Vol 3. Núm 8. 2015
RAZONES POR ENRIQUE JOSÉ VARONA
Dunia M. Ferrer Lozano Facultad de Psicología. Universidad Central de Las Villas. Cuba
Resumen
Partiendo de la relación existente entre Enrique José Varona y la denominación del Día de la Psicología Cubana, se realiza una investigación de corte histórico-lógico para profundizar en la vida de este destacado cubano, revelando algunas de sus consideraciones en el abordaje del objeto de estudio de nuestra ciencia. El artículo persigue visibilizar su obra y al mismo tiempo adentrarse en los cimientos del pensamiento psicológico actual, reconociendo los aportes de Varona en la divulgación científica de la psicología, y en su enseñanza como asignatura, impartida en aquellos momentos en los centros de educación media y superior del país.
Abstract
Starting from the relationship between Enrique José Varona and the denomination of Cuban Psychology Day, it was made a logical-historical investigation to deeply study the life of this Cuban outstanding, revealing some of the considerations addressing the subject of study of our science. The paper aims to visualize his work and at the same time to deepen into the foundations of the current psychological thought, recognizing the contributions of Varona in the scientific divulgation of the psychology, and in its teaching methods used at those moments as a studied subject at secondary and higher education centers of the country.
Palabras claves
Enrique José Varona, contribución a la psicología,contribution to psychology

Introducción
La búsqueda de las raíces de la Psicología Cubana, resulta una tarea difícil en tanto en nuestro medio desde la obra de filósofos, políticos, pedagogos, aun antes de su reconocimiento como ciencia independiente, encontramos interesantes aproximaciones a su objeto de estudio.
El conocimiento y dominio de esta historia, así como su inclusión en los planes de estudio, se hace indispensable para una adecuada formación del profesional y más allá, como una forma de preservar y consolidar nuestras tradiciones como cubanos.
Haciendo honor a la historia en el año 2004 se declara el 13 de abril como el Día de la Psicología Cubana, buscando la coincidencia de la celebración de nuestro gremio con el día del nacimiento de Enrique José Varona (1849-1933), uno de los máximos representantes del positivismo latinoamericano, quién vivió las dos épocas (colonia y república mediatizada) y se identificó con las mejores tradiciones de su tiempo.
Varona fue heredero innegable de una vertiente de ideas científicas y humanistas desde José Agustín Caballero hasta Martí, y al mismo tiempo, el impulsor de diferentes líneas de trabajo dentro de la pedagogía y la psicología, buscando siempre el mejoramiento universal del hombre.
Quince años después de que la psicología se independizara de la filosofía, este eminente filósofo y ensayista camagüeyano envió a la capitalina Academia de Ciencias el texto “La psicología como ciencia experimental”, donde reflexiona acerca de los fundamentos teórico-conceptuales y metodológicos de esta (Instituto de Literatura y Lingüística, 1984).
Conocimientos que Varona ordenó, sistematizó y recogió en dos obras memorables que constituyen los primeros aportes bibliográficos a la naciente ciencia psicológica cubana (Conferencias Filosóficas y Curso de Psicología), ejerciendo además una significativa influencia en el desarrollo cultural, científico e ideológico del país.

Desarrollo
Los años de mayor fecundidad filosófica de Varona se enmarcan entre la octava y novena década del siglo xix, puesto de manifiesto no solo por los resultados de sus significativas conferencias filosóficas que sobre Lógica, Psicología y Moral pronunciara entre 1880 y 1883, sino por el dedicado empeño autodidacta de situarse al tanto del desarrollo del pensamiento filosófico mundial.
Varona defendió el desarrollo de la psicología y su independencia como ciencia, planteando la necesidad de su existencia para el estudio del hombre. En este sentido distinguió claramente la psicología de la filosofía e impulsó la primera por la vía de su aplicación práctica en la educación, así como la investigación científica en este campo.
En el año 1900, Varona tomó posesión de la cátedra de Lógica, Psicología, Ética y Sociología en la Universidad de La Habana, donde la ciencia del espíritu se impartía como asignatura en las facultades de Educación, Derecho y Filosofía y Letras, así como en las escuelas normales para maestros y en los institutos de segunda enseñanza del país.
Sus ideas sobre la psicología las sintetiza en su voluminoso Curso de Psicología, publicado en 1905. En él Varona se interesa por la relación entre los fenómenos fisiológicos y psicológicos, por el estudio de los estados patológicos, por la inclusión del inconsciente en el objeto de estudio de la psicología, así como por temas relacionados con la ética y la moral.
En este libro también realiza un estudio de las bases biológicas de los fenómenos mentales, se fija en la gradual diferenciación estructural y funcional de los organismos, sus reacciones y adaptación, la concomitancia de lo físico en la vida psíquica, etc.
En este sentido reconoce el estrecho vínculo de los procesos psíquicos y biológicos, poniendo énfasis en el rol del sistema nervioso. Al respecto señala: “La base orgánica de los fenómenos mentales es el Sistema Nervioso. Dejamos establecido que a todo fenómeno mental corresponde, de un modo u otro un concomitante orgánico” (p. 43). De esta forma profundiza en el conocimiento de la estructura y función del sistema nervioso, así como en la relación de su funcionamiento con el rendimiento intelectual, un ejemplo claro de esto es cuando expresa:
Existen además pruebas directas de la estrecha relación que guarda el desenvolvimiento de la inteligencia con la forma, estructura y volumen del cerebro. Estas pueden encontrarse en la observación patológica y en el examen del desarrollo de ese órgano al pasar de la infancia a la edad adulta (p. 46)
De manera muy original y avanzada para su época formula sus críticas a la introspección argumentando que:
… no todos los estados mentales revisten igual grado de claridad, no todos son por igual conscientes; y estos hay que estudiarlos por medio de los fenómenos objetivos que los acompañan y por sus resultados plenamente conscientes. Por donde se ve que la introspección es necesaria pero incompleta. (p. 4)
Más adelante en la misma obra añade:
El estado afectivo del sujeto, estado por naturaleza móvil y cambiante, complica aún más la dificultad de la observación. Tratemos de figurarnos a un hombre encolerizado, o vencido por un gran dolor, observándose a sí mismo. (p. 5)
Ante estas dificultades propone en el orden metodológico para estudiar los procesos psíquicos, restringir a justos límites la utilización de la introspección y combinarla con el testimonio de la observación externa para profundizar todo lo posible en su fenomenalidad objetiva.
La doctrina evolucionista en su interpretación spenceriana deja honda huella en la concepción del mundo de Varona, quien lo plasma en las diferentes esferas de la realidad, declarándose evolucionista convencido ya desde 1879, cuando escribió “La evolución psicológica”, lo que lo lleva a oponerse a las ideas innatas y a las causas finales.
De igual forma se opone al objeto del conocimiento que la psicología estructuralista proponía, planteando que el estudio no podía limitarse a escudriñar la conciencia de un solo hombre, sino que debía abordar la psicología de todos los hombres y de las relaciones entre ellos, “… todos sus estados mentales, dentro y fuera de la conciencia, … todo su organismo …” (pp. 18-19), abarcando el lenguaje, los actos, la religión, la industria, el arte, las migraciones y todo lo que contribuyera a comprender la expresión de cada persona, reconociendo el papel de los determinantes sociales en este sentido.
Sobre la vieja polémica entre el libre albedrío y el determinismo de la conducta, se declara por este último, destacando el papel activo del hombre en la configuración de su vida psíquica, pues enseña:
El hombre no puede por tanto sustraerse al determinismo; pero sí puede, en cierto modo educarlo y guiarlo ... No es un autómata; mas, para no serlo, necesita cultivar tanto la inteligencia como el sentimiento. La educación es su verdadera redentora … Ampliando su esfera de experimentación, … se mueve más desembarazadamente el sujeto y esta amplitud de movimiento es, en cierto modo, mayor suma de libertad …, el hombre no es libre, pero se hace libre. Empieza por obedecer, acaba por escoger; pero no escoge por capricho, escoge determinándose (pp. 509-510).
En sus concepciones, Varona también revela la naturaleza social de la personalidad al expresar: “El hombre solo es hombre en el trato de sus semejantes, por eso sus emociones más gratas o más dolorosas, las mejor definidas, las que dejan tras sí huella más duradera se deben a la comunicación social”.  (p. 468)
En esta línea Varona se adentró en problemas psicosociales. Ya en 1888 en uno de sus trabajos había comparado el miedo, como rasgo psicológico predominante en los cubanos antes de la guerra de independencia, con la actividad y virtudes morales formadas durante su transcurso y planteó que toda investigación que tuviera por objeto estudiar los grupos sociales debía tener en cuenta las relaciones entre pueblo y medio, la existencia de clases, los antecedentes étnicos e históricos, necesidades actuales, etc. Un ejemplo de lo anterior son sus trabajos “El bandolerismo” escrito en 1888 y “El imperialismo a la luz de la Sociología” en 1905, en los que mostró su preocupación por la situación del país en diferentes aspectos.
Combatió el reduccionismo, la metafísica y la especulación, tomando del positivismo la exaltación del papel de la ciencia en la vida social, la importancia de derivar conclusiones razonables del estudio científico, entre otras ideas. Independientemente de que esta fue la base fundamental de su concepción del mundo, en más de un momento se situó en posiciones más avanzadas.
Varona aborda el estudio de lo psíquico de forma particular y en su expresión en el comportamiento del individuo. Lejos de apoyarse en esquemas reduccionistas, tiene en cuenta inclinaciones, motivos, intereses, procesos del pensamiento, que median la acción y direccionan el comportamiento, mostrando los motivos como móviles que actúan en estrecha relación con los procesos afectivos y cognitivos.
Varona también aborda en su profundización en la conducta humana la ley de la determinación y la ley del hábito. La primera, apoya las consideraciones de que el motivo más poderoso determina el nuevo movimiento. La segunda, según Varona (1905), puede formularse así: “El mismo movimiento provechoso se repite en las mismas condiciones” (p. 537), y dentro de ella, aclara que los hábitos para establecerse requerían de una repetición frecuente o de una gran intensidad en los primeros actos, que una vez establecidos estos, no llegaban a realizarse conscientemente, sino que sus impresiones pasaban a la región de la subconciencia y se reproducían tan pronto se presentara el primer estímulo.
De la interacción de estas leyes en la actuación, Varona (1905) plantea que se producían otras, que aunque eran menos generales resultaban también interesantes, ellas son: la ley de la imitación de los movimientos, la ley de la modificación de los movimientos, en la que destaca la existencia de particularidades únicas y propias de la personalidad de cada individuo que matizan su acción, y la ley de la acomodación de movimientos, que explica la variación en la conducta no solo a tenor de la disposición subjetiva sino también según las exigencias del medio.
Dentro del estudio de los procesos psíquicos, Varona hace también reflexiones muy atinadas sobre la percepción, vinculando esta con la ilusión y la alucinación. Apoyado en investigaciones realizadas trata de dar a este proceso una interpretación fisiológica.
A la hora de profundizar en la esfera afectiva, Varona (1905) contrarresta las posiciones de autores como William James y Carl Lange, quienes intentaban sobredimensionar los fundamentos fisiológicos en la determinación de estos procesos. Así expone:
… las modificaciones orgánicas no solo se presentan las mismas en muy diversas emociones, como cuando enrojecemos por el regocijo, por la ira o por la vergüenza; sino que aparecen también en muchos fenómenos vitales sin rastro de emoción, como en la fiebre y la disnea (469p.)
Con relación a sus ideas sobre la educación, este autor abogó por el estudio de contenidos de menor retórica y más aplicación práctica, buscando no la preparación parcializada e incompleta de las personas en cuanto a un aspecto específico, sino proponiendo una educación general dirigida a preparar al hombre para la vida. La enseñanza para él ocupaba un lugar primordial en la sociedad apoyada por recursos y valores modernos y científicos.  En este sentido expresó (en Aguayo, 1925): “… Hombres para la vida, no para el libro, ni para el arado, ni para la máquina, … ni para el bisturí que son menores instrumentos. Cerebros y brazos frente al porvenir incierto, prestos a todas las ocasiones” (p. IV). Con esta premisa Varona estimuló la reforma universitaria planteada por él y contribuyó al ulterior predominio del pragmatismo en la pedagogía cubana.
En cuanto a la enseñanza, señaló además en su prefacio al “Tratado de Psicología Pedagógica” de Alfredo Aguayo (1925), la necesidad de hacer de esta un proceso individualizado cuyo resultado iba a depender de las características de personalidad de los propios educadores. Resumiendo esta idea plantea:
Hay que conciliar la regla, que es general, con su aplicación que debe ser individual. El maestro ha de poseer gran flexibilidad mental para adaptarse a cada caso que se presente. Todo el secreto de la enseñanza se encierra en esto: el maestro tiene que ser psicólogo. (p. III)
Con todas estas consideraciones, Varona favoreció el desarrollo de la Psicología Educativa, entregando más tarde la tarea concreta de cátedra a Alfredo M. Aguayo y Sánchez. Creó también la cátedra de Psicología General, ocupada inicialmente por A. Cuevas. De esta manera, generó dos vertientes, en diferentes ramas de la Psicología, que serían puntos de partida para el desarrollo posterior de la ciencia.
Dentro de los reconocimientos obtenidos por Varona durante su vida pudieran destacarse: Miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, y de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, de la cual ostentó el cargo de presidente, así como catedrático honorario de la Universidad de La Habana y presidente de honor de la Academia de la Historia de Cuba. 

Conclusiones
Revisar la historia a la luz de estos días puede hacer pasar por alto detalles en la forma de concebir la realidad y al ser humano, revolucionarios para su tiempo. Mucho más cuando se habla de obras que aparecen casi simultáneamente con el desarrollo de las primeras escuelas psicológicas y ya están aportando criterios que aún hoy compartimos y defendemos.
En Varona se haya una influencia importante para el desarrollo de la psicología en nuestro contexto desde la divulgación que hizo de ella, su producción teórica y su docencia. Varona fue heredero innegable de una vertiente de ideas científicas y humanistas y al mismo tiempo, el impulsor de diferentes líneas de trabajo dentro de la pedagogía y la psicología, en pos del mejoramiento universal del hombre.
La selección del 13 de abril como día de esta ciencia en Cuba rinde honor a quien honor merece.

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[Image]Enrique José Varona (1849-1933)

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