Vol 2. Núm 5. 2014
RECONSTRUCCIÓN SOCIAL Y CIUDADANÍA INTEGRADORA. SUBJETIVIDADES SOCIALES Y ECONOMÍA SOLIDARIA. APROXIMACIONES Y PROYECCIONES EN NUESTRA REALIDAD ACTUAL
Ovidio D´Angelo Hernández Centro de Investigaciones psicológicas y sociológicas. Cuba.
Resumen
En el trabajo se aborda el papel de la psicología social como parte de una concepción transdisciplinar, en referencia a la transformación social y comunitaria en el contexto de los cambios que se realizan en nuestro país con la introducción de nuevas formas de emprendimientos sociales y sus desafíos para el desarrollo social comunitario y del país. Las reflexiones y conclusiones se aplican también a posibles cambios estructurales en otros países. En este sentido se aporta una plataforma teórico-metodológica de nuestras investigaciones, que hemos denominado Autonomía Integradora en articulación con la función social de las nuevas formas económicas emergentes y sus beneficios sociales y comunitarios.
Abstract
In this paper we affront the role of social psychocology into a transdisciplinary conception; it´s referred to social and community transformation in actual cuban changes context related with the introduction of new forms of social entrepreneurships and the challenges for social and community development of the country. Reflection and conclusions may be applied too in socio estructural changes in other countries. In this sense we bring the articulation of a theoretical-methodological platform of our researches we have nominated: Integrative Autonomy in articulation with the new emergent economics forms directed toward social and community benefits.
Palabras claves
psicología social y transdisciplinariedad, complejidad, economía social solidaria, autonomía integradora, social psychology and transdisciplinarity, complexity, social and solidary economics, integrative autonomy

Introducción
I-Uno de los grandes temas de la psicología social contemporánea es el del empoderamiento de los actores sociales (locales, institucionales, etc.) de manera que se promueva una cualidad diferente de la participación social, capaz de orientarse a una reconstrucción social ciudadana, en la que los individuos, grupos y organizaciones actúen como sujetos activos, proposititos, tengan la opción de dirigir sus destinos acorde con los proyectos locales y de nación que ellos mismos contribuyan a construir. En nuestro caso, un objetivo esencial consiste en que esa nueva ciudadanía se oriente hacia una ética emancipatoria y genere una cultura socioeconómica y humana solidaria, cooperadora, inclusiva, respetuosa de la diversidad y orientada al progreso social individual y colectivo.
El concepto de autonomía es igualmente otro concepto clave de la psicología en cualquiera de sus especialidades; en psicología social lo proyectamos hacia las formas de auto-organización y construcción de autonomía por grupos y colectivos comunitarios. Pero, en nuestra concepción, la autonomía debe ser propiciadora de identidades colectivas y de integración social. De ahí que un concepto clave en nuestro trabajo sea el de autonomía integradora, al que nos referimos más adelante.

II-En ese horizonte de sentido, se analizan en el trabajo las potencialidades y algunas dificultades actuales de la economía social solidaria, como concepción general y práctica en los procesos de reconstrucción social, los que en particular permitirían cobrar fuerza en el manejo y gestión de las comunidades y localidades en nuestro país.
En las presentes condiciones se presentan algunas oportunidades para la promoción decidida de formas de propiedad y gestión cooperativa y de la pequeña propiedad asociativa –al igual que de la reconversión de empresas estatales en formas autogestionarias y cogestionarias y su introducción en empresas mixtas– de gran impacto para la renovación socioeconómica de las comunidades. Esto presenta un escenario interesante para el fomento de una reconstrucción comunitaria y de participación ciudadana que constituyen factor importante en la sostenibilidad y confirmación del espíritu identitario de sus pobladores y la movilización de sus potencialidades auto-organizativas, en el fomento de sus prácticas democráticas y solidarias.
En efecto, a las formas de economía social y solidaria, potencialmente aplicables en la reconstrucción urbana y rural ciudadana en las comunidades, se articulan un conjunto de procesos de orden colectivo que implican nuevas subjetividades y prácticas participativas sociales de los que, en gran medida, dependería el éxito de cualquier proyecto social renovador que se emprenda en las comunidades y en las formas de propiedad y gestión a escala de toda la sociedad.
Pretendemos mostrar las características principales de las concepciones de la economía social solidaria y su enfoque a partir de la articulación –complementaria– con la plataforma heurística “autonomía integradora”, que constituye una experiencia de nuestras investigaciones de transformación en ámbitos comunitarios y de organizaciones y grupos sociales, y que puede constituir un recurso de afrontamiento complejo e integral de los procesos de orden económico y social que ocurren, como un todo, en los procesos de manejo y gestión comunitaria.
III-Este trabajo, por otra parte, es producto de un conjunto de reflexiones derivadas de un proceso continuado de elaboraciones teórico-metodológicas y experiencias de investigación en ámbitos de relaciones intergrupales, intergeneracionales e interculturales, de transformación comunitaria y de vínculo con prácticas organizacionales sociales que, durante más de  diez años, viene realizando nuestro grupo de investigación, conjuntamente con instituciones sociales y comunitarias. (1)
La contribución de enfoques psicosociales, de complejidad, histórico-culturales, humanistas, crítico-emancipatorios entre otros, propició una articulación teórico-epistemológica consistente con una metodología de investigación-transformación de las realidades sociales comunitarias, en el marco de las posibilidades de entorno organizativo y normativo de cada momento.
A lo largo de este proceso de investigación-transformación en grupos sociales, organizaciones y ámbitos comunitarios, trabajamos conjuntamente o con el apoyo de actores e instituciones barriales y el apoyo de otras –nacionales e internacionales–, tales como los Talleres de Transformación Integral de Barrios –TTIB–, promotores y educadores populares formados en el Centro “Martin Luther King jr.” y trabajadores sociales, el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital –GDIC–, el Centro “Félix Varela”–CFV–, la Facultad de Psicología-UH, Consejos Populares –CP–, la Oficina Suiza para el Desarrollo –COSUDE–, entre otros. Con ellos impulsamos diversos diagnósticos y experiencias de transformación, de los que podemos extraer algunas conclusiones sobre sus posibilidades y limitaciones, orientándonos hacia proyecciones más abarcadoras e integrales que se requieren en el ámbito socioeconómico y cultural comunitario del presente.
Es así que, desde enfoques complejos, socio-histórico-culturales, comunitarios, humanistas y críticos, avanzamos desde modalidades de la Investigación-Acción-Participativa (IAP), hacia una comprensión más integral de los problemas sociales y comunitarios para involucrarnos a diferentes actores de base en el afrontamiento constructivo de su situación social.

La realización de este encuadre complejo requirió, entonces, la construcción de una plataforma teórica-metodológica: Autonomía Integradora (AI) (D’Angelo, O., 2005, 2010, 2011) y su aplicación en la práctica social, a partir de diferentes líneas de investigación-transformación desarrolladoras que se incorporaron en varios proyectos.
Estas investigaciones abordaron diversos aspectos de las relaciones contextuales entre las prácticas cotidianas institucionales y comunes y de la subjetividad social, en entornos socio-estructurales determinados. No obstante, las transformaciones permisibles se orientaron hacia el ámbito de las interacciones sociales y las acciones socioculturales y ambientales (grupos juveniles y adolescentes de iniciativa social, de carácter participativo cultural, de recreación colectiva, saneamiento ambiental, etc., y grupos de diálogo-práctica intergeneracional, en temas interculturales– (D’Angelo, O. y otros, 2006, 2009), insertadas en los propósitos de la mayoría de los proyectos comunitarios, si bien enfatizamos el componente autodirectivo y dialógico de los grupos, con apoyo institucional de sus actividades, a tono con la propuesta de autonomía integradora.
IV-Por otra parte, la realización de todo este proceso –en medio del contexto cubano en que se discutían los Lineamientos para la Actualización del Modelo Económico en el país– provocó la reflexión sobre carencias institucionales del modelo económico-político del régimen socialista vigente, así como sobre los énfasis y adecuación de pertinencias de los nuevos lineamientos, a la luz de las experiencias concretas en los ámbitos comunitarios y sociales que propiciaron las investigaciones realizadas. (2)
De aquí que, una consecuencia reflexiva de las investigaciones y acciones de transformación realizadas, sería la necesidad de estimular formas de organización social que contribuyeran a la transformación, no solo de las condiciones espirituales de vida, (algo bastante favorecido en los proyectos comunitarios que se realizan en las importantes esferas cultural, medioambiental y social, en el país), sino también –y de manera primordial, sin lo cual aquellas otras quedarían truncas o fallidas–, de las condiciones materiales y organizativas que propiciaran un nivel adecuado y siempre creciente de reproducción de la vida, a través del trabajo colectivo y asociativo – en lo fundamental – y de las formas de poder popular realmente participativo que garanticen su viabilidad decisoria popular y control democrático de la gestión de gobierno.
Como decíamos, algunas de estas posibilidades quedaron recién abiertas, pero con un elemento de suspenso en cuanto a los énfasis y proporciones, limitaciones, dilaciones, etc., de las medidas de los lineamientos en la implementación de las nuevas formas de gestión estatal y no estatal, privadas y colectivas (sobre todo la expectativa sobre estas últimas), así como las formas de descentralización y traslado de autonomía a ciertos niveles empresariales y locales.
De manera que, todo ello, nos motiva a este análisis en que nos proponemos indagar sobre las relaciones entre formas de economía social solidaria y algunos de sus componentes de carácter social y psicosocial, como reflexión necesaria a tener en cuenta en una apuesta por una sociedad con participación protagónica, solidaria y cooperadora en todos sus ámbitos de vida.
Abordaremos primero, de manera sintética, el carácter de los procesos complejos en la sociedad actual, para introducir, a tenor de ese panorama, los aspectos enunciados.

  • La sociedad como sistema complejo y la comprensión de autonomía integradora.

E. Morín (1994) ha precisado ciertos características de los procesos de complejidad: hologramaticidad, recursividad, dialogicidad y auto-eco-organización, en los que se expresan claramente las dinámicas no lineales de los sistemas complejos. Esto significa que es imprescindible tener en cuenta las relaciones entre las partes y el todo, entre lo macro y lo micro, la incertidumbre e imposibilidad de previsión absoluta de los fenómenos sociales, la complementariedad de sus formas, su constante dinámica en procesos articuladores de múltiples tramas sociales, la multicausalidad y recursividad de los factores en juego, la importancia de la auto-organización de los procesos a partir de sus diversas relaciones con sus entornos, entre otras cuestiones.
En esta dinámica, la relación sistema-entorno configura sus propios contextos y genera, desde sus límites y posibilidades, procesos que cristalizan en institucionalidades y estructuras sociales solo aparentemente estables y abiertas a múltiples interacciones e intercambios. Pone de manifiesto la necesidad de previsión y de concertación entre todos los actores sociales en los procesos fundamentales de toma de decisiones.
Aproximación a la autonomía integradora en contextos comunitarios.
En otras elaboraciones nos hemos acercado a la comprensión compleja de las relaciones humanas en sus interconexiones desde lo institucional-comunitario, lo macro y lo micro, los fenómenos objetivos-subjetivos, materiales-espirituales, que se viven en la trama complicada de la cotidianeidad en múltiples espacios sociales.
Una categoría que nos introduce en esa visión compleja, con una intención de transformación emancipatoria de la realidad social, la definimos como autonomía integradora. En realidad es una mega-categoría que integra diversos procesos sociales (integración social en la diversidad, autodeterminación contextual en la acción social, empoderamiento para la autogestión social), que veremos más adelante y que consideramos importantes para avanzar en una visión hologramática que los articule y oriente, no solo en su comprensión interconectada, sino también en las direcciones de su transformación desarrolladora. (3)
Esto supone la consideración de procesos de la subjetividad y de participación e integración social, en contextos comunitarios y organizacionales relacionados, que poseen sus trayectorias socio-históricas, sus significaciones culturales diversas y relaciones micro-macro-sociales, como elementos claves a tener en cuenta en su transformación en ámbitos socio-comunitarios.
Las relaciones fundamentales entre las dimensiones de la autonomía integradora y los procesos de la subjetividad y de participación e integración social, pudieran visualizarse en el cuadro de la figura 1.
La categoría Autonomía Integradora (AI) –que nombra la propuesta de una plataforma heurística teórico-metodológica, orientada a la praxis social desarrolladora– articula, entonces, la investigación-formación-transformación a través de diversos procesos sociales que conforman tramas complejas de interacción. Ello implica el análisis de fenómenos de la subjetividad social (necesidades, percepciones sociales, identidades e imaginarios, proyectos de vida, etc.), en interacción con factores estructurales y modos de funcionamiento social que forman las matrices de las prácticas de participación institucional, comunitaria y social al uso. Con ello se afirma la proyección a la transformación social integral en las siguientes dimensiones interrelacionadas de AI: integración social en la diversidad, autodeterminación contextual en la acción social, empoderamiento para la autogestión social.
Así, el proyecto se compone de varias líneas de investigación concretas que abarcan diferentes procesos de la subjetividad y la participación socio-comunitaria, cuyos resultados de investigación-transformación están comprendidos en el marco teórico-metodológico aplicado:

  • Subjetividades juvenil, adolescente e infantil (percepciones sociales y necesidades) en relación con la participación social –en ámbitos institucionales y comunitarios–.
  • Subjetividades y prácticas generacionales (construcción de imaginarios sociales intergeneracionales, identidades comunitarias y proyectos de vida) y sus implicaciones en las formas de participación e integración social comunitaria.
  • Subjetividades y prácticas organizacionales comunitarias.

Figura 1
Figura 1. Relaciones entre las dimensiones de la autonomía integradora y los procesos de la subjetividad y de participación e integración social.

Las investigaciones se aplicaron entre 2007 y 2012 en comunidades desfavorecidas de La Habana (Párraga y Buenavista); sus resultados diagnósticos aportaron importantes elementos de las subjetividades y prácticas cotidianas y organizacionales de las comunidades y sus actores. Como resultado de ello, la implementación de la plataforma autonomía integradora se materializó en acciones de transformación social, tales como: Grupos de iniciativa social comunitaria de jóvenes y adolescentes, que articularon a diferentes generaciones en actividades comunitarias ambientales y culturales, a partir de acciones para su empoderamiento y expresión auto-organizativa con asesoramiento del equipo conjunto de investigación-promoción comunitaria; se realizaron acciones de diálogo intergeneracional e interinstitucional para el afrontamiento constructivo de situaciones problemáticas de las comunidades y otras. Se logró una interconectividad positiva entre actores sociales de base: organizaciones, grupos gestores, gobierno y pobladores, a partir de la conformación del equipo de investigadores y promotores sociales, en cada caso.
De esa manera, el enfoque general de autonomía integradora (AI) ha sido aplicado a través de sus dimensiones a las investigaciones concretas que este articula.
Así, su dimensión: Integración social en la diversidad, se enfoca a través de la comprensión –y práctica transformadora– de las interacciones entre subjetividades sociales, factores estructurales-organizacionales y modales-dinámicos que se obtienen en cada una de las investigaciones concretas; así como del análisis y prácticas de transformación –derivados de esas investigaciones– que propician la generación y mejoramiento de interconectividades entre las instituciones y actores en los distintos espacios individuales y colectivos de la participación social comunitaria. La consideración, aquí, de las redes normativas y comunicativas verticales y horizontales, desempeña un papel importante en las posibilidades de su desarrollo.
La dimensión de AI: Autodeterminación contextual en la acción social, se enfoca desde los diagnósticos participativos de las investigaciones de las subjetividades y procesos de participación, a partir de la criticidad y problematización de las condiciones y situaciones reales de vida de los participantes y, en la etapa transformativa de las investigaciones, con la generación de procesos y espacios de acción que priorizan el papel de la iniciativa de los sujetos y su sentido de compromiso y solidaridad en la base social y organizacional comunitaria; espacios en que los individuos y grupos desenvuelven sus actividades cotidianas e institucionales y que tienen vínculos insoslayables con otros procesos micro y macro-sociales.
La dimensión: Empoderamiento para la autogestión social, abarca las acciones que se realizan para la incorporación social protagónica de los actores sociales, desde la sensibilización por las problemáticas asociadas a la participación social, la generación de capacidades de diálogo social constructivo, la capacidad de elaborar acciones y proyectos de transformación comunitaria, basados en sus necesidades e intereses, etc.
De esta manera, se propician prácticas transformadoras integradas entre las diferentes líneas de investigación en espacios de vida cotidiana social, en el nivel comunitario e institucional, de organizaciones sociales y de gobierno local, escolares y otras; estas transformaciones se generan a partir de proyectos y estrategias concretas, así como a través de dispositivos de investigación-acción, de interconectividad organizacional y de orientación psicosocial con énfasis en el desarrollo de la capacidad de autogestión social comunitaria.
Se apuesta, en nuestras propuestas, por tres líneas fundamentales de acción de la investigación-transformación social de nivel comunitario-local, en concertación dialógica con las políticas correspondientes, como forma de elevar el nivel de efectividad social e integralidad de las acciones de los proyectos:

  • La promoción de formas de auto-organización positiva de los actores de base, de agenciamiento social, haciéndolas más sensibles a entornos institucionales permeables y flexibles, con posibilidades asociativas diversas y aportadoras al bien común y al interés de comunidades, grupos y personas involucradas. (Es decir, mayor apertura a las iniciativas auto-organizadas desde las bases populares y los grupos gestores que las promuevan, en coordinación autónoma con instituciones sociales dispuestas a ello.).
  • La experimentación de formas de apropiación socializadoras del trabajo, a partir de las diversas formas de propiedad conjugadas con un interés y responsabilidad comunal-social fundamental, a través de la autogestión, cogestión y otras formas individualizadas o mixtas, de efecto desarrollador para las comunidades y territorios. (Sobre todo, a partir del asociacionismo entre pequeños empresarios –cuentapropistas– y con otras formas de propiedad, formación de cooperativas comunitarias, articulación de cogestión obrera-comunitaria, de empresas estatales co-gestionadas, etc.)
  • La realización de procesos colectivos de interconexión y autogobierno empresarial, local y comunitario, que vinculen la gestión combinada de los procesos económicos y políticos con predominio de la participación popular ciudadana, de los trabajadores y el resto de la población, en la toma y control de decisiones, en interjuego con procesos institucionales del estado (esto bajo el principio de autonomía local, territorial, etc., que actualmente permanece solo enunciado en los Lineamientos).

Aunque cada una de las líneas de investigación tiene sus autorreferentes en las tradiciones del tema propio en cuestión, se han ido conformando atendiendo a una intención articuladora de acuerdo a los enfoques generales del proyecto, así como también a la complementariedad intrínseca entre unas y otras en relación con la aproximación gradual a ese marco categorial general: basado en autonomía integradora, que persigue un propósito de transformación para el desarrollo humano social.
Ahora enmarcaremos esta proyección de autonomía integradora en la realidad de los nuevos proyectos de investigación en ejecución: cuentapropismo asociativo comunitario en la Habana Vieja y cooperativismo urbano en Centro Habana. Para ello resulta imprescindible una comprensión de las conceptualizaciones, experiencias y desafíos que presentan las nuevas formas de economía social y solidaria en nuestro contexto:

  • Economía social y gobierno autogestionario como claves de ciudadanía integradora.-

En las condiciones de relaciones complejas de la sociedad total se requiere la configuración de los espacios comunitarios con un grado suficiente de auto-organización que les permita ejercer su autonomía respecto a las instituciones de la sociedad mayor; esto propende las formas autogestionarias posibles de producción social, propias de una economía social solidaria, que presentan la mayor potencialidad de:

  • Interconexiones entre condiciones y procesos existentes –físicos, ambientales, organizacionales, etc.–y procesos de la subjetividad social, en un entramado de trayectorias múltiples, no lineales y en movimiento constante.
  • Relaciones partes-todo articuladoras con la sociedad total.
  • Institucionalidades y regímenes de prácticas de la comunidad específica que, de alguna manera, se autorreproducen e impactan recursivamente la totalidad.

Ahora bien, ¿que podríamos entender por Economía Social Solidaria?; se emplea como:

  • Economía social, economía popular, economía del trabajo, la otra economía, nuevo cooperativismo, formas asociativas y autogestionarias populares.

Algunas definiciones más frecuentadas (basadas en Catan, A. D. 2003; Coraggio, J. L. 2003; Singer, Paul, 2003; Sarría, A. y Tiriba, L., 2003 etc.), apuntan a:
Un conjunto de emprendimientos productivos –o unidades domésticas, etc.– de iniciativa colectiva, con cierto grado de autonomía de gestión y democracia interna, distribución equitativa de ingresos, sistemas de autorregulación y planeamiento, proyección comunitaria, sustentabilidad, etc. (Aquí me parece importante establecer la inclusión de formas asociativas de propiedad o emprendimientos con relaciones público-privadas-comunitarias, arrendamientos colectivos, etc.) así como diversas formas de gestión social colectiva: co-gestión, autogestión, etc.).
Estas formas presentan una gama de variedades: cooperativas de producción y servicios, asociaciones de productores (cuentapropistas asociados, proyectos público-privados-comunitarios, etc.), agrupaciones familiares, asociaciones de consumidores, movimientos sociales y otros que, según la bibliografía, se presentan de manera más frecuente en las siguientes áreas: producciones ligeras, agricultura, comercio, servicios, banca, créditos, educación, viviendas, consultorías, etc.
En cuanto a sus formas organizativas, estas se constituyen como:

  • Redes, asociaciones, familias, con pluralidad de formas (cooperativas, pymes con diferentes formas de propiedad, mutuales, arriendos y usufructos, etc.)
  • Interconexiones en redes de financiamiento: internacionales y nacionales, formas de apoyo estatal, empresarial, comunitario, etc.
  • Movimientos cooperativos simples y en grados de integración ramales y nacionales.

Economía solidaria y nueva sociedad.-
La historia de las variantes de economía social es muy amplia y extendida en todos los países, proviene de las formas pre-capitalistas en regímenes ancestrales, así como en experiencias conocidas del llamado socialismo utópico y, posteriormente, tuvieron un auge con procesos cooperativos, lo que dura hasta el presente. Así, se puede hablar de la extensión del movimiento cooperativo en países en desarrollo y capitalistas avanzados, como forma actual de economía alternativa –o también, a veces, subsidiaria– al sistema empresarial capitalista. Se puede mencionar, desde la experiencia histórica del siglo xix –principios de cooperativas 1864 (Rochsdale)– a la actualidad, en la envergadura de pequeños emprendimientos hasta corporaciones cooperativas grandes (la conocida y controvertida Mondragón, de España).
Podemos apuntar algunas acotaciones positivas tan diversas, al respecto, como las realizadas por los clásicos del marxismo sobre la economía cooperada y otras más recientes de la presidenta de la Alianza Cooperativa Internacional –de corte moderado y no necesariamente socialista–, para darnos cuenta del alcance de sus proporciones. (4)
La presidenta ACI-2012: Pauline Green ha planteado:
“Las cooperativas enseñan buenas prácticas democráticas, ayudan a construir solidaridad y cohesión en las comunidades locales, desarrollan la capacidad de liderazgo y apoyan la capacitación y la educación.
Se concentran en las necesidades humanas, no en su codicia, mediante empresas que pertenecen a sus integrantes y que permiten el desarrollo de su propia comunidad. Al redistribuir las ganancias entre ellos, mantienen la riqueza, pueden seguir creciendo.
Se trata de sacar a la gente de la pobreza gracias a su propio esfuerzo y con dignidad. De esa forma, las cooperativas reducen los conflictos, crean sociedades más cohesionadas, mejoran las capacidades y apoyan la evolución de una ciudadanía informada y con poder de decisión”.
De hecho, se denomina la economía solidaria como una opción social, económica y política: (Sarría y Tiriba, 2003, citados, etc.), enfatizándose sus características principales como el Factor C:

  • Cooperación (solidaridad)
  • Colectividad (democracia participativa-decisoria)
  • Comunidad (identidad-pertenencia interna-externa)
  • Colaboración (proyección social interna-externa)

Por otra parte, las dimensiones de los procesos autogestionarios (en los ámbitos de la producción y gobierno social comunitario), abarcan procesos interrelacionados de diferente carácter, entre otros, en las áreas:

  • Económica
  • Social
  • Política
  • Jurídica
  • Cultural-Subjetividad social, etc.

A esta multi-articulación de los procesos se une su carácter recursivo y conectado al nivel micro y macro social, lo que añade nuevas e interesantes complejidades.
La economía social solidaria como forma auto-organizativa de los sistemas productivos y sociales
Las relaciones auto-organización-contexto asumen diferentes formas en procesos de organización-transformación comunitaria, de manera que se requiere la comprensión de las particularidades y tramas complejas que, en ocasiones, ocurren de manera espontánea en la propia comunidad y, en otras, los promovemos conjuntamente con ella en los procesos de IAP.
Pero, en principio, sería conveniente una distinción entre procesos opuestos: hetero-organizativos y las diferentes modalidades de auto-organización social.
Los procesos hetero-organizativos pueden entenderse, al menos, de dos maneras:

  • Como expresión de poderes dominantes, ajenos o externos a la construcción del sistema dado (grupo, comunidad, institución, cooperativos, etc.) y que tiene sus manifestaciones en el autoritarismo verticalista institucionalizado, de arriba abajo, como imposición de normas y patrones no co-construidos desde la base social.
  • En tanto manifestación de pautas de interacción social que presentan tendencias asociales desintegradoras, (conformismo, violencia social, corrupción, anomia y otras prácticas), muchas veces asociadas a condiciones de vida materiales y culturales muy precarias que no las fija el propio sistema (comunitario, cooperativo, etc.), de manera que son infundidas por condiciones estructurales (pobreza, incultura, inequidades, etc.) y de tradiciones y relaciones sociales que propician esas prácticas y situaciones cotidianas.

Por otro lado, podemos entender los procesos de auto-organización social de varias maneras, según el grado de libertad, intencionalidad desarrolladora y eticidad que las distingue y como una forma de manifestación del “principio de ecología de la acción” (en el sentido de que la mediación de múltiples factores ocasiona que los propósitos previstos inicialmente llevan a resultados muy diversos. (E. Morin,1999.)
De acuerdo con eso, hemos distinguido dos formas básicas de auto-organización:

  • Auto-organización tipo I –adaptativa–: como auto-organización reactiva o espontánea, no reflexiva ni propositiva. El sistema se auto-organiza a nivel simple, como recurso de supervivencia ante la presión de las condiciones vigentes, por ello se mantiene en equilibrio precario.
  • Auto-organización tipo II-proactiva-desarrolladora:

2.1 como auto-organización intencional, que implica reflexividad crítica.
2.2 como auto-organización creativa: que propicia salida a una reconstrucción o reproducción ampliada del sistema.
Entonces, las formas de auto-organización social pueden contener una mezcla de espontaneidad e intencionalidad simple y grados de intencionalidad compleja: desde comportamientos espontáneos, adaptativos, hasta la intención reflexiva, propositiva y generativa de mayor orden.
Asimismo, los procesos auto-organizativos se asocian a patrones de interacción y comportamiento social diversos, cada uno de los cuales tiene sus propios rangos de acción y sus consecuencias sociales, forman tramas complejas en el espacio comunitario y en las formas productivas asociativas.
Las formas de auto-organización social generan, entonces, un conjunto de procesos dinámicos que poseen un verdadero carácter morfogenético complejo, en el sentido de que son potencialmente capaces de imprimir cambios sustanciales en todos los órdenes del sistema social: en sus prácticas cotidianas, en la construcción de subjetividades sociales, en patrones y relaciones instituyentes y hasta en la conformación de estructuras y funciones paralelas (normativas y reales). Forman contextos variables con sus relaciones de entorno diversas.
Las formas de economía social solidaria pueden, tanto nutrirse de las dinámicas auto-organizativas desarrolladoras, como expandirlas a diversos sistemas mayores de la sociedad.
Oportunidades y desafíos de las formas autogestionarias de la economía social solidaria para nuestro desarrollo socio-comunitario actual.-
De un lado, para promocionar las formas de economía social podemos tener un asidero en el modelo de actualización económica, si este es concebido y aplicado en las direcciones socializadoras cooperadas y asociativas –salvando sus desvíos y limitaciones posibles de interpretación–. En efecto, los puntos a dilucidar en los lineamientos son aquellos en los que se afirman las siguientes proyecciones:

  • Flexibilización y diversificación de formas de propiedad y gestión económica.
  • Extensión del cuentapropismo y pequeñas empresas privadas.
  • Promoción de empresas cooperativas en varios sectores de la economía, más allá de la agricultura.
  • Separación de funciones del Estado y empresariales.
  • Descentralización de las decisiones estatales.
  • Mayor autonomía de las empresas.
  • Incremento de autonomía local.

Por otro lado, contamos con suficientes experiencias de diversas instituciones académicas y ONG, en el sentido de avances de proyectos de iniciativas transformadoras comunitarias (culturales, sociales, ambientales, etc.) –a partir de TTIB, grupos gestores, etc. y un amplio programa de aplicación de la educación popular en ámbitos comunitarios (por ejemplo, toda la acción social sostenida por muchos años del Centro “Martin Luther King Jr.”).
La economía solidaria puede ser un soporte importante de la producción social y socializadora, en cualquier sector de la economía y un factor decisivo en la reconstrucción social (inclusive en sectores urbanos más preteridos que el sector agrícola en este sentido, por ejemplo).
Así, las formas asociativas y cooperativas en la restauración y reconstrucción urbanística, pueden lograr un mayor:

  • Aprovechamiento y movilización de recursos propios y fuentes de financiamiento.
  • Participación de pobladores en empleos favorecedores de la comunidad.
  • Fomento de medios de vida e ingresos en áreas frecuentemente superpobladas, hacinadas y tradicionales, semi-marginales o empobrecidas.
  • Relación entre sectores: público-privado-cooperativo, orientados a fines comunes de restauración urbana y mejoría de calidad de vida.

Algunos desafíos socioeconómicos, organizativos y sociales para el avance en formas de economía social, en las condiciones actuales de nuestra sociedad, podrían ser:

  • Énfasis actual al cuentapropismo y poca movilización en torno a sus vías de asociatividad con las comunidades y a formas más socializadoras y cooperativas.
  • Enraizamiento de la cultura “estatal” vs autonomía económica y social; no existencia de iniciativas asociativas económicas y populares (existencia de marcos jurídicos restrictivos).
  • Afianzamiento histórico de esquemas de decisiones estatalmente centralizadas vs potencialidades participativas y decisorias de empresas, de colectivos de trabajadores y poblacionales.
  • Excesivo control estatal en formas cooperativas existentes en el sector agrícola vs una necesaria autonomía de gestión –(UBPC, CPA, CCS) (5) referido a plan, precios, financiamientos, acceso a mercados –insumos, distribución–, etc. (Piñeiro, C. y otros, 2011).
  • Falta de concertación entre organizaciones sociales, formas económicas y jurídicas, así como entre instituciones, que tienen definidas cada una sus propios objetos y tareas, lo que ocasiona una gran fragmentación en las direcciones del trabajo social y económico: cuestión que genera confusión e ineficacia en construcción de valores y prácticas sociales coherentes de desarrollo económico-social participativo e integrado.
  • La existencia de dos escenarios de convivencia: uno oficial declarado y otro cotidiano, cada uno con sus propias reglas; conlleva a sus ciudadanos el desempeñarse en dos realidades (doble moral): implica prácticas cotidianas informales, corrupción, ilegalidades, etc.

Así, a los efectos del tema de la economía social solidaria y los espacios de transformación comunitaria, las formas de auto-organización en que se basan, implican:

  • Impulso a la diversidad de los procesos auto-organizativos en sistemas grupales, comunitarios y organizacionales (incluidas las cooperativas y otras formas asociativas), con sus consecuencias sociales diversas y de diferente signo.
  • Afrontamiento de los desafíos que se presentan a las políticas y a la acción de organización-transformación socio-comunitaria, territorial y nacional para una real integración social-económica-política, etc.

Sobre los retos específicos, al interior de las formas asociativas autogestionarias, podríamos mencionar, entre muchos otros:

  • La complejidad de formas de relación social e institucional multidimensional: que plantea inter-conectividades y conflictos potenciales.
  • La armonización de la socialización productiva con la eficiencia y competitividad.
  • La necesidad de mecanismos de concertación para el empleo efectivo de presupuestos participativos a nivel local, empresarial, territorial y nacional.
  • Las vías de fomento de una cultura solidaria vs una cultura individualista que se fomenta desde espacios de producción individual o privada.
  • Confrontaciones y retos de la construcción de nuevas subjetividades-praxis sociales:
  • Diversidad de estilos individuales de relación, preferencias, etc.
  • Conformismo vs esfuerzo de responsabilidad social.
  • Patrones tradicionales de interacción autoritaria vs democráticos.
  • Reproducción de las relaciones sociales e interpersonales habituales vs formas novedosas de ejercicio de responsabilidad social y ciudadana.

Podrían enumerarse muchos obstáculos posibles y limitaciones actuales para la construcción de un proceso gradual de conversión de una economía estatal centralizada a una economía social multiactoral, basada en formas asociativas y cooperativas, autogestionarias y co-gestionarias, mecanismos de concertación y responsabilidad social-comunitaria empresarial, en sus vínculos con formas de gobierno empresarial y social, básicamente democráticas y protagónicas. No obstante, ello permitiría un salto cualitativo en las condiciones de producción y la reconstrucción de las relaciones sociales hacia una sociedad más solidaria y desarrollada, hacia una ciudadanía autónoma e integradora de nuevo tipo.
Intersección constructiva de espacios económicos y sociales comunitarios
con formas de economía social solidaria.-

Veamos, someramente, cual es el tipo de relaciones sociales que predominarían en un enfoque complejo de este tipo (ver figura 2)

2
Figura 2. Espacios de articulación de la economía solidaria.

La figura muestra cómo se configura el espacio interno de la economía social solidaria, en sus formas de cooperación y relaciones de autonomía y democracia; ello crea un espacio productivo-social especial y sugiere su expansión progresiva a relaciones sociales nuevas en el espacio comunitario y macro-social, por derivación. Las interinfluencias recursivas tendrían efectos positivos de construcción de ciudadanía emancipatoria.

  • Economía solidaria y la construcción de nueva ciudadanía basada en la promoción de una autonomía integradora.-

La realización de diferentes investigaciones en la temática del “desarrollo de subjetividades y espacios de participación comunitaria para la transformación social”, (6), que referimos al inicio del trabajo, nos permitió la posibilidad de aplicación y ajuste sucesivo de ese marco conceptual-metodológico complejo de la autonomía integradora a los propósitos de la investigación-transformación social comunitaria, que se proyecta hacia patrones de interacción reflexiva, autogestión grupal-comunitaria, construcción de subjetividades desarrolladoras y renovación de institucionalidades sociales.
Los resultados alcanzados muestran que, la construcción de una sociedad participativa, generadora de alternativas a problemas actuales, presenta grandes desafíos (en nuestro caso, en el contexto de la actualización en curso del modelo económico-social cubano); que afrontamos con las actuales derivas de nuestras líneas de investigación-acción social:

  • El cambio hacia una cultura de agenciamiento social para el desarrollo de potencialidades, el despliegue de autonomías individuales y colectivas, concertación y voluntad de integración entre diversos actores sociales.
  • La transformación más participativa de estructuras institucionales para posibilitar espacios de ejercicio pleno de las acciones ciudadanas y comunitarias.
  • La promoción de formas de diálogo e interconexión y concertación entre actores comunitarios, como proceso de gestión social de los problemas y perspectivas de desarrollo de proyectos de vida,grupales y comunitarios, en los planos intergeneracionales, interculturales e intergrupales en general.
  • El fomento de formas socializadoras del trabajo y de su autogestión y cogestión colectivas por los actores de la comunidad, a través de formas asociativas y de cooperación entre actores económicos y sociales.

Esta construcción de autonomía integradora, en los escenarios comunitarios en que se aplique, propiciaría la generación de iniciativas novedosas para el afrontamiento de problemas y necesidades comunitarias y sociales, promoviéndose el protagonismo de los propios actores y las acciones formativas y participativas para su empoderamiento autogestivo concertado y dirigido hacia el desarrollo y la integración social, en un sentido emancipatorio.
La conformación de autonomías integradoras se basan –precisando más lo que se dijo al principio–, en la promoción y conjunción de procesos de:

  • Auto-organización intencional en contextos situados.
  • Dialéctica de construcción social abajo-arriba, arriba-abajo.
  • Apertura a alternativas múltiples.
  • Criticidad, reflexividad y elaboración interpretativa de la realidad social.
  • Integración social en la diversidad y la contradicción.
  • Responsabilidad y solidaridad social.
  • Compromiso ético humano emancipatorio.
  • Promoción de autogestión social: formulación y control efectivo de decisiones.

 

Estos procesos se pueden articular en las tres dimensiones de AI:

  • Interconectividad social –subjetividades e institucionalidades– en la diversidad real: micro-meso-macro; arriba-abajo.
  • Autodeterminación contextual en la acción social (despliegue de autonomía en compromiso social y corresponsabilidad entre actores sociales e institucionales).
  • Empoderamiento para la autogestión social (espacios constituidos para el ejercicio del poder ciudadano y formación de capacidades de ejercicio de toma de decisiones y su control).

Al asumir el tema de la economía social solidaria, con un enfoque social de autonomía integradora, estamos enfatizando la infusión de valores propios de este cruce teorético-práctico. Valores que son afines al ideal de construcción de un socialismo democrático, participativo y protagónico, con énfasis socializador, de solidaridad y cooperación:

  • Autonomía (independencia vs dependencia y sumisión).
  • Solidaridad (inclusión, colaboración, concertación, convivencia armónica vs exclusión, colisiones sociales e institucionales).
  • Pertenencia-compromiso social (autenticidad, identidad social vs fragmentación, desintegración, prácticas de doble moral).

Proyecciones, continuidades y perspectivas. Valoración de sostenibilidad
A pesar de las resultados sociales positivos, en cuanto a las dimensiones de las subjetividades y prácticas sociales comunitarias y las acciones –sobre todo en el plano sociocultural–, la sostenibilidad de cualquier proyecto de transformación comunitaria descansa en las posibilidades de reproducción y renovación de las condiciones de vida individuales y colectivas.
Es obvio que sin muchas posibilidades atractivas de insertarse en el mundo del trabajo –en ámbitos de la producción y los servicios, etc. –, los pobladores no lograrán mejorar esas condiciones materiales y espirituales de existencia. Más allá de las características socio-productivas y de propiedad de la sociedad cubana actual valoramos, entonces, los beneficios que la promoción de una economía social solidaria puede representar para afianzar las acciones de transformación social, ambiental y cultural que se realiza en muchas comunidades cubanas, tanto para el beneficio material y espiritual de sus pobladores, como para garantizar la sostenibilidad de los proyectos sociales en curso.
Conclusiones
Asumir el paradigma de economía social solidaria, con enfoque social de autonomía integradora, en condiciones de complejidad, nos lleva a ciertas asunciones, a manera de conclusiones:

  • La configuración de las subjetividades-prácticas sociales se inserta en una complicada red de interacciones con procesos de orden material, dinámicas organizacionales, estructurales y sociales, como resultantes diversas de todo el conjunto de relaciones de orden material y social (por tanto, al promover los procesos de economía social solidaria hay que tomar en cuenta el contexto en su totalidad, en el nivel físico material, institucional, económico, social, jurídico, etc. y proyectar-realizar la transformación social en el orden económico-social-cultural).
  • La construcción de valores individuales y sociales forma parte de procesos sistémicos que interrelacionan las subjetividades-prácticas micro-sociales con las de nivel macro, las que responden al conjunto de tramas de relaciones e institucionalidades de la sociedad (por tanto, al modificar el conjunto de relaciones comunitarias, la economía social solidaria –en condiciones adecuadas– puede impactar también las relaciones institucionales y macro-sociales –y viceversa–, contribuyendo a procesos de transformación social más universal, se requieren espacios y prácticas de participación social dialógicas y sistemáticas, impulsadas por promotores sociales capacitados –en educación popular, diálogo reflexivo, manejo de conflictos y concertación, etc.– para propiciar la construcción armónica de las relaciones comunitarias hacia el desarrollo social en contextos de economía solidaria).

La autogestión social se presenta así, en esta articulación de economía social solidaria y autonomía integradora, como marco propicio para posibilitar la construcción de subjetividades-praxis emancipatorias en las relaciones de trabajo y sociopolíticas: socializadoras y democráticas vs estado-burocráticas o privativas-mercantilistas alienadoras. Es la opción para la renovación socialista basada en las potencialidades de construcción de ciudadanía democrática.

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Notas:
1 Grupo Creatividad para la Transformación Social, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).
2 Todo ello, conjuntamente, con un estado de efervescencia y ejercicio de la crítica en sectores populares y profesionales e intelectuales del país, como parte del nuevo contexto requerido de cambios fundamentales, en este período.
3 Ver: D’Angelo, O. (2005).-Autonomía Integradora: El desafío ético emancipatorio de la complejidad. La Habana: Acuario, basado en Resultado científico del Proyecto CTS-I del 2003-CIPS.
4 Marx, sobre la Comuna de París: el trabajo libre asociado –cooperado– como trabajo socialista –no asalariado ni, por tanto, subordinado al capital ni a burocracias–; las cooperativas articuladas a toda la sociedad sustituyen las formas organizativas del viejo Estado y nacen en el interior del sistema capitalista creando las bases de la nueva sociedad. Engels y Lenin: Se refirieron de la misma manera en sus trabajos sobre las cooperativas en Inglaterra y en Rusia 1923, respectivamente.
5 Con recientes flexibilizaciones en términos de mayor autonomía de UBPC (2012), etc.
6 Grupo Creatividad para la Transformación Social (CTS-III)-, Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas –CIPS- La Habana, Cuba. 2003-2013 (ver bibliografía D´Angelo, O.).

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