Vol 2. Núm 4. 2014
DE LAS “AGENDAS COMPLETAS” AL ORDENADOR. DIFICULTADES EN LA SOCIALIZACIÓN DE NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS
Roxanne Castellanos Cabrera Facultad de Psicología, Universidad de La Habana
Resumen
La socialización es una necesidad de gran significación para el desarrollo psicológico de los niños y niñas. En la actualidad existe una tendencia a ocupar el tiempo libre de los menores, con la planificación de actividades que se consideran complementarias de su formación educativa. A veces el escaso tiempo que queda, luego de estas actividades extracurriculares, se emplea en el consumo de tecnologías audiovisuales (televisión, computadora, video-juegos). Se exponen algunas reflexiones acerca de los riesgos que entrañan estos fenómenos en relación con el insuficiente desarrollo de habilidades sociales y las consecuencias emocionales que eso trae aparejado. Se hace un llamado a la psicología a investigar estas cuestiones y a diseñar estrategias de educación y apoyo a la población en este sentido.
Abstract
Socialization is a need of great significance for the psychological development of children. At present there is a tendency to occupy the leisure time of children, with the planning of activities that are considered complementary to their education. Sometimes, the short remaining time after these extracurricular activities is used in the consumption of audiovisual technologies (TV, computer, video games). It is presented some reflections on the risks carried out by these phenomena in relation to the insufficient development of social skills and emotional consequences that it brings about. It appeals to psychology to investigate these issues and to design strategies for education and support of the people in this regard.
Palabras claves
tiempo libre, juego, socialización, habilidades sociales, trastornos emocionales, leisure, play, socialization, social skills, emotional disorders

Introducción
En nuestra experiencia clínica en la atención de niños y adolescentes encontramos como un problema frecuente las dificultades en la socialización que en general se asocia a la presencia de síntomas psicológicos. En la mayor parte de los casos se ha constatado que los padres no le atribuyen la debida importancia a esta primordial esfera de desarrollo de los menores, encontrándose muy limitada o prácticamente inexistente. En este trabajo comentaremos algunas de las problemáticas que giran en torno al modo en que transcurre la socialización de nuestros niños y niñas así como la implicación que debe tener la psicología en la prevención de las negativas consecuencias que de ello pueden generarse.
Desarrollo
Tomemos como punto de partida el siguiente ejemplo recreado de un caso real. Se trata de un niño de once años que llevan a consulta porque está presentando problemas de rendimiento en la escuela. Al realizarse la evaluación psicológica se comprueba que el menor tiene conservadas sus funciones cognoscitivas, mientras que en la esfera emocional presenta estados anímicos negativos con tendencia a la depresión y la angustia. Tiene también un bajo concepto de sí mismo y se siente rechazado por sus coetáneos. Este niño tiene clases con la “repasadora” dos veces a la semana,  dos veces más estudia inglés y el sábado va a un taller de pintura. La mamá refiere que él no tiene tiempo para jugar y que además no es posible porque viven en un piso alto y en una cuadra con mucho tránsito automotriz. El menor también ha dado cuenta de que nunca ha salido a ninguna fiestecita o algún tipo de reunión con amigos porque aún no se lo permiten sus padres, aunque en verdad a él no le interesa eso; lo que sí le fascina son los juegos computarizados y cuando le queda algún “tiempito” eso es lo que le gusta hacer.
Cualquier psicólogo que se desempeña hoy en la atención clínica de poblaciones infanto-juveniles en La Habana, pudiera dar testimonios similares; Y es que con mucha frecuencia acuden menores llevados por sus padres con preocupaciones que como suele suceder en la clínica infantil, no se relacionan con lo que resulta ser la problemática fundamental del menor. En estos casos tiene que ver con el poco desarrollo de habilidades sociales y las consecuencias emocionales que esto trae aparejado para el niño o adolescente implicado. Los trastornos emocionales expresan una tendencia al incremento en los últimos años (García, A., 2013).
Las relaciones sociales infantiles suponen interacción y coordinación de los intereses mutuos, en las que el niño adquiere pautas de comportamiento social a través de los juegos, en especial dentro de lo que se conoce como su “grupo de pares” (niños de la misma edad y aproximadamente el mismo estatus social, con los que comparte tiempo, espacio físico y actividades comunes). De esta manera pasan, desde los años previos a su escolarización hasta su adolescencia, por sistemas sociales cada día más sofisticados que influirán en sus valores y en su comportamiento futuro. La transición hacia el mundo social adulto es apoyada por los fenómenos de liderazgo dentro del grupo de iguales, donde se atribuyen roles distintos a los diferentes miembros en función de su fuerza o debilidad. Además, el niño aprende a sentir la necesidad de comportarse de forma cooperativa, a conseguir objetivos colectivos y a resolver conflictos entre individuos. La conformidad (acatamiento de las normas del grupo social) con este grupo de pares alcanzará su cuota máxima cuando el niño llegue a la pubertad, a los doce años más o menos, y nunca desaparecerá del comportamiento social del individuo, aunque sus manifestaciones entre los adultos sean menos obvias (Calderón, N. s/f).
La socialización se relaciona directamente con la adquisición de habilidades sociales. Mientras más posibilidades de relacionarse y establecer relaciones sociales tienen los niños, mayores posibilidades tendrán de desarrollar habilidades sociales tales como la asertividad, la empatía, la tolerancia al fracaso, la aceptación del otro, la autoestima y otras que hoy se asocian al concepto de inteligencia emocional, y de las cuales dependerá en buena medida el éxito social y el bienestar emocional que puedan alcanzar en las diferentes etapas de la vida.
Aunque la población cubana es en general poseedora de una cultura psicológica, la verdadera significación del proceso de socialización es un aspecto sobre el cual existe poco conocimiento. La familia cubana que no se encuentra en desventaja social, suele otorgarle mucha importancia al desarrollo intelectual de los niños. Desde edades muy tempranas comienzan a desplegar toda suerte de estrategias de estimulación cognoscitiva, sin asesoría especializada, que muchas veces termina por sobrecargar a los niños, los que además van tomando conciencia muy pronto, del tipo de expectativas que tienen sobre ellos sus seres queridos. El desarrollo de la esfera emocional y de la socialización queda relegado a un segundo plano.
Los resultados del estudio socioafectivo1 realizado durante el 2011-2012 por el Centro de Estudios Latinoamericanos de Educación Preescolar (CELEP) y otros colabores, encontraron en siete provincias cubanas estudiadas, avances en la esfera cognitiva por encima de lo referido en la literatura entre los tres y seis años de edad. No ocurrió igual en la esfera emocional y relacional donde se constató que si bien los niños tenían buenas potencialidades, aparecía variabilidad, cambios de humor y respuestas emocionales inadecuadas con alguno (s) de los padres así como relaciones conflictivas en el plano familiar, que es la esfera de socialización más importante en estas edades. Como conclusión esta investigación señaló que aunque existe por parte de la familia una estimulación sana y se obtienen resultados positivos, se hace necesario incrementar la educación emocional y relacional de los infantes.
En los primeros cinco años de vida la familia cubana suele estimular el juego, ya que lo ven como una actividad natural y necesaria en estas edades. Sin embargo en la actualidad, cuando ocurre la escolarización, aparece una tendencia a ocupar el tiempo libre de los niños con actividades formales que se consideran complementos necesarios de los currículos escolares. Este fenómeno está siendo llamado “el síndrome del niño con agenda completa”. El juego y la interacción espontánea con otros niños durante esta etapa, están perdiendo significación para los padres, que no lo facilitan todo lo que debieran o lo obstaculizan. No se concibe el ocio, el tiempo libre del cual el niño pueda disponer espontáneamente y en el que incluso “no hacer nada”, pueda ser una alternativa más y que se disfrute. Esto supone una gran paradoja, y es que en el mundo adulto no tener tiempo libre para hacer lo que se quiera sin presiones, es el reclamo de mayorías en todas las latitudes.
Los niños necesitan tiempo libre, tiempo de diversión no estructurado, para descomprimirse y relajarse. Además de poder desplegar el pensamiento independiente, la creatividad y los poderes de la imaginación, es un tiempo clave para el desarrollo de las relaciones con los compañeros ya que es en estos momentos cuando los niños están libres para ser ellos mismos y no mandados, entrenados o supervisados por los adultos (Jacksa, P., 2002).
El complemento del tiempo del niño, más allá de la escuela con actividades diversas, aprendizaje de idiomas, computación, deportes, manifestaciones artísticas, entre otras, responde a una tendencia universal que recién ha llegado a nuestro país. Entre un 70% y un 83% de los niños y adolescentes estadounidenses participa en al menos una actividad extracurricular a la semana. Como media, los menores invierten entre cinco y nueve horas cada siete días en este tipo de clases (El Mundo, 2008).
No se trata de perpetuar la creencia de que un gran número de actividades extraescolares afectará irremediablemente al niño, pero existen una serie de cuestiones a las que la familia debe prestar atención. Por ejemplo, que la escuela debe enfocarse como la actividad fundamental del niño y no deben existir contradicciones ni solapamientos entre la institución escolar y las actividades extracurriculares. Los menores, y sobre todo los padres, deben tener claridad acerca de lo que es lo esencial y lo que se considera un complemento en su formación. Si el cumplimiento de las exigencias escolares equivale a un esfuerzo significativo por parte de un niño, no se deberían plantear nuevas actividades formativas, que impliquen otras presiones o exigencias.
Así mismo, es vital que cada uno de estos proyectos de superación se relacione de forma muy estrecha con las características individuales y los intereses del menor. A veces es solo el modo en que se resuelve un anhelo frustrado de la infancia del padre o la madre del niño. De ningún modo debe imponerse una actividad extracurricular; además de sobrecargar al niño, implica un daño sobre su autoestima al no lograr cumplir con las expectativas de los padres. Los padres deben prestar atención a cualquier señal de estrés, cambios de conducta o a la aparición de síntomas psicológicos en sus hijos. Lo más conveniente es que estas actividades ya que consumen el tiempo libre de los niños, logren además de cumplir su objetivo central, favorecer el entretenimiento y la posibilidad de interacciones sociales en marcos más informales o menos pautados (Castellanos, R., 2012).
Otra problemática relacionada con la socialización es el exceso de tiempo que destinan los menores al empleo de las tecnologías audiovisuales (computadoras, video-juegos, televisión). Ya ha sido reconocida como una nueva forma de adicción. Sin detenernos mucho en este tópico que ya se ha abordado bastante, solo citaremos un estudio de la Asociación Psicológica Americana (APA), según el cual, la violencia que trasmiten los medios origina tres tipos de efectos. Primero: los niños se tornan menos sensibles al dolor y sufrimiento ajenos. Segundo: los niños desarrollan conductas agresivas. Tercero: son más temerosos del mundo que los rodea (Jacksa, P., 2002). Tampoco se debe soslayar que la mayoría de los expertos coinciden en señalar que dichas tecnologías no generan, por sí mismas, la conductas adictivas. La cuestión parece ser que las personas con determinados problemas previos son las que más recurren a ellas y abusan de su uso (García, A., 2012) En el caso de los niños, el empleo de tecnologías audiovisuales, puede impactar de diversas maneras sus procesos de desarrollo, por lo que debe prestársele atención, sin llegar a negarlas o crear alarmas excesivas.
Otra arista negativa de este fenómeno, es que la invasión tecnológica atenta seriamente contra la interacción social; los niños y adolescentes no solo emplean más tiempo en estas actividades que en el contacto con sus pares, sino que además la prefieren. Con el poco desarrollo de las habilidades sociales, pueden aparecer dificultades como son la vivencia de rechazo, la desaprobación, la incapacidad para ocupar un lugar dentro de los grupos informales, convertirse en blanco de burlas, entre otros. El menor cae entonces en un círculo vicioso, donde resulta más cómodo y menos riesgoso en términos de experimentar sentimientos negativos, mantenerse lejos del contacto social; los juegos computarizados y la televisión resultan una opción alternativa muy atrayente, en tanto son productos comerciales que han sido diseñados para lograr esos efectos.
Es pertinente destacar además, que no solo la socialización con iguales o coetáneos resulta afectada por esta tendencia, sino que también los espacios para la interacción familiar se reducen ostensiblemente. Y es que de esta manera se logra que los menores permanezcan largos períodos de tiempo abstraídos del mundo real. También cuando los niños se encuentran inmersos en varios proyectos escolares tienen menos tiempo y espacio para compartir en familia.
Sin embargo, existe otra realidad que no es posible desatender. Los padres suelen reclamar que prefieren el uso de la computación y la televisión que los riesgos que puede entrañar que el hijo o hija se exponga a la sociedad. Sucede que las opciones de socialización pueden no responder a las expectativas familiares ya que resulta innegable que cuando el niño o adolescente interactúa con otros, también se relaciona con otros ambientes familiares, otros estilos educativos, otros vicios y problemas sociales.
Cuba ocupa un lugar destacado en la búsqueda de opciones sanas para la recreación, y esparcimiento saludable de niños, adolescentes y jóvenes. Así mismo en el combate de las problemáticas sociales que afectan el desarrollo integral de estos grupos poblacionales. Sin embargo nunca será suficiente todo esfuerzo que se dedique en este empeño, a lo cual también debe estar llamada de un modo irrevocable nuestra profesión.
De cualquier modo, las familias deben saber, y en este sentido deben ser orientadas, que los niños deben prepararse para la vida en sociedad y que aprender a lidiar con otras realidades es también un aspecto vital de su formación. Valga también fomentar la siguiente reflexión: ¿Cuánta más posibilidad de daño entraña para el desarrollo de los niños y adolescentes, establecer relaciones sociales, aún con los riesgos inherentes al contacto con diversas realidades, que el bajo desarrollo de habilidades sociales como resultado del aislamiento?
No hay tiempo para ser niño: el sentido común basta para comprender la importancia de las actividades estructuradas. Pero cuando la balanza se carga demasiado hacia ese lado, y no hay tiempo para relajarse, para estar con los amigos, para compartir en familia; cuando el tiempo que queda, luego de tantas actividades extracurriculares, no se emplea con calidad sino que se malgasta en opciones poco beneficiosas como el abuso del consumo audiovisual u otras; entonces sobreviene el estrés que puede llegar a convertirse en crónico o aparecen otras problemáticas psicológicas.
Los niños y adolescentes estresados tienen una mayor tendencia a la depresión, mayor riesgo de conductas consumistas y suicidas, muchas mayores posibilidades de convertirse en adultos con problemas psicológicos o trastornos psiquiátricos. Múltiples investigaciones lo demuestran.
Hasta hace pocos años nuestra sociedad se mantenía hasta cierto punto distante de estas cuestiones que estamos comentando. Hoy ya es un problema que afecta la salud mental de nuestros preciados niños y adolescentes.
Consideramos necesario que la psicología y otras especialidades afines, investiguen estas cuestiones y que con bases sólidas se diseñen estrategias para elevar la educación de la población en este sentido: Rescatar la niñez, hacer que la sociedad advierta los altísimos costos de no prestar la debida atención a las necesidades de socialización de las poblaciones infanto-juveniles. Así mismo resulta vital continuar apoyando las políticas sociales que trabajan en el diseño de opciones sanas para el esparcimiento y la recreación y aquellas que combaten los vicios sociales que afectan o pueden afectar la calidad de estas.
Conclusiones
Existe una tendencia en la población cubana en la actualidad a no prestarle la debida importancia a las necesidades de socialización de los niños y adolescentes.
El tiempo libre de los niños se encuentra cada día más ocupado con actividades estructuradas que se consideran complementarias de los currículos escolares.
Otra parte importante del tiempo se invierte en el uso de tecnologías audiovisuales, como la televisión y la computadora, que además de los riesgos que entraña, aleja a los menores de las posibilidades de interacción con amigos y familiares.
A muchas familias suele preocuparle la calidad de las opciones de socialización, lo cual sumado a la intencionalidad de potenciar el desarrollo intelectual, se convierte en otro factor que conspira contra el desarrollo de esta importante esfera de desarrollo de la personalidad.
La psicología y ciencias afines deben estar llamadas, con sus prácticas y saberes, a contribuir a la educación de la sociedad en estos temas, De este modo se podrá contrarrestar el incremento de los problemas de salud mental que se relacionan con ellos.

Bibliografía
Calderón, N. s/f “La socialización como elemento fundamental en la vida” [en línea] [consultado 12 de octubre de 2012] Disponible en: http://www.psicopedagogia.com/socializacion
Castellanos, R. (2012). Los niños, la escuela y otros temas. Sugerencias para padres y maestros. La Habana: Líber.
García, A., (2013). “La evaluación psicológica en niños y adolescentes: Depresión Infantil Mayor”. En Panel: ¿Qué hacemos en Psicología Clínica y de la Salud? Jornada Provincial de Psicología Clínica y de la Salud Pre- Hóminis. Facultad de Psicología, Universidad de La Habana, Cuba.
García, A., (2012). “Los trastornos emocionales en la Infancia y la adolescencia”. Conferencia Magistral en Jornada de Actualización en Salud Mental. CIMEQ 2012. MINSAP, La Habana, Cuba.
Jacksa, P. (2002). 25 errores que cometen los padres y que podrían evitarse fácilmente. Barcelona: Amat.
El Mundo (2008) - Informe 21. En: http://informe21.com/estres/menores-sobrecargados-actividades-extracurriculares-pueden-sufrir-estres-depresion

Nota
1 Forma parte de un texto que se encuentra en proceso de edición. El artículo es de García, A. “El desarrollo psicográfico del niño prescolar” en: Desarrollo socioafectivo del preescolar cubano.

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