Vol 8. Núm 22. 2020
LA INDIFERENCIA SOCIAL Y SU RELACIÓN CON EL TEMOR AL CAMBIO
Armando Sánchez Gutiérrez Cocytieg, Conalep. Zihuatanejo., Gro. México
Resumen
La indiferencia y su relación con el temor al cambio. Desde una interpretación teórica del psicoanálisis social se buscan establecer las coincidencias entre la influencia ideologizada de los medios de información con la obediencia cómplice e incondicional previa a las elecciones. Mediante una investigación bibliográfica se analizó el pasado proceso electoral de nuestro país, y como se logró romper con el cerco propagandístico. El objetivo del trabajo es, por tanto, el análisis de la influencia ideologizada que ejercen los medios de información en la población. Como resultado se observa, que podemos concluir que la indiferencia mostrada ante los compromisos sociales ha sido responsable en buena parte del desastre socio-cultural en nuestro país y de ello, el paradigma económico, al ser un sistema inhumano y depredador, no es ajeno.
Abstract
Indifference and its relation with the fear of change. From a theoretical interpretation of the social psychoanalysis will seek to establish coincidences between the ideologized influence of media with obedience accomplice and unconditional election. Through a bibliographical research analyzed the last electoral process in our country, and how it managed to break with the propaganda surrounding. The objective of the study is, therefore, the analysis of the ideologized influence that have media in the population. As result we see, that we can conclude that the indifference to the social commitments has been responsible in most disaster socio-cultural in our country and this, the mainstream economic paradigm, is no stranger, being an inhuman system and predator.
Palabras claves
Indiferencia, cambio, sociedad, ideología y eros, indifference, change, ideology and eros

La indiferencia y su relación con el temor al cambio
La indiferencia no es un principio, es un final.
Y, por tanto, la indiferencia es siempre amiga del enemigo,
beneficia al agresor, nunca a su víctima,
cuyo dolor se magnifica cuando él o ella se siente olvidado.
Elie Wiesel

A manera de introducción
La alegría basada en la esperanza de un cambio de las condiciones económicas, ha sido la respuesta preferente de una mayoría de la sociedad mexicana después del triunfo de la oposición en las pasadas elecciones presidenciales. La misma que se estructuro alrededor de dos deseos: De inicio, la necesidad de generar un cambio y en consecuencia el querer que a nuestro país le vaya bien, principalmente en el ámbito económico. Ahora bien, mirando este panorama comunitario desde un enfoque político, se considera que el avance de las sociedades se basa en la participación de sus miembros que tienen como objetivo común regular la relación entre la sociedad civil y las instituciones gubernamentales, tal como lo señala Slavoj Zizec, y así lo queremos abordar.
De inicio, se plantea que, a pesar de la magnitud del trabajo ideológico realizado por los grupos económicamente fuertes que continúan conservando el control de los medios de información, los mismos que han buscado disolver estos vínculos de relación social, con consecuencias de generar una sociedad clasista, se logró un triunfo electoral de la oposición. Lo cual nos lleva al cuestionamiento, ¿cómo se logró echar abajo este cerco ideológico?, en torno a dicha inquietud gira nuestro trabajo.
Ahora, que estamos ante la posibilidad de modificaciones socio-culturales, consecuencia de cambios en la estructura psíquica de los ciudadanos, por la misma razón, no podemos dejar de cuestionarnos, de inicio, ¿Qué estrategias de control social para conservarlo, practicaron quienes lo tenían? Y ¿Cómo se logró contrarrestar dicha influencia ideológica?
Si bien, a estas alturas aún existen grupos entronizados en el poder, como se mencionó previamente, los mismos que se resisten a un cambio que limite sus privilegios, no solo en términos económicos, tanto como de oportunidades desarrollo, estamos ante el gran reto de sentar las bases para que esas mayorías hasta antes de las elecciones presidenciales, en la pasividad e indolencia ante la situación catastrófica que aún vive el país, adquieran un papel comprometido con su devenir, lo cual nos obliga como estudiosos de la dinámica comunitaria a buscar entender la etiología de las relaciones sociales contemporáneas, al igual, de los mecanismos anímicos que los generan, los mismos que nos expliquen cómo se van generando dichos fenómenos con sus particularidades contextuales.
Siguiendo este orden de ideas, sin dejar de lado la abstención electoral que se hizo presente, del condicionamiento de votos y el intento de manipulación de los votantes, debemos mencionar que la cohesión social inesperada, la preocupación por la situación económica y cultural, hay que mencionar, además que la esperanza ante la posibilidad de un cambio a través de las urnas se hizo presente.
De ahí que, buscamos con este trabajo, enfocarnos en discernir la relación entre la influencia ideologizada de los medios de información con la obediencia cómplice e incondicional antes de las elecciones, y posteriormente, respondernos, ¿cómo se logró trascender dicho condicionamiento?, todo ello, visto desde una perspectiva del psicoanálisis social.
No obstante, que dicho movimiento social, logró imponerse de manera amplia en las urnas, nos queda el compromiso de entender la dinámica social y por ende subjetiva, que nos plantea la pregunta de la etiología de la indiferencia en el lazo social que permitió durante muchos años perpetuarse en el poder a aquellos que orientaban la ideología de la sociedad. Sumado a ello, en términos generales, se hace necesaria una reflexión epistemológica sobre los mecanismos que permitieron romper con el peso de una campaña ideológica basada en el temor al cambio que han permitido mantener las condiciones de desigualdad en México.
En consecuencia, con el mejor ánimo de encontrar respuestas a nuestras interrogantes mediante las aportaciones del parricidio y la civilización de Freud, el enfoque psicoanalítico de Lacan, la función de la ideología vista por Zizec, además, Lipovetsky y su enfoque ideológico, de ahí que, partimos de la idea de que la indiferencia con el otro, y estructurando la relación del sujeto con el goce, tal como lo plantea Slavoj Zizec, nos permitirá dar luz a las interrogantes, lo que nos posibilita incorporar las aportaciones de Herbert Marcuse… es así como iniciamos el estudio.
Desarrollo del trabajo
Iniciemos con este planteamiento, ¿Por qué desde el enfoque psicoanalítico? Veamos que nos dice Jacques Lacan, acerca de dicha perspectiva psicológica; en tal sentido, parte de la idea de que este método que tenía como objetivo la investigación y tratamiento de las enfermedades mentales, no es en principio una teoría y una técnica que se limita al tratamiento de perturbaciones psíquicas, sino un sustento epistémico que le da vida a una práctica que saca a flote la influencia de los factores inconscientes en las actitudes y conductas de los seres humanos. Y así lo expone Zizec: “la meta del tratamiento psicoanalítico no es el bienestar, una vida social exitosa o la satisfacción personal del paciente, sino lograr confrontarlo con las coordenadas y los atolladeros elementales de su deseo” (2002: p. 13).
Del mismo modo, ya enfocados al tema de la indiferencia, ¿cómo podemos explicar su génesis y la influencia que ha ejercido en el terreno no solo electoral, sino de manera general en la sociedad? Profundicemos en ello, analizando la teoría del parricidio.
El parricidio y la civilización (Freud)
De inicio, para poder dilucidar sobre la temática presentada, se considera pertinente analizar, la génesis de sociedad desde la perspectiva freudiana, tal como lo plantea en el el malestar en la cultura, idea que gira en torno de dos supuestos básicos: la convivencia entre el individuo y la sociedad es irremediablemente conflictiva: ya que tal como nos muestra la historia de la humanidad, no importa la forma de organización social, ni el momento o el espacio, las disputas y agresiones se hacen presente, lo cual nos obliga para convivir a renunciar a instintos que de ser satisfechos, harían imposible la integración comunitaria, de ahí la pregunta, ¿Cómo se puede generar la integración social, si la sociedad impone restricciones instintivas? Y a ello le sumamos el segundo factor: la cultura es del orden del síntoma, las cuales son manifestaciones inconscientes del ser social, factibles de ser interpretados, de los cuales los rituales sociales, el arte, la religión, se les considera expresiones similares a los síntomas neuróticos siendo el resultado de liberar síntomas inconscientes producto de la represión social de los instintos… Y así, Freud nos lo hizo saber en Tótem y tabú.
Un día, los hermanos expulsados se aliaron, mataron y devoraron al padre, así pusieron fin a la horda paterna… el violento padre primordial era el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos. Y ahora, en el acto de la devoración, forzaban la identificación con él, cada uno se apropiaba de un fragmento de su fuerza, El banquete totémico, acaso la primera fiesta de la humanidad, sería la repetición y celebración recordatoria de aquella hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzo tantas cosas. Las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión (Freud, 1988: p. 143).
A continuación, siguiendo con la temática, analicemos el tema central… ¡Hacer como si nada para producir nada! (Moreno, 2014: p. 35)
El papel de la Indiferencia
Ahora bien, ¿cuál es la perspectiva teórica de la indiferencia?, esto visto desde la mirada de Sigmund Freud, en el Manuscrito K, considera que la etiología de la histeria, es consecuencia del avasallamiento del yo, resultado de una gran tensión psíquica, producto de una experiencia displacentera… Es tal el poder de dicha influencia que el Yo no puede defenderse con sus mecanismos de defensa y recibe tal descarga psíquica. Así lo precisa Freud: “Se puede definir el primer estadio como histeria de terror; su síntoma primario es la exteriorización de terror con lagunas psíquicas”. (Freud, 1988: p. 16).Por lo que considero, la excesiva carga emocional a la que se enfrenta el yo, desarticula su función de unificación, que afecta su sentido de las representaciones.
En el mismo tenor, podemos incorporar lo que nos dice Imre Kertész, en Un instante de silencio en el paredón. El holocausto como cultura, quien nos ejemplifica…
¿Qué es la indiferencia? En principio, dicho fenómeno actitudinal se nos muestra dotada de una contundente potencia de anulación del otro, puesto que los acontecimientos del prójimo, son simplemente omitidos; una firme voluntad de ignorancia los mantiene en una suerte de limbo deshabitado y desafectado: “¡Eso no me interesa!”, “¡Ese no es asunto mío!”, “Problema de ellos” (2002: p. 41).
En el mismo sentido, Levi, busca desentrañar aquellos factores que van conformando la indiferencia
La cara de la máscara, podemos ahora reconsiderar el recorrido hasta acá transitado, pues en el trayecto notamos que, en ocasiones, la indiferencia puede ser más bien la máscara tras la cual se agitan potentes afectos e intereses: el miedo de ser visto en un gesto condenable por los detentores del poder, pues una proximidad demasiado evidente podría conducir al mismo “funesto destino”; la connivencia, abierta o soterrada, con quien persigue y asesina, ya sea por credo ideológico o religioso, por lucro económico o por la combinación de estos fuertes motivos. Dicho de otra manera, los “como si” de la indiferencia, con todo y su eficacia mortífera, pueden ser pantalla, semblante desapasionado, de las ambiciones que en verdad gobiernan (Levi, 2011: p. 618).
Veamos aquí aparece un elemento que juega un papel importante, en la generación de las conductas y actitudes, siendo necesario de incorporar al análisis del tema que nos ocupa…La ideología.
El papel de la ideología
De inicio, para poder entender el accionar social, es pertinente conocer la función que tiene la ideología, en tal sentido Zizek, nos explica cómo se constituye dicha realidad socio-simbólica, y nos señala como el significante se va encadenando con otros elementos similares, de ahí que su función sea, “no ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino [en] ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real” (1998: p. 76).
Por lo tanto, analicemos, ¿Qué es la ideología? Se le considera un pensamiento con un razonamiento distorsionado, resultado de intereses particulares, la concepción ideológica se establece a partir de un proceso de justificación en argumentos y razones que no pone en duda, siendo susceptibles de ser reiterados una y otra vez, generando la detención del proceso de razonamiento y análisis, es pertinente hacer mención, su fijación en patrones de pensamiento a cubierta de toda crítica, dando lugar a menudo a estereotipos que se convierten en formas de conductas y actitudes.
Sí bien, tales estereotipos en el razonamiento ofrecen la mayor resistencia al cambio social, al detener el proceso de reflexión y critica que continuado podrían transformar las creencias colectivas.
En función de nuestra investigación, nos planteamos, ¿Cuál es la función social que cumplen? Dichos fenómenos, tienen el papel de perpetuar patrones de comportamiento que mantienen integradas una forma de personalidad y sostienen la cohesión de un grupo social. Los estereotipos en el razonamiento ofrecen la mayor resistencia al cambio social, al detener el proceso de reflexión y critica que continuado, podría transformar las creencias colectivas. Por lo tanto, nuestros deseos influyen en las ideas en que basamos nuestras creencias, del mismo modo, sucede en las creencias colectivas, la ideología no puede entenderse sin comprender la relación entre motivos y creencias.
Partiendo de esta idea, ¿cuál es la parte cuestionable de la ideología? En tal sentido, el psicoanálisis y específicamente Lacan, nos dice, que mediante la interpretación de los síntomas, las fantasías, el encuentro con lo real y la exposición de la inconsistencia del orden simbólico de la inexistencia del gran otro, te permiten interpretar de una manera no ideologizada la función de la ideología. Lo que nos permite entender que la ilusión no es resultado de un saber, sino de una realidad, de tal manera, entendemos la función de dicha ilusión que le da vida a la realidad. Idea que comparte Slavoj Zizek y la llama la fantasía ideológica, o la razón cínica, de donde surge su premisa: ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así, lo hacen. Continuando con el sustento teórico, ¿Qué nos dice Lipovetsky en tal sentido?
La desorientación cultural desde la perspectiva de Gilles Lipovetsky
Partamos del siguiente cuestionamiento, ¿Cuál es la etiología de este fenómeno social? Lipovetsky en su libro La Cultura-mundo, la confusión social, nos señala, “El mundo moderno está desorientado, inseguro, desestabilizado, no de manera ocasional, sino cotidianamente, de forma estructural y crónica. Y esto es nuevo”. (2011: p. 19).
 El autor aborda el tema desde la visión de la Confusión social y, nos presenta las características de un sistema hiper-capitalista, caracterizando una de sus consecuencias en la comunidad: la confusión, la misma que hoy ocupa el lugar que tuvieron las grandes ideologías que movieron al ser humano, dándole vida al desencanto y la incertidumbre que permea la sociedad hipermoderna, como la etiología de esa falta de compromiso social y por ende con el otro.
De esa manera, Lipovetsky se pronuncia de las causas como resultado de factores externos: la economía y el rompimiento de estructuras culturales, que fueron sostén de anteriores estadios sociales: “La confusión ha sustituido a la certeza dogmática de las grandes ideologías de la historia, en este contexto es donde aparecen el desencanto y la incertidumbre de los tiempos de la cultura-mundo”. (2010: p. 20). Y nos plantea de manera esquemática: “Época moderna: compromiso, época hipermoderna: la gran desorientación”. Aquí se incorpora un elemento a la discusión: la educación,al considerarla que no es ajena a tal estado al introyectar en el ciudadano valores mercantiles, a través de una curricula orientada a generar una sociedad consumista.
 Se considera que los cambios que hoy se viven han generado una cultura novedosa, han dejado de lado tradiciones tanto humanistas como literarias que sirvieron de guía al ser humano, donde el progreso marcaba el ritmo de vida; esta ha desaparecido, dándole paso a una sociedad donde la confusión permea las conductas y actitudes.
En el mundo ya nadie sabe a dónde va, los individuos caen en la espiral de la incredulidad y el escepticismo avanzado. Las iglesias ya no tienen la capacidad para regular creencias y prácticas comunes. La gestión de lo social y de la economía ha reemplazado a la utopía; ya nadie cifra sus esperanzas en el comunismo, pero el capitalismo globalizado es inseparable de la inseguridad y la angustia. Se desconfía de los políticos y de los partidos que caen en el descrédito; se mantienen los criterios que definen a la derecha y a la izquierda, pero cada vez son más fluidos. Incluso, Europa despierta desconfianza y ya no suscita sueños. Pasada la era moderna del compromiso, henos ahora en la época hipermoderna de la gran desorientación. (Lipovetsky, 2010: p. 22).
Lo que lleva a cuestionarse: ¿Qué ha pasado con los valores universales que durante siglos fueron el eje alrededor del ansia de progreso que le dio sentido de vida a la humanidad?, ¿dónde quedó ese cosmopolismo que alimentó la Europa ilustrada?, con valores como la unidad del género humano, de la libertad, tolerancia, el progreso y la democracia. A lo que Lipovetsky, responde: “En términos más amplios aún, el dinero soberano, el consumismo desatado, el universo superficial del ocio parecen fuerzas que destruyen los valores morales más elevados”. (2010: p. 24).
 El porqué de la desorientación. La diversidad de los medios de información a los que estamos expuestos, nos ha generado la ilusión de ser seres humanos comunicados, cuando en realidad ese torrente de datos e imágenes, no son analizados e incorporados a nuestra estructura cognitiva, lo que nos ha llevado a un estado de vacío y confusión, que es llenado por necesidades ficticias que se satisfacen con mercadería de “compra y tira”.
Es de sorprender, considera Lipovetsky, que pocas veces en la historia de la humanidad han tenido los individuos tantas razones para sentirse tranquilos por todo lo que les aporta la sociedad que ellos han creado. En momentos que tanto las necesidades y los deseos encuentran espacio para satisfacerse, ej.: prolongación de la vida, eficacia de la medicina, reconocimiento de la mujer en la sociedad, aumento del nivel de vida, bienestar cada vez más general, educación para todos, liberalización de las costumbres, una existencia facilitada por los adelantos de la ciencia y la técnica, se ha generado un mundo intensamente ansiogeno y depresivo. En el marco de la vida exuberante de un mundo que promete la felicidad de satisfacciones innumerables y siempre nuevas, cuaja una tremenda desorientación individual y colectiva”. (2010: p. 24).
El ciudadano está inmerso en una vorágine de declaraciones, expuesto a medios de información que buscan generar conductas y actitudes consumistas, ¿por qué esta no se puede considerar como conocimiento? ¿Cuál es la causa de esta confusión?, que en ciertos momentos de la vida el autor plantea se vuelve existencial.
Nunca habíamos tenido tanta información a la mano, nunca tanto conocimiento pormenorizado sobre el estado del mundo y nunca había sido tan frágil y confusa la comprensión del conjunto. Henos pues condenados a una desorientación desconocida, excepcional y al mismo tiempo planetario, tanto que es uno de los rasgos existenciales de la cultura-mundo (Lipovetsky, 2011: p. 20).
 El exceso de información ha generado dudas: ¿Qué ha pasado con la idea de un progreso social?, ¿De una sociedad más igualitaria?, filosofía que abanderaba el sentido del progreso humano, heredado de los griegos, hoy en este mar de confusión es cada vez más patente la carencia de valores universales que rijan la sociedad…
Sin embargo, los signos amenazadores que han ido de la mano de la modernidad en el camino del mayor bienestar estaban compensados por la esperanza, la fe, una promesa: precisamente la del progreso. Este bloque de optimismo y convicción se ha disuelto. Lo que compensaba la desdicha diaria (la fe en el futuro) se ha venido abajo (Lipovetsky, 2010: p. 25).
La confusión se ha convertido en indiferencia social, de la que de manera preocupante, la escuela no es ajena, situación que como docentes, nos convierte en partícipes del proceso social.
 La indiferencia crece. En ninguna parte el fenómeno es tan visible como en la enseñanza, donde en algunos años, con la velocidad del rayo, el prestigio y la autoridad del cuerpo docente prácticamente han desaparecido. El discurso del maestro ha sido desacralizado, banalizado, situado en el mismo plano que el de los mass media y la enseñanza se ha convertido en una máquina neutralizada por la apatía escolar, mezcla de atención dispersada y de escepticismo lleno de desenvoltura ante el saber. Gran turbación de los maestros. En ese abandono del saber lo que resulta significativo, mucho más que el aburrimiento, es la variable por lo demás de los escolares. Por eso el colegio se parece más a un desierto que a un cuartel, donde los jóvenes vegetan sin grandes motivaciones e intereses (Lipovetsky, 2010: p. 38).
Hasta aquí, los planteamientos parecen pesimistas, a pesar de que él considera que conocer estos mecanismos sociales que dan vida a nuestra cultura nos da la oportunidad, mediante la inteligencia y la imaginación, de crear una sociedad más democrática:
Una especie de venganza de la cultura que vuelve a dar a los individuos cierto dominio sobre su vida para contrarrestar la pujanza de los mercados globalizados; no se trata de “cambiar al mundo”, sino de civilizar la cultura mundo; hoy más que nunca, y pensando en el bienestar general, la cultura democrática está abierta y por inventar, movilizando la inteligencia y la imaginación (Lipovetsky, 2010: p. 31).
En esta oportunidad que visualiza, ¿cuál es la función social de los medios de información?, ¿Cuál es el papel del ciudadano ante los retos de los cambios sociales de una hipersociedad?, ¿Qué tipo de conocimiento generaran las instituciones sociales que son la base de la estructura social (familia, escuela y medios de información)? ¿Existen alternativas? Ahora bien, que nos dice Herbert Marcuse, sobre el tema.
Herbert Marcuse y su visión desde una perspectiva sociocultural
Miembro de la escuela de Frankfurt, considera que encontró en Freud una praxis que manifiesta como son los individuos, quienes inconscientemente reproducen e internalizan la represión de las sociedades capitalistas y comunistas, echando a perder toda revolución. En Eros y Civilización (1955), sintetizó el pensamiento de Marx y Freud, eliminando el pesimismo de El malestar de la cultura, descartando que toda civilización estuviera estructurada sobre la represión y el sufrimiento y así lo planteó:
El mecanismo de la angustia ante la muerte no puede ser sino el de que yo liberte un amplio caudal de su carga de libido narcisista; esto es, se abandone a sí mismo, como a cualquier otro objeto, en caso de angustia. La angustia ante la muerte se desarrolla, pues, a mi juicio, entre el yo y el superyó. (S. Freud, 1988: p. 2727).
Al igual que Fromm, cree que los dos instintos fundamentales de la teoría freudiana, Eros y Thánatos, no desembocan inevitablemente en sistemas opresivos. Al plantear que en el inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de instaurar una sociedad no represiva que se fundamente en la liberación de los instintos, mediante una auto sublimación del Eros; al considerar que todo producto y actividad cultural (arte, filosofía, trabajo, etcétera) evidencia un impulso inconsciente del hombre hacia la libertad y la felicidad, posibilitando al ser humano a instaurar una nueva sociedad no represiva, en la que no se produzca un superávit innecesario de trabajo, sin restricciones de la sexualidad, ni enajenación alguna, ello mediante la liberación de aquellos condicionantes históricos y sociales que reprimen el principio del placer. En consecuencia, desde la perspectiva social de Marcuse:
La lucha por la existencia necesita la modificación represiva de los instintos, principalmente por falta de medios y recursos suficientes para una gratificación integral, sin dolor y sin esfuerzo de las necesidades instintivas. Si esto es verdad, la organización represiva de los instintos se debe a factores exógenos, exógenos en el sentido de que no son inherentes a la “naturaleza” de los instintos, sino que son producto de las específicas condiciones históricas bajo las que se desarrollan los instintos (1968: p. 132).
En la misma línea, nos dice que la represión de los instintos, no es un factor inevitable por su naturaleza, siendo que es el resultado de las condiciones socioculturales de una comunidad industrializada, que busca reprimir la vida de los instintos encarnados en el Eros; aquella parte de la estructura instintiva que busca desarrollar la parte constructiva, la que engendra la belleza y el arte. Por lo que considera que, para mantener una productividad industrial se canalizan hacia generar una conducta que ha servido para legitimar el dominio de los más poderosos sobre la masa alienada, con la consecuencia de ampliar la pobreza en todos sus sentidos.
Es pertinente hacer mención que, Marcuse encontró en Nietzsche la génesis de la filosofía social que descansa en la gigantesca falacia sobre la que fueron construidas la idiosincrasia y la moral occidental que permea nuestra sociedad:
La transformación de los hechos, en esencia, de las condiciones históricas en metafísica, la debilidad y el desaliento del hombre, la desigualdad del poder y la salud, la justicia y el sufrimiento, fueron atribuidos a algún crimen y a una culpa trascendentales; por lo tanto, la rebelión llegó a ser el pecado original, la desobediencia contra dios y el impulso hacia la gratificación se convirtió en concupiscencia. Más aún, toda esta serie de falacias culminaron con la deificación del tiempo: porque en el mundo empírico todo está pasando, el hombre es en su misma esencia un ser finito, y la muerte está en la misma esencia de la vida. Solo los altos valores son eternos, y por tanto, reales: el hombre interior, la fe y el amor que no pide y no desea (Marcuse, 1968: p. 132).
Señala Marcuse, desde la perspectiva de Nietzsche: “Las raíces históricas de las transformaciones nos enseñan su doble función: pacifican, compensan y justifican a los que no tienen privilegios en la tierra y protegen a aquellos que les impiden tenerlos, y los obligan a permanecer sin ellos” (Marcuse, 1968: p. 132).
 Hay que mencionar, además, que como consecuencia de esto, Marcuse consideró que el logro de este propósito envuelve a los amos y los esclavos, a los que gobiernan y los gobernados, es la expansión de la represión productiva la que ha hecho avanzar a la civilización occidental a niveles de eficacia aún más altos.
Por lo tanto, el manejo de estos mecanismos psicológicos le fueron dando vida a un control social, de aquellos que han manejado un discurso teológico: “Podemos considerar la angustia ante la muerte y la angustia ante la conciencia moral como una elaboración de la angustia ante la castración”. (S. Freud, 1988: p. 2727).
De acuerdo a lo analizado, su manera de creer y percibir la realidad es la manifestación de una ideología, que juega un papel legitimador de una realidad que se caracteriza por la estructura vertical de sus miembros. Lo cual conlleva, el orden establecido de manera inconsciente, a través de la normatividad social, de un grupo poderoso sobre una mayoría desinformada y entretenida.
Por ello, el pensamiento de Herbert Marcuse conlleva una utopía, pero no una visión capitalista e industrializada propia de la modernidad, sino desde una perspectiva crítica, al crear una sociedad en la que la liberación de las fuerzas espontáneas, instintivas, pueda lograrse mediante la creación del trabajo erotizado, contrario a una labor enajenante.
La erotización del trabajo (la fantasía)
Difícilmente se lograría la plenitud de vida sin tomar en cuenta factores psicológicos, como la identificación y la sublimación de los instintos. Con estos elementos se arribaría a la erotización del trabajo, como una condición natural, no alienada en el ser humano, y con un medio como la fantasía (phantasia), misma facultad mental que nos lleva a la creación de imágenes inexistentes o en un plano superior idealizando la realidad, por lo general, dolorosa (principio de la realidad), la cual, considera Marcuse, puede mostrar su función, ya que: “dicha erotización, lograda a través de la fantasía es la única actividad mental que conserva un alto grado de libertad con respecto al principio de realidad” (1968: p. 152). Lo que nos lleva a situarnos en un trabajo creativo y transcendente.
Debemos mencionar que, Marcuse encontraba coincidencias con los planteamientos teóricos de Freud, quien consideraba que los dos principios del suceder psíquico se dieron con la introducción del principio de la realidad y la función de la actividad mental (fantasía), que fue aislada fuera de la experimentación, de la realidad y permaneció subordinada al principio del placer: “Esta manera de actividad como proceso mental (das phantasieren) se hace presente en los juegos infantiles y después, afirmándose bajo la forma de soñar despierto, abandona su dependencia de los objetos reales”. (Marcuse, 1968: p. 152).
Se puede decir que, a pesar de considerar que la felicidad no es valor cultural, encuentra en la fantasía un recurso psicológico, que le permite acceder a la libertad que la normatividad social ha limitado a ciertos espacios y grupos de personas:
La fantasía juega una función decisiva en la estructura mental en su totalidad; liga los más profundos yacimientos del inconsciente con los más altos productos del consciente (el arte), los sueños con la realidad; preserva los arquetipos del género, las eternas aunque reprimidas ideas de la memoria individual y colectiva, las imágenes de libertad convertidas en “tabú (Marcuse, 1968: p. 152).

Por lo tanto, encuentra en la fantasía el camino hacia la creatividad, al conjuntar todos los conocimientos que el ser humano ha acumulado en el trayecto de su historia, con los ideales de una vida mejor que buscan superar sus carencias estructurales:
Es el “Daimon” hacia un pasado y el futuro. La imaginación preserva el recuerdo del pasado sub-histórico, cuando la vida del individuo era la vida del género, permanece relacionada con la imagen de la unidad inmediata entre lo universal y lo particular bajo el mando del principio del placer y nos permite proyectarnos a la creación (Marcuse, 1968: p. 154).
Marcuse, como imaginación visualiza la reconciliación del individuo con la totalidad del deseo, con la realización de la felicidad con la razón. Aunque esta armonía haya sido convertida en una utopía por el principio de la realidad, la fantasía insiste en que puede y debe llegar a ser real, que detrás de ella está el conocimiento, el desarrollo de un ser humano inacabado e imperfecto, aquel que ha sido producto de seres humanos que siguen encontrando en la fantasía, el medio de dar rienda suelta a sus deseos infantiles, a su creatividad, a su deseo de llegar a ser aquí en la tierra:
El análisis de la función cognoscitiva de la fantasía lleva así a la estética como la “ciencia de la belleza”; detrás de dicha forma yace la armonía reprimida de la sensualidad y la razón, la eterna protesta contra la organización de la vida por la lógica de la dominación, la crítica del principio de actuación, de una sociedad que no se permite soñar en nombre de la objetividad racional, de una industrialización que compensa con acumulación de mercaderías sus instintos reprimidos (Marcuse, 1968: p. 155).

Finalmente, Marcuse, en su trabajo la considera una forma menos sublimada, ya que la oposición de la fantasía al principio de la realidad se desarrolla de manera más fácil en procesos mentales sub-reales y surreales como el sueño, el soñar despierto, el juego, la corriente de la conciencia; prácticas cada vez más alejadas de nuestra realidad social, dándole paso a contenidos curriculares más relacionados con “valores” y tecnologías progresistas e innovadoras, incluso de manera alarmante, en los niveles básicos de educación.
Al mismo tiempo, con la cancelación del “principium individuationis”, por parte de la fantasía, considera Marcuse que ahí se encuentra la raíz de la relación de esta con el Eros original: la sexualidad es organizada y controlada por el principio de la realidad, la fantasía se afirma a sí misma principalmente contra la sexualidad normal. Sin embargo, su elemento erótico va más allá de las expresiones pervertidas; aspira a una realidad erótica donde la vida de los instintos llegaría a descansar en la realización sin represión.
Conclusiones que arrojan el trabajo
El proceso de análisis arrojó una serie de hallazgos que nos posibilitó conocer entender la génesis de la actitud de negligencia ante los compromisos sociales en un espacio culturalmente condicionado. En primer lugar, encontramos que dicho fenómeno cultural propició durante años la permanencia de los grupos hegemónicos en nuestros países latinoamericanos
Si bien nuestra hipótesis se prueba, consideramos necesario poner en contexto las condiciones objetivas y subjetivas que favorecen la aparición de la indiferencia, estamos ante la posibilidad de repetir la aparición de dicha actitud de negligencia social.
Y planteo de manera hipotética que, con la llegada de un cambio de gobierno, aparece un nuevo Padre simbólico, quien se compromete a resolver la problemática del grupo social (yo) de un gobierno corrupto (súper yo) a quien, a cambio, se le cede de manera Inconciente las riendas de la dirección de la sociedad, adoptando una actitud de indiferencia… Te entrego la facultad de decidir mi futuro, a cambio de que cubras mis necesidades. México, como parte de esa Latinoamérica que no ha logrado llegar a la adultez, necesitaba un cambio… a través de un liderazgo fuerte que lo proteja (padre), para lo cual necesita devorar a aquel otro padre que ya no cumplió con sus reclamos. Lo cuestionable es, ¿Hasta cuándo el padre en turno, cubrirá las necesidades emocionales de los hijos?, en caso contrario, surgirá una nueva figura que desplazará al actual dirigente, y será devorado, cumpliendo el ciclo fatal.
Finalmente, considero que podemos concluir que la indiferencia mostrada ante los compromisos sociales ha sido responsable en buena parte del desastre socio-cultural en nuestro país y de ello, la educación no es ajena, como vehículo de un sistema económico salvaje y depredador. En consecuencia si deseamos avanzar en otra dirección tendríamos que hacerlo en la que nos indica el psicoanálisis social de Herbert Marcuse…eroticemos la sociedad.

Recomendaciones
En función del análisis de las diversas aportaciones teóricas recogidas durante la investigación, se hacen las siguientes recomendaciones: De inicio, ubicar en su real dimensión la vida anímica del ser social, esto desde la perspectiva del psicoanálisis: Entender la estructura de la personalidad del sujeto al interior de la sociedad, es necesario recordar que el ser humano, es no solo un ser racional, sino un ser lleno de emotividad, sueños, ilusiones, fantasías, como parte de un interaccionismo simbólico con el contexto que lo rodea.
En el mismo sentido, es pertinente hacer mención del poco abordaje de temas relacionados con las actitudes y las conductas, que son la manifestación de los sentimientos, deseos, aspiraciones, frustraciones y alegrías del ciudadano. Se considera necesario poner en la palestra, para su análisis y discusión, aquellos temas que de una u otra manera van dando vida a las conductas y actitudes sociales, y su vida anímica no es asunto menor, de ahí que busquemos conocer su génesis en función de ubicarla en su justa dimensión, sin dejar de lado, que esta aproximación teórica nos abre nuevas interrogantes, por ejemplo, la función que tiene la educación en el compromiso social, que algunas veces olvidamos, con esto doy punto final a los comentarios que las lecturas escogidas nos ha permitido hacer, y dejo estas frases como un preámbulo de un tema que sigue vivo como un enigma que nos invita a descifrarlo. Concluyamos con una aportación del Dr. Luis Tamayo, en su obra: La locura ecocida…
Si la humanidad pretende verdaderamente resolver sus problemas, requiere de sujetos capaces de pensar por sí mismos, “sin Dios ni esperanza”, intranquilos, sujetos activos que sepan que no hay entidad extraterrena que venga en su ayuda, que de nada sirve esperar a que un dios aparezca. Sujetos que soporten la angustia que el vacío genera y, por ende, se comprometan con el resguardo del mundo (es decir, de sí mismos) para las generaciones venideras, para el fruto de su propia semilla. Constituir este tipo de sujetos, lo sabemos, requiere haber pre-cursado la muerte y aprender a pensar contra uno mismo, y estos, aunque no son actos voluntarios, requieren de una acción de acogida, una preparación de la disposición para ser admitido ante ella (Tamayo: 2010. p. 152).

 

Referencias bibliográficas

Freud, Sigmund (1988). Obras Completas. Barcelona: Orbis.
____________. (1988). “Manuscrito K. Las neurosis de defensa (Un cuento de Navidad)” (1896), Obras completas, vol. I Buenos Aires: Amorrortu.
Imre Kertész. (2002). “Un instante de silencio en el paredón. El holocausto como cultura” Herder. Barcelona. 41-42.
Levi, Primo. “Los hundidos y lo salvados”, en Trilogía de Auschwitz, Barcelona: Océano.
Lipovetsky y Serroy. (2010), “La cultura –mundo”. Barcelona: Anagrama.
Marcuse, H. (1968). “Eros y civilización”. México: Joaquín Mortiz.
Moreno, Belén. (2014). “Hacer como si nada hasta producir nada” Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.
Tamayo, Luis. (2010) La locura ecocida. México: Fontamara.

Zizek, Slavoj (2002). “El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política”, Buenos Aires: Paidós.

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