Vol 4. Núm 11. 2016
COMUNIDADES. PRÁCTICAS Y REFLEXIONES DESDE LA PSICOLOGÍA
Pedro Emilio Moras Puig Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, Cuba Claudia María Caballero Reyes Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Cuba
Resumen
En el estudio de Comunidades, se recogen disímiles experiencias que aportan formas de pensar y de hacer heterogéneas: a veces consonantes y otras disonantes entre ellas, que responden a contextos muy exclusivos o que pueden ser diseminadas a otros espacios, enfocadas en problemas particulares como la salud, la educación, el bienestar, el desarrollo, o prácticas más integrales; todo esto evidencia nuevamente modos alternativos de 1. Entender la comunidad, acercarse a ella y 2. Participar en su transformación. El presente trabajo parte de la experiencia docente de los autores en la asignatura Psicología Comunitaria de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. En un primer momento se presentan los presupuestos teóricos de partida, para luego sistematizar los resultados de trabajos realizados por estudiantes en la práctica de la asignatura, en total se refieren 27 investigaciones realizadas en igual número de comunidades. Nuestra intención es identificar regularidades en la información acumulada en grupos poblacionales diversos que permitan establecer rutas para una mayor inclusión de los mismos en procesos de transformación y desarrollo comunitario.
Abstract
In the study of communities, there are collected dissimilar experiences that provide heterogeneous ways of thinking and doing: sometimes consonants and other dissonant, that response to very exclusive contexts or that can be spread to other areas, focusing on particular issues such as health, education, welfare, development, or more integral practices; all this evidence alternative modes again 1. Understand the community, approach her and 2. Participate in its transformation. This paper begins with the teaching experience of the authors in the Community Psychology course at the Faculty of Psychology at the University of Havana. At first starting the theoretical assumptions are presented, then systematize the results of work done by students in the practice of the subject, a total of 27 investigations relate in as many communities. Our intention is to identify regularities in the information accumulated in various population groups that establish routes for greater inclusion thereof in the process of transformation and community development.
Palabras claves
Comunidad, sentido psicológico de comunidad, participación social comunitaria, Community, psychological sense of community, community social participation

Concepción del objeto de estudio
La concepción de comunidad se ha ido transformando desde posturas más tradicionales en las que prima el elemento territorial, hacia otras en las que se destacan las relaciones, los valores compartidos y el sentido de pertenencia como cuestiones fundamentales, tal como se aprecia en la evolución de los siguientes conceptos:
“La comunidad consiste en un sistema organizado territorialmente y coextensivo con un patrón de asentamiento en que: opera una red efectiva de comunicación; se comparten instalaciones y servicios comunes dentro del patrón de asentamiento; y se desarrolla una identificación psicológica con el símbolo local” (Sanders, citado en Sanchez, 1991, p. 74).
“La comunidad es un espacio común compartido, una serie de relaciones interpersonales y una interacción social. Por lo tanto, para que exista una comunidad es necesario que sus miembros posean un sentimiento de conciencia compartida, una forma de vida con referencias comunes, un grupo de personas con las cuales interactúa y que, por estas relaciones, proporciona una sensación de estimación y acogida” (Pons, Grande, Gil-Lacruz y Marín, 1996, p. 181).
“La comunidad constituye un concepto capaz de extenderse más allá de los grupos, permitiendo describir interacciones sociales complejas que incluyen en su entramado a grupos y otros conjuntos” (Ander- Egg, en Romero y Muñoz, s/f, p. 6).
Poniendo el énfasis en las comuniones de los conceptos de comunidad que se han manejado a lo largo del tiempo, se entiende que la comunidad se caracteriza por la presencia de (Romero y Muñoz, s/f):

  • Intereses y objetivos comunes. La acción social vinculada a la satisfacción de necesidades, solución de problemas cotidianos y el desempeño de funciones sociales relevantes.
  • Interacción social sostenida, cooperación y participación social en un contexto determinado (territorial, escolar, eclesial, virtual, laboral, entre otros).
  • Sentido psicológico de comunidad expresado en el sentimiento o conciencia de similitud, presencia de costumbres, valores, estilos de vida, tradiciones, símbolos compartidos.

Por otra parte, las diferencias entre las concepciones de comunidad apuntan fundamentalmente a distintos tipos de comunidades basados en el elemento básico compartido (Sanchez, 1991, p. 81):

  • Comunidad de sangre: de base biológica (familia, clan, tribu).
  • Comunidad de lugar: basada en la vecindad (aldeas, medios rurales, barrios).
  • Comunidad de espíritu: basada en la amistad, sentimientos o espíritu. Se da en pueblos pequeños, grupos religiosos o sectarios o en la “comunidad nacional”.
  • Bandas, pandillas o grupos urbanos: que comparten la marginación o la desviación social.
  • Instituciones sociales: que funcionan en gran parte como comunidades (escuelas, iglesias o grupos voluntarios).

En el caso particular de la Psicología Comunitaria en Cuba, y más específicamente en la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, el tipo de comunidad con que se ha trabajado fundamentalmente es el delimitado por el espacio físico, en correspondencia con la tradición que comenzó a formarse desde los años 60 a partir de las demandas expresadas por el Estado para apoyar los cambios sociales que se estaban realizando en los diferentes territorios del país, que requirieron en un primer momento (década del 60) del trabajo en centrales azucareros, ciudades y comunidades rurales,1 con los objetivos de: elaborar un procedimiento diagnóstico de la problemática sociopsicológica comunitaria que permitiera explorar elementos dinámicos de su desarrollo social –motivaciones, intereses, necesidades y problemas comunes– y aportar recomendaciones a las instituciones estatales y a las organizaciones sociales; y en un segundo momento (décadas de los 70 y 80) del trabajo en las localidades correspondientes a cada centro de salud, con los objetivos de: trabajar en la prevención de salud mediante la caracterización sociopsicológica de los grupos de riesgo, el estudio de la satisfacción de la población con los servicios de salud prestados y el grado de cultura sanitaria alcanzado (Tovar, 2005). Esta tradición del trabajo en comunidades configuradas a partir de límites geográficos se ha mantenido hasta el momento, aunque se han diversificado las formas de acceso al campo, se han multiplcado los objetivos de trabajo en dichas comunidades y se ha comenzado a trabajar gradualmente con otras visiones más actuales de comunidad.
En los últimos 3 años la asignatura Psicología Comunitaria coordinó la realización de 27 trabajos de Psicología Comunitaria basados en diferentes concepciones de comunidad (ver Tabla 1):
Se continuó la línea de trabajo en las comunidades de lugar tradicionales, específicamente en los barrios: Plaza Vieja, Catedral, Pueblo Nuevo, Cayo Hueso, Jesús María, Colón, Vedado, Atarés-El Pilar, Puentes Grandes, Santa Fe y Víbora. Con la peculiaridad de que el acceso a estas se hizo a través de diferentes grupos poblaciones ubicados en ellas: miembros de grupos de teatro, miembros de talleres de artes plásticas, miembros de cooperativas, estudiantes de secundarias básicas y preuniversitarios y jóvenes.2
Se añadió el trabajo en comunidades funcionales constituidas por residencias estudiantiles: 12 y Malecón, Micro X, F y 3ra y Complejo Cultural Residencial de Estudiantes.3
Y se sumó también el trabajo con grupos urbanos: aficionados del béisbol (que se reúnen en la llamada “Esquina Caliente” del Parque Central), frikis, mikis, roqueros, emos, eskater, rastas, otakus, repas (que se reúnen en el Parque G).4
Concepción del proceso de transformación
Se presentan diferentes alternativas metodológicas para el trabajo en la comunidad, entre las cuales resaltan (Tovar, 2005):

  • Enfoque cultural o etnográfico: capta la comunidad como cultura o forma de vida, mediante la residencia prolongada en la comunidad u observación participante.
  • Metodología contextualista o enfoque ecológico: prima el estudio de la interacción entre comunidades y el ajuste de la comunidad con el entorno físico-natural y social.
  • Enfoque demográfico: predomina el examen de las características sociodemográficas de la población, su evolución y patrones de asentamiento, movilidad, etc.
  • Enfoque histórico: integra datos y hechos comunitarios tanto desde una perspectiva global (toda la comunidad) como individual (biografías). Toma en cuenta el punto de partida y su evolución en un problema determinado.
  • Investigación Acción Participativa (IAP): implica un proceso colectivo de aprendizaje, en el cual la comunidad tiene el control de este; supone una comunicación horizontal entre los participantes y una retroalimentación sistemática. Por estas razones la IAP resulta la alternativa metodológica idónea para el trabajo en la comunidad. Supone el avance progresivo de fases que sin ser estrictas sino flexibles, guían el proceso en la consecución de los objetivos del trabajo:
  1. Montaje institucional y metodología de la investigación participativa.
  2. Estudio preliminar y provisional de la zona y población. Retroalimentación a la comunidad.
  3. Análisis crítico de los problemas considerados como prioritarios y que los involucrados desean estudiar y superar. Retroalimentación de los avances de la actividad de análisis de problemas.
  4. Programación y ejecución de un plan de acción para contribuir a solucionar los problemas planteados.

Siguiendo esta metodología los trabajos realizados desde la asignatura Psicología Comunitaria estuvieron enfocados en la caracterización socio psicológica de las comunidades, cumpliendo así con las dos primeras fases del proceso interventivo, y dejando sentadas las pautas para el posterior avance de la comunidad en función de sus objetivos.5 Esto implicó:
- El diagnóstico de necesidades de la comunidad: identificación y análisis de necesidades y problemas; evaluación de los factores estructurales y procesos sociales implicados en su generación y mantenimiento –causas y consecuencias–; evaluación de recursos reales y potenciales para resolverlos. De modo que una vez terminado el trabajo diagnóstico la comunidad se haya movido desde un momento de identificación de sus problemas hasta un análisis de posibles estrategias a desarrollar para resolverlo.
- El análisis del sentido psicológico (tanto en su dimensión vertical –personal, basada en la identificación o sentido de pertenencia a la comunidad–, como horizontal –interpersonal, asentado en el conjunto de interrelaciones y lazos entre los miembros de la comunidad– (Sánchez, 1991)) como elemento que junto a la participación social comunitaria constituye la célula estructural y funcional de la comunidad, y por tanto facilita u obstaculiza su desarrollo.
- El análisis de la participación social comunitaria (en cuanto a sus niveles –movilizativo y de consumo; consulta, discusión y/o conciliación; delegación y control; y responsabilidad compartida y codeterminación– (Linares, C., Correa, S. y Moras, P., s/f), especificando los patrones de consumo en los casos en que esta se ubicaba en el nivel movilizativo y de consumo), como factor que permite identificar cuáles son los objetos de satisfacción de las necesidades culturales de los sujetos, y con ello, trazar estrategias para potenciarlos en caso de que sean insuficientes, para redireccionar los intereses que puedan ser valorados como factores de influencia negativa, y para ampliar las posibilidades de satisfacción a partir de nuevos objetos que refuercen valores, prácticas y tradiciones de la comunidad –y con ello contribuir a la par al desarrollo del sentido psicológico–.
Principales resultados
A continuación se desarrollan los principales resultados obtenidos atendiendo a cada objetivo planteado, en cada uno de ellos se comentará primeramente las generalidades que se aprecian en todas las comunidades estudiadas y luego se expondrán las diferencias específicas de algunas comunidades respecto al resto.
Sobre la evaluación de necesidades
Necesidad económica y material:
La necesidad económica muestra su preponderancia en la vida social desde los inicios de esta, pero adquiere formas específicas en función de los contextos históricos particulares. En el caso de las comunidades estudiadas la necesidad económica está marcada por el profundo proceso de actualización del modelo económico del país, el cual tiene el reto de “superar un conjunto de restricciones estructurales, funcionales y del propio modelo que afectan el desempeño económico actual de la isla, y en paralelo, crear las condiciones que garanticen el desarrollo autosustentable a largo plazo” (Marquetti, s/f), en un escenario caracterizado por “la vivencia de desigualdad en la sociedad, el acceso al consumo como criterio diferenciador y símbolo de estatus y prestigio, incertidumbre tanto para los que viven con más comodidad como para los que menos, insatisfacción con el salario y las condiciones de vida, baja productividad, cambios en el modelo de sociedad ideal y bienestar, etc.” (Pañellas, 2012). Esta situación, que se hace más evidente en las comunidades de lugar ubicadas en territorios poco favorecidos, provoca que las necesidades económicas repercutan en las materiales, manifestándose desde la carencia debido a: problemas constructivos de las viviendas y espacios públicos; insalubridad y falta de higiene en calles y espacios públicos; dificultades para el acceso a recursos que satisfacen necesidades básicas como agua potable, alimentos bien elaborados (en el caso específico de las residencias estudiantiles); falta de recursos para realizar las actividades laborales (particularmente en las cooperativas) y de estudio (en el caso de los talleres de artes plásticas y las escuelas –inmuebles, ventilación, pinturas y delantales–).
Necesidad de socialización, afiliación, comunicación
Esta necesidad remite a la esencia del hombre como ser social, expresa la necesidad de la interacción, la cooperación, la actividad como medios para la reproducción y producción de la sociedad, manifiesta el papel del entorno como fuente del desarrollo y no solo el ámbito en que este ocurre, dicho en palabras de Vygostky (1935, p. 20): “el hombre es un ser social, que sin la interacción social, no puede nunca desarrollar en él los atributos y características que se han desarrollado como resultado de la evolución sistemática de toda la humanidad”. Esta necesidad resulta relevante para el desarrollo de la comunidad, en tanto está en su base, explica la importancia de formar y transformar la colectividad como medio para el crecimiento personal y social.
Las expresiones específicas de esta necesidad adquieren matices diferenciados en dependencia de algunos grupos poblacionales y comunidades específicas. Tal es el caso de:

  • El grupo poblacional de los adolescentes tempranos de todas las comunidades en que se trabajó con este grupo etario demanda un cambio en el estilo de comunicación con los padres y cuya carencia se manifiesta en problemas de interacción entre padres e hijos. Esta situación se muestra en concordancia con las teorías del desarrollo que describen el período adolescente, en tanto plantean la aparición del conflicto adulto-adolescente generado por “la divergencia de opiniones de adultos y adolescentes, en cuanto a los derechos y deberes de estos últimos” (Domínguez, 2006). Se detalla que este conflicto es más agudo al inicio de la adolescencia y tiende a disminuir a finales de ella, lo cual es coherente con la fuerza con que aparece el matiz de esta necesidad en los grupos poblacionales de adolescentes tempranos estudiados.
  • Los miembros de las residencias estudiantiles (comunidades funcionales) expresan la necesidad de comunicación desde la carencia debido a problemas en las relaciones entre estudiantes e instructores educativos. Esta realidad se muestra semejante a la encontrada en otros resultados investigativos sobre el tema, en los cuales se manifiesta igualmente: falta de confianza en la relación que obstaculiza que el instructor sea una figura significativa en el ámbito de los problemas académicos o personales de los estudiantes, aun cuando esto es un objetivo cardinal en el trabajo de estos; comunicación centrada en las evaluaciones, solicitudes de problemas materiales y/o cualquier otra gestión administrativa; y quejas en cuanto al trato inadecuado de los trabajadores educativos hacia los estudiantes (Torralbas, J. y Martín, M., 2014).

En las comunidades funcionales estudiadas la necesidad de socialización también se ve afectada por el problema de la falta de espacios físicos que faciliten la interacción, lo que provoca que esta actividad se realice en espacios que no están destinados para ello –por ejemplo los cuartos– y que por tanto no se potencien las relaciones interpersonales más allá de los otros con los que se comparten la habitación, creando subgrupos cerrados y limitando las posibilidades de participación en los procesos vitales de la comunidad por la falta de comunicación cara a cara entre todos los miembros. Esto nos lleva a una reflexión acerca de la importancia del territorio como elemento estructural que influye en la dinámica de la comunidad, en tanto la disposición del ambiente constructivo y material –la ubicación de las paredes, las puertas y las ventanas, la disposición de los muebles o la falta de ellos– incide en el comportamiento individual y social (Suárez, s/f). Un escenario que cuente con asientos colocados en círculo o semicírculo potenciará la interacción y el intercambio, mientras que espacios en los que la disposición de estos sea en fila y separados unos de otros provocará el ejercicio de las actividades de manera aislada, por último la ausencia de estos espacios disminuye notablemente las posibilidades de interacción (Sommer, 1967), tal como ocurre en las comunidades estudiadas.

  • Grupos urbanos frikis, mikis, roqueros, emos, eskater, rastas, otakus, repas manifiestan dificultades en la interacción entre ellos; al mismo tiempo que el grupo urbano de aficionados del béisbol, presenta conflictos en la relación con otros grupos sociales –proxenetas y homosexuales–. El elemento común en estos problemas está dado por que se comparte un espacio geográfico, los primeros comparten el Parque de la calle G y los segundos comparten el Parque Central. Nuevamente el análisis en torno a la territorialidad resulta relevante, en este caso las cuestiones teóricas permiten entender cómo la temporalidad (cuánto tiempo pasa el grupo en ese espacio) y el control o centralidad (cuán relevante resulta el espacio para el grupo) hacen que el uso y aprovechamiento de esos espacios públicos funcione más bien como un territorio secundario (espacio semipúblico en el que las interacciones se producen con arreglo a ciertas normas habituales) (Taylor y Stough, 1978); lo que explica por qué la violación de estos límites espaciales que dividen de manera invisible pero clara a los grupos genere conflictos entre ellos.

Para comprender la ruptura en la comunicación hacia el afuera de los grupos urbanos se debe tomar en cuenta también al proceso de comparación grupal propio de las formación de las identidades sociales, el cual establece que “el individuo, mediante el principio de acentuación, maximiza diferencias entre endogrupo y exogrupo, favoreciendo al primero. Esta comparación se realiza sobre cuestiones físicas, actitudinales y comportamentales … De esta manera, se refuerza una autoestima positiva derivada de la pertenencia al grupo” (Pañellas, 2012); esto provoca que se establezcan distancias entre los grupos como una forma de autoafirmarse, pero si estas rupturas son demasiado tajantes pueden crear un clima negativo que dificulta la conexión de las comunidades con el entorno y poner en riesgo su propia supervivencia y desarrollo.
Necesidad de recreación y esparcimiento:
Esta necesidad encuentra su satisfacción tanto en el espacio personal como grupal. Respecto al primero, los objetos de satisfacción fundamentales se asocian a la realización de actividades tales como ver la televisión y escuchar música. Aun cuando esto constituye una generalidad, se manifiestan ciertas pautas de consumo que diferencian a determinados grupos poblacionales y comunidades respecto a otras, tal es el caso de:

  • El grupo poblacional de niños, tal como se espera de acuerdo con las regularidades de la edad, consume materiales audiovisuales de tipo Infantiles y Dibujos animados. Mientras que el resto de los grupos poblacionales y comunidades en general se caracterizan por el consumo de películas cuyos géneros oscilan fundamentalmente entre la comedia, la ciencia ficción y el policiaco; así como la visualización de series; y en el caso particular de la población femenina se aprecia también una marcada inclinación por el consumo de novelas. Este último elemento demanda una lectura de género, en tanto constituye una pauta comportamental que reproduce la imagen tradicional de la mujer y contribuye al reforzamiento de actitudes y perpetuación de estereotipos respecto a ella.
  • Los grupos urbanos se diferencian en cuanto a las pautas de consumo musical: los punks, frikis, rockeros y otakus se caracterizan por la preferencia de la música rock; los repas por la preferencia del reguetón, la timba y la salsa; y los mikis la preferencia de la música tecno. Mientras que el resto de los grupos urbanos y comunidades se asemejan en el gusto por el reguetón, la música romántica y popular bailable. Las marcadas diferencias en el caso de las primeras comunidades mencionadas responden al proceso de identidad social vinculado a la conformación de dichas comunidades, en tanto un elemento esencial de su formación está dado por el hecho de compartir la preferencia por un gusto musical, y es completado por el empleo de un código verbal o jerga determinado y una estética particular.

Resulta preocupante el hecho de que se rechace el consumo de música tradicional cubana, mostrándose como uno de los indicadores de más baja puntuación en el estudio de consumo cultural, en tanto una de las funciones de la comunidad está dada por la socialización, es decir, “la trasmisión de valores, conocimientos y pautas de conductas de la sociedad a los individuos que forman parte de ella” (Álvarez, 2005, p. 10), y el hecho de que en esta no solo no se potencie, sino que se desestime su valor, da cuentas de un proceso de socialización que se está llevando a cabo en las comunidades en el que la tradición musical se está perdiendo, y por tanto también un elemento importante de la identidad del cubano.
La necesidad de recreación y esparcimiento, como se mencionaba más arriba, también se satisface en el espacio grupal. En este sentido también se aprecian ciertas diferencias:

  • Los grupos poblacionales de adolescentes tempranos encuentran en la práctica de deportes (fundamentalmente futbol) y la salida a fiestas y discotecas con los amigos los principales objetos de satisfacción de esta necesidad. Resulta otra alerta para el mantenimiento y la re-producción de la identidad nacional el hecho de que las prácticas deportivas se asocien a un deporte diferente del nacional. Con la identificación de estos elementos no se pretende la censura de formas de actuación, consumo y participación diferentes, en todo caso es solo una expresión de la heterogeneidad cultural que cada vez hace más evidente el proceso de globalización cultural, y sí un espacio para develar esta realidad y hacerla consciente, como único modo de trabajar en función del desarrollo y la transformación que se desea.
  • Los grupos poblacionales vinculados directamente al arte (miembros de grupos de teatro y talleres de artes plásticas) encuentran la satisfacción de la necesidad de recreación en espacios artísticos tales como galerías, exposiciones, teatro y cine en mucha mayor medida que el resto de los grupos poblaciones y comunidades estudiadas.

De manera general se aprecia una satisfacción parcial de la necesidad de esparcimiento en el espacio grupal dentro de la comunidad debido a las problemáticas de estas relacionadas con la ausencia o insuficiencia de espacios recreativos de este tipo: centros deportivos, discotecas, teatros; así como la no correspondencia entre los que existen y las formas de consumo reales. Esto demuestra la importancia de explorar el consumo cultural para visibilizar posibles estrategias que: pongan los espacios existentes en función de los objetos de consumo reales y vinculen dichos espacios con otros que se deseen promover.
Por otra parte el hecho de que se evidencien formas diferentes de satisfacer una misma necesidad en una misma comunidad, expresa la importancia de la creación de espacios diferenciados para la satisfacción de las necesidades de los miembros de la comunidad en función de sus diferencias (grupo etario, actividad que realizan, ocupación).
Sobre Sentido Psicológico y Participación
El sentido psicológico, como elemento esencial que enlaza lo individual con lo social se muestra parcialmente desarrollado en las comunidades estudiadas. Se aprecia una mayor riqueza en la dimensión vertical –individual–, en tanto resalta el mantenimiento de tradiciones, rituales, identificación de símbolos, prácticas y costumbres propias de la comunidad. En cambio, la dimensión horizontal –interpersonal– se muestra debilitada, pues no se reconocen ni se establecen los lazos necesarios entre los miembros de la comunidad para el ejercicio activo, en calidad de decisores, de las actividades y acciones de la vida social de la comunidad, por el contrario, se evidencia una participación en calidad únicamente de beneficiario, desde el consumo de las acciones establecidas “desde fuera”, que no implican la toma de decisiones colectiva, y por tanto no potencian el diálogo, el intercambio y la participación desde el nivel de protagonista.
A modo de cierre
El análisis de los resultados presentados, apunta a diferentes perspectivas de trabajo con comunidades. El estudio a partir de grupos poblacionales identifica la totalidad de estas investigaciones, no obstante la mirada a la comunidad aunque prioriza el enfoque territorial, incluye también la visión de comunidades funcionales, es decir de instituciones que ofrecen servicios y albergan a personas donde un período prolongado de tiempo, en este caso residencias estudiantiles y además tribus y grupos urbanos que comparten identidades culturales y establecen interacciones en espacios públicos. En todos los casos el abordaje se realiza a partir de un diagnóstico de necesidades e inventario de problemas desde la percepción de estos grupos, potenciando su participación en posibles soluciones y teniendo en cuenta el sentido psicológico identificado, el cual incluye el sentido de pertenencia pero también la percepción de similitud, interacciones frecuentes y la voluntad de mantenerlas.
Por otra parte demandas de espacios propios, de opciones recreativas y de esparcimiento y de apoyo material, son los contenidos que caracterizan las principales necesidades en los diagnósticos, los que al ser explorados de manera independiente develan una gama de matices diferentes como expresión de la diversidad que expresa la lectura de estos reclamos desde grupos distintos, lo que tiende a destacar la importancia de estas miradas desde ejes que aborden la homogeneidad pero también la diversidad cultural que develan los comportamientos y subjetividades sociales.
El trabajo de campo que acompañó estas investigaciones se realizó desde el paradigma de la Investigación Acción Participativa, como estrategia metodológica que resulta idónea por propiciar el protagonismo de los sujetos en el proceso investigativo y su empoderamiento como actor de desarrollo en prácticas de transformación. Continuar realizando exploraciones de esta naturaleza permite más que un ejercicio académico el conocimiento de comunidades, a la vez que dar respuestas a problemas acuciantes de nuestra sociedad desde los escenarios cotidianos donde se construyen y expresan subjetividades e identidades colectivas.

Bibliografía
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Linares, C., Correa, S. y Moras, P. (s/f): La participación: ¿solución o problema? Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello”.
Marquetti, H. (s/f): La Formulación de Políticas Públicas en el Contexto de la Actualización del Modelo Económico en Cuba. Material digital.
Pañellas, D. (2012): Grupos e identidades en la estructura social cubana. Tesis para optar por el grado científico de Dra. en Ciencias Psicológicas. Facultad de Psicología, Universidad de La Habana.
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Sánchez, A. (1991): Psicología Comunitaria. Bases conceptuales y operativas. Métodos de intervención. Barcelona: PPU.
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Vygostky, L. (1935): Conferencia 4. El problema del entorno. En Vygostky, L. (1935): Fundamentos de psicología. Leningrado: Instituto Superior Pedagógico Estatal “Herzen”.

NOTAS

  1. Entre los trabajos más sobresalientes sobre el tema figuran: Estudio psicosocial de nueve centrales azucareros, Investigación psicológica de la ciudad de Nuevitas, Investigación integral de siete comunidades rurales, Investigación integral de tres ciudades orientales (Casañas, Fuentes, Sorín y Ojalvo citado en Tovar, 2005).
  2. Barrenechea, A., Hernández, R., Martínez, L., Vázquez, C., Carbajo, M. y Ortega, M. (2014); Barrios, A., Orozco, M., Fernández, L., Cruz, C. y Lino, D. (2014); Blanco, Y., García, L., Espinosa, R., García, A. y Rojas, E. (2012); Claudia Padrón, C., del Rey, E., Vega, E., Pico, A. y Álvarez, H. (2014); Del Cueto, C., Hernandez, D., Afont, A., Carvajal, M., Santana, I., de Calzadilla, A., Zaldívar, M. (2013); Del Río, M., Varona, J., Cuello, S., Riverón, A., de Armas, F. y Sardiñas, A. (2014); Domínguez, E., Reinó, M., Reyes, S., Castro, A. y Duarte, T. (2012); Labaut, L., Morera, M., Fuentes, S., Alfaro, G. y Del Valle, C. (2012); Menéndez, K., Batista, E. y Padilla, Y. (2012); Milanés, L., Tomé, C., Pérez, E., Selman-Housein, S. y Orosa, A. (2012); Noroña, A., Medina, Y., García, S. y Larralde, L. (2014); Quesada, D., Chávez, K., Suástegui, A., González, A. y Armenteros, A. (2013); Reyes, A., Herrera, Y., Leza, M., Venereo, C. y Menéndez, P. (2014); Sicilia, R., García, R., Palay, G. y Álvarez; S. (2014); Solano, O., González, L., Ricart, S., Onguemby, C. y Díaz, A. (2014); Vargas, L., Bueno, L., Valle, D., Miranda, M. y Escalona, M. (2012); Velázquez, L., Fábregas, F., Maceda, A., Malas, O. y Piedad, O. (2012); Vitier, A., Molina, L., Vázquez, C. y Domínguez, M. (2012).
  3. Álvarez, D., Guerra, L., Padilla, L., Rivera, Y., Rodríguez, D., Scott, J. y Suárez, R. (2012); Blanco, S., Peña, L., Medales, C., Mercado, D. y Rosabal, Y. (2014); Cánovas, A., Quesada, D., González, E., Campos, P., Puga, P. y Chang, S. (2012); Coroas, S., Arias, N., Alberty, M., Ricardo, L., Boschmonar, A. y Sile, J. (2013); Orbera, D., Arias, A., La Rosa, F., González, E., Mesa, M. y Sosa, P. (2012); Picayo, N., Machimbo, R., Berges, G., Bell, D., Castro, A. y Córdova, A. (2012); Totaram, S., Coelho, S. y Reyes, J. (2014).
  4. Durán, C., Albín, J., Zanetti, P., Bressler, S., Lara, M., Berdazco, D., Torriente, C., Rosada, Y., Martínez, D. y Mejías, M. (2014); Valdés, A., Martínez, A., Nuñez, N., Hernández, M. y Fleitas, N. (2014).
  5. Las razones fundamentales para realizar el trabajo comunitario hasta la fase mencionada se deben al tiempo posible de realización de la actividad, enmarcado únicamente en el semestre en que se imparte la asignatura, esto implica la desventaja de acompañar a la comunidad solo en las primeras fases de la transformación; como paliativo a esta situación se enfatiza en la necesidad de trabajar desde el principio en el empoderamiento de la comunidad, de modo que al dejar proyectadas las posibles estrategias para la solución de los problemas identificados, la comunidad sea capaz de llevarlas a cabo. Por otra parte, se está analizando en la disciplina Psicología Social de la facultad un diseño del trabajo en el campo que favorezca la participación de los estudiantes en fases posteriores del proceso de transformación.
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