Vol 3. Núm 9. 2015
LA PSICOLOGÍA Y LAS POLÍTICAS: ENTRE LO INDIVIDUAL Y LO PÚBLICO
Danay Quintana Nedelcu Lidice Curbelo González FLACSO- México
Resumen
Las ciencias de las políticas (policy sciences) y la psicología política comparten un origen común en el pensamiento norteamericano. Al analizar la evolución subsiguiente de ambas rutas se puede encontrar en la actualidad en el campo de las políticas públicas, intereses asociados a los aportes de la psicología sobre el comportamiento individual que repercuten en todo el proceso de las políticas. En Cuba, las ciencias sociales y dentro de ellas específicamente la psicología han estado vinculadas a los procesos sociales que han caracterizado la Revolución. En particularmente las decisiones en materia educativa se han visto influidas por las investigaciones de los profesionales de esta ciencia. A partir de las reformas económicas y sociales puestas en práctica en el país recientemente, las exigencias a estos profesionales adquieren nuevas dimensiones, considerándose necesario su acompañamiento al proceso de cambio que se desarrolla. En este artículo se comentan las relaciones anteriormente referidas, así como resultados de investigación social que, desde la psicología, reflejan la necesidad de la comprensión del comportamiento y las motivaciones individuales para los procesos de toma de decisiones.
Abstract
Public Policies and Political Psychology has a common origin. After a period of parallel development, now is possible observe, from the field of public policies, a new interest in the contributions of Psychology about individual behavior that affects the process of public policies. In Cuba, Psychology has been integrated to the social processes that characterize the Cuban Revolution. Particularly, decisions in educational matter have received influences from the investigations of professionals of the science. Since the new economic and social reforms in the country, exigencies to these professionals acquires new dimensions, been considered necessary their accompaniment to the process of changes. In this article are commented the relations between sciences previously referred, so as the results of investigations that, from Psychology, reflects the need of compression of behavior and individual motivations for decision making.
Palabras claves
Políticas públicas, psicología política, Cuba, Public Policies, Political Psychology

Introducción
Uno de los ejemplos actuales de interdisciplinariedad más interesante, novedoso y fructífero tiene que ver con la psicología como ciencia del “individuo,1 y las políticas públicas como campo de estudios sobre lo público. En este encuentro, los saberes de lo particular y lo general, de lo micro y lo macro, de lo que tradicionalmente se ha asociado a lo privado y lo público se entrelazan de manera compleja, fértil, desmoronando supuestos históricos y generando nuevas preguntas de investigación.
Numerosas aplicaciones recientes en el campo de las public policies están directamente asociadas a hallazgos realizados desde la psicología. El supuesto teórico de partida es que, para conseguir “éxito” en cualquier implementación de política pública se requiere por definición tener en cuenta el comportamiento humano como variable “interviniente” de dicho proceso (McConnell, 2010). Dicho de otra manera, el proceso de las políticas públicas como un fenómeno de intervención social no puede excluir el estudio de la subjetividad, porque en definitiva el proceso de las políticas públicas es un evento desarrollado por y para los individuos. 
Siguiendo la idea anterior, el objetivo de este trabajo es destacar la centralidad del fenómeno subjetivo en el proceso de las políticas públicas no como un momento sino como eje transversal teórico y práctico a todo el pensar/ actuar sobre políticas públicas. Este propósito a su vez implica un posicionamiento crítico de las autoras ante las epistemologías2 tradicionales que subyacen al análisis de las políticas públicas que se centran en la racionalidad técnica del proceso en detrimento de una visión social compleja y por tanto en el que el sujeto sea el foco principal de las políticas. 
Las psicologías en el estudio de lo público
Vista la evolución del campo de las políticas públicas desde el relato norteamericano, Psicología Política y Políticas Públicas tienen un origen común en los estudios de Harold Lasswell (Ascher y Hirschfelder-Ascher, 2005). Dicho investigador ha sido considerado una de las fuentes contemporáneas principales tanto de las ciencias de las políticas (policy sciences) –entendidas como el conocimiento de y en el proceso de las políticas (Lasswell, 1970) así como del análisis del comportamiento político (Lasswell, 1948).  Afín con la preocupación general de las ciencias sociales de postguerra, la suya giraba en torno al establecimiento y consolidación del gobierno democrático y, en consecuencia, el desarrollo de la personalidad política para dicho tipo de gobierno.
El subsiguiente desarrollo de las políticas públicas, dominado por una visión economicista de gran desarrollo técnico y cuantitativo, crearía las condiciones para una hegemonía de la visión “racional” del comportamiento humano en los análisis de políticas públicas, extrapolando el paradigma del homo economicus en el que se había basado la economía neoclásica apoyada de un conductismo generalizado, casi convertido en un canon científico que mutó supuestos teóricos en “verdades”. Estos definían a priori el actuar individual en términos de una racionalidad o lógica conductual basada en la idea de información completa, la búsqueda permanente del beneficio (satisfacción personal) y los incentivos (estímulo positivo) como motivación comportamental. No fue hasta los años 70 que la hegemonía del conductismo y su impacto en los estudios de políticas fue criticada desde otras aproximaciones de la psicología como el cognitivismo y la psicología social.
Con estos nuevos desarrollos a partir de otras visiones del comportamiento humano se abriría la puerta a una noción más heterogénea sobre los significados de la acción individual en la esfera pública. Dentro de esta pluralidad destaca la connotación específica que tomaron los trabajos de psicología política (crítica, comunitaria…) en América Latina, impulsados por investigaciones que recuperaban una visión de un sujeto colonizado, oprimido y pobre, en su lucha por la emancipación y la liberación. Uno de los sentidos específicos que toma la psicología política en nuestra región es la que se despliega en la obra de Ignacio Martín-Baró, atravesada por la intención de aportar desde la psicología de la liberación en la solución de problemas públicos (la salud, la pobreza, la educación) como condición (y consecuencia) necesaria para el cambio social y espiritual.
Incluso si pensáramos lo colectivo como agregación de lo individual, muchos serían los aportes de la psicología al terreno de los asuntos públicos. Sin embargo, las contribuciones de la “ciencia del individuo” al conocimiento sobre las políticas públicas no han conseguido suficiente reconocimiento al día de hoy. Muchas aplicaciones en el campo de las public policies están directamente asociadas a hallazgos realizados desde la psicología, pero sin otorgarles suficiente crédito. Según recientes investigaciones (Shafir, 2012), algunos de esos aportes son:

  • Comprensión de la complejidad del comportamiento humano (más allá de las ideas que han dominado en las ciencias sociales sobre la conducta racional).
  • Cómo afectan los prejuicios y la discriminación la creación e implementación de las políticas públicas (tanto de los decisores como de la agencia como objeto de las políticas).
  • El lugar de las interacciones sociales, las relaciones interpersonales de cooperación y el valor del conflicto en la acción social.
  • Conducta individual-acción colectiva: ¿vínculos de agregación o de naturaleza distinta?.
  • Conducta y moral (relevancia para la justicia).
  • Decisiones-acciones en situaciones de vulnerabilidad: la pobreza; estudios de y desde el género; multiculturalismo.
  • El cambio de conducta: multiniveles subjetivos.
  • Cultura política-la política subjetivada.

Otros aportes desde la arena latinoamericana se han relacionado con un énfasis particular dado a la configuración de subjetividades, subjetivaciones y sujetos políticos (Piedrahita, Díaz y Vommaro, comp., 2013), como procesos que denotan modos específicos de asimilación e interpretación de estructuras y tipos de gobierno. Los estudios en este ámbito mantienen una vinculación estrecha con la categoría de ciudadanía crítica y, más allá de describir un estado actual de la realidad política y social latinoamericana, persiguen la formación de individuos con amplia capacidad de agencia y transformación social. En ese sentido, los aportes más significativos desde la psicología individual reflejan el vínculo entre el sujeto moral y el sujeto político de la acción social, siendo sus campos de praxis la lucha por la igualdad de género, la interracialidad, el análisis de la violencia política y la socialización política de la primera infancia, entre otros.
Lo anterior, solo como botón de muestra de los aportes de la psicología en los estudios y análisis de políticas, ha conllevado que uno de los giros más recientes en los estudios de políticas (policy study) sea hacia la comprensión de la variable individual, es decir, con el foco puesto en el sujeto. Una pregunta general que subyace a estas investigaciones se plantea la cuestión medular sobre el modo en que los sujetos influyen en el curso de las políticas públicas según los contextos específicos, sean hacedores de políticas (policymakers) o “receptores”-beneficiarios de ellas. De esta manera se focaliza la atención en la capacidad de intervención de la agencia en el proceso de las políticas en cualquiera de los roles con que participen. Desde este punto de partida aparecen entonces más preguntas específicas: ¿Cómo influyen las concepciones individuales sobre las políticas en los modos en que estas se construyen e implementan? ¿Cómo se redimensionan las políticas de acuerdo a los diversos agentes que intervienen en su implementación y recepción? Si se asume que cada política se actualiza y reactiva cada vez que los sujetos las hacen suyas en cualquier parte de la larga cadena en que se estructuran dichas estrategias entonces, más que un ciclo etápico de pasos bien delimitados las políticas públicas son en la práctica un proceso en el que suceden a la vez sus distintas partes. O sea, un diseño se reformula en la implementación, una implementación es releída y apropiada de múltiples maneras por los sujetos involucrados y por tanto es tergiversada de su esquema original; la adopción de una decisión nunca termina pues cada nuevo paso implica nuevas decisiones, entre muchos más ejemplos. Las anteriores preocupaciones y muchas más son abordadas en la bibliografía sobre actores (o agentes) y decisiones de las políticas y en el fondo se refieren al peso con que los sujetos tanto individuales como colectivos en todos sus posibles roles determinan el curso de las políticas.
Después de creer que era el diseño de las políticas, la implementación, la sofisticación de los instrumentos de evaluación de impacto, la “vuelta al sujeto” (otra vuelta) reaparece en la escena analítica de las políticas y la política. Hoy vemos que el más básico de los manuales sobre políticas exitosas (policy succes) reconoce la relevancia de elaborar las políticas con, desde y para la ciudadanía, y por ello, desde esta visión se resalta la democracia en su acepción más generalizada como condición sustantiva del buen desempeño de las políticas. Por consiguiente, muchos autores restringen el estudio de las políticas públicas a países denominados como democráticos, con frecuencia siguiendo una definición minimalista o procesual del término.
El mensaje que se quiere transmitir con lo anterior es que, pensar en políticas públicas implica necesariamente introducirse en el campo de la política (politics), aunque no siempre se haga explícito. Y la política, como diría Bovero (1985), está conformada en toda su materia y sustancia por el poder. Y el poder no es un ente abstracto: ya Foucault develó su microfísica, su existencia en cada existencia humana, su circulación en cada relación humana. La más sublime y la más mundana.
Por ello, la psicología a la que se apela desde el estudio de lo público (como espacio compartido donde los individuos cooperan en busca de acuerdo cívico en el sentido de Rawls (2012), y como caso concreto desde las políticas públicas, es una psicología política.
Los asuntos públicos en Cuba, ¿qué dicen los investigadores?
La relación entre investigadores sociales y tomadores de decisión sobre asuntos de gobierno en Cuba se ha caracterizado por ser una trayectoria de acercamientos y distancias, tensiones y colaboración, todo ello altamente variable según las condiciones políticas que impregnan toda labor científica y la pretendida racionalidad técnica de todo trabajo político. Desde la teoría la relación altamente conflictiva entre ciencia y poder han sido abordadas a profundidad por numerosos autores. Por solo citar algunos contemporáneos recordamos a Weber, Foucault, Bourdieu…
Dentro de esta reflexión, se ha señalado en específico el lugar desventajoso de las ciencias sociales en el debate público respecto a otras ciencias e incluso a la literatura. En este sentido el investigador Rafael Hernández (2014) expresa que “la falta de difusión de los resultados de la reflexión y la investigación en ciencias sociales afecta la conciencia social y la ideología, y lastra el desarrollo de una cultura socialista acorde con los nuevos tiempos”. Sin embargo, un colectivo de autores (CIPS, 2011) sostiene que con el inicio de las más recientes reformas nacionales se abre potencialmente también una nueva etapa en las relaciones entre la actividad de investigación social y las políticas sociales. En este sentido se ofrecen una serie de recomendaciones que apuntan hacia: la necesidad de rediseñar la construcción y el funcionamiento de la agenda de investigación; estrechamiento de vínculos entre investigadores y decisores; sistematizar los estudios de las políticas sociales y la evaluación de sus impactos; creación de nuevas instituciones de interfase entre ambos campos; fortalecer la capacidad propositiva de las ciencias sociales, entre otras sugerencias (Gómez, 2014).
En el sentido anterior, el economista cubano Everleny (2013) señala que sobre el proceso actual de cambios en Cuba “debe destacarse el fortalecimiento del vínculo entre los decisores y la academia, a través de la solicitud de cooperación para el estudio de temas económicos complejos…”. Esta apreciación es muy posible que se asocie al hecho de que, los lineamentos en donde se diseña de manera general el proceso actual de reformas en Cuba corresponden en más de un 90% a asuntos económicos (Mesa-Lago, 2012).
Dentro del campo de la investigación social y en el contexto nacional de reformas impulsadas desde el gobierno, algunos psicólogos han interpretado el llamado del presidente Raúl Castro a “cambiar la mentalidad” (diciembre 2010, Asamblea Nacional) como una convocatoria a la psicología.
A manera de un breve pero necesario contexto de lo anterior, hay que decir que el llamado del presidente cubano se produce como parte del proceso de cambios más relevantes de hace más de cinco décadas y que fueran anunciados por Raúl Castro en el 2007 como “cambios estructurales y de concepto”. Dos años después, en 2009, se abrió una consulta nacional que tuvo como foco de atención la economía del país y que se ha dado a conocer como “la actualización del modelo económico”, pautados en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en  2011 y ratificados por la Asamblea Nacional del Poder Popular el mismo año, es el documento programático que expresa la agenda del nuevo gobierno, sus objetivos estratégicos y las líneas fundamentales de las nuevas políticas sectoriales.
Los cambios incluyen nuevos giros en materia económica, laboral, fiscal, de inversión extranjera, migratoria y educativa, entre otros, y en sentido general, la mayoría de las modificaciones en las políticas se encaminan a hacer más eficiente la economía nacional y elevar su productividad, con el objetivo de dar largo aliento al socialismo cubano y su política social.
Desde la perspectiva gubernamental las expectativas del cambio son muy altas: se espera que este provenga primero, como efectos de las reformas económicas, pero también como consecuencia de una refuncionalidad del entramado político-institucional y como producto de una mayor participación ciudadana (Barredo, 2007). Las reformas se enfocan además en conseguir transformaciones estructurales y subjetivas, siendo este el escenario donde el presidente exige un cambio en el pensar de los cubanos para encarar el nuevo escenario que supone la etapa actual.
Luego de esta breve contextualización, sistematizamos algunas de los aportes fundamentales que desde el campo de la psicología se han realizado con la intención de influir en la toma de decisión sobre asuntos públicos.
La psicología como profesión y lo público como escenario de acción de los psicólogos
Uno de los encuentros de más larga tradición en los estudios de la psicología en función de resolver problemas públicos es el que se vincula con el “problema educativo”. Algunos de los temas priorizados desde esta inquietud fueron los de motivación y orientación profesional, que entre las décadas de los 70 y los 90 tuvieron un protagonismo significativo recibiendo especial atención por parte de autoridades y especialistas (sobre todo psicólogos y pedagogos) por la relevancia de la esfera educativo-laboral en la formación de la juventud cubana y la visión estratégica que el gobierno cubano ha tenido históricamente sobre este punto.
Desde el terreno de la psicología, los trabajos pioneros respondieron a un corte básicamente teórico (González Serra, 1987), pero sentaron las bases para subsiguientes investigaciones empíricas. Particular importancia tuvieron las investigaciones de González Rey (1989), con el propósito general de caracterizar las motivaciones morales y laborales en los estudiantes, delimitar sus diferentes grados de desarrollo, reconocer sus principales espacios de influencia y formación, así como establecer su adecuación a las ofertas laborales que determinan las necesidades de la sociedad. Varias interrogantes sirvieron de móviles en esos estudios (Domínguez Laura, 2003): ¿Poseen nuestros jóvenes de la Enseñanza Media Superior suficiente información acerca de las diferentes carreras universitarias o de nivel de técnico medio que pueden cursar, llegado el momento de efectuar esta selección? ¿La selección profesional que realizan al culminar sus estudios de nivel medio se sustenta en una adecuada motivación de esta esfera? ¿Existe una correspondencia entre las aspiraciones profesionales de los jóvenes y los intereses de nuestra sociedad en desarrollo? ¿Logra la Educación Superior y Técnico Profesional la formación de graduados que, además de poseer una alta preparación técnica, se sientan motivados por su futura labor profesional?
Algunos de los supuestos que daban sentido a aquellas investigaciones fueron: la significación de las motivaciones profesionales y la actividad laboral para esta etapa de la vida; la importancia del estudio de las motivaciones hacia la profesión, partiendo de la premisa de que solo cuando una persona está realmente motivada en su actuación puede implicarse y comprometerse personalmente, siendo este “estado” requisito indispensable para una labor transformadora y creativa (D’Ángelo, 2005); el carácter institucional del diseño de las estrategias de orientación como garantes para el acceso y articulación de las etapas educativas y laborales, que parten tanto de los intereses del Estado como desde la participación de sus implicados.
Los anteriores trabajos ofrecieron importantes “fotografías” en relación a los distintos períodos de indagación, cada uno con sus peculiaridades, y en su conjunto mostraron niveles relativamente bajos de motivación hacia la profesión y poca estructuración de estas (Domínguez Laura, 2003).  Sus alcances se inclinaron en principio por un valor aplicado, la coherencia con la metodología empleada, así como por las recomendaciones a niveles institucionales en pos de expandir dichos resultados más allá de los estudios concretos, y aportaron en gran medida en el diseño y corrección de estrategias educativas en diferentes niveles.
En estrecha relación con estos trabajos se desarrollaron también los de orientación profesional, en su mayoría liderados por los pedagogos y centrados en el proceso inter-sujeto e institucional, incluyendo los aspectos motivacionales, pero no circunscritos a ellos. La mayoría de los estudios sobre este tema estuvieron guiados por un enfoque dialéctico entre la personalidad y el mundo educativo y laboral en entornos sociales específicos. La orientación por lo general ha sido entendida como una conexión dinámica y compleja entre los diferentes agentes del proceso, donde el joven es protagonista, creado por y creador de su entorno, inserto en una relación de ayuda y facilitación: la relación de orientación (González Maura, 2006). La perspectiva de este fenómeno visto desde lo histórico cultural implica entender la orientación como uno de los procesos educativos de la personalidad, en el camino de preparación y desempeño del sujeto en sociedad, en una necesaria relación entre los aspectos subjetivos (intereses, motivaciones, habilidades…) y las condiciones sociales que le influyen al individuo que posibilita la actuación autodeterminada en lo relativo a lo profesional.
Esta tradición de investigación es hoy clave para explicar los elevados y reconocidos resultados de la educación cubana. A inicios de este año, la UNICEF reconoció a Cuba como el país de América Latina y el Caribe de mayor índice en el Desarrollo de la Educación. La psicología y el enfoque humanista de la educación que se ha sostenido a lo largo de estos años tienen un papel significativo en ello. Además, la voluntad del Estado de priorizar la educación como un área estratégica para el desarrollo es un factor institucional crucial: según un informe del PNUD del 2013, Cuba, país con alto Índice de Desarrollo Humano, ocupa el primer lugar en el mundo en gastos en educación en relación a su PIB, con el 12,9%.
Hoy, pasados cincuenta y cinco años (mucho tiempo en términos de análisis de políticas públicas, lo que hace de Cuba un caso peculiar de estudio), el gobierno cubano demanda un cambio de mentalidad, y los psicólogos se preguntan, desde la investigación, si un cambio en ese sentido es posible. Ese es el saldo luego de cinco décadas: para los políticos, la necesidad; para los científicos, la duda (en el sentido cartesiano) que moviliza la búsqueda del saber.
Trabajos más recientes desde la psicología han buscado, a través de la exploración en nuevos temas con vínculos más explícitos con el campo de la política, influir en el conocimiento de los decisores sobre problemas de interés común. Algunos ejemplos son:

  • En el entorno de las reformas, Calviño publica Cambiando la mentalidad. Empezando por los jefes (2014), señalando la coexistencia de las intenciones de cambio en la política económica y social a través de nuevos mecanismos económicos y la perpetuación de modos de pensar y hacer que reproducen la lógica directiva de siempre, resultando en barreras a la creatividad, la gestión novedosa de los recursos materiales y humanos, la potenciación de capacidades de trabajo, etcétera. Constituye una búsqueda y potenciación de las habilidades para transformar el entorno y ser productivo en contextos de cambio, rompiendo con la normatividad tradicional y generando habilidades sociales para el trabajo cooperativo. Sus antecedentes como comunicador social y orientador psicológico en medios de comunicación masiva por más de veinte años con el objetivo de fomentar el crecimiento individual y social, ha contribuido en el posicionamiento de la psicología y su valor público.
  • Las investigaciones relativas a las identidades de grupos sociales emergentes y de los grupos socio-ocupacionales de la estructura social cubana desarrolladas por Daybel Pañellas (2014). En ellas, a partir de las auto y hetero-categorizaciones de los individuos se constata la segmentación social de la estructura cubana a partir de grupos de pertenencia referidos por los sujetos y se indaga en las relaciones intergrupales y entre grupos e instituciones. La investigadora y profesora señala los modos en que los grupos sociales “construyen” la sociedad en que viven a partir de las percepciones que tienen de sus grupos y de los otros en el contexto social, los estereotipos asociados a cada uno y qué criterios adquieren valor en el ordenamiento social cubano actual. En este sentido, señala efectivamente la existencia de distinciones de género, color de piel, ingresos y ocupaciones que redundan en brechas de desigualdad y diferenciación en las posibilidades de incluirse en la reforma cubana de modo exitoso o no, como ganadores o perdedores.
  • El Centro de Investigaciones Sociológicas y Psicológicas (CIPS), en específico el grupo de trabajo de Juventud, que desarrolla desde los años 90 investigaciones enmarcadas en los jóvenes como grupo social. Las aportaciones fundamentales provienen de la descripción de los intereses juveniles en sentido amplio, así como su rol en la sociedad cubana. Desde finales de la última década del siglo pasado,  los investigadores del centro señalaban la disminución de la población joven en el sector estatal aumentando el monto de desempleados y cuentapropistas jóvenes, la feminización de los estudios superiores, así como la aparición de nuevos intereses y criterios de ordenación de la estructura social, ponderando mayoritariamente la posibilidad de consumo material, hacia la que se orientan los comportamientos y proyectos de vida de los jóvenes (Domínguez, 2003). Se ha desarrollado especial énfasis en el tópico de la participación juvenil, como segmento de la población interesado en intervenir en la toma de decisiones en materias económicas, sociales y políticas y protagonista del proceso revolucionario cubano.
  • El Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ) mantiene el encargo social de desarrollar investigaciones asociadas a problemáticas de la adolescencia y la juventud cubana con el objetivo de facilitar la toma de decisiones de políticas públicas. En los años más recientes y a partir de la aplicación de encuestas nacionales, el CESJ ha abordado las problemáticas del empleo y la educación juvenil, sirviendo sus hallazgos como fundamentos para las nuevas regulaciones sobre el empleo juvenil y las diversas modalidades educativas.  Otra esfera que han abordado con sistematicidad es lo relativo a motivaciones, aspiraciones y necesidades juveniles, proyectos de vida así como el tema migratorio, como se señala en su misión institucional destacada en su sitio web https://about.me/FuturoCubano.
  • Desde la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana destacan los aportes que se han realizado desde las líneas de investigación de Personalidad y Desarrollo. Recientemente y en relación al ámbito educativo, destaca una tesis doctoral de una joven profesora sobre el problema de la elección profesional responsable, ofreciendo como resultado preliminar que la tendencia es que “los estudiantes de 12 grado que aspiran a ingresar a la Universidad no están preparados para realizar una elección profesional responsable. Y no podemos olvidar que esta se considera una competencia genérica que garantiza la calidad de las decisiones profesionales y, por tanto, de la inserción eficiente en los estudios universitarios” (2015, Juventud Rebelde).

El camino sigue abierto a la investigación en el campo individual en relación con las políticas, sobre todo en tiempos en los que se requiere del pensamiento colectivo y científico para acompañar un cambio nacional de la magnitud que hoy vive Cuba. Un país tan reconocido por sus logros profesionales no puede darse el lujo de desaprovechar lo que él mismo ha creado para el bien común. 

 

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Notas

1- Con esta idea recuperamos la noción de individuo desde su etimología: indivisible, sentido que proviene del griego antiguo (y usado en la actualidad) que usaba el vocablo átomos para denominar a lo que hoy llamamos individuo.
2- Epistemología de la política pública en el sentido de César Tello en Epistemologías de la política educativa, 2013.

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