Vol 8. Núm 23. 2020
INTERPRETANDO LA ACCIÓN COMO CONFIGURACIÓN SUBJETIVA: EXPERIENCIA, SUBJETIVIDAD Y PRÁCTICA DEPORTIVA
Laura Rojas Vidaurreta Instituto para el desarrollo de niños y adolescentes a partir del deporte y la cultura (IDECACE), Brasilia, Brasil Luisa Vidaurreta Lima Instituto de Medicina del Deporte (IMD), La Habana, Cuba.
Resumen
A partir de la Teoría de la Subjetividad y de la Epistemología Cualitativa de González Rey, se elaboró una alternativa en el análisis de experiencias de fracaso en la competencia deportiva, resaltándose la importancia del trabajo procesual en un tipo de investigación que produce un modelo teórico explicativo en permanente desarrollo. Propusimos pensar la experiencia deportiva como espacio subjetivamente configurado en el propio curso de la acción táctica, donde la complejidad de la condición humana tomó forma en producciones subjetivas singulares de sus protagonistas. La calidad de la expresión de J., judoca paralímpico cubano, fue el aspecto esencial para el estudio de situaciones de combate que, a partir de una relación dialógica con las investigadoras, permitió explicitar cómo desde la singularidad fue posible generar inteligibilidad sobre las experiencias deportivas. Una nueva comprensión del desarrollo subjetivo permitió pensar las vivencias de fracaso como experiencias actuales, que se configuraron en la articulación de sentidos subjetivos diversos, siempre de forma singular. Las experiencias pasadas y las actuales tomaron valor en la forma de J. vivir la no consecución del resultado deseado, donde lo emocional y lo simbólico fueron una unidad, expresada en la cualidad de los sentidos subjetivos que emergieron en esta condición.
Abstract
From the Subjectivity Theory and the Qualitative Epistemology of González Rey, we elaborate an alternative in the analysis of failure experiences in sport competition, highlighting the importance of procedural work in a type of research that construct an explanatory theoretical model in permanent development. We proposed to think the sportive experience as a space that is subjectively configured in the course of the tactical action itself, where the complexity of the human condition takes shape in singular subjective productions of its protagonists. The quality of the expression of J., Cuban Paralympic judoka, was the essential aspect for the study of two combat situations that, from a dialogical relationship with the researchers, allowed explaining how from the singularity it is possible to generate intelligibility on the experiences in sport. A new understanding of subjective development allows us to think in experiences of failure as current experiences, which are configured in the articulation of diverse subjective senses, always in a unique way. Past and current experiences come alive in the way of living the non-achievement of the desired result, where the emotional and the symbolic aspects are a unit, expressed in the quality of the subjective senses that emerge in this condition.
Palabras claves
Acción táctica, Configuración subjetiva de la acción, Deporte de Alto Rendimiento, Tactical action, Subjective configuration of the action, High Performance Sport

Introducción

Es difícil delimitar el lugar exacto que ocupan pensamiento, intención y sentimiento en la ejecución eficiente de la acción deportiva. En ocasiones parecería que la plena satisfacción con el rendimiento, identificable con el éxito en la competencia deportiva, solo resulta posible a partir de la implementación “correcta, precisa y controlada” de lo entrenado, por parte de sus protagonistas. En otras palabras, se trataría de lograr organizar conscientemente un conjunto de acciones donde la emoción se ajuste al proceder. Esta aspiración de control de la ejecución pasa a ser inoperante cuando se entiende que nuestras intenciones no nos guían a lo que sentimos, en nuestras vivencias cotidianas relativas a la acción en la que nos desempeñamos. En la complejidad de la experiencia deportiva, el carácter generador de la subjetividad como sistema está dado por el desarrollo de sus propias producciones subjetivas, donde la consistencia de la experiencia dependerá de los recursos subjetivos que puedan ser movilizados durante su propio curso (González Rey, 2017a). En consecuencia, en la organización subjetiva de la experiencia deportiva, se van configurando también procesos y momentos que son independientes de la intención.
Pensando desde lo que como área específica de actuación la Psicología del Deporte en Cuba ha ido construyendo, el deporte de Alto Rendimiento, debe suponer la automatización de hábitos motores adecuados que faciliten la complejización paulatina de las acciones deportivas en el orden técnico-táctico. En este proceso, el desarrollo integral del deportista implicaría no solo potencializar una capacidad de análisis de las situaciones competitivas, sino desenvolver las formas más efectivas y adecuadas de ajuste a las variaciones constantes de la situación deportiva de que se trate. Para esto, es necesario dominar las diferentes responsabilidades tácticas individuales, en términos de funciones y habilidades a poner en práctica en la ejecución deportiva de que se trate. Aquí, consideramos la acción deportiva como acción táctica.
Para enfoques mayormente cognitivistas, el pensamiento en la acción, denominado razonamiento táctico en el espacio del deporte, ha sido considerado como un componente esencial de la ejecución táctica (Gréhaigne & Godbout, 1995; Iglesias Gallego, 2005, entre varios). A partir de la opinión de estos autores, es posible deducir que la formación táctica del deportista no se limitaría a un aprendizaje del modo de razonar tácticamente –razonamiento táctico– sino que sería un proceso más amplio y unitario, destinado a desarrollar todos los factores de la actividad que participan en la acción táctica (Vidaurreta, 2005; Saínz & Suárez, 2003; Méndez, 1998).
Afirmaba Mahlo (1974), autor tradicional en el espacio de la educación táctica, que el análisis psicológico de la actividad en estudio, no debe reducirse a la consideración de las funciones psíquicas participantes en esta. Afirmaba este autor, la existencia de una interacción que calificaba de “complicada” entre las funciones psíquicas y las formas de lo real, o el tipo de actividad, siendo este último, en su opinión, factor determinante. Reconoció la necesidad de partir de formas específicas de la acción táctica para el estudio de sus particularidades, en razón de luego avanzar hacia organizaciones cualitativas más complejas.
Si analizamos estas ideas de Mahlo desde la Teoría de la Subjetividad y la Epistemología Cualitativa de González Rey (2017a, b), referencial que defendemos, surgen varias cuestiones que pueden resultar interesantes para el debate que nos proponemos con este artículo. Primero, aceptar la existencia de una relación compleja entre las que Mahlo calificó como funciones psíquicas y la realidad, implica desde el punto de vista de González Rey, el reconocimiento ontológico de una condición diferente en las experiencias humanas. Esto se significa en el hecho de que dichas experiencias, no son consideradas como “reflejo” o como apropiación de lo externo, sino como producciones, donde existe una presencia de lo “real” pero no en su condición única y determinante, sino como proceso complejo articulado a partir del carácter activo de las producciones humanas, que al mismo tiempo se va configurando en el propio curso de las experiencias deportivas organizadas en las acciones tácticas.
Otra cuestión también importante surge cuando Mahlo asume la existencia de diferentes formas de existencia de “lo real”, o sea, está presente una diferenciación ontológica donde también la singularidad de las producciones humanas aparece. Sin embargo, consideramos que cayó en la trampa de pensar que la actividad o las formas de lo real eran determinantes sobre las producciones subjetivas que se organizaban a partir de experiencias singulares de vida, con lo que se niega entonces el carácter generador de la subjetividad humana, como parecería derivarse de sus afirmaciones iniciales.
Asumir la complejidad de las producciones subjetivas organizadas en las diferentes experiencias deportivas, supone abrazar el desafío de desarrollar prácticas que permitan el estudio de la singularidad de los procesos humanos, donde la organización de dichas experiencias es analizada desde su condición cualitativa específica. Esas configuraciones subjetivas singulares integran lo histórico y lo diverso del contexto presente en una producción subjetiva única, irrepetible y temporal. Como González Rey (2015) esclareció, “lo subjetivo especifica un tipo de proceso que emerge como cualidad de la cultura, siendo parte de ella, y al mismo tiempo siendo producido en los espacios sociales diferentes en los cuales las diferentes culturas se desarrollan de forma simultánea, dentro de un mismo tiempo histórico” (p.15) (traducción nuestra). Es el carácter dinámico de los procesos subjetivos lo que los hace profundamente singulares, lo que se opone a cualquier forma de estandarización o periodización. Los procesos subjetivos se desarrollan en la propia procesualidad de la construcción subjetiva del sujeto y de los procesos sociales dentro de los cuales su experiencia tiene lugar (González Rey, 2013, 2001).
Reconocer la representación compleja de lo psicológico, en el plano ontológico/teórico, y las formas de construcción del objeto, llevó a González Rey a aproximaciones epistemológicas y metodológicas que, a partir del desarrollo de un sistema de categorías específico, intentó acompañar la complejidad de las experiencias humanas. La pretensión consistió en comprender lo humano a partir de procesos de sentidos subjetivos, teniendo como base una representación diferente de la psiquis, comprometida con su naturaleza histórico-cultural y representada en su especificidad cualitativa como subjetividad, lo que al mismo tiempo se tradujo en el principal desafío para la producción de conocimientos en el deporte.
Consideró el autor que la subjetividad podía ser definida como sistema configuracional, que se organiza en configuraciones subjetivas diversas, en diferentes momentos y contextos de experiencia (González Rey & Mitjáns, 2017a, 2017b), representando una cualidad específica de los procesos humanos (González Rey, 2015). Afirmó además que las configuraciones subjetivas son momentos de auto-organización, en el flujo constante de sentidos subjetivos que definen el curso de la experiencia de vida. Así, los sentidos subjetivos, como unidades simbólico-emocionales de la experiencia, permitieron pensar la singularidad del deportista que emerge en el curso de su acción y es participante activa de ese proceso (González Rey, 2017). Este tipo de análisis intentó dar visibilidad a cualquier estudio que procurara aproximarse a la subjetividad humana.
En definitiva, la comprensión de la subjetividad como sistema autogenerativo, según González Rey afirmó, sería posible solamente a partir de la constante emergencia de configuraciones subjetivas, donde las propias producciones modifican la constitución subjetiva de los diferentes escenarios en los que, al mismo tiempo, la subjetividad se va constituyendo (González Rey, 2014b). Entender la subjetividad como ontología de la condición humana, supone asumir la cualidad específica de estos procesos, presentes en todas las actividades humanas, desde las prácticas corporales, hasta las más diversas formas de procesos sociales; y en consecuencia, comprender al deportista como productor constante de procesos diferenciados de subjetivación, frente a sus realidades.
Desde nuestro punto de vista, las categorías de sentido subjetivo y configuración subjetiva, son dos grandes avances que trae consigo pensar la Psicología desde la Teoría de la Subjetividad de González Rey (2017a), en una perspectiva cultural-histórica. Ambas categorías, sentidos subjetivos y configuraciones subjetivas, implican el carácter generador de las emociones, en la plasticidad que poseen para evocar los procesos simbólicos y ser evocadas por ellos (González Rey, 2014a). Estas unidades –que nunca se convierten en entidades aisladas, y que existen dentro de un flujo muy dinámico que se configura en experiencias vividas definiendo cómo estos eventos son experimentados singularmente por las personas y diferentes instancias sociales– son entendidos en la propuesta teórica de la Subjetividad, como sentidos subjetivos (González Rey, 2019).
El carácter singular de estas producciones resultó un rescate válido de González Rey, que aunque se vinculara con posturas humanistas dentro de la psicología, adquirió una relevancia diferente: se trata de producciones generadoras de procesos simbólico-emocionales múltiples, definidos como sentidos subjetivos, que alcanzan una organización singular, configuracional, en el propio transcurso de las experiencias de vida del individuo. Así, la aspiración máxima de aproximar al espacio de la Psicología del Deporte cubana la posibilidad de entender las experiencias deportivas organizadas en acciones tácticas, desde la subjetividad, motiva la línea de investigación de la cual este artículo forma parte.
Pensando en acción… Subjetividad y deporte
Desde este referencial, la relación que se logró construir entre experiencia, acción y subjetividad, superó el presupuesto fenomenológico de considerar posible el acceso pleno a la experiencia, lo que supondría captar los fenómenos de la forma en que fueron vividos, y la posibilidad de ser aislados con fines investigativos. De la misma forma, se diferencia de la reducción hermeneútica que asumen el lenguaje y el discurso como expresiones acabadas, completas, del psiquismo humano. En consecuencia, a partir de la Teoría de la Subjetividad, entender la acción táctica, como acción deportiva, también configurada subjetivamente, permite pensar la experiencia humana, en términos configuracionales, o sea, reconociendo el valor de la condición en que esas configuraciones se organizan, lo cual reviste una relevancia motivacional específica, en la que los motivos de la acción humana son también aceptados como producciones subjetivas.
La idea de configuración subjetiva de la acción táctica tuvo una implicación importante para intentar explicar las experiencias deportivas a partir de reconocer su complejidad. Resultó un término libre de ataduras conceptuales, de definiciones preestablecidas, diferente del de actividad, que aunque fuera usado por autores cubanos desde posturas más reflexivas o dinámicas (García Ucha, 2010; González Carballido, 2001, entre otros), ha continuado remitiéndonos a la actividad objetal de una psicología de corte predominantemente instrumental, donde de alguna forma se han perpetuado las dicotomías externo-interno y social-individual, que serían superadas si se asumiera un análisis configuracional de la experiencia deportiva.
Luego, en nuestro criterio, las producciones que se organizan en configuraciones subjetivas de la acción, en este caso en la esfera táctica, tienen un valor regulador que no prevalece en organizaciones de producciones subjetivas cualitativamente diferentes. Esta idea nos llevó a pensar que las producciones subjetivas eran singulares en la medida en que transcurrían en el propio curso de la organización táctica de la acción, y, al mismo tiempo, en la medida en que esa organización iba siendo congruente, susceptible de ser construida como elementos explicativos del accionar competitivo. Esta condición permitió considerar la investigación como recurso básico de producción teórica sobre la subjetividad humana en relación con el aspecto táctico de la ejecución deportiva.
En estudios sobre la “subjetividad” del deportista, Petitmengin (2006) afirmaba que nuestra experiencia más íntima e inmediata, el vivir aquí y ahora, es también la más externa a nosotros, y que es a la que es más difícil acceder. Cuando se pregunta a algún profesional del deporte cuál es el instrumento menos confiable en el estudio de la condición humana, la respuesta generalmente compartida es “uno mismo”, porque las impresiones individuales siempre tendrían que ser enmarcadas en conceptos teóricos existentes y predictores, y sustentadas por mediciones objetivas, dadas, precisas, o sea, “a third person” data, recolectada por un observador o experimentador externo.
Producir conocimientos desde la Teoría de la Subjetividad, supone siempre la condición de autor del investigador, que al mismo tiempo “usa la teoría” y “hace la teoría”. La construcción teórica que guía una investigación y que va ganando forma en su curso, termina siendo el resultado principal de la investigación: un modelo teórico. Se trata, en sentido estricto, de un esfuerzo teórico por significar configuraciones subjetivas, sin pretender agotar la complejidad de esas configuraciones estudiadas (González Rey, 2014a, 2017a; González Rey & Mitjáns, 2017b).
González Rey (2013) lo resume así,
La teoría se transforma en un recurso metodológico, pues el modelo teórico se organiza en el curso de la investigación, no está definido a priori por la teoría general que lo avala. La configuración subjetiva se organiza en el curso de la investigación, representando un modelo teórico que gana inteligibilidad en el propio proceso de su construcción. Esta característica le otorga valor metodológico, pues el modelo teórico va a representar el proceso de tránsito entre las construcciones hipotéticas y las conclusiones de la investigación, las que se definirán por el carácter final que tome el modelo teórico en ese proceso (González Rey, 2013b, p.29).
Con una orientación fenomenológica, Petitmengin y otros varios autores contemporáneos del campo de la Psicología del Deporte Europea (Mouchet, 2005, 2014; Schwitzgebel, 2004; Light, Harvey & Mouchet, 2012, entre otros) vienen desarrollando aproximaciones específicas a las ejecuciones deportivas, desde lo que consideran “acceso a la experiencia subjetiva”, lo que para los que desde la Teoría de la Subjetividad trabajamos, es epistemológicamente imposible. Aparece entre comillas, porque en el caso de Petitmengin (2006), el uso del término subjetividad, de procesos asociados con lo subjetivo, corresponde al mundo interno del deportista, no siendo comprendidos como sistema configuracional, que se organiza por configuraciones subjetivas diversas en diferentes momentos y contextos de la experiencia humana (González Rey & Mitjáns, 2017a). Desde nuestro punto de vista, el deportista, en consecuencia, organiza su experiencia a partir de los diferentes sentidos subjetivos que produce y que sustentan un posicionamiento singular en relación a su forma de vivir.
Cuando la persona intenta describir la forma en que realiza los procesos cognitivos, suele comenzar por describir su representación del proceso, lo que cree que está haciendo, o lo que imagina que está haciendo. Es usualmente frecuente el caso de que la persona tienda a emitir juicios, evaluaciones o comentarios sobre la realización del proceso (como “fue difícil” o “fue bien”), o conocimientos teóricos o explicaciones sobre el proceso en cuestión. Todos estos datos pueden tener algún valor, sin embargo no nos dan información relevante sobre cómo la persona realmente ejecuta los procesos. Un esfuerzo especial es necesario para que la persona gane acceso a su propia experiencia, la que subyace a sus representaciones, creencias, juicios y comentarios … (Petitmengin, 2006, p.235) (traducción nuestra).
Sin embargo, lo que de estas posturas ontológicamente diferentes logramos rescatar aquí, es la reafirmación de una demanda aún presente en el campo de la Psicología del Deporte en Cuba: el psicólogo del deporte no debe temer a las situaciones a las que no logre dar respuesta inmediata o representarse en su pensamiento, (Vidaurreta, 2005; Rojas Vidaurreta & Costa, 2019) debiendo, en nuestra opinión, aventurarse por caminos por los que intentar avanzar hacia la comprensión de producciones subjetivas que son sin dudas, más complejas de lo que en inicio podría parecer. Las teorías no deben ser usadas como escudos ante la diversidad inherente a la condición humana, sino como recursos de interpretación en la medida en que se constituyan en vías flexibles de aproximación a las experiencias singulares de nuestros deportistas. En consecuencia, la singularidad acaba siendo una cualidad de los procesos humanos que valoriza el lugar del pensamiento y de la imaginación en el curso del saber.
Una creciente proporción de psicólogos investigadores, que también asesoran la preparación deportiva, ha llegado a la conclusión de que es esencial el desarrollo de métodos rigurosos que permitan el estudio “preciso” de las experiencias subjetivas (Vermersch, 2008; Maurel, 2009). En este sentido se desarrollan entrenamientos para investigadores en “métodos” y procederes que garantizarían esta intención. Compartimos la importancia de una formación científica consagrada en nuestros investigadores, sin embargo el estudio de la subjetividad humana implica más que esto; exige creatividad, osadía y compromiso con el otro, con el deportista, que en el diálogo que sostenemos con él, nos permite formar parte de su vida.

Aspectos epistemológicos y metodológicos

La Epistemología Cualitativa y el método constructivo-interpretativo se separan de la fijación epistemológica que ha caracterizado a la lógica pregunta-respuesta, tan difundida en las aproximaciones de naturaleza empirista-positivista. A partir de esto ha resultado imposible usar la expresión singular de las personas como patrón de comparación, o como unidad, a ser correlacionada con otras de naturaleza similar, definidas a nivel instrumental. En general es posible identificar en los estudios realizados en deportes, el hecho de que la diferencia estaría dada en asumir que lo expresado no es el fin, sino la vía, para la exploración del “todo” que está produciendo esa expresión.
Es por ello que un recurso esencial para desarrollar la investigación a partir de la perspectiva de la subjetividad de González Rey, ha sido la elaboración de indicadores por parte del investigador en el proceso de exploración. Estos indicadores adquieren un carácter hipotético, permanente, sobre significados posibles a ser construidos en el propio curso de la investigación. Alcanzan la condición de construcciones teóricas cuando se pueden integrar entre sí constituyendo un modelo teórico explicativo (González Rey, 2013, 2017a-b).
La construcción de indicadores se traduce en el primer momento de valor heurístico en la apertura de caminos hipotéticos sobre los cuales la construcción teórica debería avanzar. A diferencia de la investigación hipotético-deductiva, en este tipo de construcciones interpretativas, las hipótesis no representan elaboraciones a priori, cuyo fin único sea el de ser comprobadas. Por el contrario, los caminos por los que el modelo teórico ha ido ganando capacidad explicativa, dado el carácter vivo de este proceso, han precisado del investigador estar todo el tiempo posicionándose y acompañando alternativas diferentes, frente a las múltiples informaciones que va construyendo (González Rey, 2014a; González Rey & Mitjáns, 2017a).
Precisamente, la Epistemología Cualitativa (González Rey, 2017a-b) implica que el proceso de producción de conocimientos avance a través de las relaciones de comunicación, dialógicas, establecidas entre el investigador y los participantes de la investigación. Es un proceso interactivo donde la comunicación se ha convertido en el modo sobre el que se desarrollan los diferentes momentos de la metodología asumida, tanto orientada al estudio de un individuo – como en el estudio de caso que desarrollamos aquí– como al análisis de procesos sociales más amplios. La calidad de la expresión de los participantes, deviene aspecto esencial en el valor de la información producida durante el estudio, y esto marca una aproximación diferente en la forma en que tradicionalmente se conducen las investigaciones en el espacio de la Psicología del Deporte cubana.
Nuestra propuesta ha desarrollado un estudio de caso de un judoca cubano de Alto Rendimiento, que compite en la modalidad paralímpica. El caso de J. nos permitió explicitar la construcción e interpretación de conocimientos, como vía posible para, desde la práctica sistemática de la Psicología del Deporte aplicada al entrenamiento deportivo, entender las experiencias deportivas –como las de fracaso en competencia– en su dimensión singular y compleja. De forma más específica, propusimos entender las acciones tácticas como procesos en los que la subjetividad también está presente, y donde la condición de emergencia y de procesualidad marca cualquier aproximación investigativa que se proponga analizarlas.
Las dinámicas conversacionales fueron promovidas como instrumento del diálogo, donde el otro –el deportista– tenía un espacio de expresión. Esa presencia de los participantes en el diálogo, permitió comprenderlo como configuración subjetiva de un espacio constantemente compartido y en movimiento (González Rey & Mitjáns, 2017a). Este tipo de espacio dialógico permitió incitar a J. a la reflexión, a colocar en el foco de sus elaboraciones, determinadas experiencias en competencia, referidas a dos momentos de no consecución del resultado esperado.
Desde el inicio pretendimos que J. se sintiera protagonista del proceso, compartido con otros miembros del equipo, a partir de la conversación reflexiva e interactiva, generándose zonas de intercambio nuevas entre nosotros. Las dinámicas conversacionales, todas desarrolladas en el centro de alto rendimiento Cerro Pelado en La Habana, Cuba, facilitaron la interacción y la construcción de saberes colectivos y de procesos que promovieron la imaginación y la producción de nuevos sentidos subjetivos en los deportistas participantes, a partir de la posibilidad de confrontarse y de expresar sus contradicciones y tensiones actuales en un espacio dialógico con la psicóloga.
El estudio de caso que presentamos como propuesta para analizar la acción táctica desde la Teoría de la Subjetividad, la Epistemología Cualitativa y el método constructivo-interpretativo, explicitó momentos de diálogo con J., construidos en dinámicas conversacionales que tuvieron de base una relación de trabajo de más de dos ciclos olímpicos. El valor de la propuesta no está dado por la correspondencia lineal e inmediata del conocimiento con lo real, sino por su capacidad de generar inteligibilidad, y de permitir nuevas zonas de acción sobre la realidad, como se intenta aquí.
Se analizaron dos momentos relevantes en la vida deportiva de J. primero las Paralimpíadas de Londres 2012, y luego los Juegos Parapanamericanos de Toronto 2015. La selección de estas dos etapas se hizo explícita en la construcción del caso. Consideramos pertinente remitir nuestros diálogos a momentos deportivos específicos, de ahí la denominación de los apartados con los nombres de las competencias analizadas. Pretendíamos promover reflexiones sobre situaciones específicas, que “obligaran” a J. a posicionarse y reflexionar sobre sus decisiones en el desarrollo de sus acciones en un momento específico. Así, retomamos también la idea de Mahlo (1974) de la importancia de investigar la acción táctica en sus formas específicas y sus particularidades, para conseguir analizar estas experiencias deportivas de una forma integral, teniendo en cuenta sus aspectos cualitativos y su valor educativo.
Resultará evidente para el lector, nuestra intención de conducir el diálogo hacia la vivencia de la acción deportiva, retomando aspectos de las ejecuciones tácticas específicas de J. en estas dos situaciones competitivas. De este modo, los fragmentos de diálogos relatados aquí, siempre giraron en torno a aspectos relevantes de las diferentes situaciones tácticas vividas, porque era justamente ese nuestro interés. Intentamos articular aportes teóricos y metodológicos de nuestro referencial, con las demandas del asesoramiento psicológico a modalidades deportivas como el judo, donde la toma de decisiones y el análisis táctico eficiente están en los primeros planos de significación.
Resultados y discusión
La posibilidad de pensar la acción táctica como espacio multidimensional configurado subjetivamente: el caso de J.
Juegos Paralímpicos Londres 2012
La necesidad de una preparación deportiva organizada para la participación de la delegación cubana paralímpica en Londres 2012, fue la razón para demandar el asesoramiento psicológico en el trabajo profesional desempeñado en cada deporte practicado por personas que viven con una discapacidad física. Así fue que tuvimos la oportunidad de integrarnos al asesoramiento psicológico sistemático que, por primera vez, se realizaba en cada una de las fases de la preparación deportiva desarrollada con el Judo Paralímpico Cubano. Como proceso, tuvo sus altas y bajas, pero en general permitió que nuestros entrenadores y deportistas comenzaran a construir un vínculo estable con el espacio de la Psicología del Deporte.
Pensando propiamente en la ejecución en Londres 2012, con un resultado, en su criterio inferior, de bronce para J. no esperado por él, y rememorando su recibimiento de la medalla visiblemente abatido, nos dijo,
J. Yo iba preparado para otra cosa, la preparación que hice fue buena, me sentía bien. El día de la competencia me sentía bien, pero en el combate del pase a la final ¡ahí se me fue! (…) después salí a buscar el bronce con todo y lo logré.
PSICÓLOGA. ¿Cómo recuerdas el combate del pase al oro?
J. Lo que más me acuerdo es que de repente estaba cansado, la sensación del cuerpo pesándome, estaba lento, me movía lento.
PSICÓLOGA. ¿A qué crees que se debía estar lento?
J. No sé (.)(.) Debía ser por exceso de entrenamiento, o por hacer muchas pesas (.)(.) No sé.
PSICÓLOGA. ¿Con qué frecuencia hiciste circuito en la preparación de Londres? [Circuito es el término con el que se denomina el entrenamiento continuo de pesas]
J. No me acuerdo.
PSICOLOGA. ¿En qué otros momentos has sentido el cuerpo pesado?
J. Eso a mí me pasa a veces (…) (.) Cuando estoy triste sobre todo.
J. con 36 años y con una discapacidad física congénita-hereditaria, consistente en una disminución de la visión, tiene más de 20 años de vida deportiva, en los cuales ha conseguido resultados internacionales de renombre, a nivel paralímpico y mundial, además de haber sido campeón nacional desde los 18 años. En las caracterizaciones deportivas dadas por sus entrenadores, aparecía generalmente calificado como deportista “problemático” por la inaccesibilidad que siempre marcó sus interacciones con el personal médico que lo atendía. Nuestro proceso de interpretación, siguiendo el método constructivo-interpretativo, comenzó con la elaboración de indicadores que apuntaron a senderos hipotéticos más complejos, que intentaremos ir desarrollando aquí.
De este primer diálogo con J. resultó posible pensar que existía una relevancia motivacional- emocional específica imbricada en su vivencia deportiva, lo que implicaba que la situación de competencia y su resultado final, se configuraran en una red afectiva relevante para J. Aparentemente no vivió el resultado deportivo solo como resultado final, sino como proceso, donde el autoconocimiento jugó un rol importante. Los argumentos de J. giraron en torno a cuestiones específicas de su ejecución deportiva, tales como: “cuerpo pesado, movimientos lentos”. O sea, la evaluación de la disposición en la ejecución se configuró en la experiencia deportiva también. No se trataba de una pre-disposición, y si de una organización subjetiva compleja que tomaba forma en sus acciones.
La identificación indirecta de “cuerpo pesado” con tristeza, reforzó este indicador de la relevancia emocional de la situación de combate para J. Aunque argumentaba el exceso de entrenamiento de pesas –circuito– como uno de los posibles factores que conllevó a que se sintiera lento durante el combate, no consiguió identificar cuál fue la frecuencia de ese tipo de ejercicio. Si unimos esta “falta de precisión” en un aspecto relevante del proceso del entrenamiento, con la asociación que hizo entre la vivencia física de este combate con un estado emocional negativo de tristeza, pudimos afirmar otro indicador más específico, que se derivaba del anterior, referido a que el peso de la condición de derrota distorsiona la organización subjetiva de esta experiencia de competencia, donde se configuraron también expectativas de rendimiento en relación a un resultado final objetivo.
PSICÓLOGA. ¿Cómo fueron los kumi? [Kumi-kata es la forma de agarrar o controlar el judogi del adversario. Constituye un elemento básico de judo]
J. [Expresión de extrañamiento, como de sorpresa ante la pregunta] ¿De qué quieres que te hable, de aspectos técnicos?
PSICÓLOGA. De lo que venga a tu cabeza cuando te pregunto sobre los kumi.
J. Yo soy zurdo para el judo, así que hice lo que hago siempre. Primero moverlo mucho a ver cómo iba siendo, y después tratar de entrarle por algún lugar. Eso fue lo que siempre me enseñó mi papá. Es el ABC para cualquier combate, sea con quien sea.
PSICÓLOGA. ¿Tu rival en este combate cómo se movía?
J. (.) Creo que lento. Sí, lento también, pero era un chiquito joven. Jalaba duro.
PSICÓLOGA. ¿Hacía judo por la izquierda?
J. (.)(.) No me acuerdo. A ver. [Se pone de pie, simula la posición de los brazos y algunos movimientos de piernas, intentando recordar] (.)(.) Ahora me parece que sí, que era zurdo también.
PSICÓLOGA. ¿Crees que haber pensado sobre esto en el combate hubiera tenido alguna relevancia particular?
J. Yo no lo pensé así como ahora, que me paré a pensarlo, pero yo lo sabía, mi cuerpo lo sintió y se organizó para hacer judo con un contrario zurdo igual que yo (…) (.)(.) Fíjate que con la técnica que me ganó me entró por el lado que menos me estaba defendiendo. ¡Y de eso si me di cuenta ahora!!!.
En la acción deportiva se configuran producciones provenientes de diferentes espacios específicos de la vida de sus protagonistas. La posibilidad de ser organizada subjetivamente, supone que toda producción subjetiva que la dinamiza tiene la condición de emergente, y se singulariza, en el curso de la acción, sin embargo, esta emergencia no implica necesariamente descubrimiento o novedad. La ejecución deportiva en el Alto Rendimiento involucra un nivel de aprendizaje, que garantice procesar solo lo relevante, centralizando recursos derivados de la automatización de patrones motrices imprescindibles en la ejecución correcta de los movimientos. Así, como J. reflexiona, su condición deportiva le permite “sentir” que el contrario es zurdo, y no “pararse a pensar” cuál es su lado más fuerte.
Luego, podemos construir una hipótesis de análisis que avanza a partir de los indicadores anteriores, referida a que en la configuración subjetiva de la acción de J. en este combate, se organizaron producciones que tuvieron que ver con su historia deportiva, con sus expectativas de rendimiento, con su nivel de preparación táctica, con la rigurosidad de entrenamientos y preparaciones en general, etcétera, que emergieron y se organizaron en la condición de la acción, es decir, no eran elementos estáticos, sino que fueron adquiriendo relevancia en la propia dinámica de la acción. Complementariamente pudimos afirmar que la configuración subjetiva de la acción táctica resultó en extremo dinámica y plurideterminada. La novedad y el descubrimiento estarían entonces en la organización singular que esos aprendizajes tuvieron en la ejecución específica de la acción emergente.
PSICÓLOGA. ¿Cuándo fue la última vez que recuerdas haberte sentido triste?
J. Mi vida es dura, tengo muchas cosas encima de mí (.) A veces no me puedo dar el lujo de estar triste. Hay que seguir y seguir. Hay varias cosas que me hacen sentir tristeza. Cosas de mi familia, que a veces no puedo resolver, de amistades, lo normal.
PSICÓLOGA. ¿En el deporte?
J. Lo que le pasa a todo el mundo, no me gusta perder. No me gusta sentir que no lo hice bien.
PSICÓLOGA. ¿Qué significa que no lo hiciste bien? ¿A qué te refieres?
J. Que uno se esfuerza y no le sale bien.
PSICÓLOGA. Dame un ejemplo.
J. Ese combate por el pase al oro yo lo había imaginado muchas veces, estaba listo, al menos creía que estaba listo.
PSICÓLOGA. ¿Listo para tener un buen combate o listo para ganar?
J. (.) (.) Las dos cosas (…) (.)[Reflexiona] Y en verdad son cosas diferentes, puedes tener un buen combate y no ganar o ganar y ser de chiripa [Término popular cubano que significa ganar de casualidad, sin que esfuerzos conscientes mediaran el resultado].
PSICÓLOGA. ¿El pase al oro fue un buen combate?
J. Aguanté todo lo que pude.
PSICÓLOGA. ¿Dirías que hiciste todo lo que podías en ese momento?
J. ¡Seguro!!! ¡Siempre, eso siempre!!!! [Exaltado]. Así aprendí que se hace judo, o te matas ahí en el tatami o no eres un judoca de verdad.
PSICÓLOGA. Entonces, ¿por qué la sensación de derrota?
J. Yo no sé, pero es lo que siento (.)(.)
Vale aquí retomar una de las afirmaciones colocadas al inicio del artículo: la intención no nos guía a lo que sentimos. J. vivenció el combate como un fracaso, aunque al mismo tiempo sintiera que hizo todo lo que el momento exigía de él para ganar. Es que, en la acción, también se configuran y toman forma contradicciones e incertezas que complejizan su organización subjetiva y que la dinamizan. Lo esperado sería que si J. sintió que “hizo todo lo que pudo” la experiencia fuese vivida desde la satisfacción y la tranquilidad que se derivarían de la realización y cumplimiento del máximo esfuerzo propuesto, sin embargo, esta valoración racional no prevaleció. El rendimiento deportivo, el resultado final, para J., en esta ocasión predominó subjetivamente en la configuración de esa experiencia deportiva, con una relevancia emocional negativa sobre la condición de haber rendido al máximo.
PSICÓLOGA. ¿Recuerdas algún combate en tu historia deportiva, que hayas perdido, pero que no te dejara con una sensación de peso?
J. (.)(.) No sé (…) Cuando era chamaco [Término popular cubano que se refiere a la etapa de la niñez hasta adolescencia temprana], que ya solo competir para mí era una cosa del otro mundo. Boberías que uno vive.
PSICÓLOGA. ¿Cambió?
J. Debe ser la edad [Sonríe].
Y quizás sí que sea la edad como J. afirma, o más específicamente, la organización singular que su experiencia de vida alcanza en su configuración actual de la acción de combatir en situación de competencia. Lo que hemos vivido, nuestras alegrías y nuestras tristezas, lo conseguido y lo anhelado, etcétera, también toman forma en nuestra acción cotidiana. Reaparece la relevancia de las expectativas de rendimiento para J. en lo implícito en sus análisis. En la infancia, como etapa de inocencia y de descubrimiento, la participación en competencias de por sí ya era suficiente para promover una condición afectiva de disfrute y realización para J., cuestión que a medida que la experiencia de vida se va complejizando en la adultez, pasa a estar matizada por diversos aspectos que acaban “desnaturalizando” esa alegría única de la infancia. La subjetividad, como ha sido abordada aquí, acaba siendo un sistema motivacional que forma parte permanente de la experiencia humana en desarrollo. No hay como desvincular lo que J. es hoy de lo que fue y será, porque el escenario actual de sus acciones no es más que la configuración subjetiva de sus experiencias emergiendo en la procesualidad de lo que vive.

Juegos Parapanamericanos Toronto 2015

Los momentos incluidos aquí correspondieron a una etapa complicada en la vida deportiva de J. debido a la relativa ausencia de resultados de nivel en los últimos cuatro años, luego del bronce de Londres, como cabría esperar de una primera figura como él.
Los Juegos de Río 2016 debían haber sido sus quintos Juegos Paralímpicos, situación en extremo especial debido a que no es común que un deportista pueda mantenerse en el Alto Rendimiento por tanto tiempo como J. ha conseguido hasta el momento. Sin embargo, no clasificó quedando fuera del podio en los Parapanamericanos de 2015.
Profundizando en reflexiones sobre la preparación previa al Parapanamericano comentó,
Hay veces que tienes tanto en la cabeza que no puedes concentrarte, es como que no paras de pensar y eso, aunque uno sea fuerte y logre seguir adelante, sigue ahí y ahí en la cabeza, entonces te (…) [hace mal]. Te cansas y eso sale en la competencia (.) (.) Ese fue un momento en que yo quería hacerlo bien pero la situación era difícil (…) Fue todo, se me unió todo.
En aquellos momentos, las conversaciones con J. eran bien duras emocionalmente. La situación difícil que estaba viviendo por cuestiones personales, lo llevó a admitir pedir ayuda, y comenzó así a encontrar momentos, calificados de “paz” por J., en nuestras conversaciones. Esas fueron las bases de la relación que establecimos que permitieron que J. siendo una persona muy desconfiada, por momentos paranoica, agresiva, muy inteligente, sagaz e irónico, se involucrara en la relación profesional de la forma más sincera, respetuosa y leal que consiguió.
Retomando el análisis del combate determinante de esta competencia, J. nos comentó,
PSICÓLOGA. ¿Por qué bajar la postura?
J. Es que mi idea era tirarme yo y barrerlo con la pierna, pero me desestabilicé.
PSICÓLOGA. ¿Conocías a tu contrario?
J. Ya había peleado con él, y vi que él sabía por dónde yo le entraría (.) Como que había visto ya mis combates, o algo (.) Que estaba estudiado.
PSICÓLOGA. ¿Te incomodó eso?
J. Al contrario, fue un desafío mayor. Pensé, ah ¡¿porque tú te crees que me conoces?!! Tú vas a ver. Y me fajé [combatí] duro.
PSICÓLOGA. ¿Cómo recuerdas el combate?
J. Para que tú veas, ese combate no me dejó triste, porque me fajé. Ya yo estoy viejo. Hacer el peso también ya me cuesta trabajo, no es lo mismo bajar con 20 años que con 30. Pero de todas formas no dejé que me tirara fácil . Casi que me caí yo, él no me tiró .
El combate de la discusión del bronce, a pesar de no terminar en victoria, para J. fue un combate que dejó un recuerdo satisfactorio. ¿A qué pudo deberse esto? Las expectativas de J. para esta competencia en general fueron las de salir a hacer lo mejor posible, no de ganar. Luego, complementando lo dicho antes, nuestras intenciones no solo no determinan lo que sentimos, sino que se configuran en la complejidad que toda la situación implica, significando elementos que están más allá de la intención, como la dificultad objetiva de hacer el peso, que se convirtió en una gran limitación física para un judoca acostumbrado a una masa muscular específica que influye en la fuerza y la intensidad con que realiza sus movimientos.
Esta nueva información nos reafirmó la línea de análisis que veníamos construyendo con los indicadores elaborados. Pudimos hipotetizar que dicha organización singular de la acción de J. adquirió un matiz específico a partir de la configuración de diversas dimensiones de la propia organización en la acción. O sea, el análisis reflexivo que se configuraba en disposición para el combate, en esta ocasión estuvo organizado en relación a metas reales, y esta organización, unida a las características del desarrollo de ese combate en específico, permitió que J. sintiera que se empleó al máximo posible, siendo esta configuración singular un sinónimo de victoria en los marcos de sus metas reales de entonces.
La vivencia afectiva de “deber cumplido” se organizó de tal forma que incluso lo que fue un movimiento exitoso de ataque de su contrario, para J. se configuró subjetivamente como un fallo personal suyo en el combate: “Casi que me caí yo, él no me tiró”, porque en definitiva y esta es una hipótesis más general, la consistencia subjetiva de una situación de victoria radicaba en su condición de integridad, de control total, de poder de decisión, “él no me ganó, yo perdí”. Esta hipótesis fue congruente con el análisis que promovió asumir la consecución del máximo rendimiento posible de acuerdo a metas reales.
Eso de retirarse ganando, no necesariamente tiene que ser así. Yo creo que la gente que se retira ganando, es porque no le dio una oportunidad a los años que venían. Que se cansó y quizás antes de tiempo. Yo me retiraré cuando sienta que no puedo más, y eso aún hoy no es. Yo creo que puedo competir un poco más, siento que puedo dar más (.) Si no puedo, me retiro y ya. Y para el que lo haga de otra manera mira [Bate sus manos como señal de celebración], palmas.
(…) No, no me da igual, yo lo hice bien [Se refiere a resultados anteriores en Juegos Paralímpicos] y me gustaría hacerlo bien una vez más. En el otro ciclo olímpico ya son 38 años. Me voy a dar otra oportunidad.
No caben dudas de que el deporte ha sido para él un espacio importante de realización personal. Un espacio de constancia total, y de entrega que no ha abandonado desde que comenzó en el judo a los 11 años de edad bajo la instrucción de su padre, figura central en la emocionalidad implícita en ser judoca. Un espacio de imposición a las adversidades, donde la comprobación de que él es un campeón, de alguna forma es lo que da consistencia a su vida.
Son mis quintos juegos olímpicos, eso es un logro ya. Yo no debería estar aquí ya [Se refiere a su edad]. Entreno de verdad, con todo y hago las pesas completas como un anormal ahí porque sé qué es lo que me hace falta. De los cinco [Se refiere a los judocas principales del equipo], yo soy el que más en serio se toma esto aquí, porque cuando vengo a hacer judo, es judo, no mujeres, ni alcohol, ni nada de eso.
La singularidad de estas experiencias de competencia para J. se organizó en la relevancia que como espacio de realización tiene para él la práctica sistemática de judo en el Alto Rendimiento,
Judo es lo que he hecho toda mi vida, esto es durísimo, pero cuando me alejo al final estoy pensando en esto.
Es posible afirmar aquí, como hipótesis también nutrida de los indicadores anteriores y avanzando a partir de las hipótesis ya construidas, que en su configuración subjetiva del deporte se han organizado, sentidos subjetivos relacionados con aspiraciones de éxito, con reconocimiento social, con valores familiares organizados alrededor de la figura paterna, que fueron tomando forma en la emergencia de producciones subjetivas en el curso de la acción deportiva y que le han permitido ser J. en el deporte. Esa implicación, lo ha llevado a procurar alternativas para primero garantizar la permanencia en la práctica, y en segundo lugar, para lograr la consecución del éxito, como es intentar en el próximo ciclo olímpico, en una división de peso superior, que por admitir más peso físico parecería no implicar un desgaste tan grande de su organismo, cuestión que J. supone, pues nunca ha competido en una división diferente a la suya.
Ha repercutido más en su posicionamiento la relevancia motivacional que implica continuar siendo judoca de Alto Rendimiento, que el posible análisis racional que podría derivarse de su condición actual. No se trata de que él no pueda tener más resultados de nivel, sino de que, biológicamente, no es sencilla la adaptación de un organismo entrenado por 20 años a competir en una división de peso, y cambiar a otra diferente donde deben reajustarse la mayoría de las capacidades motoras: fuerza, resistencia, velocidad, etcétera, y no solo reajustarse, sino refinarse al nivel exigido en el Alto Rendimiento. No podemos dejar de reconocer que se requiere valentía y decisión para aceptar someterse a la preparación deportiva para el otro ciclo olímpico.
A partir de este análisis, podemos afirmar que para J., fracasar se convirtió en un término complejo, que lo colocaba ante el desafío del reconocimiento de la derrota, lo cual fue una verdadera fuente de tensiones para él. Su historia deportiva había estado marcada por triunfos deportivos. No había vivenciado situaciones de fracaso relevantes como las vividas en el último ciclo, que lo colocasen ante la “obligación” de desarrollar recursos subjetivos para el manejo de lo que sentía (para poder permanecer en el judo). La secuencia de derrotas ha comenzado cuando su vida empezó a verse asediada por la condición de retiro. Inevitablemente su historia deportiva se entrelaza con su historia personal, que a partir de la figura paterna, estuvo marcada por la crítica y por la exigencia, sobre todo en relación a asumir la práctica consagrada de judo como proyecto de vida. Esos sentidos subjetivos fueron dominantes en la configuración subjetiva del deporte en J., y en consecuencia, estuvieron organizados en la expresión eficiente de la acción de la vida deportiva y familiar, en lo fundamental. Estas afirmaciones pudieran ser favorecidas por profundizaciones posteriores, sin embargo, parecía pertinente ser incluidas aquí.
Lo que racionalmente podría derivarse de algunos de estos análisis, en ocasiones poco importa en relación a cómo se organiza subjetivamente una determinada experiencia. El protagonista de cada experiencia, es en definitiva el que diferencia los “debe ser” y los “podría ser”, y solo intentando interpretar las organizaciones singulares en que las experiencias son vividas, sería posible comenzar a entender las acciones deportivas, como procesos configurados subjetivamente. La noción de configuración subjetiva permite articular las dimensiones más técnicas y específicas de las ejecuciones deportivas, con las organizaciones más complejas como los análisis tácticos, y con los procesos humanos en general, en el deporte.
En modo alguno se pretendió negar las valoraciones que como proceso pedagógico se derivaron del estudio de situaciones de combate específicas como las que hemos intentado abordar aquí, sino que proponemos también someter a análisis las producciones subjetivas que se configuran en estas acciones y que no pueden ser reducidas a aspectos técnicos de rendimiento deportivo.
Algunas ideas finales…
De forma explícita, nuestra intención ha sido la de construir un estudio de caso con un enfoque constructivo-interpretativo, desde la Teoría de la Subjetividad, la Epistemología Cualitativa y el método constructivo-interpretativo, que permitiera entender que las producciones subjetivas representaron sistemas de configuraciones subjetivas en la acción táctica, cuya condición particular impidió que fueran organizadas a priori y que se establecieran relaciones de determinación en el propio curso de la acción.
Ante un ejemplo como el de J., se muestra inoperante un modo de accionar que no justifique el espacio de la singularidad y de la producción individual de realidades de vida. Las elaboraciones que nuclean este modelo teórico en desarrollo, explicitado en el juego de hipótesis e indicadores que en diálogo con J. fuimos construyendo, tuvieron en sí un valor generalizador, debido a que fueron condiciones posibles de construir a partir del trabajo con J., teniendo la posibilidad de explicitarse en los espacios singulares de vida de J., sin determinar cómo se explicitan.
La lógica de construcción e interpretación a partir de indicadores e hipótesis, esencialmente ha perseguido el fin de otorgar inteligibilidad al fenómeno deportivo, a partir ganar en recursos que permitan abordar las experiencias deportivas en diálogo con sus protagonistas, donde se legitime la singularidad, la forma única en que vivenciamos nuestras prácticas, como nivel de producción de conocimientos. La condición de ser una persona que vive con una discapacidad visual no apareció vinculada con la organización subjetiva de la experiencia en competencia de J., en estos momentos analizados. Esta cuestión, reforzó la idea central de lo que hemos intentado construir aquí: no existe determinación posible en las experiencias humanas, o sea, ni una condición “a priori” como podría ser pensada la vivencia de la discapacidad, determina una forma específica de vivir el deporte, como J. nos permite pensar.
Asesorar psicológicamente la preparación deportiva de un deporte en específico como el judo, puede conjugarse con posibles desdoblamientos psicoterapéuticos de un proceso de pesquisa constructivo-interpretativo como el que desarrollamos aquí. La consideración de la actividad deportiva como configuración subjetiva de la acción táctica permitió construir una aproximación singular a la experiencia deportiva de un judoca de larga vida deportiva. Dos momentos de “derrotas” fueron vividos por nuestro protagonista de formas diferentes, lo que nos permitió afirmar que la experiencia deportiva se configura en el curso de la acción, que es en definitiva donde adquiere su significación. Aquí, las verbalizaciones de la acción vivida no tuvieron relevancia en sí mismas, sino dentro de la organización subjetiva que las articuló y las produjo. Las dinámicas conversacionales, como instrumentos utilizados, fueron solo momentos constituidos en una relación primariamente humana. Así, la investigación tuvo la posibilidad también de favorecer, si así se quiere pensar, procesos singulares vinculados con la condición de desarrollo subjetivo. En definitiva, cuando damos espacio a pensar en las experiencias deportivas como configuraciones subjetivas organizadas en la acción, intentamos abrazar la complejidad humana en su dinamismo inherente.

Referencias bibliográficas

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Citas
González Rey, F. (2015). A saúde na trama complexa da cultura, das instituições e da subjetividade. “O subjetivo especifica um tipo de processo que emerge como qualidade da cultura, sendo parte dela, e produzido nos espaços sociais diferentes dentro dos quais culturas diferentes se desenvolvem de forma simultânea dentro de um mesmo tempo histórico” ... (p.15).
Petitmengin, C. (2006). Describing one’s subjective experience in the second person: An interview method for the science of consciousness. “When a person tries to describe the way in which he or she carries out a cognitive process, the person usually begins by describing his representation of the process, what he believes he is doing, or what he imagines he is doing. It is also often the case that the person tends towards judgments, assessments, or comments on the carrying out of the process (such as ‘it was difficult’ or ‘it went well’), or theoretical knowledge or explanations about the process in question. All this data may be of some value, but it does not give us any information about the way the person really carries out the process. A particular effort is necessary for the person to gain access to his or her experience itself, which lies underneath his or her representations, beliefs, judgments and comments […]” (p.235).
González Rey, F. & Mitjáns, A. (2017a). Teoria, epistemologia e método. “sistema vivo de relações” (p.38).

 

Agradecimientos
Al Prof. Dr. Fernando Luis González Rey, por la orientación y la confianza en los jóvenes profesionales, por el cariño y el impulso para avanzar en los caminos de la subjetividad y por la voluntad de cada día ser más coherentes y osados en nuestras aproximaciones a la complejidad de las experiencias humanas.
A la selección de judo paralímpico cubano, judocas y entrenadores, que al hacernos parte de sus historias, nos permitieron aprender sobre la fortaleza humana y la valentía ante los obstáculos.


Vale aclarar que no se entendió aquí a la ontología como esencia universal del ser, como fue definida por la metafísica, pero si se enfatizó la necesidad de especificar el carácter cualitativo de la psique humana, para evitar que su definición se diluyera en otros que, aunque participan de su génesis y desarrollo, no la definen de forma directa e inmediata (González Rey, 2006).

Las categorías referidas son desarrolladas en varios textos recientes como Subjetividade: Teoria, epistemologia e método, de González Rey y Mitjáns (2017a).

Con fines de uniformidad en el texto en todas las anotaciones de diálogos se usará la siguiente nomenclatura: (.) = pausa breve; (…) = parte del texto omitida; [cursiva] = detalles de expresión corporal o generales, importantes de destacar para la comprensión de la construcción del caso.

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