Vol 1. Núm 2. 2013
ACOMPAÑAMIENTO VS INTERVENCIÓN. NATURALEZA DE LOS CAMBIOS EN LA COMUNIDAD
Martha Alejandro Delgado Centro “Martin Luther King, Jr.” (CMMLK) Cuba
Resumen
En el presente trabajo la autora narra la experiencia cubana de trabajo comunitario realizada en el “Centro “Mar-tin Luther King” (CMLK), asociación civil cubana que desde l995 realiza un programa de formación de educado-res y educadoras, y de acompañamiento a experiencias locales que funcionan desde una concepción de tra-bajo educativo en la que se desarrolla un programa de formación y comunicación para la participación y la solidaridad.
Abstract
In this paper the author narrates the Cuban experience of community work done in the "Martin Luther King Center" (CMLK) Cuban civil partnership since l995 makes a training program for educators, and accompanying local expe-riences that work from a conception of educational work in which a program of training and communication for par-ticipation and solidarity.
Palabras claves
educación popular, formación, grupo, popular education, training, group

Voy a intentar contribuir a este diálogo desde un lugar concreto, desde la experiencia cubana de trabajo comunitario en la que participo en el CMLK, asociación civil cubana que desde l995 realiza un programa de formación de educadores y educadoras y de  acompañamiento a experiencias locales que funcionan desde esta concepción de trabajo educativo, donde se desarrolla un programa de formación y comunicación para la participación y la solidaridad. Desde el año 1995 en la formación de multiplicadores/as de la concepción y metodología de la educación popular ha participado un público diverso de la mayoría de las provincias del país: docentes, investigadores, delegados del poder popular, líderes comunitarios, miembros de los talleres de transformación integral del barrio, promotores/a culturales interesados/as en perfeccionar sus prácticas de trabajo social y comunitario.
Mi entrada a esta institución en el año 1995 me permitió reencontrarme con la Educación popular en su profunda relación con la Psicología social comunitaria. Los aprendizajes en el terreno de la formación, el acompañamiento a experiencias comunitarias, me llevaron a ratificar que la educación para la participación era esencial para que los grupos y comunidades pasaran de ser objeto de las acciones del trabajo comunitario (intervención) a sujetos de estas. Una concientización que parte de los sentidos y las prácticas concretas de los grupos humanos, que desde su reconocimiento crítico van a incorporar, fortalecer o constituir nuevas subjetividades, nuevos sentidos y prácticas más solidarias y humanas
Por tanto, la labor que realizamos educativa y de acompañamiento a las comunidades enfatizan, en la transformación de las subjetividades individuales y colectivas, en dinamizar las capacidades y potencialidades para asumir de manera responsable, autónoma y creativa las acciones y estrategias de trabajo colectivo. Mantenemos la mirada atenta a todo aquello que pueda reproducir concepciones asistenciales y moldeadoras de comportamientos humanos y que puedan frenar acciones transformadoras en las personas y comunidades con las que trabajamos.
Hago esta presentación porque creo que es importante contextualizar, situar las palabras y las reflexiones que me gustaría compartir con ustedes en el contexto, los referentes fundamentales y acciones las permiten enunciar, comprender y sostener.
Me gustaría invitarlos/a a compartir parte de este recorrido que he hecho junto a personas del CMLK, a diversas comunidades que he tenido el placer de acompañar y ser acompañada.  Retomo vivencias, imágenes, sueños, interrogantes y reflexiones fruto de los intercambios sostenidos en todos estos años.
Orientación/acompañamiento acción comunitaria
La vida cotidiana de los seres humanos y las relaciones que establece con los demás pueden ser generadoras, propiciadoras o no de su crecimiento personal y grupal. La orientación psicológica puede propiciar cambios en las percepciones y actitudes de las personas respecto a sus maneras de vivir y relacionarse en las comunidades de las que forman parte y en la búsqueda de caminos que promuevan el protagonismo de las comunidades en la investigación de alternativas de respuestas a los problemas que enfrenta.
El acompañamiento al trabajo comunitario que realizamos, desde la perspectiva de la educación popular y la psicología social comunitaria, se propone contribuir a descubrir los códigos de actuación que subyacen a la cultura de la dominación y contribuir a la emergencia y consolidación del protagonismo de los sujetos.
Intenta dialogar, buscan subvertir las actitudes autoritarias, dominadoras, verticalistas, asistencialistas y descubrir los sentidos y las razones que las alimentan. Y, persigue  poner al descubierto acciones que pretenden lograr determinados cambios en las personas desde la imposición, el miedo o la seducción. Además, hacer visibles los prejuicios generacionales, de género, de raza  y cualquier actitud discriminatoria ante los diferentes.
Desmontar ese imaginario es fundamental, independiente de su expresión numérica, y poder avanzar hacia una auténtica práctica de la emancipación humana, del diálogo, de la apuesta al adecuado uso del poder y del saber, tanto entre los equipos gestores, miembros de la comunidad.  Hay una base fuerte en propiciar la sustentabilidad de las transformaciones en oposición a otras prácticas de orientación más centradas en el rol de los especialistas.
Principios gnoseológicos fundamentales de la educación popular es la construcción colectiva de conocimiento, considerar que el proceso de conocimiento es una unidad dialéctica entre acción-reflexión y acción. No se sobrepone la teoría ante la práctica, ni su contrario sino la relación entre práctica y teoría. Reconoce la imposibilidad de que nadie los sepa todo, ni que nadie lo ignore todo. El que menos informado parezca es un experto de su cotidianidad y esa experticia tiene un enorme valor social, político y humano.
Dentro de los principios pedagógicos están: el diálogo de saberes, el valor de los conocimientos populares y considerar que tanto el educador como los educandos tienen siempre algo que enseñar y algo que aprender. Esta corriente de pensamiento no reconoce un único saber como válido, ni descalifica el saber popular ni las culturas populares; todo lo contrario, reconoce como punto de partida de todo aprendizaje el saber común, pero no se queda en él, sino que lo pone a dialogar con otros saberes para enriquecerse mutuamente.
El camino comienza con el trabajo en grupos e intenciona su cohesión, cultura favorable de trabajo, la co-responsabilidad y la reconstrucción de las prácticas, para lo cual es fundamental el diálogo con las diversas visiones, estilos y sentidos de la comunidad que reflexiona en torno a su experiencia.
Desde el prisma de la concepción participativa se profundiza en problemáticas específicas como: comunicación, la integración grupal, la planificación y el diagnóstico participativo, el diseño de acciones y la conducción democrática.
Trabajamos desde diseños (guías metodológicas) que intentamos sean coherentes con lo anteriormente expresado: flexibles a los cambios, intencionan la participación y el intercambio (se comparten sentidos, valores, finalidades, el trabajo de subgrupos diversos), la articulación y la multiplicación (acciones conjuntas que trascienden los espacios de aprendizaje). Se intenciona el trabajo en equipo y la construcción colectiva de conocimientos, el respeto a los saberes diversos, el enfoque holístico, desde una lógica dialéctica: práctica-teoría-práctica renovada y una lógica del aprendizaje: de lo más cercano hasta lo más alejado, de lo más difícil a lo más complejo, de lo individual a lo grupal.
El proceso y los cambios dependen de las particularidades de cada grupo y de nuestras propias energías y creatividad como especialistas y de una atmósfera de funcionamiento y cultura grupal que la promueva, una mirada orientada al cambio favorable, que se favorece desde la propia convocatoria. Es una aventura que requiere amor y corresponsabilidad.
Se dedica bastante tiempo a la integración del grupo y encuadrar cada sesión de trabajo y las etapas sucesivas. Se elaboran normas grupales y se hacen evaluaciones participativas del proceso grupal. Ante cada nuevo contenido o asunto se parte de la prácticas concretas de los sujetos, su análisis crítico, la confrontación con determinados textos, no como verdades para poner en práctica, sino para dialogar con ellos y retomar lo que se considere pertinente. Se emplean otros recursos: literarios, audiovisuales, música, poesía, teatro, dramatizaciones, lúdicos. La convivencia, la apelación a la razón, pero también a los afectos y la corporalidad son importantes en los cambios en la subjetividad y ensayar en pequeños espacios lo que se aspira vivir o promover las discusiones grupales, como el debate sobre fragmentos de películas. Impactante son las reflexiones y vivencias que provocan en el tema de diversidad la película Fresa y Chocolate, y en el de las mediaciones el Lado oscuro del corazón. Ya he pensado en emplear la más reciente película cubana que vi, Boleto al paraíso, para temas diversos.
Nos apoyamos en recursos lúdicos y en el humor, por ejemplo, para destituir jerarquías, para desorganizar falsas solemnidades. Jugar y jugarnos, descreer y creer, desafiar la dominación y la subordinación de nuestros propios cuerpos es un reto permanente. Se enfatiza en el procesamiento práctico y vivencial de los asuntos tratados, donde el nivel existencial y afectivo, aparece con el aspecto cognoscitivo y resulta inseparable de él.
Nos dejarnos interpelar por las demandas, necesidades y particularidades contextuales de cada comunidad y grupo con los que trabajamos, sin perder de vista los objetivos de estos encuentros. La idea de la transformación misma debe partir de la concientización de su necesidad por parte de al menos algunos miembros de la comunidad, que mediante un proceso de orientación/acompañamiento pueden facilitar el inicio de los cambios.
La orientación en la acción comunitaria debe tomar en cuenta que:
•    Una cultura de valores de sólido fundamento en el colectivo social. En la medida que se cultiven, asuman y socialicen se convierten en un semillero que estarán contribuyendo a erradicar causas más que a solucionar problemas
•    La orientación en el espacio comunitario debe propiciar entre las diferentes personas relaciones más justas, solidarias e inclusivas. No hay cambios si estos no se llevan adelante de manera conjunta por los distintos miembros de los grupos.
•    Trabajar desde esta perspectiva impone desentrañar los modos de apropiación que los distintos actores tienen de las experiencias acumuladas, del sentido del cambio y de las formas de circulación del poder. Por eso, el diálogo resulta imprescindible para este espacio. Y es el punto de partida que nos permite construirnos y re-construirnos como persona, grupo y sociedad en sentido general.
•    No es la suma de instituciones o personas que favorecen las transformaciones colectivas sino el tipo de vínculos que mantienen y las metas que los mantiene juntos. Incluye los altos niveles de confianza, las formas de cooperación y sinergias, el interés por el bienestar común, además de comportamientos que contribuyan al beneficio colectivo. Es un proceso que implica desarrollo humano, comprende la conducción, ejecución y evaluación con plena participación. Incluye sueños y esperanzas, dudas y vivencias.
•    La comunicación horizontal, el sentido de pertenencia, la ayuda mutua, y las prácticas colectivas autónomas hacen que los propios miembros sean los principales beneficiarios de sus acciones.
Comunicación y orientación psicológica
Cuando nos referimos a la relación entre comunicación y prácticas de orientación psicológica, preferimos utilizar el concepto de procesos comunicacionales, que guarda coherencia con la visión que se apoya sobre todo en las visiones y en las interacciones entre los sujetos que son sus actores. La comunicación atraviesa todos los espacios de la vida de los sujetos en la sociedad.
La comunicación involucra al ámbito concreto en que se desempeñan sujetos individuales y colectivos y al contexto en el que los actores se encuentran insertos. Tiene que ver con nuestros gestos, con la forma de ejercer el poder y la autoridad, con la manera de informar, con la disposición de los espacios, con lo que producimos, con las presencias y con las ausencias, con las decisiones.
La comunicación ha probado ser una herramienta de valor incalculable en esta tarea de dar a conocer muchas problemáticas con la que los grupos y comunidades se enfrentan pero ante las que no siempre encuentran la mejor solución. Hace visible aquello que cotidianamente no lo es.
Pero dado que comunicar es generar sentido, remitir a un significado que se hace común, esto implica que no se limita a la transmisión de información por parte del orientador/a. El sujeto de la comunicación es la propia comunidad, la misma etimología de comunicación, alude a la puesta en común.
La reiteración de esta aparente obviedad responde a que muchas veces no es tal ni es en general tenida en cuenta por todo el mundo. La orientación tiene un protagonista: el destinatario, el interlocutor, “el receptor”. Lógicamente, el mensaje tiene que haber sido generado por alguien, y esto no le resta importancia a la labor de orientación, pero la mera configuración, y aún el envío de un mensaje no es comunicación todavía. Hay comunicación cuando un significado, o al menos una parte de él, se hace común.
El trabajo de orientación, de acompañamiento en este caso, no se limita a acciones aisladas, es un proceso de formación, que parte del propio quehacer del trabajo comunitario. Aprovechar cada acción para aprender de todos/as, para adquirir saberes, pero también valores, criterios, ideas y sueños. Contempla el proceso de expansión de capacidades humanas, individuales y colectivas, orientado a satisfacer las necesidades humanas: participación, afecto, identidad, libertad, la expresión libre de criterios, relaciones de respeto y solidaridad
El ser humano cuando se reconoce en la comunidad, comparte y crea identidad, lenguaje, usos y costumbres, cultura. En esta perspectiva, buscamos descubrir la interiorización de la cultura de la dominación, que oprime y disciplina los cuerpos, ideas y deseos, y en promover la emancipación colectiva e individual y nuestra coherencia con ella en nuestras prácticas.
Es en la vida cotidiana donde se organizan estas relaciones. Serán experiencias de subordinación o de emancipación, de competencia o de cooperación, de domesticación o de rebeldía, de remodelación o de transformación.
Recuperar la vida humana, implica desafiar también las marcas y cicatrices que la vida cotidiana deja en nuestras subjetividades, como el machismo, el racismo, el culto a las jerarquías. No podemos evitar auto-reconocernos como sujetos que transitamos la vida en medio de tensiones. Ser orientador/a es una tarea altamente compleja, es jugar el papel de facilitador del diálogo, articulador de saberes, no siempre comunicados ni conocidos, entre actores diversos y plurales. Acrecienta la responsabilidad ética con su apego a la necesaria pluralidad de voces que están en la base misma, la capacidad de escucha, con ponerse en el lugar del otro/a, con la coherencia entre los que decimos y hacemos, muchas veces proclamado y pocas veces efectivamente cumplido.
Los orientadores/as se esfuerzan por propiciar la creación, desarrollo y mantenimiento de un clima que facilite el encuentro interpersonal a niveles más profundos y significativos que los que ocurren en la vida ordinaria. La apertura de cada persona, es un elemento esencial para el progreso hacia una comunicación efectiva, esto ocurre en situaciones en las que no perciben amenazas en contra de su autoestima ni consecuencias posteriores cuando se expresan, constatando que sí es posible establecer relaciones auténticas, profundas y significativas.
La actitud positiva, la empatía y la congruencia de los/as orientadores/as influye en la comunicación grupal. Cada participante establece con cada persona relaciones que varían de intensidad, nivel de confianza y afecto en intimidad. En la medida que es capaz de lograrlo en el pequeño grupo, estará más preparado para generalizar su aprendizaje en la comunidad.
Desde el primer contacto que se tiene con el grupo se estimula su participación en las decisiones: se recogen expectativas, se comparten los objetivos y se forman comisiones de trabajo. Es muy importante que desde el inicio cada miembro perciba de manera clara directa el interés por incluirlo en el proceso y facilitar que asuma sus responsabilidades personales. Los grupos son heterogéneos, y es posible que al inicio el proceso sea más lento y en momentos confusos para algunos, pero el deseo de reconciliar diferencias y llegar a soluciones creativas que los representen aumenta paulatinamente.
Es importante evitar la crítica inoportuna y la descalificación de los puntos de vista de la persona. Es necesario dar tiempo suficiente para la exposición de diferentes ideas.
Es preciso, por el contrario, que desde el comienzo del proceso vaya quedando claro que, aunque diferentes entre sí, quien orienta, acompaña, forma se forma, y reforma al formar, y quien es formado se forma y forma al ser formado.
En este sentido orientar no es transferir conocimientos, contenidos, ni es la acción por la cual un sujeto creador, da forma, estilo o alma a un cuerpo indeciso y adaptado. Por lo otro lado intervenir también es discutible, pone el acento en uno de los polos de la relación, en este caso la del especialista. La solución no se encuentra en los manuales de los intelectuales.
Ninguna orientación puede hacerse distanciada de las emociones y sentimientos que promueve, sin el reconocimiento del valor de la creación y de la intuición.
La dignidad de cada uno es un imperativo ético y no un favor que podemos o no concedernos unos a otros. El orientador/a que menosprecia el gusto estético, la inquietud, el lenguaje, la forma de expresarse de las personas; que las minimiza, la discrimina, que la trata con ironía, que la inhibe con arrogancia, transgrede principios éticos fundamentales de nuestra existencia. No sirve, a no ser para irritar, hablar de democracia y libertad, pero imponiendo la voluntad arrogante del que habla.
El esfuerzo por disminuir la distancia entre el discurso y la práctica, lo veo permanente. Es una de esas virtudes indispensables y difíciles: la coherencia.
El acompañamiento debe responder a las necesidades y estilos culturales de la comunidad y establecer participativamente estrategias de seguimiento para que los cambios que produzcan puedan tener carácter de permanencia: acciones, grupos gestores, promover iniciativas propias y sentido de responsabilidad, las formaciones de multiplicadores y formadores.
¿Todos somos iguales?
Es ingenuo y equivocado pensar que el orientador/a tiene un rol particular, en especial contribuir positivamente para que las personas vayan siendo artífices de su transformación, con el acompañamiento necesario de él y el resto de las personas.
Si trabajo con niños/as y adolescentes debo estar atento a la difícil travesía o senda hacia la autonomía, atento a la responsabilidad de mi presencia que tanto puede ser auxiliadora como convertirse en perturbadora en este propósito. Con adultos/as debo estar no menos observante con respecto a lo que mi trabajo pueda significar como estímulo o no, a la ruptura necesaria de algo que está a la espera de la superación.
Antes que todo, mi posición debe ser de respeto a la persona que quiera cambiar o se niegue a hacerlo. Eso no quiere decir que pueda propiciar que tome conciencia de la necesidad de avanzar en determinados aspectos. Es importante saber escuchar, se afirma que “solo propicie quien escucha pacientemente a otro, habla con él.

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