Vol 2. Núm 5. 2014
CUENTAPROPISMO Y REDES SOCIALES. OTRAS EVIDENCIAS DE HETEROGENEIDAD SOCIAL EN CUBA
Claudia M. Caballero Reyes Daybel Pañellas Álvarez Facultad de Psicología. Universidad de La Habana
Resumen
La reapertura y ampliación del espacio de trabajo por cuenta propia ha complejizado las relaciones sociales. Bajo contexto, se realizó esta investigación que tuvo como objetivo caracterizar las redes sociales de un grupo de cuentapropistas de La Habana atendiendo a las características de los actores que componen las redes, los tipos de relaciones que se dan entre ellos, las cualidades de esos vínculos y a qué tipo de capital social pueden acceder. En la investigación se utilizó una metodología mixta, que incluyó la aplicación de un cuestionario, grupos de enfoque y entrevistas individuales en profundidad. Se trabajó con una muestra de 150 ciento cincuenta cuentapropistas de La Habana. La aplicación de las técnicas se realizó entre mayo del 2012 y enero del 2013. El procesamiento de los resultados se realizó mediante el Statistical Packet for Social Sciences (SPSS) y el análisis de contenido. Los resultados muestran la caracterización sociodemográfica de los actores que se incluyen en las redes familiar, laboral, de tiempo libre y sociopolítica de los cuentapropistas, la forma y contenido de las relaciones que se establecen entre ellos, y los recursos sociales a los que pueden acceder a través de la red laboral.
Abstract
Cuentapropistas group has expanded and social relations are even more complex. That s this research goal was to characterized social networks of a group of cuentapropistas taking into account characteristics of their actors, type of relations among them, qualities of the links, and type of social capital they have access. We work with mix methodology, including the questionnaire, focus groups and interviews. We work with one hundred and fifty “cuentapropistas”, from Havana. Data was processed with the Statistical Packet for Social Sciences (SPSS) and research content. Results show sociodemographic characteristics of members of the social network –familiar, work, spare time and sociopolitic–, forms and content of their relations as well as the resources they have access from their work network.
Palabras claves
redes sociales, capital social, cuentapropismo, social network, social capital, “cuentapropismo”

En el contexto cubano actual se aboga por un desarrollo que “promueva simultáneamente la creación y consolidación de las condiciones técnico-económicas que garantizan la satisfacción de las necesidades materiales y sociales de la población … la formación de nuevos valores éticos, políticos, culturales, así como nuevas actitudes de cooperación, solidaridad y comprensión” (Zabala et al, 2012, p. 8), y que potencie la participación de la comunidad, como expresión de lo local, en la conjugación y el alcance de las metas individuales y sociales. Esto demanda la colaboración y el involucramiento de todos los actores sociales en el desempeño de las funciones que se corresponden con los roles asignados y asumidos por cada uno. En particular, uno de los grupos de actores sociales que con más fuerza está llamado a ejercer un rol protagónico a partir del proceso de actualización del modelo económico cubano iniciado en el 2010, es el grupo de los cuentapropistas.
De ellos se dice que “parecen ser los mejores candidatos para acelerar los cambios y obtener resultados inmediatos significativos … [los cuentapropistas] permitirían ofrecer alternativas diversas al empleo no estatal, mejorar el nivel de vida de las familias que se incorporen al sector, descentralizar e incrementar la producción de bienes y servicios, etc.” (Triana, 2012, p. 15). Sin embargo, para que esto ocurra se hace necesario, como se plantea al inicio, la interrelación de todos los actores en el logro de los objetivos comunes, que supone no pocos retos y riesgos, si tomamos en cuenta los resultados encontrados por Pañellas (2012) y Rodríguez y Torralbas (2011) que refieren la existencia de relaciones distantes y en ocasiones conflictivas entre algunos grupos de la estructura social, y de modo más específico, señalan el sentimiento de rechazo y estigmatización vivenciado por los cuentapropistas.
Al mismo tiempo, la heterogeneización de las relaciones sociales nos hace cuestionarnos qué vínculos se establecen y de qué cualidad, quiénes participan y cómo son; todo ello con la intención de identificar estrategias facilitadoras de la integración social, que favorezcan el desarrollo local, la consecución de los objetivos económicos del país, la ampliación de formas de acceso a los tipos de capital social y el reforzamiento de aspectos identitarios positivos.
De ahí que se llevara a cabo la investigación que les presentamos. La exposición mantiene el formato académico con la intención de instar a replicar el estudio en otras provincias de nuestro país –a dónde no pudimos acceder– y quién sabe, en otras latitudes.
Psicología y redes sociales
Las redes sociales constituyeron un referente teórico útil. Psicólogos como Kurt Lewin, Jacob Moreno, Fritz Heider, Dorwin Cartwright, Frank Harary, William Lloyd Warner, Elton Mayo y Stanley Milgram contribuyeron a la construcción de un sólido cuerpo téorico al profundizar en temas como la necesidad de comprender la relación entre los miembros de un grupo y su medio, en tanto partes integrantes del entorno social y conformadoras de un campo de relaciones; la identificación de diversos tipos de relaciones existentes entre las personas, entre los que sobresalen las relaciones de agrado-desagrado, relaciones de inclusión-exclusión, relaciones formales-informales; la caracterización del fenómeno del mundo pequeño, el cual se refiere al hecho de que las personas están inmersas en una gran estructura de contactos, que las enlaza a través de intermediarios, aunque no sean conscientes de ello; la comprensión de que las relaciones pueden ser analizadas formalmente a través de procedimientos matemáticos; y el desarrollo de la sociometría, que posibilita el análisis de la estructura social en su conjunto y en sus partes al mismo tiempo. Estos aportes, junto a los efectuados desde otras disciplinas científicas, como la antropológica, la sociológica y la matemática han permitido la construcción de la teoría de las redes sociales.
Conceptos esenciales
Más allá de la época y de la disciplina desde la que se aborda el tema de las redes sociales, existe un consenso al señalar dos elementos esenciales de su definición: una red se define por el conjunto de actores que la conforman y por las relaciones que se establecen entre ellos. ¿Qué entender por actores en una red social? y ¿Cuáles son las relaciones que se pueden dar entre ellos?
Los actores son las unidades sociales entre las cuales se establecen los vínculos, y pueden ser de diversa índole, en dependencia de la dimensión de análisis. Así, es posible considerar como actores sociales a: individuos, empresas, comunidades, clases, estados, sociedades, etc. (Imícoz y Arroyo, 2011; Lozares, 1996). Existe una diversidad de términos desde los cuales los autores, a partir de posturas teóricas diversas los han nombrado: puntos, vértices, agentes, nodos o egos y alters.1
Las relaciones son las formas que adoptan las mediaciones entre los actores. Estas también pueden ser disímiles, en dependencia del problema y/o la dimensión estudiada: relaciones de amistad, poder, familiares, de influencia política, laborales, interacciones físicas, etc. Las características de estas relaciones pueden ser igualmente diversas: “las relaciones pueden ser formales en el sentido de institucionales / regladas o informales; permanentes o pasajeras; en proceso o consumadas, direccionales o no; superficiales o profundas; conscientes o inconscientes” (Alba, 1982 citado en Lozares, 1996, p. 109). Este término se encuentra con nombres muy heterogéneos: aristas, conexiones, enlaces, líneas, lazos o vínculos.
Además del trabajo con los tipos de relaciones, es frecuente el análisis del nivel de consolidación del vínculo entre los actores, conocido como la fuerza del lazo. Muchos autores han trabajado con esta categoría y sus distintas aproximaciones han ido enriqueciendo la lista de indicadores de ella misma; entre los más usados se encuentran:

  • La frecuencia de interacción, entendida como la cantidad de intercambios en el tiempo que se producen entre los actores. En este indicador se presenta una relación proporcional directa entre la frecuencia de interacción y la fuerza del lazo; al resto de los indicadores que siguen les ocurre lo mismo (Maillochon, 2009).
  • La cercanía emocional, conocida como el grado de compromiso afectivo que tiene un sujeto respecto a otro (Hanneman, 2000).
  • La cantidad de relaciones, caracterizada por el número de vínculos presentes entre un mismo par de actores (Bidart y Cacciuttolo, 2009).
  • El tiempo de relación entre los actores, entendido como el período transcurrido desde que se inició el vínculo hasta su disolución, el cual puede expresarse en años meses, días, u otra medida de tiempo (Roberts, Dunbar, Pollet y Kuppens, 2009).
  • La confianza mutua, conocida como la presunción, expectativa o hipótesis que mantiene un sujeto respecto a la conducta futura de otro. Creencia de una persona acerca de su capacidad para predecir la conducta de otro (García-Valdecasas, 2011).
  • La homofilia, comprendida como la similitud que tiende a presentarse entre los actores que mantienen relaciones entre sí (Baerveldt, Van de Bunt y Federico de la Rúa, 2010).

Uno de los teóricos que más se ha centrado en el análisis de la fuerza de los lazos –y que nos resulta muy útil práctica y teóricamente hablando– es Mark Granovetter, quien considera más productivo simplificar la cuestión en lazos fuertes y lazos débiles, estableciendo una clasificación de las relaciones de acuerdo con la intensidad con que ellas se presentan. Los lazos fuertes son los encargados de cumplir las funciones de apoyo expresivo –proporcionar consejo, apoyo o ayuda respecto a problemas personales–, y de apoyo instrumental –contribuir a la solución de problemas desde el punto de vista material (alojamiento, dinero, empleo)–.
Las personas entre las que se establecen estas relaciones suelen ser familiares cercanos y amigos íntimos, que en general constituyen un número reducido. Los lazos débiles permiten acceder a informaciones, recursos, opiniones y oportunidades más numerosas y heterogéneas. Estos vínculos suelen ser ocasionales, variados, se establecen con una mayor cantidad de personas que los anteriores y no suelen establecerse con personas que tienen relaciones entre sí.
La teoría ofrece una serie de principios que facilitan la comprensión de diversos fenómenos que tienen lugar en las redes sociales y que ayudan a comprender otros aspectos teóricos que abordaremos más adelante. Entre ellos: El principio de la heterofilia describe el hecho social en el cual se dan con mayor probabilidad prácticas, hábitos, conocimientos mutuos y relaciones comunes entre personas con características sociales no similares (Lozares y Verd, 2011). En contraste, se presenta el principio de la homofilia. Este establece que los contactos entre personas similares ocurren con mayor frecuencia que entre personas diferentes (Evans y Wensley, 2009), o sea, que las personas tienden a relacionarse con otras que en algún sentido se parezcan a ellas.
Es por esto que elementos comportamentales, culturales, o genéticos semejantes tienden a estar localizados en áreas específicas en las redes (Baerveldt, Van de Bunt y Federico de la Rúa, 2010). A partir de las investigaciones respecto al tema se han identificado tres efectos de la homofilia: 1. Disolución selectiva del lazo: en la medida en que exista una mayor similitud entre dos actores, es decir, haya mayor homofilia, disminuye la probabilidad de que la relación entre esos dos actores se deteriore o disuelva. 2. Los patrones de homofilia se hacen más fuertes mientras existan más tipos de relaciones entre dos agentes. 3. La semejanza respecto a una característica puede generar homofilia en otra característica.
Entre las causas de la homofilia figuran (McPherson, Smith-Lovin y Cook, 2001 citado en Evans y Wensley, 2009):

  • La distancia geográfica: una persona suele presentar mayor cantidad de contactos con aquellas personas que estén físicamente cerca de ella que con otros que están ubicados a mayores distancias geográficas.2
  • Los lazos familiares: los vínculos familiares tienden a presentar la misma raza, etnia y religión.
  • La actividad organizacional: la actividad en la que se encuentran enfocadas las personas –estudio, trabajo, organizaciones voluntarias– fomenta las relaciones entre ellas.3
  • Las fuentes isomórficas: las personas que ocupan roles o posiciones semejantes tienden a relacionarse, por ejemplo, roles de trabajo –directores–, roles familiares –esposas–, roles políticos –senadores–.
  • Los procesos cognitivos: se refiere a la percepción de similitud. Esta causa de la homofilia guarda relación con la Teoría de Auto-Categorización del Yo desarrollada por Henry Tajfel, a partir de la cual se establece que determinadas situaciones pueden provocar que un sujeto se perciba a sí mismo –se autocategorice– como miembro de una categoría particular, en tanto comparte una serie de características (se percibe similar) a otros sujetos que se incluyen dentro de la categoría. Esto lo impulsa a actuar en consonancia con dicha categoría que resultó saliente, y por tanto sus comportamientos serán semejantes a los de los otros individuos que se incluyen dentro de esta categoría (Tajfel, 1984).

Otra noción que se contempla en el marco de las redes sociales es la de capital social pues aporta profundidad y matices a la comprensión de los fenómenos que ocurren en la estructura de relaciones. Existe consenso en cuanto a que los recursos son concebidos como parte del entramado social (Ovalle, Olmeda y Perianes, 2010), pues “están incrustados en las redes sociales, y solo se puede acceder a ellos a través de las conexiones sociales” (García-Valdecasas, 2011, p. 136). “El capital social no son las redes sociales, pero sin redes sociales no hay capital social” (García-Valdecasas, 2011, p. 133).
Ahora bien, la productividad del capital social, es decir, el uso real de los recursos por parte de los individuos en función del cumplimiento de sus metas, depende de una serie de factores entre los que sobresale la posición que se ocupe dentro de la red. O sea, la cantidad, fuerza y tipo de relaciones que un sujeto mantenga con unos u otros actores, va a establecer oportunidades diferenciales para el acceso a determinados recursos, y también va a influir en las posibilidades de movilización de recursos alternativos en caso de que algunos se hagan difíciles de alcanzar.
Otro tema ampliamente debatido en los marcos del capital social es la clasificación de acuerdo a los tipos de recursos. Existe gran variedad de tipologías más o menos inclusivas, y en ocasiones superpuestas o solapadas. Entre ellas:

  • Compañerismo: Implica solo la presencia física de otra persona (Van der Gaag y Snijders, 2002). Este recurso pudiera estar relacionado con el fenómeno de facilitación social, el cual hace referencia al estímulo que supone la mera presencia de otra persona y que provoca el incremento del rendimiento. Se dice que la causa de este fenómeno radica en el incremento de la motivación debido a la percepción de una situación competitiva por parte del sujeto (Fuentes, 1996). No obstante, el compañerismo entendido como capital social, también pudiera tener en su base la cooperación como forma de relación en vez de la competición (propia del fenómeno de facilitación antes señalado).
  • Apoyo emocional: implica relaciones en las que las personas se hallan más involucradas, donde se discuten cuestiones más íntimas. Se relaciona con la función expresiva de los lazos fuertes (Van der Gaag y Snijders, 2002).
  • Apoyo práctico e instrumental: comprende servicios mecánicos, préstamo de objetos materiales como dinero, herramientas, etc. Se relaciona con la función instrumental de los lazos fuertes (Van der Gaag y Snijders, 2002).
  • Información: Este es un recurso abarcador, valorado tanto si se presenta en la dimensión de información diversa y plural como si es visto desde la dimensión de información consistente, rápida y con calidad (Van der Gaag y Snijders, 2002).

Cuando un actor accede al recurso de información diversa se impulsa su creatividad, innovación y la generación de nuevas ideas y comportamientos. Por otra parte, la exposición a información consistente y repetida tiene como consecuencia positiva que se genere más confianza y se faciliten los procesos de toma de decisiones (Velázquez y Rey, 2007).

  • Confianza y obligaciones de reciprocidad (obtener favores a cambio de favores): Muchos teóricos asumen que la confianza es capital social. Sin embargo, otros consideran que no es la confianza en sí misma, sino lo que ella es capaz de provocar: obligaciones de reciprocidad, lo que en realidad constituye un tipo de capital social. Debido a la falta de consenso respecto al tema, a continuación se expone cómo es abordada cada categoría (confianza y obligaciones de reciprocidad) en términos de capital social (García-Valdecasas, 2011).

Diversas investigaciones (Burt, 1992; García-Valdecasas, 2011; Herreros, 2002; Putnam, 1993) han estudiado las ventajas que supone la presencia de la confianza entre los actores, obteniendo como resultado que esta se encuentra en la base de la innovación y el intercambio de conocimientos. Debido a las bondades que ofrece, se han realizado grandes esfuerzos para identificar las causas que generan su aparición. Los resultados muestran que el surgimiento de la confianza depende de los costos que traería consigo confiar en un sujeto que no honre esa confianza y de los beneficios que supondría confiar en alguien que sí la honre. La magnitud de los costos y los beneficios que sean identificados por el sujeto depende, en varios sentidos, de la estructura de la red:
1. Si el sujeto tiene otras vías de acceso a los recursos de la red, de modo que no solo depende del sujeto en el que va a depositar su confianza para obtener esos recursos, entonces el coste potencial en caso de que el otro actor no honre su confianza, será percibido como menor, y en consecuencia, tenderá más a confiar.
2. Si el sujeto comparte relaciones con otras personas que a su vez también están conectadas con el individuo en el que va a depositar su confianza, la probabilidad de confiar será mayor, pues el sujeto manejará información acerca de cuan confiable es el otro individuo, a partir de los datos que le ofrezcan las otras personas que se encuentran conectadas a los dos.
El recurso de la confianza también está relacionado con el principio de la homofilia. Se plantea que un actor percibirá como más confiable a otro actor que sea similar a él que a uno que sea diferente.
Como se adelantaba más arriba, algunos autores defienden la idea de que la confianza no es en sí misma un recurso, sino lo que ella provoca: obligación de reciprocidad, entendida en teoría como la obtención de favores a cambio de otros. Se afirma que el hecho de que un individuo deposite su confianza en otro, genera en este la obligación de reciprocarlo siendo digno de confianza. El que ambos resulten confiables supone que se puedan hacer favores uno al otro y garantiza que las relaciones de intercambio no se rompan (García-Valdecasas, 2011).

  • Poder: El poder, desde la perspectiva psicológica, es entendido como la posibilidad de ejercer influencia sobre los otros. Esto supone necesariamente un sustrato de relaciones para manifestarse, pues para que un actor lo ejerza, es necesario que aparezca otra persona sobre quien pueda ser ejercido. Esto significa que el poder es un fenómeno que se da en las redes sociales. Sin embargo, desde una postura conservadora, pudiera decirse que más que un análisis del fenómeno del poder, la teoría de las redes sociales permite estudiar la centralidad, entendida como el nivel de cercanía que tienen los nodos respecto al centro de la acción en la red; para ello, hace uso de principios y formas de medición, entre los que se destaca el grado de centralidad, forma de medición que permite conocer quiénes presentan mayor cantidad de relaciones directas, es decir, quiénes tienen una posición central en los intercambios de la red y quiénes ocupan, al contrario, una posición periférica (Imícoz y Arroyo, 2011). Aquellos actores ubicados en el centro de la red podrán ejercer influencia y dominio sobre los otros, tener mayor acceso al conjunto de recursos de la red, mayor cantidad de formas alternativas de satisfacer necesidades y ocupar una posición más autónoma, menos dependiente de un agente particular (Hanneman, 2000).

Cuestiones metodológicas
La investigación se basó en un enfoque mixto que siguió el modelo de dos etapas por derivación, a partir del cual se desarrollaron de forma secuencial las fases cuantitativa y cualitativa. La fase cuantitativa siguió un diseño no experimental, transaccional y descriptivo-correlacional, en el marco de la cual se aplicó el cuestionario de redes sociales (elaborado para los fines de la presente investigación); mientras que la fase cualitativa estuvo basada en un diseño fenomenológico, que permitió el trabajo con sesiones en profundidad o grupos de enfoque y entrevistas individuales en profundidad.
En relación con las particularidades metodológicas del abordaje de las redes sociales, la investigación se correspondió con un estudio multirrelacional, pues recogió información acerca de varias relaciones entre los actores. Y abordó tanto la dimensión atributiva como la relacional, en tanto coleccionó y analizó datos que se corresponden tanto con las características particulares de los actores como con la forma y contenidos en que se presentan las relaciones.
Se empleó un muestreo no probabilístico. La principal razón de la utilización de este tipo de muestreo radicó en la inexistencia de registros y datos sobre la composición exacta de la población, que permitieran utilizar un muestreo probabilístico. Para la fase cuantitativa la muestra no probabilística adoptó la forma específica de muestra diversa o de máxima variación, de modo que se logró la heterogeneidad en cuanto a las formas de expresión de las variables de interés, tanto sociodemográficas (grupo etario, sexo, color de la piel, escolaridad, nivel de ingresos), como otras relacionadas con la actividad realizada (modo de empleo, otra ocupación, ocupación anterior, tiempo como cuentapropista, licencia).
Finalmente la muestra en esta fase quedó conformada por ciento doce cuentapropistas de La Habana. Para la fase cualitativa la muestra no probabilística adoptó dos formas de presentación: muestra en cadena o por bola de nieve para los grupos se discusión y muestra por conveniencia para las entrevistas en profundidad. En esta fase la muestra quedó compuesta por treinta y ocho sujetos. De ellos, treinta y dos correspondieron a los participantes de los grupos de enfoque y los  seis restantes fueron los sujetos escogidos para la realización de las entrevistas en profundidad.
Hallazgos
Las redes familiar, laboral, de tiempo libre y sociopolítica de los cuentapropistas dan cuentas de espacios de relación heterogéneos, que no se dan de forma casual sino que implican modos de interacción diferenciados y desiguales posibilidades de acceso a las formas de capital social insertadas en las redes, al mismo tiempo que permiten visualizar algunos caminos posibles que tributen a la integración y el desarrollo social.
La red familiar se compone de alrededor de cinco actores que ocupan los roles de hijo(a), padre/madre, pareja y hermano(a). Predominantemente blancos, mujeres, adultos medios, de nivel preuniversitario o universitario. Que se desempeñan como estudiantes y obreros, cuentapropistas, amas de casa o jubilados. Con los cuales se mantienen vínculos fuertes, que se intensifican con la edad. Se manifiesta el principio de la homofilia en el color de piel, grupo etario y nivel de escolaridad; el principio de la heterofilia en el sexo; la desigualdad social en la combinación de indicadores: nivel de ingresos-color de la piel, nivel de ingresos-escolaridad y modo de empleo-color de la piel. Se establecen relaciones de colaboración que facilitan el funcionamiento familiar, resaltando la función económica y en segundo lugar la cultural y afectiva. Se identifican conflictos o brechas generacionales.
La red laboral se compone de cerca de tres actores que fungen como cuentapropistas, ocupando los roles de compañero(a) de trabajo, jefe(a) y familiar que brinda ayuda no remunerada. Con predominio blancos, hombres, adultos medios, de nivel preuniversitario. Con los cuales se mantienen vínculos de fuerza media-fuerte y fuerte, que se intensifican cuando existe más de un tipo de relación. Se manifiesta el principio de la homofilia en el sexo, grupo etario, color de la piel y nivel de escolaridad; la desigualdad social en la combinación de indicadores: nivel de escolaridad-color de la piel y sexo-ocupación; los tipos de capital social: apoyo práctico e instrumental (en forma de aporte económico, fuerza de trabajo e infraestructura); apoyo emocional; información (acerca de trámites para iniciar el trabajo por cuenta propia; características del negocio y estilos de vida y cultura); confianza, obligaciones de reciprocidad; beneficios de unidad y poder.
Se establecen relaciones: de colaboración con cuentapropistas a lo interno de un mismo negocio, con proveedores, con cuentapropistas de otros negocios (por parte de los arrendatarios y de los que poseen altos ingresos), y con inspectores (por parte de los cuentapropistas adultos mayores); de subordinación con empleadores (por parte de los empleados); de discriminación con clientes (según su nivel de ingresos y nacionalidad). Se establecen conflictos con cuentapropistas de otros negocios, con inspectores y con familiares que forman parte de la red laboral.
La red de tiempo libre se compone de cinco actores que ocupan los roles de hijo(a), pareja y amigo(a). Predominantemente blancos, mujeres, jóvenes, de nivel preuniversitario o universitario. Que se desempeñan como obreros, estudiantes, cuentapropistas, intelectuales y amas de casa. Con los cuales se mantienen vínculos fuertes, que se intensifican con la edad. Se manifiesta el principio de la homofilia en el grupo etario, color de piel y nivel de escolaridad; la desigualdad social en la combinación de indicadores: nivel de ingresos-escolaridad. Se establecen relaciones de colaboración (marcadas por la comunicación sobre temas personales y los e intereses comunes).
La red sociopolítica se compone de tres actores que ocupan los roles de vecino(a) y amigo(a). Predominantemente blancos, mujeres, adultos medios, de nivel preuniversitario o universitario. Que se desempeñan como obreros, jubilados, amas de casa y cuentapropistas. Con los cuales se mantienen vínculos de fuerza media-fuerte y fuerte. Se manifiesta el principio de la homofilia en el grupo etario, color de la piel y nivel de escolaridad. Se establecen relaciones de colaboración, que se favorecen por la inclusión de los vecinos en el área laboral.
Al comparar las redes se aprecian características que homogeneizan y heterogeneizan a sus actores así como los cambios que se producen en la fuerza de los lazos de una red a otra.
El análisis de los atributos de los cuentapropistas y de los actores que componen las distintas redes denota semejanzas, se agrupan formando los pares de redes familiar-tiempo libre y laboral-sociopolítica. En el primer par se muestran similares la cantidad de sujetos que conforman la red, el color de la piel y la escolaridad: las redes se componen por alrededor de cinco actores y se manifiesta el principio de la homofilia en cuanto a las variables color de la piel y escolaridad. En el segundo par aparecen semejantes la cantidad de sujetos que conforman la red, el grupo etario y el color de la piel: las redes se componen por alrededor de tres actores y se manifiesta el principio de la homofilia en cuanto a los grupos etarios joven y adulto medio y el color de la piel blanco.
El hecho de que la cantidad de actores a la que pueden acceder directamente los cuentapropistas es mayor en el primer par que en el segundo, significa que existe un mayor grado de centralidad en las redes familiar y de tiempo libre, y por tanto, mayor poder y capacidad de influencia, al mismo tiempo que aumenta la facilidad para alcanzar los recursos que se encuentran insertos en la red. De modo general la semejanza de características en las redes familiar y de tiempo libre responden a que con mucha frecuencia los mismos actores se incluyen en ambas redes.
Las similitudes relacionadas con el principio de la homofilia también se aprecian en cuanto la variable sexo para las redes laboral, de tiempo libre y sociopolítica, en consonancia con la investigación realizada por Roberts, Dunbar, Pollet y Kuppens (2009), en la cual se encontró que en las redes donde el ego es mujer, hay una mayor presencia de mujeres; y en aquellas que el ego es hombre, los alters suelen ser en su mayoría hombres.
De modo diferente ocurre en la red familiar, en la cual se presenta el principio de la heterofilia en cuanto a esta variable. Una posible explicación a este fenómeno consiste en que en dicha red existe una mayor cantidad de elecciones a la pareja, y debido a que la mayoría de los casos son heterosexuales, se presenta una mayor elección de personas del sexo contrario.
Otras semejanzas en las distintas redes están dadas por la fortaleza de los lazos, pues todas presentan mayormente relaciones fuertes, aunque existen diferencias en cuanto a los valores en que esto ocurre: la cifra más alta de relaciones fuertes se da en las redes familiar y de tiempo libre, le sigue la sociopolítica y por último aparece la red laboral. El hecho de que la fuerza sea mayor en las dos primeras redes es un resultado presumible, pues en estas se presentan con frecuencia, simultáneos, dos vínculos –como se dijo más arriba los familiares tienden a incluirse en la red de tiempo libre– y varios autores afirman que la presencia de varias relaciones aumenta la fuerza del vínculo (Bidart y Cacciuttolo, 2009).
Al mismo tiempo, es un resultado que sugiere que son justo en estas relaciones en las que en mayor medida cumplen las funciones de apoyo expresivo e instrumental, de acuerdo con los planteamientos teóricos de Granovetter acerca de la relación entre la fuerza de los lazos y las funciones que se cumplen (Robert, Dunbar, Pollet, y Kuppens, 2009). Esto resulta coherente con las facilidades que ofrecen los familiares para el acceso a los distintos recursos:
A través de los familiares, se accede a la confianza, al apoyo instrumental y a la información. La confianza como forma de capital social se ve favorecida por la acusada presencia de rasgos homofílicos en la red familiar, en tanto García-Valdecasas (2011) señala que un actor percibirá como más confiable a otro que sea similar a él que a uno que sea diferente.
El acceso al apoyo instrumental, específicamente mediante remesas familiares, se muestra en consonancia con el planteamiento de Goyette (2010, p. 92) acerca de que “las redes más antiguas tienen oportunidades mucho más grandes de ofrecer apoyos instrumentales que las que son más recientes”, y con los resultados encontrados por dos estudios realizados en La Habana que establecen que “los recursos disponibles para iniciar un negocio son: finanzas de amigos y familiares en el exterior 62%, propios 27%, amigos y familiares en Cuba 11%” (Díaz, Pastori y Piñeiro, 2012, p. 16) y que “las remesas, desde el punto de vista económico, han constituido un apoyo … en tanto envío y recepción de dinero, equipamiento, productos” (Delgado, 2013, p. 102).
La información que los cuentapropistas alcanzan por esta vía debe ser del tipo redundante y consistente, y no diversa y hetorogénea como cuando las relaciones son débiles, pues se hipotetiza que los familiares se integran en una red densa (en la que la mayoría de los actores se hayan conectados entre sí), tal como Robert, Dunbar, Pollet, y Kuppens (2009) plantean que suele ocurrir, y es justo en este tipo de red que se facilita la aparición de la información con estas características, pues los sujetos se ven expuestos a los mismos datos por distintas vías.
Contrario a lo esperado, las relaciones menos fuertes que se establecen con otros actores, como los que representan al estado y los que se desempeñan como cuentapropistas, facilitan por igualmente el acceso a cierta forma de apoyo instrumental (la infraestructura). Se visualizan dos posibles explicaciones a este fenómeno, una para cada tipo de actor.
En el caso de los actores que representan el estado, una causa probable es la labor realizada por el país para viabilizar la realización de los trámites necesarios para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, así como el ofrecimiento de información acerca de las nuevas regulaciones que rigen el desempeño de la actividad.
En el caso de los otros actores que se desempeñan como cuentapropistas, puede deberse a que la teoría de Granovetter hace referencia solo a las posiciones extremas (lazos fuertes y lazos débiles), dejando un margen a los vínculos de fuerza media para que se muevan dentro del espectro con mayor libertad. Estos actores también facilitan el alcance a las obligaciones de reciprocidad, lo cual guarda relación con lo descrito en la investigación desarrollada por Pañellas (2012), en la que se hace referencia al establecimiento de relaciones de carácter utilitario entre los distintos actores sociales.
Las relaciones que establecen los cuentapropistas con los miembros de las distintas redes se caracterizan por la colaboración, aunque con matices particulares en dependencia de los actores específicos con quienes se presenta el vínculo. Las relaciones colaborativas con los familiares facilitan el cumplimiento de las funciones que corresponden a la familia, en especial el mantenimiento económico, que garantiza la existencia, conservación y el bienestar de los miembros de la red. Esto es coherente con los resultados de las investigaciones realizadas a partir de la década del 90, en los cuales se manifiesta un sobredimensionamiento de la función económica como actividad rectora de la familia, que asegura la subsistencia de sus miembros, pero que se revela en detrimento de otras funciones como la cultural y afectiva (Chávez et al, 2010), que aun cuando se identifican en esta red, son menos referidas.
No obstante, estas relaciones colaborativas que permiten el sostenimiento económico no se hacen presentes en el caso particular de los cuentapropistas que fungen a la vez como estudiantes. Esto puede deberse al impacto que tiene en la dinámica familiar su actuación como estudiantes. Resultados de investigaciones recogidos por Domínguez en su libro Psicología del desarrollo: adolescencia y juventud (2006) señalan que los principales motivos de quienes se incluyen en los niveles superiores de enseñanza se encaminan al estudio y la profesión, y quedan relegados los relacionados con la familia, en especial con la creación de esta; y reflejan que las expectativas y exigencias de los familiares están encaminadas a la educación y formación profesional y no hacia el mantenimiento económico pues al ser estudiantes aún no poseen un salario (Domínguez, 2006).
Aunque esta realidad no se ajusta del todo a la de los estudiantes que son a la vez cuentapropistas, pues aunque estos ya tienen una entrada de ingresos, se mantiene el patrón de comportamiento en el que las familias se siguen haciendo cargo de la economía y los estudiantes se mantienen centrados en sí mismos, con pocas responsabilidades en la esfera familiar.
Las relaciones colaborativas con los actores que representan las estructuras formales que organizan la vida política y social (específicamente el presidente del CDR y el delegado de la circunscripción), se muestran de forma diferente de acuerdo con la edad de los cuentapropistas, pues los jóvenes son los únicos que no mantienen este tipo de relaciones. Según Brussino, Rabbia y Sorribas (2009, p. 280) “el supuesto de que las nuevas generaciones se involucran menos en los asuntos públicos que los jóvenes de generaciones anteriores … fue avalado por numerosos estudios”; sin embargo, esto no es una justificación que anule la alerta acerca del nivel de participación en la vida política y social del país, la cual cobra más fuerza si tomamos en cuenta que aun cuando emergen relaciones con actores que representan instituciones formales, solo se mencionan dos de ellas, mostrándose ausentes por completo otras como la Federación de Mujeres Cubanas y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Se produce un distanciamiento con las estructuras formales que organizan la vida política y social en los niveles más bajos, y se encuentra en consonancia con otros estudios que plantean que “en los cuentapropistas se produce un debilitamiento de la vida social (participación en tareas sociales, inserción en organizaciones de masas, responsabilidades sociales) referidas a un desequilibrio sensible entre el tiempo laboral, tiempo familiar y tiempo libre, dado por un incremento del tiempo en la realización de tareas domésticas, subsistencia y función económica de la familia en general” (Arés, s.f., p. 20).
No obstante, es importante destacar que este fenómeno no resulta privativo al grupo de los cuentapropistas, sino que tiene una expresión tanto a nivel nacional: “[a finales del siglo xx en Cuba] se produce cierta reducción de la participación política a nivel social” (Domínguez, 2003, p. 71), como a nivel internacional: “[se observan] negativas tendencias que se manifiestan en la participación política y ciudadana (abstencionismo, reducción de la membresía y del activismo en los partidos políticos y organizaciones, desinterés político, ruptura de los nexos comunicativos estables entre dirigentes y dirigidos y otros)” (Tejera, 2007, p. 90).
Dentro del grupo de los cuentapropistas, las relaciones de colaboración se dan fundamentalmente a lo interno de cada negocio, donde los objetivos comunes giran en torno al mantenimiento y desarrollo de este y a la obtención de remuneración económica. Sin embargo, sucede de forma diferente entre cuentapropistas de distintos negocios, sobre todo de niveles de ingresos bajos y medios que ofertan servicios semejantes a un mismo tipo de público (por ejemplo: cafeterías y carretilleros). En estos casos las relaciones suelen percibirse como conflictivas y en su base se encuentra la competencia por recursos limitados. La estrategia visualizada por los cuentapropistas para resolver esta situación impide la solución constructiva del conflicto, pues está basada en el método ganar-perder, que “aborda el conflicto desde una perspectiva en que cada parte intentará resolverlo a su favor, sacar provecho de la situación y salir beneficiada, todo ello a expensas del perjuicio que ocasione a la otra parte” (Fuentes, 2001, p. 32).
Contrario a lo anterior, los cuentapropistas con altos ingresos y los que desempeñan en especial la actividad de arrendamiento, manifiestan una estrategia constructiva en la solución de los conflictos, basada en el método ganar-ganar, que permite la obtención de ganancias por ambas partes mediante el establecimiento de relaciones de colaboración (Fuentes, 2001). En particular, el hecho de que los arrendatarios identifiquen este tipo de estrategia para la solución de conflictos, puede estar relacionado con que “el arrendamiento se observa bastante estable y mejor enfocado como negocio, no sucede igual con la elaboración de alimentos o la venta de CDs que se ha visto como algo fácil y sin una clara orientación del negocio” (Mulet, 2012, p. 15).
Las relaciones conflictivas que mantienen, no están asociadas solo con actores específicos, sino también se manifiestan a partir de la superposición de varias redes. Resulta bastante común que los cuentapropistas mantengan diversos tipos de relaciones (familiares, laborales y de tiempo libre) con los mismos actores, según los resultados encontrados por Arés (s.f., p. 20) en los cuales se plantea que “la hipertrofia de la función económica provocada por la crisis produjo un cambio cualitativo en cuanto a la relación familia-trabajo-tiempo libre.
En el caso de las familias cuentapropistas estas tres esferas se ven invadidas unas por las otras sin la diferenciación y delimitación necesaria. Sin embargo, esta reiteración de actores en las distintas redes no evita que se produzca con frecuencia un desempeño deficiente de los roles, dado por la ambigüedad que surge como resultado de la tendencia de los sujetos a salirse del rol que demanda la situación y posicionarse desde otro, propio de su actuación en otro contexto.
Estas circunstancias impactan negativamente en la vida de los sujetos, provocando sentimientos de incomodidad, pena y molestia, generando conflictos, tensiones y cambios en la cualidad de las relaciones y afectando el adecuado desarrollo de la actividad, convirtiéndolo en disfuncional (Beauchamp, Bray, Eysy Carron, 2002); y tienen correspondencia con otros resultados encontrados por Arés (s.f., p. 20) que señalan que “el clima emocional de la familia es percibido como desfavorable. La cohesión como elemento de dinámica ha aumentado, pero la conflictividad y tensión emocional no dan muestra de que el incremento de la unión ha producido mayor satisfacción y armonía. Los resultados muestran un incremento de la conflictividad luego del negocio entre la pareja y entre la mujer e hijos y otros miembros….Las relaciones se vuelven difíciles y ambiguas, en tanto al mismo tiempo que las personas con las que tiene que relacionarse son sus familiares, también son sus empleados”.
Acerca del desempeño de los roles también merece un comentario la forma en que se manifiesta el rol de empleador (jefe), pues los cuentapropistas que presentan este modo de empleo se muestran dominantes, autoritarios, prepotentes y exigentes, reproduciendo la dinámica y las características comportamentales que de acuerdo con las investigaciones realizadas por Pañellas (2012) y Rodríguez y Torralbas (2011) se le atribuyen a los dirigentes.
El fenómeno de la desigualdad social se hace visible a través de las categorías color de la piel, nivel de escolaridad, nivel de ingresos y modo de empleo en las redes familiar, laboral y tiempo libre. Así, las redes donde se presentan indicadores como la sobrer representación de negros y mestizos, la presencia de niveles de escolaridad inferiores a la media nacional, bajo acceso a ingresos en divisas, y modos de empleo menor remunerados, muestran un claro perfil desventajoso, en comparación con las redes en las que aparece una mayor presencia de blancos, universitarios, con alto acceso a ingresos en divisas y modos de empleo mejor remunerados, las cuales se manifiestan como redes con un perfil ventajoso.
El sexo es otra categoría que marca diferencias, en especial en la red laboral. Se manifiestan dos factores fundamentales que apuntan a la desigualdad de género. El primero se asocia con que esta es la única de las cuatro redes exploradas que incluye un mayor por ciento de hombres que de mujeres, lo que se muestra en consonancia con los datos informados en la Asamblea Nacional del Poder Popular celebrada en agosto del 2011 que revelan que solo el 18,5% de los trabajadores por cuenta propia son mujeres.
Esto se debe, entre otras razones, a que la mayoría de las opciones disponibles para ejercer el trabajo por cuenta propia se asocian con actividades tradicionalmente masculinas, por lo que las mujeres pueden sentirse menos motivadas para realizarlas (Echevarría y Lara, 2012). El segundo indicador se refiere a que los hombres en la red laboral ocupan en su mayoría el rol de jefe; mientras que las mujeres ocupan el rol de familiar que brinda ayuda no retribuida. Esto reproduce el rol de género femenino, asociado a la orientación hacia los demás, a la protección y al cuidado de la familia (Vasallo, 2004), a la vez que ratifica que “la brecha de equidad de género se expresa…en su marcada subrepresentación en cargos de dirección” (Espina, 2010, p. 211).
Las facilidades o dificultades para el acceso a los tipos de capital social que se hallan insertados en las redes también manifiestan algunos indicadores de desigualdad, pues los cuentapropistas que presentan características más desventajosas (comenzaron en el trabajo por cuenta propia hace poco tiempo –3 res años o menos–, no tienen licencia, pertenecían con anterioridad al grupo de los obreros, se incluyen en los grupos etarios joven o adulto mayor), son estos quienes presentan menores posibilidades de acceso a los distintos tipos de capital social, contrario a lo que sucede con los que presentan características más ventajosas (poseen licencia, son adultos medios y comenzaron en el ejercicio del trabajo por cuenta propia hace más de seis años).
Los cuentapropistas mujeres y empleados, que en otras situaciones se han visto en desventaja, manifiestan mayores facilidades de acceso a los recursos, aunque dicho acceso se produce a través de actores muy específicos (las mujeres a través de la familia y los empleados a través de los compañeros de trabajo), lo que genera dependencia hacia estos, por ser las únicas vías que tienen para alcanzar los recursos que necesitan.

Concluyendo
De modo general, el entramado de relaciones sociales en que se insertan los cuentapropistas se muestra diverso y complejo. Las escasas y débiles relaciones con las estructuras formales, las relaciones que se establecen en lo fundamental con el mismo grupo, las discriminaciones intragrupales en lo referido a los tipos de negocio y los modos de acceder a la propiedad, motivaciones asociadas en lo esencial al acceso económico y con pocas expectativas pro sociales (Pañellas,2012), pudieran constituir factores de riesgo en este grupo para las expectativas que en ellos se están depositando pues “las abundantes respuestas a las iniciativas de trabajo por cuenta propia necesitan ponerse en relación con las necesidades de las comunidades y con una estrategia de desarrollo construida democráticamente” (Ortega y Torres, 2012, p. 33).
Por otra parte, la comprensión de los tipos de vínculos que se establecen y de sus matices, de las diferencias en el acceso a los recursos, del ejercicio de los múltiples roles desempeñados, de las desigualdades de género, color de la piel, nivel económico, escolaridad y formas de empleo, así como el acceso al capital social, dan cuentas de la patrones reproductivos que es necesario transformar.
Es este un terreno fértil en el cual trabajar y en el que urgen acciones, no contemplaciones; lo pide nuestra ciencia, y nuestro país.

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Notas
1 Ambas nominaciones egos y alters, se refieren a los actores de la red. Sin embargo, estas se utilizan cuando se quiere establecer una distinción entre un actor que constituye el foco de atención (ego) y el resto de los actores con los cuales este mantiene relaciones (alters).
2 Un estudio sobre geografía de las redes personales encontró resultados consonantes con esta causa de la homofilia. Estos mostraban que en el caso de las personas autóctonas, sus redes están compuestas mayoritariamente por contactos locales; y que en el caso de los emigrantes, aunque en los primeros años de la emigración mantienen gran cantidad de contactos con personas del país de procedencia, en la medida en que pasa el tiempo esta cifra disminuye notablemente (Molina, Bolíbar y Cruz, 2011).
3 Así lo demuestra una investigación realizada con dueños de mercados de una ciudad de Francia, en la cual se comprobó que aquellos actores con un mismo tipo de mercado tendían a agruparse y a mantener relaciones más estrechas (Elorie, 2009).

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