Vol 1. Núm 2. 2013
ORIENTACIÓN EDUCATIVA Y PROFESIONAL EN EL CONTEXTO CUBANO: CONCEPCIONES, EXPERIENCIAS Y RETOS
Jorge Luis del Pino Calderón Centro de Desarrollo Científico Pedagógico de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “En-rique José Varona”, Cuba
Resumen
En este trabajo se exponen algunas ideas y experiencias de orientación educativa y profesional realizadas en una Universidad de Ciencias Pedagógicas. Se describe el conflicto motivacional-afectivo que caracteriza a muchos estudiantes en el momento de la selección profesional y ya al ingresar al centro de educación superior, determinado ante todo por la mala calidad de su motivación profesional y la insuficiente autodeterminación. Se analizan elementos del sistema de orientación profesional que desde la tendencia integrativa, y el enfoque pro-blematizador se asume como alternativa. El sistema se apoya fundamentalmente en cuatro dimensiones inter-ventivas: la curricular (problematización y acciones de ayuda desde la clase y enfoque profesional de las asig-natura; el trabajo con programas de orientación; la práctica laboral orientacional y el trabajo de elaboración de las situaciones conflictivas; y por supuesto, en la entrevista de orientación, como vía individual y directa de trabajo con el sujeto.
Abstract
Abstract This paper presents some ideas and experiences of educational and vocational guidance conducted at a Universi-ty of Pedagogical Sciences. It describes the conflict motivational-affective that characterizes many students at the time of the selection pro and entering the higher education institution, determined primarily by the poor quality of their professional motivation and insufficient self-determination. We analyze elements of career guidance system from Trend Integrative and problematizing approach is assumed as an alternative. The system relies heavily on interventional four dimensions: the curriculum (problematization and aid operations from the class and professional approach to the subject (Gonzalez, 1994), working with mentoring programs, work practice and work orientational processing conflict situations and of course, in the interview guide as a way of working individually and directly with the subject.
Palabras claves
orientación educativa, orientación profesional, motivación, educational guidance, vocational guidance, motivation

La orientación educativa en los centros de educación.
Motivaciones, retos y perspectivas de la orientación educativa. Una mirada desde el contexto cubano.
La necesidad de encontrar alternativas para ayudar al estudiante ante el rechazo y la deserción escolar, las dificultades del aprendizaje o la incapacidad para seleccionar adecuadamente una carrera, son algunas de las razones que explican el auge de la Orientación Educativa y Profesional (OEP) a lo largo del siglo xx en diferentes contextos internacionales. Desde su práctica se ha estimulado el desarrollo de investigaciones y la creación de programas, modelos y estrategias para estimular el desarrollo personal, corregir conductas o provocar cambios de actitudes y creencias. En ese proceso se fue conformando como una disciplina científica que en nuestra consideración debe formar parte de las Ciencias de la Educación y que tiene las siguientes características:

  • Su objeto de estudio es la ayuda al estudiante o sujeto ubicado en un contexto educativo (fundamentalmente el escolar) para estimular su desarrollo personal y/o profesional.
  • Utiliza una metodología y un arsenal técnico específico, por lo que su utilización exitosa requiere una preparación profesional de docentes y directivos de la educación, aunque tiene su base fundamental en la preparación pedagógica y psicológica general del educador y los orientadores.
  • Se aplica a diversas esferas del desarrollo del sujeto.

Pero la historia de la OEP no ha sido nada idílica ni lineal. Ha enfrentado (y en determinados contextos académicos y de la práctica profesional enfrenta) muchos retos y cuestionamientos. Entre ellos podemos citar:
•    Su propia existencia como práctica profesional, al considerarse, sobre todo, que los recursos de la Pedagogía pueden suplir sus tareas.
•    El contenido concreto del trabajo del orientador, sus tareas profesionales, que son escamoteadas con frecuencia y convierten a ese profesional lo mismo en un auxiliar administrativo del centro escolar que en un represor con que los profesores castigan a los incorregibles.
•    Quiénes son los que realizan las acciones de orientación y sobre todo cuáles son los límites entre la actuación de unos y de otros.
•    En qué contextos y a través de qué vías y técnicas particulares se hace la orientación.
Las respuestas a estos cuestionamientos a los largo de la centuria pasada fue definiendo tendencias, concepciones y/o modelos de orientación.
Tomando en cuenta la concepción y alcance de la orientación y su relación con la institución educativa podemos identificar tres tendencias de la orientación educacional que dominaron durante las primeras siete décadas del siglo: la psicométrica, la clínico-médica y la humanista (del Pino, J.L. 1998). Las dos primeras fueron preponderantes en la primera mitad del siglo.
1)  La psicométrica, hace énfasis en el diagnóstico a partir esencialmente del test, deposita los resultados en el estudiante, en sus familiares o docentes, a quienes entrega una conclusión diagnóstica que pretende identificar los ruteros del desarrollo del sujeto o caracteriza sus fortalezas y debilidades en ese momento concreto. Esta corriente adquirió un gran desarrollo en el área de la orientación profesional y ganó reconocimiento en teoría al dar a los familiares y estudiantes las coordenadas para su desarrollo profesional. Son por lo general psicólogos que trabajan desde gabinetes particulares y a lo sumo coordinan con centros escolares para recibir los casos, pero sin integrarse al trabajo educativo de estos, ni darle seguimiento a las propias conclusiones diagnósticas a las que arribaron. Sin subestimar el valor de su diagnóstico, esta concepción es muy limitada en sus posibilidades de ayuda real al estudiante, al no concretar la intervención y no integrar sus resultados a la labor general del centro y en particular, por no complementar su trabajo con lo que pudieran aportar el maestro y otras personas en la institución escolar y la comunidad.
2)  La clínico-médica, centra su labor en un gabinete escolar que funciona con autonomía del centro escolar, y se dedica a atender los casos que le son remitidos o que los orientadores identifican en diagnósticos masivos o particulares. A partir de esa consulta inicial, el orientador establece varios encuentros para realizar una intervención clínica, de trasformación “desde la consulta”, pero no existe como norma de trabajo una coordinación con la institución educativa. En ocasiones, se informa al centro de los resultados del diagnóstico y se dan algunas recomendaciones a los maestros y autoridades sobre la manera de trabajar con el estudiante. En este caso, el orientador puede clasificarse más como un psicólogo clínico, que como especialista de la comunidad educativa u orientador insertado en ella. Al igual que en la valoración del trabajo desde el enfoque psicométrico, hay que decir que la incidencia de este profesional sobre el sujeto objeto de ayuda puede ser muy beneficiosa, pero sus efectos se cercenan al no integrar su labor con la institución escolar como contexto de desarrollo y en especial con el desempeño del docente.
En estas dos tendencias es fácil identificar tres limitaciones que consideramos deben ser superadas.
La primera, al preponderar el carácter pasivo del estudiante en este proceso, pues independientemente de las vías y técnicas que se utilicen, su rol se limita a ser objeto de diagnóstico y/o sujeto de un proceso terapéutico o de orientación, fuera de su contexto educativo y desde el lugar de “necesitado de consulta” como caso especial o paciente. Desde ambas ópticas la orientación es más remedial que preventiva o desarrolladora.
La segunda es la limitación cuantitativa y cualitativa de los espacios de cooperación con el estudiante para el aprovechamiento real de sus potencialidades de desarrollo, o sea se hace difícil estimular toda su Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) (Vigotsky, L.S. 1997), sobre todo porque aquel que más la puede conocer y más posibilidades tiene de aprovecharla: el profesor, puede quedar al margen de la problemática o no cuenta con los datos psicológicos sobre el desarrollo del escolar o no sabe cómo ayudar desde su rol.
La tercera, es la filiación de los orientadores a una u otra posición teórica en psicología e incluso pedagogía, y el impacto de ello en la práctica profesional. Ha sido frecuente una filiación dogmática, rígida, que ha determinado una actuación muy estandarizada y una limitación en los recursos de intervención.
3)  La tercera tendencia es el humanismo, que marcó un giro significativo en la manera de ver la problemática escolar y sobre todo se propone incidir en el centro escolar y su dinámica. Desde enfoques más holísticos, tratan de rescatar y utilizar el carácter activo del sujeto en el proceso orientacional. Especialmente Carl Roger, hizo una dura crítica al carácter represivo y limitante de la institución escolar tradicional y al modelo directivo que permeaba la práctica de la psicoterapia y la orientación de la época (Roger, C. 1988). A través de sus textos y las prácticas interventivas que estimuló, se plantea la necesidad del cambio de los contextos educativos y el desempeño de docentes para facilitar el desarrollo personal.
En las últimas décadas, diferentes corrientes de pensamiento psicológico y pedagógico han determinado nuevas perspectivas para hacer la orientación. Hay dos regularidades esenciales que distinguen estas tendencias:
•    Mayor integración de la orientación con la institución escolar y otros factores sociales, ampliando el número de profesionales que desde sus roles específicos se plantean realizar acciones de orientación. Esto le ha otorgado un carácter pedagógico al proceso, además de su ya reconocida dimensión psicológica.
•    Tendencia a Integrar los aspectos positivos de las demás corrientes. Esto ha ampliado las opciones de intervención de los profesionales al plantearse las acciones de ayuda.
A partir de estas regularidades hemos denominado a este movimiento Tendencia Integrativa y la hemos caracterizado incluyéndole las peculiaridades que toma en nuestro contexto educativo, donde la consideramos coherente con nuestra política educacional y la tradición pedagógica cubana. Esta ideas han estado presentes en nuestras experiencias y propuestas, pero sobre todo deben verse como una plataforma de principios, teóricos y metodológicos, para la inserción y el desarrollo de la orientación educacional y profesional, en el contexto cubano, integrando las ciencias de la educación y sobre todo como práctica profesional en contextos escolares.
Características de la Tendencia Integrativa de la orientación educacional en nuestro contexto.
1)  Desde una concepción materialista- dialéctica de la sociedad y el hombre, asume una comprensión integral de la educación y de los problemas de los escolares y sus posibles soluciones. El enfoque histórico-cultural le sirve de concepción de base desde donde integrar otros saberes.
2)  Se concibe para toda la masa estudiantil y no solo para casos problemáticos o en riesgo, lo que implica superar las limitaciones que el término Necesidades Educativas Especiales (NEE) (quizás por una interpretación estrecha de este) ha impuesto a la práctica educativa. La orientación es ante todo preventiva y desarrolladora y se dirige fundamentalmente a las potencialidades por desarrollar según la Situación Social del Desarrollo (SSD) de los estudiantes (Vigotsky, 1997).
3)  Busca la inserción de la orientación en el proceso pedagógico del centro escolar (u otro contexto de desarrollo) como componente de la educación e identifica la clase como una de las vías fundamentales para la orientación de los estudiantes.
4)  Valoriza las posibilidades orientadoras del maestro desde su rol profesional como docente, a través de una función profesional específica: la orientadora, que se realiza a partir de la calidad de su vínculo con el estudiante.
5)  Reconoce las posibilidades educativas del orientador como figura que puede y debe complementar su trabajo con el docente y otros profesionales y factores educativos, a partir de una coherente integración en la estrategia educativa del centro que debe dirigir la dirección de la institución.
6)  La orientación se articula a través de estrategias que parten del diagnóstico integral de los educandos y su contexto; planificadas, organizadas y dirigidas por la institución y donde los profesionales y factores educativos que intervienen complementan su trabajo con acciones dentro y fuera del centro escolar.
De todo lo anterior se desprende que la plataforma teórica que debe sustentar esa concepción de orientación educacional es diversa y compleja; no debe ser ecléctica o caótica, pero sí amplia y flexible para aprovechar los recursos útiles para el crecimiento personal elaborados desde diferentes escuelas o perspectivas en la orientación, la psicología o la pedagogía. Se necesita una concepción del ser humano, su subjetividad y los procesos que determinan su crecimiento; un modelo de la orientación educativa como actividad insertada en la realidad de los centros escolares (u otros contextos); otro modelo, más general, de orientación psicológica como fundamento de la relación de ayuda y sus procesos de instrumentación; una concepción de la educación, la institución educativa y el docente, como profesional que realiza acciones de orientación y por último diferentes conocimientos particulares para implementar la orientación educativa en una u otra esfera o área particular de desarrollo y expresión de los sujetos (profesional-vocacional, de la sexualidad, académica, personal-social).
Esta concepción de la OEP no puede ser ajena a la concepción y política social y pedagógica del país donde se inserta. En el caso cubano, tenemos una tradición pedagógica encaminada a buscar el desarrollo de todos y para el bien de todos.
Ya José Martí, nuestro paradigma de educador y político, había planteado desde el siglo xix, al definir la educación: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida” (O.C. t. 8 p. 281). Esa preparación se concreta, con el aprovechamiento de todas sus potencialidades y la solución desarrolladora de los problemas que el proceso de crecimiento personal y profesional, en su situación social de desarrollo específica, le plantea.
Martí comprendió la importancia de que cada persona tomara conciencia de sí y alcanzara una independencia personal que sustentara su realización y felicidad a través de una asimilación creativa de la cultura y la construcción de un proyecto de vida socialmente digno y productivo. Al respecto expresó: “La mayoría de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo” (O.C. t. 8 p. 289).
Orientación educativa y profesional desde la experiencia de una universidad de ciencias pedagógicas
Estudios realizados en universidades de nuestro país y en especial en la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” (UCPEJV) durante las dos últimas décadas han demostrado que la insuficiente calidad de la motivación profesional y la falta de autodeterminación en la selección de la carrera, son factores esenciales en la configuración del conflicto motivacional-afectivo que presentan muchos estudiantes al ingresar a la educación superior. La motivación para la selección de la carrera tiene poca calidad cuando la decisión se realiza impulsada por motivaciones extrínsecas, o sea, ajena al contenido esencial de la carrera y/o no tiene suficiente fuerza y amplitud para sostener la decisión del sujeto.
En los estudios realizados en los últimos años en los institutos preuniversitarios vocacionales de ciencias pedagógicas (IPVCP) en nuestro país (IPVCP “V. I. Lenin”, cursos 2006-2007 y 2007-2008), hemos constatado la expresión de esa problemática en muchos estudiantes cuando van a decidir su ingreso a la formación superior pedagógica. El diagnóstico realizado, nos reveló, entre otros, la presencia en algunos de ellos de los siguientes rasgos, que por su significación deber ser objeto de atención:
•    Existencia de proyecciones futuras superficiales, inmediatas y ajenas al contexto de formación pedagógica al que supuestamente se encaminan.
•    Pobre nivel de autodeterminación. Entran al centro bajo la presión de padres, amigos o docentes, con la sola idea de "estar" en algún lugar o utilizar el centro como puente para acceder después a otro sitio.
•  Adaptación pasiva, pocas posibilidades de autorregulación y por tanto de orientación.
•   Carencia de intereses cognoscitivos.
Ya en el centro de educación superior estas cualidades configuran lo que hemos denominado un conflicto motivacional-afectivo, que puede expresarse en el rechazo a asignaturas del currículum, a la práctica laboral que lo enfrenta con los contenidos y problemas típicos de la profesión, y a la pasividad ante actividades investigativas.
Toda esta situación psicológica obstaculiza no solo su aprendizaje, sino también el desarrollo de su profesionalidad y la construcción de su identidad profesional.
La orientación educativa y profesional es una de las herramientas de que disponemos para ayudar al estudiante en este conflicto. Su solución va a depender de la posición que asuman ante él, de las posibilidades de autorregulación que tengan, de su capacidad para asumir el proyecto en que se han involucrado o de redefinirlo.
Hace años que los criterios esenciales que nos permitían realizar la clasificación general de los alumnos que tienen un conflicto motivacional-afectivo significativo eran (Del Pino, 1998):
Posición del alumno como sujeto frente a su conflicto (activa-directa vs. evasiva-indirecta).
Nivel de concientización del conflicto: (integral-realista y elaborativo vs. parcial-fantasioso-irreflexivo). Las resumimos en positiva y negativa.
A partir de aquí, se podían dividir en dos grupos: Uno, el de los alumnos con un enfrentamiento activo-directo de su problema y concientización positiva (integral-realista-elabo- rativa); otro el de los alumnos con un enfrentamiento evasivo-indirecto de su conflicto y concientización negativa (cuyos indicadores eran contrarios al grupo dos). Este grupo, como es obvio, es el más difícil de ayudar.
Fenomenológicamente, la situación psicopedagógica de este segundo grupo se evidencia en tres reacciones, actitudes y comportamientos diferentes, que traerán a su vez diferentes incidencias pedagógicas y reacciones en los profesores. Son, de hecho, tres mecanismos defensivos del alumno frente a su incómoda situación motivacional-afectiva:
a).- Reacción pasiva: "dejar correr".
Los caracteriza la indiferencia ante el proceso docente-educativo y su propia situación. También su pobre participación en las actividades curriculares o de extensión universitaria; en su actuación hay con frecuencia irresponsabilidad e infantilismo.
b).- Reacción en proyecto dudoso o idealizado.
Lo típico de esta reacción es la idealización de su supuesto proyecto profesional y/o de vida que no se corresponde para nada con su estilo de vida y para el cual, en muchas ocasiones no muestran recursos personales.
c).- Reacción agresiva
Es la agresividad lo que los caracteriza que se manifiesta frente a los profesores y la institución, fundamentalmente. Lo que se hace extensivo también, a veces, a padres y compañeros de clases. Tratan de culpar a otros por sus frustraciones y dificultades.
El sistema de orientación de la universidad debe responder a este reto, siempre con la idea de que el proceso de orientación personal y profesional para ayudar al estudiante a superar los conflictos de su vínculo a la profesión, y asumir conscientemente un proyecto de vida, debe empezar con la entrada del estudiante al centro y su diagnóstico personalizado. El trabajo debe concebirse dentro de un sistema integral, que incluya el accionar de todo el centro y todas las incidencias educativas posibles, pero sobre la base de los vínculos personales de los docentes y orientadores con los estudiantes afectados. Nuestra propuesta aplica un enfoque problematizador, en tanto a través de todas las acciones de orientación se busca la problematización de la relación sujeto-profesión de forma personalizada y mediatizada a través de relaciones de ayuda en el proceso docente educativo.
En nuestra propuesta el trabajo de orientación educativa y profesional se desarrolla a través de un sistema que integra a orientadores y profesores, dirigidos por las máximas autoridades de cada facultad y donde el espacio fundamental de reflexión y toma de decisiones para nuevas acciones es el colectivo de año (reunión de todos los profesores que trabajan con los grupos de un año para actualizar su diagnóstico y decidir acciones de trabajo)
El sistema se apoya fundamentalmente en cuatro elementos: el curricular (problematización y acciones de ayuda desde la clase y enfoque profesional de las asignaturas (González, 1994); el trabajo con programas de orientación, que tienen un peso esencial en los primeros años y en los últimos; la práctica laboral orientacional y el trabajo con las situaciones conflictivas; y por supuesto, en la entrevista de orientación, como vía individual y directa.
Una de las experiencias de aplicación de programas fue la de las Sesiones de Orientación y Diagnóstico Inicial del Estudiante (SODIE). Se trata de grupos de reflexión, realizados en la primera semana de clases de primer año, que en forma de talleres abordan determinadas problemáticas alrededor de la relación alumno -formación profesional. Estas sesiones son preparadas en talleres especializados (con la colaboración de los orientadores) y son dirigidas por profesores guías y/o orientadores.
La utilización de las situaciones conflictivas que enfrentan los estudiantes en la actuación profesional como situaciones de crecimiento, son algunas de las alternativas que se han implementado y estudiado. Estas situaciones conflictivas se trabajan en lo fundamental a través de técnicas grupales, con dramatizaciones de escenas vivenciadas por los estudiantes o traídas como situaciones tipo a trabajar. Además la práctica se sigue paso a paso por un orientador que valora cada día las vivencias del sujeto y sirve de interlocutor para que el estudiante las elabore y por último las asuma. Hay una asignatura en el currículum que ofrece los espacios tanto para preparar la práctica como para después, a través de talleres, ayudar a los estudiantes a elaborar las vivencias y evaluar los resultados con rigor y personalizadas.
La práctica se desarrolla desde una concepción tutorial, pero el tutor (profesor preparado para esa función y designado para ella) no solo asume el rol del experto o evaluador de las tareas profesionales que cumpla el estudiante, sino además realiza acciones de orientación al mediar en la elaboración de las vivencias del estudiante y ayudar a su crecimiento personal y profesional.

 

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