Vol 4. Núm 12. 2016
LA ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN CON HUMANOS… MÁS ALLÁ DE PARADIGMAS
Miguel A. Roca Perara Facultad de Psicología, Universidad de La Habana
Resumen
La conferencia parte de la desafiante experiencia de que al investigar seres humanos en el mundo real no es posible prescindir de la atención a las personas implicadas en el objeto de estudio, aunque ello introduzca múltiples sesgos y variables, difíciles de controlar, y aunque con ello rompamos convencionales cánones tradicionales de la búsqueda científica; esto convoca a la necesidad de colocar en un primer plano la ética, y la adhesión a los valores de dignidad y solidaridad humanas, que conforman el respeto a la diversidad. A partir de aquí se insiste en que no hay una sola, sino muchas formas de investigar, todas legítimas y no excluyentes siempre y cuando ética y rigurosamente respondan a las demandas del problema a investigar, y sobre todo que no se trata de ajustar a las personas al procedimiento de investigación, sino de ajustar los procedimientos a las personas. Se exponen las conflagraciones, así como alcances y limitaciones de los clásicos procedimientos de investigación, cuantitativos y cualitativos, aunque se defiende no obstante la perspectiva integradora, con una pragmática agenda metodológica pluralista, con la noción básica subyacente de que la integración de los datos cuantitativos y cualitativos maximiza las fuentes de fortaleza y minimiza las debilidades de cada tipo de datos. Se concluye, entonces, reiterando la idea de que lo más importante no es que el objeto de estudio sea ajustado al procedimiento metodológico, sino que los métodos sean apropiados a las preguntas de investigación, reapareciendo nuevamente la ética en un primer plano al decidir, con flexibilidad y mente abierta, que paradigma (o mezcla de ellos) se utiliza en una investigación con humanos, un asunto mucho más complejo que el ejercicio y puesta en práctica de una serie de técnicas y habilidades metodológicas entronizadas desde determinado paradigma.
Abstract
The conference begins with the defiant experience that research with human beings in the real world is not possible without the attention to people implied in the study, even though it introduces multiple biases and variables, difficult to control, and although it break with traditional conventional canons of the scientific search; this conduces to the necessity of placing in a first place to the ethics, and the adhesion to the values of dignity and human solidarity that conform the respect to the diversity. Starting from here, it is insisted that there is not just one, but many forms of investigate, all legitimate and not excluding, if they provide ethical and rigorously responses to the demands of the problem to investigate. The conflagrations, as well as outcomes and limitations of the classic investigation procedures, quantitative and qualitative, are exposed although nevertheless it is defended the integrative perspective, with a pluralistic pragmatic methodological agenda, with the basic underlying notion that the integration of the quantitative and qualitative data maximizes the sources of strength and it minimizes the weaknesses of each type of procedures and data. The conference concludes, then, reiterating the idea that the important it is not that the study object would be adjusted to the methodological procedure, but rather that the methods are appropriate to the investigation questions, reappearing the ethics again in a first plan when deciding, with flexibility and open mind which paradigm (or mixes of them) is used in an investigation with human, a matter a lot but complex that the exercise and setting in practice of a series of technical and methodological abilities enthroned from certain paradigm.
Palabras claves
Investigación, metodología, ética, Research, methodology, ethics

El proceso de la investigación psicológica es similar a aquel
de una honesta búsqueda de conocimientos con mente abierta
en la vida cotidiana… pero con mayor nivel de rigor.

Permítaseme comenzar con un par de anécdotas personales, y comentar algunos de los antecedentes que me llevaron a asumir algunas de las ideas que en el día de hoy comparto con ustedes en la presente conferencia. Corrían los años 1980s cuando iniciaba mi tesis de doctorado sobre el tema “Procesos de afrontamiento a la enfermedad oncológica en niños, adolescentes y sus familiares”… no se trata de un “comercial”, obsérvese el título repleto de palabras en que lo distintivo es el factor humano: afrontamiento, enfermedad, niños, adolescentes, familia…
Por entonces yo tenía una sólida formación en metodología de la investigación desde una mirada bastante positivista y ortodoxa, por lo que asumí con entusiasmo la tarea de revisar la literatura sobre el tema… que por cierto era bastante nueva y hasta algo distante en aquel momento para mí, con pocos años de graduado y con una fuerte formación clínico psicológica tradicional, pero no suficientemente familiarizado con una mirada salutogénica de la salud humana, del proceso salud enfermedad en su integridad.
Me di entonces a la tarea, además de hacer una concienzuda revisión bibliográfica, de seguir al pie de la letra las convenciones y conformar un diseño científico con todas sus reglas, construir y validar el instrumental metodológico, entrenar al personal que aplicaría la investigación, etc. etc.
Y en realidad me sentí satisfecho, era un elegante diseño con un riguroso instrumental plasmado en la elegancia de las técnicas y cuestionarios, con una linda impresión resaltando su estética, algo que por cierto puede resultar tan importante como la propia ética en cualquier acción con humanos y a la que es lamentable que cada vez se le presta menos atención a pesar de que universalmente estamos ya hace años en tiempos de calidad total.
La investigación se realizó casi en su totalidad en la sala de pediatría del INOR (Instituto Nacional de Oncología y Radiología), un excelente servicio de salud en el que abunda la buena infraestructura material en su integridad, la capacidad profesional y sobre todo la excelente calidad humana y entrega a su labor de todo el personal, desde los médicos de más alta calificación hasta el más humilde trabajador de servicios, lo que facilitó la realización de la tesis. Al llegar allí, las madres de los infantes nos recibieron con los brazos abiertos y una enorme disposición a colaborar, pero… no como “conejillos de Indias” que responden preguntas o son sometidos a experimentos, sino como personas, personas en una amenazante encrucijada existencial, que querían ser escuchadas, orientadas, apoyadas y hasta consoladas, pero que de seguro no querían ser “sujetos” de la investigación sino participantes protagonistas de ella, más allá de todo objetivo científico. Como afirmarían Camic, Rhodes & Yardley:
Estos datos provenían de personas reales con vidas reales, personas que comparten aspectos de sus mundos internos, experiencias y subjetividades, … como investigadores somos entes a los que se nos permite capturar un vistazo de quienes son estas personas, como quieren ellas ser comprendidas, o cómo ellos toman sentido de los demás y de sí mismos, incluyendo sus propias experiencias y vidas. (Camic, Rhodes & Yardley, 2003, p. ix)
Esta situación de hecho lo cambió todo en la investigación que ahora entendíamos que tenía lugar no en el laboratorio o la academia, sino en ese complejo mundo real en que desenvolvemos nuestras existencias los seres humanos, no se trataba de acomodar a las personas a los objetivos de la ciencia, sino de poner a la ciencia en función del bienestar de las personas. Tampoco se trataba de eso que en la metodología de la investigación consecuente con una mirada narrativa se llama “contar historias”, sino de asumir que existen “historias dentro de historias” que necesitan ser esclarecidas, así como que estas historias no se detienen y suelen embrollarse, en tanto tienen una continuidad derivada de la complejidad e impredictibilidad en la vida cotidiana de las personas, y que pueden hacer “envejecer” los datos en períodos relativamente rápidos de tiempo, lo que cuestiona con fuerza cualquier “carácter lineal” de la investigación, representativo de los ortodoxos y tradicionales enfoques positivistas. En honor a la verdad, el propio positivismo con una mirada mucho más actual, en su evolución se ha replanteado esto con fuerza.
En este mismo contexto años después, tras acumular una amplia experiencia tanto desde lo científico como desde lo profesional, aconteció otro evento que nos llevó a un nuevo replanteamiento, cuando una enfermera se nos acercó en un tono de mezcla afectiva y de legítimo reproche para decirnos: “Ustedes estudian muchas cosas bonitas, que si la familia, que si el afrontamiento, que si la reinserción social,  eso está bien, pero ¿cuándo se van a encargar de saber qué es lo que pasa con nosotras que somos las que estamos todo el día con los niños, con los que se salvan, pero también con los que sufren y hasta con los que se nos mueren?
Este reclamo nos llevó a varios trabajos a los que llamamos “Profesionales de la oncología pediátrica. Vida y profesión”,  que por cierto me permitieron conocer de la existencia del concepto de Síndrome de Burnout (SBO) al que le dediqué unos cuantos trabajos investigativos con posterioridad.
Pero lo más importante fue sobre todo la desafiante experiencia extraída: al estudiar e investigar seres humanos no es posible prescindir de la atención de todas las personas implicadas de una u otra manera en el objeto de estudio, aunque ello introduzca infinidad de sesgos y variables, casi imposibles de controlar, y aunque con ello rompamos los convencionales cánones tradicionales de la búsqueda científica.
Estoy convencido que mis colegas aquí presentes tienen muchísimas experiencias similares que referir, y en todas hay un factor común, a riesgo de la tautología la investigación con humanos es eso, no investigación con “sujetos” sino investigación con personas, con seres que piensan, sienten y construyen diariamente sus vidas que pueden ser influidas de una u otra forma por nuestros actos científicos y/o profesionales, que incluso pueden llegar a ser no solo “objeto” de la investigación, sino hasta co-investigadores participantes que mucho aporten al conocimiento y bienestar de muchas personas, incluidos ellos mismos.
Las posiciones y prácticas tradicionales, epistemológicas y metodológicas de los investigadores están siendo cuestionadas y transformadas. Los participantes en la investigación son con frecuencia invitados a colaborar en todas las fases de la investigación y se les da incluso, en algunos casos, el rol de “co-investigador”, determinando la lógica de la investigación, las interrogantes a realizar, el diseño de la investigación, así como la recolección, análisis y reporte de datos.
Y todo este recorrido no es más que un preámbulo para llegar a algo que pudiera parecer verdad de Perogrullo, pero que tantas veces pasamos por alto en la ciencia, la profesión y desdichadamente hasta en la cotidianidad de las propias vidas personales, y es la necesidad de colocar en un primer plano la ética, aquello que en su forma más simple puede definirse como el conjunto de conceptos y normas morales que rigen la conducta humana y que es aplicable tanto a las profesiones en específico como a la vida en su conjunto. Según:
La ética es cada vez más una condición sin la cual descenderíamos irremediablemente a un estado de animalidad, aparatización y cosificación de las personas. (Ferrer Echevarría, p. 9)
Si se quisiera tasar la importancia de la ética en forma cuantitativa, baste señalar que si “pinchamos“ en Google y pedimos la palabra “ética” estaremos teniendo acceso a una cifra de ¡51, 200 000 resultados!, una cantidad que para leer no nos alcanzaría, desafortunadamente, toda nuestra vida. Sin afán académico porque el espacio no lo permite, pero para resaltar lo anterior, permítaseme un recordatorio y citar principios fundamentales que rigen en la mayoría de los códigos éticos de psicólogos (APA) y psiquiatras, tanto desde lo científico como desde lo profesional, tanto desde la investigación como desde la asistencia:

  • Beneficencia y No Maleficencia. Es el principio cardinal, los psicólogos y psiquiatras luchan por beneficiar a aquellos con los que trabajan y son cuidadosos en su empeño por no hacer ningún daño, al tiempo en que se empeñan en ser conscientes de los posibles efectos de sus habilidades para ayudar a aquellos con quienes trabajan.
  • Fidelidad y Responsabilidad. Los psicólogos y psiquiatras establecen relaciones de confianza con aquellos con los que trabajan. Son conscientes de sus responsabilidades profesionales y científicas para con la sociedad, las comunidades y las personas específicas con las que trabajan.
  • Integridad. Los psicólogos y psiquiatras tratan de promover lo correcto, la precisión, la honestidad, y la sinceridad en la ciencia, el enseñar, y la práctica de su profesión. En estas actividades no roban, no mienten, no participan en fraude o subterfugios, ni en la tergiversación intencional de hechos.
  • Justicia. Los psicólogos y psiquiatras reconocen que la imparcialidad y la justicia son derechos de todas las personas, de aquí que el acceso y el beneficio de las contribuciones de su profesión deben ser de igual calidad en cuanto a procesos, procedimientos y servicios para las personas con quienes trabajan. En aras de esto, se empeñan en juicios razonables y toman las precauciones necesarias para asegurar que sus sesgos y prejuicios potenciales no les conduzcan a prácticas profesionales injustas o incorrectas.
  • Respeto por los Derechos y la Dignidad de las personas. Los psicólogos y psiquiatras respetan la dignidad y la valía de todas las personas, y los derechos de las personas individuales a la privacidad, la confidencialidad, y la autodeterminación. Son conscientes de que determinadas garantías especiales resultan ser necesarias para proteger los derechos y el bienestar de personas o comunidades cuyas vulnerabilidades puedan afectar su autónoma toma de decisión. Son también  conscientes de y respetan las diferencias culturales, individuales, y de roles de las personas, incluyendo aquellas basadas en la edad, el sexo, la raza, la identidad, el género, las competencias, la cultura, la nacionalidad, la religión, la ideología, la orientación sexual, la discapacidad, el idioma, y el estado socioeconómico, y consideran todos estos factores en su desempeño profesional y científico.

Y todo ello sin pasar por alto los estándares éticos de competencia, privacidad y confidencialidad y relaciones humanas, también presentes en la casi totalidad de códigos éticos de las profesiones y ciencias que trabajan con personas y que refrendan el valor y la necesidad de un modo de investigar que ennoblezca el desarrollo integral humano, tanto desde lo personal, como desde lo social y profesional. Presupone la adhesión a los valores de dignidad y solidaridad humanas, que conforman el respeto a la diversidad de características y comportamientos personales, de culturas, creencias e inclinaciones religiosas, políticas, sexuales o de otro tipo, y a cualquier forma de autodeterminación y autoexpresión personal, aún cuando estas sean diferentes a las propias.
Declarando explícitamente mi compromiso y firme convicción de la necesidad de la presencia en primer plano de la ética en el desempeño profesional y el quehacer científico investigativo, paso a comentar el segundo componente de la presente propuesta, los paradigmas de investigación, definidos según Kuhn como un cuerpo central de ideas dentro del cual una gran mayoría de profesionales y científicos está trabajando en un tiempo dado, supuestos tronos omnipotentes desde los cuales se debe conducir la investigación científica,… y quiero para ello hacer una toma inicial personal de partido: No hay una sola, sino muchas formas de investigar, todas legítimas y no excluyentes siempre y cuando ética y rigurosamente respondan a las demandas del problema a investigar, reiterando mi anterior convicción declarada de que no se trata de ajustar a las personas al procedimiento de investigación, sino de ajustar los procedimientos a las personas en cuestión.
Desde este encuadre, permítaseme ahora otra anécdota personal, no soy de los psicólogos ajenos o distantes de las matemáticas; cuando hace unas cuantas décadas entré a la universidad tenía asignadas dos carreras, Psicología e Ingeniería Mecánica, créanme que no fue fácil resolver el conflicto (todavía en ocasiones me surgen dudas, je, je), pero no me arrepiento de la decisión cuando en la primera clase, aquel grande de la profesión (al que aprovecho para reverenciar) que se llamó don Ernesto González Puig, en menos de dos horas dibujó la magia de su profesión, como lo que era, un Maestro. Y dentro de la psicología disfruté mucho del aprendizaje de las estadísticas y disfruto aún hoy de su automatización, aún consciente de un aforismo que descubrí muchos años después que afirma que “no todo lo importante se puede medir, ni todo lo medible es importante”, pero tengo la convicción de que el número es un valiosísimo recurso de la investigación que no debe ser desdeñado, de ahí la legitimidad de la investigación cuantitativa que en su casi totalidad se sustenta en las estadísticas.
Obviamente no soy un experto en estadística, pero como buen aficionado me atrevo a comentar algunos procedimientos que pueden tener un enorme valor en la investigación con humanos en el mundo real:

  • La Estadística Descriptiva. ¿Cuánto no nos puede estar hablando de un asunto tan importante como la diversidad humana una kurtosis aplanada, que evidencia una importante varianza y dispersión de datos o una disparidad evidente entre media, moda y mediana?
  • El Chi Cuadrado, uno de los cómodos estadígrafos a los que con más frecuencia apelamos los psicólogos nos dice mucho sobre relaciones entre variables,… pero ¿cuánto más nos dice de lo ideográfico de los asuntos humanos cuando nos deja en la incertidumbre con algún que otro “falso positivo” o “verdadero negativo”?
  • Y los Análisis Factoriales, en particular el socorrido análisis de componentes principales, ¡cuánta mirada holística nos puede dar acerca de cómo se manifiestan las principales tendencias en cuanto a agrupación y sinergia de variables!, algo congruente con las más sólidas teorías de la personalidad que nos hablan de “configuraciones”.

Es innegable la significación del número en los asuntos humanos. Haciendo otra breve digresión, recuerdo una simpática afirmación que decía que una buena fórmula de alejarnos del estrés sería no prestar atención a los números que nos atormentan: los años que acumulamos, las pulgadas que no crecimos, las libras de peso que nos desbordan, las cifras de colesterol o triglicéridos, ¡los dineros que no nos alcanzan!, ¿serán o no importantes los números?
Soy también un apasionado de la informática, el uso de procesadores de texto potentes como word, el uso de presentaciones como POWER POINT, el uso de herramientas como photo shop que dan elegancia a los trabajos refrendando nuevamente el valor de la estética, hasta el power translator cuando no queremos recordar que el dominio de las lenguas foráneas, en particular la lengua inglesa, es un requisito obligatorio para poder ser competentes y competitivos en este complicado y desafiante mundo globalizado,… pero sobre todo en el contexto que nos ocupa, el uso de procesadores estadísticos en particular el “paquete” SPSS (Statistical Packages for Social Sciences) que ha devenido en un formidable instrumento para la investigación en Ciencias Sociales.
Y es que el paradigma de la investigación cuantitativa nos brinda la posibilidad de generalizar los resultados con mayor amplitud, nos otorga (o al menos nos ofrece la sensación de) control sobre los fenómenos, así como explicita un punto de vista de conteo y las magnitudes de estos. De igual manera, nos brinda una gran posibilidad de réplica y un enfoque sobre puntos específicos de tales fenómenos, además de que facilita la comparación entre estudios similares.
Pero en lo que se debe tener claridad es en cuanto a lo que significa el número y la variable que pretende evaluar, más allá de una mera abstracción, aunque esté muy bien reflejada en tablas y gráficos. No nos equivoquemos intentando hacer equivalente al número con la cientificidad, abundan las revistas científicas repletas de estudios altamente rigurosos, pero no menos altamente irrelevantes (Barker, Pistrang and Elliott, 2002, p. 27)
Y es que el entusiasmo no puede ser ingenuo, el número no tiene valor por sí mismo si no refleja una realidad, y para que esta se refleje en constructos de manera válida, estos tienen que ser bien operacionalizados. En una inteligente reflexión, Coolican (Coolican, 1996) refiere que el paquete estadístico es valioso, pero más valiosa y veraz tiene que ser la credibilidad y objetividad del dato que se introduzca para ser procesado y que ofrezca un resultado también creíble, de lo contrario se producirá lo que en lengua inglesa se define como “garbage in-garbage out”, que traducido al español sería algo así como “basura entra-basura sale” (aunque en otro escenario más informal me gustaría apelar a otro término mucho más ilustrativo, pero menos elegante en escenarios públicos).
Por otra parte, y como lógica consecuencia con mi compromiso profesional con la psicología clínica y su método, el método clínico, soy también un defensor a ultranza de los paradigmas y procedimientos cualitativos, aquellos que buscan “comprender un fenómeno desde la perspectiva de los participantes” entre los que se destacan los estudios de casos individuales, los grupos focales o el análisis de documentos, que arrojan un volumenimpresionante de cruda pero real información difícilmente sistematizable, pero no por ello menos válida.
La investigación cualitativa proporciona profundidad a los datos, dispersión, riqueza interpretativa, contextualización del ambiente o entorno, detalles y experiencias únicas. También aporta un punto de vista “fresco, natural y holístico” de los fenómenos, así como flexibilidad, pero sobre todo proporciona el criterio sustantivo de comprensión desde la propia perspectiva de los participantes.
Diversos autores han argumentado que los métodos cualitativos tienen una resonancia natural con los valores de la psicología, tanto individual como grupal y comunitaria en lo que respecta a estar más conectados con personas y preparados para los contextos, así como para reducir las asimétricas diferencias de poder entre investigador y participante. Esto se he visto expresado, incluso en el discurso empleado en la investigación en que la clásica expresión sujeto, tal vez incluso hasta gramaticalmente mal utilizada desde siempre, ya hace años viene siendo sustituida por la expresión más acorde a la visión postmodernista de la investigación de: participante.
Lo cierto es que tanto los paradigmas cuantitativos como los cualitativos son sumamente provechosos y han efectuado considerables tributos al avance del conocimiento de todas las ciencias, incluidas tanto las llamadas “ciencias duras”, como las llamadas “ciencias blandas”.
Por desgracia durante mucho tiempo, en los que están presentes consideraciones históricas que ameritarían otro espacio,  no primó la mente abierta (open mind) ni las posiciones de concilio o integradoras que felizmente parecen estar imponiéndose en las últimas décadas y que con mucha anterioridad hubieran promovido el mutuo enriquecimiento de ambos paradigmas.
En ese pasado no muy remoto, y aún en el presente en no pocas cabezas, se consideró que los paradigmas cuantitativo y cualitativo eran perspectivas opuestas, contradictorias, irreconciliables y que no debían mezclarse: Los críticos del enfoque cuantitativo lo acusaron de ser “impersonal, frío, reduccionista, limitativo, cerrado y rígido”, considerando que se trataba de miradas despersonalizadas que estudian a las personas como “cosas” u “objetos”. De otra parte, los detractores del paradigma cualitativo lo consideraron “impreciso, subjetivo, simplemente especulativo, sin opciones de réplica y sin datos sólidos que apuntalaran las conclusiones”, que al no tener control sobre las variables estudiadas carecen del poder de entendimiento que generan las mediciones. Era como una especie de debate entre políticos opuestos, que desde la clásica falacia de “tener razón”, apelan a múltiples adjetivos para denigrar al contrincante y no se centran en la solución de los problemas a los que están convocados.
De esta manera, el aferrarse a uno u otro método de investigación dogmática, ¡como todo dogma en la vida!, condujo en las últimas décadas del siglo xx a crueles "guerras de paradigmas", entre los simpáticamente definidos por Sampieri como “talibanes” de uno u otro paradigma, en que los debates resultaron crecientemente vociferantes, pero en lo esencial estériles e improductivos a partir de la excluyente creencia de que un estudio con un enfoque podía neutralizar al otro, prescindiendo de la importante concepción de complementariedad,… son también estériles las caprichosas exclusiones.
Estas conflagraciones de paradigmas parecen haber amainado ante le evidencia de que ambos enfoques resultan muy valiosos y han realizado notables aportaciones al avance del conocimiento y que ninguno es intrínsecamente mejor que el otro, solo constituyen diferentes aproximaciones al estudio de un fenómeno, y dentro de este contexto histórico y su superación, los investigadores han venido proponiendo una pragmática agenda metodológica pluralista.
Asumir una mirada de pluralismo metodológico implica el supuesto de que ningún paradigma o enfoque concreto de la investigación es de manera concluyente mejor que otro, ningún método de investigación es por sí solo inherentemente superior a cualquier otro; todos los métodos tienen sus relativas ventajas y desventajas, alcances y limitaciones, pero estas no son de oficio o principio, sino que están en función de las demandas del problema al que sean implementados, no menos –éticamente– que de las personas que están implicadas; lo que en su conjunto propugna una mayor diversidad metodológica cuya más nítida expresión es lo que ha dado en definirse como “métodos mixtos”, paradigmas defensores de que el investigador tenga a su disposición un amplio repertorio de métodos y procedimientos ajustables a la especificidad del problema para investigar acorde a lo definido por algunos como “metodología apropiada”.
La Investigación de métodos mixtos es definida como un enfoque o metodología de la investigación focalizada en las preguntas de la investigación que buscan la comprensión de contextos reales de vida individuales y grupales, de múltiples perspectivas e influencias culturales; empleando, en proporciones variables, de manera sucesiva o simultánea pero siempre complementaria, una rigurosa investigación cuantitativa que evalúa la magnitud y frecuencia de los constructos y una rigurosa investigación cualitativa que explora el significado y la comprensión de dichos constructos; que utiliza múltiples métodos y que intencionalmente integra o combina estos métodos para extraer las fuentes de fortaleza de cada uno; al tiempo que enmarca la investigación dentro de posturas filosóficas y teóricas, como las posturas dialécticas, las perspectivas pragmáticas, y las perspectivas transformativas.
En los paradigmas mixtos, intencionadamente los investigadores integran o combinan los datos cuantitativos y cualitativos en lugar de mantenerlos separados. La noción básica subyacente es que la integración de los datos cuantitativos y cualitativos maximiza las fuentes de fortaleza y minimiza las debilidades de cada tipo de datos. Esta idea de la integración separa las miradas actuales de los métodos mixtos, de perspectivas anteriores en las que los investigadores coleccionaban ambas formas de datos, pero los mantenían separados o los combinaban por casualidad más que apelar a sistemáticos procedimientos integrativos y de fusión complementaria. Los métodos mixtos proveen, además, oportunidades para la integración de una variedad de perspectivas teóricas (ej, teorías ecológicas, teoría de la complejidad, teoría del estrés, teorías críticas u otras).
Añádase a ello que la investigación científica social es cada vez menos contemplativa y cada vez más –como referíamos con anterioridad–, asume implicaciones transformativas, interventivas, aunque el término intervención ha sido sumamente polemizado y hasta cuestionado tanto en la Investigación Acción Participativa (IAP) como en la propia psicoterapia. Una perspectiva transformativa sugiere un esquema orientador de los métodos mixtos, basado en la intencionalidad de lograr mayores niveles de bienestar en las personas, no menos que tributar a una sociedad más justa y protagónica en la construcción de su destino lo que permea el proceso de investigación entero, tal y como acontece en la Investigación Acción Participativa (IAP).
Como digresión final, existe en este sentido una prioridad en la investigación en las ciencias de la salud para desarrollar nuevas metodologías que mejoren la potencia científica de los datos que se obtienen, pero sobre todo la calidad de vida de las personas implicadas, lo que está acarreando una inusitada oleada en la diversidad metodológica. Tal diversidad refleja la naturaleza crecientemente compleja de los problemas que enfrenta la salud pública en la actualidad (enfermedades crónicas no transmisibles, nuevos patrones de enfermedades infecto contagiosas letales, el creciente envejecimiento poblacional, las acciones de los cuidadores, etc.) que convocan a la formación de equipos de investigación interdisciplinarios y el uso de enfoques de multi método para investigar complicados problemas de salud, en que están presentes no solo los puntos de vista del paciente, sino también los modelos culturales y sociales de la enfermedad y la salud (Creswell); la investigación científica es coherente con esta mirada.
Y radica aquí precisamente la esencia de lo que he querido transmitir, lo importante no es que el objeto de estudio sea ajustado al procedimiento metodológico, sino todo lo contrario, lo que resulta primordial es que los métodos sean apropiados a las preguntas de investigación; la investigación debe ser conducida por las características del problema más que por el método. Pero el problema no es tampoco una abstracción metodológica, es un asunto que tiene que ver con las vidas y el bienestar de personas, y por lo tanto reaparece la ética en un primer plano al decidir, con flexibilidad y mente abierta, que paradigma (o mezcla de ellos) se utiliza en una investigación, decisión que indiscutiblemente puede estar permeada por el enfoque en el que el investigador posea más entrenamiento o que prefiera y se “sienta más cómodo”, incluso el paradigma que el investigador piense que “armoniza” o se adapta más a su planteamiento del problema (Creswell), pero sobre todo por aquello que trascendiendo concepciones paradigmáticas, contribuya a hacer realidad los principios de beneficencia y no maleficencia en la investigación con humanos, y tribute a mayores niveles de bienestar y calidad de vida en los participantes de cualquier investigación.
Porque investigar con humanos es un asunto mucho más complejo que el ejercicio y puesta en práctica de una serie de técnicas y habilidades metodológicas entronizadas desde determinado paradigma; implica además imaginación y empatía, habilidades de comunicación y solución de problemas y pensamiento crítico, pero sobre todo la asunción de una ética postura de responsabilidad para con individuos y grupos humanos, no menos que para con la propia profesión y la sociedad en su conjunto.
Tal vez peque una vez más de ser polémico y pragmático,… y con todo mi respeto por la ortodoxia metodológica, pero me gustaría despedirme con una atractiva idea que encontré cuando preparaba esta conferencia: Si nos empeñamos en representar algunos principios universales a los que es esperado que toda investigación deba adherirse más allá de modelos paradigmáticos, como la explicación de contexto y clarificación de propósitos, el uso de los métodos apropiados, la transparencia de procedimientos, el trato ético de los participantes, y sobre todo la importancia de los resultados que se persiguen,… éticamente y en términos de “costos y beneficios”, y nuevamente más allá del paradigma metodológico del que se parta, ¿no podrían ser perdonables algunas sesgos y deficiencias en la metodología, sobre todo si en lo esencial se trabajó con rigor y honestidad científica, y si la investigación tiene algo importante que decir y resultados valiosos que ofrecer?

Bibliografía
Barker, Chris, Nancy, Pistrang and Elliott, Robert (2002) Research Methods in Clinical Psychology: An Introduction for Students and Practitioners, Second Edition. John Wiley & Sons, Ltd.
Camic, Paul M., Rhodes, Jean E. & Yardley, Lucy (eds.)(2003). Qualitative Research in Psychology. Expanding perspectives in Methodology and Design. American Psychological Association, Washington DC. P. ix. 
Coolican, Hugh (1996). Research Methods and Statistics in Psychology, 2nd Edition. Hodder & Stoughton.
Creswell, John W. Ph.D. & cols. (s/f). Best Practices for Mixed Methods Research in the Health Sciences. Commissioned by the Office of Behavioral and Social Sciences Research (OBSSR)
Ethical Principles of Psychologists and Code of Conduct (2015). American Psychological Association (APA)

Ferrer Hechavarría, Orlando (2010). Ética desplegada. Glosario. La Habana: José Martí.

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