Vol 1. Núm 1. 2013
SUBJETIVIDAD, CULTURA Y PSICOLOGIA: REPASANDO UN CAMINO RECORRIDO POR LA PSICOLOGÍA EN CUBA
Fernando González Rey Centro Universitario de Brasília - Universidade de Brasilia
Resumen
Este artículo discute algunos de los caminos y contradicciones que caracterizaron el desarrollo de la psicología cubana en diferentes momentos institucionales e históricos de su desarrollo. En esa discusión son enfatizados diferentes hechos que influyeron ese desarrollo. De forma particular el autor se centra en una de las líneas de la psicología cubana centrada en el estudio de la motivación y la personalidad que fue particularmente relevante en las décadas que el trabajo analiza. Se presenta la estrecha relación entre las investigaciones empíricas sobre las cuales esa línea de trabajo se apoyó y las diferentes construcciones teóricas que aparecieron en ese proceso. Esos avances teóricos llevaron a explicitar una nueva definición sobre la subjetividad en una perspectiva cultural e histórica y a avanzar sobre los desafíos epistemológicos que aparecían ante la emergencia del tema. Esa línea se acompaña a lo largo de su desarrollo en los años 70 y 80. También es discutida la influencia de la psicología soviética sobre nuestra psicología en aquellos momentos y las contradicciones, desdoblamientos y nuevos desarrollos dentro de la psicología cubana. Son traídos a la discusión diferentes cuestiones teóricas relacionadas con las relaciones entre cultura y subjetividad destacando algunos de los factores que impidieron su desarrollo dentro de la psicología soviética. Como conclusión se enfatiza la relevancia de la producción, innovación y de las discusiones en la psicología cubana en esas décadas, algo que ha sido particularmente ignorado in algunos de los pocos trabajos publicados sobre el tema en años recientes
Abstract
This paper discussed some paths and contradictions which characterized the development of Cuban psychology throughout different institutional and historical moments of its development. In doing so are stressing different facts which influenced in that development. Particularly, the author centered in drawing a picture about one Cuban psychology’s trend centered on the study of motivation and personality, which was particular relevant in those decades analyzed in the paper. There are also presents the interwoven relationships between the empirical lines on which that line of research grew up and the different theoretical construction that continuously emerged in that process. Those theoretical advances led to make explicit a new definition about subjectivity from a cultural historical standpoint and to advance on the epistemological challenges arisen by the emergence of that topic. The history of this line is following along its different moments of the Cuban reality in 1970s and 1980s. Also there is discussed the influence of Soviet psychology on our psychology in those moments as well as the contradictions, unfolds and new developments inside Cuban psychology. The paper brings into light some theoretical questions regarding the relationships between culture and subjectivity making an analysis on some facts which impeded to Soviet psychology to advance on those relationships. As conclusion is stresses the relevance of Cuban psychology’s production, innovations and discussions in those decades, something that has been particularly ignored in some of the few works published in recent years about Cuban psychology.
Palabras claves
Psicología cubana, relación psicología - sociedad, subjetividad, personalidad, Cuba psychology, relationship psychology-society, subjectivity, personality

Introducción
Al pensar en el presente artículo no pude evitar sentirme emocionado de saber que va dirigido a los psicólogos cubanos, a quienes nunca he dejado de pertenecer y de quienes,
por razones que no cabe analizar aquí, me he visto separado en los últimos años.
Pretendo realizar un breve tránsito por el desarrollo de la psicología en Cuba, principalmente en las décadas de los años 70 y 80, destacando algunos hechos y momentos importantes de ese desarrollo en el contexto de la realidad cubana de esos años. El otro tema que trataré es la presentación de la línea de producción científica sobre el estudio de la personalidad y la motivación que se desarrolló bajo mi dirección en la Facultad de psicología de la Universidad de la Habana, y que evolucionó hacía el tema de la subjetividad en una perspectiva cultural-histórica
La subjetividad ha sido un tema históricamente excluido de la psicología, pues su control y manipulación han estado en el centro de las políticas de poder desarrolladas en Europa desde principios del siglo XIX, cuando el objetivo esencial de las sociedades occidentales europeas pasó a ser el control del comportamiento, y el desarrollo de “subjetividades institucionalizadas dóciles”.
La psicología como ciencia desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, estuvo más centrada en el desarrollo de sus instrumentos como recursos de evaluación, investigación y práctica, que por la construcción teórica de su objeto y sus consecuencias epistemológicas. Esos instrumentos de base cuantitativa tuvieron como objetivo enmascarar la subjetividad en un conjunto de variables mensurables y controlables, lo que definió formas de subjetivación y representación dominantes en las prácticas institucionales y sociales.
Unido a lo anterior, la exclusión de la subjetividad en las ciencias sociales fue influida por un conjunto muy diverso de factores, entre los que me gustaría destacar los siguientes: el positivismo como epistemología dominante de la ciencia moderna, cuyas consecuencias y efectos colaterales en la representación de lo científico nos afectan hasta hoy, la visión racionalista dominante del hombre y de los fenómenos sociales y el carácter determinista atribuido a lo social en la dicotomía social - individual que dominó la matriz de constitución de las ciencias sociales modernas
La idea de sociedad como sistema de he-chos y fenómenos asociados a un corpus supra-individual regulado por leyes propias definidas de forma inductiva por la estadística, se alimentó de un pensamiento determinista que pasó a explicar los comporta-mientos humanos a través de variables sociales, lo que adquiere su máxima expresión en diferentes teorías sociológicas como las Durkheim y Parsons. Durkheim ejerció una fuerte influencia en la dicotomía sociología-psicología que caracterizó la definición de los objetos inspiradores de las ciencias sociales modernas.
El confinamiento de lo psicológico a lo individual tuvo cuatro direcciones importantes en la psicología entre fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX: en primer lugar, la representación del individuo a través de va-riables o elementos comportamentales definidos por sus correlaciones con variables sociales, a las que se les atribuía una causalidad implícita al ser definidas como variables independientes. En segundo lugar, la representación de las diferencias individuales por rasgos generales a los individuos, sobre los cuales se podían establecer las diferencias entre las personas de una forma cuantitativa, lo que eliminó la relevancia de lo singular, cualidad esencial de lo subjetivo. Esta segunda posición resulta epistemológica y metodológicamente muy similar a la primera, solo que pretende definir a la persona por una estructura de rasgos universales identificada como personalidad. En tercer lugar, el desarrollo del psicoanálisis llevó a una representación más compleja de las estructuras y procesos de las personas, de cuyas dinámicas intrapsíquicas dependía el comportamiento, atribuyendo una externalidad a lo social en relación a la naturaleza de lo psicológico. Aunque las dos primeras opciones presentadas estuvieron centradas en conceptos psicológicos de naturaleza comportamental, dichos conceptos eran referidos a lo “psíquico”, sin especificar cualitativamente esa definición. Por último, también centrada en el individuo, el behaviorismo define de forma explícita la conducta como su objeto, negando cualquier otra referencia que pudiera tener valor ontológico para la psicología.
Sin embargo, como bien alerta Rose (2011): La psicología es constantemente criticada por su individualismo. Pero sería erróneo que, por cuenta de él, sus únicas contribuciones para nuestra realidad hayan sido las técnicas de individualización y administración de los individuos. La psicología también hace posible una techne de espacios y relaciones, que se extiende a todas las prácticas donde las autoridades tienen que administrar individuos en su existencia colectiva (p.129).
El desarrollo del tema de los grupos y la profusión de técnicas e instrumentos para obtener resultados concretos que permitieran organizar y predecir el comportamiento grupal, reprodujeron a nivel grupal la misma tendencia instrumentalista orientada al control y el cálculo que caracterizaba la psicología individual. Esa metodolatría, término acuñado por Danziger (1990) para caracterizar el culto al método dominante en la historia de la psicología, excluyó, desde una prioridad metodológica, el estudio de la naturaleza subjetiva de los procesos humanos.
En este artículo presentaré la forma que tomó el desafío de desarrollar una teoría de la subjetividad a partir de la influencia de la psicología cultural-histórica desarrollada en la Unión Soviética, la que por primera vez destacó la relación inseparable entre psiquismo humano y cultura. La cultura en la psicología era tratada como fenómeno externo, situado en el carácter de los objetos y prácticas humanas y no como aspecto central para una nueva definición ontológica de la psique humana.
La realidad cubana ha experimentado cambios muy profundos en los últimos treinta años, sobre los cuales se han producido importantes trabajos en las ciencias sociales cubanas, en especial en las áreas de la sociología y la antropología. La psicología en ese tiempo ha crecido más en trabajos sobre líneas concretas de investigación, que en dirección a una reflexión teórica más general sobre sus bases teóricas y sus cuestiones epistemológicas más generales, a pesar de algunos interesantes trabajos realizados en esa dirección, Bratus & González Serra (1982), Bratus, B & Febles, M. (1982), Calviño, M. (1993, 2005) D‟ Angelo, O. (1982, 2002, 2005); González Rey, F. (1982, 1983, 1984,1985,1993,1997), González Rey, F. & Mitjans, A. (1989), Roloff, G. (1982), Tovar, M. A. (2001), entre otros.
La falta de una sistematización histórica de las realizaciones de la psicología en Cuba contribuye a una ausencia de identidad que ha caracterizado el propio tratamiento a nuestra historia en los últimos veinte años. Esa falta de historia e identidad llevan a exaltar los protagonismos presentes ocultando una análisis serio y crítico de los caminos recorridos que faciliten nuevas opciones para un futuro, capaces de preservar, criticar y desarrollar lo que se hizo antes. La identidad se expresa en una producción permanente de historias, símbolos y vivencias que nos permiten sentir como nuestros, múltiples espacios y experiencias vividas, a través de las cuales el pasado está siempre en la configuración subjetiva del presente. La psicología en Cuba tiene una historia que cuenta con hechos, publicaciones y resultados concretos que no debemos ni olvidar, ni distorsionar por intereses personales coyunturales. Toda historia pasa por la subjetividad del autor, sin embargo, está obligada a presentar las fuentes y hechos sobre los que la subjetividad se despliega en su interpretación. Omitir hechos y hacer afirmaciones generales sin adecuada fundamentación nos coloca en el lugar de la intriga intelectual y oportunista y no de la ciencia.
 

La institucionalización de la enseñanza de la psicología en Cuba en los años 60 y 70 del siglo XX.
Los cambios ocurridos en Cuba después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 fueron acuñados de forma general bajo el rótulo de “revolucionarios”, lo que les atribuía una intención revolucionaria que capitalizaba el carácter simbólico de emancipación, independencia y justicia social que el triunfo revolucionario estimuló en un imaginario social en que esos valores estaban fuertemente arraigados. El triunfo de la Revolución Cubana se acompañó de un amplio apoyo popular, que se consolidó de  forma rápida con medidas como la reforma urbana, la reforma agraria, el carácter gratuito del acceso a la educación, así como de una posición política de desafío e independencia de Estados Unidos, tema muy sensible en la subjetividad social de Cuba desde la Enmienda Platt y la ulterior presencia de Estados Unidos en el país. La capitalización del atributo “revolucionario” para las nuevas formas de institucionalización política en condiciones de profundo fervor popular, obstaculizó la visión crítica de la nueva gestión y, con ello, se prescindió de un proceso de institucionalización que permitiera la evaluación socialmente participativa de los caminos emprendidos, pasando las decisiones oficiales a apoyarse en la fe de la población hacia sus dirigentes.
En ese cuadro social y político generado por el triunfo revolucionario son creadas en Cuba las Escuelas de psicología de las Universidades de las Villas primero, y de La Habana, en los primeros años de la década del 60. El espíritu que dominó el clima institucional de ambas instituciones en sus inicios, fue el mismo que se extendía a todas las instituciones y sectores del país: entusiasmo, búsqueda de una práctica que apoyara los cambios sociales en proceso y entrega irrestricta a tareas que, en un primer momento, estuvieron orientadas a acciones en diferentes campos de la práctica profesional (Rodríguez, 1990). En un clima de unidad de alumnos y profesores se llevaron a cabo múltiples estudios en diversas esferas de la vida social; centrales azucareros, fábricas, prostitutas, jóvenes y adultos infractores, etc. Sin embargo, después de esos primeros años de entusiasmo, espontaneidad y orientación a la práctica, comenzó la preocupación por el desarrollo de una psicología congruente con los principios ideológicos que en la década de los 60 comenzaron a ser enfatizados en el discurso político y a influir las esferas del arte y el pensamiento cubano, no siempre a través del debate más abierto y participativo que había caracterizado la década anterior en el país. Revolución, marxismo y socialismo comenzaban a aparecer como inseparables.
En los años 60, en medio del fervor y la espontaneidad que se vivía en la Isla entre quienes compartimos el proceso político que se iniciaba, hubo una explosión de publicaciones de carácter polémico que expresaban el curso de un nuevo pensamiento en desarrollo, congruente con la originalidad del proceso político y social que se vivía en el país. Apareció una literatura crítica en todas las áreas de la cultura y en las ciencias sociales. En esa época fueron publicados desde Solzhenitsyn hasta Deutscher y sus famosos libros sobre Trotsky y Stalin. Unido a eso aparecieron las primeras publicaciones de importantes autores rusos del área de la psicología, como Vygotsky y Rubinstein. En la Escuela de psicología de la Universidad de la Habana un psicólogo soviético de origen español, Landa, tuvo un papel importante en la actualización de alumnos y profesores sobre los principios y las bases de la psicología soviética. Unido al clima abierto en las publicaciones, el clima político - intelectual de la Universidad de la Habana en aquellos años se vio estimulado por la creación de un importante grupo de intelectuales jóvenes de orientación crítica, que formaron el Departamento de filosofía de la Universidad de la Habana. Ese grupo fue gestor de la importante revista Pensamiento Crítico, la que ejerció una fuerte influencia en las generaciones jóvenes interesadas por las cuestiones políticas y sociales.
También en los años 60 ocurrió la visita de Sartre y Simone de Beavoiur a Cuba, en un momento en que aún con mucho apoyo popular el proceso revolucionario se institucionalizaba en nombre de un “gobierno revolucionario”, interesante rótulo que pretendía amenizar el carácter necesariamente “no revolucionario” de la gobernabilidad como forma de poder político instituido, independiente del color ideológico atribuido a la preferencia política de quienes gobiernan. Sin embargo, varios acontecimientos importantes le dieron una profunda legitimidad a ese gobierno revolucionario en esa primera década; en primer lugar la derrota de grupos opositores en Girón, y posteriormente la Crisis de Octubre, hechos esos que integraron a todos los sectores de la población en torno a la defensa del país, ganando el pueblo un importante protagonismo. En segundo lugar, la campaña de alfabetización que logro la integración de todos los sectores de la juventud en torno a ese importante y noble objetivo, algo sin precedentes en el mundo. Otras medidas de carácter popular que mencioné antes también fueron parte de esa integración de la población en torno al gobierno que comenzaba. Se consolidó una vanguardia en el poder que centralizó todas las instituciones del país a partir de sus objetivos políticos, algo que posteriormente dificultó posiciones participativas y críticas de los diferentes sectores de la sociedad cubana sobre el curso de las políticas desarrolladas por el gobierno del país.
Ese cuadro de libertad y apertura se respiraba en la Universidad de la Habana, donde la presencia de intelectuales del mundo que interactuaban con alumnos y profesores se facilitaba con eventos como el Salón de Mayo, que cada año se realizaba en la Universidad de la Habana y donde exponían sus obras artistas e intelectuales europeos, principalmente franceses. El desarrollo de ese clima permitió que la búsqueda por una identidad ideológica y filosófica de la psicología no impidiera el estudio y la preocupación con diferentes escuelas y tendencias dentro de ella, lo que se expresó a las claras con las visitas de P. Fraisse y J. Nuttin a la recién creada Escuela de Psicología, de la Universidad de la Habana, cuyo director J. J. Guevara, había sido decano de la Facultad de Humanidades y era una persona de amplia cultura, orientada mucho más a un pensamiento social amplio que a una visión técnica o reduccionista de la psicología. De esas visitas se concretaron becas de estudio para profesores de la Escuela de psicología en Bélgica y París, de las que se beneficiaron profesores, en su mayoría muy jóvenes, como Beatriz Díaz, Diego González Serra, Alberto Labarrere, Mayra Manzano, Liliana Morenza, Gustavo Pineda y Dionisio Zaldivar. A su retorno incorporaron en sus clases lo mejor que se venía haciendo en aquellos momentos en diferentes campos de la psicología europea.
En la segunda mitad de esa década, el clima político en el país comenzó a variar, ganando fuerza la centralización: un proceso de concentración del poder político con control absoluto. Toda discrepancia fue consideraba como un acto hostil. Ganaba fuerza la idea de un solo camino en el proceso iniciado. La muerte del Che Guevara en Bolivia, implicó la salida definitiva del principal crítico al modelo soviético en la dirección del país. El comienzo de la década del 70 marcó el inicio de la importación acrítica del modelo de institucionalización política de la Unión Soviética.
El fracaso de la zafra del 70, iniciando esa década, fue un factor que nos orientó de forma decisiva a la búsqueda del apoyo soviético en el campo económico y a la renuncia de un camino nacional productivo en la economía, que nos hubiera permitido una mayor independencia económica y maniobrabilidad en nuestras relaciones con otros países. El proceso seguido contra el poeta Heberto Padilla en 1971, expresaba claramente una nueva posición en relación a la intelectualidad, y definió un giro crítico hacia nuestro país de muchos intelectuales que hasta ese momento habían apoyado la Revolución Cubana, entre ellos el propio Sartre.
En ese momento crucial, en 1969, entré yo como alumno de la Escuela de Psicología de la Universidad de la Habana. Donde, sin embargo, el clima era de apertura, discusión y circulación de múltiples posiciones teóricas y filosóficas.
La Escuela de Psicología tenía una estructura interesante, pues aunque todavía se conocía muy poco sobre Vigotsky y su llamado a una psicología general, ya en las escuelas de psicología, tanto en La Habana como en Las Villas, existían sendos departamentos de psicología general dedicados al desarrollo de los temas teóricos y metodológicos más generales de la psicología. Ese departamento en La Habana, donde me formé, reunía excelentes profesores y sus disciplinas le permi- tían al alumno transitar por temas teóricos de la psicología y acompañar el desarrollo de esos temas desde distintas posiciones teóricas, con lo cual se rompía la lógica de simplificar la enseñanza de la psicología a sus escuelas más tradicionales, tendencia que continúa siendo hegemónica en la enseñanza de la psicología en América Latina hasta hoy.
La organización institucional de la Universidad de la Habana benefició grandemente nuestra Escuela de psicología, que fue la única entre las ciencias del hombre en formar parte de la Facultad de Ciencias. Ese hecho fue importante pues la tutela ideológica fue mucho mayor en las Facultades de Humanidades y Artes y Letras, al extremo de llevar a la desaparición de la sociología como área de formación específica, como resultado de la posición soviética que consideraba el materialismo histórico como la sociología marxista.
La influencia soviética en esa década de los años 70 fue masiva en todo el país. En la Escuela de Psicología recibimos a dos de sus importantes figuras quienes impartieron un conjunto de seminarios para los profesores de la escuela: Ponomariov, Y. y Aseiev, V.G., ambos del Instituto de psicología de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética. El objetivo de desarrollar una “psicología marxista” comenzó a ganar fuerza en esa década y se estableció una relación más oficial con la filosofía marxista en el escenario académico cubano. La forma en que yo como joven viví aquella reorientación hacía el marxismo fue como la búsqueda de un nivel superior de desarrollo de la psicología, pues el propio clima que guió esos procesos en la escuela estuvo lejos de ser dogmático. Sin embargo, los nuevos aires que comenzaban a caracterizar el clima intelectual y académico del país también se sentían en la Escuela de Psicología, donde tuvimos que sacar de circulación las ediciones cubanas de dos importantes obras: el libro de Allport, G. La personalidad: su formación y desarrollo, por tener una referencia al “lavado de cerebro” en los campos de concentración de Stalin, y las Obras Escogidas de Freud, que después de haber sido publicadas, fueron excluidas. En ambos hechos se podía percibir la fuerza renovada de los soviéticos en los destinos del país.
Otras visitas de psicólogos soviéticos muy importantes también ocurrieron en esa época, entre ellas se destacó la de Venguer, L., quien impartió conferencias y organizó seminarios en el Instituto de la Infancia y en el Ministerio de Educación, en las que participaron de forma muy activa profesores y estudiantes de la Escuela de Psicología. Venguer representaba una tendencia diferente de la psicología soviética, que seguía los principios de la Teoría de la Actividad liderada por Leóntiev, A. N. Las diferencias al interior de aquella psicología comenzaban a hacerse evidentes para nosotros, aunque todavía de forma muy primaria.
Ya en esa década de los 70 ganó fuerza el desarrollo de una “psicología marxista” como principio rector para la enseñanza de la psicología. Con ese objetivo, además de la publicación en español de literatura soviética, se proyectaron los estudios de doctorado de un importante grupo de jóvenes cubanos en la Unión Soviética, principalmente de las Universidades de la Habana y las Villas, del Ministerio de Educación y del Instituto de la Infancia. Sin embargo, la psicología de la salud, que desde los años 60 ganaba fuerza e importancia en el país, mantenía sus intercambios fundamentales con psicólogos occidentales, de Estados Unidos y Canadá, lo que se facilitaba porque el Ministerio de Salud Pública era una potencia en sí mismo, con fuerte poder político y con capacidad de desarrollar políticas propias en sus relaciones internacionales, sin la mediación de las instancias ideológicas que supervisaban la educación superior. Eso facilitó al naciente Grupo de psicólogos de la salud, con Lourdes García Averasturi al frente, disponer de mayores recursos y libertad de movimiento, lo que favoreció el desarrollo de sus relaciones internacionales. En ese campo también hay que destacar la figura de Noemí Pérez Valdés, quien junto a René Vega Vega, psiquiatra que hasta hoy es profesor de la Facultad de Psicología, y Juan José Guevara, tuvieron un papel muy importante en la formación de psicólogos en el área de la clínica, la que era totalmente dominada por los psiquiatras en esos años.
Los psicólogos implicados en el desarrollo de una nueva psicología lo hacíamos de forma apasionada e imbuidos por un interesante desafió; dominar otra visión de la psicología muy atractiva y original, y que ponía en jaque algunos principios sobre los que se había apoyado nuestra formación más tradicional en este campo. Fuertemente atraídos por la idea de desarrollar una psicología diferente, y ya mucho más informados de las líneas de la psicología soviética, aunque no así de sus profundas contradicciones, un grupo importante de jóvenes psicólogos terminamos nuestro doctorado en importantes universidades y centros de investigaciones en la Unión Soviética, y un grupo mucho menor en otros centros de los entonces llamados países socialistas, la mayoría en Alemania Oriental.
El primer grupo de profesores de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana1que terminó sus estudios de doctorado en Moscú regresó a Cuba en la segunda mitad de los años 70 (Eduardo Cairo, Angela Casañas, Mara Fuentes, María Febles, y Fernando González Rey). La llegada de ese grupo tuvo impacto tanto en la discusión del plan de estudio de la Facultad, como en la definición de la proyección de investigaciones y la realización de los postgrados en el país; el objetivo de avanzar hacia una psicología marxista ganó en claridad y fuerza. Unido a ese grupo de egresados, otro grupo de profesores de alto prestigio técnico y docente, que en aquel momento tenía fuerte peso en la Facultad (Beatriz Díaz, Otmara González, Ernesto González Puig, Diego González Serra, Juan Guevara, Albertina Mitjans, Gustavo Aníbal Rodríguez, Miguel Rojo, y María Elena Solé, entre otros), decidió el desarrollo de un programa de estudios apoyado en la psicología marxista. Otro grupo de profesores egresados de Moscú, esencialmente de la Facultad de Psicología de la Universidad Lomonosov, regresó al país en los años 80 (Manuel Calviño, Gloria Fariñas, Elisa Knapp, Graciela Martínez, Liliana Morenza, Carolina de la Torre) con lo cual el movimiento académico en la dirección antes descrita se fortaleció.
A pesar de la fuerza que ganó la psicología soviética en la enseñanza de dicha asignatura en aquel momento, en los planes de estudio que se sucedieron a partir de esos años se mantuvo el estudio de otros enfoques, autores y escuelas de la psicología, en lo cual nos diferenciamos radicalmente de la enseñanza de la psicología en la Unión Soviética donde la información sobre los diversos rumbos de la psicología occidental fue casi inexistente hasta los años 80.
El clima en la Facultad de Psicología en esos años finales de la década del 70, y sobre todo a principios de los años 80, fue de debate y reflexión acerca de nuevos problemas que emergían ante las nuevas proyecciones de investigación y enseñanza de la psicología, en las que se expresaban también las contradicciones entre tendencias teóricas diferentes. A esas posiciones en la ciencia se agregaban motivaciones políticas en relación a la dirección de la Facultad y sus rumbos, las que resultaban inseparables de las discusiones teóricas. Sin embargo, puntos de unidad y consenso importantes se lograron en relación a los planes de estudio y también en la forma abierta y sincera con que se discutían las diversas formas de comprender el papel del marxismo en la psicología. En ese proceso se fue pasando de la definición de “psicología marxista”, a la de “psicología de orientación marxista”, lo cual revelaba la forma reflexiva y no dogmática de orientación al tema.
Los desdoblamientos y desarrollos de la psicología en Cuba a principios de los 80
La Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana tenía un fuerte liderazgo en la psicología del país. Muchos de los investigadores más destacados de los Centros de investigación en psicología, salud y educación, se formaron en ella y mantenían una estrecha relación con ella (Alberto Labarrere, Angela Casañas, Lina Domínguez, Gerardo Roloff, Ana María Siverio, América González, Ovidio D‟Angelo, Hirám Valdés, Francisco García Ucha, Jorge Román, Pedro Almirall, entre otros). Unido a eso el liderazgo de la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana se expresó en los siguientes hechos:
- El desarrollo de los planes y programas de pre grado y postgrado en psicología tuvo como centro rector a la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana.
- El mayor número de publicaciones de psicología en Cuba correspondía a profesores de la Facultad de Psicología de la Habana, así como el mayor número de citaciones en tesis y publicaciones de psicología2 en el país.
- La Sociedad de psicólogos de Cuba tenía su sede en la Facultad de Psicología de la Habana y por más de quince años su presidente, vicepresidente, y la mayor parte de la Junta directiva fueron profesores de esa facultad.
- La Revista Cubana de Psicología, única publicación de psicología en el país, era organizada y sostenida por la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana.
- La Facultad de Psicología de La Habana era el centro que brindaba mayor cantidad de cursos de postgrados en el país, dirigió la Comisión de otorgamiento de grados científicos en psicología desde su fundación, como el Tribunal de Grados científicos en psicología. Tanto el presidente, como la mayor parte de los investigadores de ese tribunal eran profesores de la Facultad de Psicología.
- Finalmente, la apertura en las relaciones internacionales de la Facultad de Psicología de La Habana propició la realización de la mayor cantidad de eventos, encuentros y Congresos de psicología en el país, los que fueron organizados por esa Facultad, entre ellos, los Encuentros de psicoanálisis y psicología de orientación marxista, las semanas de psicología Cuba-México y las Jornadas de psicología latinoamericanas.
También cabría destacar la participación central en la organización del Congreso Interamericano de Psicología celebrado en La Habana en 1987. Ese congreso fue organizado por el fuerte grupo de psicología de la salud adscripto al Ministerio de Salud Pública, al que ya nos habíamos referido antes, pero en la Comisión Organizadora la presencia de profesores y directivos de la Facultad de Psicología de La Habana fue la mayor del país.
Algo que no puede ser pasado por alto en este análisis, fue el papel de los directores, decanos y sus respectivos Consejos de dirección que, en momentos históricos diferentes, fueron capaces de tomar decisiones políticas acertadas que permitieron esos logros relatados antes y muchos otros. (Ernesto González Puig, Aníbal Rodríguez, Gustavo Torroella, Juan Guevara, María Elena Sole, Albertina Mitjans Martínez y Fernando González Rey, directores y decanos de los momentos históricos que analizo en el presente trabajo).
Después de la Facultad de Psicología de La Habana la institución más fuerte del país en psicología era la Facultad de Psicología de la Universidad de las Villas, con profesores muy reconocidos por sus trabajos y su docencia, como Ángel San Juan, Armando Pérez Yera, Roberto Cura, Jorge Grau,3 Armando Melgarejo, y Jorge Curbelo entre otros.
La psicología en el campo de la educación tuvo una fuerte presencia y amplio reconocimiento en Cuba, no solo en el campo investigativo, sino también en la organización y desarrollo de diferentes direcciones en el trabajo nacional de educación. En ese sentido se destacó Guillermo Arias que fue director de Educación especial del Ministerio de Educación por más de quince años. En educación también tuvieron un papel importante en las investigaciones psicológicas los Institutos Pedagógicos, entre los cuales también el Instituto Pedagógico de La Habana “Enrique José Varona”, era el centro rector de las actividades nacionales de esa institución.
En el plano teórico, en las diferentes instituciones y centros del país se iban perfilando líneas fuertes y bien definidas de investigación, entre ellas: investigaciones orientadas a una psicología cognitiva, que se apoyaban en los clásicos de la psicología cognitiva y en la Teoría de la Actividad de Leóntiev (Liliana Morenza, Mayra Manzano y el equipo de la Facultad de Psicología de La Habana); investigaciones sobre el desarrollo por edades, el aprendizaje y la personalidad, se desarrollaron con fuerza en el Instituto de Investigaciones psicológicas y pedagógicas de Ministerio de Educación (Alberto Labarrere, Amado Amador, Gerardo Roloff, Antonio Cuellar, Pilar Rico, Josefina López, Ana María Siverio, Sergio León, y María Teresa Burke entre otros). También en esa dirección se destacaron las investigaciones del grupo Argos para el desarrollo del talento (Ramón Ferreiro, Alberto Labarrere).Otra línea importante de trabajo centrada en la Facultad de Psicología de la Universidad de la Habana, fue la de psicología comunitaria. (Mónica Sorín, Mara Fuentes, María de los Ángeles Tovar, Norma Vasallo y Consuelo Martín). En esa línea se destacaron también los trabajos de H. Arias en la Academia de Ciencias. Otra línea fuerte de investigaciones la representaron los estudios sobre la creatividad (América González, Albertina Mitjans, Marta Martínez LLantada, Jacinto Puig, entre otros). También fue fuerte la línea de investigaciones en neuropsicología liderada por Cairo Valcárcel y Elisa Knapp en la Facultad de Psicología de La Habana y Rolando Santana en el Ministerio de Salud Pública.
Existieron muchas otras líneas fuertes de investigación en psicología asociadas a los Centros de Investigaciones y a las facultades de psicología de La Habana y Las Villas, pero los límites del presente artículo no me permiten extenderme en ellas. Lo más importante a ser destacado en ese movimiento de investigación en psicología fue el desarrollo de múltiples publicaciones en diversos temas, y el avance en una proyección de postgrado en la disciplina a nivel nacional.


Una perspectiva teórico-metodológica en los estudios sobre la personalidad y la motivación en Cuba
Un área particularmente fecunda y fuerte en la psicología cubana, a diferencia de la psicología soviética, fue la de los estudios sobre la motivación y la personalidad. Tema que representó el área de la psicología cubana con mayor número de publicaciones y en la que más doctores en psicología se formaron hasta 1998. Algunos de los psicólogos que se destacaron por sus trabajos en esta área fueron: Manuel Calviño, Roberto Cura, Otmara González, Diego González, Fernando González Rey, Ovidio D‟Ángelo, Armando Pérez Yera, Gustavo Pineda, Gerardo Roloff, Francisco García Ucha, Hirám Valdés, entre otros.
En el presente epígrafe quiero hacer un recuento de la línea de investigación que desarrollé junto a un equipo de investigadores, y que dejó un importante legado de publicaciones y citaciones en la psicología en Cuba.
Las investigaciones en esta área las comencé en 1973, desarrollando una línea de trabajo que se fue extendiendo a diferentes temas que se fueron ampliando en estrecha interrelación, y que se acompañaron de un desarrollo teórico y metodológico más general sobre los temas de la personalidad y la motivación, temas estos inseparables. Esta línea de investigación concentró el mayor número de publicaciones y citaciones en la psicología cubana entre los 80 y los años 90 del siglo XX (Cairo, 1998, 2002).
Las investigaciones sobre las cuales se inició esa línea de trabajo las desarrollé de forma individual entre 1973 y 1979. A partir de ahí, cuando regresé con mi doctorado de Moscú, formé un grupo que integró profesionales de diferentes instituciones (Héctor Arias Hirám Valdés. Francisco García Ucha, Viviana González, Laura Domínguez. Lourdes Fernández Rius.4) Albertina Mitjans integró sus investigaciones sobre creatividad en esta línea de trabajo, y a partir de 1989, con nuestro libro conjunto La personalidad: su educación y desarrollo hasta hoy, ha mantenido aportes esenciales a los desarrollos de esta línea de investigación, primero en Cuba y después en Brasil. Tovar M. A. (2001) realizó una contribución importante al tema de la psicología comunitaria a partir de las posiciones teóricas sobre la subjetividad que comenzaron en 1991, aunque nunca fue parte de nuestro grupo. Tampoco fueron parte del grupo, aunque sus trabajos tenían estrecha relación con nuestra línea, Roloff, G. y D‟ Angelo, O., quienes aparecen en diversas publicaciones organizadas por mí a principios de los años 80.5
La principal fuente inspiradora de esta línea de investigaciones fueron los trabajos de Bozhovich, L.I. y su grupo, y las concepciones teóricas sobre la personalidad de Allport, G. Mi primera investigación en esta área fue El estudio de la inseguridad y la autovaloración en jóvenes con éxito y fracaso escolar (González Rey, 1974), en la que estudié en escolares cubanos un tema que tenía mucha fuerza en el laboratorio de Bozhovich en aquella época: la reacción emocional ante el fracaso en alumnos con fracaso escolar (Neimark, 1963) y posteriormente profundizada en su dinámica psicológica por Slavina L.S. 6 en su libro Niños con comportamiento afectivo (1966).
A partir de los resultados obtenidos por las autoras soviéticas realice la investigación con escolares cubanos de la misma edad, pero partiendo de una hipótesis teórica diferente: consideré no solo a los que habían tenido fracaso escolar, sino también a aquellos que exhibían elevadas calificaciones en la escuela y gozaban por ello de un elevado prestigio social, pues consideré que la génesis de la inseguridad no podía estar asociada solo con fracasos concretos recientes en un área de la vida, y mucho menos con fracasos asociados a un resultado académico; el fracaso más que expresión de un resultado concreto es una vivencia que tiene una compleja génesis subjetiva, algo sobre lo cual yo solo tenía una intuición inicial en aquellos momentos.
Para mi sorpresa, entre los escolares cubanos la reacción emocional descrita por las autoras apareció solo en escolares con elevados resultados docentes, quienes al fallar en el experimento de solución de tareas de diferente grado de dificultad, expresaron el mismo tipo de reacción emocional que ve-nían describiendo las autoras soviéticas. Frente a esos resultados concluí que la cuestión no estaba en la adecuación del nivel de aspiraciones en relación a las capacidades de ejecución de los escolares, ni en una inseguridad no concientizada por fracasos escolares recientes, sino en una aspiración centrada en ser siempre el más destacado socialmente, lo que les hacía en lo personal muy sensibles a vivenciar el fracaso sin que existieran causas objetivas aparentes para ello. Esa cualidad psicológica la definí como “nivel de aspiración artificialmente elevado” (González Rey, 1974). La evidencia de producciones subjetivas que no eran resultado inmediato de una experiencia vivida, sino la expresión de múltiples sentidos subjetivos configurados en una historia de vida, sería una construcción teórica que solo vendría muchos años después de esa investigación, como resultado de un camino que comenzó allí.
Los resultados y cuestionamientos que desarrollé en aquella investigación inicial me permitieron elaborar nuevos problemas que continué trabajando con aquel mismo grupo de alumnos de la secundaria básica “Cesar Escalante” perteneciente al programa de escuelas que en aquella época dirigía la profesora E. Gil. Posteriormente extendí mis investigaciones a la Escuela “Lenin”.7 En el grupo de investigaciones dirigido por Bozhovich, que era vanguardia en los estudios sobre motivación y personalidad en la psicología soviética de aquel momento, el concepto de formación psicológica ganaba fuerza en la comprensión de la motivación. Esa idea de pensar formas de organización más complejas de la personalidad, que implicaban la posición activa de la persona, permitía superar la visión concreta y puntual del motivo centrada en contenidos particulares y definido por expresiones en el comportamiento, lo que era parte del paradigma instrumental- cuantitativo que dominaba también las investigaciones en este campo.
Sin embargo, el concepto de formación psicológica, aunque integró formas diversas de expresión de la persona, sobre todo verbales y escritas, no limitándose a comportamientos concretos, continuó centrado en contenidos específicos, entre los que se destacaban en las investigaciones de Bozhovich y su grupo, la autovaloración y las formaciones morales de la personalidad. La idea de formación psicológica tenía mucho que ver con la forma en que la autora había definido su concepto de orientación de la personalidad, a través del cual defendió tres tipos de motivos rectores de la personalidad; individuales, colectivos y praxológicos (orientados a la realización de acciones concretas).
Como resultado de mis investigaciones sobre el afecto de inadecuación nació la idea de que el nivel de aspiración debía guardar relación con los valores morales de los alumnos, y decidí extender mis investigaciones en esa dirección. Esa inquietud expresaba también el peso que ganaba la motivación moral como recurso de movilización político y social en Cuba en esa época. La presencia de la motivación moral en la vida cotidiana y la forma sistémica, integral, en que yo me representaba la personalidad en aquel momento, me llevaron a abrir una nueva línea de investigación que vinculaba la motivación moral, la autovaloración y las intenciones profesionales de adolescentes y jóvenes en sus interrelaciones como sistemas de regulación de la personalidad. Sobre los resultados de esas investigaciones organice mi tesis de doctorado titulada: “El papel de lo ideales morales en el desarrollo de las intenciones profesionales en adolescentes y jóvenes” la que fue orientada por V. E. Chudnovsky den-tro del laboratorio dirigido por L. I. Bozhovich, y que defendí en 1979 en el Instituto de Psicología General y Pedagógica de Moscú.
Los resultados de esas investigaciones me llevaron también a nuevas construcciones teóricas entre las cuales se destacó el concepto de tendencia orientadora de la personalidad (González Rey,1982 (a),(b) que, a diferencia del de orientación de la personalidad desarrollado por Bozhovich, reconocía que cualquier motivo de la personalidad podría pasar a ocupar un lugar jerárquico que integrará otros motivos y necesidades alrededor de él; ese complejo de motivos representaba una tendencia orientadora de la personalidad. En ese momento definí el concepto de formaciones motivacionales complejas de la personalidad (González Rey, 1982 (a)(b),1985) como expresión de sus tendencias orientadoras, lo que implicaba el desarrollo de múltiples formaciones motivacionales complejas, idea que solo desarrollé a partir de 1995 a través de una definición configuracional de la personalidad.
La línea de investigaciones orientada al estudio de las formaciones motivacionales complejas de la personalidad me llevó a repensar la cuestión de los procesos psicológicos implicados en la hipertensión y el infarto del miocardio. En una sociedad como la cubana de aquel momento, se fue institucionalizando una subjetividad social (González Rey, 1993) en que las decisiones individuales tenían un carácter secundario en relación a las definiciones institucionales, las cuales, con independencia del nivel en que fueran tomadas, legitimaban su carácter político por la instancia del Partido de base que, de forma general, mantenía una unidad inseparable con la administración. Eso fue fatal en la organización del país, pues en muchos casos los intereses personales de quienes coyunturalmente dirigen fueron legitimados como valores político-ideológicos. Ante eso la presión psicológica sobre las personas era muy fuerte; una contradicción de un trabajador con su jefe podía ganar connotación política, lo que podía acarrear problemas mayores. Esa tensión entre un Estado normativo y una individualidad con pocas opciones frente a las decisiones político-institucionales, cuyo cumplimiento aparecía cada vez más como expresión de lealtad política, unido a una ausencia de figuras jurídicas que permitieran la defensa de las personas frente a las arbitrariedades de esas decisiones político institucionales, generó contradicciones muy profundas que, a mi juicio, aparecieron en un conjunto preocupante de indicadores de salud, particularmente un nivel muy elevado de infartos del miocardio, entre otros.
Esas contradicciones me llevaron a una investigación que desarrollé en el Instituto de Cardiología de La Habana sobre los procesos psicológicos de la personalidad asociados al infarto y la hipertensión.8 Los resultados de esa línea de investigación me llevaron a profundizar en los procesos y formaciones de la personalidad en la vida adulta y su papel en la génesis de trastornos de salud. El concepto de niveles de regulación de la personalidad representó un esfuerzo por trascender el estudio de la personalidad centrado en sus contenidos, e implicó atender indicadores de su funcionamiento con valor heurístico para diferenciar a las personas esencialmente pasivas, orientadas al cumplimiento de las normas establecidas, de aquellas con posiciones reflexivas, proyectos personales y flexibilidad en el curso de sus acciones. Ese concepto permitió generar inteligibilidad a formas de subjetivación que comenzaban a ganar fuerza en la sociedad cubana y que expresaban la forma hegemónica de funcionamiento de la subjetividad social.
Esa línea de investigaciones me llevó a nuevas reflexiones sobre el funcionamiento y las contradicciones de la sociedad cubana de aquel momento, las que implicaron mis primeros trabajos en psicología social y política (González Rey, 1987,1995, 1998). Ese conjunto de líneas de investigación, unido a una fecunda reflexión teórica sobre el tema de la personalidad me llevó, en co-autoría con Mitjans, A.9, a un nuevo momento de reflexión teórica que implicó la explicitación de los principios metodológicos sobre los cuales se desarrollaron las investigaciones anteriores. En “La personalidad: su educación y desarrollo” se introduce la categoría sujeto, la que permitirá avanzar en una comprensión más dinámica de la personalidad y de la subjetividad humana, que años más tarde, a través del concepto de configuración subjetiva nos permitió la integración del aspecto procesal de la acción con las formas actuales de organización de la personalidad, rompiendo con el determinismo intra-psíquico que frecuentemente el concepto de personalidad implicó. Con ese libro se abrió una nueva línea de investigación en el tema de la personalidad, que hasta hoy es fuente inseparable de los nuevos desarrollos teóricos sobre la subjetividad y el propio concepto de personalidad; el estudio de la creatividad como expresión de las configuraciones subjetivas del sujeto creativo, desarrollado por Mitjans, A. (1995, 2005, 2007, 2008,2009).
En 1987 como resultado de las líneas de investigación referidas encima, y la teoría en desarrollo sobre el tema de la personalidad, que trajo aparejada una crítica al concepto de actividad como lo había desarrollado Leóntiev, introduje la relevancia de la comunicación para el desarrollo de la personalidad (González Rey,1983, 1985), y defendí mi tesis de Doctor en Ciencias en el Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias de la URSS con la tesis titulada “Las funciones reguladoras y auto reguladoras de la personalidad en la salud y la educación”.


De la personalidad a la subjetividad: transitando en temas teóricos básicos de la psicología
La aproximación al tema de la subjetividad en la psicología soviética se dio a través de los estudios sobre la personalidad, los que de forma creciente avanzaron en la comprensión del carácter generador y activo de la persona, trascendiendo la representación mecanicista de comprenderla como un efecto directo de las experiencias vividas. La subjetividad no es un reflejo, es una producción simbólico-emocional sobre lo vivido (González Rey, 1995, 2002,2004 2011).
En esa década de los años 80, como consecuencia del propio desarrollo del tema de la personalidad y el interés crecientes en temas sociales y políticos, amplié mis lecturas sobre filosofía, sociología y antropología, lo que me llevó a profundizar en los problemas epistemológicos de la psicología (González Rey, 1993,1997) y, en especial, a avanzar en dirección al tema más abarcador de la subjetividad, en oposición al reduccionismo discursivo estimulado por la influencia del construccionismo social en las ciencias sociales.
La psicología soviética hasta la década de los años 70 se caracterizó por un cuadro que no había facilitado el desarrollo del tema de la subjetividad y que se caracterizó por lo siguiente:
- Una traducción parcial y discontinua de la obra de Vygotsky que no permitía la representación integral de aquella en todas sus consecuencias y desdoblamientos. Unido a eso era dominante la idea de que la “Teoría de la actividad” representaba la continuidad y un nuevo momento en el desarrollo iniciado por Vigotsky.
- Una hegemonía de la “Teoría de la actividad” que se expresaba psicología oficial de la época. Esa hegemonía se apreciaba en las publicaciones de esos años en la única Revista de psicología de la ex Unión Soviética Cuestiones de psicología hasta la década de los 80, en que apareció el Journal de Psicología auspiciado por el Instituto de psicología de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética, presidido ya en la época por B.F. Lomov y que, en la segunda mitad de los años 70 emergía como el centro de mayor fuerza política en la psicología soviética.
- Hegemonía de las investigaciones sobre procesos cognitivos desde la perspectiva de la “Teoría de la actividad”, y un desarrollo muy limitado de los estudios sobre motivación y personalidad.
- Un desarrollo centrado esencialmente en la psicología escolar, pedagógica y de las edades, en detrimento de otras áreas de la psicología con muy escaso desarrollo, como la psicología clínica, social, de la salud e institucional.
- Hegemonía de una definición positivista de ciencia, aunque se desarrollaba, sobre todo en los estudios del grupo de Bozhovich y de los seguidores de Rubinstein y Ananiev, alternativas metodológicas de tipo cualitativo. El propio Vigotsky hizo importantes críticas metodológicas al instrumentalismo dominante en la psicología. La discusión epistemológica estaba completamente ausente.
- Había una pésima actualización de los trabajos de la psicología fuera de la Unión Soviética, y un profundo desconocimiento de temas y autores de otras áreas de las ciencias sociales soviéticas. El propio Bakhtin fue una referencia ignorada en el campo de la psicología.
- Presentación distorsionada de su historia, donde nombres tan importantes como G. Schpet, preso por Stalin en 1934 y fusilado en 1937, quien fuera profesor de Vygotsky de psicología étnica, y que se dedicara a temas tan importantes como la relación del pensamiento y el lenguaje, y del sentido y el significado, fue totalmente omitido, así como importantes antecedentes de filósofos idealistas como Trotski, quien realizó importantes avances antes de 1917 en los temas de la cultura, lo social y lo histórico en la psicología.
Ese cuadro fue el resultado de una representación objetiva de la psique que se impuso a partir de la representación materialista mecanicista que hegemonizó la versión oficial del marxismo soviético. Esa posición impactó la psicología desde sus inicios, cuando la fisiología de la actividad nerviosa superior se consideró su fundamento, posición que fue dominante hasta los años 50, cuando se celebró la famosa Sesión Pavlov realizada de forma conjunta por las Academias de Ciencias Médicas y de Ciencias de la Unión Soviética, donde oficialmente quedó establecido que la base científica de la psicología estaba en los procesos fisiológicos de la actividad nerviosa superior. Después de la muerte de Stalin y frente a los cambios que se desarrollaron en el país por las nuevas posiciones asumidas por el Partido Comunista, la “Teoría de la actividad” ganó espacio oficial y pasó a ser considerada como la Psicología marxista. La actividad práctica con objetos concretos pasaba a ser el centro de la comprensión objetiva de la psique, reservándose el espacio de lo subjetivo a la imagen ideal del objeto.
En aquel contexto Bozhovich por primera vez estableció la diferencia entre las posiciones de Vigotsky y Leóntiev en la psicología soviética. Vigotsky había sido fuertemente criticado por Leóntiev en la época del grupo de Kharkov, pero más adelante, en otra coyuntura política, Leóntiev consideró importante centrar el legado de Vigotsky. De forma más reciente esa posición fue criticada por algunos de quienes fueron sus seguidores, en particular por Zinchenko (1997, 2002) y Davydov (2002).
A diferencia del camino emprendido por Leóntiev con el desarrollo de su “Teoría de la actividad”, Vigotsky y Rubinstein, cada uno por vías distintas, intentaron driblar las limitaciones del concepto de interiorización, al cual Vigotsky se adscribe teóricamente entre los años 1928 y 1931, cuando su foco era el desarrollo de las funciones psíquicas superiores. A pesar de Vigotsky haber usado el término vrachivanie, reversión, y no interiorización, sin dudas sus definiciones asociadas al carácter operacional de las funciones psíquicas superiores, cuyo origen se lo representaba en las operaciones externas, justifica el nexo entre su uso del concepto de vrachivanie y la forma que el concepto toma después en la obra de Leóntiev. Sin embargo, a diferencia de Leóntiev, Vigotsky en el primer momento de su obra, en particular en Psicología del Arte, en sus primeros trabajos sobre defectología, y después en sus trabajos posteriores a 1931, muy especialmente en Sobre la cuestión de la creatividad artística del actor, escrita en 1932 y publicada por primera vez en ruso en 1984, enfatiza el carácter generador de las emociones humanas y desarrolla dos conceptos centrales que van más allá de la interiorización para explicar la génesis cultural y social de los procesos psíquicos: el sentido y la “vivencia” (piriezhivanie). (González Rey, 2001, 2002, 2008, 2011a, 2011b).
Vigotsky y Rubinstein se aproximaron por su énfasis en la unidad de lo cognitivo y lo afectivo, y en que ambos, como afirmé antes, enfatizaron el papel activo de la persona ante las influencias del medio. En la obra de esos autores se dan las bases para el desarrollo del tema de la subjetividad en una perspectiva cultural-histórica (González Rey, 2009). Sin embargo, la referencia explícita al tema solo aparece en la psicología soviética en las décadas del 70 y 80 (Abuljanova, 1973,1980; Chudnovsky, 1988).
Definir la subjetividad como producción y no como reflejo impide su medición, control y las predicciones sobre ella, lo que ha influido en que la subjetividad haya sido desconocida por la propia psicología y por el resto de las ciencias sociales; reconocer lo subjetivo es profundamente subversivo en relación a las representaciones que han dominado las formas de poder, gobernabilidad y orden de la sociedad occidental. Como afirma Rose (1998), las tres principales formas de conexión entre la expertise psicológica y las formas liberales y democráticas de gobierno son; racionalismo, autonomía y privacidad. Esta relación el autor la atribuye a problemas complejos, múltiples y contingentes que están muy lejos de la crítica banal y frecuente dirigida a la psicología como instrumento intencional de clases, grupos o etnias.
Nuestras investigaciones sobre la personalidad se fueron deparando cada vez más con procesos complejos y dinámicas subjetivas imposibles de ser descifradas en el vínculo inmediato con la experiencia vivida, y de ser referidas a características comparables entre las personas o a mecanismos universales de funcionamiento psicológico. El carácter generador de las emociones y sus múltiples desdoblamientos en procesos simbólicos, así como su emergencia permanente ante diferentes procesos simbólicos, nos hizo desplazarnos del énfasis en la unidad de lo cognitivo y lo emocional para el énfasis en la producción simbólico emocional que caracteriza toda experiencia vivida, ya sea social o individual. El sentido subjetivo lo definí como la unidad inseparable de lo simbólico y lo emocional, donde la emergencia de uno implica al otro sin convertirse en su causa (González Rey, 2002). Esa trama simbólico-emocional que de forma simultánea se organiza a nivel social e individual, y donde la producción de sentidos subjetivos en uno de esos niveles, implica de forma recursiva y necesaria al otro nivel como momento necesario de la configuración subjetiva de las respectivas experiencias en curso, rompe definitivamente con la dicotomía entre lo social y lo individual.
Una limitación importante que tuvo la filosofía soviética y que influyó en las posibilidades de la psicología para desarrollar la cuestión de la subjetividad fue la ausencia del tema de lo simbólico,10 lo que motivó que, tanto la cultura como la sociedad, se presentaran por la presencia de la acción humana en los objetos y por las bases objetivas, principalmente económicas, en la definición de las relaciones humanas. De todas formas el énfasis en el lenguaje representó una opción que llevó a esa psicología a una comprensión de la cultura en el desarrollo psíquico que superó la representación sobre la relación psique-cultura de otras teorías psicológicas en aquel momento. Sin embargo, en esa aproximación a la cultura no se consideró la existencia de un sistema simbólico emocional, subjetivo, que es tan real como los objetos y las bases objetivas del funcionamiento social, definido por los sentidos subjetivos sobre los cuales el hombre siente, se representa y actúa en su mundo. El lenguaje como sistema simbólico es inseparable de esas configuraciones objetivas que emergen en las prácticas humanas.
A partir de 1997, con la publicación del libro Epistemología cualitativa comenzó una reflexión epistemológica sobre los desafíos que implica la investigación de la subjetividad, que se siguió con la publicación de varios libros de metodología cualitativa. Ahí comenzó un nuevo camino conjunto con Mitjans, A. donde nuevos equipos de investigación, tesis de doctorado y publicaciones, han permitido el reconocimiento y extensión de esa línea de trabajo en Brasil. Sin quererlo, aquellos que contribuyeron a distanciarnos físicamente de Cuba por varios años, permitieron un espacio cubano-brasileiro de producción científica que sin dudas acercó a las psicologías de nuestros países. Las reflexiones, pe-
ripecias y caminos actuales de esta línea de trabajo serán objeto de un próximo artículo.


Algunos comentarios finales
La psicología en Cuba exhibió un importante desarrollo en las décadas de los años 80 y 90 del siglo XX, con un relevante aval de publicaciones que marcaron algunas líneas de investigación con producción teórica propia. En las obras de los psicólogos cubanos y las tesis que se desarrollaron en el país en esos años se observan citaciones de autores cubanos que son relevantes en la definición de una escuela de pensamiento que ganaba independencia en relación con sus orígenes.
La psicología soviética ha sido la fuente de la mayor parte de las líneas y tendencias de investigación que se desarrollaron en la psicología cubana hasta los 90. Sin embargo, la psicología soviética no se puede analizar solo en un plano teórico, sino que debe ser analizada a través de un prisma histórico-institucional congruente con la intención cultural histórica que anima los enfoques inspirados en ella. Esa psicología se desarrolló a través de dramáticos momentos históricos, cuya significación política e institucional con frecuencia se ha omitido al analizar su alcance teórico y epistemológico.
El tema de la subjetividad representa una opción ontológica para el desarrollo de la psicología que destaca un nivel cualitativamente diferenciado del psiquismo humano en las condiciones de la cultura. La trama simbólica emocional que caracteriza la experiencia humana no es un efecto de las condiciones objetivas de vida, sino una producción que se desarrolla en ellas, y que aparece como un proceso propio de las realidades culturales. Los fallidos intentos del hombre de presentar sus proyectos y posiciones como expresión naturalizada de un orden racional, son una falacia que intenta ocultar la dimensión subjetiva de todos los procesos humanos y, por tanto, lo que esos procesos tienen de fantasía e imaginación, sin ninguna otra justificación que la creatividad de quienes las realizan. Esa deconstrucción del racionalismo y de los “genios ficticios” que creamos para compartir nuestras ilusiones de verdad, han sido mucho mejor tratadas por la literatura que por la psicología hasta hoy. Sin embargo, las modificaciones epistemológicas y metodológicas asociadas al desarrollo del tema de la subjetividad, representan una alternativa de inteligibilidad para estudiar procesos humanos que hasta hoy han quedado fuera de la mira objetivista e instrumentalista que ha dominado la psicología.


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