Vol 1. Núm 3. 2013
SEMBLANTES HEGEMÓNICOS DE LA MASCULINIDAD. SOBRE UNA GENERALIZACIÓN [POSIBLE] DE LA SUBJETIVIDAD MASCULINA.
Sergio A. del Pino Cardoso Hospital DocenteUniversitario Clínico Quirúrgico “Comandante Manuel Fajardo”
Resumen
El artículo presenta resultados de una exploración orientada a indagar la subjetividad masculina ante la pérdida del estatus social. Los sujetos estudiados han ocupado cargos directivos de primer nivel de dirección en centros de trabajo de nuestro país y han sido liberados de ellos de manera abrupta. El artículo se enmarca en la intersección y convergencia del Campo de Estudios de Género acerca de las masculinidades y el Psicoanálisis de Orientación Lacaniana.
Abstract
The article presents results of a scanoriented male subjectivity investigate the loss of social status. The study subjects have held seniorlevel management in workplaces in our country and have been released therefrom abruptly. The article focuses on the intersection and convergence of the field of Gender Studies on Masculinities and Lacanian Psychoanalysis Orientation.
Palabras claves
género, masculinidades, psicoanálisis, directivos de primer nivel, trauma, gender, masculinities, psychoanalysis, first level management, trauma

“…Antes que por el ser, preocupado por el tener,
repleto de miedo a perder, cuida de que su mujer
siga siendo parte de sus posesiones,
de su particular patrimonio,
pero sobre todo tiene que disimular ese semblante de propietario.
Y le cuesta encontrar el artificio adecuado,
el relato correcto a transmitir a sus propios hijos,
a su vez más pendientes del goce que del amor,
y sin paciencia para el deseo…”
Fernando Martín Aduriz

“…muchos hombres tienen doble o triple jornada laboral,
pero van de un espacio a otro sin cambiar
la lógica subjetiva con la que deben operar…”
Ana María Fernández

 

La condición de posibilidad para la existencia de un sujeto supone otra condición: la que los inaugura con un vacío en el mundo del lenguaje. A partir de ese desamparo fundamental, de esa nada que da la bienvenida al sujeto, se debe realizar un recorrido, no sin el otro imaginario y el Otro simbólico. Esto posibilitará la oportunidad de una respuesta encaminada a llenar ese agujero. Para decirlo con una palabra el sujeto se debe recubrir de semblantes. Esto aparece como respuesta a lo que llamamos con Freud y con Lacan: el trauma como proceso1, que es inherente a la entrada del sujeto en el mundo del lenguaje. 
Debemos notar entonces que las subjetividades masculinas investigadas han funcionado a lo largo de su vida, como una subjetividad masculina que toma de las imágenes y del Otro más próximo lo que hemos llamado los semblantes hegemónicos de la masculinidad. Es uno de los antecedentes subjetivos que va a permitir que, ante la situación de pérdida del trabajo, ante ese momento traumático, lo que haya sea la búsqueda de un restablecimiento, una restitución de estos semblantes hegemónicos.
No acontece una elaboración del trauma a partir de la emergencia de masculinidades innovadoras o transicionales como ocurre en casos referidos en investigaciones2 realizadas en otros contextos sobre el tema, o sea que abordan lo que ocurre cuando la masculinidad es tocada.
Constituye este trabajo de restitución de los significantes hegemónicos de la masculinidad la lógica misma de elaboración del trauma.
Los tres sujetos estudiados comparten la peculiaridad de mostrar un sufrimiento asociado a su descolocación en el mundo público. Les ha tocado vivir, de manera general como sorpresa, la liberación abrupta de sus cargos de primer nivel de dirección en instituciones ministeriales y empresariales cubanas en los que se desempeñaban laboralmente. El trabajo realizado con ellos constituye una posibilidad de tratamiento subjetivo a esa pérdida, que constituye lo que podemos llamar un acontecimiento traumático.
Para comprender el por qué de estos enunciados pasaremos a explicar la subjetividad masculina previa a la pérdida del estatus social.
La subjetividad masculina previa a la pérdida del estatus social acontece en estas subjetividades masculinas con una fuerte presencia de lo que hemos llamado sujeto supuesto saber masculino.
Existen identificaciones, imaginarias y simbólicas, que comandan la vida de estos hombres y sus modos de ser. Es de manera general lo que llamamos la identificación al padre3 y que los estudios de género, en el abordaje de las masculinidades, han diagnosticado como un paradigma fundamental en la formación y construcción de la subjetividad masculina. Además tales estudios han encontrado que para las personas de éxito, tanto hombres como mujeres, su referente identificatorio ha sido como generalidad un hombre4.
A partir del mandato cultural a los hombres sobre: nada con asuntos de mujeres5, esta identificación al padre (identificación siempre a un hombre) opera en estos casos como mecanismo fundamental de funcionamiento, tanto en el espacio público, como en el espacio privado.

Las identificaciones: padre biológico y padre profesional
En los casos estudiados estas identificaciones tienen que ver con el padre biológico en primera instancia. A diferencia de uno de ellos, en que esa identificación se sostiene durante toda la vida, en los demás se sustituye en un momento de la vida profesional, ante una carencia simbólica del padre biológico, por alguien que es llamado por ellos un padre profesional. Esta carencia se expresa en la imposibilidad de un saber hacer de manera completa, aparece como una pobreza, un límite en el saber profesional sobre el cual no se puede orientar, también aparece a la manera de ausencia, el divorcio paterno y el traslado del padre hacia otra provincia hacen que el sujeto deba recurrir y moverse a Otra figura que muestre el camino a seguir en el campo profesional y pueda contribuir a suturar ese vacío dejado por el padre biológico.    
De esta manera el mecanismo fundamental que opera para estas subjetividades masculinas es lo que denominamos la suposición de saber al sujeto masculino. Se ubica siempre a alguien en el que supuestamente hay el saber hacer con cierta imposibilidad de los sujetos en el espacio profesional, y se asume como un ideal que es garantía del apoyo y sede de la palabra para un desempeño eficiente en la vida. Sobre nuestro objeto de estudio particular, es la sede de la palabra para el éxito en la vida laboral y directiva.   
Hablamos antes de identificaciones imaginarias y simbólicas6. Las primeras tienen que ver con una imagen del padre como completo, como alguien a quien las cosas le salen fácilmente y su desempeño profesional es sin obstáculos.
La otra versión del padre, y que sustenta la identificación simbólica, con un rasgo de este, es la que tiene que ver con un padre enfrentado a problemas, enfrentado a situaciones difíciles y que ante estas, la solución es siempre responder, ¿cómo?, ganando en la primera oportunidad, no importa los esfuerzos que haya que poner, materiales o subjetivos, para lograrlo.
Ser un hombre correcto es otro de los significantes fundamentales, donde esto es asociado a una serie fundamental aportada por el padre, un hombre correcto es quien: es útil, trabaja, no roba, no es una carga y tiene independencia económica.
Los otros casos comparten la situación identificatoria con relación a un padre que se muestra como carente e incompleto, que falla. Por esta situación deben realizar una sustitución del padre, a uno profesional. 
Así existen identificaciones paternas que van por la vía del ideal de estudiar y de hacer una carrera universitaria. El que quede solo en ese plano implica la carencia del padre biológico, este no puede brindar todas las herramientas que ayudan, que sostienen, para poder acceder y desempeñarse en el mundo profesional, en el espacio laboral. Ante esta situación de falla y de vacío el sujeto deberá realizar un movimiento para llenarlo: apela al rasgo identificatorio de un padre profesional y radica en que “El compañero que yo sustituí era toda una institución en ese centro, yo tenía que asumir esa responsabilidad y este compañero había dejado el terreno caliente y la varilla bien alta”, es decir que va por la vía del significante exitoso. De este planteamiento se escurren algunos elementos a destacar: la producción visible en el hacer, asociada a la masculinidad en el mundo público y la respuesta a un ideal exitoso, al que no se puede defraudar, es decir se sigue el camino de responder a la demanda del Otro AMO y de responsabilizarse con el goce, que destacaremos más adelante, como el del trabajador directivo. Esta persecución del éxito deviene un uno de los pilares fundamentales de la masculinidad hegemónica (Bobino Méndez, 2007).
En el otro caso, con relación a la identificación dividida: tenemos que, por el lado del padre biológico el sujeto apela a la imagen de un padre que responde a las contingencias del mundo laboral, vía el romanticismo, lo que le permite mantener el compromiso y la creencia en las cosas. El otro rasgo que se destaca en este mismo nivel imaginario es que su vida laboral, como dirigente, es un clon de la de su padre. Es por esta razón que decimos que a partir de su padre, para él se trata de que estar sin trabajo es igual a estar sin salud. Podemos decir, a partir del caso, que este padre ha muerto trabajando, ha muerto en el espacio público. 
La versión del padre profesional es incorporada por el sujeto a partir del impedimento en el hacer laboral, de esta manera establece como condición de posibilidad para el desempeño exitoso de todo directivo, apoyarse en los que saben.
Los que saben han funcionado para él como padres profesionales. Una marca fundamental dejará una huella en la vida de este sujeto: el divorcio entre el padre y la madre en la adolescencia y la posterior ida del padre a trabajar a otra provincia. Aquí se inscribe la carencia paterna descrita.
Luego de esto el principal semblante que operará para él y que se esforzará para mantener, es ser el hombre de la casa. Semblante paradójico en su sintaxis. Pues nunca está en casa, pero lo que cuenta para ser el hombre de la casa, para este hombre y en general para esta familia, es que la provea económicamente.  

¿Qué es ser un hombre?
Los semblantes que acompañan a estas subjetividades masculinas en este momento, podemos situarlos a partir de lo que han destacado los estudios de masculinidades desde la perspectiva feminista. Estos hombres han sido socializados con lo que podemos llamar las leyes del sistema patriarcal, donde ser hombre pasa por tener éxito, por responder siempre ganando, por no decir que no, por un saber hacer, por ser útil, por trabajar, por no ser una carga y tener independencia económica.
Se destaca que todas las características enunciadas están en asociación con el mundo público, esfera históricamente representada por el universo de lo masculino y por lo tanto lugar identificado a la masculinidad. En efecto ser hombre es algo que se juega en el mundo público y que se instituye en antagonismo con el espacio privado.
Por estas razones para ninguno de estos tres sujetos el espacio privado es un espacio reconocido como propio, este espacio aparece en su discurso como espacio privativo de lo femenino. Es una de las razones que situaremos más adelante como un elemento fundamental en la aparición de los efectos subjetivos inmediatos en el momento del trauma, para estos hombres quedarse sin trabajo en el mundo público, es quedarse sin lugar en el mundo. Es enfrentarse a un vacío provocado por el encuentro con un Real, que produce ese afecto que nunca engaña, la angustia.7
Para estos hombres se trata, con relación a lo anteriormente apuntado, de que con respecto a su trabajo tiene que haber una producción visible, esta está representada en el mundo público por un hacer cosas, que a su vez generen prestigio y valía. Ser hombre pasa además por tener resultados. Los Estudios de Género se refieren a esta peculiaridad cuando hablan del mundo público y de la subjetividad masculina como estructurada desde una lógica operatoria.8

¿Qué es ser una mujer?
En relación con el universo de lo femenino la visión que de manera general tienen los sujetos acerca de las mujeres, tanto de sus madres, como de sus esposas, es que una mujer es igual a una madre. Las tres madres de estos sujetos se han desempeñado la mayor parte del tiempo en el espacio privado y es algo que vieron desde muy pequeños, para ellos ha funcionado el sintagma padre = mundo público = proveedor económico del hogar, madre = mundo privado = ama de casa = contenedora emocional familiar.
De esta manera en sus discursos, no se observa ninguna idea de transgresión con relación al universo de lo femenino. Ellas aparecen representadas con esos significantes amos de la cultura, contenedoras del ambiente emocional familiar, cuidado de los hijos y de los esposos, responsabilidad y garantía por las tareas del espacio doméstico. Elemento último que destaca ese rol históricamente asociado a lo femenino que es ser ama de casa.
Aunque hay cierta ruptura entre mujer/madre y mujer/esposa con relación a que las segundas, en el caso de dos sujetos, ocupan un lugar en el espacio público, es decir que su desarrollo vital no se circunscribe al espacio doméstico.
Entonces destacamos como relevante que dos de estas esposas han desarrollado una carrera profesional. Una de ellas incluso ocupa un cargo directivo de primer nivel, es interesante, cómo a pesar de esto, hay una jerarquización en su desarrollo profesional, mientras que ellas son el soporte fundamental para que ellos se desarrollen profesionalmente, para que se desarrollen en el espacio público, ellas al ocuparse de dos espacios a la vez, público /privado deben esforzarse aún más para poder desarrollarse profesionalmente, desarrollo que nunca va a la par que el de sus esposos, va siempre a la zaga. Con lo anterior se están legitimando dos situaciones interesantes: se visualiza la doble jornada que se le impone desde lo social a estas mujeres, y en el caso de la que ocupa un cargo de primer nivel, una triple jornada laboral:9  extendida en el espacio público y naturalizada en el espacio privado. Concluimos de esto que se comprueba aquel postulado central del pensamiento feminista: y la situación de las mujeres de ser para otros/as antes de ser para sí.10  
Con este reconocimiento damos continuidad a ese postulado que compartimos con la psicóloga argentina Ana María Fernández11 al destacar que un estudio de masculinidades, para que sea como tal, debe incluir lo que llama: develar el orden de poder que implica las relaciones de estos hombres con otros sujetos: tanto femeninos como masculinos.
Parecería entonces que existe una ruptura con lo tradicional, en tanto hay acceso a puestos laborales importantes para las mujeres, puestos de primer nivel jerárquico en la toma de decisiones, desarrollo de una carrera profesional, pero no, pues aparece nuevamente como manera de operar de estas subjetividades masculinas y femeninas el desarrollo profesional de los primeros garantizado vía las segundas, en consecuencia el desarrollo profesional de ellas permanece a la zaga.
Este modo de funcionar se asume con cierta normalidad por parte de ellos, no sin el consentimiento de ellas.
Hombres y mujeres tributan ambos a conformar esos semblantes hegemónicos que erigen el discurso patriarcal. Por estas razones, esta naturalidad en el funcionamiento de las relaciones entre los sexos ha sido tratada y abordada a partir de que ambos participan de la llamada inconsciencia de género.  
De esta manera se constata que en los sujetos estudiados las mujeres no son para ellos, para su ser de hombres, referentes identificatorios. Solo en uno de los casos se observa claramente la identificación a un rasgo materno, el perfeccionismo. Este marcado perfeccionismo refiere el sujeto, no haberlo aprendido en ninguna parte, vemos entonces como hay un desconocimiento acerca de esa identificación que se mantiene inconsciente con el rasgo materno, lo que hace invisible para él el reconocimiento de que efectivamente de la mujer/madre algo se puede tomar para construir la subjetividad masculina.
En sus dichos este rasgo aparece ubicado claramente del lado de la madre y a partir de las actividades realizadas, por esta, en el espacio privado. Interesante es señalar que lo que se toma es un rasgo que tiene la peculiaridad de ser utilizado para operar en el mundo público, no en el privado, y constituye algo más en su subjetividad masculina: es uno de sus modos de goce, eso que lo ha “acompañado” en sus palabras “toda la vida”. Mostrándose en su doble dimensión, tal como lo ha definido Jacques Lacan, aquello que logra al mismo tiempo la satisfacción y su otra vertiente, el horror y lo ruinoso. Hacemos referencia entonces que este rasgo tomado de la madre es un estorbo para él, no es algo útil.12

El goce del trabajar
Nos acercaremos entonces al desarrollo estudiantil-laboral de estos sujetos tratando de construir la lógica, que a partir de lo que hemos enunciado antes, les ha permitido operar, no sin costos a sus subjetividades, en el mundo público.
Un elemento común logra aunar la lógica en la vida estudiantil de estas subjetividades masculinas, han ocupado cargos de dirección en las organizaciones estudiantiles mientras se desempeñaban en este espacio. Han ocupado cargos que oscilaron entre la responsabilidad en comisiones de cultura y deporte en la UJC, hasta la presidencia provincial de la organización FEEM. Estas actividades de dirección y organización coinciden en los casos con una serie significante muy presente en la historia de estas subjetividades masculinas:

  • Satisfacción con el cumplimiento de una tarea
  • Sentimiento de utilidad
  • Reconocimiento  Prestigio.

En estos tres elementos está lo que hemos llamado el goce del trabajador.
Esto se visualiza tanto en sus carreras laborales, vía los ascensos desde la base hasta la cima, como nuevamente en sus reubicaciones, luego de la liberación. Al hablar de esto estamos dando cuenta de que para seguir el camino de los ideales, vía las identificaciones paternas, que han construido estas subjetividades, ceden ante el deseo propio, ante su querer más íntimo.
Es observable, a partir de los costos subjetivos que genera para ellos tener que cumplir con esta trilogía cómo se pone de manifiesto el goce. Por un lado se satisface el ideal y por otra parte hay costos a la subjetividad del hombre directivo, que los hacen tocar esa dimensión ruinosa tan particular que tiene el goce.
Lo planteado con anterioridad, y que forma parte de los costos subjetivos, tiene la peculiaridad de impactar en los casos de un modo muy singular y que se repite, los tres han adoptado la modalidad de inundar el espacio privado con el espacio público. Esta modalidad es presentada por ellos vía el algoritmo de: una vez que se llega al espacio privado se sigue pensando en el espacio público, estar en el espacio privado a condición de estar haciendo algo que históricamente ha sido asociado al mundo público, sino no se puede estar.
De lo que se trata es de estar en el espacio privado a condición de no estar haciendo, o desempeñando roles que han estado históricamente asociados a la feminidad. Es decir mantener los semblantes de la masculinidad tanto en el espacio público como en el privado. Por estas razones podemos expresar que se ha hablado de una doble jornada laboral para las mujeres que han logrado insertarse al trabajo extra-doméstico, y también de una triple jornada, pero en el caso de los hombres tenemos una particularidad que nos gustaría expresarla a la manera en que lo hace la psicóloga argentina Ana María Fernández13: es posible hablar de una doble o triple jornada laboral en los hombres pero lo interesante del caso es que ellos van de un espacio al otro (publico/privado-privado/publico) con la misma lógica de funcionamiento.

La lógica operatoria ante el trauma
Este mecanismo que se ha mantenido en el tiempo durante su período laboral de directivos, es condición de posibilidad de que una vez liberados del cargo opere el no poder estar en casa como consecuencia de no tener lugar, por haber sido desplazados del único posible construido por ellos, el espacio público. A partir de esto adviene la urgencia subjetiva de estos hombres directivos liberados para encontrar algo que hacer, algo que les devuelva su lugar como sujetos. Es frecuente en ellos nominar, a partir de justificaciones, que el lapso de tiempo de reubicación laboral ha sido corto, comparándose competitivamente con el otro imaginario y no mostrándose derrotados, es decir para estos hombres se trata de tener siempre una justificación que no los haga caer en falta, mostrarse como derrotados, ante el Otro, dígase, jefe, hombre, mujer, subordinado, etc.
En la misma dirección podemos ubicar lo que hemos denominado la doble jornada laboral de los hombres en el espacio público.
Esto destaca otro de los costos a la subjetividad de estos varones, pasar muchas horas trabajando, impide que le dediquen tiempo a otra cosa, dígase familia construida: hijos, hijas, esposa; dígase a ellos mismos: su salud, su cuerpo. Estas situaciones en general, para los tres casos, son asumidas con total naturalidad y destacan, como mencionábamos antes, ese elemento que la literatura de género ha señalado para hombres y mujeres, y que es la inconsciencia de género.
La primera jornada laboral que destacan estos sujetos tiene que ver con realizar actividades que más o menos no son de su agrado, reuniones por ejemplo, en las que muchas veces ellos se preguntan “¿Qué hacemos aquí?” Es otra manifestación de este ceder ante el deseo para obtener el goce del trabajador. Esta jornada es a la que podemos llamarle, junto con ellos, una jornada laboral formal, de ocho horas. La otra jornada, la segunda, la llamada informal, no tiene hora fija de término, puede extenderse hasta las nueve, diez y hasta once de la noche. Es la hora de realizar el trabajo, que podemos llamar de producción, de análisis, y muy importante es la hora de responder ante los jefes superiores, recibir orientaciones para ponerlas en práctica. Acá se escurren ideas importantes: la jornada laboral informal es donde en realidad se realizan, según estos sujetos, las actividades de peso en su contenido de trabajo. Interesante destacar que este período es el que supuestamente se debía utilizar para estar en el espacio privado compartiendo con la familia. Lo otro que se destaca a partir de esto es que en este tipo de centros de trabajo no existe, una visión de género, donde las políticas que se aplican están muy a tono con el patriarcado y que lo que se pone en práctica es la formación de súper hombres. Se contribuye entonces a trasmitir que la actividad de dirección consiste, para una persona directiva, en alguien que: no descansa, quien no muestra cansancio, quien pone sus intereses personales por debajo de los intereses laborales. De esta manera se contribuye a perpetuar lo que hemos denominado con anterioridad los semblantes hegemónicos de lo masculino. El hombre directivo tal como nos arrojan los resultados de estos casos, es un hombre siempre alerta, que no duerme y ansía mantener todo bajo control.      

Espacio privado
El costo subjetivo de no tener tiempo para dedicarles a los hijos, a las esposas, a la familia en general, es llevado al principio del placer en estas economías subjetivas con el semblante más significativo que ha sido asociado a la masculinidad hegemónica: ser el proveedor económico del hogar y no ser proveedor emocional, que es un significante amo asociado a lo femenino.
Es interesante cómo para estos hombres el sinónimo de atender a sus familias es igual a mantenerlos, una vez que no se puede o no se pone en práctica la contención o atención emocional de esta, lo único que queda es ser el hombre que mantiene económicamente.
Esta es una estrategia, una de las maneras de aliviar el afecto que se produce por la supresión de estas subjetividades masculinas del espacio privado: el sentimiento de culpa. ¿Qué es lo que tenemos cuando aparece el afecto culpa? Tenemos como hemos descrito hasta acá la no realización del deseo. También a través de esta manera de responder, con los semblantes hegemónicos de la masculinidad, se hace algo con otro afecto producido con relación a ese no tener tiempo, que es la angustia.
Señalamos entonces, que por parte de estos hombres es una elección, pero una elección que tiene que ver con identificaciones inconscientes que se mantienen ancladas fuertemente en sus subjetividades desde la infancia y que ya hemos descrito, lo que no les permite conectar la reproducción de estos modelos hegemónicos con sus maneras de ser como hombres. Es así que ubicarse de esta manera con relación a posibles reproches familiares que llamaremos el deseo del Otro, los hace tener cierto alivio subjetivo. Esta idea nos hace notar que estos hombres se ubican con relación a la división subjetiva, a la castración, del lado del tener, ¿Para qué? Para proveer económicamente, así obtienen eso que se encuentra tan enraizado en la subjetividad masculina: el reconocimiento. Acá destacamos de nuevo las elaboraciones del especialista en masculinidades Luis Bonino Méndez14 al expresar que otro pilar fundamental de esta, desde el punto de vista hegemónico, se sostiene en tener poder y potencia, midiéndose esta por: la capacidad de ser proveedores, la propiedad de la razón y la admiración que se logra de los demás. 
Tenemos entonces la siguiente relación:
Ausencia en el espacio privado vs Presencia en el espacio público = Generación de culpa y de angustia para estos hombres.
Como no hay otro lugar desde donde poner en práctica su masculinidad, sino a través de los semblantes hegemónicos de esta, el alivio viene por implementar ante ese vacío que se produce en estas subjetividades en el espacio privado, modos de funcionamiento patriarcales.
Hombre = Padre/Esposo que provee económicamente.
Esta indicación nos sirve para explicar un modo de funcionamiento, de operar para estos hombres durante todo el período laboral anterior a la pérdida de estatus social. Ante las contingencias y las emergencias del deseo del Otro, estos sujetos no tienen otra manera de responder que no sea vía la reproducción de los semblantes hegemónicos de la masculinidad, es decir esta es la condición de posibilidad de su funcionamiento subjetivo.

Los ascensos
El desempeño en el mundo directivo desde la juventud, va a sentar las bases para que luego ante los sorpresivos ascensos en su carrera profesional estos sujetos logren responder a ellos, como mencionábamos antes, porque van por la vía del ideal. Que estas sorpresas vayan por la vía del ideal indica que son consonantes con sus semblantes. La sorpresa de la liberación justamente lo que hace es, al no ir por la vía del ideal, que el semblante falle, ya este no concuerda. 
En lo que toca al caso 1 y al caso 2 encontramos que se han desempeñado durante toda la vida profesional, y previamente a la pérdida del estatus social con su liberación, en el mismo centro laboral. Centro laboral que en nuestro estado forma parte del sector ministerial. Ocupando un nivel jerárquico de primer orden en el ejercicio de la gobernabilidad en nuestro país.  
El caso del sujeto 3 rompe con esta lógica, que llamaremos escalando desde la base, debido a un enunciado de este. Aunque sea ubicado a partir de este sujeto debemos situar que es una realidad que se manifiesta en los tres casos por igual, eso sí, a partir de condiciones subjetivas diferentes.
Este sujeto, el caso 3 tiene la particularidad de haber desarrollado su carrera profesional en varios centros de trabajo, con diversos contenidos y ocupando diferentes puestos directivos, tanto en el sector estatal como en el sector de empresa mixta.  Igualmente ha ido elevando sus promociones desde la base, con una particularidad especial que forma parte de su subjetividad y que tipifica esta manera, descrita, de ser y de hacer profesionalmente. Es un sujeto que se ubica del lado de un saber hacer. Este semblante, que se ha propuesto mantener, radica en una posición fundamental que ha ocupado a lo largo de la vida para el Otro, en este caso familiar y laboral, ser el centro de su mundo, ser el ombligo de este.
Las condiciones de identificación, con el ya denominado sujeto supuesto saber laboral masculino, padre biológico o padre profesional han marcado el camino del ideal a seguir para estas subjetividades masculinas, aunque en algunos momentos no se reconozca como propia la idea de escalar desde la base hasta la cima, no impide que desde ese lugar se mire.
Esta persecución, en ocasiones sin saberlo, del ideal paterno y la manera de situarse con relación al deseo propio, hace a estos sujetos mantener una relación con respecto al Otro, principalmente con relación al Otro jefe o superior, ocupando las dos posiciones posibles que Jacques Lacan15 ha definido, a partir de Hegel, como la de amo y esclavo. En el caso 1 y caso 2 encontramos claramente esa, la de esclavo, posición que ocupan debido a esa característica explicada de que ambos ceden ante su deseo propio y dicen sí a la demanda de lo que podemos llamar el Otro del poder, el amo. Esta posición subjetiva respecto al Otro hace, como lo ha definido y destacado el sociólogo francés Pierre Bourdieu,16 que los hombres igualmente son prisioneros y víctimas de las representaciones dominantes, por más que estas mantengan conformidad con sus intereses. 
Entonces ambos coinciden en una manera de responder ante esto por la vía del acuerdo, con relación al caso 1 tenemos este acuerdo pero no sin cierta respuesta, cierta agresividad imaginaria, relacionada con desacuerdos en los modos de concebir la actividad laboral, ante esta situación el sujeto responde igual que lo hacía su padre, esto es imposible de conectar por parte de él, su padre siempre ha criticado pero se ha mantenido de acuerdo. Este afecto imaginario coincide con la manera en que hegemónicamente se ha llamado a responder a la subjetividad masculina y que el autor Michael Kimmel17 destaca con el mantenimiento de la agresividad todo el tiempo. Igualmente Luis Bonino Méndez18 expresa que es un pilar de la subjetividad masculina hegemónica empleado para la resolución de conflictos.   
En el caso 2 tenemos una posición similar pero anclada a lo que podemos llamar estar en función del Otro o lo que es lo mismo, servir y estar a la orden. Su formación política y militar lo hacen funcionar bajo ese dicho común que los varones acostumbramos a oír en el servicio militar: “las órdenes primero se cumplen y luego se discuten”, para este sujeto este sintagma es radical, incluso no ha puesto nunca en práctica la segunda parte, para él una orden no se discute. Es uno de los mecanismos que han funcionado para ellos. Estando de acuerdo con el amo, traicionan su deseo, ¿por qué? Porque así no son tildados de lo que estos hombres nunca pueden permitirse: que el amo piense que se está tratando de evadir una tarea. 
En el tercer caso tenemos todo lo contrario, a partir de lo explicado en torno a su no ceder ante el deseo, este sujeto se ubica en una posición de amo.
Es interesante destacar cómo del lado de este sujeto encontramos claramente lo que ha   expresado el sociólogo norteamericano Michael Kimmel acerca de que la masculinidad desde el punto de vista hegemónico la podemos definir como un estar en poder.
¿Qué consecuencias tiene para estas subjetividades masculinas ocupar una u otra de estas posiciones?
Tiene la consecuencia fundamental de preparar el terreno sobre la manera de situarse con relación al trauma, donde podemos ubicar dos tendencias fundamentales en estas subjetividades masculinas. En el caso del sujeto 1 y sujeto 2 hay la vivencia de una situación de trauma y en caso del sujeto 3 hay una evitación del trauma.
Antes de elucidar la situación de estos tres casos, y sus tendencias, debemos argumentar el por qué hablar de una situación traumática con el advenimiento de la liberación de sus cargos directivos y con esto la pérdida del estatus social.

La pérdida del estatus social como trauma
En este momento fundamental de sus vidas estas subjetividades masculinas han tropezado con un acontecimiento, con una contingencia, en el caso de los dos primeros, inesperada y sorpresiva, para decirlo con una palabra, han tropezado con lo Real. Esta característica tan particular hace, que en los sujetos, se produzcan efectos subjetivos inmediatos que justamente marcan aquello que fundamenta la concepción del trauma como acontecimiento, y es la presencia del afecto angustia que Jacques Lacan19 ha definido como eso que no engaña, por ser un llamado de lo Real, al que de momento, no se puede responder con palabras, es decir hay un momento de vacío en el que los sujetos pueden dar cuenta de un agujero. Así al preguntarle a uno de los sujetos qué se siente en el momento inmediato al encuentro con la liberación inesperada, obtenemos la imposibilidad de darle un sentido a eso, solo tenemos la vivencia de una falta que irrumpe en el mundo simbólico del sujeto, es algo que no se puede nombrar, no hay allí una nominación posible.  
También tiene la característica de constituir un antes y un después en la vida de los sujetos. Demostrando con esto que los mecanismos subjetivos, los semblantes que han construido, son susceptibles, y tienen la posibilidad, de fallar. Es así que se verifican los planteamientos de la psicoanalista argentina Graciela Brodsky20 cuando plantea que: si todo el mundo subjetivo constituyera solo un relato posmoderno, una ficción, no tendríamos que estar preocupados por el cuidado de los semblantes, pero al tener que cuidarlos todavía, se da cuenta del aprendizaje a partir del cual a cada utopía, desde las luces hasta la evaluación generalizada, se le impone un Real que denuncia su impotencia.   
¿Por qué particularmente esta situación de sorpresa adquiere la dimensión de trauma en este momento, y no lo constituyó en otros momentos de su vida laboral, cuando hubo una emergencia del deseo del Otro?21 Sucesivos ascensos, o situaciones de incertidumbre con el desarrollo de la actividad laboral.
Es que en esos momentos los cambios y las sorpresas iban por la vía del ideal que se han construido como subjetividades masculinas, pasaban por las identificaciones paternas, pasaban porque a través de ese desempeño mantenían los semblantes hegemónicos de la masculinidad y tenían un lugar como sujetos, lugar que los representaba en el campo del Otro en sus versiones de jefe, de subordinado y de familia. Ante la situación de liberación y de pérdida estos sujetos caen del Otro, pierden su lugar y al no tener otra manera de representarse que no sea por la vía de hombre = trabajo = mundo público, quedan entonces sin lugar tanto en el espacio privado como sin lugar en el espacio público. Ante este vacío, ante este agujero22  es que adviene la angustia como señal de lo Real, y podemos a partir de esta ubicar el sinsentido que acompaña la presencia del trauma. Para estos hombres se trata de que estar sin trabajo es estar en la nada, es no tener nada. Constituye este uno de los puntos cruciales para hablar de una crisis de la masculinidad de estos tres casos en ese momento puntual.
Esta es una situación que tipifica los casos 1 y caso 2 de nuestra investigación, con relación al caso 3 lo que tenemos es un evitar esa situación de trauma y ante esa visión de que algo de este orden podía pasar, realiza un pasaje al acto y desaparece de la escena laboral, arriesgándose a la nada.
Los efectos subjetivos inmediatos en este caso lo podemos localizar también con la producción de afectos como la angustia, pero no propiamente ante la situación de trauma como sorpresa, sino ante una situación que es común a los tres y es que al quedarse en ese vacío profesional quedan sin lugar para todo el campo del Otro: laboral y familiar. En su caso esta situación es la consecuencia de una elección propia, elección de anticiparse a la sorpresa.
La particularidad interesante de este caso es que aunque no haya una situación palpable  de trauma hay la angustia, este afecto privilegiado en el psicoanálisis de orientación lacaniana constituye una señal de alarma que podemos comparar con la situación de las pesadillas. El despertar de ellas, es la defensa, la huida como respuesta a esa señal de alarma que constituye la angustia en el momento de la pesadilla. Pensar esta analogía nos ayuda a representar la patología del acto llevado a cabo por el sujeto como efecto subjetivo inmediato: el pasaje al acto de su salida de la escena empresarial. 
La forma fundamental o mecanismo subjetivo de elaboración del momento traumático, podemos situarlo, a partir del restablecimiento de un sentido por parte de los sujetos, es decir algo que haga la función de llenar ese vacío al que han estado expuestos.
Como tendencia fundamental debemos expresar que estas tres subjetividades masculinas han podido hacer con ese afecto, mediante lo que llamaremos tratarse el trauma por ellos mismos, en el caso del sujeto 1 y del sujeto 2. En el caso del 3 igualmente ha hecho él mismo con ese sin lugar en el campo del Otro, aunque haya bordeado el trauma.
Este primer indicador de restitución, nos muestra cómo estas subjetividades masculinas se hacen eco de ese semblante patriarcal que ha representado a lo masculino a través de la historia, y que está presente en la construcción subjetiva de estos sujetos, no demostrar sentimientos y resolver, rápidamente, los problemas por ellos mismos.
Lo anterior sustenta entonces que no hayan tenido que recurrir a solicitar una ayuda profesional. Consecuentemente con esto, una de las vías de sentido, que aporta a este tratarse el trauma por ellos mismos, en este momento traumático viene del campo del Otro, en nuestro caso particular viene por la vía de una garantía del Otro, un respaldo del Otro Estatal, con la reubicación, reinserción laboral. La otra manera de manifestarse esta situación va por el camino de una búsqueda, individual, desesperada de hacer algo, prisa por la reinserción laboral, por volver al mundo público.
Esta prisa subjetiva es descrita en la literatura, una vez liberados de sus cargos, como una búsqueda permanente de algo que hacer23 así no tenga que ver con su calificación profesional, pero algo que hacer. Este algo que hacer tiene dos características fundamentales, que sea trabajo y que sea en el mundo público, así se podrá recuperar algo de lo perdido y por tanto un lugar como sujetos.

La elaboración del trauma
¿En que contribuyen estos sentidos particulares como mecanismos de elaboración del trauma?
Contribuyen en estas tres subjetividades masculinas al restablecimiento de los semblantes hegemónicos de la masculinidad una vez que esta es tocada. La exposición a un evento traumático, la exposición a la angustia y a la irrupción de lo Real no modificaron de manera significativa estos semblantes, sino más bien son la vía, como mencionábamos antes, de la restitución de estos y condición de posibilidad para su reorganización como sujetos.
La reorganización como sujetos viene aparejada de otro sentido que es común a los casos 1 y 2 y que se diferencian del tercero. Ajuste y acuerdo de manera general, ante la decisión que toma el Otro con la liberación y en cierta medida con relación a la reubicación.
Aunque en el caso 1 debemos puntualizar que su reubicación aconteció de manera conjunta, algo de su deseo y algo del deseo del Otro. 
De esta forma podemos decir que globalmente esta posición los ubica una vez más en ese lugar de esclavos que situamos con anterioridad, por ceder ante su deseo, aunque recuperando esas características que englobamos en una parte de este análisis y que llamamos el goce del trabajador.
Uno de los puntos fundamentales que ha tenido para ellos este trauma, o esta situación angustiante, es que han concientizado la necesidad de ocuparse de ellos mismos, de su cuerpo, de su salud, elemento que había permanecido en el olvido, sin tratamiento hasta el día antes de la liberación, o como es el caso del sujeto 3 de la salida abrupta del centro laboral por decisión propia.
La familia aparece en este momento del trauma, como su lugar clásico lo indica en la vida de estos hombres: contención y sostenimiento emocional de su ser como tales. La otra función que tuvo la familia en este momento es el advenimiento a partir de la pregunta y el cuestionamiento por el ¿Pasó algo? Esta emergencia del deseo del Otro permite ubicar un sin sentido para estas familias, en el caso 1 y 2 es el sin sentido propio que se escurre detrás de esa pregunta ¿Y ahora cuál es tu lugar?
Con relación a esto último debemos destacar que para el caso 1 en la actualidad quedan sin elaborar dos elementos fundamentales del trauma, la emergencia de la pregunta referida por parte de la hija y el desacuerdo que mantiene con el Otro del poder, este malentendido con el amo hace que el sujeto no entienda el por qué de su liberación y como principal explicación ha definido que él tiene la razón.
Por la vía del caso 2 encontramos la elaboración del trauma restableciendo algunos espacios. Con la nueva ubicación ha ganado tiempo de estar con su familia, de estar con su pareja y de ocuparse y preocuparse del mundo profesional de esta.
En relación al caso 3 ante ese bordear el trauma, aunque no fue sin angustia, tenemos que lo que queda para él es: por una parte seguir manteniendo el lugar de proveedor económico del hogar y por otra, esperar, al igual que su padre, que la muerte le llegue, cómo, trabajando.

El momento de concluir
Algunos de los elementos que nos muestran estos tres casos son:
Los hombres estudiados pueden ocupar varios lugares y posiciones en el Otro cultural, pero esos deben estar relacionados con el mundo público. Este mundo, podríamos decir, es la cuerda que sostiene las subjetividades de estos hombres, una vez rota, se está ante la nada, ante un sin lugar, produciendo en eliminación, una afección generalizada, de estas subjetividades masculinas. Ellos lo saben, ellas también. 
Aunque esta forma de situarse subjetivamente genere altos costos a estas subjetividades masculinas, para ellos la única manera de estar sin trabajo es estar muertos. (Tal como lo plantean: sin salud, postrados en una cama, o sin las capacidades físicas o intelectuales).
¿Cuál es el por qué de ocupar estos lugares? Tres razones fundamentales son la clave de esta respuesta:
1ro. Para no ser un paria
2do. Para seguir siendo funciónario
3ro. Para no pasar del centro del ombligo, a la parte trasera del cuerpo.24

 

Notas

  1. Véase las teorizaciones de Guillermo Belaga en el libro La urgencia generalizada. La práctica en el hospital del año 2006, Buenos Aires, Grama Ediciones. Allí sitúa cómo el trauma inaugura a los seres hablantes en los terrenos del lenguaje. Todo el cuerpo no puede ser significantizado, dicho con el lenguaje, y esto supone que va a existir una falta de representación fundamental. Para Freud esta falta estaba en relación con la sexualidad. Con Lacan decimos que se trata de la no existencia de la relación sexual, de la complementariedad innata, preexistente, natural entre los sexos.  
  2. Véanse los trabajos de las destacadas autoras: Mabel Burin, psicoanalista argentina, conjuntamente con Irene Meler en 2004 Varones. Género y subjetividad masculina, Buenos Aires, Paidós y de la socióloga mexicana María Lucero Jiménez Guzmán en Precariedad laboral y masculinidad. El impacto sobre las relaciones de género, 2007, Buenos Aires, UCES.
  3. Para un mayor acercamiento a la problemática de la paternidad véanse las obras siguientes: el seminario 5 de Jacques Lacan Las formaciones del inconsciente del año 2009, Buenos Aires, Paidós; de Julio César González Pagés, Macho, varón, masculino. Estudios de masculinidades en Cuba del año 2010, La Habana, Editorial de La Mujer y de Mabel Burin Precariedad laboral, masculinidad, paternidad del año 2007, Buenos Aires, UCES.
  4. Véase: la producción de la autora Ana María Fernández con el título: La mujer de la ilusión. Pactos y contractos entre hombres y mujeres del año 2006, Buenos Aires: Nueva Visión.
  5. Véanse los criterios centrales que expone Michael Kimmel que se ponen de manifiesto en el imaginario de los hombres con relación a lo masculino en: Macho, varón, masculino. Estudios de masculinidades en Cuba del año 2010 de Julio César González Pagés, La Habana, Editorial de La Mujer.  
  6. Desde Lacan entendemos que las identificaciones imaginarias se refieren a una imagen, a cierta idea de cómo es alguien. Mientras que las identificaciones simbólicas se refieren a rasgos, o sea a significantes, es una identificación puramente de lenguaje.
  7. Véase la elaboración del psicoanalista francés Jacques Lacan en su seminario # 10, La Angustia, Buenos Aires, Paidós en los acápites: “Lo que engaña” y “Lo que no engaña”, donde describe la excepción que tipifica a este afecto con relación a otros.
  8. 8Véanse las obras de Ana María Fernández y Marcela Lagarde tituladas: La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres 2006, Buenos Aires, Nueva Visión y Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas del año 2006, México D.F., CEIICH.
  9. Véase la tesis defendida en la Facultad de Psicología por Dalia Virgilí en el año 2009 titulada: “Empresarias detrás de su imagen. Estudio de identidad genéricoprofesional”.
  10. Véanse las obras de Simone de Beauvoir El segundo sexo de 2009, Buenos Aires, Sudamericana y de Marcela Lagarde Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas de 2006, México D.F., CEICH.
  11. Véase la interesante producción de la autora titulada Las lógicas sexuales: Amor, política y violencias del año 2009, Buenos Aires, Nueva Visión.
  12. Véase el seminario # 20 de Jacques Lacan titulado Aún del año 2007, Buenos Aires, Paidós, donde hace referencia al goce como aquello que no sirve para nada, consecuentemente con la manera de nominación en los enunciados del sujeto: eso que es un estorbo, algo inútil, pero que se repite no obstante.
  13. Véase la interesante producción de la autora titulada Las lógicas sexuales: Amor, política y violencias del año 2009, Buenos Aires, Nueva Visión.
  14. Véanse sus elaboraciones en la obra de Mabel Burin e Irene Meler Varones. Género y subjetividad masculina de 2004, Buenos Aires, Paidós.
  15. Véase el Seminario 1 de Jacques Lacan titulado “Los escritos técnicos de Freud”, 2009, Buenos Aires: Paidós; Seminario 16 y 17 titulados respectivamente “De un otro al Otro”, y “El reverso del psicoanálisis”, de 2008, Buenos Aires, Paidós en ambos casos.
  16. Véase la obra de este autor titulada, La dominación masculina, de 1998 o un artículo titulado de la misma manera en la página web http://www.udg.mx/laventana/libr3/bordieu.html#cola
  17. Véanse sus postulados sobre esta temática en la obra del Dr. Julio César González Pagés Macho, varón, masculino. Estudios de masculinidades en Cuba del año 2010, La Habana, Editorial de La Mujer.
  18. Véanse sus elaboraciones en la obra de Mabel Burin e Irene Meler Varones. Género y subjetividad masculina de 2004, Buenos Aires, Paidós.
  19. Véase el seminario 10 de Jacques Lacan titulado “La angustia” del año 2006, Buenos Aires, Paidós.
  20. Véase el artículo de esta autora con el título: “Cinco consecuencias del nuevo orden simbólico para la dirección de la cura” en la Revista Lacaniana de Psicoanálisis # 10 del año 2010, de la Escuela de la Orientación Lacaniana de Buenos Aires. 
  21. Con este enunciado nos referimos a los sucesivos ascensos, o situaciones de incertidumbre con relación al desarrollo de la actividad laboral. 
  22. Aprovechamos para destacar el efecto subjetivo a modo de patología del acto que tuvo lugar en el caso 1: en esos días de angustia por la pérdida y liberación del cargo laboral y con ello su estatus social este sujeto tuvo un pequeño accidente: cayó en un hueco, mostrándose, representándose ante el Otro en su situación de desecho, este actingout es una manera de tratarse la irrupción de lo Real, con lo Real mismo.
  23. Véase el artículo de Victoria Barrutia “Desempleo: una mirada clínica” del año 2007.Trabajo conjunto entre México y Buenos Aires llamado “Precariedad laboral y crisis de la masculinidad. Impacto sobre la relaciones de género”, UCES.
  24. Frases con que podemos nombrar, a partir de sus dichos, las posiciones subjetivas de cada una de estas subjetividades masculinas.
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