Vol 7. N?m 19. 2019
¿ES LA ALFABETIZACIÓN UN CABALLO DE TROYA? REFLEXIONES SOBRE LAS CONSECUENCIAS EPISTEMOLÓGICAS DE LA DIFUSIÓN DE LA ESCRITURA ALFABÉTICA
Giovanna Maxia Escuela de Psicoterapia Cognitiva Interpersonal (SCINT) de Roma.
Resumen
El presente artículo, mediante la comparación entre distintas formas de expresar y trasmitir la experiencia humana, pone en evidencia las consecuencias epistemológicas de la difusión de la escritura alfabética en la cultura occidental. A partir de esta comparación los conceptos de objetividad, universalidad e individualidad, situados en su contexto histórico-cultural de aparición, pierden el papel de categorías absolutas indiscutibles y entran en el devenir de los procesos histórico-culturales como productos relacionados con el contexto histórico-cultural en el que se originaron y se desarrollaron. La perspectiva delineada cambia el punto de partida en el estudio de otras civilizaciones que tuvieron una historia diferente a la occidental.
Abstract
This article trough a comparison between different forms to expressing and preserving human experience highlights the epistemological consequences of the alphabetical writing spread in the Western culture. From this comparison the concepts of objectivity, universality and individuality, placed in their cultural context of the historical occurrence, lose the role of undisputed absolute categories and get in the becoming of historical cultural processes as products related to historical cultural context in which they began and developed. The outlined perspective is changing the starting point in studying of other cultures that had a different history from western history.
Palabras claves
Epistemología, historia, cultura, Epistemology, history, culture

Introducción
Los cambios epistemológicos que tuvieron lugar durante el siglo pasado han vuelto insostenible una teoría del conocimiento de la realidad que excluya la influencia del sujeto que conoce. En consecuencia, una teoría del conocimiento tiene que desarrollar una teoría del sujeto en su dimensión histórica y cultural. La dimensión histórica nos permite salir de la trampa de pensar que siempre ha existido una única forma de subjetividad, la dimensión cultural nos permite de contemplar distintas formas de subjetividades que existen en distintos lugares del mundo. Desde este punto de vista nos parece interesante la reconstrucción histórico-cultural que hicieron unos autores europeos al poner en relación distintas formas de subjetividad con distintas formas de trasmisión de su propia cultura. Ellos investigaron diferentes características entre culturas de tradición oral y culturas de tradición escrita. De la comparación emergieron diferencias notables no solo en la manera de concebir la naturaleza, sino en las formas en que se desarrollaban las subjetividades. Estos estudios nos parecen interesantes sobre todo porque mientras la mayoría de las culturas europeas se han alejado de su propia cultura oral y se han vuelto escriturales desde hace dos milenios, la mayor parte de las culturas latinoamericanas se convirtieron a la escritura hace relativamente poco tiempo y todavía mantienen una tradición oral rica y compleja. 
 

La invención del alfabeto: origen de la objetividad del mundo y de la subjetividad
La invención del alfabeto griego fue una revolución extraordinaria: por primera vez los signos representaban el sonido de los fonemas. Por primera vez fue posible un hecho sin precedentes: que el lenguaje pudiera ser visualizado, que se separara del sonido y que se pusiera en otra dimensión sensorial, lo que constituye un paso fundamental. El sonido es la dimensión sensorial más efímera, pues cuando se consigue distinguir, el sonido, ya no existe. (Guidano 2001)
Según la opinión de distintos estudiosos, la invención y la difusión de la escritura alfabética tuvo consecuencias epistemológicas muy importantes en la cultura occidental. ¿Qué tiene de extraordinario la invención del alfabeto? Para comprender este asunto es necesario considerar las características de la escritura alfabética y el contexto histórico en el que se desarrolló. La escritura alfabética fue una innovación aportada por los griegos al sistema de escritura fenicio. Las primeras inscripciones se remontan al 776 A.C., con ocasión de las olimpiadas (MacQuarrie, 1985). Los sistemas de escritura semíticos precedentes, incluido el fenicio, no fueron realmente alfabéticos, porque los fenicios inventaron un sistema fonético silábico, no alfabético. Ellos lograron identificar las sílabas de la lengua hablada y les asignaron caracteres, pero el número de sílabas era enorme y el sistema de signos resultante era difícil de memorizar. Los fenicios, tratando de simplificarlo, redujeron el número de signos, pero el lector tenía que decidir la vocal que debía elegir entre cinco. La característica de una escritura silábica es que lo que está escrito no es una representación unívoca del sonido lingüístico expresado por la voz humana, pues tiene que ser interpretado. La innovación de los griegos fue una verdadera revolución ya que lograron abstraer los elementos impronunciables (consonantes) contenidos en las sílabas y les asignaron caracteres. El resultado fue una tabla de elementos atómicos que, agrupándose en una gran variedad de combinaciones, consiguió una representación visual con un significado unívoco de cada palabra que la voz humana expresaba (Havelock 1996). De esta forma, las palabras que hasta la invención del alfabeto no tenían permanencia (verba volant, scripta manent), pudieron ser transcritas y separarse de su expresión viviente. 
 

¿Cuáles fueron las consecuencias?
La transcripción del sonido tuvo como consecuencia la separación y el distanciamiento del hablante de su producción. Por primera vez en la historia el hablante se encuentra ante una representación visual de la voz, despojada del conjunto expresivo del que forma parte con la gestualidad, la mímica y la postura, el timbre, la altura, la tonalidad y el ritmo. La escritura alfabética solo puede aislar y transcribir el componente sonoro del lenguaje, dándole una expresión visual, pero despojándola de la expresividad de la voz viviente. La voz, fuera de la escritura alfabética, la única escritura que permite una lectura unívoca de los signos lingüísticos, es poliédrica desde el punto de vista expresivo, pero no tiene permanencia, existe solo en una dimensión sonora efímera. La sonoridad de la voz, traducida en signos alfabéticos, adquiere un componente visual permanente que que mediante la lectura permite una reactivación y una trasmisión. De esta forma, la voz transcrita permanece come “objeto” separado del “sujeto” que la ha emitido. La práctica de la escritura y de la lectura alfabética conducen a una nueva concepción del mundo y a la aparición de una propia humanidad que puede distanciarse del fluir cambiante de la propia experiencia y hacerla su objeto de reflexión. Esta es la revolución epistemológica de la que hablan los estudiosos, la separación entre voz viviente y voz transcrita ha puesto en marcha la distinción entre sujeto conociente y objeto conocido, entre proceso y producto de conocimiento. Para comprender la entidad del cambio sobre la percepción de uno mismo  y del mundo, puesta en marcha por la escritura alfabética, resulta útil comparar el sistema de escritura alfabética con otros sistemas de escritura que no objetivan el mundo.
 

Ideogramas
Las escrituras con ideogramas, a diferencia de la escritura alfabética, permiten visualizar a la vez las acciones y las cosas. Ernest Francisco Fellonosa, gran estudioso de la lengua china, en su libro El carácter de la escritura china como medio poético (mencionado por C. Sini, 2012) explica cómo los ideogramas expresan el fluir de la vida. Por ejemplo, el símbolo del sol siempre está asociado a su movimiento, no existe una palabra que exprese el concepto de sol aislado de su acción: hay distintos ideogramas compuestos para expresar el sol al amanecer, al mediodía o en la puesta. Y así ocurre en todos los símbolos, como el ideograma que significa “hablar” es una boca de la que salen dos palabras y una llama; el signo de “crecer con dificultad” es una hierba con la raíz torcida; el ideograma de “comensal” es un hombre y un fuego. En este proceso de composición, dos cosas unidas no producen una tercera, sino que sugieren una relación fundamental entre ellas. Como en la naturaleza, en los caracteres chinos no existe una cosa aislada, un auténtico nombre. Como dice Fellonosas: Las cosas son solo puntos de encuentro de acciones, cortes transversales de acciones instantáneas. Un verbo puro, un movimiento abstracto, tampoco cabe en la naturaleza. Con los ideogramas el ocho ve nombre y verbo como una sola cosa: cosas en movimiento y movimiento de cosas, eso es lo que intenta representar la concepción china. Por ejemplo, el sol que subyace al brotar de las plantas significa primavera. Fellonosa lo explica así: El verbo debe ser el hecho primario de la naturaleza, dado que movimiento y cambio son todo lo que de ella podemos conocer.  Los ideogramas representan el mundo de la naturaleza, no objetivan las cosas y las acciones como si fueran realidades separadas de la acción del observador. Por eso, como expresa Guidano, para los orientales que han tenido y todavía tienen un lenguaje simbólico más cercano a la vivencia, no existe una distinción clara entre hombre y naturaleza. El oriente tiende a experimentar el sí mismo como subjetivo y objetivo simultáneamente, mientras que el occidente se inclina por diferenciar el sí mismo sujeto del sí mismo objeto, percibiendo en consecuencia los objetos “externos” como si tuvieron una existencia independiente del sujeto. (p. 27, El sí mismo en proceso).
 

Características del “lenguaje oral”
Ni siquiera el lenguaje hablado en una sociedad de tradición oral permite un distanciamiento de la propia experiencia y la objetivación del mundo. Como explica Guidano, en el mundo oral el lenguaje es un sistema simbólico de significación que tiene una referencia con la vivencia momento a momento, las palabras no se refirieron a una realidad objetiva, sino a las acciones que los hablantes actúan u observan. El lenguaje cotidiano del mundo oral es muy cercano a la inmediatez del vivir, fue la escritura alfabética la que transformó profundamente la manera de hablar. Un ejemplo puede clarificar este asunto. Karl Menninger, etnopsiquiatra que ha estudiado una comunidad no alfabetizada de los indios Abiponi, describe lo que un Abipone dice y lo que un hombre actual alfabetizado diría en la misma circunstancia. Por ejemplo, decir “Un hombre mató un conejo” dicho por un Abipone sería “el hombre, ello, uno, vivo, de pie, mató intencionalmente, lanzando una flecha al conejo, uno, vivo, sentado”…  Él no habla de esta manera porque quiera describir el acontecimiento con muchos ornamentos, él no puede hablar de manera distinta porque vivió el evento de esa manera y no puede tomar distancia desde su singularidad. (cit. en Sini C. 2002, p. 33) Como explica también Guidano, fue mediante la escritura alfabética que el lenguaje adquirió una forma objetiva, en la cultura occidental, antes de la escritura alfabética todo el lenguaje expresaba acciones y el lenguaje mismo era acción. Un mundo oral es un mundo de acción... Todo lo que aparece es inmediato, es un mundo de inmediatez. Por eso es el mundo de la edad del oro; un mundo en el cual la vida todavía es muy cercana a la vida de la naturaleza. Se vive momento a momento. (“Guidano in Chile”, p. 287) En el mismo sentido resultan interesantes las investigaciones del neurofisiólogo A. R. Luria (1987). Durante 1931 y 1932 Luria realizó un intenso trabajo de campo con analfabetos e individuos con ciertos conocimientos de escritura en las zonas más remotas de Uzbekistán y Kirguistán, en la antigua Unión Soviética. Los analfabetos entrevistados por Luria, ante una lista que incluía las palabras “hacha, sierra y leño”, atribuían a los tres objetos el mismo estatus, en cuanto que todos pertenecían a las mismas acciones. “Todos se parecen”, dijo un campesino analfabeto, “La sierra serrará el leño y el hacha lo cortará”. A partir de esas investigaciones, Luria analizó las diferencias en la organización del pensamiento entre individuos con conocimientos de escritura y sin ellos, y observó una ausencia de pensamiento categorial en los analfabetos. Sini (2016) comenta las observaciones de Luria diciendo que el campesino piensa en la unidad de la práctica vivida, puesto que es la escritura alfabética lo que permite la objetivación del pensamiento y el distanciamiento de la inmediatez vivida. En un mundo oral las palabras representan las acciones vividas puestas en práctica, no los objetos aislados del contexto de vida. Como han subrayado los autores citados (Fellonosa, Guidano y Sini), el lenguaje en el mundo de la oralidad y de los ideogramas representa el mundo dinámico de la naturaleza, no objetiva las cosas y las acciones como si fueran realidades separadas de la acción. La objetivación de las palabras fue el resultado de la práctica alfabética. Otra fuente de reflexiones sobre las características del lenguaje oral procede del estudio de los poemas homéricos.
 

“Lenguaje oral” en la antigua Grecia
Aunque pueda parecer paradójico examinar textos escritos para estudiar una forma oral de trasmitir cultura, los estudios especializados de Parry A. M. (1996), de Havelock E. (1996) y de otros oralistas coinciden en afirmar que los poemas homéricos son transcripciones “fieles” de las formas en que los antiguos griegos trasmitían oralmente su propia cultura. Parry con su meticuloso trabajo descubrió que la particular fórmula métrica utilizada en la Ilíada era una técnica de composición oral y tenía la función de ayudar a memorizar las costumbres y las reglas de vida que antes de la invención de la escritura alfabética eran trasmitidas oralmente. En opinión de Havelock, los griegos, a diferencia de otras civilizaciones que desaparecieron sin dejar huellas escritas, trascribieron los poemas en una época oral, y por eso se pueden estudiar como monumentos de su forma de vivir, pensar y sentir; al mismo tiempo, los poemas constituyen una fuente valiosa para comparar un mundo oral con un mundo que lentamente ya se había ido convirtiendo a la escritura alfabética. Como subraya Havelock, la Ilíada y la Odisea revelan una característica típica del mundo oral: el lenguaje hablado tiene un cuerpo viviente, es un flujo de sonido que simboliza un río de acciones, un dinamismo continuo expresado en una sintaxis de conducta. El lenguaje mantiene una referencia con la vivencia inmediata, la acción está en primer plano.   Continúa Havelock diciendo:
... en el lenguaje de Homero es difícil encontrar proposiciones en las que aparezca un sujeto conceptual vinculado a un predicado conceptual mediante la cópula “es”. El verbo “ser”, cuando se usa, funciona todavía preferentemente en su dimensión dinámica y oral, significando presencia, poder, estatus de situación (Havelock 1996: 130).
Los oralistas también subrayan la ausencia de la enunciación de principios abstractos en los poemas homéricos. La literatura griega posterior a la difusión de la práctica alfabética tiene características diversas: la prosa remplaza la poesía, aparecen los conceptos que remplazan las acciones: con Esíodo aparece el concepto de hombre y de justicia, en el mundo oral se podían describir las acciones del hombre justo, pero no se podía definir ni un concepto de justicia ni un concepto de hombre. Lo mismo se puede decir del concepto de hospitalidad: en la Odisea, Telémaco se comporta como un hombre hospitalario, lleva a cabo toda una serie de acciones y de atenciones hacia el huésped, pero nunca se dice qué es la hospitalidad. Es necesario esperar a la difusión del alfabeto y su práctica para que aparezcan los conceptos con carácter de “universalidad”.
 

La escritura del mundo 
La cultura se trasmitió oralmente hasta cuando la eficiencia alfabética pudo ofrecer una escritura apta para trascribir sin ambigüedades toda la gama del discurso oralmente conservado. La cultura oral abandonó Grecia poco a poco, a una velocidad que se puede determinar por el grado en que el lenguaje de almacenamiento escrito sustituía el lenguaje de almacenamiento oral. El lenguaje del hacer y el de la acción, típicos del habla oral fueron reemplazados por enunciados de hechos. El verbo ser y su sintaxis empezó a sustituir al verbo devenir.  Los participios, los verbos y los adjetivos que se comportan como gerundios dando el sentido de movilidad dieron paso a entidades conceptuales, abstracciones, objetos.
La sustitución fue lenta, pero inexorable; la oralidad se iba modificando lentamente hasta convertirse en un lenguaje propio de la escritura. Poco a poco toda la inmediatez, la movilidad, la improvisación y la agilidad del lenguaje hablado se desvanecieron. La escritura griega hizo creer que podría transcribir sin ambigüedades toda el habla oral. Pero en realidad la escritura solo pudo registrar unas versiones simplificadas de la oralidad, mientras que la plenitud del habla oral, que uniendo ritmo, postura, y mímica expresaba el fluir de la vivencia, se perdió irremediablemente. Como subraya Havelock, la escritura alfabética fue un acontecimiento históricamente único.
Los sistemas semíticos pre-griegos agrupaban las sílabas por “conjuntos”, cada uno de los cuales tenía un denominador común que representaba la “consonante” inicial del conjunto así, por ejemplo, los cinco miembros del conjunto “ka ke ki ka ku” se representaban mediante el signo k. El signo representaba el conjunto consonántico, pero no la consonante aislada k. El lector que usaba el sistema tenía que decidir qué vocal debía elegir entre las cinco. (Havelock 1996:92)
Como señala Sini (2016), fue esta precisión de transcripción la que llevó a la ilusión de un mundo objetivo. En las comunidades que carecen de escritura, el lenguaje es una forma de acción, se mueve en la dimensión vocal y gestual, no deja un artefacto material separado del hablante. La voz y la gestualidad no pueden separarse de la totalidad de la acción viviente, no son objetos. Las palabras transcritas, por el contrario, se quedan aisladas de la acción viviente, desencadenan una duplicación del mundo y producen la ilusión de que detrás de las palabras fijadas por la escritura están las cosas que nombran. Pero detrás de las palabras no están las cosas, hay una ausencia: exactamente la ausencia de la experiencia subjetiva vivida en situación. Es la escritura alfabética la que produce la ilusión de una realidad objetiva que se queda separada de la persona que habla. La precisión del alfabeto griego llevó a una duplicación del mundo. Los signos alfabéticos, dotados de aparente univocidad de significado, sentaron las bases para la universalidad del significado a la que llegó la cultura occidental. Con su difusión, la práctica alfabética englobó las otras formas de cultura que quedaron fascinados por su eficiencia. El alfabeto latino y también el cirílico son derivaciones del alfabeto griego y cada signo tiene la misma univocidad de significado. Por contra, los sistemas de escritura como el árabe o el sánscrito, derivados de los sistemas semíticos pre-griegos, todavía conservan un residuo tradicional de ambigüedad, los signos no tienen un significado unívoco, sino que tienen que ser interpretados. Con la difusión de la práctica alfabética, el lenguaje se alejó de la acción viviente y dio lugar a entidades conceptuales, a abstracciones, a objetos. Como dicen los estudiosos, así empezó la filosofía y la ciencia occidental, alejándose de la vivencia y creando entidades conceptuales.  
 

El sujeto y la escritura
Según la opinión de los autores citados, la difusión de la escritura alfabética, además de favorecer una visión objetiva del mundo, hizo posible una nueva concepción del sujeto. Así lo explica Havelock: Cuando el lenguaje se separó visualmente de la persona que lo hablaba, entonces, también la persona, fuente del lenguaje, adquirió unos contornos más nítidos y nació el concepto de individualidad. (Havelock, 1996:152)
Guidano expresa la misma idea.
Una vez que el lenguaje llega a ser visualizado hay una separación ontológica entre hablante y hablado, conocedor y conocido, en la que “lo hablado”, “lo conocido”, adquiere una realidad en sí misma distinta, diferenciada del hablante, del conocedor. El producto del lenguaje se puede ver escrito y está ontológicamente separado de la persona que emitió esas palabras. La realidad como algo separado de la persona que lo produjo. Y emergió el sujeto como algo separado de su propia acción. (Guidano en Chile, 2001: 195)
Los dos estudiosos están de acuerdo sobre el mismo asunto: la separación entre el hablante y su producto tuvo como consecuencia la emergencia del sujeto y de la realidad como algo separado. Las consecuencias son de tipo epistemológico: en un mundo oral el conocer está estrechamente ligado a la acción y a la emoción que la mueve; con la escritura alfabética, la posibilidad de separar el objeto del conocer, del sujeto que conoce, abre una nueva forma de conocimiento: el conocimiento objetivo. El sujeto, además de vivir y de expresar la experiencia inmediata, puede distanciarse de la propia vivencia y objetivarse él mismo y el mundo como si fueran originariamente dos “cosas separadas”. La invención de la escritura abrió esta posibilidad, no determinó el distanciamiento de la vivencia, y el desarrollo de la individualidad, lo permitió. Entre las prácticas de vida que favorecieron este proceso, la lectura desempeñó un papel de primera categoría: escuchar a alguien que habla es un evento comunitario que implica la participación y la involucración emotiva, leer es una actividad solitaria que favorece el distanciamiento y la reflexión.  Como rebate Havelock: el descubrimiento de la individualidad se podía considerar parte de aquella separación entre el conocedor y lo conocido que la creciente difusión de la capacidad de leer y escribir favorecía (Havelock, 1996:23). El camino que llevó a la individualidad fue un proceso muy lento y la difusión de la capacidad de leer que permitió la invención de la prensa favoreció su desarrollo (McLuhan, 1962).

Conclusiones
A la luz de todo esto, podemos decir que el trabajo de estos estudiosos puede proporcionar un punto de partida para estudiar el mundo desde el punto de vista de un analfabeto, o desde el punto de vista de quien todavía no se ha dejado llevar por la lógica alfabética. No se trata de oponerse a un proceso inexorable de “desarrollo”. Se trata de hacer un esfuerzo por comprender qué posibilidades de desarrollo pueden existir a partir de nuestras invenciones, adónde nos llevan y qué alternativas tenemos. ¿Cómo podemos comprender el cambio que ha producido el mundo digital si aún no hemos aclarado la influencia de la escritura alfabética en nosotros? El desarrollo tecnológico (también la escritura lo es) no es negativo en sí mismo, abre nuevas posibilidades de relación con el mundo y cierra otras: busca lo universal en detrimento de lo singular, empuja al individualismo en detrimento de la solidaridad, orienta a un tipo de civilización en detrimento de otras civilizaciones. Una mayor conciencia de las consecuencias de nuestras prácticas nos haría más libres de elegir los caminos a seguir, en todos los campos.

Referencias bibliográficas

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