Vol 3. Núm 7. 2015

Hay muchas razones por las que una revista, y Alternativas cubanas en Psicología no hay dudas que lo es, asume el reto de hacer lo que conocemos como números temáticos. Unas veces el destaque de ciertas áreas de desarrollo de la Psicología en un territorio, institución o grupo de trabajo; otras veces se trata de alguna conmemoración de valor histórico. Hasta el hecho de querer mostrar de manera concentrada los avances en una temática específica puede incentivar la decisión editorial. Insisto que son muchas las posibles causas.
El presente número 7 de nuestra revista (ese número mágico tan cabalístico, el 7, que como me recordó hace poco el profesor Nestor del Prado, representa según los pitagóricos, nada más y nada menos que la virginidad, pues no engendra ni es engendrado por otros números de la década o tetractys-es decir, los números naturales del 1 al 10), resulta ser uno temático. Y está asociado a la figura de Liev Semionovich Vygotski (Лев Семёнович Выго́тский).
Podíamos haberlo hecho el año pasado, como acción conmemorativa del 80 aniversario del deceso del “Mozart de la Psicología” (Vygotski murió demasiado temprano en el tiempo, no había cumplido aún los treinta y ocho años). Pero también podemos encontrar una fecha cerrada este año en el 90 aniversario de la fundación del Laboratorio de psicología para la infancia anormal (conocido como Instituto de Defectología Experimental de la Comisaría del Pueblo para la Educación), que él creo y presidió.
Pero considero que la razón fundamental que arma este número es la existencia, la actividad mantenida –productiva, creativa y enriquecedora– de un grupo de especialistas, que bajo el liderazgo del Dr. Guillermo Arias Beatón, desde 1998 se organizan (trabajan, crean) en la Cátedra Universitaria “L.S Vygotski”, adscrita a la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana. Esto es algo que no puede pasar inadvertido. Y nuestra revista se engalana con esta edición que, además de sobradamente merecida, será fuente de conocimiento para todo el que quiera acercarse a la obra del sabio ruso.
El propio presidente de la Cátedra, nos privilegia con una presentación resumida del trabajo de estos años. Texto más que suficiente para aquilatar la importancia y la valía de lo hecho hasta hoy. Miembros del grupo –de diferentes generaciones, con formaciones científicas también diversas– nos entregan sus reflexiones, experiencias, también sus preguntas que aún demandan respuestas. Un ejercicio de cientificidad, que es sobre todo la producción de saberes capaces de potenciar el desarrollo humano, la prosperidad, el bienestar, la felicidad de todas y todos.
En nombre del Consejo Editorial de la revista agradezco a los colegas de la Cátedra el haber aceptado la invitación.
Me limito entonces a unas palabras que siento la obligación de expresar, no para saldar una deuda, sino para reconocer una realidad histórica que nos engendró a muchos de los que hoy hacemos y pensamos la Psicología en nuestro país.
Luego de unos años de enfriamiento, nacidos bajo el rigor de los días de “la crisis de los misiles”, la década de los setenta nació con un reverdecimiento de las relaciones entre Cuba y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En el terreno científico y académico esto significó, entre otras cosas de gran importancia, el aumento considerable de los intercambios, las acciones de asesoría, las becas de formación en pregrado y posgrado. Centenares de especialistas cubanos tuvieron (tuvimos) la oportunidad de crecer y desarrollarnos científicamente en las más diversas instituciones soviéticas. Muchas especialidades se vieron favorecidas por estos intercambios. La Psicología no fue una excepción.
Por más de dos décadas, hasta el advenimiento de la “perestroika”, se produjeron sostenidos intercambios en al menos dos direcciones: de una parte las visitas y estancias de trabajo de especialistas (psicólogos y psicólogas) soviéticos a nuestro país (Venguer, Talizina, Stolin, Padolsky, Asieev, Ponomariov, Bratus, por solo poner ejemplos), algunos incluso en calidad de asesores; de otra los estudios superiores (doctorados) y estancias de trabajo, realizadas por muchos profesionales cubanos de la Psicologías (la lista aquí es mucho mayor, obviamente, y en ella se incluirían algunos de los autores que publicamos en esta revista).
No tenemos aún escrita una historia contundente de lo sucedido, y del impacto que causó en el desarrollo de la Psicología en nuestro país. Sin embargo, en mi representación se produjeron dos efectos íntimamente conectados. El primero, en los años iniciales de ese intercambio, lo que he llamado una “rusifixión” de la Psicología en Cuba. Para nada uso el neologismo en un sentido peyorativo. Sino para tratar de describir la asimilación sobre todo mimética, acrítica, propia de quien parte del principio de que tiene más que recibir que para dar (lo que por cierto, no era para nada justo. Teníamos mucho que dar, pero quizás no lo teníamos concientizado). Comenzamos por la imitación. Y no es de extrañar.
El segundo efecto, fue el crecimiento autónomo y propio. Fue el contar con un nivel de preparación superior, el haber asimilado no solo los epifenómenos sino las esencias de un pensamiento marxista, dialéctico y materialista, en su extensión a la Psicología, lo que permitió (favoreció, impulsó, generó) el desarrollo de una (o varias) psicología(s) con perfil propio, con identidad propia. Nuestras propias reflexiones, teorizaciones, nuestras problemáticas propias de investigación, de ejercicio profesional. Llegamos a ser lo que somos, y lo que seguimos intentando ser, gracias a la influencia fundamental de los psicólogos y las psicólogas soviéticas, de las instituciones de la psicología soviética.
Bastaría con analizar los programas de estudios de Psicología, desde el llamado Plan A hasta la fecha, para encontrar corroboraciones de lo que planteo. Podrían ser examinados los programas de los congresos, eventos y talleres científicos para conformar las sustentaciones empíricas de lo planteado. Incluso revisar las líneas de investigación desarrolladas, las más productivas, y el sello de la influencia soviética será incuestionable. Hasta haciendo una “historiografía biográfica” encontraremos que una buena parte, digo que la mayoría sin temor a equivocarme, de lo que pudiéramos llamar “los líderes” del crecimiento de la Psicología en Cuba, se formaron (no voy a pecar de falsas modestias), nos formamos bien en instituciones soviéticas de la psicología, o bajo la asesoría de los científicos soviéticos, o definitivamente bajo la “cultura psicológica” soviética.
Junto a reconocer, a hacer más visible y evidente, el trabajo de la Cátedra L.S Vygotski, este número de la revista Alternativas cubanas en Psicología es un acto de agradecimiento, un acto de legítima justicia, a quienes conformaron y conforman la actividad científica y profesional de la Psicología en Cuba. Es un acto también de defensa de nuestra identidad. Una identidad continente de lo histórico en toda creación de lo actual y lo venidero.

Manuel Calviño
Coordinador Editorial

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