Vol 7. Núm 21. 2019

Editorial

En la primera quincena del pasado mes de agosto, se celebró en la Habana el XXXVII Congreso Interamericano de Psicología. El Congreso de la SIP (Sociedad Interamericana de Psicología): Una Sociedad nacida en México, en el año 1951 (año en el que yo nací, y participé en mi primera evocación inconsciente de San Lázaro, Babalú Ayé), y que casi siempre, para no ser absoluto, ha tenido una vocación muy “estadounidensista”: la mayoría de los presidentes, así como de los editores de su revista, han sido gringos (14 de 34, y 5 de 9 respectivamente), y sin contar los pro gringos, que serían algunos más (léase, por ejemplo, Rubén Ardila). Cuba ha sido utilizada como “localidad geográfica” para sus Congresos (en tres ocasiones, creo), pero los cubanos (salvo muy contadas y honrosas excepciones –Fernando González, Albertina Mitjans, Jorge Grau, y otros) no somos miembros (para algunos porque no tienen como pagar las altas cuotas de membrecía en dólares; para otros, por un asunto de principio).
No lo dude nadie, que han existido presidentes de SIP amistosos y solidarios con Cuba, por solo mencionar algunos recuerdo al venezolano José Miguel Salazar, el argentino Hugo Klapennbach, por supuesto el cubano José Ángel Bustamante; y otros amigos con responsabilidades y presencia significativa en las actividades de la SIP, como Guillermo Bernal, Irma Serrano, Maritza Montero, Ignacio Martín Baró, Gerardo Marín, Wanda Rodríguez. Todos han sido activistas de la participación de Cuba en dicha Sociedad.
Pero SIP sigue siendo preferenciando una mirada muy positivista, y muy norteamericana, de la Psicología. Y esto supone incongruencias, matices bien diferenciales, un apego extremo a los modelos experimentales, y por momentos una falta de propósitos claros. Por cierto, entre algunas de las atrocidades conceptuales que se percibieron en el congreso referido, me llamó mucho la atención que el Premio de Investigación, creo que estudiantil, instituido con el nombre de Ignacio Martín Baró, psicólogo latinoamericano íntegro, luchador por el bienestar social justo para todas y todos los latinoamericanos, se le concedió a un trabajo sobre el comportamiento de las ratas. Un bochorno! ¡Una SIPada más!
No obstante, el esfuerzo enorme realizado por el Comité Organizador local, en el que distingo la participación de Alexis Lorenzo, Alberto Cobián, y Jorge Enrique Torralbas, se tradujo en un muy buen congreso, que silenció las ponzoñosas miradas de los sectores de derecha de la SIP (que son muchos), con un volumen grande de participantes, y en el que los niveles de discusión, análisis y construcción de propuestas estuvieron muy presentes. Un indicador más a favor de la capacidad de la Sociedad Cubana de Psicología, y de la Sociedad Cubana de Psicología de la Salud, para construir actividades de alto nivel científico trabajando mancomunadamente, dentro de un principio de respeto a la diversidad, y mancomunidad de objetivos esenciales.
Meses antes, en la segunda quincena de noviembre de 2018, se había efectuado en el mismo Palacio de Convenciones de La Habana, el clásico “Hominis”, esta vez con el apellido de 2018. Luego de polémicas decisiones, el programa incluyó, como propuesta de apertura, a sala única, sin competencia, una Conferencia del Presidente del Comité Organizador, y, aquí viene el motivo del recuerdo, una Conferencia con el título “El circuito de la esperanza” del archiconocido mercader de la psicología positiva, sobre todo de lo positiva que puede resultar la Psicología para quien quiere hacer dinero, Martín Seligman.
En ese mismo Hominis 2018, en la versión primera del programa, la conferencia ““Empowering Youth To Become Everyday Heroes Challenging Evil In Their Communities” (Empoderar a los jóvenes para que se conviertan en héroes cotidianos desafiando el mal en sus comunidades.) de Phil Zimbardo. Al final, Zimbardo no pudo llegar a Cuba, por problemas de Salud… puedo hasta suponer que parte de su enfermedad la provocó el saber que en Cuba priorizaban (quizás por ingenuidad, quizás por falta de análisis y de toma de decisiones colectivas) a un cómplice del ejército norteamericano, por encima de un promotor de desarrollo humano. Es solo una suposición subjetivista. No dudo de las buenas intenciones de los organizadores (entre los que me incluyo). Solo constato los efectos desagradables.
Como era de suponer, el Sr. Seligman, defendió en su conferencia a ese ejército para el que trabaja. Y según una barrabasada insolente e irrespetuosa, al tiempo que desconocedora de la historia, dicha por el “Bendecido” (Selig en hebreo, apunta la significación de Bendecido) fue ese ejercito el que liberó a Europa de los nazis. En pocas palabras, Seligman cambió la historia para cargarse al Ejército Soviético, los millones de muertos que sufrió la URSS en la contienda del 45, y sustentó su deber de lograr que los soldados norteamericanos sean felices (matando afganos, iraníes, iraquíes, y si no nos ponemos fuertes, matando venezolanos, nicaragüenses, cubanos).
Por supuesto que los reunidos en aquella sala no estábamos dispuestos a tolerar tal afirmación, descaradamente yanquista, hegemonista, misógina, autoritarista y desvergonzada. Así que comenzó el proceso de desmentir, desenmascarar, y argumentalmente desarmar el obtuso pensamiento de Seligman. Pero una intervención de árbitro que no quiere conflictos, por no entiendo qué razones, paró lo que prometía ser una brillante defensa de la verdad, de la historia, de la esperanza y de una Psicología hecha con, para y desde América Latina. Igual, en muchas sesiones ulteriores del congreso, no faltaron las críticas serias y demoledoras a la insolencia y la indecencia presentada por el Sr. Seligman.
A diferencia del Hominis, Zimbardo si pudo asistir al congreso habanero de la SIP. Él es un miembro de APA y de SIP. No es un “exiliado económico”, ni un “excluido de consciencia”. Presentó entonces lo que no pudo presentar en el noviembre anterior. Lamentablemente, una coincidencia infortuita, un infortunio de coincidencia en el programa, no me permitió estar en su sala de presentación. Pero, más allá del acuerdo o el desacuerdo, su presentación comentada por todos los asistentes, traslucía esperanza, compromiso, desarrollo humano. Precisamente allí donde las políticas hegemónicas, el neoliberalismo, han sido más destructivos, Zimbardo propone no convertirnos en “Lucifer”, sino en “Heroes cotidianos” de nuestra vida.
Esto lo confirmé en la tarde cuando me acerqué a él, y por unos minutos conversamos, y me expresó su deseo de venir a trabajar en Cuba, de acompañar el proceso de desarrollo de los cubanos y cubanas. El que fuera guionista y conductor del programa de televisión Discovering Psychology, recibió mi sentencia solidaria, no ingenua, y sí colaborativa, de que “Vale la pena”.
Entre Seligman y Zimbardo, hay un abismo que los separa y los diferencia. Entre un psicólogo, que sirve a los intereses del complejo militar estadounidense, y por ende a sus prácticas terroristas y hegemónicas, sin otra ética que la de aniquilar las libertades humanas, los derechos de todas y todos; y un psicólogo que ha sabido reingenierizarse con los tiempos, potenciando y participando directamente en la lucha por el bienestar y la felicidad de los más necesitados, no hay selección ambivalente ni dubitativa.
La psicología no es solo una ciencia y una práctica profesional. La psicología es una ética humanista, un compromiso con el desarrollo humano justo y sostenible, un compromiso de construir un futuro mejor para todos y todas.

Manuel Calviño
Director

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