Vol 6. Núm 16. 2018
ORBE LABORAL DE LA MUJER PROFESIONAL: QUIMERA DE SU IDENTIDAD FEMENINA, ENTRE LO PÚBLICO PRIVADO
Claudia-Adriana Calvillo Universidad Autónoma de Zacatecas, Unidad Académica de Psicología. Zacatecas, México
Resumen
El trabajo público es mucho más que ganar dinero, es autoestima, forma de expresión, independencia e identidad. Actividades socialmente valoradas a lo largo del tiempo, son las que tienen mayor prestigio, realizadas principalmente por el género masculino, en el espacio público, lo que se ve y está expuesto a la mirada pública. Suponen el reconocimiento, relacionado con el poder, por lo que da a reflexionar el por qué las actividades desarrolladas en el espacio privado, actividades femeninas, son las menos valoradas socialmente. En tal sentido Strauss (1995) señala que la división sexual del trabajo podría llamarse prohibición de tareas según el sexo, aludiendo a los procesos históricos y culturales por los cuales los hombres prohibieron a las mujeres su participación en las tareas de mayor prestigio de cada sociedad, es decir, aquellas tareas que se ritualizan y encomian. Si bien lo público y lo privado han tenido sustanciales transformaciones históricas, lo que estos cambios han sostenido es que el espacio público ha sido tradicionalmente ocupado por los hombres y el espacio privado por mujeres, abarcando atribuciones de lo masculino y femenino respectivamente. El Objetivo es ¿Cómo lograr conjuntar lo público y lo privado en las mujeres que ejercen alguna actividad laboral?, en donde se asume en esta investigación el enfoque teórico-empírico. Donde se demuestran, las problemáticas que enfrentan las mujeres, al momento de realizar su práctica laboral y social. En donde femenino y lo masculino se conforman a partir de una relación mutua, cultural e histórica. La mujer no debe renunciar a su femineidad por acceder al espacio público, sino saber cómo complementar ambas, madurar y realizarse como ser humano, desde la posibilidad de elegir sin presiones externas, sin ideas que limiten sus potencialidades. Ambos géneros se complementan, y el equilibrio depende de una relación saludable entre ambos.
Abstract
Public work is much more than making money, it is self-esteem, form of expression, independence and identity. Socially valued activities over time, are those that have more prestige, realized mainly by the masculine gender, in the public space, what is seen and is exposed to the public gaze. They imply recognition, related to power, so it reflects on why the activities developed in the private space, female activities, are the least valued socially. In this sense, Strauss (1995) points out that the sexual division of labor could be called a prohibition of tasks according to sex, alluding to the historical and cultural processes by which men prohibited women from participating in the most prestigious tasks of each society, that is, those tasks that are ritualized and praised. While the public and the private have had substantial historical transformations, what these changes have maintained is that the public space has traditionally been occupied by men and the private space by women, encompassing male and female attributions respectively. The objective is how to combine the public and the private in women who exercise some work activity, where the theoretical-empirical approach is assumed in this research. Where they are shown, the problems faced by women, at the time of their work and social practice. Where feminine and masculine are shaped by a mutual, cultural and historical relationship. Women should not renounce their femininity for access to the public space, but know how to complement both, mature and become a human being, from the possibility of choosing without external pressures, without ideas that limit their potentialities. Both genders complement each other, and balance depends on a healthy relationship between the two.
Palabras claves
Género, identidad, femineidad, Gender,identity, femininity

Introducción
El trabajo público es mucho más que ganar dinero, es autoestima, una forma de expresión, de independencia e identidad. A menudo el trabajo, juega un papel excesivamente absorbente, pero para lograr una verdadera independencia se hace necesario poner la mirada en la calidad de vida.
Actividades socialmente valoradas a lo largo del tiempo, son las que tienen mayor prestigio, realizadas principalmente por el género masculino,  son el espacio público,  lo que se ve y aquello expuesto a la mirada pública. Estas actividades suponen el reconocimiento, íntimamente relacionado con el poder, por lo que da a reflexionar el por qué las actividades que se desarrollan en el espacio privado, actividades  femeninas, son las menos valoradas socialmente.
Porque a diferencia del espacio público estas son las que no se ven, ni son objeto de apreciación pública, por ejemplo entre varias mujeres que se dediquen a las labores del hogar, todas ellas igualmente excelentes, no hay manera de objetivarlo. Todas ellas pueden ser valoradas desde el interior de sus hogares, pero es imposible registrar algo que no se ve, es un espacio en el que no hay que repartir nada en cuanto a poder, ni en cuanto a prestigio, ni al reconocimiento.
En tal sentido Strauss (1995) señala que la división sexual del trabajo podría llamarse prohibición de tareas según el sexo, aludiendo a los procesos históricos y culturales por los cuales los hombres prohibieron a las mujeres su participación en las tareas de mayor prestigio de cada sociedad, es decir, aquellas tareas que se ritualizan y encomian.
Si bien lo público y lo privado han  tenido sustanciales transformaciones históricas, lo que estos cambios han sostenido es que el espacio público ha sido tradicionalmente ocupado por los hombres y el espacio privado por mujeres, abarcando atribuciones de lo masculino y femenino respectivamente.

Objetivos
¿Cómo lograr conjuntar lo público y lo privado en las mujeres que ejercen alguna actividad laboral?, para ello es importante abordar dos puntos: el primero la problemática a la cual se enfrenta la mujer al intentar involucrarse en el mundo laboral, abordando tanto el ámbito público como el privado, además de la problemática que implica el decidirse por cualquiera de estos ámbitos. Y el segundo, ¿hasta qué punto se puede hablar de femineidad en el ámbito laboral?, ya que la mayoría de las mujeres hacen a un lado este aspecto, con tal de integrarse a las actividades laborales.

Marco conceptual
Género y mundo laboral
Con el transitar de los años el avance de la ciencias, la educación, los medios de comunicación, los cambios políticos y sociales, las mujeres ya no estaban conformes con el constreñido mundo que se les había asignado, y se dieron cuenta que llegar a formar parte de una familia no tendría por qué llegar a ser un objetivo.
Uno de los pocos objetivos profesionales perfectamente aceptables, todavía en los años 60, como el ser enfermera o maestra, ya que para la sociedad de esa época lo ideal para una mujer se suponía era casarse, tener hijos y pasar el resto de los días atendiendo al cónyuge. Siendo actividades fácilmente acoplables por el mundo femenino tradicional.
En los 70 el mensaje que se escuchaba de las feministas era: Puedes hacer cualquier cosa con tal que te haga feliz, mencionaron Anderson y Zinsser (2000),  las expectativas y oportunidades para las chicas comenzaron a cambiar, el hecho es que las mujeres han luchado mucho para para llegar a ocupar un lugar en el mundo laboral público.
En este sentido, el ámbito del trabajo público no ha cambiado mucho en cuanto a las actitudes, ya que aún los estereotipos siguen vigentes; por mencionar algunos, encontramos que para la mayoría de las empresas, si una mujer no está casada, se supone que estará más comprometida con su empleo, también la maternidad sigue siendo un inconveniente.
Incluso en algunos casos es requisito no estar embarazada para ser contratada, otra situación que también encontramos es que en la mayoría de los casos la mujer es la que deja el empleo cuando contrae matrimonio,  ya sea porque es un reglamento de la empresa o por que el cónyuge ya no le permite que continúe laborando. Cualquier situación en la cual una mujer privilegie alguna cuestión de su vida, hace que no se le considere como una igual.
Es así que cuando las condiciones en que se desempeña hacen difícil el trabajo, trae como consecuencia que se deje de disfrutar. La mujer se llega a sentir amilanada, lo que ocasiona baja autoestima, estados depresivos, o lo que en la psicología se conoce stress laboral, y la pasión por el trabajo se va macerando.
A menudo comienzan a rendir menos, hasta llegar al punto de terminar eligiendo entre su vida profesional y su vida personal. Muchas de las mujeres al llegar a este punto, aceptan diciendo, así es la vida, Anderson et al. (2000), ya que no esperaban, hacerse cargo de todo, aunque en su momento pensaran que sí podían.
Esto no es exactamente lo que se tenía en mente al comenzar, ¿Y qué se tenía en mente? La mayoría de las mujeres, establece un proyecto de vida: terminar la carrera, desempeñarse profesionalmente, ganar dinero, darse el gusto para gastarlo, (coche, viajes, ropa, etc.) después de eso, casarse, tener hijos, y poder seguir trabajando.
Otras en cambio dan prioridad a su carrera, no tienen tiempo para casarse y mucho menos para pensar en tener hijos. Y aunque la mujer tome la decisión de no casarse y no tener hijos, esa expectativa sigue acechándola, haciéndola sentir que su vida está incompleta, ya que en cierta medida la sociedad tradicionalista, espera que sea la mujer quien críe y eduque a los hijos.
La lucha entre el Currículo perfecto y la vida equilibrada, también es un peso,  alude Popkewitz (1987), ya que interiormente, la mayor parte de las mujeres tienen expectativas y mandatos acerca del deber ser mujer. Todavía suelen considerarse compañeras y madres, tal como se les consideraba a sus madres o abuelas. Además con frecuencia esa batalla de sistemas de valores toma la forma de insatisfacción con el trabajo.
Una mujer profesional directora de un empresa conjeturemos, se encuentra en un conflicto, su hijo mayor termina la educación básica, y tendrá su entrega de documentos por la tarde, sin embargo esa misma tarde la mujer tiene una reunión importante de negocios. Como resultado, si se toma la tarde para acompañar a su hijo, perjudicará su trabajo, pero si no lo hace dañará a su hijo, lo más probable es que a donde falte se sentirá culpable.
Como madre la sociedad exige que su deber sea estar con su hijo, ella misma desea estar allí. Sin embargo, esa misma sociedad espera que esté presente en una importante reunión de negocios. Aquí se percibe claramente como las lógicas del mundo privado y público son muy diferentes e incluso contradictorias, desde la psicología, los conflictos a los que se enfrenta la mujer como histerias, depresiones o desintegración familiar.
Este tipo de conflictos generan una relación cada vez más complicada en el yo laboral y el yo personal, apunta Martín (1842), es decir el sujeto humano en cuanto persona, la parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.
Ya que a nadie le gusta tener que elegir entre dos partes de él mismo, así como tampoco, tener que elegir entre estilos y mitos de vida machistas que supuestamente ya están pasados.
No tomamos conciencia de estos conflictos y algunas mujeres en esta situación se ven tentadas de volver al pasado, es decir únicamente a lo privado y regresar a ese mundo en el cual los hombres eran los que trabajaban y las mujeres se dedicaban al trabajo de la familia. Algunas mujeres lamentan haber tomado la decisión de quedarse en su casa y extrañan su trabajo. Otras que deciden quedarse con su trabajo están insatisfechas por el hecho de tener que dejar a sus hijos al cuidado de otras personas como lo pueden ser estancias infantiles.
El aumento masivo de las mujeres en distintos puestos de trabajo abría finalmente las puertas a una cierta independencia. Afortunadamente, la mayor parte de las mujeres, después de que lucharan por el derecho a trabajar y de haber demostrado que se puede triunfar, de haber disfrutado de los desafíos intelectuales y de la libertad de expresión, no están dispuestas a dejar de trabajar.
Existe una razón generacional por la cual las mujeres han comenzado a cuestionar el éxito convencional: El trabajo y la vida equilibrada son necesidades humanas genuinas, como sucede con todas las necesidades, se pueden reprimir o ignorar durante años, pero tarde o temprano se imponen, como lo menciona  (1997). Esto nos ayuda a comprender lo vulnerable que se puede estar en la vida, cuando se trabaja en un mundo de hombres siendo mujer, pero bajo condiciones impuestas por los hombres.
De esta manera tenemos que en función del nivel social y de la educación, las mujeres poseen diferentes razones para trabajar, por ejemplo: quienes pertenecen a sectores pobres se insertan en el mercado cuando la economía de la casa tambalea y el sueldo del hombre no alcanza para cubrir los gastos.
En el caso de una mujer con mejores situaciones económicas, el trabajo se convierte en una fuente extra de ingresos. Y por último tenemos a las mujeres quienes han alcanzado una formación universitaria, para ellas el trabajo y status social, les permite sentirse exitosas.
A pesar de que hoy se acepta como evidente la igualdad entre el hombre y a mujer, las mujeres todavía deben luchar por el espacio justo dentro del mercado laboral. Es común aceptar que a la mujer se le admita en los trabajos pero también que hayan cambiado su modo de operar.
El lugar de trabajo sigue siendo un lugar segregado, está construido para hombres con esposas de tiempo completo. Tal vez esto nos refleja la necesidad que tienen los hombres de ser valorados por lo que hacen y no por lo que son.
El feminismo se centró en la igualdad de derechos, todos somos iguales, la realidad significaba aceptar un sistema de comportamientos que dominaban los ambientes laborales. Las mujeres deseaban las interesantes tareas, los buenos salarios y la seguridad, teniendo así que aprender un sistema de reglas oculto. Ese conjunto de reglas es un reflejo que la cultura masculina creó y es difícil alcanzar el éxito si no se obedecen. Entonces ¿Qué hacer? Si bien cada empresa, industria o institución da un matiz a estas reglas, todas tienen una versión y ellas son quienes gobiernan el lugar de trabajo.
Este tipo de reglas que se mencionan no se encuentran escritas en ningún manual, sin embargo si se desea triunfar se debe procurar seguirlas. Por mencionar algunas de estas tenemos que  lo primero es el trabajo y está antes que todas las cuestiones familiares o personales que pudieran presentarse, se hace necesario dedicar muchas horas, si el trabajo lo requiere, mantener en privado las cuestiones íntimas, no llevar al trabajo los problemas o preocupaciones femeninas.
Estas reglas para adaptarse y triunfar, no son solo guías para el éxito, sino que son también el soporte de un sistema de valores. Cuando se adopta la idea convencional del éxito, se está obligado a vivir conforme a estos valores. Los hombres que diseñaron las reglas tuvieron que darse por completo a sus carreras, tuvieron que abandonar sus hogares y sus familias durante muchas horas y muchos días, según Arenal (1993).
Como el éxito era la medida más importante del valor de una persona en la sociedad, nada podía ser más crucial que el trabajo. Esto constituye un problema para las mujeres, porque tienen otros requerimientos que la sociedad espera de ellas y que también les imponen. Les han dicho que su éxito no solo se medirá por el trabajo, sino también por su capacidad de ser mujeres. Esto significa que en la mayor parte de los casos, por la clase de hombre que logren atraer y por la familia que formen. Aunque no quieran  casarse, ni tener hijos, esa expectativa les sigue acechando y puede hacerlas sentir que han fracasado.
En el caso de los hombres sucede lo contrario pueden tener vidas personales maravillosas y pensar que son unos fracasados porque no tienen un trabajo suficientemente valorado. Estas diferentes cualidades para el éxito, pueden provocar crisis en las mujeres. Valoran la vida hogareña y esto resulta difícil aceptar ya que el sistema asigna a las labores de la casa un valor menor.
El éxito convencional, medido en términos de poder y jerarquía, daría paso a las responsabilidades compartidas y el trabajo en equipo. Pero es evidente que aún las mujeres no alcanzan totalmente este lugar en la sociedad y continúan siendo relegadas de la toma de decisiones. Todavía sigue el mito del aparente desinterés de las mujeres por el poder público, el paradigma femenino del poder, sería un poder oculto, por así decirlo, un poder que es ejercido entre bambalinas para lograr que los hombres satisfagan sus deseos. Este mito es un instrumento para mantener a las mujeres en el lugar de sometimiento, caracterizado por las virtudes de la indefensión: la fragilidad, la ternura, y la sensibilidad.

La identidad femenina en el mundo laboral
Escuchamos con frecuencia que las mujeres pueden realizar todo lo que hacen los hombres y eso es verdad, pero un punto de vista sería que no se trata entonces de decir ser capaz de hacer las cosas, sino hay que demostrarlo haciéndolas.
Las mujeres que entran en el mundo laboral pronto se dan cuenta de que a diferencia de lo que ocurría en los estudios, su comportamiento es solo un factor en la instauración de su futuro.
Esto se parece a lo que sucede siendo adolescente, cuando se descubre que para ser aceptada por el grupo de los muchachos, se debe tener cuidado de ser dóciles, no aparentar ser demasiado inteligentes, fuertes y mucho menos diferentes, ya que este tipo de comportamiento resultan amenazantes y cuando las mujeres intentan modificar las formas al éxito tradicionales, dejan de ser buenas chicas.
Este hecho se vuelve a repetir cuando se comienza a trabajar, entonces se observa que en lugar de cambiar la cultura, la mayoría de las mujeres se acomodan a ella. Muchas veces prefieren guardar silencio y renunciar a lo que son, para poder tener una carrera, de esta manera el sistema recompensa a las mujeres que no lo desafían.
En esta desigual correlación de fuerzas, dicho imaginario se ha constituido sobre todo a partir de las representaciones de lo femenino y lo masculino, elaboradas por los hombres, para reforzar su lugar hegemónico en la división social del trabajo, alude Betancour (2002).
La lucha por la igualdad profesional también fue una pelea para que se considerara a las mujeres tan valiosas como los hombres. Ya que las mujeres al luchar por la igualdad económica, resulta insoportable tener que pagar por ella con la calidad de vida.
Se tuvo que comenzar a aprender un sistema de reglas oculto. Ese conjunto de reglas es un reflejo de la cultura masculina que lo creó, y es difícil alcanzar el éxito como se menciona, si no lo acatan.

Metodología
Teniendo en cuenta que se examinaron factores de empoderamiento, en mujeres que laboran desde un ámbito profesional, se asume en esta investigación el enfoque teórico-empírico, desde la perspectiva de género, debido a que esta es una manera de ver e interpretar los fenómenos sociales que se refieren a las relaciones entre hombres y mujeres. Además de las asimetrías sociales, cabe destacar sus diferencias en el uso y la utilización del poder, los recursos y los beneficios, en un contexto laboral, es pertinente, mediante estudios, identificar y cuestionar la discriminación, la desigualdad y exclusión de las mujeres en un entorno universitario.
La presente investigación teórica-empírica se sustenta en un enfoque psicosocial constructivista y de género. Respecto al primero, según Piaget (1999), la capacidad intelectual y la inteligencia están ligadas íntimamente al medio social. Los dos procesos esenciales de la evolución mental y el aprendizaje son el de asimilación y el de acomodación, que son capacidades adquiridas o construidas, que se despliegan ante estímulos específicos para cada etapa del desarrollo. La asimilación es la integración de una estructura de comportamiento, la acomodación, es la modificación de esa estructura para adaptarse a nuevas formas de conducta. En un entorno social, esos mecanismos permiten la adaptación del sujeto al contexto sociocultural.
Piaget estimó que existen etapas del desarrollo en las cuales predomina la acomodación y otras en que impera la asimilación, procesos que se alternan y producen un salto cualitativo en la estructura mental y un cambio de configuración para lograr el equilibrio y el control del medio externo, las crisis se producen cuando el individuo no puede interpretar la nueva información a las conductas existentes. Siendo así, que los aprendizajes sociales se construyen en los procesos de socialización. De esta forma, ser hombre o mujer es un producto de un aprendizaje identitario a nivel cultural y social.
Por otra parte, Bourdieu (2011), hace hincapié en la importancia de la diversidad cultural y simbólica, para destacar la capacidad de los agentes en posición dominante para imponer sus producciones culturales que a su vez desempeñan un papel esencial en la reproducción de las relaciones sociales de dominación. Es aquí donde entra la desigualdad social de los sexos, es una expresión más de la dominación social.

Conclusiones
Configurar una identidad de la mujer, que para triunfar en el mundo público tiende a masculinizarse, desde la vestimenta, las poses, las actitudes, la voz; llegándose a cortar el cabello, se han quitado la falda para ponerse un pantalón, en ocasiones hasta han llegado a usar corbata, con el fin de verse profesionales.
Liberarse como mujer no quiere decir, que debe masculinizarse, se habla de liberación femenina, pero curiosamente se pasa por alto, lo que no es femenino para avivar o intensificar lo masculino, negando así que lo femenino tiene un lugar de igual importancia, como la forma masculina, y no se trata de los pantalones, usados por las mujeres, que han demostrado ser muy cómodos, o por el cabello.
Se trata de que aceptemos que en este mundo lo femenino no tiene espacio, y por ende hay que erradicarlo, así seremos iguales, así verdaderamente podremos hablar entonces de liberación femenina.
La falta de modelos femeninos con los cuales identificarse lleva a la mujer a sentir igualdad y temor por su eficacia cuando acceden a lugares de trabajo tradicionalmente ocupados por  varones.
Si se desea competir por los buenos puestos en un trabajo, solo funciona el modo ambicioso clásico, ya que una mujer no debe adoptar una apariencia demasiado fuerte y debe seguir siendo una dama, evitando comportarse de manera tosca.
Schort (1993), descubrió que el temor a la falta de aceptación por parte de la sociedad impedía a muchas personas hacer cambios: hay un miedo a lo desconocido y está también el temor de dejar a un lado algo que constituye para la mujer su naturaleza.
La mujer debe intentar romper este temor, se hace necesario tener una visión de otro modo de vida, tener siempre en mente que se puede lograr, trazarse un plan y sobre todo sentirse apoyada por su contexto.
Actualmente hay suficientes mujeres trabajando como para que nadie se sienta que está luchando en una batalla aislada para romper las formas de trabajo vigentes.
Si se quiere un trabajo que funcione se deben poner en marcha cambios, dejando de cumplir con esas supuestas reglas, resistirse a los temores que en ocasiones asustan de lo que seremos y no seremos, encontrar las maneras de incorporar todas esas cosas que valoramos.
Las mujeres han trabajado mucho a lo largo de la historia para darse cuenta de que no hay oxígeno suficiente como para tener una vida equilibrada tanto en lo personal como en lo profesional, esto exige un trabajo de transformación.
Sería muy agradable si existieran soluciones con pasos a seguir, para encontrar un trabajo a las  múltiples demandas y deseos de la vida. La realidad es que no existe una única solución  para las mujeres, ya que la vida como mujer se presenta demasiado diversa y variada.
Algunas tienen hijos, otras no los tienen, otras encontramos que son la cabeza principal y se encargan de la manutención de la familia, en cambio otras trabajan por satisfacción propia, demostrando así que no hay un único modelo de trabajo que funcione.
El trabajo nunca funcionará a menos que se cambie el modo como se valora el éxito y la manera como se juzgan los avances, por eso es muy importante que las mujeres sustituyan su dependencia emocional y hasta económica por un sistema más amplio y flexible de identificación.
Las mujeres no deben  de masculinizarse, sino mantener su identidad femenina. Deben exigir sus derechos y luchar por ellos sin, dejar de perder su esencia, en otras palabras comenzar a valorar las virtudes y características propias del ser femenino.
Este sistema debe premiar el equilibrio por encima de lo logros, la profundidad sobre la posición social. Solo si cambiamos estos valores podremos crear un nuevo panorama de vida próspero, que permita que las prioridades cambien a través del tiempo según lo dicten las necesidades. El trabajo y la vida equilibrada son necesidades genuinas. Como sucede con todas las necesidades, se pueden reprimir o ignorar durante años, pero tarde o temprano se imponen.
Sin embargo los lugares de trabajo no se van a modificar hasta que un buen número de mujeres y hombres no exija el cambio. Para que esto suceda, tendrán que evaluar qué es lo que consideran importante en su vida.
El movimiento femenino se produjo, pero no cambio los valores de la cultura del éxito. Solamente hizo que fuese más accesible para ellas. Además es necesario que en las empresas se creen condiciones de trabajo más accesibles como pudieran ser horarios y trabajo mejor remunerado.
No va a producirse ningún cambio hasta que los hombres consideren tan estimable el trabajo que tradicionalmente se ha reservado a las mujeres, así como estas también valoren el trabajo que antes se reservaba a los hombres. Todavía faltan por venir generaciones para esto.
Hasta que los hombres críen a los hijos, tanto como las mujeres, cocinen lo que comen y limpien lo que ensucien, el trabajo no va a cambiar. Si es verdad que los hombres valoran su vida fuera del trabajo como las mujeres, tendrán que ayudar a reconstruir el modo como las mujeres trabajan. Sin embargo en tanto las cuestiones personales o familiares aparezcan como un territorio femenino, estás seguirán estando en los márgenes de la agenda del trabajo.
La mayoría de las mujeres continúan ajustando nudos por así decirlo, un poco aquí, un poco menos allá, en un esfuerzo por lograr equilibrio en sus vidas. Pero este  no será posible mientras se siga identificando con dos figuras diferentes e intentando ser exactas a cada una de ellas.
Para lograr que la vida y el trabajo sean placenteros y satisfactorios se necesita utilizar las dos fuerzas: femenina y masculina, de una manera equilibrada, de modo tal que se combinen para formar un todo. El poder tiene que ser repartido, ha de constituir un pacto, un sistema de relaciones de poder, una red de distribución imparcial.
Al considerar a las personas de igual a igual, al reconocer sus deseos y sus miedos, se resuelven los conflictos desde el entendimiento y el respeto, así se evitarían malos tratos y la convivencia entre los seres humanos sería mejor.

Referencias bibliográficas

Aguado. O. (1996). Educación multicultural: su teoría y su práctica. Madrid: CIDE.
Anderson, B. y Zinsser J. (2000). Una historia propia. Género y Poder. México: Ediciones UPN.
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Betancour.  F. (2002). Estudios sobre educación en Zacatecas. México: UPN
Bourdieu. P. (1998). La Domination Masculine. París: SEUIL.
Ehrenreich, B. (1997). En busca de una vida más simple. Madrid: Turne.
Levi-Strauss, C. (1995). Polémica sobre el origen y la universalidad de la familia. Barcelona: Anagrama.
Martín, L. (1850).  Educación de las madres de familia o de la civilización del linaje humano por medio de las mujeres (2a ed). Barcelona: Joaquín Verdaguer.
Piaget. J. (1985). La toma de Conciencia. España: Morata.
Popkewitz, T. (1987). Formación del profesorado. Valencia: Universidad de Valencia.
Schort, J. (1993). El trabajo americano. Nueva York: Porrúa.

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