Vol 1. Núm 1. 2013
¡Y ME HICE PSICÓLOGA!
Laura Domínguez. Facultad de Psicología. Universidad de La Habana.
Resumen
Discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 10 de enero de 2012, en el acto conmemorativo del “50 Aniversario” de la creación de la Escuela de Psicología.
Abstract
Speech in the Aula Magna of the University of Havana on January 10, 2012, at the ceremony commemorating the "50th Anniversary" of the creation of the School of Psychology.

Septiembre de 1973 marcó el comienzo de mis estudios en la Licenciatura en Psicología de la Universidad de La Habana. Un universo nuevo y fascinante se alzaba ante mis ojos: la psicología y sus misterios, también sus enseñanzas; los profesores por descubrir, aquellos que quedarían inscritos para siempre en mi memoria; nuevos amigos e intensos amores. La Universidad como sueño alcanzado y, a la vez, por alcanzar.
Cursar estudios en una universidad como la nuestra, y en particular, en su Facultad de Psicología, considero que fue, ha sido y será siempre un privilegio para cualquier joven, dado el nivel académico de su formación y porque esta profesión, orientada al “problema humano”, desde la perspectiva de su subjetividad, tiene como principal propósito velar por su bienestar, en su más amplio sentido, pero también, porque penetrar en el conocimiento psicológico, nos ayuda a recorrer ese complejo camino que significa crecer y nos convoca a proponernos ser cada día mejores personas.
Cuando se trata de valorar la contribución del desempeño profesional en el campo de la psicología para nuestra formación personal, resulta difícil hablar en términos genéricos, pues ya sabemos que la subjetividad de cada uno de nosotros es individual e irrepetible. Es por ello, que les pido disculpas por anticipado, si no logro reflejar en esta intervención el sentir de todos los que, con su talento y entrega, han hecho posible la excelencia de nuestra carrera, durante cincuenta años.
Haciendo un poco de historia, un elemento decisivo en este proceso fue mi encuentro, durante los estudios de la Licenciatura, con la filosofía de los clásicos del marxismo. Conocer e incorporar este sistema de ideas a mi visión del mundo, se convirtió en instrumento esencial para la comprensión de distintas problemáticas de la psicología como ciencia y profesión y, también, para muchas de las que han acontecido en mi propia existencia. Desde entonces, quedé convencida de la trascendencia de aquel cuerpo de principios y categorías, como sostén esencial para el desarrollo una psicología científica y de profundo sentido humanista y he tratado de ser consecuente al respecto.
Asumí el marxismo como fundamento que daba luz a mi transitar por la ciencia y por la vida; no fue en mi caso algo impuesto o externo, sino un proceso orgánico que se asociaba a mis experiencias y a mi compromiso social; lo esclarecía, lo alentaba e, inevitablemente, marcaba el proceso de construcción de mi propia subjetividad.
Esta concepción materialista y dialéctica, que reforzó mi orientación hacia los problemas de la subjetividad humana y, en consecuencia hacia la psicología, me indicaba que lo psíquico, aunque secundario por su origen respecto a la realidad objetiva, solo aparece como cualidad de los sistemas materiales altamente organizados. Descubría también que la conciencia, como nivel más desarrollado de lo subjetivo era –y aún sigue siendo– un mundo apenas revelado, a pesar del inmenso poder cognoscitivo que le es propio a sí misma.
Por este camino fui conformando mi representación acerca de la subjetividad humana, concibiéndola como realidad objetiva, en tanto existe, siendo su forma de existencia subjetiva, por lo que a mi juicio, no es un fenómeno palpable, cuantificable, matemáticamente demostrable, al estilo que pretenden los positivistas. Su estudio se emprende por la ciencia psicológica, campo del saber científico, donde se evidencia con mayor nitidez, en comparación con otros campos, que la verdad absoluta solo constituye una pequeña porción de infinitas verdades relativas, en ese eterno proceso de acercamiento al descubrimiento de la esencia de los objetos y fenómenos de la realidad, que es el conocimiento humano. Este proceso finito para cada ser humano en particular, acotado por los límites de su vida y del contexto socio-histórico en la que ella transcurre, se tornará infinito en el devenir de la humanidad, y de quienes nos sucedan en este intento, si las guerras, la ambición de los poderosos o la agresión diaria contra el medio ambiente, no conduce a la desaparición de nuestra especie.
Durante los estudios de la carrera, también desfilaron ante nosotros numerosas asignaturas de la especialidad. Por aquellos días, la Teoría de la Actividad, una de las direcciones en las que se desarrolló el Enfoque Histórico Cultural, dentro de la entonces llamada Psicología Soviética, se nos mostraba frente a otras concepciones, como dueña y señora, en la explicación de los fenómenos subjetivos; lo que no limitó que estudiáramos a conductistas, psicoanalistas, cognitivistas, humanistas y a todos los “istas” existentes. Y, después de tal recorrido, como está de moda decir en estos tiempos: sacáramos nuestras propias conclusiones.
Y entre debates teóricos, que a veces alcanzaban alta temperatura; la mayoría, militamos en la Unión de Jóvenes Comunistas; y todos, fuimos miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios, presentábamos trabajos en las Jornadas Científico Estudiantiles; realizábamos la Práctica de Producción en distintos centros o nos desempañábamos como miembros del movimiento de alumnos ayudantes; actividad esta última, que tanto nos aportó para nuestro futuro desempeño profesional, a quienes tuvimos la dicha de quedarnos como profesores de la Facultad, una vez graduados. Y en ese empeño que perseguíamos con entusiasmo, y no sin esfuerzo, de acercarnos a ser estudiantes “integrales”, competíamos en los Juegos Deportivos Caribes, cantábamos en el inolvidable coro de la Facultad de Psicología, formábamos parte de las Milicias de Tropas Territoriales, e hicimos guardia, muy emocionados en el Memorial Mella. Esta intensa vida universitaria nos hizo ampliar nuestra visión del mundo, y consolidar valores fundamentales para el ejercicio de nuestra profesión como lo son la responsabilidad, la honestidad, el sentido del deber y la solidaridad.
Si aquellos años de estudio de la carrera impactaron mi subjetividad, creo que los más de treinta restantes, en los que llevo desempeñándome como profesora, han sido decisivos en la conformación de la persona que soy. Desde entonces, y hasta la fecha, junto al resto del claustro de la facultad, he sido copartícipe en la conformación y puesta en práctica de los planes de estudio “C” y “D”, del desarrollo de diferentes líneas de investigación, de la realización de múltiples tareas de impacto social, de mi superación profesional. Y gracias a este bregar, a veces complejo, otras difícil, pero siempre fascinante, he cultivado el orgullo que siento por pertenecer a esta institución y a su mencionado claustro. Importante ha sido también mi vínculo con los profesores jóvenes de la facultad, que son nuestro relevo; los principales depositarios de nuestras mejores tradiciones y resultados en el trabajo, durante estos cincuenta años. En ellos confío y de ellos me nutro para no anquilosar mi pensamiento. A mis compañeros y compañeras de trabajo, a todos sin excepción, reconozco el estimular mi capacidad de reflexión, acompañar mi desarrollo científico y profesional, así como la crítica oportuna y necesaria, que me ha permitido hurgar en los “lados oscuros de mi corazón”, pues no soy perfecta.
Otro aspecto imposible de obviar en este recuento, es mi labor como docente. Ante todo me gusta enseñar, y un espacio muy preciado para mí, es la relación profesional y personal que establezco con mis estudiantes. Con ellos aprendo, y ellos estimulan mi tendencia a interrogar de manera constante la realidad que me rodea, por ellos me esfuerzo y trato de superarme con sistematicidad, de ensayar métodos más efectivos de organizar la docencia, y de repensar, con seriedad, qué significa en la Cuba de hoy desempeñar el rol de educadora; y por ellos, también, en buena medida, me sostengo en el empeño por continuar a la altura de lo requerido.
Todos estos años fueron escenario de mucha entrega, trabajo sostenido y satisfacciones para todos nosotros, y en este quehacer, creció nuestro compromiso con el proyecto socio político de la Revolución cubana.
En lo personal, confieso que continúo persiguiendo mis “utopías”, pues confío en el hombre, en su capacidad constructiva y transformadora hacia su entorno y hacia sí mismo, en su tendencia a progresar, vencer metas y proponerse nuevos retos. Todos sin excepción libramos nuestra batalla cotidiana por estar, por ser, por crecer y trascender. Confío también en las posibilidades de la psicología para activar y potenciar lo mejor de nosotros, desde una perspectiva humanista y afirmativa, y así lograr ser sujetos de nuestra historia. No podemos olvidar que los valores primordiales de nuestro proyecto como nación, los de identidad, soberanía, justicia social y dignidad, solo serán elementos que nos distingan, si pasan a formar parte de la subjetividad de cada cubano, en un proceso de asunción consciente, desde lo individual.
Agradezco a los organizadores de esta celebración la posibilidad que me brindaron, en el día de hoy, para exponer algunas ideas y compartirlas. No sé si lo merezco, pero pueden estar seguros de que la Facultad de Psicología es parte inseparable de la persona que soy, y ha sido para mí un honor infinito esta posibilidad, la cual alimenta mi compromiso con la institución, con los estudiantes y con mi país.
Aprovecho también este espacio para hacer patente mi gratitud a aquellos profesores de la facultad, y muy especialmente a los integrantes del ya desaparecido Departamento de Psicología Infantil y de la Educación, que me enseñaron a orientarme en el campo de la psicología y, por supuesto, a las más de treinta generaciones de estudiantes con los que he compartido conocimientos y vivencias.
Por último, agradezco a la vida el haberme permitido ser psicóloga y, sobre todo, el haber tenido la oportunidad de una vez graduada, desempeñarme desde 1977 como profesora de esta carrera. La Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, mi desempeño profesional, el intercambio sostenido con mis colegas y mis estudiantes, forma parte indisoluble del sentido de mi vida.
Muchas gracias.

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