma implica la asesoría con el otro, la empatía, el cuidado. Esta coincidencia da cuentas de una ética del cuidado a nivel identitario en las mujeres, que abarca también al espacio público. Claro, en sus inicios la psicología, aparecía como una disciplina anexa a otras carreras como lo fue la medicina y la filosofía, en ciertas universidades.
Una vez dentro de ella desarrollan temas de investigación sobre los niños, las mujeres y de alta sensibilidad. Sus temas de investigación y prácticas profesionales correspondían con una extensión de la maternidad y la ética del cuidado al espacio público. Así como la expresión de malestares propios por ser mujeres. Muchas de las teorías científicas se desarrollaban a partir de investigaciones hechas con hombres y luego se generalizaban, de manera que conocer las particularidades de las mujeres supuso un atractivo campo de conocimiento para muchas de las psicólogas. Esto no quiere decir que estuvieran fuera de la teorización e investigación otros aspectos de la psicología. neuropsicología, psicología cognitiva, de la personalidad, crítica a las ciencias sociales en sus fundamentos teóricos-metodológicos han estado presentes en sus currículos investigativos. Esto muestra un movimiento personológico hacia el conocimiento mismo, que abarca más allá de lo que define tradicionalmente a una mujer.
Desarrollaron sus prácticas profesionales como profesoras, y en la clínica o la asistencia.
En su vida científica, laboral se pueden destacar la ocupación de cargos de dirección4. Desde un imaginario de la dirección como actividad mayormente masculina, que exige de la competencia, de autoritarismo, de despegarse del esfuerzo por el mantenimiento de las relaciones interpersonales, el ejercicio de esta deviene en las mujeres estudiadas como fuente de insatisfacción. También la competencia espacio-temporal que supone al ser un rol agregado a su vida, y no asumido como propio del rol de género, genera un sobreesfuerzo a nivel personológico y relacional.
Tuvieron una carrera científica en ascenso y fueron premiadas y reconocidas en su momento. Esto último denota la validez de su desempeño a pesar de las barreras que enfrentaron y se apellida “en su momento” porque una vez retiradas del espacio científico su obra fue diluyéndose detrás de otros nombres varones.
La significación de los premios y reconocimientos responde a la satisfacción de haber servido a los otros, haber realizado una obra5. Sobre todo su mayor reconocimiento lo encontraban en los propios estudiantes u otros profesionales de la psicología que acuden a ellas para recibir su apoyo en determinada tarea. Esto supone un reconocimiento de lo que para ellas supone ser mujer y que está implícito en toda su obra. Denota una identidad femenina que no se centra en el poder y el reconocimiento institucional, sino su validez social, a través del impacto en los sujetos de su obra.
Otra regularidad que se destaca en las psicólogas estudiadas es la concepción de la jubilación como una etapa vital para escribir y publicar, por lo que representa estar alejadas de las responsabilidades y la demanda espacio-temporal.
Se enfrentaron a varios tipos de barreras tanto legales como de organización en los equipos de trabajo y barreras en las etapas del desarrollo.
Las psicólogas extranjeras no vivas encontraron barreras legales, no siendo así con las psicólogas cubanas. Estas eran: las mujeres no podían inscribirse en una universidad y las mujeres no pueden alcanzar mayor grado científico (Harvard jamás le reconoció a Mary Whiton su doctorado por normas legales). Por alarmante que parezca existían universidades que prohibían de manera legal y expresa la entrada de mujeres en sus aulas. Primero por ser mujeres y muchos años de estudios desde lo biológico, pedagógico respaldaban la inferioridad intelectual y el desempeño de las mujeres para asimilar conocimientos intelectuales. Las religiones tuvieron que ver mucho también, pues las mujeres debían quedar a merced de sus esposos y dedicarse a cuidar a los hijos. Por ello la educación se conducía en lo fundamental en la enseñanza de habilidades pertinentes para ser responsables de la dinámica de un hogar: tejer, cocinar, lavar. Pero también serle útil sexualmente al marido, de ahí la importancia de la belleza corporal para agradarle, para satisfacerlo sexualmente. Entonces bajo estas circunstancias culturales, Mary Whiton, Sabina Spielrein y Marie Langer, nacieron y comenzaron a sentir interés por la educación, por tener una profesión en edades adultas.
A lo interno de los equipos de trabajo se sucedían barreras como desempeñarse como ayudantes de profesores, compañeros, esposos y no como protagonistas aun cuando tenían el mismo grado científico.
En un mundo académico, profesional cada vez más competitivo, que demanda de individualidad, competitividad, autosatisfacción; y determinado imaginario de dirección que no se corresponde con la ética del cuidado que atraviesa la identidad genérica de las mujeres, suponen polos que parecieran irreconciliables a nivel subjetivo. En las mujeres, en correspondencia con esa ética del cuidado, el poder que predomina es el de las relaciones, poder subvalorado en los ámbitos profesionales y académicos que se “exige” un poder sobre el conocimiento, sobre lo económico, sobre la tarea. La regularidad fue la demanda de un ejercicio de la dirección típicamente patriarcal.
También sus vidas profesionales estuvieron marcadas por el no reconocimiento de su producción científica o el robo de ideas. En Mary Whiton y Sabina Spielrein pudo verse esta barrera de manera marcada. La primera origina un método técnico de pares asociados para el estudio de la memoria. Luego Müller y Titchener le hicieron modificaciones y toman crédito por él sin mencionar a Mary como fuente originaria.
Del artículo de Sabina “La destrucción como causa del devenir” tomó Freud ideas para su posterior artículo “Más allá del principio del placer” y de ella las primeras ideas sobre los conflictos fundamentales del psiquismo en Eros y Tanatos, sin mencionar que de ella derivaban sus ideas. De igual manera ocurrió con las ideas que publica Jung sobre ánima y ánimus, así como otros escritos sobre el contenido de los delirios esquizofrénicos y el concepto de Sombra, como una personalidad oculta, reprimida en el inconsciente resultante de la represión. Jung reconoce la participación de Sabina en cartas personales, nunca fue pública, al menos no hasta que mueren y se develan historias dentro del psicoanálisis. Otros son los ejemplos sobre las ideas de Sabina en personalidades de la psicología como Piaget, Vygotski. 
Estas mujeres encontraron barreras en las etapas del desarrollo como la conciliación entre los antagónicos –para las mujeres– espacio privado y espacio público. Barrera que exigía un mayor esfuerzo para destacar y para superarse profesionalmente. Es que el desarrollo profesional es la base de la asunción de estas barreras porque se trata de la inserción en un espacio que les ha sido negado y, sobre todo, porque su protagonismo en el privado no ha tenido descanso. La percepción de la mujer como la principal responsable de la vida en el hogar ha sido un estereotipo de género de los más inamovibles en todo el movimiento social y legal para la equidad de género.
El ejercicio de la maternidad6 como barrera. No tan solo el hecho biológico durante el período de la gestación sino lo que a nivel subjetivo representa la maternidad. Maternidad que desde el rol de género implica ser la responsable de la descendencia, y el funcionamiento consiguiente de la ética del cuidado. Porque sea mandato cultural de género, no quiere decir que ellas no la disfrutaran y no la asumieran con placer. El modo en que se asume esa ética del cuidado en la que la madre es quien debe atender a los hijos, velar por su educación, hacerse responsable de todo lo que ocurra con ellos, les limitaba separarse de los/as hijo/as. Al mismo tiempo en que les restaba tiempo de su trabajo profesional, de su crecimiento científico. “Fui una nulidad profesional hasta que mi hija cumplió los 7 años” (Gloria Fariñas).
El control del cuerpo, en lo relativo a la sexualidad en todas sus dimensiones. Vivenciaron el rendir cuentas de las relaciones de pareja antes del matrimonio, la presión de la familia de llegar al matrimonio sin haber tenido relaciones sexuales. Esta barrera funciona a nivel autovalorativo y de su funcionalidad en las relaciones de pareja. Ese control del cuerpo se expresaba también en el mandato cultural de género de ser atractivas, bellas, sexualmente deseables. Esta fue de las barreras más fuertes, incluso en aquellas que estaban más sensibilizadas con las desigualdades de género, las que tuvieron mayor conciencia de género como lo fueron Mary Whiton y Marie Langer quien llegó a hacerse una cirugía en el rostro cerca de los 60 años. “… Me deprimía cada mañana al ver mi cara en el espejo” (Marie Langer).
Ante estas barreras de género y las de otra índole debieron desarrollar estrategias tanto para cumplirlas como para transgredirlas. La jerarquización de espacios según la etapa de vida, haciendo que su desempeño se viera en un entrar y salir al espacio público y un desempeño a veces mejor, a veces menor de lo esperado por los otros en el espacio privado. 
Se vieron abocadas a innovar en las parejas el amor y el sexo, siendo esta una de las fuentes de transgresión más osadas de estas mujeres. El modo en que llevaron sus relaciones de pareja (no todas) se salía de los mandatos culturales de pareja fusionada, fiel, del amor romántico juntos para toda la vida.
En el espacio público otra de las estrategias fue el sobre-esfuerzo para sobresalir en el desempeño. Estrategia de las mujeres para acceder a puesto en las universidades fue desempeñarse brillantemente. Ya tenían el precedente de que no solían aceptarlas, de que sus compañeros las incluían como ayudantes. De ahí que para visibilizarse tuvieron que desempeñarse a nivel de excelencia.
Como muy recurrente la estrategia de buscar una red de apoyo femenina para la atención y cuidado de los hijos/as en determinados momentos en que su presencia era imposible porque competía con su desempeño profesional. Una red femenina desde el ejercicio de la ética del cuidado como mandato para las mujeres.
En el caso de las psicólogas extranjeras, no vivas una de las estrategias muy relacionada con su conciencia de género la constituyó reflexionar y denunciar la condición de la mujer, tanto en el ámbito legal como en el científico en la deconstrucción de teorías falsas sobre la inferioridad femenina y otros temas sensibles a las mujeres. Ello desde la percepción del lugar de desventaja que tienen las mujeres para su desarrollo profesional. Ellas más porque, en el tiempo en que les correspondió estudiar y crecerse profesionalmente las ataduras por razones de género se tornaban más rígidas, menos favorables que para las mujeres cubanas.
Esta dinámica vital trajo consigo costos como un sobreesfuerzo vital. Haberse insertado en el espacio público sin quitársele su protagonismo en el privado supuso una sobrecarga, un vivir a tope los roles, los tiempos y en los espacios de realización. El tener que hacerlo todo bien. Para “ganarse” el derecho de estar en los dos espacios su desempeño tenía que ser excelente. En el espacio privado se les demandaba ser amas de casa, esposas y madres bajo los filtros de una cultura patriarcal. Mientras que en el espacio público para merecer el lugar, que las tuvieran en cuenta debían trabajar más que el resto de los hombres, asumir tareas que no les gustaran, tener mejores ideas, destacarse de alguna manera.
Les costó además no producir teóricamente todo lo que quisieron y ser rechazadas por la sociedad, por su familia. De los reclamos de familiares, lo que implicó vivencias de rechazo por personas que además son significativas para ellas. Seguido de los reclamos los consiguientes sentimientos de culpa y repensarse, cuestionarse el modo en que jerarquizaron espacios, relaciones, el tiempo, el cómo llevaron sus vidas.
Les costó ser invisibilizadas, no reconocida su autoría, en especial a las psicólogas extranjeras, no vivas. Llama la atención que llegaron a mayor desarrollo de la conciencia de género potenciada por las épocas en que vivieron, mientras que las cubanas vivas no. Se piensa que la claridad de las barreras legales, tuvo que ver con ese desarrollo de la conciencia de género, pues su participación en movimientos políticos y científicos lo demuestra. En el caso de las psicólogas cubanas las oportunidades que se les brindaban constituyeron un factor positivo para su desarrollo profesional, sin embargo el orden de poder de género quedaba diluido en esas oportunidades, de ahí que los mecanismos sutiles de segregación han sido más difíciles de visibilizar en el desempeño diario.
Se caracterizaron por una identidad de género en tránsito y alternancia entre lo tradicional y lo transicional. La identidad de género como parte de la configuración personológica identitaria, está en construcción durante toda la vida, y se enriquece a través de las relaciones y vivencias. De ahí que puede justificarse su movilidad en la estructura de la personalidad y cómo en algunos sistemas de actividad-comunicación las personas parecieran funcionar con un modelo identitario y en otros con retrocesos –retrocesos en referencia a la identidad de género tradicional–. Resulta pertinente aclarar que, a pesar de lo tradicional y transicional de su identidad, pareciera que en el espacio público se destacan más como innovadoras, mientras que en el espacio privado apuntan al cumplimiento de mandatos tradicionales. Esto no niega la particularidad de algunas para asumir los roles en uno y otro espacio.
Se encontraron cinco rasgos como característicos en la identidad de género de las psicólogas estudiadas. Serían entonces un funcionamiento desde la ética del cuidado. Esto denota un rasgo de tradición y que se expresa tanto en el espacio público como en el espacio privado. Ética que se centra en el sostenimiento de las relaciones con los otros, así como su cuidado, asesoría, en la satisfacción de sus necesidades, incluso por encima de las propias.
Se percibían e identificaban con la noción de mujer como madre y la noción de la mujer como objeto, cuerpo de belleza y placer en primera instancia, lo cual comienza a generar insatisfacción con su imagen corporal al envejecer su cuerpo. Forma parte de la aceptación de sí mismas, y de la aceptación percibida en los otros.
Todas estaban orientadas al logro, no solo en el espacio público sino en el privado. Todas coincidían en la búsqueda de la excelencia profesional. Claro, las demandas científicas y de ganancia de prestigio académico exigían fungir como mujeres inteligentes, que lograran proyectos y que estos tuviesen resultados y sin una orientación al éxito teniendo tantas barreras que le dificultaban el desempeño no lo hubiesen logrado. También fue una necesidad que comenzaron a sentir en el espacio privado, para llegar a cumplir con sus demandas de buenas amas de casa, buenas esposas y madres.
Respecto a las psicólogas cubanas se devela como parte sólida de su identidad el  patriotismo. Tanto el amor por las cosas que sirvan al país como por las cosas que tipifican el país y ellas las hacen propias. Un patriotismo expresado tanto desde el cumplimiento de tareas como en sentimientos de gratitud por las oportunidades que tuvieron en él.

Análisis crítico de la propuesta teórica-metodológica para hacer historia con perspectiva de género
La propuesta presentada de cómo hacer historia con perspectiva de género supone un camino por el cual transitar. Su práctica misma irá presentando nuevas alternativas. El curso desde una metodología cualitativa lo permite.
En su construcción pudieron sentirse luces y sombras a la hora de satisfacer sus propias demandas. Respecto a las dimensiones: habría que valorar la pertinencia de agregar otras o mantener “relatar con perspectiva de género” y “analizar con perspectiva de género”, o fusionarlas.
En el desarrollo de la investigación la dimensión “relatar con perspectiva de género” cumplió con visibilizar el desempeño de las psicólogas. Ahora bien, a la dimensión “analizar con perspectiva de género” podría agregársele las subdimensiones identidad genérico-profesional, agregar la enunciación y análisis de los malestares subjetivos que se expresen como parte de los costos o como una subdimesión por sí sola...
En el estudio del espacio privado aparecieron dificultades en el acceso a la información especialmente en las mujeres no vivas, pues las fuentes secundarias privilegian el desempeño en el espacio público. En las psicólogas cubanas al ser mujeres que viven aún, en determinados temas les costaba detallar. Es que entra en juego la ética y el derecho personal de conservar para sí parte de sus vidas. No obstante, esto no resultó un obstáculo.
¿Esta propuesta teórica-metodológica sirve solo a los profesionales de la psicología? Se bifurca la respuesta. Pudiera pensarse que solo ellos harían suyo este relato y análisis, por algunas dimensiones que devienen propias desde la disciplina y la lectura entre líneas en las entrevistas y documentos. Sin embargo, los estudios de género se profundizan desde la interdisciplinariedad. Por ello, puede ser una propuesta abierta a toda persona que esté sensibilizada con la perspectiva de género y dispuesta a adentrarse en otras ramas científicas.

Conclusiones
En el relato con perspectiva de género sobre el desempeño de las psicólogas estudiadas se encontró la significación que tuvo en sus vidas “el país de nacimiento”, “socializarse en familias que privilegian el conocimiento y el aprendizaje”, “aprendizaje de roles de género en la familia”, “pertenecer a familias de clase social media o alta”, “influencia del color de la piel”. Haber tenido una “vida marcada por otros tipos de discriminación”, “escuelas potenciadoras del aprendizaje”, “mujeres como modelos de identificación profesional”, “figuras transgresoras o de ideas de avanzada”, “círculo de amistades profesionales y cultos”, “parejas profesionales de las ciencias”.
También el cómo desempeñaron el “rol de madres”. Haber “llegado a psicología a través de profesiones afines a la ética del cuidado”. Así como el desarrollo de “temas de investigación sobre los niños, las mujeres y de alta sensibilidad”, “prácticas profesionales como profesoras”, “prácticas profesionales en la clínica o la asistencia”, “ocupación de cargos de dirección” y la “insatisfacción con el ejercicio de la dirección”. Tuvieron una “carrera científica en ascenso”, “fueron premiadas y reconocidas, en su momento de actividad profesional”, “significación de los premios y reconocimientos sobre el servicio a otros/as”, y una “concepción de la jubilación como una etapa vital para escribir y publicar”.
Al analizar con perspectiva de género este desempeño aparecieron barreras legales para las psicólogas extranjeras, no vivas como: “las mujeres no pueden inscribirse en una universidad” y “las mujeres no pueden alcanzar mayor grado científico”.
Barreras de organización en los equipos de trabajo: “desempeño como ayudantes”, la demanda de un “modelo de ejercicio de la dirección típicamente patriarcal” y el “robo de ideas o no reconocimiento de producción científica” en las mujeres extranjeras, no vivas.
Barreras en las etapas del desarrollo como “conciliación entre los antagónicos –para las mujeres– espacio privado y espacio público”, el “ejercicio de la maternidad” y el “control del cuerpo”.
Se trazaron estrategias para enfrentar o acatar las barreras de género como: “jerarquización de espacios según la etapa de la vida”, “innovación en las parejas, el amor y el sexo”, “sobresalir en el desempeño”, buscar “red de apoyo femenina”; y para las que tuvieron mayor conciencia de género “denunciar la condición de la mujer”.
Esta posición ante las barreras trajo costos como: tener un “sobreesfuerzo vital”, “no producir teóricamente todo lo que quisieron”, “ser rechazadas”, “reclamos de familiares”, con los consiguientes “sentimientos de culpa”, y en las mujeres extranjeras, no vivas, “ser invisibilizadas, no reconocida su autoría”.
Las psicólogas extranjeras, tuvieron una conciencia de género potenciada por las épocas en que se desempeñaron y la claridad de algunas barreras de género. Las psicólogas cubanas no tienen conciencia de género, debido a los mecanismos sutiles de segregación de las mujeres en ambos espacios.
En la identidad de género de todas las psicólogas aparecen rasgos en su funcionamiento personológico como: la “ética del cuidado”, concebirse como “mujer madre”, “noción de la mujer como objeto, cuerpo de belleza y placer en primera instancia”, la “orientación al logro”, y el “patriotismo”.
A pesar del tiempo y los movimientos políticos y sociales que separan a las psicólogas extranjeras, no vivas y a las cubanas se repiten indicadores que responden a la cultura patriarcal. Esto demuestra la necesidad de la lucha por la equidad de género.
La propuesta teórica-metodológica se encuentra en estado de reflexión. Resulta viable para la construcción de una historia con perspectiva de género. Puede encontrar dificultades para acceder a la información sobre el desempeño de las mujeres en el espacio privado. Para su aplicación, necesita de la sensibilidad de género de quien investiga.

Notas:

  • Para la conformación de los conceptos de espacio público y espacio privado, fueron claves las consideraciones de Celia Amorós (1994), Rachel Alfonso (2007), Lourdes Fernández Rius (2010), Viviana Grass (2012).
  • Estos estudios se pueden revisar en los anexos 6 al 11 de la Tesis de Licenciatura “Con luces y sombras. Historia de mujeres en la Psicología con perspectiva de género”, de la autora de este escrito.
  • Mary Whiton no estuvo casada y tampoco tuvo hijos aunque fue la cuidadora de sus padres, en especial de su mamá hasta el final de su vida.
  • Esta regularidad es para las mujeres cubanas. En las extranjeras no vivas, no se pudo constatar por el difícil acceso a la información de las vivencias.
  • Regularidad en las mujeres cubanas, pues en las extranjeras no vivas no se tuvo referencia al respecto.
  • A excepción de Mary Whiton quien no tuvo hijos/as.

 

Bibliografía:
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