Vol 5. Núm 15. 2017
SUBJETIVIDAD Y REALIDAD SOCIAL: UN MODELO PSICOSOCIAL PARA SU ESTUDIO
Mara Fuentes Ávila Universidad de La Habana
Resumen
La interpretación y elaboración teórica de los procesos fundantes de la subjetividad precisan de una integración de perspectivas teóricas y de aceptar la influencia de las dimensiones macrosociales. La perspectiva dialéctica en este tipo de estudio permite una comprensión profunda de esta relación. En el trabajo se muestra el modelo metodológico utilizado para el interrogatorio de la subjetividad, la cual, dada su constitución, debe ser interrogada desde una metodología multinivel que contemple tres perspectivas: de elaboración personal, de elaboración grupal y comportamental.
Abstract
Relation existing between individual and society can be seized in all its deepness and richness only if we focus it from a dialectical perspective. This approach shows us that both parts are permanently constructing each other and, simultaneously, constructing themselves. In this work we show a multilevel methodological conception for this study which enables us to work in three different perspectives: a perspective of group elaboration, a perspective of personal elaboration and a behavioral perspective.
Palabras claves
Psicología social, subjetividad, grupo, Social psychology, subjectivity, group

Introducción
La Psicología Social contemporánea tiene que enfrentar el reto de estudiar la subjetividad individual y colectiva en los avatares de una época social en que el hombre lo mismo ha ido al cosmos a desentrañar lo ignoto que a los basureros a buscar comida. Por ello, toda convocatoria a la reflexión, desde las ciencias sociales, y sobre todo, a la acción, desde nuestros compromisos ideológicos de partida debe resultar movilizadora de nuestro trabajo profesional.
En este trabajo abordaré esta interrogante desde la más profunda convicción de que no lograré respuestas acabadas y mucho menos últimas. Simplemente, intento presentar una mirada particular al problema pues, aunque soy de las que piensan que desde cada realidad se generan, concientizan y resuelven no problemas sociales genéricos sino problemas sociales específicos, considero que es posible interrogar realidades comunes y sobre todo hablar desde una singularidad a partir de la cual, estoy segura, podremos alcanzar una suerte de generalización en la medida en que nuestras inteligencias permitan que lo común sobrepase lo diverso y encontremos en nuestra diversidad todo lo que de común tenemos que es, sin duda, la base de nuestra riqueza como científicos sociales pertenecientes a una zona geográfica que necesita hacerse más presente en el campo de las ideas.
           

Subjetividad y Realidad Social
Probablemente todos estemos de acuerdo en aceptar el hecho de que la subjetividad refleja de manera singular las particularidades de una realidad social.
Sin embargo, cuando hablo de reflejo no estoy asociando este concepto a su comprensión vulgarizada en el sentido de reproducir, sino a la idea de que este reflejo está implicando un proceso de asimilación activa y, por supuesto, la conformación de pautas conductuales que utiliza el individuo para desenvolverse frente a los distintos eventos sociales y elaborar, de manera más o menos articulada, una comprensión de su mundo y una estrategia de actuación personal.
La influencia de la sociedad sobre sus miembros no es, desde luego, lineal ni automática. Las relaciones sociales condicionan la emergencia de patrones conductuales en la población que deben ser interpretados no de una manera determinista sino como la inevitable devolución subjetiva de la asimilación e interpretación de un social más general (Fuentes, 1990).
Así pues, la subjetividad como emergente de las distintas realidades sociales debe ser entendida como una construcción particular que se erige como producto de una permanente interpenetración de lo individual, lo grupal y lo social y se expresa, en contextos sociales específicos, como las formas de actuar, de pensar y de sentir desde las cuales se organizan y se hacen tangibles las individualidades que acompañan el recorrido de lo humano en el seno de su mayor y más compleja construcción: la sociedad (Fuentes, 1995). Recordemos con Martín-Baró que “cada sistema social es al mismo tiempo un dato previo y un producto humano” (Martín-Baró, 1989 p. 49). La subjetividad, a mi juicio, debe ser estudiada como punto de partida y referente permanente en el trabajo de la Psicología en particular y de las Ciencias Sociales en general.
El desarrollo de la subjetividad aparece pues, asociado indisolublemente a las particularidades del recorrido vital de cada hombre en los diferentes contextos sociales en los que de manera inmediata transcurre su vida. En otras palabras, solo desde una comprensión del proceso de inserción e interacción del hombre en la sociedad y los recursos de comunicación, integración e influencia que se actualizan en cada uno de los niveles en que se concretiza esa inserción social es que lograremos aprehender lo esencial de ese proceso permanente.
Pienso que a esta altura del desarrollo alcanzado por el pensamiento psicosocial contemporáneo es obvio que la relación entre realidad social y subjetividad no es automática, ni de causa-efecto. Se trata, desde luego, de una relación dialéctica donde convergen infinidad de factores que ni el más apasionado positivista sería capaz de definir, y ya no digamos de “controlar”.
A mi juicio, la posición que se asuma en la comprensión de la relación entre el sujeto y el medio en que vive definirá la mirada profesional con que se analicen los eventos psicosociales que se desarrollan al interno de contextos sociales específicos.
Si la posición del científico social privilegia el estudio de cada uno de estos elementos por separado entonces el resultado podría ser agrupado en dos grandes categorías:

  1. Una categoría, que agrupa aquellos estudios que se hacen a partir de una concepción ahistórica del hombre, en que se privilegia la “ecuación personal” en la interpretación de los eventos psicosociales.
  2. Otra categoría, opuesta en su contenido pero similar en su lógica, que se plantea un sistema de relaciones tal entre el individuo y la sociedad en que el primero constituye un simple apéndice de la segunda. Desde estos enfoques la sociedad aparece como una entidad cerrada, acabada algo así como una suerte de “variable independiente”. Esta comprensión sobrevalorada de la sociedad puede conducir, llevada a grados extremos, a una concepción fatalista y ahistórica de los procesos sociales.

Ambas concepciones tienen en común el ser expresión de un pensamiento metafísico que conduce a un enfoque mecanicista en la comprensión de la conducta humana.
Estos estudios, desde mi punto de vista, están visualizando como entidades ontológicamente independientes categorías que solo pueden ser estudiadas en virtud de su relación dialéctica.
¿Qué está ausente en esa forma de analizar los problemas? El aspecto subjetivo que subyace en toda formación social. Es por ello que nuestra mirada debe orientarse al momento del sujeto como actor principal del escenario social, y mantenernos alerta frente a cualquier tendencia sociologista que, desde una perspectiva globalizadora desvirtúe la esencia del análisis de las particularidades de la inserción del hombre en su medio social.
Indagar este hecho supone aprehender un fenómeno que se da desde un enlace particular y que se expresa permanentemente en las diferentes modalidades de la vida cotidiana entendida esta tal como fue definida por Agnes Heller como “el conjunto de las actividades que caracterizan las reproducciones particulares creadoras de la posibilidad global y permanente de la reproducción social” (Heller, 1994).
Es por esta razón que en este tipo de trabajo, aunque miramos e interpretamos con ojos de psicólogos los hechos sociales intentamos no apartarnos de una comprensión macrosocial de ellos que nos permita integrar como referente permanente las particularidades de la estructura económica y social en cuyos marcos los eventos psicosociales acontecen.
Así las cosas, debemos entonces precisar algunos fundamentos de partida en la comprensión de la subjetividad:

  1. Su carácter histórico, lo cual impide una comprensión de sus constitutivos fuera de contextos sociales específicos.
  2. Las particularidades de su emergencia en los diferentes ámbitos en que se desarrolla la vida cotidiana de cada individuo.
  3. La necesidad de sobrepasar su comprensión como construcción inmediata ante estímulos específicos.

A mi juicio, cinco han sido las orientaciones teóricas que con mayor agudeza han explicado la complejidad de las relaciones sociales y sobre todo el sentido subjetivo que tiene para cada individuo la integración a su medio. En todas ellas, subyace como principio integrador, la dimensión intersubjetiva que contiene la comprensión del hombre como sujeto activo, actor principal del escenario social. Son ellas:
La Teoría de las Representaciones Sociales al concederle un estado ontológico a la realidad social fortaleciéndose la comprensión del carácter activo del sujeto al aceptarse que este se inserta socialmente no desde una mera reproducción de su medio social sino desde su construcción misma.
El Interaccionismo Simbólico al sostener que la interacción depende menos de las motivaciones individuales de cada parte y más de la interpretación que se haga de la situación emergente haciendo énfasis en el significado que los sujetos le atribuyen a los aspectos de la realidad social.
La Etnometodología, al brindar desde el concepto de intersubjetividad una idea importante para la comprensión de la dimensión social que constituye lo subjetivo.
La Escuela de Pichon-Riviére, al atribuirle a los procesos de interacción un carácter determinante en la configuración de la subjetividad y definir la crítica de la vida cotidiana como la reflexión y análisis de las particularidades que asume la organización de la sociedad, en la vida de cada individuo.
La Psicología Social con base en un pensamiento dialéctico materialista, al formular que la construcción de la subjetividad aparece asociada a las particularidades del recorrido vital de cada hombre en los diferentes ámbitos en los que de manera inmediata transcurre su vida y al carácter activo del sujeto quien no hace un reflejo pasivo de sus condiciones de vida sino que a lo largo de todo su recorrido vital, a través de un determinado sistema de vínculos sociales recibe una influencia social específica y a la vez devuelve a la sociedad, como consecuencia del proceso de reproducción activa del sistema de vínculos en que está insertado, su influencia propia.
Y he aquí que, al integrar las ideas básicas de estas orientaciones tenemos que aceptar que todas están de acuerdo en colocar al hombre como sujeto activo y creador en el centro del análisis psicosocial sobrepasando, desde luego, los paradigmas reactivos para caer (¿o empinarse?) en paradigmas hermenéuticos y construccionistas. Por otra parte, se derivan en estos análisis la idea de que la posición del sujeto en la estructura macrosocial se refleja en el sistema de relaciones objetivas y simbólicas referentes y reforzadoras de los valores subjetivizados; relaciones de interinfluencia en los diferentes niveles y espacios psicosociales en los que se configura la experiencia y se significa la realidad social (Savio, 1997).
Esta realidad nos conduce a no deternernos en el análisis de la sociedad vista como un hecho social sino de acercarnos a una reflexión acerca de la subjetividad que emerge desde las distintas  realidades sociales; siendo este, a mi juicio, uno de los temas que más hemos de tratar en la actualidad los psicólogos sociales. Sin embargo, a pesar de que en las ciencias sociales contemporáneas se formulan, en el plano teórico con evidente claridad las claves para su comprensión, no queda igualmente desarrollada la metodología que debe acompañar su indagación.
Sin pretender dar ideas últimas sobre este particular presentaré en lo adelante el dispositivo metodológico que hemos desarrollado para la indagación de la subjetividad y su estudio en contextos sociales específicos.
           

Modelo para el estudio de la subjetividad
La subjetividad, como emergente de las distintas realidades sociales, es la consecuencia y condición de un proceso de construcción individual y social que, partiendo de inserciones sociales específicas determina la forma particular y singular en que un individuo percibe, interpreta y da sentido a su realidad, interioriza un sistema de valores y organiza su vida y su acción personal.
Es evidente que estamos hablando de una construcción muy compleja lo cual supone aceptar:

  1. Que la subjetividad no debe ser concebida como un todo monolítico e invariante.
  2. Que las expresiones de la subjetividad estarán en concordancia con la tipicidad del ámbito     social en que se encuentre insertado el sujeto y el nivel psicológico que se actualice.
  3. Que el comportamiento humano debe ser entendido como una emergencia de la        interpretación y consecuencias particulares que tienen los eventos sociales en la    subjetividad.

Nuestro modelo parte de dos presupuestos teóricos:

  1. La sociedad se nos hace tangible desde ábitos concretos en y a través de los cuales se         construye y expresa la subjetividad bajo la influencia de condiciones objetivas y subjetivas      específicas. Estos ámbitos son: el familiar, el grupal, el comunitario, el institucional y el             social.
  2. La subjetividad tiene diferentes niveles psicológicos de construcción desde los cuales se        conceptúa y visualiza en atención a principios teóricos y metodológicos enfocados a las           particularidades genéricas de cada nivel siendo estos: el personal, el interpersonal, el   grupal y el masivo.

En cada uno de los distintos ámbitos de inserción social se concretiza de forma particular la relación sociedad-individuo en el sentido de que en ellos cada persona recibe de manera simultánea toda la presencia social que de manera singular le resulta su realidad inmediata y, a la vez, en estos mismos espacios, cada miembro de la sociedad, de manera individual o colectiva, ofrece una presencia social en la que, inevitablemente, devolverá su reflejo particular o grupal de los sistemas más generales de influencia que recibe.
Cada nivel tiene su propio sistema conceptual y categorial de análisis del hallazgo psicológico lo cual impide la realización de cualquier salto reduccionista o masificador y, a la vez, permite enriquecer la comprensión e interpretación del objeto de estudio.
Esta conceptualización nos conduce a una concepción de trabajo en la que simultáneamente se esté operando en tres niveles: el macromedio que se define a partir de las particularidades del contexto social que da el entorno socio político económico; el micromedio que define las particularidades del ámbito específico en que se exprese el fenómeno estudiado y el sujeto de la acción como portador del fenómeno social.
El operar con este esquema nos permite, en cada caso específico, focalizar el fenómeno en su conjunto o un aspecto de este y no desantender aquellos elementos de la estructura social, grupal o individual, según sea el caso, con los que aparezca relacionado.
Esta concepción tiende, no solamente a ubicar el necesario contexto para la correcta indagación psicológica sino que se convierte en herramienta metodológica indispensable para aquellos científicos que se planteen trabajar la psicología en una perspectiva interventiva/modificadora, de cara al desarrollo personal y social.
A mi juicio, resulta de alto valor disponer de un sistema metodológico que posibilite captar las subjetividades que se están produciendo al interno de cada sociedad. Es indudable que los diferentes grupos sociales elaboran y utilizan diferentes estrategias para enfrentar su cotidiano de vida. Cabría preguntarse: ¿Cuál es el costo psicológico de estas estrategias? He aquí un importante tema de investigación, reflexión y debate para los psicólogos latinoamericanos.
Sin pretender agotar las posibilidades metodológicas en el estudio de la subjetividad, a continuación presentaré, en sus líneas más generales algunas ideas acerca de las formas de su indagación.
           

Acerca de la Metodología
El carácter histórico y dialéctico de la realidad social y la complejidad del estudio de la subjetividad impide su investigación desde el paradigma empírico-positivista y el método hipotético deductivo con fuertes soportes estadísticos.
Pienso que no existe el método por excelencia capaz de garantizar por sí solo la validez del conocimiento que “suministra”. Cada objeto de estudio, desde su complejidad y abarque, requiere ser abordado desde una metodología particular. En el caso que nos ocupa, considero que una metodología cualitativa que comprenda la participación y el discurso de los sujetos así como la observación e interpretación del investigador es la que mejor se conecta con nuestro objeto de estudio sin que esto suponga desechar la utilización de análisis estadísticos que resulten de utilidad en el análisis de la información.
Siendo nuestro objetivo la comprensión de la expresión subjetiva que se conforma alrededor de la realidad social es imposible apresar su riqueza y dinamismo con una metodología cuantitativa y un muestreo representativo. Es por ello que este tipo de investigación debe ser realizada como un estudio longitudinal que debe abarcar series cronológicas a lo largo de un período determinado.
La subjetividad, dada su constitución, debe ser interrogada desde una metodología multinivel que contemple tres perspectivas:
Una perspectiva de elaboración personal donde el sujeto es interrogado en tanto individualidad que vive la experiencia de un cotidiano específico.
Una perspectiva de elaboración grupal donde se recogen, para distintos grupos sociales, los significados compartidos desde experiencias que se construyen desde inserciones sociales específicas. Como dispositivo de indagación se utilizan los grupos de reflexión (integrados por grupos reales o nominales) los cuales posibilitan la creación de un espacio donde fluyeran esos significados.
Una perspectiva comportamental en la que no media una reflexión acerca de las vivencias a partir de un interrogatorio, siendo captada la respuesta “natural” del sujeto al “interrogatorio” permanente del cotidiano. Esta perspectiva nos permite acercarnos a la forma más genuina en que el sujeto se conduce. Como dispositivo de indagación se utiliza la observación participante en diferentes situaciones de la vida cotidiana: conversaciones informales en las calles, comportamiento en las familias, en el trabajo y lugares públicos.
Esta metodología se acompaña de un dispositivo categorial que ha revelado capacidad para el análisis e interpretación de las particularidades de la subjetividad que se construye tanto desde la ubicación en un cotidiano específico como desde las estrategias de enfrentamiento que se actualizan.
Cada categoría tiene definida formas de respuestas en que son observables de cara al análisis que nos permita determinar las diferentes configuraciones subjetivas que se construyen desde inserciones sociales específicas. Cada configuración subjetiva se constituye con la ayuda de un análisis de conglomerados.
El constructo de configuración subjetiva lo hemos utilizado para designar el conjunto de características psicosociales que tipifican el comportamiento humano ante hechos sociales específicos. Este conjunto de características se aglutinan alrededor de determinados ejes y tienen en su base un núcleo central que algunos autores le llaman factor de cohesión. (Saíz, González, Gempp y Mladinic; 1996).
Cada configuración subjetiva contiene, por lo tanto, determinados estilos de comportamiento los cuales constituyen fuentes importantes de información en el conocimiento de la subjetividad. Recordemos con Mugny y Stamos (1991 pag. 532) que “Un comportamiento constituye una unidad de información limitada, sin gran alcance social. Organizados en estilos, en estrategias de comportamiento, constituyen el origen de un excedente de información cuyo alcance es enorme”.
La utilización de esta metodología nos permitió

  1. Indagar la realidad desde diferentes grupos poblacionales en atención a sus posibilidades       reales de compartir sistemas de significados.
  2. Determinar las diferentes configuraciones subjetivas que se construyen desde inserciones     sociales específicas.

Los datos aportados por nuestro programa de investigaciones revelan que las tendencias conductuales de la población por nosotros indagada pueden ser agrupadas en cinco configuraciones subjetivas las cuales aparecen sintetizadas a continuación.

Tipo I: Visión crítica de la realidad
No elaboración del futuro.
No elaboración de estrategias adaptativas.
Respuestas pasivas o evasivas al cotidiano.
Apatía, inmobilismo.
Ubicación de espectador en el medio social.
Pareja y familia como ámbitos de valor refugio.
No se actualiza ningún referente conductual.

Tipo II: Visión crítica de la realidad
No elaboración del futuro.
No elaboración de estrategias adaptativas.
Respuestas pasivas al cotidiano
Ansiedad, angustia.
Ubicación de espectador en el medio social.
Pareja, familia y amigos como ámbitos de valor refugio.
No se actualiza ningún referente conductual.
Estados psicológicos negativos.
No estabilidad emocional.

Tipo III: Visión equilibrada de la realidad
Apuesta por el futuro desde el presente.
Respuestas constructivas ante el cotidiano.
Elaboración de estrategias adaptativas con movilización de recursos personales colectivos.
Ubicación como protagonista pro familiar e individual.
Pareja, familia y amigos como ámbitos de valor refugio.
Se actualiza como referente la influencia social general y los grupos de pertenencia.
Estados emocionales positivos.

Tipo IV: Visión equilibrada de la realidad
Apuesta por el futuro.
Respuestas constructivas ante el cotidiano.
Utilización de estrategias adaptativas con movilización de recursos colectivos.
Ubicación como protagonista pro social.
Pareja, familia y amigos como ámbitos de valor refugio.
Se actualiza como referente la influencia social y los grupos de pertenencia.
Estados emocionales positivos.

Tipo V:  Visión sesgada de la realidad
Búsqueda permanente de bienestar económico.
No elaboración del futuro.
Respuestas constructivas ante el cotidiano.
Elaboración de estrategias adaptativas con movilización de recursos personales.
Ubicación como protagonista pro individual y pro familiar.
Pareja, familia y amigos como ámbitos de valor refugio.
Se actualiza como referente el sí mismo.

¿Qué diferencian estos cinco tipos de configuraciones? Un análisis a fondo de los resultados reportados por las observaciones de terreno, las dinámicas grupales y las entrevistas individuales nos permiten distinguir como eje rector de este proceso el sistema valorativo desde el cual los sujetos operan. (Delgado 1994; Carballo y Pérez 1995; Carballo, Pérez y Fuentes, 1996; Savio 1997)
En nuestra experiencia, se puso en evidencia que en el sistema valorativo subyace toda diferenciación entre los sujetos estudiados encontrando aquí el pivote desde el cual se organizó la diversidad de configuraciones subjetivas obtenidas, las cuales se articulan alrededor de la preeminencia de tres tipos de valores: materiales, espirituales y sociales.
En las particularidades que asume la subjetividad juega un rol importante el sistema de valores que se actualiza en el individuo y desde los cuales se organiza su conducta. Esta actualización ocurre ante la reestructuración macrosocial de valores, que todo proceso social en cambio permanente implica y que, en situaciones de crisis se hace más evidente en tanto necesario.
En este proceso, los sujetos reevalúan todas las concepciones éticas, morales e ideológicas de que disponen entre las cuales pueden elegir en dependencia de la disponibilidad de opciones que la sociedad y el contexto inmediato le ofrecen y que les son posibles asumir.
En este proceso de reforzamiento o de elección de un determinado valor y/o rechazo de otros, se desempeñan con notable influencia “los contextos vinculares específicos donde el sujeto se inserta y en particular los grupos sociales a los cuales aparecen integrados los sujetos y el reconocimiento que se hace de ellos como referentes conductuales”. (Carballo, Pérez y Fuentes; 1996 p. 102) Sin que esto suponga minimizar o excluir el rol que en este proceso juegan otros agentes de influencia, actuales o pasados, que han estado presentes a lo largo del recorrido vital de cada individuo.
Este efecto se pone en evidencia con notable claridad en las configuraciones III  y IV.
Los sujetos portadores de la configuración III  y IV tienen una pertenencia grupal sólida. Se identifican a sí mismos como pertenecientes e integrados a determinados grupos sociales y políticos a los cuales les adjudican el valor de ser referentes de su conducta actual. Esta tendencia a construir un estilo conductual recurriendo a las normas de acción colectiva de los grupos de pertenencia a los cuales se les atribuye un valor referencial resulta ser la base sobre la cual se erige la subjetividad individual y colectiva de estos sujetos.
La alta saliencia de una pertenencia grupal en estos sujetos permite que actúen desde los valores sociales que se comparten en esos grupos los cuales son utilizados como referentes actualizados.
En estos casos los grupos actúan como núcleos mediadores en la construcción de la subjetividad organizando un efecto de conjunto de ajuste sano al medio social. ¿Por qué digo esto?
Siendo la nuestra, una cultura colectivista la cual enfatiza la cooperación (recordemos con Triandis y col. (1988) que las culturas colectivistas refuerzan formas colectivas de afrontamiento de las tensiones y el stress) y se subraya la obtención de metas socialmente significativas, es lógico suponer que los grupos sociales al interno de nuestra sociedad reflejen estos valores sociales más generales y refuercen formas colectivas de afrontamiento de los eventos sociales.
En mi opinión, en estas configuraciones concurren, de manera equilibrada, una visión realista de la realidad social (con todas sus carencias y vicisitudes) con el desarrollo de acciones constructivas para enfrentarla y salir adelante. Este enfrentamiento al cotidiano se realiza desde las potencialidades de sus protagonistas quienes logran armonizar todos sus recursos personales en pro de la satisfacción de sus necesidades actuales y las de su familia. Todo esto sin negar o dejar a un lado la esencia de quienes son ellos mismos, cuál es o ha sido su formación académica, cultural, política, etc. Son personas que no han renunciado a sus historias de vida y, desde su inserción laboral específica, han encontrado las vías para salir adelante y llevar adelante el proyecto social cubano en el que creen y confían.
La diversidad de configuraciones subjetivas obtenidas pone en evidencia una vez más el hecho de que la ubicación del hombre en los marcos de una sociedad concreta no resulta suficiente para contextualizar su medio ya que el hombre no vive meramente en lo que de conjunto llamamos sociedad. La sociedad se refleja de manera específica en cada sujeto a partir de las especificidades de los diversos grupos a los que de manera simultánea o escalonada pertenece y en los que transcurre de manera concreta e inmediata su vida.
Así pues, es evidente el hecho de que la relación individuo-sociedad no puede ser entendida dentro de un paradigma positivista, determinista o metafísico. Tampoco basta con decir que es una relación dialéctica. La mirada que desde la psicología social se hace de esta relación debe basarse en una idea claramente expuesta en su tiempo por L.S. Vygotsky (1991) que tiene a mi juicio importantes consecuencias metodológicas: “Estudiar un hecho aislado por completo del mundo restante, desprovisto de la interrelación que hay entre los fenómenos, significa condenar a priori al objeto a permanecer inexplicado. Explicar científicamente algo no significa otra cosa que descubrir su conexión con otros fenómenos e integrar el nuevo conocimiento en la trama y en el sistema de lo que ya se conoce”.
           

A manera de conclusiones
La interpretación y elaboración teórica de los procesos fundantes de la subjetividad social precisan de la integración de perspectivas teóricas y de aceptar la influencia de las dimensiones macrosociales. La dialéctica de estas relaciones complejiza la distinción de génesis y efectos, por lo que precisan de un análisis integrativo y dialéctico lo cual refleja el genuino carácter de los procesos sociales.
Permítanme entonces, compartir una reflexión hecha desde lo profesional pero sentida desde mi inserción como miembro de esta sociedad.
Los psicólogos no podemos resolver todos los problemas asociados al hombre; es evidente que otras partes de la sociedad deberán concurrir con su presencia y esfuerzo en este empeño. Pero lo que no podemos dejar de hacer los psicólogos es ver todos los problemas asociados con el hombre y tratar de encontrar la traducción que en el plano de nuestra ciencia se hace posible.
De lo anteriormente expuesto, podemos derivar el hecho de que los psicólogos sociales estamos frente a la tarea de perfeccionar los mecanismos a través de los cuales se favorece una relación de correspondencia entre los proyectos sociales y los individuales ya que parto de la consideración teórica de que no hay proyecto social que pueda ser alcanzado ni llevado a vías de éxito si los hombres, que son los encargados de ejecutarlos, no lo incorporan en diferentes medidas a sus proyectos individuales de vida.
Todo proyecto social atraviesa una subjetividad particular desde la cual se evalúan las metas y propósitos que el proyecto contiene. Las metas sociales tienen un nivel de formulación general, pero su alcance particular, la forma en que resulte movilizadora eficientemente en los distintos niveles en que se concretiza la inserción social de cada individualidad será consecuencia de la particularidad que asuma la apropiación individual o colectiva que de ella se haga. (Fuentes, 1995)
Todas estas acciones, desde luego, hay que hacerlas con inteligencia pues la amenaza mayor a la supervivencia humana está en la ignorancia, pero tampoco pensemos en una inteligencia fría, perfeccionista y moralmente neutral; pensemos en una inteligencia orientada desde el saber, la tolerancia y también ¿por qué no? desde la pasión, los sueños y la fantasía.
Por último, quisiera significar que es imposible ser absoluto cuando trabajamos en Ciencias Sociales. Por ello, no se puede ser categórico al afirmar que sean estos u otros los factores asociados a la presencia de un fenómeno social.
La singularidad de la realidad social está plurideterminada; en ella concurren factores económicos, políticos, ideológicos, culturales, históricos; por lo que no podemos los psicólogos sociales adjudicarnos omnicomprensivamente toda la magnitud de su estudio. Otras especialidades de las Ciencias Sociales tienen su espacio y deben utilizarlo.
Por mi parte, si alguien me preguntara por el espacio de la Psicología Social le brindaría estas reflexiones, con una sola recomendación: Recordar siempre que “... a propia historia... soluciones propias”. (Casañas, Fuentes, Sorín, Ojalvo, 1983 p. 36)

 

 

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