Vol 3. Núm 8. 2015
Nota póstuma
Manuel Calviño
Palabras claves
Nota póstuma

Que triste la noticia de la desaparición física de una buena persona.
Más si se trata de alguien que durante la mayor parte de su vida anduvo dando pasos y tumbos por nuestra casa madre universitaria.
Conocí a Talledo en la Sala Tespis, aquel pequeño teatro ubicado en los bajos del Hotel Habana Libre (antes Hilton), donde hoy está la Cafetería L y 23.
Como han confirmado muchos actores de la época, la Sala Tespis era “el cuartel general” del Teatro Universitario de la Habana (TUH).
Estuvieron vinculados al Teatro Universitario Graziella Pogolotti, Helmo Hernández, Edwin Fernández, Roberto Blanco, Liliam Llerena, Alfredo Guevara, Sergio Corrieri, Violeta Casals, Antonio Vázquez Gallo, Luis Lloró, Fructuoso Rodríguez, Maritza Rosales, Gina Cabrera, Nelson Dorr, Nisia Agüero, Gaspar de Santelices, Eslinda Núñez y muchos más.
¿Con cuántos de ellos conversó Talledo? ¿De cuántos aprendió? ¿Qué reflexiones, diatribas y elucubraciones no habrá escuchado?
Todos y todas marcaron su vida. Le facilitaron el camino de convertirse en lo que siempre fue, hasta el último momento de su vida: Una buena persona, educada, culta, responsable.
Así lo conocí. Fue la última vez que entré en la Sala Tespis, para hacer un recital junto al Grupo Moncada.
Comenzaban los años 70, después de un inicio marcado por la evidencia de que no basta con la voluntad para construir una sociedad próspera, habilitada para favorecer el bienestar y la felicidad de todas y todos sus miembros.
Luego la memoria me da imágenes de escasa sustentación.
Lo recuerdo en la Sala Talía, en el “Edificio de Economía”, junto a la entonces naciente Televisión Universitaria.
La vida cultural universitaria de la época era apasionante.
Allí recuerdo a muchas personas que recreaban ese ambiente: Julio Puente, Ana Mildred Vidal, Mireya Crespo, Marta Pérez Rolo, también a Jesus Martínez, a Jorge Gómez, Alberto Faya.
Gente que hacía la diferencia por una universidad entendida como Centro, epicentro, generador de energía creativa cultural de la nación.
Y allí estaba Rufino Talledo. Siempre presto, siempre colaborador, siempre con un recuerdo a la mano, siempre un recuerdo con un cierto glamour (a veces decadente, a veces edificante, pero siempre aleccionador).
El accidente vino de la mano de la burocratización. Seamos mejores burocratizando más.
Apareció un día en la vice rectoría docente, creo que en la dirección docente metodológica… que algún día descubriremos tuvo algo que ver con sórdidas interpretaciones, prejuicios y enfermedades enmascaradas de alguien, o alguienes. Enmascarados de “chance”.
Al final, aquel Talledo, que siempre me impresionaba como un actor de otra película, más vieja que la que estaba aconteciendo, volvió a aparecer como apoyo de gran valor en el trabajo de la Sociedad cubana de Psicología.
Tantas veces ha aparecido y desaparecido, que tengo la impresión que debe estar en algún otro espacio de su querida Universidad.
La que tanto quiso. La que no siempre le devolvió el cariño y el respeto que se merecía.
Hay cuentas que no se pueden saldar.
Pero si algún día las descubrimos y las contamos, quizás no tengan que ser contadas como reposiciones de cosas que debemos dejar atrás.
Amigo Talledo, Muchas gracias.
Descansa en paz.

Manuel Calviño

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