EL BIENESTAR COMO DERECHO EN LA INFANCIA Y SU IMPLEMENTACIÓN [1]

Roxanne Castellanos

Facultad de Psicología, Universidad de La Habana

Resumen

Colo­car el foco de aten­ción en el bien­es­tar como dere­cho en la infan­cia, sigue sien­do un reto en nues­tra sociedad. En Cuba, niños, niñas y ado­les­centes son pro­te­gi­dos inte­gral­mente y existe una gran sen­si­bil­i­dad ante esta población. Sin embar­go, aún prevale­cen las prác­ti­cas adul­tocén­tri­c­as, inclu­so a la hora de pen­sar en cómo pro­te­ger y via­bi­lizar el bien­es­tar. Este artícu­lo habla de la impor­tan­cia del cam­bio de par­a­dig­ma en relación con el tratamien­to a la niñez y a la ado­les­cen­cia, lo fun­da­men­ta con ele­men­tos cien­tí­fi­cos y real­iza recomen­da­ciones para su implementación.

Pal­abras Claves: Bien­es­tar, niñez, ado­les­cen­cia, dere­chos de la infan­cia, adultocentrismo.

Abstract

Plac­ing the focus of atten­tion on well-being as a right in child­hood con­tin­ues to be a chal­lenge in our soci­ety. In Cuba, chil­dren and ado­les­cents are ful­ly pro­tect­ed and there is great sen­si­tiv­i­ty towards this pop­u­la­tion. How­ev­er, adult-cen­tric prac­tices still pre­vail, even when think­ing about how to pro­tect and enable well-being. This arti­cle talks about the impor­tance of the par­a­digm shift in rela­tion to the treat­ment of child­hood and ado­les­cence, sup­ports it with sci­en­tif­ic ele­ments and makes rec­om­men­da­tions for its implementation.

Key­words: Well-being, child­hood, ado­les­cence, chil­dren’s rights, adult centrism.

El adul­to­cen­tris­mo sigue imperan­do en el tratamien­to a niños, niñas y ado­les­centes, a tono con una con­cep­ción de la infan­cia, aún arraiga­da, que pone fuera de foco al pro­pio infante. Los adul­tos cuidadores en el ámbito famil­iar, en may­oría, se cen­tran en el resul­ta­do de la cri­an­za, sin impor­tar mucho la viven­cia del que está sien­do cri­a­do, lo que pien­sa o siente en relación con su propia edu­cación. El mae­stro se esfuerza por lograr un buen apren­diza­je, mucho más que por cuán­to los alum­nos dis­fru­tan o no apren­der. –“¿Qué le pasa al niño, mamá?”– Pre­gun­ta el médi­co a un infante que hace mucho tiem­po habla y entiende per­fec­ta­mente, cen­tra­do en recu­per­ar su salud a toda cos­ta. Aún es una prác­ti­ca poco fre­cuente, expli­car­le lo que está suce­di­en­do, los pro­ced­imien­tos que, aunque sean molestos, se deben aplicar para saber qué tiene y para que pue­da sanar rápi­do. En el ámbito judi­cial existe una gran sen­si­bil­i­dad con el daño a la infan­cia, de ahí que encon­trar a los respon­s­ables de ello y aplicar jus­ti­cia, es la meta fun­da­men­tal. Sin embar­go, evi­tar todas las for­mas de revic­tim­ización, todavía es en gran medi­da un anhelo.

Cuba es una nación que ama y cui­da la infan­cia como un tesoro sagra­do, pero que todavía no ha lle­ga­do a alcan­zar el cam­bio de par­a­dig­ma en su com­pren­sión como suje­to de dere­chos. De ahí que los encar­gos sociales para pro­te­ger a niños, niñas y ado­les­centes, se con­cep­tu­al­izan des­de la mira­da de los adul­tos quedan­do con­tra­dic­to­ri­a­mente elab­o­ra­dos más allá de lo que debería ser el com­pro­miso esen­cial con la niñez: su bienestar.

Pon­er el bien­es­tar en el cen­tro de aten­ción, no sig­nifi­ca en modo alguno ni que la famil­ia deje de edu­car en nor­mas, límites y entre­namien­to de la vol­un­tad, dejan­do al niño hac­er lo que quiera sin con­trol alguno. No equiv­ale a que los docentes dejen de enseñar. No es dejar sin inyec­tar al pequeño, porque los pin­c­ha­zos le due­len. O no poder bus­car la ver­dad, dado que la infan­cia no puede involu­crarse en el ambi­ente hos­til del sis­tema judi­cial. No se tra­ta de eso. Y sabe­mos que se hacen muchas lec­turas incor­rec­tas, como parte de la resisten­cia a cam­biar la men­tal­i­dad y de las exi­gen­cias de un cam­bio, ya.

Si aca­so alguien crey­era que se tra­ta de una moda sin sus­ten­to, todo este movimien­to pujante de nue­stros tiem­pos, a favor de la infan­cia (por cier­to, inter­na­cional y no solo cubano), ahí están todas las evi­den­cias cien­tí­fi­cas acer­ca de la impor­tan­cia del bien­es­tar y en par­tic­u­lar del bien­es­tar psi­cológi­co sobre la salud men­tal de los seres humanos, que son total­mente irrefutables.

La relación de apego del primer año de vida entre un bebé y sus cuidadores pri­mar­ios, es estruc­turante de la sub­je­tivi­dad humana, de la capaci­dad que ten­dremos toda la vida para estable­cer los vín­cu­los con los demás seres humanos, para la cal­i­dad de esos vín­cu­los, para exper­i­men­tar seguri­dad y auto­con­fi­an­za durante toda nues­tra exis­ten­cia. Esto fue expli­ca­do por John Bowl­by en la déca­da de los 60 del pasa­do siglo, un lega­do cien­tí­fi­co de impor­tan­cia trascen­den­tal para enten­der la mag­ni­tud del bien­es­tar en la vida humana. En las últi­mas décadas se han gen­er­a­do sig­ni­fica­tivos estu­dios sobre la impor­tan­cia de los primeros mil días de la vida (par­tien­do de la gestación). como perío­do críti­co para el desar­rol­lo que alcan­zarán los seres humanos. En este sen­ti­do se ha demostra­do ampli­a­mente la opor­tu­nidad úni­ca que rep­re­sen­ta esta eta­pa, para que los niños obten­gan los ben­efi­cios nutri­cionales e inmunológi­cos que van a nece­si­tar el resto de sus vidas. Lo intere­sante es que, al hablar de nutri­ción, no solo se hace ref­er­en­cia a la cal­i­dad de la ali­mentación sino tam­bién a los nutri­men­tos sociales y psicológicos.

Fenó­menos tan rep­re­sen­ta­tivos de la deses­truc­turación del sen­ti­do de la exis­ten­cia y del dete­ri­oro de la especie humana, como son las adic­ciones, el sui­cidio y la delin­cuen­cia, están lig­a­dos al déficit de bien­es­tar des­de la niñez. La infan­cia define la cal­i­dad de vida de los adul­tos que ser­e­mos, mucho más de lo que somos capaces de admi­tir. Todo ello está demostra­do cien­tí­fi­ca­mente. Y es todo esto lo que fun­da­men­ta la pro­tec­ción que nue­stro actu­al Códi­go de las Famil­ias defiende, aunque muchos hayan trata­do de pre­sen­tar­lo como un capri­cho político.

A pesar de todo esto, las secue­las de sig­los de desval­orización sobre la infan­cia, per­du­ran, tan­to en los mod­os en los que se conc­re­ta la vida, como en los imag­i­nar­ios sociales que siguen apor­tan­do el sostén para todo ello.

Sin duda algu­na las insti­tu­ciones todas nece­si­tan más exi­gen­cias en cuan­to a mandatos, reg­u­la­ciones, políti­cas que impon­gan el cam­bio de men­tal­i­dad para los cuida­dos del bien­es­tar de la infan­cia. Así como la famil­ia que se rehúsa con vehe­men­cia a dejar de mal­tratar a sus hijos por aque­l­lo de “son mis hijos y yo los crío como quiera”, debe sen­tir la firme actuación de la ley”. Hace unos días esta­ba en mi con­sul­ta de aten­ción psi­cológ­i­ca a niños y ado­les­centes, cuan­do des­de la ven­tana que se encuen­tra a menos de un metro de la mía, comencé a escuchar el sonido de los golpes sobre el cuer­po de una niña y sus gri­tos de dolor físi­co y espir­i­tu­al, cuan­do su madre la gol­pea­ba. No podía con­cen­trarme en mi labor y no deja­ba de pen­sar qué iróni­co resul­ta que una sociedad como la nues­tra no cuente con un poderoso sis­tema de pro­tec­ción infan­til. Que tan solo yo pudiera mar­car un número de telé­fono para pon­er­le freno al abu­so sór­di­do que, en para­le­lo a mi tra­ba­jo de ayu­da a la infan­cia, se daba a unos pasos de mí. En todo esto nos toca tra­ba­jar y avan­zar mucho más.

Pero tam­bién en la pre­ven­ción (cuya labor hoy en día se nos des­dibu­ja y nece­si­ta for­t­ale­cerse) porque mucho antes de que un niño o un ado­les­cente deba ser asis­ti­do por una sig­ni­fica­ti­va vio­lación de sus dere­chos, ha vivi­do vul­nera­ciones sis­temáti­cas, que lo han mar­ca­do para toda una vida y que per­petúan el abu­so, porque tam­bién él seguirá repro­ducién­do­lo. Las vul­nera­ciones sis­temáti­cas son real­mente muy comunes y en su may­or parte, no se hacen notar para la sociedad.

Pero, por for­tu­na, cada ser humano lle­va en sí mis­mo escri­ta la bib­li­ografía sobre este tema. Difí­cil­mente exista una mate­ria tan ínti­ma y humana como esta. Más allá de las manidas fras­es que escuchamos a diario como “En mis tiem­pos no se habla­ba tan­to, todo se resolvía más rápi­do” o “Mi psicólo­ga fue la chan­cle­ta y mira que bueno salí”, cuan­do inter­pelam­os acer­ca de las viven­cias aso­ci­adas al mal­tra­to, ensegui­da cam­bian los ros­tros y aflo­ran las his­to­rias de sufrim­ien­to y daño, sin que aun quien lo cuen­ta sepa bien, cuán­to de eso le sigue repor­tan­do infe­li­ci­dad en el aquí y ahora.

La may­oría de los padres están hacien­do lo mejor que pueden por sus hijos; ellos son tam­bién el resul­ta­do de lo que como sociedad hemos logra­do, Y son, como en todas las rela­ciones de vio­len­cia, víc­ti­mas de mal­tra­to que repiten acríti­ca­mente el patrón. Es sobre todo esto que hay que hablar­le a toda la sociedad y en par­tic­u­lar a los que de una u otra man­era tienen que ver con los cuida­dos de la infan­cia, porque el cam­bio que se nece­si­ta, para que sea real y autén­ti­co, debe par­tir del con­vencimien­to nat­ur­al e indi­vid­ual. Sobre este prin­ci­pio se edi­fi­ca nue­stro proyec­to Cri­an­za Respetu­osa, para el acom­pañamien­to de las famil­ias con NNA. Con­fío en su poder irra­di­ante, no solo hacia otras famil­ias que por invita­ciones de aque­l­los, se suman a una comu­nidad de amor y respeto hacia la niñez, sino tam­bién hacia los aportes que des­de sus pro­fe­siones y ofi­cios, esos cuidadores pueden desar­rol­lar en la sociedad. Porque cuan­do la relación de madres y padres (o de aque­l­los que están en los roles de cuidadores pri­mar­ios) con los niños, lle­gan a ser de pro­fun­da conex­ión emo­cional, se tiene mucha más capaci­dad para enten­der a la infan­cia en gen­er­al. Com­pren­der por ejem­p­lo, el val­or de una maes­tra, sobre el bien­es­tar de sus alum­nos. Puede ten­er 19 años y fal­tar­le un mun­do de ped­a­gogía por apren­der, pero si conec­ta con sus alum­nos, será la Carmela de sus Cha­las y un fac­tor de pro­tec­ción tan­gi­ble, para todos ellos. El val­or de un médi­co que conec­ta con los pequeños enfer­mos, esos que aún pequeñi­tos y en pleno llan­to, logran con­tro­lar los sol­lo­zos cuan­do el espe­cial­ista les sabe “hablar”. O el del oper­ador del dere­cho o del sis­tema poli­cial, cuan­do son capaces de enten­der todos los mat­ices de la desnat­u­ral­ización de esos pro­ce­sos para los niños y las car­gas neg­a­ti­vas que para ellos rep­re­sen­tan, sobre sus exis­ten­cias concretas.

Por si todo lo dicho has­ta aquí fuera poco, debo añadir que el bien­es­tar como pilar de la esta­bil­i­dad psi­cológ­i­ca, reper­cute en la capaci­dad de niños, niñas y ado­les­centes de entablar rela­ciones colab­o­ra­ti­vas y empáti­cas con sus cuidadores. Todo se hace más fácil y dis­frutable por ambas partes: cre­cer en famil­ia y ver­los cre­cer, ir a la escuela y enseñar­les, inyec­tarse y escribir el méto­do con la dosis del medica­men­to requeri­do, con­tar como fue que aquel veci­no quiso “tocarme” y ocu­parme de que “ese” nun­ca más lo pue­da inten­tar. Eso lo saben muy bien, los buenos padres, los buenos mae­stros, los buenos médi­cos, los buenos juris­tas. Y sé que me entien­den cuan­do digo “buenos”.

Ter­mi­no con dos fras­es que me gus­tan mucho por su poder ilus­tra­ti­vo sobre el tema que nos ocupa:

“Si des­de el ini­cio nos con­taran que en la infan­cia se define la salud men­tal de un adul­to, entonces trataríamos con más amor el alma de los niños”.

“En cada niño se debería pon­er un car­tel que dijera: tratar con cuida­do, con­tiene sueños”.

Notas

  1. Inter­ven­ción en pan­el inau­gur­al del Even­to Académi­co “Cre­cien­do al futuro”, del Cen­tro de Estu­dios de la Juven­tud (CESJ), 30 de noviem­bre de 2022.

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