Vol 9. Núm 25. 2021
LA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE PANDEMIA. IMPACTOS EN LA SUBJETIVIDAD DE ESTUDIANTES CUBANOS EN TRANSICIÓN A LA UNIVERSIDAD
Annia Almeyda Vázquez Facultad de Psicología. Universidad de La Habana, Cuba. Tania García Fonseca Hotel Nacional de Cuba. La Habana, Cuba. Arlety Pacheco Gómez Centro de Estudios Sociopolíticos y de Opinión. La Habana, Cuba. Solanch García Contino Dirección de Formación de Pregrado. Universidad de La Habana, Cuba. Arlety García Cabezas Diana Otero Solís Facultad de Psicología. Universidad de La Habana, Cuba.
Resumen
Asistimos a una crisis mundial cuyos impactos trascienden la esfera sanitaria y comprometen todos los aspectos de la vida. La educación no escapa a tales efectos. En el 2020, millones de niños, adolescentes y jóvenes han visto detenido su proceso de enseñanza-aprendizaje y, con ello, el avance hacia grados o niveles superiores. Los efectos subjetivos de esta situación se agudizan en aquellos estudiantes que cierran un ciclo, que estaban en plena preparación para un proceso de culminación de estudios, de transición a la universidad o de transición al mundo del trabajo. En este artículo realizamos una mirada a la situación educativa actual de diferentes países, incluido el nuestro, ilustrando las distintas estrategias que se han asumido para afrontar esta crisis y responder al gran desafío que nos impone. En este escenario profundizaremos en la comprensión de los efectos de la pandemia en la subjetivad de los estudiantes cubanos de 12 grado que aspiran ingresar a la universidad en el curso 2020-2021 que, al inicio de la pandemia en el país, se encontraban próximos a realizar sus exámenes de ingreso. Para conocer la perspectiva de los jóvenes realizamos un intercambio y discusión grupal a distancia, a través de WhatsApp, ante el imperativo del distanciamiento físico. Desde el enfoque cualitativo y con una perspectiva fenomenológica nos acercamos a comprender las vivencias de un grupo de estudiantes cubanos que sueñan con obtener un puesto en las aulas universitarias y han visto obstaculizada su realización por la pandemia.
Abstract
We are witnessing a global crisis whose impacts go beyond the health sphere and compromise all aspects of life. Education does not escape such effects. In 2020, millions of children, adolescents and young people have seen their teaching-learning process stopped, and with it, progress towards higher grades or levels. The subjective effects of this situation are exacerbated in those students who close the cycle, who were in full preparation for a process of completion of studies, transition to university or transition to the world of work. In this article we take a look at the current educational situation in different countries, including ours, illustrating the different strategies that have been adopted to face this crisis and respond to the great challenge that it imposes on us. In this scenario, we will deepen our understanding of the effects of the pandemic on the subjectivity of Cuban 12th grade students who aspire to enter university in the 2020-2021 academic year who, at the beginning of the pandemic in the country, were close to take their exams to enter the university. To know the perspective of the students, we carried out a distance exchange and group discussion, through WhatsApp, in the face of the imperative of physical distancing. From the qualitative approach and with a phenomenological perspective, we approximate to understand the experiences of a group of Cuban students who dream of obtaining a position in university classrooms and have seen their desire impeded by the pandemic.
Palabras claves
pandemia, retorno a clases, subjetividad, jóvenes, ingreso a la universidad, pandemic, return to classes, subjectivity, youth, university entrance

Introducción
La Organización Mundial de la Salud (OMS) el día 11 de marzo de 2020 declaró la COVID-19 como pandemia (Nekane, et al., 2020). Desde entonces esta enfermedad ha provocado una situación crítica en diferentes ámbitos de la vida de los seres humanos. Según informe de CEPAL, OREALC y UNESCO, en la esfera de la educación esta emergencia ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales en infinidad de instituciones educativas en más de 190 países, con el propósito de evitar y disminuir la propagación del virus. La UNESCO refirió que, a mediados de mayo de 2020, más de 1. 200 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza en todo el mundo habían dejado de tener clases presenciales, de ellos más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe (Maneiro, 2020).
En Cuba, el proceso educativo ha estado fuertemente impactado por esta situación desde el mes de marzo. Desde el Ministerio de Educación Superior (MES) se desarrolló una estrategia para afrontar el imperativo de quedarse en casa sin que esto impidiera la continuidad del curso. Para ello se montó un sistema de clases por televisión, que ha permitido la orientación de objetivos y contenidos previstos según los diferentes niveles educativos, grados y asignaturas. Ha sido necesario realizar ajustes para flexibilizar el proceso docente y reducir las afectaciones, incluyendo algunos cambios que se producirán a inicios del próximo curso en septiembre (Rodriguez & Odriozola, 2020).
Es válida la alerta en torno a las desigualdades sociales existentes que podrían limitar el óptimo aprovechamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje en las condiciones actuales. En este sentido cabe mencionar que:
las condiciones de hábitat de los educandos para un normal desempeño del autoaprendizaje en casa, las situaciones de convivencia familiar, el nivel educacional de sus convivientes para apoyarlo en este proceso, el acceso al equipamiento necesario, entre otros. Con relación a esto último, si bien la TV nacional tiene una amplia difusión en el país, cabe recordar que en el Censo de Población y Viviendas (2012), un total de 201 161 viviendas no poseían televisores (ni en blanco y negro ni en colores) y otros 172 346, aunque contaban con el equipo, este no funcionaba. Sobre el total de viviendas censadas, la suma de estos dos valores representa el 10% (Rodríguez & Odriozola, 2020, p. 29).
En estas condiciones nuestro gobierno ha realizado un gran esfuerzo por sostener el proceso educativo, a pesar de las dificultades. A continuación, realizaremos una breve panorámica internacional que ilustra el modo particular en que diferentes países han afrontado el desafío de la educación en tiempos de coronavirus.
Una mirada internacional a la escuela y los retos impuestos por la Covid-19.
Cada país ha afrontado el impacto de esta pandemia en la educación considerando sus propias realidades y recursos. En dependencia de la evolución de la situación epidemiológica específica de cada lugar, se han tomado decisiones sobre el retorno a la escuela o el imperativo de dar continuidad al proceso de aprendizaje a distancia apoyándose en las herramientas tecnológicas o combinando ambas opciones.
En Europa, países como Dinamarca, Noruega y Alemania reabrieron tempranamente las escuelas para los más pequeños a fines de abril e inicios de mayo, no registrándose aumento de contagios asociados a la vuelta a clases. En Dinamarca se crearon “burbujas” de estudiantes, o sea, pequeños grupos que hacían todo juntos: llegaban al mismo tiempo, usaban la misma sala de clases y área de juegos (Jofré, 2020).
Francia comenzó una gradual apertura de sus colegios en mayo, permitiéndose que los pequeños pudieran volver a clases de manera voluntaria. Esta decisión fue motivada por razones sociales, para evitar el incremento de desigualdades sociales y velar por la situación de los niños vulnerables. Desde junio los colegios pudieron reabrir para todos los cursos, no así para las universidades, que debieron esperar al inicio del año escolar en septiembre  (Jofré, 2020). En Suecia, la crisis sanitaria se vivió de otra manera. El enfoque de ese país ha sido el de la inmunidad de rebaño, con lo que no ha habido importantes medidas de distanciamiento social. De hecho, los colegios para los más pequeños no cerraron en ningún momento, no así las escuelas secundarias y las universidades (Jofré, 2020).
En toda España el curso escolar 2020-2021 arrancaría en septiembre, remitiéndose al acuerdo alcanzado entre el ministerio y las comunidades autónomas (salvo Madrid y Euskadi), en el que se establece que el curso dará comienzo en las fechas habituales del mes de septiembre y con la presencialidad como principio general, comenzando entre el 4 y el 15 de septiembre en función de las comunidades autónomas (Hernández, 2020). Este se desarrollaría de manera presencial hasta el 2º curso de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y a partir del 3º curso de la ESO podrá tener un carácter semipresencial. Fomentarán realizar actividades no lectivas por vía telemática. Como medidas de higiene, el uso de mascarillas será obligatorio a partir de los seis años en todos los espacios del centro. Tanto alumnos como profesores deberán mantener la distancia de al menos 1.5 metros. Los niños deberán lavarse las manos al menos cinco veces al día. Para salvaguardar la seguridad de los más pequeños, se crearán grupos de convivencia estable, siendo estos, grupos reducidos de niños, siempre los mismos, los cuales compartirán el mismo espacio en las aulas y realizarán juntos las mismas actividades, no manteniendo contacto con el resto (Carvajal, 2020).
En el caso de las universidades, cada una de ellas decide cuando arrancará el curso, y puede haber diferencias incluso entre varias facultades de una misma universidad. Sin embargo, la mayoría coincide en abrir las aulas entre la mitad de septiembre y principios de octubre del presente año (Fernández, 2020).
En Asia, países como Corea del Sur han tenido altos y bajos en su regreso a clases, en tanto a fines de mayo el gobierno anunció la reapertura gradual de los colegios. Sin embargo, al cabo de unos días, 200 escuelas tuvieron que ser cerradas por rebrotes que se generaron en Seúl. Según refiere Jofré (2020), la estrategia llevada a cabo por el gobierno consistió en un ingreso de los estudiantes ordenado por turnos, o sea, los estudiantes de secundaria van a la escuela una semana, y los de primaria van la semana siguiente, y así sucesivamente. Se realizaban controles de temperatura varias veces, al igual que el lavado de las manos. Los escritorios fueron separados por unas láminas y el uso de mascarillas es permanente. En cuanto al aprendizaje, algunos profesores apuntan que la relación con el estudiante ya no es la misma, puesto que, al llevar mascarillas, es difícil poder medir su reacción a las cosas y debido a esto, a veces existe esa desconexión social con el proceso. La enseñanza se basa en una gran cantidad de compromiso de persona a persona (Jofré, 2020).
En Japón el ambiente en los colegios retomó ya cierta normalidad, las clases no han cambiado tanto, aparte del requisito de usar mascarillas o protectores faciales, en tanto el impacto de las medidas sanitarias no fue el mismo que en otros países, puesto que allí los estudiantes suelen estar acostumbrados a usar mascarillas y comportarse de manera ordenada. En China, en la ciudad de Wuhan, se reanudarían las clases presenciales el martes 1 de septiembre, con casi 1.4 millones de alumnos, los cuales no estarán obligados a cubrirse nariz y boca con mascarilla en el campus en circunstancias normales, aunque sí aconsejaron evitar el transporte público para ir al colegio, e insistieron en mantener la distancia de seguridad e higiene de las manos, y el uso de la mascarilla en caso de que sea inevitable, así como tomar la temperatura a todos los estudiantes. De igual modo, el gobierno de Wuhan asegura que cuentan con un plan de enseñanza presencial, a distancia y mixta, el cual se irá adaptando según varíen las circunstancias sanitarias después del inicio de las clases (www.chvnoticias.cl, 2020).
En Estados Unidos, la mayor parte del país aún no reabre los colegios y se debate si es seguro hacerlo o no. Existe un temor latente ante la reapertura por parte de las familias. Sin embargo, en un pequeño distrito escolar al sur de Texas, se encuentran dos colegios, uno de primaria y otro de secundaria que pudieron reabrir el pasado 1 de junio. En estas escuelas se adaptaron las condiciones para tener clases de máximo 11 estudiantes. En cuanto al uso de la mascarilla, el director Steve VanMatre señala, que cuando enseñas a leer es muy importante la fonética, escuchar los sonidos y ver los labios, y con la mascarilla no se puede hacer. Por lo que, para él, la pandemia y la nueva normalidad, han cambiado las dinámicas de enseñanza, sobre todo con los pequeños (Jofré, 2020).
México enfatiza en que las clases presenciales solamente se aplicarán cuando el semáforo sanitario se encuentre en verde, pues no existen condiciones para volver a las aulas, por lo que todos los estudiantes deberán comenzar sus clases a distancia. Estas solo abrirán de manera presencial de forma paulatina y conforme los diferentes estados vayan transitando a dicho color. En correspondencia, han creado diversas alternativas para que los alumnos puedan continuar con sus actividades escolares desde su hogar, como el programa: Aprende en casa II. En el mismo la televisión será la principal herramienta para que niños y jóvenes puedan realizar sus tareas escolares a través de televisoras nacionales. Los estudiantes que no tengan este tipo de aparatos electrónicos, podrán basarse en un esquema de radio, libros de texto gratuitos, cuadernillos de trabajo y atención especial para las zonas marginadas del país. Estos últimos tendrán su propia cuenta de Google Classroom (www.infobae.com, 2020). Por otro lado, la UNAM, máxima casa de altos estudios en México, comenzaría sus clases el 21 de septiembre de 2020, el plan semestral terminaría el 25 de junio de 2021, mientras el plan anual concluiría el 2 de julio de 2021 (www.marca.com , 2020).
Uruguay fue el primer país de América Latina en retomar la presencialidad. El 29 de junio iniciaban la cuarta y última fase del retorno a las aulas a nivel primario, secundario y terciario en todo el país, tras aplanar la curva de la pandemia. Las escuelas de todo el país y en todos los niveles cerraron el mismo día, sin embargo, las clases no fueron suspendidas, pues en el país se había implementado, desde mucho antes, un proceso de transformación digital de la educación, con el Plan Ceibal (2007), el cual proveyó universalmente dispositivos, plataformas de contenidos y sistemas de gestión de aprendizajes, además de capacitar a docentes en su uso y de promover nuevas prácticas pedagógicas (www.bbc.com., 2020). Por otro lado, se comenzó un retorno escalonado a clases el 22 de abril con la apertura de las escuelas rurales, que son las que contaban con menor cantidad de estudiantes. Luego se definieron tres etapas, con una diferencia de 15 días entre ellas que, de forma gradual, fueron retornando todos los niveles de la educación, excepto la universidad (www.bbc.com., 2020) .
Las clases presenciales no volvieron todos los días, ni durante todo el horario habitual. Las jornadas no pueden extenderse por más de 4 horas diarias y los compañeros de clases son divididos en dos grupos: unos concurren lunes y martes, y otros jueves y viernes. Los recreos escalonados y sin juego que propiciaran el contacto físico. Es por ello que Uruguay pudo enfrentar el cierre educativo por la pandemia, al tener mejores condiciones de partida a diferencia de cualquier otro país de la región, lo cual ha sido respaldado por la UNICEF, quien asegura que el regreso temprano a las aulas uruguayas se basa en este período de virtualidad (www.bbc.com., 2020).
La pandemia ha impactado de modo importante a la educación a nivel mundial. La escuela y el hogar se convierten en el mismo lugar tras las necesarias regulaciones efectuadas. Tal situación y las medidas llevadas a cabo ante la rápida propagación del coronavirus han reflejado la realidad inequitativa que viven muchos estudiantes fuera de las aulas. (Estrada Villafuerte, 2020). Según la UNESCO más de 861.7 millones de niños y jóvenes en 119 países se han visto afectados al tener que hacer frente a la pandemia global, sin embargo, no todos se encuentran en las mismas condiciones para afrontar la situación. Para las familias de bajos ingresos, llevar la escuela a la casa es un desafío muy difícil de afrontar, pues en medio de esta situación, con frecuencia no es posible solventar los gastos básicos para la alimentación, mucho menos alcanzan los precarios recursos para tener acceso a la tecnología o conectividad necesarias para el aprendizaje en línea (Estrada Villafuerte, 2020).
A nivel mundial no son muchas las escuelas que pueden ofrecer una experiencia académica virtual completa, con alumnos que cuentan con dispositivos electrónicos, profesores que saben cómo diseñar lecciones en línea funcionales y una cultura basada en el aprendizaje tecnológico. La mayoría de las escuelas no están preparadas para este cambio pues el acceso desigual a internet es tan solo uno de los muchos problemas que enfrenta el sistema educativo a nivel global, así lo plantea Tara García para The Hechinger Report (Estrada Villafuerte, 2020). Cabe destacar que según el World Economic Forum, solo alrededor del 60 % de la población mundial tiene acceso a la red, por lo que la brecha digital continúa expandiéndose a medida que los estudiantes en sectores vulnerables siguen quedándose atrás en su aprendizaje (Estrada Villafuerte, 2020). Es evidente que la crisis global generada por el coronavirus, nos afecta a todos, pero no a todos por igual.
José Luis Rodríguez y Silvia Odriozola, en su informe sobre los impactos económicos y sociales de la Covid-19 en Cuba: opciones de políticas, publicado en mayo de 2020, hacen un llamado a que las estrategias de financiación asumidas por los gobiernos estén alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y orientadas a frenar posibles retrocesos en el cumplimiento de la Agenda 2030. La educación de calidad e inclusiva es uno de estos objetivos por los que debemos seguir luchando, aún más en las condiciones actuales, para evitar retrocesos en lo alcanzado.
Impacto de la pandemia en la educación cubana. Un desafío sin precedentes
Cuba comenzó tempranamente su preparación, desde el mes de enero de 2020, antes de la confirmación del primer caso positivo a la COVID-19 en nuestro país, el gobierno cubano concibió una estrategia de trabajo intersectorial, conducida por el Ministerio de Salud Pública y el Sistema de la Defensa Civil, con el objetivo de contener, en lo posible, el riesgo de introducción y diseminación, así como minimizar los efectos negativos de una epidemia en la salud de la población cubana (Rodríguez & Odriozola, 2020). Tras el peligro inminente que significaba la propagación de la Covid-19 en el país, se decide entre otras medidas, suspender la asistencia a los centros de estudio a partir del martes 24 de marzo. En sus inicios se pensaba reiniciarlas el 20 de abril, teniendo en cuenta que este mes contemplaba una semana de receso docente (Álvarez Delgado, 2020). No obstante, la situación epidemiológica se agudizó durante este período y hubo que posponer en el tiempo la posibilidad del retorno a las aulas.
Se trazó un conjunto de estrategias para que los estudiantes continuaran su preparación académica en los hogares. La programación televisiva no se hizo esperar y el lunes 30 de marzo se comenzaron a transmitir las teleclases, las que se iban preparando con prontitud y profesionalidad, de conjunto con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). Niños, adolescentes y jóvenes recibieron nuevos contenidos y reforzaron los aprendidos a través de teleprofesores que estuvieron “llevando las aulas a las casas”, en horarios establecidos hasta que comenzó el verano. Maestros y metodólogos orientaban a los estudiantes por niveles educativos, grados y asignaturas, sobre los contenidos y objetivos a vencer en la etapa (Morales Castro, Leidys Ramos, Antón Rodríguez, García Elizalde, & Nusa Peñalver, 2020).
La familia cubana ha tenido un rol protagónico al crear las condiciones en casa y acompañar el proceso de aprendizaje. Se orientó la preparación de las clases y ajustes curriculares por los profesores, así como el aseguramiento y la protección de las instituciones educacionales por parte de directivos y trabajadores. En la educación superior se diseñó y divulgó un Plan de ajustes que contempló tres períodos (I: Recuperación y cierre del curso 19-20; II: Inicio del curso 20-21 y III: Cierre del curso 20-21) (Morales, et al., 2020).
A los estudiantes de preuniversitario se les insistió en la necesidad de que visualizaran las teleclases y se prepararan en casa para los exámenes de ingreso a la universidad. Se precisó que una vez que reiniciara el curso tendrían un mes lectivo para sistematizar con sus profesores en las aulas. Luego de realizar los exámenes, este proceso tendría la peculiaridad de contar con tres otorgamientos de carreras: el primero para los aspirantes que aprueben con un mínimo de 60 puntos, el segundo se aplica al resto de los examinados, aunque no hayan aprobado los exámenes de ingreso, y el tercero será al preuniversitario, aunque no se hayan presentado a los exámenes de ingreso. Por su parte se mantendrá la convocatoria especial para aquellos estudiantes que, por razones muy bien justificadas, no se presentaron a los exámenes. Todas estas adecuaciones, incluso las relativas al servicio militar y otras, permiten no dejar a ningún estudiante desamparado (Morales, et al., 2020).
El 1 de septiembre reinició el curso escolar en Cuba. Hubo alegría en los centros por el reencuentro con maestros y compañeros de estudio (Alonso Falcón, Figueredo Reinaldo, & Sifonte Díaz, www.cubadebate.cu, 2020). Sin embargo, este reinicio no fue homogéneo pues existen territorios donde la compleja situación epidemiológica no permitió el retorno a la escuela.
Las medidas anunciadas para garantizar el retorno seguro a la escuela fueron precisas. Los cuidados de la higiene personal y colectiva debían ser exquisitos por lo que el cloro, alcohol y agua no podrían faltar en los centros; los familiares no podrían entrar a las escuelas; cada educador, niño y joven debía usar el nasobuco y mantener distancia física en las aulas, controlar y limitar el acceso de personal con síntomas respiratorios y se garantizaba la cobertura docente para dar respuesta a la organización escolar asumida por cada centro y el traslado de estudiantes a instituciones fuera de sus territorios (Alonso Falcón, Figueredo Reinaldo, & Izquierdo Ferrer, www.cubadebate.cu, 2020). Si bien el 1ro de septiembre ingresaron a las aulas más de un millón 347 mil estudiantes, otros 367 mil 780 niños y niñas de 1 499 escuelas deberán continuar el aprendizaje en casa a través de las teleclases, según datos ofrecidos por García (2020).
A su vez se aplazó el calendario de las pruebas de ingreso hacia los días 9, 13 y 16 de octubre, para las asignaturas matemática, español e historia respectivamente, y se acotó que, si una provincia se ve imposibilitada de aplicar los exámenes, se ajustará una segunda convocatoria cuando estén creadas las condiciones de preparación de los jóvenes (Ávila Guerra, 2020). Pese a las circunstancias epidemiológicas se pudieron realizar múltiples graduaciones de egresados universitarios y se espera que las que faltan se realicen en estos meses hasta finales de octubre.
La situación epidemiológica más crítica en algunos territorios como es el caso de toda La Habana, así como Mariel y San Cristóbal en la provincia Artemisa, La Palma en Pinar del Río, Cárdenas en Matanzas, Camajuaní y la comunidad de Mataguá en Villa Clara y ahora en la provincia de Ciego de Ávila impidieron la asistencia actual de los estudiantes a los centros docentes. Sin embargo, los educandos continúan aprendiendo desde casa ya que se reanudaron las teleclases y otras alternativas de estudio independiente y a distancia.
Lamentablemente, la provincia de Ciego de Ávila, después de haber transitado por las diferentes fases recuperativas, se encuentra ahora retrocediendo a la segunda fase de recuperación y su municipio capital a la primera. Estos hechos evidencian que al mínimo descuido, puede ocurrir un rebrote y poner en peligro todo lo conquistado con el esfuerzo colectivo para arribar a la nueva normalidad, que tan necesaria es para la población como para el país. Todo este retroceso implica, regresar al aislamiento social y educativo, con los sabidos impactos subjetivos, que a la par afectan la economía personal y estatal, en tanto implica el cierre de diferentes centros laborales y docentes. Consecuentemente, según refiere Puig Meneses (2020), a partir de este nuevo escenario, en el municipio de Ciego de Ávila, se adoptó también la medida de detener la continuidad del curso escolar en las escuelas que allí se encuentran enclavadas, hasta tanto se logre una estabilidad epidemiológica en el territorio, de acuerdo con los protocolos exigidos por el Ministerio de Salud Pública.
Cuando reflexionamos y contrastamos a Cuba con otros países, en cuanto a la respuesta a la situación sanitaria, a preocupación y gestión en torno a la continuidad del proceso docente educativo, aún en la distancia, entendemos que no se han escatimado esfuerzos, y que se ha dispuesto de todos los recursos necesarios y posibles al servicio de la población cubana, para no retrasar el aprendizaje de los nuevos contenidos y sobre todo para preservar la vida de todas y todos. Se aprecia, cómo se ha gestionado responsable y conscientemente el retorno de los estudiantes a las aulas aún en medio del azote de la pandemia, de dificultades y carencias. No obstante, consideramos que aún hay mucho que hacer para elevar la percepción de riesgo en la población en general, así como educar para fortalecer conductas responsables y protectoras de la salud.
Los desafíos no son pocos, además de seguir trabajando para disminuir el contagio y propagación del virus corona, debemos continuar perfeccionando el camino del aprendizaje y la superación, promover nuevas prácticas pedagógicas que permitan sostener el componente educativo desde la presencialidad y también, desde la virtualidad. Consideremos que muchas han sido las lecciones aprendidas, entre ellas la necesidad de impulsar con más fuerzas el uso de las tecnologías en función del desarrollo de los procesos educativos. En Cuba el 30% de los centros educativos tienen acceso a internet y es política de nuestro gobierno ampliar este acceso que en los últimos años ha crecido de manera considerable. Según afirmó el ministro de Comunicaciones Jorge Luis Perdomo Di-lella, el 21 de febrero del presente año en el espacio Mesa Redonda, a finales del año 2019, más de 6.5 millones de cubanos acceden a internet por diferentes vías: datos móviles, zona Wifi, nauta hogar, centros de trabajo y estudio. Esto representa aproximadamente un 60 % de nuestra población.
Varios han sido los recursos en línea que se han dispuesto para apoyar el desafío educativo que afrontamos. Por ejemplo, las teleclases transmitidas en la televisión se pueden descargar o visualizar en Cubaeduca (Morales Castro, Leidys Ramos, Antón Rodríguez, García Elizalde, & Nusa Peñalver, 2020)y se promovió el uso del repasador en línea o virtual, que no solo brinda orientación y asesoría para las tareas docentes, sino también por esta vía se responden dudas sobre los contenidos de las asignaturas. Por otra parte, se dispuso una encuesta en el sitio web del Ministerio de Educación con el objetivo de identificar intereses y recomendaciones de los estudiantes a los repasos para las pruebas de ingreso (www.cubadebate.cu, 2020). De manera espontánea se crearon múltiples grupos en WhatsApp y en Telegram entre estudiantes y profesores para apoyar colectivamente los repasos para las pruebas de ingreso. Jóvenes universitarios, estudiantes de la facultad de matemática y computación de la Universidad de La Habana crean un canal en Telegram y un grupo para aclarar dudas de cara al examen de matemáticas.
La psicología cubana ha brindado de manera sistemática a nuestra población diferentes servicios de orientación y ayuda psicológica. Tal es el caso de los Psico Grupos WhatsApp, iniciativa de la Sección de Orientación de la Sociedad Cubana de Psicología para acompañar en la distancia (online) a la población en tiempos de pandemia. Forma parte de este proyecto el chat de grupo “Psico-Orienta-Universidad”, donde se ofrece un servicio de orientación a los jóvenes que aspiran ingresar a la educación superior. Como parte de esta asistencia se realiza una experiencia de puertas abiertas virtuales, demostrando su viabilidad y presentando una alternativa para la orientación profesional en la nueva normalidad.
Las distintas estrategias desplegadas para garantizar la continuidad del proceso educativo en Cuba nos han hecho crecer y encontrar alternativas efectivas que deben ser potenciadas a futuro.
Efectos psico-educativos asociados a la pandemia de la COVID-19.
Según refieren varios estudios realizados a raíz de la pandemia causada por la COVID-19, adolescentes y jóvenes se han visto seriamente afectados por la situación sanitaria vivida, lo cual supone que, entre otros asuntos, el confinamiento les está pasando factura. En tal sentido, Sáez (2020) precisa que, en muchos centros educativos de Catalunya tratan y acompañan a diario a estudiantes con malestar, tristeza, soledad, apatía, frustración y rabia. Son algunos de los síntomas más habituales, los cuales se ven agravados según el contexto familiar o cuando hay problemas psicológicos o de aprendizaje previos. Asimismo se resalta, sobre todo en los estudiantes de segundo de bachillerato, la ansiedad y preocupación por la selectividad, en tanto se juegan su futuro. La mayoría siente mucha incertidumbre de la situación.
Entre tanto en Barcelona, el Servicio para Adolescentes y Familias (SAIF), casi triplicó el número de atenciones que realiza, siendo que entre el 23 de marzo y el 20 de abril, había ofrecido ayuda emocional y psicológica, sobre todo por la vía telefónica, a 545 adolescentes. Conectado a esto, Alicia Aguilera, quien está al frente del Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Barcelona, alerta que los/las jóvenes han sido los grandes olvidados en esta crisis y están sufriendo mucho, con un malestar emocional importante (Sáez, 2020). Según declara Montse Pujol, estos/estas jóvenes adolescentes, sufren de ansiedad, insomnio; están preocupados por la situación laboral de sus padres; no saben qué pasará con el curso; las relaciones incipientes de pareja se truncan; porque han perdido a algún familiar y no han podido elaborar el duelo; o porque se sienten solos, aislados de sus amigos.
Igualmente se señala que la incertidumbre tampoco los ayuda. Oscar Altide, director del IES Quatre Cantons, en Poblenou (Barcelona), advirtió que muchos chicos y chicas se sienten apáticos, lo cual les genera muchos problemas de sueño y agrega que algunos viven un descontrol de horario (Sáez, 2020). Desde otro estudio, también realizado en España por el Laboratorio de emociones de la Universidad de Málaga (UMA) y con el grupo Cognición, emoción y salud de la Universidad Complutense de Madrid y con la colaboración de universidades de Argentina y República Dominicana revelan que, según los primeros resultados de la investigación internacional, las personas más vulnerables al confinamiento y a la situación generada por la pandemia de la COVID-19 son los jóvenes (www.20minutos.es, 2020).
Los resultados fueron obtenidos a partir de una encuesta, precisando que los jóvenes se sienten especialmente “castigados” por diferentes motivos, entre ellos porque la pandemia rompe o amenaza sus proyectos vitales: selectividad, exámenes, comenzar una carrera o buscar un empleo, o porque su estilo de vida es más activo y se ve más alterado por el confinamiento. Señala, además, una especial afectación en las mujeres ya que estas presentaron más ansiedad y episodios de depresión (www.20minutos.es, 2020).
En coherencia con los resultados analizados anteriormente, Educaweb (2020) refiere que la investigación realizada por el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Catalunya, concluye que la juventud está siendo y será el colectivo más afectado por la pandemia, tanto a nivel emocional como económico. Los más jóvenes vislumbran un futuro más desalentador en materia laboral y económica que el resto de la población.
Mencionando algunos de los resultados aportados por este estudio, tenemos que el 53% de las personas entre 18 y 34 años presentan más problemas de concentración, y el 49% asegura haber experimentados sentimientos depresivos. Los menores de 30 años que estudian revelan que han sido muy afectados por la pandemia, puesto que en algunos casos han tenido que aumentar las horas de estudio, y por otro lado el paso a las clases online ha conllevado a un aumento de tareas y dificultades añadidas. Este estudio ha develado además que las personas de entre 16 y 24 años registraron los peores resultados en los indicadores de estados de ánimo negativos como la tristeza, la angustia, el aburrimiento y la incerteza, así como en los positivos, tales como la confianza y la esperanza.
Como se ha mencionado, una alternativa bastante empleada a nivel mundial por colegios y universidades fueron las clases en línea, sin embargo, esto no ha sido tarea fácil. Los profesores tuvieron que migrar en tiempo récord a la modalidad virtual. Es por ello que los expertos llaman a que en ese formato los estudiantes puedan seguir ejerciendo su derecho a la educación sin sumar más ansiedad a la vivencia actual (Sepúlveda, 2020). Federico Navarro del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de O’Higgins, expone que, en esta catástrofe sanitaria, muchos están atravesando momentos de ansiedad y angustia: temor ante la enfermedad, amenazas a la economía familiar, confinamiento y cuidado de otros y en consecuencia, se amplía el tiempo que requiere completar una lectura, disminuye la capacidad para resolver una tarea de alta demanda cognitiva y se incrementa la incertidumbre y las dudas ante nuevos desafíos.
En Cuba se identifican preocupaciones sobre el futuro relativas a los estudios. En ocasiones referidas por familiares y también por los propios estudiantes de diferentes niveles de enseñanza, en el caso de los adolescentes y jóvenes: exámenes de ingreso a otro nivel de educación, continuidad de estudios, la culminación de estudios de los estudiantes universitarios. Son frecuentes las expresiones de preocupación en torno a la capacidad propia para manejar el estudio. Se evidencia falta de motivación, sentimiento de necesitar un acompañamiento que no cubren las teleclases, preocupación por la efectividad del estudio independiente sin el nivel de ayuda de un profesor. Como consecuencia de todo esto, una fuerte preocupación de miembros de las familias por la posible pérdida de este curso escolar (Colectivo, 2020).
Grupo de focal en Debate Democrático. Un acercamiento fenomenológico a las vivencias de jóvenes cubanos en transición a la universidad en tiempos de coronavirus.
A inicios de septiembre se recibe una solicitud realizada por un profesor de la asignatura historia de la enseñanza preuniversitaria que coordina un grupo informal de jóvenes. Su intención era generar la posibilidad de establecer un intercambio con los miembros del grupo que administra, dada la cercanía de los exámenes de ingreso.
Este profesor, Lázaro López Herrera, creó varios espacios de interacción informal a través de WhatsApp con más de 700 estudiantes que residen en varias provincias del país, que representan tres subgrupos, según el año de preuniversitario en que se encuentren. Como parte de este proyecto se conciben encuentros virtuales para la interacción y socialización entre los jóvenes a través de dinámicas de participación; para el intercambio académico, que incluye compartir versiones de exámenes, repasar para las pruebas de ingreso y realizar seminarios virtuales; para la promoción y desarrollo de cursos de verano, así como talleres de apoyo emocional.
Accedimos a la invitación asumiendo este intercambio como un grupo focal que tenía como objetivo explorar, desde la perspectiva de los estudiantes, los impactos que ha tenido el necesario distanciamiento físico debido a la COVID-19 en jóvenes cubanos aspirantes a ingresar a la educación superior en el curso escolar 2020-2021. Esta información serviría al mismo tiempo como actualización de las necesidades de orientación de este segmento de la población, ya que estábamos próximas a reactivar el servicio de orientación de Psico-Orienta Universidad, que recesó durante el mes de agosto.
La sesión se llevó a cabo el sábado 5 de septiembre de 2020 en un chat de grupo nombrado Debate democrático. Fue coordinada por las psicólogas Annia Almeyda; Solanch García; Arlety García; Diana Otero; Arlety Pacheco y Tania García. La muestra estuvo constituida por 128 participantes que fueron los que accedieron al enlace del grupo Debate Democrático que forma parte del grupo informal coordinado por el profesor Lázaro. De este total 101 leían, mientras que 17 participaron activamente en el chat. Todos son estudiantes de 12mo grado aspirantes a realizar las pruebas de ingreso a la universidad. De los 17 que participaron solícitos en la dinámica grupal, 14 se presentaron formalmente, siendo 9 mujeres y 5 hombres.
Teniendo en cuenta la información aportada por los que se presentaron la composición del grupo según provincia, municipio e institución educativa fue la siguiente. La mayoría del grupo es de la provincia de La Habana: del municipio Boyeros fueron un total de 4 estudiantes pertenecientes al Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) “Eduardo García Delgado”; del municipio Habana Vieja fueron 2 estudiantes, pertenecientes al IPU “José Martí”; del municipio Cerro, 1 estudiante del IPU “Rosalía Abreu Arencibia”; del municipio Marianao 1 estudiante del IPU “Manolito Aguiar”; del municipio Plaza 1 estudiante del IPU “José Miguel Pérez” y del municipio Habana del Este 1 estudiante del IPVCE: “Vladimir. I. Lenin”. De la provincia Mayabeque fueron un total de 2 estudiantes. Pertenecían a los IPU “Rogelio Niz” y “Capitán San Luis”.
Para potenciar el intercambio y la discusión grupal se utilizaron diferentes recursos técnicos que motivaron la participación de los miembros del grupo, resultando bien activa y dinámica. Tras la conclusión de la sesión se exportó el chat para la confección de una relatoría extensa que contuviera todos los detalles del intercambio. Con ese material se procedió a la realización de un análisis de dinámica y de contenido. La interpretación del contenido emergente permitió la construcción de diferentes dimensiones e indicadores que a continuación serán presentados a modo de resultados de esta indagación.

Rutina diaria
En cuanto a la rutina diaria, se expresan dificultades en la organización, manejo y aprovechamiento del estudio en la casa. Estos jóvenes, como tendencia, refieren que no se adaptan a estudiar de manera individual. Por lo general no se aprecia que ellos tengan estructurados adecuadamente sus horarios y lugares de estudio, incluso refieren que han cambiado sus horarios de sueño y actividades. “Es un poco más complejo estudiar en casa... En la escuela tienes un horario que debes cumplir, pero en la casa no”;es difícil...algunos, casi la mayoría hemos cambiado el día por la noche...y además de las actividades de la casa, más problemas personales que cada uno tenemos, encontrar el tiempo no es difícil, pero estamos cansados mentalmente”;Es qué, cómo me acuesto tarde, se me va el día durmiendo y luego la noche la cojo para ver series”.
Actividad de estudio
La actividad de estudio, emerge recurrentemente como unos de los elementos con mayores dificultades. Los estudiantes manifiestan en sus declaratorias preocupaciones por no tener a los profesores para satisfacer sus dudas, con quien verificar la comprensión de los contenidos y que los ejercicios estén resueltos a cabalidad. Sienten muy necesario el repaso con el profesor y ese vínculo cara a cara. “Muy intenso, no me siento bien estudiando en casa”; Sin que nadie te diga si está bien o está mal”; Nadie aguanta más de 3 meses estudiando solo, sin algún profesor al lado”; Es verdad que para matemáticas es muy necesario un profesor que ayude si algo te sale mal o si no das con la solución”.
La pérdida de la sistematicidad en el estudio es otro de los elementos que impactan la calidad de estos. Se evidencia una rutina desestructurada, poco tiempo dedicado a esta actividad, lo que puede incidir en los resultados. Todo esto está condicionado por la desmotivación que vivencian dada la dilación en el tiempo de los tan esperados exámenes de ingreso, así como no contar con la presencia de profesores que los asesoren. Estas frases evidencian este tipo de conductas perjudiciales para la consecución de sus metas: “a veces me frustro mucho con un ejercicio y cierro todas las libretas del tirón y no las vuelvo a abrir en dos días”; “Yo siendo sincero no he estudiado nada”; “El punto es que al no haber una fecha y estar constantemente bajo la presión del cambio de fechas y tal, dejamos de estudiar”; “Cuando empezó todo esto, yo tenía un ritmo de estudio superior constante... Ahora sigo estudiando, pero no tan constante.... En parte es desmotivación... la situación que nos ha tocado vivir no es nada fácil”.
En conexión con lo anterior, se aprecia la desmotivación por el estudio, sobre todo por el largo tiempo transcurrido como ya decíamos, que ha sido generador de estados displacenteros que coartan sus deseos, motivos y aspiraciones. El caso es que mientras más tiempo pasa más desmotivado se siente el estudiante”; “Eso es lo que pasa que como no sabes si lo tienes bien o mal ya se te quitan las ganas de seguir.
La inseguridad y temor al fracaso en el examen es otro elemento que emergió recurrentemente. La tendencia en este sentido es que en su mayoría no se sienten preparados aún para enfrentar los exámenes de ingreso. Ante la situación de que imaginaran que al otro día realizarían su primer examen, las respuestas fueron todas de temor e inseguridad: “Me muero”; “Me muero, caigo presa del pánico o que se yo, que me está llegando la hora”; “No iría, no me siento para nada preparada para tomar los exámenes si fuesen mañana, al menos historia la suspendería”.
Coherentemente se aprecia en sus discursos que existe limitado conocimiento de estrategias para un estudio con calidad. Ante las recomendaciones de las especialistas se apreció curiosidad y desconocimiento al respecto. “O sea que en vez de enfocarme en estudiar 6 horas seguidas…”.
Al no sentirse lo suficientemente preparados, casi todas las expresiones están matizadas por el temor a suspender. “Que salga algo que no estudié, por ejemplo, después de tanto esfuerzo estudiando lo máximo que podía aprender y que el hecho de que me salga algo que no he estudiado me termine afectando”; “Estas presionado porque sabes que tienes que estudiar, pero no tienes dominado todo lo que necesitas, uno mismo que se pone a pensar en la carrera que quiere, y la situación como está que no se sabe cuándo mejora para empezar en la escuela, los ministros diciendo que el rigor se mantiene, y uno que tiene millones de dudas”.
La dificultad en la concentración y memorización de los contenidos, es otro factor en contra de la aprehensión de las diferentes materias. “Si demasiado contenido, y muchos contenidos que ya se me han olvidado y por un detalle te puede costar y es lo que preocupa”.
Estados emocionales
Los/las estudiantes hicieron catarsis donde expresaron un sinfín de estados emocionales displacenteros. Se hicieron evidentes sus preocupaciones, incertidumbres, emociones con respecto a este tiempo vivido en aislamiento social y en el que no han podido contar con la ayuda cercana de los maestros. La dilatación en el tiempo de estos exámenes ha constituido también uno de los factores predisponentes de tales estados emocionales.
En torno a esto emergieron emociones y estados negativos, entre ellos el miedo, la ansiedad, el estrés, la desesperanza, la tristeza, desmotivación, cansancio, aburrimiento y desorientación. En conexión con lo anterior, compartieron entre ellos la necesidad de recibir ayuda psicológica para afrontar estos momentos. Igualmente se hizo notar en sus discursos, la dificultad para manejar el cambio y la incertidumbre.
Las siguientes expresiones son la evidencia de estos estados emocionales que permean hoy sus vidas. “Pues sí…al parecer necesitamos mucha guía psicológica para afrontar que las PI son dentro de un mes y una aquí loca… no me considero la única”; “nos sometemos a mucho estudio y nos dicen que son pospuestas la pruebas y dejamos de estudiar porque es normal que ante una noticia así nos desilusionemos”; “Sentirse paralizados, detenidos, sin avance”; “Estamos totalmente pausados y con incertidumbre”; “Uno aparenta estar bien, pero por dentro hay mucho estrés y eso es fatal”; “A mí del estrés me ha salido una dermatitis”; “La mente no descansa pensando en qué será de uno”; “Yo tengo sueños con las pruebas constantemente”; “Mis emociones están ahora mismo en un precipicio”; “Yo no sé qué voy a hacer con mi vida. ¿Qué hago?”.
Impacto en el proyecto profesional
Como hemos constatado, son diversas las situaciones que han puesto en jaque a los jóvenes estudiantes, incidiendo y perjudicando sus modos de afrontar esta difícil situación. De ahí, que existen además otros factores que también pueden lacerar la consecución del proyecto profesional, o por lo menos, limitar la posibilidad de alcanzar la carrera preferida, en tanto el estado cubano tendrá garantizado para todos sus graduados de la enseñanza media superior un puesto en la educación superior.
El descontento e incertidumbre con los cambios en las fechas de realización de los exámenes de ingreso, como apuntábamos anteriormente, es uno de los factores desestabilizadores que ha emergido con recurrencia en la dinámica grupal. “Cada vez que anuncian una fecha ‘oficial’ para las pruebas las acaban corriendo”. “A mí lo que me molesta es que uno está estudiando a 100 con un mes de antelación para que unas semanas antes digan “se correrán las fechas de las pruebas”.
Por otro lado, experimentan vivencias de pérdida del tiempo, pues para ellos la desconexión con los profesores ha sido un elemento de significativo valor para la correcta consolidación de los contenidos. “Es un tiempo casi desaprovechado porque no se ha tenido un contacto con alguien que te diga si por donde vas estás bien”.
Ha aflorado el desaliento en cuanto a plantearse la posibilidad de querer realizar o no las pruebas de ingreso. “Ahí sí me puse a estudiar como loca y después de nuevo lo alargaron y yo, bueno ahora como que me estoy planteando hacerlas o no”.
La dilación del tiempo de preparación para los exámenes ha producido impactos psicológicos negativos: “este tiempo larguísimo, lo que hace es que a uno se le olviden las cosas, ya que no es igual hacerlas cuando estaba previsto antes del Covid-19 que uno lo tenía fresco todo”; “Si tienes una prueba en tres semanas te apresuras, estudias mucho más, pones ojos en la meta … Sin ese tipo de presión, de saber cuánto tiempo te queda, se hace un limbo mental, cómo me pasó en junio”. “Me sucede muy a menudo me bloqueo y no recuerdo nada no importa cuánto estudié”. “Después de todo el tiempo que paso, intento hacer una prueba y es como si no hubiera estudiado nada”.
Emerge el temor al contagio por el virus tanto en el entorno inmediato como al retorno a las aulas. “No puedes reunirte con amistades a estudiar porque hay q tener distanciamiento, hay barrios cerrados por coronavirus y aunque tengas algún maestro cerca tampoco puedes ir y repasar porque no puedes poner en riesgo a nadie”. “En esta oportunidad me parece que deberían tomar otra estrategia porque ya el simple hecho de ir a los repasos donde hay aglomeración es peligroso, porque no solo nos contagiamos nosotros también a nuestra familia, y en mi caso vivo con mis abuelos, personas mayores”; “Incluso las escuelas, aunque se tomen todas las medidas siempre existe el riesgo incluso de enfermarte y no poder hacer las PI”. “Eso también es complejo, uno, aunque tenga nasobuco, a distancia se puede coger en cualquier lugar, cualquier momento, tiene alto contagio”.
Como es posible comprobar, a través de todo lo expresado por este grupo de jóvenes, se puede visualizar el sentir de muchos jóvenes que como ellos se encuentran en la misma situación. La situación epidemiológica en Cuba por la pandemia causada de la COVID-19, aún es compleja. Por lo cual se hace pertinente la necesidad de orientación y acompañamiento psicológico a estos jóvenes. Desde el miércoles 9 de septiembre se reactiva el servicio de Psico-Orienta Universidad, requiriéndose abrir un segundo grupo dado que se completó la capacidad del primero, evidencia de la alta necesidad de orientación de este segmento de la juventud cubana. La situación generada por la pandemia y el modo en que la psicología cubana ha afrontado su deber, evidencia la multiplicidad de acciones profesionales que podemos realizar a distancia como la orientación y también la investigación, como se muestra en el presente artículo. Son muchos y valiosos los aprendizajes que nos deja esta experiencia para nuestras prácticas profesionales en la nueva normalidad.

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