Vol 7. Núm 21. 2019
LA ORIENTACIÓN DEL PROYECTO DE VIDA PROFESIONAL: PERSPECTIVAS ACTUALES
Solvey del Río Marichal Yamila Cuenca Arbella Universidad de Ciencias Médicas de Holguín. Facultad de Ciencias Médicas “Mariana Grajales Coello”, Cuba.
Resumen
El presente trabajo tiene como objetivo: fundamentar las posiciones teóricas que sustentan la orientación del proyecto de vida profesional. Durante el proceso se buscaron los antecedentes históricos e investigativos del problema y se abordaron los conceptos principales relacionados con el tema. Se proponen herramientas teóricas para la orientación, que ofrecen la posibilidad de que los profesionales logren la formación de un proyecto de vida profesional.
Abstract
The present article have as objective: fundament the theoretical basis to support the positions related to the orientation of a professional life project. During the investigation the historical and investigative basis were elaborated, and the principal definition about the topic were cited. We propose theoretical resources to the orientation that offers to professional the chance to acquire the formation of a professional life project.
Palabras claves
Proyecto de vida profesional, orientación, Professional life project, orientation

Introducción
La orientación constituye centro de atención y preocupación de los profesionales con este encargo social. Este proceso se torna complejo porque incluye tanto los recursos personales y sociales de los sujetos implicados, como los intereses del orientador para lograr la formación de contenidos personológicos como el proyecto de vida profesional, respaldado en los principios del modelo de vida social.
La capacidad para elaborar un proyecto de vida, específicamente profesional deviene en desarrollo humano integral derivado del carácter sistémico de la personalidad y de su expresión en el contexto histórico-social. Cuando se logra esto, el sujeto se adueña de su propio destino, con una repercusión exitosa en el desempeño personal, escolar y profesional.
La orientación del proyecto de vida profesional ha estado favorecida por el trabajo de los docentes en las instituciones educativas; sin embargo, aún no se alcanza la coherencia y la integralidad requeridas en las acciones desarrolladas. Es importante destacar que esta tarea requiere de un mejoramiento continuo, por lo que se impone la necesidad de fundamentar las posiciones teóricas que sustentan la orientación del proyecto de vida profesional.

Desarrollo
La orientación dinamiza la formación de contenidos personológicos como el proyecto de vida profesional. Si la formación es el proceso que organiza las actividades ejecutadas por los docentes mediante las cuales se logra un resultado transformativo en el sujeto, la orientación es el proceso que potencia las cualidades psicológicas del individuo, proporciona los medios para descubrir las condiciones personales, individualiza la educación y facilita la transición a la vida adulta. La utilización de la orientación en el proceso pedagógico responde a la necesidad de lograr una educación desde la vinculación curricular y para el desarrollo integral, como vía para poder concretar los objetivos formativos, lograr un aprendizaje desarrollador, tomar decisiones para encauzar la vida, y conseguir la adaptación a las demandas de la sociedad. Esta postura es defendida por autores como Torroella (2000), D’ Angelo (2002a), Recarey (2003, 2004), Rodríguez (2003), González (2001, 2003), Suárez Rodríguez y del Toro Sánchez (2004), Bisquerra (2005), Suárez (2008), Ibarra (2009), Del Pino Calderón, García Gutiérrez, Cuenca Arbella, Pérez Almaguer y Arzuaga Ramírez (2011) y asumida por la autora para resaltar la magnitud de sus potencialidades en la enseñanza.
Su práctica profesional comienza en los inicios del siglo xx, con el empleo de los términos orientación profesional, vocacional o educativa. Se enriquece con los aportes de las principales escuelas psicológicas que surgen en la época. De esta forma se identifican tres corrientes que dominan durante las primeras siete décadas del siglo: la psicométrica centrada en el psicodiagnóstico, la clínico-médica dirigida al empleo de la psicología clínica y la psicoterapia, y la humanista que resalta la esfera afectivo-motivacional de la personalidad (Del Pino, 1998). En los últimos años, ha surgido una perspectiva más abarcadora impulsada por la influencia de la concepción dialéctico-materialista, por la creciente aplicación de la psicología al campo educacional, y por el propio desarrollo de la pedagogía. Integra los aportes de las diferentes corrientes, le otorga un carácter más pedagógico y social, y busca una mayor vinculación de la orientación con el proceso de enseñanza. Esta tendencia integrativa es seguida por los investigadores cubanos Del Pino (1998), García (2001), Recarey (2004), Cubela (2005), Del Pino Calderón y Recarey Fernández (2006), Pérez (2007), Cuenca (2010), Del Pino Calderón et al (2011) y tomada por la autora al valorizar su papel en el contexto educativo.
Para entender la orientación y connotar su papel en el proceso pedagógico, se asumen los referentes de autores como Repetto (1987) para quien la orientación es un proceso de ayuda sistemática y profesional a un sujeto, mediante técnicas psicopedagógicas y factores humanos, para que se comprenda y acepte más a sí mismo y a la realidad que le rodea, alcance mayor eficiencia intelectual, profesional y personal, y se relacione de forma satisfactoria en el proyecto de su vida individual y social. Destaca dos aspectos importantes: es un proceso de ayuda sistemática y profesional, y su vinculación al proyecto de vida, aunque alusivo al área personal y social.
El tema ha sido tratado por González Rey y Mitjáns Martínez (1989) quienes analizan la función de la orientación profesional dirigida a que los estudiantes concienticen y valoren sus propios intereses, conozcan sus principales capacidades y habilidades, sus cualidades positivas y negativas, y que desarrollen un nivel de análisis y reflexión que les permitan la búsqueda de alternativas profesionales más adecuadas. Otorga de esta forma importancia a la conciencia crítica y reflexiva en los sujetos implicados en el acto de orientar.
En el caso de Del Pino (1998) entiende la orientación como la actividad científica de definir (e implementar) cómo ayudar con efectividad a alguien en un momento y un espacio dados. Defiende desde su enfoque educacional el ámbito escolar como espacio para orientar al sujeto, y el carácter intencional y planificado de esta devenido de la actitud crítica frente al quehacer cotidiano, lo que resulta clave para la labor de los educadores. Para Recarey (2003, 2004) las acciones de diagnosticar e intervenir son esenciales para cumplir con la orientación. Según la autora, la función orientadora consiste en el desarrollo de actividades encaminadas a la ayuda para el autoconocimiento y el crecimiento personal mediante el diagnóstico y la intervención psicopedagógica en interés de la formación integral del individuo.
Por su parte González (2001, 2003) defiende la idea de que la relación de ayuda que establece el orientador profesional con el orientado en el contexto de su educación, tiene el objetivo de propiciar las condiciones de aprendizaje necesarias para el desarrollo de las potencialidades de la personalidad de los sujetos, que les posibilitan asumir una actuación autodeterminada en el proceso de elección, formación y desempeño profesional. Muestra como fin el desarrollo de las potencialidades del orientado para lograr su autodeterminación profesional centrada en tres momentos esenciales: selección, formación y desempeño.
Un aporte significativo lo hacen Suárez Rodríguez y Del Toro Sánchez (2004) cuando valoran la orientación educativa como un proceso de aprendizaje que promueve los recursos personales y sociales de los sujetos y los grupos en los que estos se insertan, de forma tal que permite organizar o estructurar los proyectos de vida, objetivos, aspiraciones, así como establecer estrategias para alcanzarlos. Las autoras declaran tres dimensiones esenciales en las cuales ocurre: la sociocultural dada en las tradiciones, los mitos, las costumbres, las creencias de los participantes y que incluye las influencias institucionales; la interactiva que está en la base de las relaciones entre los diferentes actores educativos y los educandos; y la subjetiva expresadatanto en el plano intersubjetivo como intrasubjetivo. Esto resulta válido en tanto se destaca el espacio interactivo como vía de expresión de lo sociocultural y formación de lo subjetivo.
Alguien que ha prestado atención a la temática es Bisquerra (2005) quien adopta la orientación psicopedagógica como un proceso de ayuda y acompañamiento continuo a todas las personas, en todos sus aspectos, con objeto de potenciar la prevención y el desarrollo humano a lo largo de la vida. Esta ayuda se realiza mediante una intervención profesionalizada, basada en principios científicos y filosóficos. Para el autor debe estar ajustada al contexto social, y lo que le da identidad al proceso es la integración de las áreas de intervención en una unidad de acción coordinada, para incidir en el desarrollo integral de la personalidad, posición que se defiende porque deja abierta la posibilidad de emplear otras dimensiones de la orientación que no son necesariamente las tradicionales.
Otro que ocupa un lugar estimable en el asunto es Calviño (2006) quien formula la orientación psicológica personal como una relación de ayuda profesional que se realiza entre un orientador y un demandante, el orientando, en una situación específica, sobre un problema específico y durante un período de tiempo determinado, con el objetivo de facilitar las acciones más prudentes del demandante, en el contexto de un proceso de toma de decisiones. Aunque sus postulados tienen una connotación psicológica avala el hecho de que el sujeto cuenta con las posibilidades personales para poder alcanzar su crecimiento, las que pueden ser potenciadas desde una relación de ayuda profesional, idea que trasciende por el carácter activo de los estudiantes en el proceso pedagógico.
Importante resulta la contribución de Ibarra (2009) quien entiende la orientación en sus áreas personal, vocacional-profesional y educativa, esta última vista como un proceso individualizado de ayuda a los sujetos en su progresiva realización personal, lograda a través de la libre asunción de valores, y ejercido por los educadores de manera intencional, en situaciones diversas que entrañan comunicación y la posibilitan. Pone la mirada en el carácter individual, lo que supone considerar las características personológicas de cada individuo y reconoce el papel del educador en este sentido.
Los aportes de cada uno de estos autores constituyen referentes importantes para el estudio de la orientación, al cual se suma el tratamiento del tema realizado desde sus inicios por otros como: Parsons (1909), Rogers (1984), Collazo Delgado y Puentes Albá (1992), Espinar (1998, 2001), Torroella (2000), Del Toro (2002), González (2003, 2007), Del Pino Calderón y Recarey Fernández (2006). Sus contribuciones permiten entenderla desde una perspectiva integrativa como: una relación de ayuda con un fin educativo, que se nutre de la psicología y la pedagogía como ciencias. Vista así, la orientación facilita la regulación y autorregulación de la personalidad, donde se produce un proceso de mediación en la construcción y reconstrucción de lo psíquico, mediante la interacción individual o grupal efectuada por el docente, a través de reflexiones conjuntas sobre aspectos esenciales de la vida. Está insertada en el proceso pedagógico, desarrollado en los diferentes espacios educativos, planificados, organizados y dirigidos por la institución docente, y realizada con el empleo de métodos y técnicas.
A pesar de todo el énfasis en el asunto hay que profundizar en la orientación desde los procesos interactivos que se establecen en el proceso pedagógico para lograr la formación de contenidos personológicos como el proyecto de vida profesional. En el análisis de las referencias aparece una tendencia a examinar la orientación parcializada hacia una u otra arista del tema: educativa, psicopedagógica, psicológica personal, vocacional o profesional. De esta manera es necesaria la comprensión del fenómeno desde una visión holística, que muestre su naturaleza compleja y multidisciplinaria.
En la formación profesional, además de Repetto (1987) y Suárez Rodríguez y Del Toro Sánchez (2004) otros autores como Del Pino (1998), Cuenca (2010), Del Pino Calderón et al (2011), Herrera Rodríguez, Guevara Fernández y García Pérez (2014), Ramírez Gutiérrez, Alonso Hernéndez, Cuenca Abella y Ochoa Brito (2015) han valorado el papel de la orientación en la estructuración del proyecto de vida. Al tener en cuenta estos criterios queda claro que la orientación tributa a la formación de cualidades personológicas que dan cuenta del desarrollo psicológico, por lo que resulta necesario puntualizar su relación con el proyecto de vida profesional.
En el tratamiento específico realizado en las últimas décadas sobre el proyecto de vida profesional, puede apreciarse la diversidad de elementos descritos, lo que supone reconocer el interés que suscita su orientación en el ámbito educativo. Los autores que han tenido este propósito muestran su lugar en el mejoramiento continuo, en el logro de la madurez y la autorrealización personal, así como en el alcance de un mayor compromiso profesional y social.
A nivel internacional se destacan los estudios de Pérez (2000) quien valora el proyecto de vida profesional como una construcción activa, al decir que no es algo dado o recibido como transmisión o herencia en un individuo pasivo en la recepción, sino que resulta más conveniente comprenderlo como el “ir siendo el hombre en su ser laboral, el asumir la dimensión laboral como tarea”. Propone una clasificación de los proyectos vitales laborales como: auténticos e inauténticos relacionados con las variables: sistema relacional persona-mundo, sentido existencial y relación con el trabajo. Destaca la unidad persona-contexto, posición que se corresponde con esta investigación.
En este mismo orden Olivares (2002) lo asocia a la trayectoria que se desea seguir en el ámbito profesional y de forma indirecta en la vida, para el cual confluyen dos elementos: el autoanálisis sobre los conocimientos, las habilidades, las destrezas, los comportamientos, las experiencias laborales, las condiciones de trabajo y el tipo de actividad que busca; y a partir de este, la elaboración del proyecto de vida profesional tiene en cuenta los medios, el plazo de tiempo, la trayectoria y las prioridades. Este autor puntualiza su carácter evolutivo al relacionarlo con el recorrido a transitar durante la vida tanto personal como profesional, a partir del contenido de la profesión y algunos elementos que forman parte de su estructura; pero valora su influencia en la vida de forma indirecta cuando este regula al sujeto.
A propósito del tema Rodríguez (2003) lo concibe como un instrumento para el autoanálisis, y como un proceso o herramienta de trabajo tendente a la autorrealización. Plantea que como instrumento, ofrece una ocasión para que el orientado registre sus aptitudes, sus intereses, sus valores y sus competencias, y como proceso puede devenir una guía o un mapa a través del cual la persona puede usar el pasado y el presente como modo de ver y de planificar el futuro. Debido a ello lo percibe inherente a la orientación, pero no ejemplifica cómo realizarla.
En cuanto al proyecto de vida profesional Balbi (2005) dice que su construcción implica el análisis de valores de la persona, la reflexión sobre la toma de decisiones y la iniciación en el desarrollo de la autonomía personal, cuya meta final está orientada a lograr la independencia. Menciona dos elementos que lo componen: el ideal y el real. El primero es aquel donde se plantea la visión de un desarrollo personal, el segundo es la percepción del contexto socioeconómico y de las tendencias del mercado laboral. Hace referencia al examen personal y del entorno necesario para elaborar el proyecto de vida profesional pero lo limita al alcance del puesto de trabajo.
Sobre el asunto Suárez (2008) plantea que el proyecto de vida profesional es entendido como un proceso de desarrollo personal y profesional, al mismo tiempo que una estrategia orientadora y formativa que lo favorece. En este concepto confluyen la orientación y la formación con vista a dar respuesta sobre las propias necesidades profesionales, aunque no es interés del autor diseñar formas de lograrlo. Refiere que la temática comienza a desarrollarse sobre la mitad de la década de los ochenta asociada a continuos cambios sociales, políticos, económicos, ideológicos y culturales. Hace además un análisis histórico-lógico de la categoría desde los términos asociados, los autores y algunos aportes en diferentes países y continentes, lo cual legitima su valor como objeto de estudio.
En el análisis de esta categoría existen autores que la asocian solo a condiciones personales; pero no tienen en cuenta los factores sociales que participan en el proceso. Tal es el caso de Díaz (2014) quien destaca su carácter reflexivo al decir que está orientado a profundizar en el aprendizaje y la autoevaluación que afianza el autoconocimiento para un futuro proyecto laboral. En el mismo sentido Lomelí Parga, López Padilla y Ricardo Valenzuela (2016) realizan estudios sobre el tema y demuestran que las características que permiten la conclusión del proyecto de vida profesional están relacionadas con la autoestima, la motivación y la inteligencia emocional.
En el país varios autores también han trabajado la temática; así González Rey y Mitjáns Martínez (1989) lo abordan como intereses profesionales. Lo consideran una formación psicológica que presupone la elaboración personal del proyecto profesional asumido. Integran los conocimientos y las principales emociones vinculadas con las necesidades y los motivos que se expresan en la tendencia orientadora hacia la profesión. Como formación psicológica distinguen su carácter motivado y complejo, expresión de la unidad de lo cognitivo y afectivo-motivacional, donde el contenido reflejado en el nivel de información, las elaboraciones y las alternativas que el sujeto se plantea permiten la integración de este a los proyectos personales, y a la personalidad operar de manera consciente.
En el mismo orden González (1989) hace un aporte significativo. Lo relaciona con la inclinación cognoscitivo-afectiva de la personalidad hacia el contenido de la profesión que en sus formas primarias de manifestación funcional refleja los intereses cognoscitivos hacia el estudio de la profesión, y en las más complejas, las intenciones profesionales. Distingue tres niveles de integración funcional (superior, medio e inferior) donde las intenciones profesionales son el nivel superior de desarrollo del interés profesional en el cual se establecen metas y objetivos de carácter mediato, se realizan elaboraciones significativas sobre el futuro desempeño profesional y esfuerzos volitivos complejos. Destaca el potencial regulador del contenido de la profesión, aspecto de interés para este estudio; aunque no define cuál debe ser.
En su propuesta de desarrollo profesional creador D’Angelo (2002b) lo entiende como la dirección que asume el proyecto de vida en la actividad profesional, a partir de la conformación de una dimensión general de la vida profesional (desarrollo de la perspectiva profesional), que expresa el marco referencial más amplio de ubicación de la profesión en el contexto social y personal de los proyectos de vida. Puntualiza cómo el proyecto de vida profesional puede concatenarse armónicamente con el resto de los proyectos personales o presentarse en conflicto, lo cual demanda el papel creativo y flexible del sujeto (D’Angelo, 2002a). Hace una distinción entre los componentes esenciales de los planes vitales profesionales en el contexto de la relación con la profesión (la historia profesional, la valoración del trabajo y ocupación, los planes vitales de desarrollo profesional), y los componentes de los proyectos de vida en el contexto de la persona (los factores sociales y psicológicos contextuales seleccionados de la esfera profesional y los proyectos de vida individuales) (D’Angelo, 2004). Lo asume como una dimensión de la vida, que solo adquiere sentido en la configuración total del proyecto de vida de la persona, y que valoriza la profesión en el plano social y personal. Si bien invita a profundizar en el tema, lo analiza como una condición de temporalidad pasado-futuro, por lo que obvia la relación con el presente y su papel en la regulación del comportamiento escolar.
Desde el año 2002, Domínguez junto a otros autores realiza estudios sobre proyectos profesionales. Los define como la elaboración cognitivo-afectiva del sujeto en cuanto a sus expectativas de desarrollo personal en la esfera profesional y del aporte social que espera brindar a través de su desempeño. Estudia la categoría mediante los indicadores: contenido del proyecto, elaboración de estrategias, temporalidad y previsión de obstáculos. Esta autora destaca el papel de lo cognitivo y lo afectivo en el proyecto de vida profesional, y describe su contenido en relación con las necesidades y los motivos.
Bajo su asesoría se han llevado a cabo varias investigaciones sobre el tema. Se puede mencionar el estudio de Domínguez García y Reyes Vázquez (2015) quienes investigan a jóvenes realizadores de audiovisuales, donde identifican que los contenidos están orientados hacia la realización profesional y el trabajo afín. Las estrategias en su generalidad se encuentran estructuradas de forma parcial, la temporalidad es concebida en un plazo no definido, y en la previsión de obstáculos prevalecen los obstáculos externos.
Otro autor que ha incursionado en el tema es Meléndez (2005) para quien representa una estructuración e integración general de la personalidad que encauza las direcciones de esta, en un conjunto de motivos profesionales, de manera flexible y consistente, en una dimensión temporal futura, a mediano o largo plazo, que organiza las principales aspiraciones y realizaciones profesionales de la persona a través de estrategias para sus respectivos logros. Propone el desarrollo de proyectos profesionales en estudiantes de formación emergente de primer año de la carrera de profesor general integral de Secundaria Básica a partir de talleres pedagógicos, como forma de intervención educativa, donde se elaboran los objetivos a alcanzar, las metas, las vías y los medios para lograrlos, las condiciones que favorecen o limitan la ejecución del plan, y la organización del tiempo. Destaca el carácter sistémico y consciente del proyecto de vida profesional y su perspectiva a mediano y largo plazo; aunque no valora su papel a corto plazo en la regulación del presente.
Por otra parte Arzuaga (2009) lo define como una configuración personológica que integra formaciones psicológicas motivacionales y autovalorativas de la profesión que se articulan con planes de desarrollo profesional y expresan la dirección de la autorregulación comportamental presente y futura, en un momento y contexto social determinados. El concepto que plantea se particulariza en dos dimensiones básicas: la orientación valorativo-motivacional hacia la perspectiva de formación y desarrollo individual en la esfera profesional, en articulación con el modelo del profesional a alcanzar. Elabora una metodología para la formación de proyectos de vida profesionales en estudiantes de la licenciatura en Educación Técnica y Profesional mediante la influencia de los agentes educativos (profesor guía y tutor), a partir de la reflexión y la toma de decisiones autodeterminadas sobre los objetivos a alcanzar, la elaboración de planes de acción individuales y grupales, la reorganización (restructuración o relaboración) y la realización de estos. Esta autora resalta la relación temporal presente-futuro, los elementos estructurales, la importancia del contexto, del modelo del profesional y de la integración de lo académico, lo laboral y lo investigativo, presupuestos que se tienen en consideración.
En el caso de Garbizo Flores, Ordaz Hernández y Santana Ges (2014) esbozan la formación del proyecto de vida profesional a partir de la construcción de metas importantes en el plano personal y social, sustentadas en valores coherentes con el proyecto social cubano y el modelo del profesional, donde el año académico es la célula del trabajo educativo en este nivel. Siguiendo esta idea Garbizo Flores y Ordaz Hernández (2016) proponen una estrategia educativa que integra un sistema de acciones que tributan a su formación en jóvenes universitarios a partir de la articulación entre los objetivos que se trazan en su vida profesional y la labor educativa de tutores y profesores, en las dimensiones del proyecto educativo de brigada (curricular, sociopolítica y extensionista), articuladas en el trabajo individual y grupal. Estas autoras resaltan la posición activa de los estudiantes en su formación personal y profesional-social; pero no tienen en cuenta la escolar ni se registra una definición de la categoría.
En el análisis epistemológico realizado queda claro cómo la categoría ha sido abordada; pero aún son insuficientes los pasos dados en lo relativo a la definición de su contenido, su estructuración, y su orientación. Las investigaciones revisadas muestran la necesidad de profundizar en el proyecto de vida profesional, como formación psicológica que condiciona la existencia del sujeto con una implicación personal elevada en la profesión. Aunque comienza a formarse en las etapas tempranas de la vida con la influencia de los principales agentes socializadores (familia, escuela, grupo) a través de los juegos de roles, el ejemplo de los padres, la orientación vocacional y profesional, el desarrollo de intereses, ideales y motivaciones, ya en la formación inicial se define, enriquece y constata durante la regulación del comportamiento. Esto exige que se profundice en la orientación como forma de lograr su formación en el proceso docente.
Este proceso resulta útil para encauzar el desarrollo de las potencialidades del sujeto para la regulación y autorregulación de la personalidad. Esta cuestión es bien tratada desde el punto de vista psicológico; sin embargo, en la actualidad la pedagogía tiene la intención de revelar el papel activo-reflexivo del sujeto en la formación de las cualidades psicológicas que se forman durante el aprendizaje, y lo mediatizan. Asimismo hay que continuar la reflexión sobre las dimensiones, los niveles y los espacios de orientación. Su investigación y su solución contribuyen a perfeccionar el proceso pedagógico desarrollado por los docentes en el contexto educativo.
Conclusiones
El estudio de los fundamentos teóricos evidencia la importancia de profundizar en el tema desde una visión compleja, holística y sistémica en articulación con el contexto histórico-social. Los antecedentes teóricos abordan el proyecto de vida profesional como contenido personológico que regula el comportamiento del sujeto; sin embargo muestran la necesidad de su reconceptualización y de valorar la orientación como proceso que potencia las cualidades psicológicas, y permite una mejor adaptación del individuo a la sociedad.

 

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