Vol 4. Núm 11. 2016
ANTES DE LA APERTURA
Manuel Calviño Facultad de Psicología, Universidad de La Habana
Resumen
Los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica han reestablecido sus relaciones diplomáticas, y comienzan un proceso de normalización de las relaciones en todos los ámbitos. Esto crea un nuevo escenario para el desarrollo de las actividades profesionales y científicas, incluidas las relacionadas con la Psicología. La llamada “apertura” supone beneficios importantes. ¿Supondrá también retos que necesitan ser alertados? En el presente escrito el autor hace una reflexión pensando en este nuevo escenario.
Abstract
The governments of Cuba and the United States have re-established diplomatic relations, and begin a process of normalization of relations in all areas. This creates a new scenario for the development of professional and scientific activities, including those related to psychology. The so-called "opening" has important benefits. Those it also entail certain challenges that need to be addressed? In this paper the author reflects upon this new scenario.
Palabras claves
Psicología, apertura, relaciones entre Cuba y Estados Unidos,Psychology, opening, relations between Cuba and the United States

Ha llegado el momento de que dejemos atrás el pasado.
Ha llegado el momento de que juntos
miremos hacia el futuro –un futuro de esperanza”.
Barack Obama
Discurso ante la sociedad civil cubana (2016)

 

“Hasta que se seque el malecón.”
Jacob Forever
http://estaticos01.elmundo.es/especiales/2006/08/internacional/cuba/img/bloqueo3_09.jpg

Hace apenas unos días se produjo la visita oficial a Cuba del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Obama. Un verdadero “analizador” proyectivo y prospectivo. No hay cómo evitar una referencia desde el “histórico” suceso, al menos en alguna de sus múltiples aristas. Especialmente si pensamos en los impactos posibles que puede tener para el devenir de la Psicología en nuestro país “la normalización” de las relaciones con el país vecino.
Los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos, a poco más de un año de reinstituir embajadas en sus respectivos territorios, avanzan en “encuentros cercanos” que vislumbran un incremento considerable de los intercambios en diferentes áreas.
Más allá de los obstáculos objetivos, asociados a leyes, normativas, procesos dicotómicos y asimétricos de desarrollo, entre otros, aparecen los obstáculos mentales. Enfoques distintos de temas tan sustanciales como el modelo humano de desarrollo, lógicas comprensivas vinculantes a procesos subjetivantes casi diametralmente opuestos. Al respecto dice Lage en su escrito “Obama y la economía cubana: Entender lo que no se dijo” (http://www.cubadebate.cu/opinion /2016/03/23/obama-y-la-economia-cubana-entender-lo-que-no-se-dijo/#.VwriOTbmqCg) :
Las aguas del estrecho de La Florida no deben ser un campo de conflicto bélico, y es muy bueno para todos que así sea, pero esas aguas seguirán separando por mucho tiempo dos concepciones diferentes de la convivencia humana –y más adelante–, La creencia básica del capitalismo, incluso en los que así lo creen honestamente, es la construcción de prosperidad material basada en la propiedad privada y la competencia. La nuestra se basa en la creatividad movida por los ideales de equidad social y solidaridad entre las personas, incluidas las generaciones futuras. Nuestro concepto de sociedad es el futuro, y aunque el futuro se demore, atrapado en los condicionamientos objetivos del presente, sigue siendo el futuro por el que hay que luchar.
Temas como “el olvido”, “la reparación”, “el perdón” aparecen en las reflexiones y propuestas probables para construir un futuro distinto del pasado. Y no deja de ser complicado.
El olvido, en su dimensión subjetiva, no como hacer silencio sobre lo que mejor no se habla, sino como borrado mnémico de lo acontecido, como la casi nula posibilidad de re-aflorar en consciencia, no está sujeto al ejercicio de la voluntad. Muy por el contrario. Al tratar de olvidar se refuerza el recuerdo. La reparación, además de insuficiente, porque lo perdido subjetivamente lo está para siempre, no es sino un ejercicio de transacción que reafirma la legitimidad de la pérdida, y por ende la aleja del olvido. Y el perdón es un acto de tolerancia que reconstruye una asimetría antagónica a la que generó lo que hay que perdonar, pero igualmente generada por una asimetría anterior y más contundente.
Dejar atrás parece ser la propuesta más sensata. Dejar atrás lo que puede ser dejado atrás. Recuperar lo que pueda y tenga que ser recuperado. Pero sobre todo asimilar la historia como fuente de crecimiento responsable. Pero dejar atrás es algo sobre todo loable para los que solo conocieron la historia por las narrativas que dan prioridad a ciertos sucesos no vividos. Solo la historia que se vive como presente perdura. Lo que supone que los procesos de normalización se establecen sobre los cambios generacionales. Y estos son ley absoluta de la vida.
Existen, también es cierto, algunas cercanías que pudieran aparecer como facilitadoras de los acercamientos. Para ganar en claridad al respecto un buen ejercicio, diría Rafael Hernández, puede ser “Mirar al Niágara”. Pero también es posible mirar a la producción teórica y fáctica, a los productos derivados del desarrollo de la actividad científica, por ejemplo, en áreas fundamentales y de actualidad, en las que cualquier intercambio guardaría relaciones mucho más simétricas, incluso de aportes sustanciales que irían del sur al norte.
Una valoración justa y prudente, incluiría, entre otras condiciones facilitadoras, al menos para el caso de la Psicología, la existencia de una comunidad profesional cubana, residente sobre todo en la Florida, que fue formada en nuestros centros de enseñanza superior, y que al margen de sus diferencias, llevan en su savia formativa, junto al agradecimiento a quienes les abrieron los caminos disciplinares de sus respectivas especialidades, formas, actitudes, sensibilidades, que han aprendido a convivir con las reglas del mercado, pero que no han menguado en sus sensibilidades sociales. Como señalé antes, esto es testimoniable, cuando menos, en el campo de la Psicología. Personalmente lo viví en un “encuentro cercano”, en la Calle 8, con graduados de diferentes generaciones que trabajan en lo que algunos consideran “la segunda ciudad más grande de Cuba”, Miami.
Lo cierto es que los temas culturales, educativos, profesionales y científicos no solo no son excepción, sino que han estado en la avanzada de los procesos de intercambio favorecidos. Hasta la más corta vista puede predecir que se producirán, se están produciendo, cambios respecto a lo acontecido en los últimos cincuenta años.
En un escrito publicado en el Lasaforum (spring 2011: volume XII: issue 2) Martinez afirma que:
En definitiva, nos atrevemos a decir que los intelectuales y académicos, cubanos y americanos, deben trabajar juntos para ayudar a eliminar los obstáculos a la colaboración. Debemos trabajar para aprovechar la ventana abierta de oportunidades y a convertirnos, una vez más, en embajadores de facto, protagonistas en una especie de diplomacia académica que promueve un mejor entendimiento entre nuestros dos países. Esta debe ser nuestra modesta, pero decisiva, colaboración. Y también, debemos demostrar, una vez más, la fuerza infinita de la razón, del conocimiento, del diálogo y la cooperación.
In short, we dare to say that intellectuals and academics, Cubans and Americans, should work together to help remove the obstacles to collaboration. We should work to take advantage of the currently open window of opportunity, and to become, once again, de facto ambassadors-main actors in a sort of academic diplomacy that promotes a better understanding between our two countries. That must be our modest but decisive collaboration. And also, we should demonstrate, again, the infinite force of reason, knowledge, dialogue, and cooperation.
Cuba and the United States: New Opportunities for Academic Diplomacy. By Milagros Martínez Reinosa | Universidad de La Habana | milagros50@rect.uh.cu: http://lasa.international.pitt.edu/forum/files/vol42-issue2/OnTheProfession2.pdf
Concentrándonos en el ámbito de la psicología no faltan los ejemplos de los encuentros que se avanzan. Profesores de algunas universidades norteamericanas, de diversas especialidades “psi”, han visitado instituciones en nuestro país y han manifestado su interés por “establecer contactos” académicos, institucionales, profesionales. También destacados miembros de instituciones que albergan a especialistas vinculados a las prácticas, verbigracia, del Counseling han visitado el país en busca de “vínculos profesionales” de trabajo conjunto. No han faltado los que llegan a título personal a ofrecer sus servicios, sus conocimientos, y de alguna manera “posicionarse” entre los primeros.
Un ejemplo, notorio por cierto, es el de los representantes de la APA (American Psychological Association) que han estado intentando, y ciertamente que lo han logrado, establecer contacto con entidades cubanas que congregan a los especialistas en Psicología de nuestro país. La misma APA que apoyó las torturas en la Base Naval de Guantánamo, la que nunca respondió a nuestro llamado de solidaridad para que una niña cubana pudiera visitar a su padre injustamente hecho prisionero en los Estados Unidos de Norteamérica, esa APA que nunca antes se interesó por los profesionales de la Psicología cubanos.

Parece volverse a escuchar la voz del dúo Los Compadres: “Como cambian los tiempos, Venancio, qué te parece. Qué te parece, Venancio, como cambian los tiempos”. Y qué bien que cambien. Aunque no esté totalmente claro si se trata de cambios que cambian, o de cambios para acentuar más de lo mismo, o casi lo mismo que no es lo mismo pero es igual. ¿Será que entramos en una época de cambios, o en un cambio de época?, como certeramente señala Correa.
Por lo pronto se están abriendo puertas y ventanas (hasta corazones, brazos, y otras partes del cuerpo). Se está produciendo una “apertura”.
¿Apertura? ¿De qué se habla de manera consciente, y desde la diversidad del lenguaje, cuando se dice “apertura”? Es necesario preguntárnoslo, y más aún respondérnoslo, al menos porque por apertura se pueden estar entendiendo cosas algo distintas.
Apertura es dar inicio, comenzar, abrir… ¿qué? Apertura es mostrar una postura innovadora… ¿para qué? Apertura es asumir una actitud de transigencia… ¿de qué, con quién, con qué? Apertura es un valor de diámetro que permite la mayor o menor entrada de algo ¿de qué? ¿Quién hace ese diámetro más o menos amplio? Apertura es un elemento fundamental con el que se da inicio a una partida… ¿entre quiénes? Una buena apertura favorece acceder a posiciones ventajosas… ¿a quién? Mientras que una mala apertura puede significar y definir un final desastroso… ¿de quién? Esto es algo que no puede quedar como asignatura pendiente en la “agenda explícita” de los nuevos escenarios “relacionales” entre los profesionales de la Psicología de aquí y de allá (o de cualquier lugar, nacionalidad, o tendencia epistemológica, etc).
No hay duda alguna que la llamada “apertura”, podrá tener impactos positivos sobre el desarrollo de la Psicología en nuestro país. Los intercambios con especialistas de alto nivel, las posibilidades de acceso a información, las visitas de trabajo, y la realización de acciones conjuntas, pueden ser catalizadores de crecimiento para nuestros modos de hacer y pensar la Psicología. Modos que se han asentado, a lo largo de algo más de cuarenta años de Psicología en el período revolucionario, en la vinculación directa con los problemas de los cubanos y la cubanas, su realidad de vida cotidiana, los programas sociales gubernamentales, y la certeza de que los psicólogos y las psicólogas podemos, y debemos, hacer una importante contribución al mejoramiento de la vida, el bienestar y la felicidad de las cubanas y los cubanos.
En este sentido, la apertura sería sobre todo una ampliación. En nuestras aulas nunca se ocultaron las obras de los “padres santificados” de la psicología mundial. Enseñamos a Wundt y a Titchener; a los fenomenólogos de Wurzburgo y a los guestálticos; a Freud, sus disidencias y sus relecturas; por supuesto que a Vygostsky y a Rubinstein, Leontiev y otros (hasta los pusimos a discutir); a Watson y la zaga conductista, incluyendo a Skinner. Pero no llenamos nuestros edificios de laberintos, ratas blancas, palomas, ni tampoco de perros salivantes; no acostamos a nuestros pacientes en divanes. No eran opciones de época ni para las demandas de nuestra realidad social, cultural, ni para los propósitos consensuados de los tiempos políticos que vivía el país. Porque toda apertura se produce desde y para una historia.
Desde los tempranos ochenta psicólogos y psicólogas cubanas nos dimos a la tarea de abrir, extender, multiplicar nuestros vínculos con los que se empeñan en hacer Psicología sobre todo en nuestro continente, no importa cuales fueran los referentes epistemológicos, teóricos, paradigmáticos, de nuestros interlocutores. Así nos abrimos al encuentro con conductistas (ortodoxos y renovados), con psicoanalistas (en muchas de sus múltiples denominaciones y fracciones), con los cultivadores de la llamada tercera fuerza, con constructivistas, con transpersonales. Eso, no hay que esconderlo, dando prioridad a aquellos vínculos con quienes compartíamos sueños, esperanzas, compromisos. Nos acercamos a la avanzada de la Psicología crítica, de la Psicología política, de la Psicología de la liberación que intentaba abrirse espacio en la psico-geografía latinoamericana.
Incluso cuando la SIP (Sociedad Interamericana de Psicología) pareció ser más propensa a la mayoría continental de sus países miembros, también nos acercamos, con prudencia pero sin prejuicios, a sus filas. Aunque nos sentimos más identificados con las propuestas de ULAPSI (Unión Latinoamericana de entidades de Psicología) y ALFEPSI (Asociación Latinoamericana para la Formación y la Enseñanza de la Psicología).
Aun así, es imposible no ver que en Cuba se conoce más de la Psicología que se hace en “El Norte”, que lo que conocen los psicólogos de “El Norte” de lo que se hace en Cuba. Y si de interés se trata, parece reproducirse la aritmética anterior. Aunque es probable que nosotros tengamos que preocuparnos por mejorar nuestro dominio del idioma inglés, y los del norte el dominio del español (pensando no solo hacia afuera de los Estados Unidos, sino hacia adentro: se calcula que en el país existen más de cincuenta millones de hispanoparlantes, siendo el español la segunda lengua más hablada en el país. Por cierto, en la Florida solo hay aproximadamente un millón doscientos mil de esos cincuenta).
Lo dicho no significa que no hayamos sido impactados por actitudes dogmáticas, por excesos izquierdistas. Ni como profesión, ni como país. También hemos sido por momentos un poco miméticos, sobre todo en nuestros vínculos con la civilización soviética, ya desaparecida. Pero es poco justificable el dictamen de “cerrados”. Quizás se justifique el de “encerrados” (desde el Norte, desde luego). Sin embargo, los vínculos establecidos no nos hicieron ser algo que no somos, que no nos correspondería ser, o peor aún algo que nos distancie del sentido básico, real y fundamental de nuestra profesión: el pueblo cubano, Cuba, las cubanas y los cubanos.
Una “apertura” focalizada en los vínculos de nuestra Psicología, de nuestras entidades, asociaciones, de nuestros profesionales, académicos, investigadores, con los similares de los Estados Unidos de Norteamérica, sería conducible por un camino salutogénico. Podría ser enriquecedora, potenciadora de desarrollo, de crecimiento bilateral. Aunque como ha dicho Carol Goodheart, Presidente de la APA en el período 2010, en el informe escrito del grupo de directivos APA que visitó Cuba en el 2012:
It is difficult to describe the impact of a visit by U.S. psychologists to Cuban research, service, and university sites and the experience of meeting with colleagues who have had limited contact with U.S. counterparts for more than half a century.
Es difícil describir el impacto de la visita de los psicólogos estadounidenses a los centros de investigación, de servicios y universitarios cubanos, y la experiencia del encuentro con los colegas que han tenido un contacto limitado con sus homólogos de Estados Unidos durante más de medio siglo.

(APA International Learning Partners Program Report of the APA-Professionals Abroad Visit to Cuba 2012. http://www.apa.org/international/outreach/cuba-report.pdf p.4)
En dicho informe, se hace referencia a la “comunidad entre la APA y la Sociedad cubana de Psicología”:
Dr. Alexis Lorenzo Ruiz, president of the Cuban Society of Psychology, welcomed participants and offered wishes for strong organizational relations between APA and the Cuban Society of Psychology.
The goals of the society were described as similar to those of APA, including advancing the science, improving the quality of the profession, providing organizational activities for applications of psychology, and conducting research related to social conditions.
El Dr. Alexis Lorenzo, presidente de la Sociedad cubana de Psicología, dio la bienvenida a los participantes, y expresó su deseo de una relación organizacional fuerte entre la APA y la Sociedad cubana de Psicología.
Los objetivos de la Sociedad fueron descritos como similares a los de la APA, incluyendo el avance de la ciencia, mejorar la calidad de la profesión, proporcionando las acciones organizativas para las aplicaciones de la Psicología, y realizar investigaciones relacionadas con las condiciones sociales (Ibídem. p.12).
Por cierto en el mismo documento se señala que “Dr. Bernal del Riesgo and Professor Roberto Corral explained training in psychology” “El Dr. Bernal del Riesgo y el profesor Roberto Corral explicaron la formación en Psicología” (p.13). (será Guillermo Bernal, que no es Alfonso Bernal del Riesgo) Nada que el desconocimiento de los anglosajones de APA trasciende los cincuenta años de bloqueo. A ningún psicólogo cubano se le ocurriría que en el 2016 Watson John B. nos pueda explicar cómo se forma a un Psicólogo en los Estados Unidos.
Junto a la mirada más optimista y proactiva de los diálogos, es necesario plantearse una suerte de hipótesis alternativa: ¿Las formas en que se afronten (se realicen) los retos del cambio, de la apertura, pueden atentar contra los rasgos identitarios de nuestra disciplina en el país? Indudablemente, sí. Y no debe ser tomada esta afirmación como “paranoia retrograda y conservadora”, que seguramente existe y puede hasta proliferar. Sino como lógica de las probabilidades asentadas en argumentaciones no solo históricas, sino también epistémicas, metodológicas, y mercadológicas (que para el caso significan hegemonías y dominios de los mercados epistemológico, comunicacionales, y de recursos disponibles).
¿Acaso estos atentados serían causados exclusivamente por la “invasión viral” que pueda llegar desde el norte “revuelto y brutal”, como lo describió, y no por casualidad, El Maestro? Indudablemente, no. Intertextuando a Fornet, en su reflexivo escrito “Nación, cultura nacional y ciudadanía” ( http://www.lajiribilla.cu/articulo/nacion-cultura-nacional-y-ciudadania ), cuando se refiere al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con EEUU, “se me ocurre pensar que si eso entraña algún peligro para el futuro de la Revolución [léase Psicología en Cuba-MC] –o sea, para el proyecto de Nación que solemos definir como martiano y socialista [léase para la construcción de la Psicología que necesitamos y que hemos estado intentando construir-MC]– dicho peligro está dentro, no fuera
No es una aberración de obsolescencia y dogmatismo plantearse que la “apertura” supone, puede suponer, no solo favorecedores de las continuidades necesarias, desarrollo y enriquecimiento, sino también distractores potenciales agenciados por intencionalidades de cualquier tipo, o lo que es peor por las no intencionalidades conscientes. Es decir por las “verdades” legitimadas, naturalizadas, que dan por supuesto lo que no es más que una imposición, un ejercicio de poder.
Y esto es algo que no ha nacido con la “apertura”. Es anterior al re-izado de la bandera norteamericana en el malecón habanero. Y las condiciones de “apertura” podrían bien germinarlas, acentuarlas, o multiplicarlas.
Las intencionalidades son de sobra conocidas. El mismo presidente Obama ha dicho:
Después de todo, estos 50 años han demostrado que el aislamiento no funcionó. Es hora de un nuevo enfoque ... Nadie representa los valores de Estados Unidos mejor que su gente y yo creo que este contacto, en última instancia, hará más para empoderar a la gente de Cuba … estoy convencido que a través de una política de participación, podemos defender nuestros valores de forma más efectiva… Para aquellos que se oponen a los pasos que anuncio hoy, permítanme decirles que respeto su pasión y comparto su compromiso de la libertad y democracia. La cuestión es cómo mantenemos ese compromiso. No pienso que podamos seguir haciendo lo mismo durante más de cinco décadas y esperar un resultado distinto. Además, intentar empujar a Cuba al colapso no beneficia los intereses de Estados Unidos ni los de los cubanos. Incluso si eso funcionara –lo cual no ha funcionado durante cincuenta años– sabemos por medio de experiencias obtenidas con esfuerzo que es más probable que los países disfruten de una transformación duradera si la gente no está sujeta al caos. Hacemos un llamado a Cuba para que desencadene el potencial de once millones de cubanos al poner un punto final a las innecesarias restricciones impuestas en sus actividades políticas, sociales y económicas.
(Declaraciones del Presidente sobre cambios en la política con cuba. En: The White House.https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/19/declaraciones-del-presidente-sobre-cambios-en-la-pol-tica-con-cuba )
No se cambian las intencionalidades, sino las tácticas. Se va cerrando el capítulo de las presiones guerrerísticas, de la “guerra fría”. Para algunos se abre, o se profundiza, el de “la guerra cultural”. No es para nada casual que The New York Times publicó una columna el 12 de marzo de 2016 con el título “Cultural Gap Impedes U.S. Business Efforts for Trade in Cuba”- “Brecha cultural obstaculiza los esfuerzos del sector de negocios de EE.UU. para comerciar en Cuba”
Pero a lo largo de esos extensos años se han ido creando y recreando los mecanismos de “vacunación” para las intencionalidades establecidas por las políticas reiterativas y poco eficientes del Norte. Por eso es necesario detenerse, hacer un llamado de alerta, sobre los otros retos. Los que no se ven, los que no se reconocen, los que incluso son ingenuamente reproducidos. Un alerta a recordar, reconocer, revalorar que lo que pudiéramos llamar “el problema potencial” (usando ese gusto por la problematización que nos acompaña desde hace siglos) no son los norteamericanos, sino lo norteamericano. Y esto es algo del registro de lo simbólico, de lo subjetivo. Es algo no solo del orden de lo argumental, sino del orden de lo deseante. Es un diferendo cultural, en el que lo que está en juego no se simplemente un sistema político, o un modelo económico. Lo que está en juego es la espiritualidad que da vida orgánica a un país. Lo que está en juego, al decir de don Fernando Ortiz, es el Alma Cubana.
Acostumbrados a vivir sin las tentaciones en casa, identificados siempre con propuestas afirmativas, y muy escasamente con las contradictorias, sostenedores de una justificación para la acriticidad (anestesiada por “lo que necesita el país”, “por el bien de todos”, “para preservar la unidad”), convencidos de que lo que hacemos, por hacerlo nosotros es lo correcto, nos sentimos inmunes a las influencias nocivas conocidas y, lo peor, a las desconocidas. Pecando de excesos ideologizantes, desideologizamos las producción autóctona (todas vez que le concedimos una valencia ideológica única por ser “producción nacional”). De tanto poner al enemigo afuera (enfrente), nos olvidamos, nos descuidamos del enemigo de adentro. Para la lectura de la subjetividad, del enemigo que llevamos adentro.
Quizás fue eso lo que advirtió el líder histórico de la Revolución cubana, aquel noviembre en la Universidad de La Habana, muy cerca de nuestra Facultad de Psicología, la capitalina, la que da albergue a la Sociedad cubana de Psicología, la que ha formado la mayor cantidad de psicólogos del país. Dijo entonces: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra” (Discurso pronunciado 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e.html )
Tenemos que alertarnos para no dejarnos arrastrar por eso “americano” (quizás, para que quede más claro el sentido de “lo americano”, debería decir “lo yanqui”) cuando estemos a un paso de ampliar nuestros vínculos anglosajoneados, y lo hagamos en detrimento de nuestros vínculos culturales más emancipadores y de historia compartida, de nuestros vínculos con América Latina. Y probablemente no lo hagamos desde la consciencia, sino que vendrá asociado a la facilidad relativa de los intercambios con quienes tienen recursos para financiarlos, y la disolución paulatina con los que tienen cada vez menos recursos. Lo que además nos puede alejar de nuestra realidad, para hacernos vivir en la realidad virtual de la que no somos, ni queremos ser parte.
Tenemos que alertarnos cuando comiencen los financiamientos no para hacer lo que necesitamos, lo que necesita nuestra gente, sino lo que los financistas financian. Lo que interesa a los que pagan o los que “generosamente” darán recursos. La lógica del capital es, y será, desde y para siempre la lógica del poder, de la hegemonía.
Tenemos que estar alertas cuando ante las búsquedas de las cercanías y las comunidades podamos olvidarnos de las distancias, que son precisamente las identidades, lo propio nacional. El principio de la diversidad no es solo una declaración para los respetos mutuos, sino y sobre todo para los accionares conjuntos, en esa cubanísima expresión de “juntos pero no revueltos”.
Tenemos que alertarnos cuando nos proponemos, peor aún, nos compulsan nos obligan a entrar en la carrera por ser cada vez más “contemporáneos”, “modernos”, “científicos”, “excelentes”, “impactantes” lo que quiere decir convertirnos (para ser exacto, creernos que podemos convertirnos) en universidades del primer mundo –entiéndase, capitalistas, instituidas por la lógica de la exclusión, la injusticia, la desatención a los problemas de las grandes mayorías. Cosas que se esconden tras investigaciones de alto nivel que acometen solución a los problemas generales de salud, por ejemplo (¿es que acaso no es evidente que la pobreza, el hambre, las guerras, las desigualdades, matan, asesinan a más personas que el cáncer, el sida, y varias llamadas enfermedades juntas?).
Tenemos que alertarnos cuando evaluamos, valoramos, e incentivamos el desarrollo científico por las pesimamente llamadas “publicaciones de impacto”. Confusión que nos hunde en los sistemas normativos, lingüísticos, estilísticos, de los países anglosajones, especialmente de las “discursividades yanquis”. Instigación que nos lleva a valorar por lo ajeno, y no por lo propio. A caer en las garras de las hegemonías de la comunicación científica. Hacernos eco de la propuesta “publica o no te creo”, con todo el respeto que su promotor puede merecer, cuando se publica tanto en lo que no se puede creer, y tendríamos que creer más en muchas cosas que no se publican. Que paradoja, como dice Montero, “en los medios científicos de un poderoso país vecino se suele extremar el pragmatismo de la vida académica con el mandato ‘Publica o pereces’…” Los renglones torcidos de las publicaciones de impacto en realidad dicen (y hacen). “Publica (como yo digo que tienes que hacerlo) y perece (como identidad)”.
Tenemos que consensuar nuestros destinos, para consensuar nuestras alertas. La tolerancia, el trabajo conjunto, la integración, la coparticipación, tienen que empezar por casa. Quiere decir por nuestras instituciones de psicología, las formadoras (facultades, departamentos, universidades) y por las gremiales (sociedades, grupos de trabajo, agrupaciones y asociaciones no formalizadas). Seremos lo que seamos capaces de hacer con lo que hemos hecho, y con lo que no hemos hecho, hasta hoy.
Y esto no solo al interior de nuestros espacios propios, sino in extenso a toda la sociedad,
… tenemos mucho camino por delante en materia de fortalecimiento de prácticas de participación y de democracia ciudadanas, no meramente multipartidistas. Y más vale que tomemos ese toro por los cuernos, en lugar de asumir la postura vergonzante de que a nuestro socialismo lo único que le falta es eficiencia económica y recuperación de bienestar social, de manera que no hay que tocar el funcionamiento del sistema político, los medios de comunicación, el papel de los sindicatos y las organizaciones sociales, el propio Partido Comunista y el poderomnímodo de la burocracia…”
(Rafael Hernández. Sobre las lecciones de Obama ante la sociedad civil cubana. http://www.cubadebate.cu/ opinion/2016/03/25/sobre-las-lecciones-de-obama-ante-la-sociedad-civil-cubana/#.VwvQOzbmqCg)
Otra vez, intertextuando a Fornet, ahora en su “El dolorido sentir: Apuntes para una conversación con mis nietos” (En: http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/02/13/el-dolorido-sentir-apuntes-para-una-conversacion-con-mis-nietos/#.Vwp9jTbmqCg) podemos decir:
Si vamos a seguir siendo escritores y artistas [psicólogas y psicólogos-MC] comprometidos de algún modo con un proyecto de desarrollo social y cultural, tendremos que seguir escribiendo, componiendo, pintando, actuando [haciendo Psicología-MC] y, por supuesto, haciendo planes. Con la única diferencia de que ahora tendremos que ser más cautelosos –valga la paradoja–, porque ahora sabemos, dando por descontado el oficio, que con la buena fe y el entusiasmo no basta. Ahora es necesario dudar. Dudar de todo –diría yo, cartesianamente–, menos de la justicia de nuestra causa. Y por tanto es necesario estar abiertos a la crítica, para poder exigir el derecho a criticar

Power by: Moises Soft