Vol 5. Núm 14. 2017
HUELLAS DE MI GENERACIÓN
Klency González Hernández Facultad de Psicología, Universidad de La Habana
Resumen
El presente texto se corresponde con las palabras pronunciadas por la autora en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en honor a los graduados de los años 2001 y 2002, en el Día de la Psicología cubana (13 de abril de 2017).
Abstract
This text corresponds to the words spoken by the author in the Aula Magna of the University of Havana, in honor of the graduates of 2001 and 2002, on the Day of Cuban Psychology (April 13, 2017).
Palabras claves
psicología, Cuba, generación, psychology, Cuba, generation

Estimados miembros de la presidencia, profesores, estudiantes, amigos de clases, psicólogos y psicólogas:
En abril del año 2008 participamos por primera vez en un acto de este tipo, donde la homenajeada principal era la Psicología. En esa ocasión, quienes estuvimos aquí presente nos reímos con las ocurrencias de la Dra. Carolina de la Torre, quien habló a nombre de su generación, profesionales graduados en los años 1970 y 1971. Era la primera vez que se homenajeaba la Psicología de esa manera y ella habló de forma conmovedora, como sabe hacerlo y pensé, desde ese lado, que me encantaría hablar de mi generación, contar nuestras vivencias, algunos tropiezos, compartir… cuando llegara el momento de hacerlo.
Han pasado ocho años, y como soy una mujer con suerte, y trabajadora, aquí estoy, con el enorme placer que me da dirigirme a ustedes hablando por los que como yo, nos graduamos en los años 2001 y 2002. No sé si soy la más representativa de esa generación, de lo que sí estoy segura es de que intentaré hablar de lo que hicimos en los años en que estudiamos la carrera de Psicología, y lo que hemos logrado hacer quince años después.
Entramos a estudiar en nuestra Facultad de Psicología alrededor de los años 96-97. Éramos dos grupos de aproximadamente ochenta jóvenes cada uno, que venían en su mayoría de las escuelas vocacionales de ciencias exactas de Pinar del Río, La Habana, Ciudad de La Habana, La isla y Matanzas. El país combatía lentamente los embates de una gran crisis económica que había comenzado luego del derrumbe del campo socialista y se había intensificado mientras estábamos becados. Corrían los tiempos del período especial. En nuestras mochilas de esa época, cualquiera podría encontrar, libros de física o matemática, no importa que quisiéramos estudiar Psicología, si no se alcanzaba una buena nota en Física, acceder a la Universidad era complicado; de literatura cubana y universal; guantes para recoger papas en las campañas de frío; y algunos sueños por cumplir en un futuro donde había que ser creativo y luchar.


Hicimos pruebas de aptitud, y nos aplicaron muchos tests psicológicos para demostrar que no estábamos locos y que podíamos dedicarnos a la ciencia que después nos enteraríamos, estudia, la subjetividad humana. Años después creo que son necesarias algunas pruebas de aptitud, todo está en la forma en que se aplican y el para qué.
En el país comenzó a surgir un sector emergente de la economía, se construyeron los primeros hoteles y con ellos, emergieron problemas sociales que interesaban a la Psicología, que debíamos reconocer desde la ciencia, que estábamos convocados a estudiar.


Llegamos a la facultad cuando algunos profesores de renombre ya no estaban o estaban por irse. Sin embargo, eso no fue tan importante para nosotros, no los conocimos y los que nos esperaban en las aulas eran de lujo, daban excelentes clases y sobre todo nos hacían entender la realidad de una manera distinta, de una forma científica. Allí estaban Calviño, con sus simpáticas bromas, algunas malas palabras y muchos ejemplos de la importancia de la Psicología para analizar dinámicamente el comportamiento. Estaba Miguel Rojo, que nos acompañaba cada año en el Bastión Universitario, con sus medias largas y su forma de enseñar Metodología de la Investigación. Estoy segura que muchos de los aquí presentes recuerdan esas pruebas de opción múltiple a partir de las cuales aprendimos, o no, sobre validez y confiabilidad de instrumentos. Escuchamos a Roberto Corral hablar de Historia, y recomendarnos libros sobre la mística, el alma, y el psicoanálisis, su labor, decía, era mostrarnos una diversidad de escuelas de psicología. Quizás esa sea una de las ideas que más temor todavía le causa a los estudiantes, tantas ideas de Psicología que valorar, tantas posturas diversas para entender, y un solo objeto de estudio, el hombre.
Lourdes Fernández nos habló de Personalidad, con sus abrigos negros, su acento extranjero y sus dinámicas para que habláramos de autovaloración con sus raras preguntas de quiénes somos y a dónde vamos. Han visto preguntas más interesantes y aterradoras que esas. Liliana Morenza estuvo con algunos, luego se fue, pero el halo que dejó detrás fue grande, muchos la admiraban y en lo que todos coincidían era en que fue una excelente profesora. Mayra y Zoe eran algo como el terror de segundo año, no sé por qué, si eran excelentes profesoras y nos enseñaron de procesos cognitivos, de inteligencia; cada una a su estilo pero con un alto sentido de la responsabilidad y con muchos ejemplos de La Paquito, escuela donde trabajaban y ponían en práctica contenidos de la Psicología Cognitiva. Allí fui a parar desde segundo año, y ese quehacer marcó mi vida.
Salíamos de clases y nos montábamos en P, muy llenos por cierto, y escuchábamos hablar a las personas e identificábamos sus mecanismos de defensa, sus estilos de pensamiento, sus rasgos compulsivos. Los becados se iban a Micro X y compartían espacios y competían con futuros abogados. Los festivales de cultura tenían danza, guitarra, coro, en este último participaban principalmente los varones que no bailaban, y eran buenos. El equipo de polo acuático femenino era de lujo, y las asambleas de integralidad una mezcla de razones y oportunismos, que probablemente les suene familiar. Teníamos libros pero en ocasiones no para cada uno; no teníamos internet y sentados en la escalera del aula 1 descubrimos un dúo de guajiros guantanameros que cantaban una canción que hablaba de psicología, y los seguimos porque nos identificábamos con ellos, y los acompañamos porque hablaban de nosotros. Íbamos de cine en cine en diciembre, los festivales del cine independiente eran una fiesta del 7mo arte, y algunos ahí conocimos a Ricardo Darín, Julio García Espinosa, Cecilia Roth, Almodovar.
Hacíamos prácticas laborales, en varias instituciones, y con diferentes roles. Fuimos a empresas, barrios y comunidades, escuelas, policlínicos y hospitales. La psicología Clínica tenía entre sus pilares a Armando Alonso, y María Elena Solé que nos enseñaron a partir de libros y visualmente qué era un esquizofrénico, y cómo se manifestaban sus síntomas. Todavía recuerdo a uno de los estudiantes más inteligentes de mi año cuando en medio de una práctica de psicodiagnóstico clínico le dijo a un paciente del Calixto, ¿Y usted come pasta? Y todos nos aterramos de su respuesta y quedamos en silencio, pero el paciente solo rió y nos mostró que hacer psicología es también ponerse en el lugar del otro. La psicología social tenía a Mara Fuentes, que se reía de nosotros, nunca entendimos bien por qué, o sí, pero no nos gustaba mucho a pesar de que aprendimos con sus prácticas en el aula las características de los grupos.


Roquita fue nuestro vicedecano docente, Dionisio el decano y juntos hacían un gran equipo. Eran amigos, hacían bromas y escribían sobre Psicología Clínica para muchos medios de prensa del país, algunos de nosotros se enamoraron de esa rama de la Psicología gracias a ellos. Gracias a ellos, y con las prácticas de Reynaldo, que nos ponía videos sexuales y nos hablaba claramente de las ventajas de la masturbación. Con Reynaldo, y su alegría de siempre, organizamos el Primer Encuentro de Estudiantes de Psicología, y trajimos a la facultad a muchos jóvenes de otros países que querían conocer nuestra realidad, que querían saber sobre nuestros modos de hacer ciencia. Cuba era un país de moda con mucho que mostrar. En ese evento nos juntamos con los estudiantes de Las Villas y Santiago de Cuba, y juntos recibimos los restos del Che y sus compañeros de lucha. Y lloramos viendo la caravana avanzar por las calles del país, y vimos a nuestros profesores llorar, esos profes de otras generaciones que habían pasado años de su vida esperando ese encuentro. Nos juntamos en la FEU y fuimos a Santa Clara, asistimos solemnemente a esa ciudad y cada cual le dio su mensaje al Che, ese Che que era ejemplo para nosotros, era ejemplo de lucha, de integralidad, de valentía.
Nos enamoramos y MUCHO, algunos mientras eran estudiantes, otros al ser profesoras jóvenes y tener que enfrentar estudiantes irresistibles, algunas parejas de ese entonces aún están juntas lo que demuestra que existe el amor, y que los psicólogos somos personas fieles, estables, felices. Bailamos escuchando a Pablito FG y al Médico de la salsa rivalizar entre ellos, y este último cantaba porque hay que estar “arriba de la bola, arriba de la bola, arriba de la bola”. Y tratábamos de estar.


Laura Domínguez nos hacía dinámicas grupales, y nos contaba un poco de su vida, de David, de los perros. Reíamos y llorábamos con tremenda facilidad en esos espacios, y ella también. Emilita con su bondad nos hacía sentir seguros, y nunca decía que no, a nada.


Marchamos cada tarde porque regresara Elián González. Y perdimos algunas clases pero sobre todo fuimos parte, junto a Aurora, Patricia y Ana Luisa Segarte, de todo el proceder al respecto, de las tristezas de su padre y de todo el pueblo cubano que clamaba justicia. Lo recibimos llorando, y con la satisfacción de haber participado en una batalla importante que iba a marcar también nuestro quehacer profesional. Fue la ciencia, nuestra ciencia psicológica, quién demostró, que donde mejor él estaba era aquí, con su padre, su familia, en su país.
Estando en tercer año, fuimos convocados a participar en el primer censo de población y viviendas, uno de los proyectos más humanos de esta revolución en los últimos tiempos. Escalamos casas que parecían inhabitables, visitamos familias en riesgo social, vimos las cosas que no imaginamos. Y las personas que nos recibieron a lo largo del país, estaban felices de que el estado se estuviera preocupando por ellas, y les diera, en la medida de lo posible, algo que necesitaran. El país atravesaba un momento muy duro, sin embargo, la prioridad seguía siendo el ser humano y eso nos colocaba otra vez en una posición ventajosa. Hicimos clínica, orientación educativa, asesorías, prevención y terminamos nuestras vacaciones del año 2000 con la felicidad de haber sido útiles, y con ganas de ir a la playa porque todavía no habíamos tenido mucho tiempo.
Celebramos un fin de siglo, en diciembre del año 1999 asistimos al final de una era y el comienzo de otra, éramos estudiantes universitarios, podíamos cambiar el mundo, nos sentíamos especiales.
Fundamos la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, donde muchos de los que nos acompañan hoy participaron, dando clases y dirigiendo procesos importantes en ese lugar. Omar nos asesoró en todo el proceso. Con esta escuela como pretexto se reactivó el movimiento de alumnos ayudantes de la facultad, durante mucho tiempo dormido, y pasamos de ser estudiantes a dar clases entre semana y los fines de semana, a cubanos y venezolanos, pasamos de estudiantes militantes a profesionales sin graduarse y aprendimos más psicología que la que decían los libros, tuvimos que lidiar con hombres más grandes en edad y tamaño que todas nosotras, y lo hicimos, y parece que bien, y profesores de generaciones anteriores nos guiaron y asesoraron en nuestro intento; y conseguimos poner en alto otra vez el nombre de la Psicología, en Cuba y en Venezuela, muchos de los que se formaron como trabajadores sociales todavía dirigen frentes importantes en su país. Varios de esos alumnos ayudantes hoy dirigen procesos importantes aquí.
Conocimos a Fidel, luego del censo y Cojímar. Fidel nos felicitó, en este mismo recinto y nos habló de la batalla de ideas, y las bondades de un proyecto que pretendía darles un sentido de vida a jóvenes desempleados, y mejorar el acceso a la Universidad. Comenzaba a gestarse la universalización de la enseñanza, la municipalización, y otra vez estuvimos ahí y dirigimos sedes en casi todos los municipios de la capital, era una gran locura compartida que nos dejó muchas selecciones de lecturas actuales, un claustro más grande y algunas protestas.
Con tristeza vimos caer finalizando la carrera, las torres gemelas, y muchas personas murieron y mandamos un mensaje al pueblo norteamericano. Y empezó una nueva era para el terrorismo. Y el mundo se volvió más triste, más inseguro, más falto de Psicología. De pronto éramos necesarios en muchos frentes; de pronto debíamos ser más humanos, como cantaba Silvio por ese entonces “seamos un tilín mejores y mucho menos egoístas”.
Llegó el momento de graduarnos y no lo hicimos en el aula magna. Algunos, como yo, aún lamentan ese hecho y siguen soñando recibir un título en este recinto, residuo de pequeños sueños infantiles; pero entendimos el momento histórico que estábamos viviendo. Los estudiantes del 2001, el primer destacamento que pasó a formar parte del claustro de la Facultad, se graduó en la tribuna antimperialista, recién inaugurada, con banderas y un busto de Martí que hablaba de patriotismo y de amor, valores que defendíamos desde las aulas, y mucho sol. Nosotros, los del 2002, nos graduamos junto a toda la Universidad en el Karl Marx, escenario de grandes acontecimientos y donde nos comprometimos a poner en alto el nombre de la Psicología, y a seguir esforzándonos por ser cada día mejores profesionales.
Los graduados de nuestros años se insertaron en el Ministerio del Turismo, donde algunos aún permanecen y ocupan cargos de dirección. El sector emergente sirvió en esos años para que muchos encontraran una vía de satisfacer necesidades profesionales y económicas. Otros son líderes en empresas importantes del país, y decidieron aplicar en la práctica la gestión de recursos humanos, el diagnóstico organizacional, la eficiencia. La Psicología Organizacional empezaba a mostrarse como una variante que permitía a los psicólogos cumplir sus metas personales en el país. Otros integraron los claustros universitarios en toda Cuba, primero dando clases fuera de la universidad. Asistíamos a un cambio de mentalidad, aún no explícito, la universidad necesitaba fuerza joven, nuevas ideas y así repoblamos universidades de Mayabeque, la CUJAE, Matanzas, Holguín, Camagüey, Santa Clara, y cada una de los lugares que demandó pensar su objeto social desde una perspectiva más humana, tuvo un graduado de Psicología. Algunos fueron a trabajar a centros de investigación de renombre, Neurociencias, Martin Luther King, CIPS. Otros se han hecho de un camino en la cultura, las artes. Otros son asesores educativos en ministerios, escuelas, provincias. Otros se han ido del país, y siguen haciendo Psicología, a su manera y cómo pueden y siguen queriendo algunos de ellos, estar aquí.


Siendo ya profesionales seguimos participando activamente en la vida política y social del país. Fuimos a Pinar del Río cuando el huracán Charlie arrasó brutalmente esa zona. La guagüita del COAP en ese entonces, sirvió de puente de enlace y los de Psicología Social lideraron ese trabajo. Hemos viajado al extranjero, y no precisamente a Moscú, salir del país y regresar se volvió por esos tiempos una práctica más habitual, que permitía tener acceso a información actualizada, compartir saberes, demostrar que somos profesionales de excelencia, identificar nuestras desventajas, pasear.
Nos leímos con seriedad los lineamientos y ayudamos a implementarlos, aún estamos en eso, rescatando la parte humana, social, psicológica. Cedimos algunos espacios que hoy intentamos recuperar.
Lideramos la reinserción de los cadetes del MININT y las FAR a nuestra profesión. Incluimos representantes en el deporte y nuestros atletas de alto rendimiento han estado acompañados en centros de entrenamiento y competencias por psicólogos.


Estudiar y ejercer la Psicología cambió nuestras vidas. Quince años después de graduarnos sabemos con más claridad, quiénes somos y a dónde vamos. Hoy intentamos ser mejores personas, y profesionales más preparados. Hoy estamos dispuestos a defender nuestros lugares en las decisiones sociales, políticas y económicas del país. Hoy creemos que tener un proyecto de vida en Cuba es posible y apostamos por construir un mundo mejor. Hoy estamos acompañados de amigos de esa época.


Por todas estas razones que hoy les comparto; por aquellas que callo por falta de tiempo y memoria. Y especialmente, porque la Psicología es una ciencia que da un espacio a los símbolos, les voy a pedir que se pongan de pie. Que se pongan de pie, levanten su mano izquierda, miren a los ojos de la persona que tienen a su lado, y brindemos, brindemos por el futuro de la Psicología en Cuba, brindemos porque juntos podamos seguir construyendo una Psicología con todos y para el bien de todos, una Psicología CUBANA, actual, ajustada a los tiempos que corren, una psicología de excelencia.
Salud y larga vida a la Psicología.
Muchas felicidades a todos.

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