Vol 9. Núm 25. 2021
LA EDUCACIÓN DE LAS PERSONAS MAYORES EN CUBA DESDE LA CÁTEDRA UNIVERSITARIA DEL ADULTO MAYOR
Teresa Orosa Fraíz Paloma Carina Henriquez Pino Santos Laura Sánchez Pérez Cátedra Universitaria del Adulto Mayor. Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana
Resumen
El presente artículo refiere una sistematización de la labor de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor perteneciente a la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana desde su fundación. Se esboza la importancia de la atención a mayores debido a que Cuba es en la actualidad el país más envejecido de América Latina. Se enuncian las principales características de las cátedras universitarias del adulto mayor como modalidad cubana de programa universitario. Se describe el programa educativo de la cátedra del teniendo en cuenta sus objetivos generales, tipos de curso impartidos, presupuestos teóricos de la actividad docente, formas de evaluación del programa y espacios en los que se imparte. Se describen las dos líneas principales de investigación de la CUAM desarrollada en el último lustro. Por último se reflexiona acerca de los logros y desafíos del programa de dicha cátedra.
Abstract
This article refers to a systematization of the work of the University Chair of the Elderly belonging to the Faculty of Psychology of the University of Havana since its foundation. The importance of care for the elderly is outlined because Cuba is currently the oldest country in Latin America. The main characteristics of the Chairs of the Elderly as a Cuban modality of university program are enunciated. It describes the educational program Senior Chair of the University of Havana taking into account its general objectives, types of course taught, theoretical lines of the teaching activity, forms of program evaluation, locations in which it is taught, as well as the main research topics. The two main lines or research of CUAM in the last five years are described. Finally, we reflect on the achievements and challenges of the Senior Adult Chair program of the University of Havana.
Palabras claves
educación, adultos mayores, envejecimiento, programa educativo, education, elderly people, aging, educational program

Introducción. Una breve reseña del envejecimiento en Cuba
Ante el reto que conlleva el envejecimiento poblacional numerosas son las acciones que en Cuba se desarrollan dirigidas a la atención de este tema. Somos ya un país envejecido, con el 20.1% de personas con 60 años y más, y con una esperanza de vida al nacer que alcanza los 78.45 años. (CEPDE, ONEI 2018).
Desde hace décadas, sectores como la salud, la seguridad social, el deporte y la educación comenzaron a desplegar programas dirigidos a la atención específica de este sector poblacional. En ese sentido, se crearon instituciones especializadas en Geriatría y Gerontología, con la correspondiente formación de postgrado para estos servicios de salud en todos los niveles de atención médica. Se aprueba una nueva ley de Seguridad Social, esto es, la Ley 105 del año 2009, en la cual se extiende la edad de jubilación a 60 años para la mujer y 65 años para los hombres (Ley 105/09, 2008) y se introduce la posibilidad de recontratación laboral sin la pérdida del proceso jubilatorio. Para las personas jubiladas existe total cobertura en el sistema de pensiones e inclusive los mayores que no hayan laborado pueden ser beneficiados por la asistencia social en apoyo monetario y en diferentes tipos de servicios.
Como parte de la atención a las personas mayores el país también dispone de un número de instituciones municipales denominadas Casa de Abuelos en condición de hogares diurnos y de los Hogares de Ancianos para aquellos mayores que necesitan ingresar con larga permanencia.
En el ámbito del deporte se crean, en unión a las instituciones de salud, los llamados círculos de abuelos, que constituyen agrupamientos barriales para el ejercicio físico y la socialización de los mayores, en cada comunidad.
Desde el punto de vista educativo se fundan las Cátedras Universitarias del Adulto Mayor, inicialmente en la Universidad de La Habana desde hace veinte años, extendidas por todo el país, como modalidad cubana de programas universitarios, con carácter extensionista y con existencia comunitaria, asesoradas por cada centro de educación superior del país.
Más recientemente, han sido convocados los más diversos sectores de la sociedad cubana en el objetivo de tributar a una estrategia nacional que aborde los elevados índices de envejecimiento poblacional y baja tasa de natalidad, como política más integral. De ahí que en la atención a las personas mayores se estén modelando acciones también en el ámbito de la cultura, de lo jurídico, lo constructivo, lo vial, los servicios, que puedan implementarse con el fin de garantizar no solo la protección, sino también el desarrollo pleno en esta etapa de la vida. Diversas son además las acciones que se estimulan en la labor de los medios de comunicación, con relación a la imagen de la vejez. Asimismo, se trabaja en el campo de la educación primaria desde tempranas edades, con vistas a la comprensión del envejecimiento como proceso a lo largo de la vida, y de la vejez como etapa natural de esta.
Es este, sin dudas, un período de alta sensibilidad en nuestro país hacia el tema de envejecimiento, en nuestro criterio: por la identificación más socializada de dicho proceso, la visibilidad de sus retos y la necesidad de preparación de toda la sociedad. Para ello, no solo debe disponerse de recursos de carácter económico, sino también de la capacitación necesaria, en el logro de una nueva cultura del envejecimiento. Es esencial capacitar en una nueva cultura gerontológica, libre de paternalismo, gerofobia y discriminación, que permita la inclusión y el desarrollo a través de la conciencia crítica y el empoderamiento, y no solo la protección y el cuidado (Orosa, 2015). Y es en ese propósito, que en la actualidad, también se insertan los propios programas universitarios de mayores.
Las Cátedras Universitarias del Adulto Mayor como modalidad cubana de programa universitario
La educación es un derecho ciudadano y ha de ser patrimonio de todas las edades. Desde finales del pasado siglo en Cuba se desarrollaron acciones aisladas de carácter educativo cultural para personas mayores, entre los cuales vale destacar la primera Universidad de Tercera Edad creada como parte de los servicios geriátricos de una institución hospitalaria. Ahora bien, es en el año 2000 que se crea el primer programa de mayores de carácter extensionista universitario bajo el término de Cátedras Universitarias del Adulto Mayor (CUAM).
La Cátedra del Universitaria del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana constituye la institución fundadora de este programa bajo la Resolución rectoral no. 73/2000 siendo el centro de referencia nacional, en este tema. A lo largo de estos veinte años de creada la Cátedra del adulto mayor de la Universidad de La Habana ha desarrollado una labor de promoción y asesoramiento del programa, a lo largo de todo el país.
Se funda el 14 de febrero del año 2000, con sede en la Facultad de Psicología bajo el coauspicio de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y la Asociación de Pedagogos de Cuba (APC). Desde los inicios su programa atendió de forma sistemática a 44 aulas, o también llamadas universidades de mayores en La Habana, para un aproximado de 19,800 mayores capitalinos egresados.
A nivel nacional, según datos de la Central de Trabajadores de Cuba existen 15 cátedras del adulto mayor de carácter provincial, así como 115,509 mayores egresados a nivel de país. El programa dispone de aulas tanto de carácter urbano como rural, y funcionan en los predios universitarios, en casas de cultura, museos de la localidad, áreas de salud, cooperativas agrícolas y en escuelas. Ello ha otorgado un carácter comunitario al programa, pues si bien sus sedes centrales se encuentran en las universidades, nuestras aulas funcionan en los más diversos espacios, en cada uno de los territorios.
Desde el punto de vista de su estructura de dirección consta de un consejo técnico asesor y de un consejo técnico ampliado constituido por los coordinadores municipales del programa, todos adultos mayores que realizan la actividad de forma voluntaria. Son ellos quienes gestionan los locales en cada comunidad, así como, los profesores de cada uno de los temas a desarrollar.
La cátedra del adulto mayor de la Universidad de La Habana constituye un grupo interdisciplinario que tiene como misiones la investigación, asesoramiento de proyectos y capacitación gerontológica, así como el desarrollo y dirección del programa de aulas, también llamadas universidades de mayores. Desde su creación este programa ha demostrado su impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de sus cursantes, entendiendo la educación como factor de prevención de salud y de empoderamiento social.
Entre los objetivos generales de las Cátedras Universitarias del Adulto Mayor se encuentran la actualización cultural y científica técnica de los cursantes, provocar cambios en el desarrollo cognitivo, afectivo motivacional y social de los cursantes, reinserción social de los egresados en otros proyectos comunitarios. Otros objetivos son promover promotores de salud y gestores ambientales, cambiar la imagen discriminatoria asociada al envejecimiento y la vejez y promover acciones de carácter intergeneracional.
En cuanto a las relaciones internacionales se han recibido delegaciones procedentes de 21 países. También se han recibido colaboraciones y la inclusión en dos proyectos interuniversitarios con universidades extranjeras, en particular el proyecto denominado Vivir con Vitalidad coordinado por la Universidad Autónoma de Madrid, a través de una plataforma e-learning. La CUAM es miembro de la Asociación Internacional de Universidades de Tercera Edad (AIUTA), así como fundadora de la Red Iberoamericana de Programas Universitarios con Mayores (RIPUAM) y ha asistido a los seis congresos convocados en la región, por Pontificia Universidad Católica del Perú, por Universidad de Entre Ríos, Argentina, por Universidad de Costa Rica, por Universidad de Alicante España, por La Universidad de La Habana (como organizadores del evento) y por Universidad de Ponta Grossa, Brasil.
Al constituir un programa de extensión universitaria se han llevado a cabo numerosas actividades colaterales y de carácter intergeneracional fundamentalmente de contenidos culturales y patrióticos, que han permitido la trasmisión de experiencias a los jóvenes. Entre estas se encuentran los Coloquios en función de testimonios en voces de sus protagonistas acerca de la Campaña de Alfabetización, la Victoria en Playa Girón, y en los aniversarios 50 de diversas organizaciones cubanas. A su vez, los jóvenes estudiantes de la Facultad de Psicología han participado como monitores y facilitadores de actividades docentes con los mayores.
El programa educativo Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana
El programa educativo de la CUAM posee un estrecho vínculo con la comunidad debido a la procedencia de sus cursantes adultos mayores, la participación de especialistas en calidad de profesores procedentes de instituciones afines a los temas que se imparten en el programa y los intereses que se desarrollan en los cursantes acerca del patrimonio cultural de la comunidad. El programa universitario con mayores constituye también una experiencia comunitaria debido a las crecientes acciones, a su vez extensionistas de nuestro programa, a favor de proyectos locales, como por ejemplo, con los niños y jóvenes en las escuelas.
Las instituciones auspiciadoras y colaboradoras facilitan los locales para el desarrollo del curso escolar, y los recursos humanos calificados en condición de profesores. En función de garantizar el proceso de extensión del programa a lo largo de todo el país, una gran parte de los docentes provienen de los propios egresados adultos mayores más calificados, los cuales transitan, posteriormente por procesos de capacitación con el propósito de convertirse en docentes de sus propios coetáneos. Por tal razón se afirma que en Cuba el programa universitario es con y para mayores. Es además, un programa de carácter gratuito para sus cursantes y los profesores laboran de forma voluntaria.
Los cursantes pueden matricular con 60 años en adelante y poseer cualquier nivel escolar. En el caso de las mujeres contamos con un porciento de matrícula de 55 años en adelante, pues por ley anterior de Seguridad Social la jubilación era a esa edad. La mayoría son jubilados procedentes de todos los sectores de la producción y los servicios, intelectuales, pedagogos, médicos, artistas, junto a obreros portuarios, azucareros, tabacaleros, del comercio, entre otros. De historias de vida diversas, alfabetizadores, fundadores de organizaciones sociales, internacionalistas, combatientes y algunos son cursantes que viven en condiciones de institucionalización. En estos últimos años también contamos con matrícula de personas mayores que aún laboran siempre que les permitan asistir a estos cursos.
El programa docente de carácter modular consta de 3 sistemas:
a) Curso básico: presenta diversos temas organizados a través de 5 módulos docentes: Introductorio o Propedéutico, Desarrollo Humano, Educación y Prevención de Salud, Cultura Contemporánea, y Seguridad Social. A su vez, los módulos se desarrollan teniendo en cuenta cinco ejes temáticos, tales como: género, creatividad, pensamiento martiano, medio ambiente y valores. El curso básico de las aulas o universidades de mayores se desarrolla a través de sesiones de carácter presencial de dos horas semanales con duración de un año escolar. Al final de cada módulo docente se realiza un cierre de conocimientos con evaluación de criterios de desarrollo, así como, un ejercicio final denominado trabajo de curso o tesina. La tesina es elaborada de forma individual expresando conocimientos aprendidos en interés de su utilidad por diversas instituciones de la comunidad, para lo cual se asignan tutores en calidad de apoyo a dichos ejercicios. Entre los temas más seleccionados por los egresados se encuentran el rescate de valores patrimoniales, programas de prevención de salud, los problemas actuales del desarrollo humano y el autoconocimiento y la introducción de las nuevas tecnologías. Al final de cada curso se entrega en acto solemne, un certificado de constancia de los estudios cursados los cuales aun cuando no constituyen una carrera universitaria, llevan la firma de las autoridades auspiciadoras del programa.
b. Cursos de continuidad: dirigido a los egresados del programa básico y con diversidad temática, de manera que se pueda profundizar en temas presentados en el curso básico, así como, en otros temas de interés, solicitados por los egresados o a propuesta de los especialistas de cada comunidad.
c. Cursos de capacitación: dirigido fundamentalmente a adultos mayores egresados que se convierten en fuente de los claustros docentes de dichas aulas.
La actividad docente orientada a personas mayores se ha basado en los presupuestos teóricos de la psicogerontología en su enfoque histórico cultural, en la gerontología educativa y en conceptos de la educación popular y del Lifelong Learning.
Como parte del proceso docente se realizan constantes acciones de perfeccionamiento al programa teniendo en cuenta la aparición de nuevos temas de interés, y de las necesidades cognitivas de cada grupo y nuevas generaciones de sus cursantes, matriculados en las aulas. Se ha de destacar la importancia de la adecuación del programa en mayores institucionalizados, al contar también con aulas en hogares de ancianos y en centros penitenciarios.
A su vez, la actividad de capacitación a los educadores de mayores se ha vinculado a los nuevos retos o proyectos en los que instituciones del país solicitan a la CUAM como participante, tales como: formación de gestores en el tema de medio ambiente y en la formación de promotores de salud.
Principales líneas de investigación de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor
Desde su fundación en el año 2000 la CUAM ha desarrollado una labor investigativa intensa teniendo como objeto de estudio al adulto mayor y especializándose en las investigaciones relacionadas con la gerontología educativa. En estos últimos veinte años se han desarrollado numerosas investigaciones que abordan temas como la abuelidad, la jubilación, los cambios cognitivos y afectivos de la tercera edad, la educación en personas mayores, el género y el empoderamiento comunitario en la tercera edad, la calidad de vida en la adultez mayor y la representación social de la vejez.
Dada su connotación académica, debe destacarse el proyecto “La Cátedra del Adulto Mayor en la nueva universidad cubana” como parte del Programa Ramal de Gestión Universitaria e Innovación para el Desarrollo (Díaz-Canel, 2010) del Ministerio de Educación Superior, en el cual se evaluaron 13 resultados científicos como indicadores de gestión y de innovación, en el objetivo de evaluar los impactos del programa.
A continuación se presentan dos líneas de investigación a lo largo de este último quinquenio. Por una parte, reflexiones que vamos constatando en lo que actualmente se defiende bajo el concepto de empoderamiento comunitario. En segundo lugar, se resume una investigación que aborda el empoderamiento y educación en personas mayores desde la perspectiva de género.
Empoderamiento comunitario y vejez
Uno de los problemas a los que se enfrenta cualquier persona adulta mayor en la actualidad es el referido a los prejuicios y estereotipos sobre la vejez. Cuando se realizan estudios sobre las representaciones sociales de la vejez los mismos refieren que ser viejo se asocia con palabras como inútil, gastado, enfermo, rígido, falto de energía y vitalidad. Son representaciones asociadas a una visión biológica de decrecimiento que le imprime desde el imaginario social una fuerte impronta negativa a esta etapa. En los años 60 teorías como la de desvinculación o el desapego (Cumming & Henry, 1961) definía que los adultos mayores debían distanciarse del resto de los miembros del sistema social al que pertenecen. Esta teoría planteaba que en la adultez mayor existe una creciente preocupación por uno mismo y que los gerontes invierten menos tiempo en otras personas y objetos del ambiente.
Así, desde el propio ámbito científico como espacio cultural hegemónico se legitimaba la discriminación al adulto mayor. Desde esta perspectiva, los mayores al jubilarse ya son inservibles. De acuerdo a las leyes del mercado capitalista, ellos no producen ningún valor, sino que constituyen una carga para el Estado. Sin embargo, bien se sabe que existen muchos adultos mayores que vencen estos esquemas sociales integrándose a redes sociales, organizaciones no gubernamentales, programas educativos, donde se convierten en agentes activos de sus propias vidas. Así, empoderarse es la vía de lucha a través de la cual los gerontes expresan la resistencia ideológica con la cultura discriminatoria dominante.
El empoderamiento es un proceso que puede suceder a cualquier edad de la vida. Incluso algunos teóricos aconsejan que se brinden herramientas desde los primeros años escolares (Zubero, 2014). El término empoderar hace referencia a adquirir mayor poder y en el caso de los adultos mayores está orientado al incremento de la calidad de vida y bienestar en la vejez, así como a defender sus derechos ciudadanos desde una participación crítica y democrática.
El empoderamiento es un proceso complejo que a su vez se encuentra integrado por varios procesos psicológicos y sociales. Entre estos se pueden mencionar el establecimiento de asociaciones de colaboración, elevada autoestima y confianza en uno mismo, capacidad de autogestión, compromiso con la actividad a desarrollar, conciencia de los derechos ciudadanos, participación social democrática, interés político, necesidad de cambio y aspiraciones y poder legítimo. Estos indicadores que en su interrelación dan lugar al empoderamiento pueden presentar diferentes niveles de desarrollo.
La identidad del adulto mayor tiende a estar estructurada en base a discursos hegemónicos propios de la sociedad en la que este adulto mayor se desenvuelve. Así, el empoderamiento se vuelve una herramienta que permite al sujeto devenir en un protagonista activo y crítico de su historia personal y de la de sus relaciones en tanto se convierte en un agente también transformador de su entorno social.
Empoderar implica deconstruir un discurso para volverlo a conformar desde otra ideología y el proceso al implicar una modificación de las representaciones sociales y de sentidos psicológicos personales tiene un efecto en el autoconcepto. De esta manera, el empoderamiento permite la desmitificación de las vulnerabilidades sociales, psicológicas y biológicas asociadas a la figura del anciano, lo que le permite ganar mayor confianza y vinculación a redes sociales más amplias, por lo cual el proceso de empoderamiento implica un ciclo de desarrollo personal y social que se refuerza a sí mismo.
Los adultos mayores tienen toda la potencialidad de desarrollar el empoderamiento si tienen acceso a redes sociales, y se integran al espacio comunitario y a las organizaciones o programas que le faciliten desde un sentido experiencial este proceso.
 El programa educativo de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor, debido a las características de su dimensión teórica, metodológica y práctica constituye un espacio que fortalece el empoderamiento de los adultos mayores cubanos.
Desde su dimensión teórica se caracteriza por su enfoque humanista en tanto la vejez no se entiende solo como una etapa de pérdidas sino también se resaltan las ganancias psicológicas y sociales de esta etapa. En las clases los adultos mayores aprenden que la persona mayor es activa y singular, por lo que se concibe este período etario como heterogéneo en función de las diferencias individuales.
Desde este paradigma teórico se pretende que los adultos mayores devengan en personas empoderadas que reclamen sus espacios de participación social desde una conciencia crítica de sus derechos y deberes. El objetivo es que el adulto mayor que asiste a las aulas de este programa (Henriquez, Sánchez, Cruz, 2015) devenga en un individuo crítico y autogestor que luche contra la discriminación y autodiscriminación, así como también se constituyan en promotores de una cultura gerontológica equitativa e inclusiva.
Por otra parte, nuestro programa educativo se caracteriza por el uso de metodologías participativas y que vinculan los contenidos teóricos con las vivencias de los sujetos de manera tal que contextualicen y signifiquen de una forma personal las temáticas aprendidas. Estas formas metodológicas conllevan también a incrementar la motivación y el sentido de pertenencia hacia el programa, lo cual puede expresarse en una mayor cantidad de acciones asociadas a este proyecto.
La práctica educativa se caracteriza por una relación horizontal y dialógica entre los profesores y estudiantes, así como solo entre los estudiantes. Es relevante que tanto profesores como estudiantes son adultos mayores que pertenecen a la misma comunidad lo que facilita la colaboración entre ellos, así como, la posible participación de ellos en otros proyectos comunitarios.
Se constata que todos estos elementos han devenido en potenciadores de la autoestima, el compromiso, la habilidad para tomar decisiones de forma democrática, así como, un mayor conocimiento de los derechos e incremento del interés político, todos ellos subprocesos que conforman el empoderamiento (Henriquez y Sánchez, 2015).
Las investigaciones sobre empoderamiento comunitario en mayores realizadas en el marco de la CUAM tomaron como primera muestra a los presidentes de aula de los 15 municipios de la capital (Henriquez, Aulán, Isen y Torres, 2014). En esta investigación cualitativa se constató que indicadores como la autogestión, la participación comunitaria, el interés político y el conocimiento de la comunidad presentaba un alto desarrollo y la fuente de toma de decisiones se caracterizaba por ser democrática. Sin embargo, otras dimensiones como las asociaciones de colaboración presentaban puntuaciones medias. También se constató que los presidentes de aula conocían muy poco sobre sus derechos ciudadanos y la manera de ejercerlos.
Más recientemente se realizó una investigación sobre el impacto del programa educativo de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor en el empoderamiento comunitario (Henriquez y Sánchez, 2018). Se tomaron como muestra dos aulas del curso de continuidad sobre medio ambiente de la CUAM con un total de 30 cursantes. Se constató que los cursantes presentaban habilidades de autogestión y una alta participación en las actividades comunitarias, otro indicador de alta puntuación lo constituyó el sentido de pertenencia. No obstante, las acciones comunitarias transformadoras se encuentran limitadas a la divulgación y promoción del proyecto y no existen otras acciones transformadoras a nivel de comunidad. Esto unido a una percepción por parte de los adultos mayores de que deberían estructurarse mayores actividades a nivel comunitario y que no existe una implicación activa por los demás vecinos en la comunidad también disminuye el posible radio de acción de los gerontes.
Otro de los resultados obtenidos fue que las acciones educativas de la CUAM influyen en el empoderamiento ya que el programa potencia la inteligencia emocional y social, el desarrollo de habilidades de gestión y la promoción de valores como la solidaridad, la justicia y la equidad social. Además el programa educativo fomenta la motivación para participar en otras actividades comunitarias.
Actualmente la CUAM se encuentra integrada al Proyecto Integral de Envejecimiento Saludable (PIES-Plaza) circunscrito al municipio de Plaza de la Revolución, por ser el municipio más envejecido de todo el país. Este proyecto, en colaboración con el CITED y con el apoyo de la Unión Europea desarrolla diversos proyectos para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. La CUAM contribuye desde la capacitación a los adultos mayores en el tema de empoderamiento. Este curso de empoderamiento no solo cuenta con una parte teórica sino también con acciones prácticas desde las cuales estos cursantes crean nuevos proyectos comunitarios que parten de la inclusión y equidad social, y que promueven también el intercambio intergeneracional. De manera tal, que el curso constituye un eslabón fundamental de una red de redes desde las cuales estos cursantes mayores se convierten en gestores y educadores del empoderamiento. Así, a nivel comunitario se pueden realizar acciones para construir un discurso diferente sobre lo que significa la adultez mayor y desmitificar todos los prejuicios y estereotipos que restringen las enormes potencialidades de este grupo etario.
Hoy el empoderamiento comunitario en la vejez se encuentra insertado entre las diversas temáticas del folleto del curso básico. Como proyección futura la CUAM tiene la intención de desarrollar otros cursos de empoderamiento que tengan como sujetos de conocimiento a los propios cursantes del programa educativo.
Empoderamiento y educación en la vejez desde una perspectiva de género
Según la OPS (2012) “En los próximos diez años una mayor proporción de la población se considerará ‘vieja’ debido al envejecimiento general de la población mundial. Gran parte de estas personas mayores serán mujeres porque tienen una expectativa de vida mayor” (p.3).
Dicho dato nos convida a replantearnos el envejecimiento desde la perspectiva de género. En este sentido emerge la gerontología feminista como una corriente que puja por cuestionarse las relaciones entre envejecimiento y género, y develar las particularidades del proceso de envejecimiento y la vejez en las adultas mayores, con la directriz fundamental de visibilizar las desventajas históricas asignadas y vividas como grupo social y desmitificar el halo de deterioro y doble discriminación que tiene como centro la mujer vieja.
La gerontología feminista pondera que “varones y mujeres tienen modos diferenciados de envejecer, de concebir el envejecimiento, de afrontarlo y de significarlo” (Yuni y Urbano, 2008, p. 156). Dicho elemento que se concibe como núcleo de la idea de que envejecemos de manera diferente según las pautas culturales ancladas a nuestra condición sexuada a lo largo de nuestras vidas, influyendo en la manera que sentimos, pensamos y actuamos.
Esta idea de envejecimiento heterogéneo, se halla ligada a los diferentes procesos de socialización que viven los individuos, marcados por una educación (formal e informal) con evidente matiz sexista y que promueve y reproduce cánones patriarcales prescribiendo lo que ha de ser-hacer cada cual según su condición sexuada. Se arriba a la vejez de modo diferente según seamos hombres o mujeres.
Los programas que fomentan el envejecimiento activo, el empoderamiento en personas mayores, no deben dejar de lado la perspectiva de género, en tanto es constructora de identidades, de formas de sentir, hacer y aprender. Según el informe recogido en la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento:
Las mujeres de edad superan a los hombres de edad, y cada vez más a medida que la edad aumenta. La formulación de políticas sobre la situación de las mujeres de edad debería ser una prioridad en todas partes. Reconocer los efectos diferenciales del envejecimiento en las mujeres y los hombres es esencial para lograr la plena igualdad entre mujeres y hombres … Por consiguiente, es decisivo lograr la integración de una perspectiva de género en todas las políticas, programas y leyes. (OMS, 2002, p.7).
Algunos estudios destacan también (Colom, 1999) que las mujeres mayores poseen una vida social más activa que los hombres, integrándose en asociaciones, colaborando en acciones de diversa índole enclavadas en su comunidad, y asistiendo a las clases para personas adultas.
La presencia activa de mujeres mayores en la mayoría de las políticas sociales en muchos países, nos hace pensar que existen múltiples factores de carácter social, económico, psicológico, cultural que están permeando la participación de las personas mayores en programas en las comunidades.
Según IMSERSO (2008) España que posee un índice elevado de mujeres mayores insertadas en programas educativos. Cifras similares se reportan en el programa educativo cubano de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor, el cual se ha caracterizado por la matrícula histórica de una mayor cantidad de mujeres mayores que de hombres mayores, y que oscila cada curso alrededor del 83% de mujeres.
En muchas adultas mayores cubanas encontramos que su acercamiento a las actividades docente-formativas emerge como una “asignatura pendiente” de la vida, en tanto han estado volcadas al crecimiento personal y profesional de otros/as y no de ellas mismas con lo cual la posibilidad de estudios en la vejez constituye para muchas la primera oportunidad real de superación y desarrollo personal.
Constituyen además las aulas, nuevos espacios de socialización, donde se suple su necesidad de afiliación que en la adultez mayor se presenta con más fuerza, dada la respuesta social de excluir a las personas cuando arriban a la llamada tercera edad.
Las adultas mayores encuentran en los espacios educativos de la CUAM fuentes importantes de empoderamiento y satisfacción de múltiples necesidades, lo cual genera un fuerte sentido de pertenencia a este proyecto educativo.
Sin embargo, sigue emergiendo la duda desde las ciencias sociales ¿por qué más mujeres mayores inmersas en programas de bien público, educativos, comunitarios? ¿Cuáles son realmente los factores que están influyendo en la participación activa de las adultas mayores en contraposición de un número reducido de hombres participantes?
De acuerdo con el Instituto de Mayores y Servicios Sociales:
La carencia muy extendida en las principales fuentes de información sobre participación social es la falta de introducción de la perspectiva de género en la recogida de información: los datos están referidos al conjunto de la población, lo que imposibilita la comparación entre hombres y mujeres. … Esta carencia no permite los análisis de género y es una importante limitación para conocer la realidad de las mujeres mayores. (IMSERSO, 2008, p. 142)
La línea de investigación en torno al género y la vejez cobra forma en estudios que han explorado la identidad de género y el sentido de pertenencia de adultas mayores de las Cátedras Universitarias del Adulto Mayor del municipio Plaza, La Habana.
Los resultados constaron que la emergencia de una identidad de género en transición que sincretiza lo interiorizado de la cultura desde su condición de mujeres mayores y que se caracteriza por la presencia de nociones tradicionales de masculinidad y feminidad que han sido apropiadas de manera acrítica. Y estrechamente ligado a su identidad de género el cuerpo envejecido como fuente importante de insatisfacción. Como nudo inamovible de su subjetividad se halla el vínculo de las mujeres al ámbito doméstico (acrecentada la sobrecarga por su condición de jubiladas). Sin embargo se evidencia un mayor posicionamiento activo a demandar espacios de desarrollo personal y de satisfacción de necesidades propias.
Con respecto al sentido de pertenencia explorado en la investigación se constata que la imagen que poseen estas adultas mayores asociada al programa de mayores posee un evidente valor positivo. Es vinculada a estados de ánimo positivos, agradables, a una visión de la vida más optimista, se reconoce como espacio gratificante de la necesidad de afiliación y comprendido como un grupo comprometido y dedicado. Se comparten significados y valores como colectividad (Sánchez, 2018).
Dicha investigación ha marcado el camino para cuestionarse los factores que inciden en la participación de las personas mayores en actividades formativas, en particular las desarrolladas por la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor en Cuba. Esta se erige como primigenia para explorar las causas de la mayor incidencia de matrícula femenina en las aulas universitarias del adulto mayor.
Es necesario destacar que son estas mujeres mayores, el núcleo activo del programa educativo de la cátedra. Ellas fungen como gestoras, docentes, coordinadoras, hacedoras de todo el programa de curso básico, de continuidad y post-básico. Su labor no solo se traduce en acciones concretas del programa, sino que irradian lo aprendido a sus comunidades, familias y diferentes subsistemas sociales en los que se hallan insertadas. Contribuyen al desarrollo local comunitario en tanto implementan acciones para fomentar las relaciones intergeneracionales, el cuidado del medio ambiente, el desarrollo de la creatividad, entre otras.
Como proyecciones de esta línea de investigación proponemos implementar acciones de sensibilización y promoción de una cultura crítica de género en nuestro programa de mayores, así como, dar continuidad a los estudios del envejecimiento y la vejez desde la perspectiva de género en aras de construir una propuesta teórica que contribuya a profundizar en una visión más acabada del tránsito por la adultez mayor.
Logros y desafíos del programa Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana.
A lo largo de veinte años muchos han sido los logros del programa. Además de los altos indicadores estadísticos obtenidos acerca de la cantidad de egresados y aulas funcionando, se ha conseguido desmitificar en los cursantes de la CUAM la imagen estereotipada que se asocia a la vejez. Además, la cátedra ha contribuido a las ciencias gerontológicas con investigaciones sobre los impactos del programa. Estas últimas demuestran cómo el programa influye en el mejoramiento de la percepción de calidad de vida en nuestros cursantes y en la jerarquización de las necesidades de los mayores donde la interacción con otros coetáneos y la posibilidad de aprender nuevos contenidos tiende a ser más relevante que mantener una salud física adecuada (Orosa, 2005).
Varios son los retos a lo interno del programa, como por ejemplo: implementar nuevos procesos de perfeccionamiento docente, garantizar una estructura que contribuya a la sostenibilidad del programa, implementar acciones que favorezcan el incremento de la matrícula masculina, actualización permanente de materiales educativos-orientadores, profundizar el manejo de las nuevas tecnologías en la vejez como herramienta educativa, construir una red nacional de Cátedras Universitarias del Adulto Mayor.
Los programas universitarios de mayores como tendencia, surgen en Iberoamérica desde hace casi dos décadas y hoy se van insertando en las nuevas políticas de los países, como componentes decisivos. Estos programas se encuentran aportando en primera línea una nueva imagen de la vejez, pues lo hacen desde escenarios no tradicionales, de carácter escolar, social y comunitario.
Por tanto, sería de gran beneficio que los diseñadores y decisores de políticas tengan en cuenta estas experiencias educativas y los resultados investigativos que han devenido de estas. Uno de los desafíos fundamentales de estos tiempos en el accionar con adultos mayores implica abordar esta edad desde una mirada más gerontológica y menos geriátrica desde las políticas sociales actuales.
De acuerdo con lo anterior, los programas universitarios con mayores están llamados a posicionar la educación, no solo desde lo teórico como factor de envejecimiento activo, sino desde la demostración concreta y la búsqueda de espacios estratégicos.
Desde hace varios años Cuba se encuentra en proceso de perfeccionamiento de su política económica y social, y justamente la estrategia de atención al envejecimiento poblacional, constituye uno de sus lineamientos principales. En ese contexto, la CUAM promueve la importancia de la educación como factor de envejecimiento activo en todos los espacios posibles.
Nuestro programa universitario con mayores se encuentra orientado hacia esta labor gerontológica, fomentando también mayores niveles de integración multi e interdisciplinarios entre las diferentes instituciones y organizaciones, que tributan a la atención de las personas mayores.
El recorrido hasta aquí ha sido productivo. Nuestro país dispone de un programa universitario con mayores ya con una veintena de años de existencia. Es menester su protección, su mayor visibilidad, mayor inserción académica y una mejor comprensión de su esencia, en la sociedad.
Por último agradecer a nuestros colaboradores, a los cientos de profesores y fundamentalmente a los miles de los adultos y adultas mayores cursantes, todos las cuales han permitido la existencia de nuestro programa. A pesar de dificultades de carácter económico y exiguos recursos materiales hemos logrado un programa digno, accesible, y comunitario.

 

Referencias bibliográficas:

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A MODO DE COMPLEMENTO

Testimonio.
“Mi cumpleaños 83 y las sorpresas de la Covid 19”.

Siempre me entusiasmo con la celebración de mis cumpleaños. Mi madre me dijo que cuando ella –recién parida– miró al calendario, la fecha era martes 13 (01:05 de la madrugada). Se entristeció, por el maleficio que, según la gente, acompañaría la vida de los nacidos un martes 13. La vida le demostró que en mi caso eso no ocurría.
Yo esperaba con ilusión mis 83 cumpleaños, que este año sería lunes 13.
¡Oh, sorpresa! La presencia de la pandemia provocada por el coronavirus Covid 19 cambió mis planes. Pude terminar el curso de Continuidad en que estaba matriculada y ya teníamos fecha para otro, cuando recién recibimos la indicación de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor de cumplir las indicaciones del Ministerio de Salud Pública y de la Universidad de La Habana.
Los adultos mayores estamos considerados personal vulnerable; por los años vividos y los padecimientos que podemos tener. Nuestra sociedad trabaja para lograr una longevidad satisfactoria en nuestros adultos mayores.
En la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor recibimos la educación que nos hace competentes para la vida longeva en familia y en la sociedad.
¿Qué hacer si debo permanecer en mi casa en aislamiento social, que garantiza mi salud y la de la comunidad?
Opté por confeccionar nasobucos utilizando retazos de tejidos que guardaba, para entregar a mis vecinos y compañeros del grupo de “Tai-chi”, del aula del Adulto Mayor, y otros. Les propuse a los que tenían la tela que la trajeran con el hilo y yo les confeccionaba el nasobuco.
¡Cuánta satisfacción contribuir a la salud de mis compañeros y amigos!
Estaba en plena faena cuando se produce la primera sorpresa: tengo tos, estoy acatarrada y por la noche mi hija me toma la temperatura y tengo febrícola; lo mismo ocurre al día siguiente. El día de mi cumpleaños tengo 38 grados y el día 14 casi llego a 39 grados.
Ocupadas por la información recibida sobre los adultos mayores y sabiendo que en mí coincidían 83 años de vida, proceso respiratorio y fiebres, visitamos al médico de familia; quien nos remitió a la consulta de afecciones respiratorias habilitada por mi policlínico. La especialista que me atendió entendió remitirme a un centro de aislamiento social para investigar mi situación. Así fui a parar al hospital “Frank País García”, Sala “O”, cubículo 12. Era el 15 de abril del 2020 y el 20 de abril del 2020 debían realizarme la prueba para detectar la presencia de Covid 19.
¡Qué sorpresa para mí y mi hija! Ambas fuimos preparadas para la hospitalización; pero mi hija no me podía acompañar. Ella no tenía orden de ingreso y yo no necesitaba acompañante.
¡Qué sorpresa! En la sala “O” éramos 12 pacientes que debíamos hacer gala de nuestra paciencia para soportar este estricto aislamiento.
¿Por qué? Cada paciente ocuparía un cubículo pequeño donde había una cama personal, una silla plástica y una mesita. La habitación tenía un pequeño baño, aire acondicionado, una puerta y una ventana tapiada con acrílico transparente. La puerta solo se abría para la atención del personal de la sala y las seis veces que la pantrista nos suministraba los alimentos en el día. Por mi ventana yo observaba lo que ocurría en el salón de los médicos y enfermeros. Comprobé el cuidado que tenían con el uso correcto del atuendo protector, consciente de que de ello dependía su no contaminación.
Durante los cinco días de mi aislamiento no le vi el rostro a las personas que me atendían, solo los ojos; y llegué a identificar la voz de la pantrista y del doctor que controló mis padecimientos crónicos: bradicardia sinusal e hipotiroidismo. Estos parámetros se mantuvieron bien y los pulmones, según la placa, estaban limpios. Los resultados del hemograma y las plaquetas fueron buenos. Ahora solo faltaba esperar el día 20 de abril del 2020 en que me harían la prueba para detectar la presencia del coronavirus. La prueba se realizó en la mañana y a las 5:30 pm el médico nos dio a conocer los resultados y notificó mi alta a las 5:40 pm en una forma muy jocosa, con la que expresaba su alegría por este resultado. Esta fue la única oportunidad en que se abrieron las puertas y los pacientes nos vimos.
¡Oh, sorpresa! Una de las doctoras nos informa que en la base de transporte ya no había carros para nuestro traslado. Debíamos esperar al día siguiente para el regreso a casa. Algunos compañeros se fueron por sus medios propios. Yo debía esperar el transporte del centro. Me quedé vestida y calzada, sentada en mi silla del cubículo. Mi alta fue autorizada a las 5:40 pm. A las 9:30 pm la doctora me informó que habilitaron un ómnibus y que yo sería la primera en abordarlo con otras altas pendientes. Fui la primera en subir al ómnibus y una de las últimas en bajar de él frente a mi casa. El ómnibus se llenó con las altas residentes en lugares tan distantes como Playa Baracoa, Guanabacoa, Guanabo, Altahabana, Cerro…
Una compañera del grupo asumió la responsabilidad de hacer el itinerario del viaje y junto al chofer, lo fue guiando.
Espontáneamente, en un hermoso gesto de solidaridad humana, cada vez que se bajaba un pasajero-alta, recibía un aplauso y frases estimulantes.
Comenté con mi compañera de asiento el no haber podido informar a mi hija de mi vuelta a casa. La hora era imprevista para todos. Cuando la guagua parqueó frente a mi casa eran más de las 12 de la noche y ¡Oh, sorpresa!, mi hija me esperaba en el portal de nuestra casa y disfrutó de mi despedida y deseó éxitos a los que continuaban viaje y dio gracias al chofer.
Durante estos cinco días ella mantuvo comunicación con el hospital varias veces al día y allí le informaron sobre mi alta.
¡Oh, sorpresa! El día 16 de abril del 2020 perdí la comunicación con mi hija. Mi teléfono celular se quedó sin carga eléctrica. Mi hija llevaba el cargador en su cartera; pero en la emoción de nuestra separación, olvidó dármelo.
Cinco días de aislamiento para una educadora como yo, con un intenso trabajo comunitario y 63 años de trabajo profesional en los distintos niveles de la Educación es una tarea muy seria. ¿Cómo afronto exitosamente esta situación? Durante estos cinco días recordé los 83 años de mi vida. Recordé a mi madre, mis hijos, mi esposo, mis compañeros de estudio, de trabajo, de las organizaciones a que pertenezco, mis vecinos…
Durante estos cinco días leí cada día una hoja del periódico en que mi hija me envolvió un pomo con agua. Leí los nombres y números telefónicos que tengo escritos en mi libretica para teléfonos. Y canté, en voz baja, las canciones de mi preferencia. Y recordé las enseñanzas recibidas en los cursos de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor, donde aprendimos a aprender y desaprender lo obsoleto. Recordé que no podía perder mi autoestima; ni mi optimismo, mis esperanzas e ilusiones y ni mi amor por la VIDA. Yo volvería a mi casa con esta nueva gran experiencia que con gusto contaré a todos.
Cada día doy gracias a la vida. Cada día doy gracias a nuestra Revolución, que rinde culto a la dignidad plena del hombre.
Cada noche, con mis aplausos doy gracias a los médicos cubanos que cuidan la salud de su pueblo y de otros pueblos.

La Habana, lunes 27 de abril del 2020.

Dra. Dulce María Valdés Collazo.
Profesora de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor
Universidad de La Habana.

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