Vol 6. Núm 16. 2018

Comienza el año 2018. Los próximos meses marcarán importantes sucesos en la vida de nuestro país. La salida de la presidencia del Consejo de Estados y Ministros de nuestro general presidente, al decir de Eusebio Leal, marcará un momento de significación en la historia reciente de nuestro país. Raúl ha anunciado (y advertido una y otra vez) que dejará de ser presidente de Cuba en el primer trimestre del año entrante. Lo hace luego de un intenso período de trabajo marcado por importantes transformaciones, económicas, sociales y políticas.
Cierra su período de mandato con una proyección consensuada de la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, y las Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030: Visión de la Nación, Ejes y Sectores Estratégicos. Una profundización contundente de los Lineamientos.
La psicología, como ciencia y profesión comprometida con el bienestar y la felicidad de los cubanos y las cubanas, no ha estado al margen de los procesos de análisis, discusión y elaboración de las visiones al futuro inmediato y mediato de Cuba. Sin embargo, es necesario establecer proyecciones claras y precisas que sirvan de orientación a nuestros profesionales para definir sus encuadres de integración a los procesos que vivirá la sociedad cubana en los años venideros, algunos de los cuales ya se están produciendo. Extender el saber y el hacer de la psicología, no solo para diagnosticar lo que suceda, sino para conformar mejores estrategias de participación, de inserción, para poder ser un instrumento de apoyo a la población en sus empeños de mejorar la calidad de vida, de construir un país más habilitado para favorecer el bien de todas y todos.
La emergencia de temas más cercanos a los retos de construcción, cambio y de reingenierización del país, el abordaje de los problemas que hoy no están entre los atendidos por nuestra profesión. La discusión sobre las nuevas exigencias de formación del profesional de la Psicología en Cuba también tendrá que ser un aspecto de prioridad. Formar al psicólogo que necesita la nueva Cuba que viene, al psicólogo que participará en la construcción de esa nueva Cuba.
Cambiar todo lo que debe ser cambiado”, un apotegma que cobra un sentido de principio rector para nuestra profesión. Y es impostergable. O hacemos la psicología que el país demanda, o la demanda encontrará curso en otros espacios, y la psicología cargará con el destino de la obsolescencia.
Alternativas cubanas en Psicología llama a todas las psicólogas y los psicólogos del país, a participar activamente en el reordenamiento económico, social y político del país. El destino de Cuba tiene que ser escrito con todas las manos, con todas las voces, y con la riqueza que supone el pensar diverso, comprometido y plural.
Siendo este el primer número de un año que será significativo para nuestro país, hago mis votos en este “Desideratum
Desear es querer, es soñar. Es también tener esperanza. Es mirar desde el bienestar posible, y la felicidad merecida. Es crear, favorecer, construir. Desear es amar, sentir profunda y comprometidamente. Por eso deseo…
Que el alma cubana sea más cubana, en su universalidad y su insularidad. Sea el cultivo de los valores, de lo autóctono, la inteligencia vital del desarrollo, el combustible de la producción cultural nacional, la energía que mueve en Cuba las aspiraciones y realizaciones de todos y cada uno de nosotros.
Que la luz de lo hecho no se empañe, ni ciegue. Avancemos lo posible (y un poco más) desterrando lo obsolescente, abriendo caminos creativos, plurales, diversos, pero siempre compartidos. La cultura de la vida sembrando cada día en la tierra fértil del porvenir. El trabajo ha de hacer la cosecha.
Que nadie viva en la abundancia de lo superfluo, mientras otros viven en la falta de lo básico. Que no existan ni ricos ni pobres, sino cubanos y cubanas que extienden sus beneficios a los menos beneficiados y hacen de la solidaridad un principio de justicia humana. Sea la distribución de las riquezas, y no su acumulación, un principio ético de cada ciudadano de nuestro país.
Que las distancias sociales, que avanzan peligrosamente, sean las mínimas posibles, y no alcancen nunca el límite en el que convocan a la exclusión y a la desintegración de la sociedad, a la pobreza (económica y espiritual) y a la baja autoestima, a la envidia y al odio. La diversidad es riqueza, es una potencia cultural que la historia nos regaló a fuer de conquistas y reivindicaciones.
Que nadie confunda responsabilidad con poder, posición con privilegio, status con impunidad, gobierno con decisión unilateral, deseo con obligación. Los de arriba no son sino los de abajo, y estos los de al lado, porque la dimensión de lo justo no es vertical, sino horizontal.
Que los disfraces de moda no acaben por desvanecer los trajes auténticos de la humildad, la simplicidad. Y el culto al tener, sea remplazado día a día por el apostolado de ser una buena persona. Estar es siempre condicional. Ser es siempre incondicional.
Que nos acerquemos mucho más en lazos humanos, que en redes sociales. Y nos miremos, nos hablemos, nos abracemos llenos de afecto y buenas vibraciones, para que los avances tecnológicos no roboticen nuestras emociones y nuestras formas de expresarlas libremente, y sí sean puentes que superan las largas distancias y faciliten las intencionalidades más virtuosas.
Que la malsanidad, la vanidad y la egolatría no ganen adeptos. La complicidad con lo que engañosamente brilla no solo es mediocridad, sino una degradación que desvirtúa el sentido humano de la existencia. Nadie es mejor que cuando es bueno para todas y todos. Y ser bueno es algo que podemos con solo quererlo.
Que nos movamos en la dirección de la felicidad- esa meta que por momentos se aleja, y luego se vuelve a acercar, para que la sigamos buscando siempre. La prosperidad no es un fin, es un modo de vivir para alcanzar la paz, la buenaventura, ese mejor mundo posible que nos pide acercarnos y no alejarnos.
Que seamos capaces de unirnos en una visión de futuro, compartida, construida entre todos y todas, y que tengamos la fuerza y el empeño para avanzarla hasta allí donde ya sea una nueva visión de los que vienen un poco después. Que soñemos una Cuba mejor. Que queramos esa Cuba mejor. Que seamos capaces de luchar juntos por esa Cuba mejor.
Desear es hacer. Hagámoslo. Vale la pena.
Manuel Calviño
Director

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