CREENCIAS DE SUPREMACÍA ABSOLUTA. UNA APROXIMACIÓN PSICOSOCIAL SOBRE LA RELACIÓN ENTRE MUERTE, VIDA Y COVID-19

Jesús Silva Bautista
Venazir Herrera Escobar
Litzy Zamora Montero

Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Estudios Superiores Zaragoza. México

Resumen

La inves­ti­gación empíri­ca respec­to al tema de las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta hacia la muerte y la vida y que involu­cran direc­ta­mente las con­cep­ciones de la cien­cia y la religión como expli­ca­ciones a estos fenó­menos, no suele ser muy común; no obstante, el interés cien­tí­fi­co en las bases cog­ni­ti­vas de la creen­cia reli­giosa y sec­u­lar ha cre­ci­do en los últi­mos años. De este con­tex­to, surgió la necesi­dad de un estu­dio que inda­gara sobre las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta que mantiene la población en gen­er­al sobre la muerte y la vida y auna­do a ello, aso­cia­r­las con las creen­cias que se tienen sobre la situación actu­al por la que atraviesa el mun­do en gen­er­al, la pan­demia por Covid-19. La inves­ti­gación es de tipo cor­rela­cional de cam­po, trans­ver­sal, con un dis­eño ex post fac­to. Se con­sid­eró una mues­tra de 1200 per­sonas de la población en gen­er­al. Para medir las creen­cias de la mues­tra se uti­lizó un instru­men­to que se sometió a prue­bas de con­fi­a­bil­i­dad y validez, con­sti­tu­i­do por 37 reac­tivos con escala de respues­ta tipo Lik­ert de 5 pun­tos. Los resul­ta­dos obtenidos a través de la cor­relación de Pear­son indi­can que las per­sonas mantienen una relación de coex­is­ten­cia entre creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo cien­tí­fi­co, reli­gioso y sec­u­lar respec­to a la muerte, la vida y el Covid-19. A su vez, los resul­ta­dos de las prue­bas t de Stu­dent y análi­sis de var­i­an­za (ANOVA) indi­can que estas creen­cias van a estar suje­tas tan­to a condi­ciones socio­cul­tur­ales como a las par­tic­u­lar­i­dades de los suje­tos tales como la edad, esco­lar­i­dad, esta­do civ­il, niv­el de ingre­sos y pér­di­das por Covid-19.

Pal­abras clave: creen­cia, suprema­cía, cien­cia, religión, secular.

Abstract

Empir­i­cal research on the issue of beliefs of absolute suprema­cy towards death and life and that direct­ly involve the con­cep­tions of sci­ence and reli­gion as expla­na­tions of these phe­nom­e­na, is not very com­mon; how­ev­er, sci­en­tif­ic inter­est in the cog­ni­tive bases of reli­gious and sec­u­lar belief has grown in recent years. From this con­text, the need arose for a study that would inquire about the beliefs of absolute suprema­cy that the gen­er­al pop­u­la­tion main­tains about death and life and, in addi­tion, to asso­ciate them with the beliefs that are held about the cur­rent sit­u­a­tion that it is going through. the world in gen­er­al, the COVID-19 pan­dem­ic. The research is of a cross-sec­tion­al, cor­re­la­tion­al field type, with an ex post fac­to design. A sam­ple of 1200 peo­ple from the gen­er­al pop­u­la­tion was con­sid­ered. To mea­sure the beliefs of the sam­ple, an instru­ment that was sub­ject­ed to reli­a­bil­i­ty and valid­i­ty tests was used, con­sist­ing of 37 items with a 5‑point Lik­ert-type response scale. The results obtained through Pear­son­’s cor­re­la­tion indi­cate that peo­ple main­tain a coex­is­tence rela­tion­ship between absolute suprema­cy beliefs of a sci­en­tif­ic, reli­gious and sec­u­lar nature regard­ing death, life and COVID-19. In turn, the results of the Stu­den­t’s t tests and analy­sis of vari­ance (ANOVA) indi­cate that these beliefs will be sub­ject to both socio-cul­tur­al con­di­tions and the par­tic­u­lar­i­ties of the sub­jects such as age, edu­ca­tion, mar­i­tal sta­tus, lev­el of income and loss­es from COVID-19.

Key­words: belief, suprema­cy, sci­ence, reli­gion, secular.

Introducción

Las creen­cias a lo largo de la his­to­ria han pro­por­ciona­do una base para el estu­dio del com­por­tamien­to humano, con­vir­tién­dose hoy en día, en un con­cep­to muy estu­di­a­do (Pajares, 1992) prin­ci­pal­mente den­tro del cam­po de la psi­cología social. En algu­nas oca­siones, la necesi­dad de encon­trar una expli­cación lo más obje­ti­va posi­ble sobre deter­mi­na­dos fenó­menos y prob­lemáti­cas psi­coso­ciales ha lle­va­do a var­ios autores a plantear una defini­ción conc­re­ta de las creen­cias y cómo estas influyen en la estruc­tura cog­ni­ti­va de las per­sonas, así como en la man­era en la que estas se desar­rol­lan y se mantienen en deter­mi­na­dos gru­pos sociales.

Fish­bein y Ajzen (1975) plantean que las creen­cias son aque­l­los juicios de prob­a­bil­i­dad sub­je­ti­va que real­iza una per­sona sobre algún aspec­to dis­crim­inable de su mun­do; las mis­mas que se ocu­pan para la com­pren­sión de uno mis­mo y del entorno en el que los seres humanos se desar­rol­lan. Esta defini­ción sostiene la idea de que las creen­cias van más allá de las rela­ciones observ­ables, es decir, una per­sona puede for­mar una creen­cia a par­tir de la inter­ac­ción con otras per­sonas, y a par­tir de car­ac­terís­ti­cas o dis­posi­ciones no observ­ables. De esta man­era las creen­cias son estruc­turas rel­a­ti­va­mente esta­bles que rep­re­sen­tan lo que existe para un indi­vid­uo más allá de la per­cep­ción direc­ta; en pocas pal­abras, se habla de aque­l­los con­cep­tos rela­ciona­dos con la nat­u­raleza, con even­tos y pro­ce­sos cuya exis­ten­cia es asum­i­da. Por lo tan­to, todos estos con­cep­tos hacia estos fénom­enos, son pro­pios de los humanos, lo cual, a un deter­mi­na­do niv­el de abstrac­ción, da como resul­ta­do que las creen­cias se con­sid­eren cul­tural­mente uni­ver­sales (Pepi­tone, 1991).

Por otra parte, la creen­cia es con­cep­tu­al­iza­da como un esta­do men­tal. Un esta­do men­tal dota­do de un con­tenido rep­re­senta­cional, en su caso, semán­ti­co o proposi­cional y, por lo tan­to, quiere decir que es sus­cep­ti­ble a ser ver­dadero o fal­so que, además, dada su conex­ión con otros esta­dos men­tales y de otros con­tenidos proposi­cionales, es causalmente rel­e­vante o efi­caz respec­to a los deseos, las acciones y otras creen­cias del suje­to (Defez, 2005).

Al apare­cer como supuestos del entendimien­to del mun­do, Vil­loro (1996) plantea dos con­cep­ciones de creen­cia. La primera se refiere a la creen­cia como ocur­ren­cia men­tal, es decir, “… no ver­sa sobre algo pre­sente en la per­cep­ción o en el recuer­do, sino sobre lo rep­re­sen­ta­do en el juicio …” (p. 26). A difer­en­cia de Pepi­tone (1991), quien con­sid­era que lo impor­tante de la creen­cia es su con­tenido; Vil­loro (1996) expone que al poder dis­tin­guirse el con­tenido del acto inten­cional (lo percibido) del acto mis­mo que se dirige a él (el percibir) –el cual tiene una cual­i­dad propia–, “… la creen­cia cor­re­sponde a la cual­i­dad del acto, no a su con­tenido” (p. 27). La segun­da con­cep­ción cor­re­sponde a la creen­cia como dis­posi­ción. En este sentido:

… una dis­posi­ción no es una ocur­ren­cia. Las ocur­ren­cias son direc­ta­mente observ­ables, aunque puedan ser pri­vadas o públi­cas. Se expre­san en enun­ci­a­dos que nar­ran situa­ciones, datos o hechos, en ora­ciones que describen algo que acon­tece … . Las dis­posi­ciones, no son propiedades observ­ables de los obje­tos, sino car­ac­terís­ti­cas que ten­go que atribuir­les para explicar cier­tas ocur­ren­cias (p.31).

Las creen­cias bajo este con­tex­to, oper­an como guías de la acción que dispo­nen al suje­to a respon­der de una deter­mi­na­da man­era y no de otra. No obstante, para este autor, las creen­cias no nece­sari­a­mente se expre­san en acciones, sino que, solo si se pre­sen­ta una deter­mi­na­da cir­cun­stan­cia, la per­sona se com­por­tará de un modo tal que supone la exis­ten­cia de un esta­do dis­posi­cional a actuar.

Las creen­cias tienen la fun­ción de rep­re­sen­tar la real­i­dad del indi­vid­uo, esto medi­ante los inter­cam­bios sociales que establece en su vida des­de el momen­to que adquiere con­cien­cia de sus actos; sir­ven como ref­er­entes para dar expli­cación a cada una de las cir­cun­stan­cias pre­sentes en el mun­do; son aque­l­las que dotan de sen­ti­do a la vida humana; dan expli­cación acer­ca de lo que es real para uno y lo que es real para otras per­sonas, es por eso que tam­bién en muchas oca­siones se encuen­tran incon­sis­ten­cias entre ellas (Lasaga, 1994).

Algu­nas incon­sis­ten­cias entre las creen­cias a veces depen­den no solo de cómo se adquieren o cómo se for­man, sino de su con­tenido en sí. Ante ello, Pepi­tone (1991) sostiene que las clasi­fi­ca­ciones de las creen­cias no siem­pre son puras; los obser­vadores obje­tivos no siem­pre pueden deter­mi­nar si los ref­er­entes de una deter­mi­na­da creen­cia son o no mate­ri­ales. Sin embar­go, es útil hac­er la difer­en­ciación entre cat­e­gorías nat­u­rales y sobre­nat­u­rales. Den­tro de la clasi­fi­cación que este autor pro­pone se encuen­tran aque­l­las de orden nat­ur­al-mate­r­i­al, las cuales “… se refieren a aque­l­lo que existe en el mun­do mate­r­i­al o aque­l­lo que puede ser definido como mate­r­i­al en algún niv­el de análi­sis. La cat­e­goría incluye creen­cias cien­tí­fi­cas y creen­cias sobre la his­to­ria y la sociedad” (p.64).

Por otra parte, el ser humano vive a diario difer­entes suce­sos per­son­ales, ambi­en­tales y socio-cul­tur­ales, pro­ce­sos que, la may­or parte de las veces involu­cran reflex­iones exis­ten­ciales. Y aun cuan­do la cien­cia y la tec­nología son uno de los conocimien­tos más cert­eros hoy en día, este muchas veces no responde a pre­gun­tas que son de orden más espir­i­tu­al; por ello, den­tro del sis­tema de creen­cias de las que dispone el ser humano para enten­der­se a sí mis­mo, al mun­do y a los otros, se encuen­tran aquel con­jun­to de creen­cias que se basan en la expe­ri­en­cia emo­cional y a las cuales se adhiere fuerte­mente, has­ta el pun­to de que las mantiene inclu­so ante evi­den­cias en con­tra (Páez et al., 2007; Gastélum, 2010). Estas creen­cias son de corte reli­gioso y sec­u­lar (Pepi­tone, 1991).

Cabe señalar que, inde­pen­di­en­te­mente del tipo de creen­cias que posea el ser humano, estas no solo le dan un sen­ti­do y sig­nifi­ca­do a su com­por­tamien­to, sino que le brin­dan los ele­men­tos de jus­ti­fi­cación nece­sar­ios para realizar­lo, man­ten­er­lo, mod­i­fi­car­lo, sus­pender­lo o finalizar­lo (Fer­nán­dez, 2006).

Las creen­cias jue­gan un papel fun­da­men­tal en los roles adap­ta­tivos de los seres humanos, ya que, fun­cio­nan como una guía del pen­samien­to y de la con­duc­ta; no obstante en muchas oca­siones se sue­len con­fundir las creen­cias con los sis­temas de conocimien­to; con­viene sub­ra­yar que las creen­cias indi­vid­uales no requieren coheren­cia inter­na den­tro del sis­tema de creen­cias, lo cual impli­ca que son por su propia nat­u­raleza, en algu­nas oca­siones indis­cutibles, inflex­i­bles y menos dinámi­cas que los sis­temas de conocimien­to; lo cual hace a la creen­cia algo inmutable y, cuan­do cam­bian no es el argu­men­to o la razón lo que las altera, sino más bien un esta­do dis­posi­cional de carác­ter emo­cional o afec­ti­vo (Pajares, 1992).

Las creen­cias se pro­ducen como resul­ta­do de var­ios mecan­is­mos y estruc­turas cog­ni­ti­vas, muchos de ellos le per­miten al ser humano adquirir un deter­mi­na­do gra­do de com­pro­miso con la creen­cia, es por eso que den­tro de la psi­cología exis­ten infinidades de ellos, sin embar­go, la jus­ti­fi­cación es la más rep­re­sen­ta­ti­va al momen­to de quer­er cono­cer el por qué se mantienen deter­mi­nadas creen­cias. Una creen­cia está jus­ti­fi­ca­da cuan­do exis­ten razones gen­uinas que la apoy­an, lo cual le va a per­mi­tir al ser humano de cier­ta man­era ten­er una certeza de que lo que está dicien­do es un indi­cio de cred­i­bil­i­dad y, por lo tan­to, el com­por­tamien­to será con­gru­ente con dichas creen­cias, dan­do paso a la sat­is­fac­ción de deseos tan­to per­son­ales como sociales (Nils­son, 2014).

Pero ¿Qué sucede cuan­do una creen­cia no está jus­ti­fi­ca­da ni se fun­da­men­ta en un argu­men­to sólido?

Al quer­er com­pren­der cada fenó­meno del mun­do, el ser humano uti­liza sus creen­cias, creen­cias que le pro­por­cio­nan una expli­cación con­tun­dente a las situa­ciones de su entorno, y las cuales a su vez, a menudo no están jus­ti­fi­cadas ni fun­da­men­tadas en argu­men­tos sóli­dos, es decir, se fun­da­men­tan en actos de fe, sobre bases mági­co-reli­giosas, o bien, a través de la con­stante desin­for­ma­ción que los medios masivos de comu­ni­cación pro­por­cio­nan, en otras pal­abras, en repeti­das oca­siones solo bas­ta la val­i­dación y la con­sis­ten­cia de deter­mi­na­da infor­ma­ción otor­ga­da ya sea por estos medios o por la mis­ma sociedad para hac­er­la vál­i­da, sin siquiera tomar en cuen­ta cuan irra­cional sea; es así como se le da per­ma­nen­cia a creen­cias que inclu­so no tienen un sus­ten­to empíri­co que las vali­den (Sher­mer, 2008).

La razón de que las per­sonas cre­an en cosas o situa­ciones sin algún fun­da­men­to empíri­co se debe a que, es mucho más fácil val­i­dar algo social­mente acep­ta­do que cues­tionar la real­i­dad y ten­er que atrav­es­ar por un pro­ce­so de reestruc­turación cog­ni­ti­va, pues eso impli­ca salir de la zona de con­fort que mantiene a los humanos en una pos­tu­ra recon­for­t­ante y que con fre­cuen­cia tiene que ver con la búsque­da de la feli­ci­dad y la sat­is­fac­ción per­son­al, por ello, las per­sonas sue­len afer­rarse a cues­tiones poco real­is­tas e ide­al­izadas (Nils­son, 2014).

Este aparente con­trol que tiene el ser humano sobre sus creen­cias y que a su vez jus­ti­f­i­can deter­mi­na­dos com­por­tamien­tos a niv­el indi­vid­ual o social, está definido a menudo por un carác­ter de suprema­cía del ser humano sobre sus propias condi­ciones de vida. Trayen­do con­si­go que el tema de suprema­cía humana se torne bas­tante com­ple­jo, debido a que, trae con­si­go una con­stante dis­o­nan­cia entre la eval­u­ación o jucio sobre un obje­to, per­sona o fenó­meno, la estruc­tura del com­por­tamien­to y las for­mas de rela­cionarse con el mun­do. Esta dis­o­nan­cia suele ser pro­duc­to de las con­stantes inter­ro­gantes que el ser humano real­iza sobre su propia exis­ten­cia y, que a su vez refle­jan su ince­sante necesi­dad por describir no solo el mun­do mate­r­i­al sino tam­bién explicar lo intan­gi­ble y con ello, dar una respues­ta “ver­dadera” para sí mis­mo y para los demás acer­ca de la real­i­dad y así poder con­tin­uar admi­tién­dose como el supre­mo gob­er­nante de la Tier­ra (Frand­sen, 2013).

Con base a lo ante­ri­or, Gar­cía (2009) plantea que el ser humano al ver que la racional­i­dad es una car­ac­terís­ti­ca propi­a­mente humana, empieza no solo a com­pren­der una serie de atrib­u­tos, sino tam­bién de cual­i­dades, capaci­dades y vir­tudes, con­vir­tién­dose en un ser social que bus­ca la trans­for­ma­ción de su entorno a toda cos­ta, tenien­do como con­se­cuen­cia una serie de pen­samien­tos y creen­cias de suprema­cía, dom­i­nación y egoís­mo; cre­an­do así una doc­t­ri­na irra­cional que bus­ca la sat­is­fac­ción per­son­al por enci­ma de los demás.

Al respec­to, decir que los seres humanos solo son parte de la evolu­ción biológ­i­ca sería algo reduc­cionista, dado que este pro­ce­so va más allá de la selec­ción nat­ur­al; se tra­ta de lo que plantea Dawkins en su libro El gen egoís­ta en el cual expre­sa que los genes son la rep­re­sentación de los humanos y por con­se­cuente de las rela­ciones sociales que se estable­cen; donde el altru­is­mo como el egoís­mo jue­gan un papel muy impor­tante en el com­por­tamien­to de las per­sonas; ya que no existe una acción que sea real­mente altru­ista, puesto que des­de los primeros hom­bres siem­pre ha imper­a­do esta lucha por la suprema­cía, la exis­ten­cia y la super­viven­cia, lo cual ha lle­va­do a cues­tionarse de man­era con­tin­ua la idea de que el altru­is­mo es solo un medio para actu­ar de man­era egoís­ta y así con­seguir los mejores ben­efi­cios posi­bles, es decir se costea el sac­ri­fi­cio por los ben­efi­cios; donde solo se refle­ja que de man­era incon­sciente siem­pre se espera algo a cam­bio (Dawkins, 2016, Hernán­dez, 2016).

En este sen­ti­do, Dawkins (2016) señala que esta lucha por la suprema­cía, la exis­ten­cia y la super­viven­cia, afec­ta todos los aspec­tos de la vida social que van des­de el amor y el odio, la lucha y la coop­eración, al hecho de dar y robar, has­ta la cod­i­cia y gen­erosi­dad. Aho­ra bien, si se con­sid­era en especifí­co el impacto de esta lucha por la suprema­cía, la exis­ten­cia y la super­viven­cia sobre otros fenó­menos tan fun­da­men­tales para el ser humano como lo son la vida y la muerte, está más que claro que las creen­cias y con­cep­ciones con­tun­dentes que se ten­gan al respec­to mod­i­fi­carán de man­era deci­si­va el pro­ced­er indi­vid­ual y social de cada persona.

Bajo este con­tex­to, la suprema­cía de la humanidad está incor­po­ra­da en tres creen­cias uni­ver­salmente invis­i­bles: la primera, hace alusión a la idea de que la Tier­ra le pertenece a la humanidad; la segun­da, ver­sa sobre la con­cep­ción de que el ser humano es supe­ri­or a todas las especies; y por últi­mo, que el plan­e­ta tiene los recur­sos para el mejo­ramien­to de las per­sonas; se dice que son invis­i­bles porque no se expre­san explíci­ta­mente pero que implíci­ta­mente están refle­jadas en el com­por­tamien­to de las per­sonas (Crist, 2017). Así, las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta se refieren a aque­l­las cual­i­dades jerárquicas que ponen de man­era con­cluyente a una per­sona, obje­to o atrib­u­to por enci­ma de otros. La creen­cia de suprema­cía es casi uni­ver­sal y for­ma parte de la con­fig­u­ración cul­tur­al de una sociedad.

Las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta han lle­va­do al ser humano a crear una visión del mun­do más dom­i­nante, en donde solo sobre­viv­en los más fuertes o en su defec­to aque­l­las per­sonas que com­parten car­ac­terís­ti­cas sim­i­lares, en este caso las mis­mas creen­cias, es por eso, que las for­mas de vida y de inter­ac­ción se mueven por el poder y la con­sis­ten­cia (Pearse & Pruss, 2012).

Aho­ra bien, si se con­sid­er­an las creen­cias de suprema­cía absoltu­ta de acuer­do a la clasi­fi­cación que establece Pepi­tone (1991) con respec­to a las creen­cias de tipo nat­ur­al-mate­r­i­al y reli­gioso-sec­u­lar sobre los fenó­menos antes men­ciona­dos de la vida y la muerte, el ser humano puede a través de estas no solo expli­car­los y manip­u­lar­los, sino que oca­sion­al­mente puede hac­er algu­nas predic­ciones exi­tosas (Olivé, 2011).

Creen­cias de suprema­cía hacia la muerte y vida después de la muerte

En la antigüedad, el tér­mi­no de la muerte resulta­ba ambiva­lente, ya que por una parte implic­a­ba el momen­to en la que el alma se deshacía de las ataduras ter­re­nales y tenía la posi­bil­i­dad de lle­gar a la glo­ria, mien­tras que la otra parte era la que gen­er­a­ba miedo e incer­tidum­bre, debido a que, al lle­var una vida llena de peca­do implic­a­ba cas­ti­go e infier­no; es por eso que los misioneros y los cléri­gos intro­du­jeron en la Nue­va España rep­re­senta­ciones sim­bóli­cas con el fin de resar­cir los peca­dos en caso de ten­er una muerte repenti­na que no le per­mi­ta a las per­sonas arrepen­tirse por su cuen­ta y enmen­dar el camino (Von Wobeser, 2015).

De acuer­do con Von Wobeser (2015), la primera rep­re­sentación de la muerte es un esquele­to que porta­ba un arma para cor­tar la vida de las per­sonas, en la actu­al­i­dad todavía se sue­len encon­trar este tipo de imá­genes, sobre todo en murales; otro emble­ma es la tradi­cional calav­era, mis­ma que es expues­ta en los altares en noviem­bre como un sím­bo­lo de refle­jo, en el que tarde o tem­pra­no todos los seres humanos se con­ver­tirán. Asimis­mo, sostiene que la muerte siem­pre ha sido un tema muy con­tro­ver­sial para el ser humano, ya que, a pesar de sus habil­i­dades y capaci­dades para dom­i­nar y con­tro­lar su entorno, has­ta el momen­to no ha podi­do dar expli­cación “total­mente con­vin­cente” ante el mis­te­rio que rodea a la muerte en sí.

Enten­der el pro­ce­so de muerte, hace al ser humano cues­tionarse qué es lo que hace en vida, dado que, des­de un ini­cio la relación que este tiene con los dios­es y espíri­tus fue enten­di­da des­de creen­cias reli­giosas-sec­u­lares sobre un plano sobre­nat­ur­al, lo cual polar­iza la exis­ten­cia de lo que se conoce en el mun­do y lo que se encuen­tra en lo que lla­man “más allá” (Duche, 2012).

La muerte es un hecho trascen­dente que va más allá de una mera expli­cación médi­ca-biológ­i­ca, ya que impli­ca otro tipo de reper­cu­siones que van des­de el pun­to de vista antropológi­co, filosó­fi­co, psi­cológi­co, médi­co has­ta el reli­gioso. Des­de la época pre­históri­ca los seres humanos hacen un espe­cial énfa­sis al pro­ced­imien­to que se debe lle­var a cabo después de que una per­sona ha fal­l­e­ci­do, dan­do paso a una infinidad de creen­cias nat­u­rales-mate­ri­ales o reli­giosas-sec­u­lares respec­to a este fenó­meno; una de ellas es la creen­cia de que la muerte es algo malo, algo que debe evi­tarse, algo a lo que hay que ten­er­le miedo, es incer­tidum­bre, dolor, tris­teza, etc. (Pacheco, 2003; Machado,1994).

Diver­sos autores han con­cep­tu­al­iza­do el fenó­meno de la muerte de la man­era más clara y conc­re­ta posi­ble, sin embar­go, la com­ple­ji­dad de este tér­mi­no impli­ca un abor­da­je teóri­co que incluya dis­tin­tas per­spec­ti­vas que le per­mi­tan al ser humano hac­er una inter­pretación de este con­cep­to de la mejor man­era y que se ajuste a cada una de las nor­mas e inter­preta­ciones vigentes en la sociedad en la que se encuen­tra; por ejem­p­lo, Lynch y Odd­one (2016) sostienen que la per­cep­ción de la muerte en el occi­dente ha atrav­es­a­do dos grandes eta­pas: la primera tiene que ver con el dominio de la muerte domes­ti­ca­da, en donde los indi­vid­u­os solo toman con­cien­cia de su muerte has­ta la apari­ción de señales div­inas, esta eta­pa se car­ac­ter­i­za por la aceptación de la muerte de una man­era nat­ur­al y ser­e­na; mien­tras que la segun­da eta­pa, se car­ac­ter­i­za por un pro­fun­do rec­ha­zo e invis­i­bi­lización de la muerte, y se le denom­i­na muerte inver­ti­da porque los due­los y las cer­e­mo­nias son mucho más dis­cre­tos e íntimos.

Por otra parte, Macha­do (1994) ofrece una defini­ción de la muerte basa­da en los dos com­po­nentes de la con­cien­cia, es decir, como capaci­dad y como con­tenido, ya que para él esta defini­ción de muerte humana es la más conc­re­ta de acuer­do a su teoría del fun­cionamien­to del organ­is­mo como un todo, cuyas bases neu­rales pueden estable­cerse y proveer atrib­u­tos que son esen­ciales y úni­cos del ser humano, así establece que la muerte alude a la pér­di­da irre­versible de la capaci­dad y del con­tenido de conciencia.

De las con­cep­ciones sobre la muerte, Aguirre, Pon­ton y Roa (2010) definen difer­entes per­spec­ti­vas como la médi­ca, la reli­giosa, la psi­cológ­i­ca y la bud­ista, y ponen en tela de juicio la creen­cia de que la muerte es solo un suce­so trági­co en la vida de las personas.

Des­de la per­spec­ti­va de estos autores, la con­cep­ción médi­ca- biológ­i­ca de la muerte alude al dece­so de todos los sig­nos vitales del cuer­po humano, con­vir­tién­dose en un pro­ce­so de muerte total sin retorno alguno. En tal sen­ti­do, la cien­cia y la tec­nología han con­tribui­do a man­ten­er la creen­cia de que la muerte es algo muchas veces inde­seable, al no tomar en cuen­ta los sen­timien­tos o el sufrim­ien­to que pueden pade­cer aque­l­los enfer­mos y sus famil­iares, con­vir­tién­dose en un pro­ce­so demasi­a­do mecanicista que deshu­man­iza el sufrim­ien­to ajeno, pre­ten­di­en­do el total con­trol y dominio de las circunstancias.

Sigu­ien­do este con­tex­to cien­tí­fi­co, Tamayo (2008) sostiene que la muerte es un pro­ce­so que ocurre en dis­tin­tos nive­les de orga­ni­zación y requiere inver­sión de energía:

“La muerte es un pro­ce­so que ocurre en seres vivos, se ini­cia cuan­do los cam­bios son irre­versibles, se car­ac­ter­i­za por la pér­di­da de la com­ple­ji­dad de su orga­ni­zación y por la dis­min­u­ción en el con­tenido de energía, y ter­mi­na cuan­do la difer­en­cia de este con­tenido energéti­co con el medio ambi­ente es cero (p.33)”.

Para este autor, la muerte per­mite la ren­o­vación de las pobla­ciones que par­tic­i­pan en la selec­ción nat­ur­al frente a las condi­ciones siem­pre cam­biantes del medio ambi­ente; de tal for­ma que la muerte es el mecan­is­mo de elim­i­nación de los indi­vid­u­os que ya han cumpli­do con su úni­ca fun­ción biológi­ca­mente sig­ni­fica­ti­va, es decir, la de dar ori­gen a otros indi­vid­u­os. “La desapari­ción de los indi­vid­u­os es una parte esen­cial del pro­ce­so evo­lu­ti­vo, el final de todos los exper­i­men­tos de la nat­u­raleza” (p.36).

La muerte del cuer­po se ve entonces como el fin abso­lu­to de cualquier for­ma de activi­dad con­sciente. Ante ello, la inevitabil­i­dad, la irre­versibil­i­dad y la per­ma­nen­cia de la muerte cre­an ansiedad en todos los indi­vid­u­os en algún momen­to de la vida (Niemiec & Schu­len­berg, 2011).

Aho­ra bien, con­tin­uan­do con Aguirre, Pon­tón y Roa (2010) des­de la per­spec­ti­va reli­giosa, la muerte fun­ciona como un mod­e­lo ori­en­ta­dor y facil­i­ta­dor en la búsque­da de un nue­vo camino y de una respues­ta recon­for­t­ante a todas aque­l­las inter­ro­gantes que el ser humano se plantea respec­to a la vida, la muerte y la vida después de la muerte, con­trario a la per­spec­ti­va médi­ca-biológ­i­ca, la religión bus­ca dar las her­ramien­tas nece­sarias para el afrontamien­to de este fenó­meno, basa­dos en la idea de la fe, los mila­gros y la bon­dad de Dios, lo cual gen­era acti­tudes de esper­an­za y cam­bios espir­i­tual­mente sig­ni­fica­tivos para el ser humano.

En cuan­to a la muerte des­de la per­spec­ti­va psi­cológ­i­ca, para estos autores esta se expli­ca a través de la tana­tología, la cual es una dis­ci­plina que se encar­ga del estu­dio de la vida, la muerte y el pro­ce­so de morir, es por ello que se bus­ca encon­trar her­ramien­tas que brinden dis­tin­tas habil­i­dades para el afrontamien­to y el con­trol emo­cional con­ci­bi­en­do a la muerte como la pér­di­da más dolorosa a la que se enfrenta el ser humano en todos sus aspec­tos, tan­to físi­co, psíquico, social y espiritual.

Final­mente, des­de una visión bud­ista, la muerte es un hecho impre­vis­i­ble, es decir, que a pesar de que el ser humano este con­sciente de que algún día lle­gará ese momen­to, no sabe ni cómo ni cuán­do lle­gará, por lo que debe apren­der a vivir de una man­era pací­fi­ca cul­ti­van­do paz en su inte­ri­or y en su for­ma de vivir, y esto solo lo con­seguirá por medio de la med­itación. Cabe señalar que, des­de esta per­spec­ti­va los seres humanos le temen a la muerte porque tienen un desconocimien­to de sí mis­mos (Aguirre, Pon­tón y Roa, 2010).

Aho­ra bien, de todas las inter­ro­gantes que tiene el ser humano respec­to a la vida y el sen­ti­do que tiene esta, existe otra incóg­ni­ta que ha gen­er­a­do aún más polémi­ca, no solo para el ser humano en sí mis­mo, sino tam­bién para las difer­entes per­spec­ti­vas que han trata­do de abor­dar­la; en tal caso se tra­ta de la exis­ten­cia o no de una vida después de la muerte.

Al respec­to, una de las per­spec­ti­vas que más ha abor­da­do este tema ha sido la reli­giosa, sien­do uno de los medios por los cual el ser humano ori­en­ta su for­ma de con­ducirse por la vida (Cano y Her­rera, 2019).

Si hay algo cert­ero en este mun­do, es la muerte, debido a que, el ser humano no tiene con­trol sobre cuán­do y cómo va a morir, es un hecho que todos en algún momen­to ten­drán que asumir, lo cual gen­era un gran temor en la vida de cada per­sona, la sola idea de la fini­tud oca­siona un gran dolor y sufrim­ien­to, encon­tran­do una esta­bil­i­dad en la fe reli­giosa, ya que esta per­spec­ti­va más que llenar un vacío biológi­co se basa en la enseñan­za y man­ten­imien­to de una vida eter­na, es decir, de preser­var esa esper­an­za de con­tin­uar hacien­do lo que no se hizo en vida, inclu­so has­ta de poder enmedar aque­l­los errores cometi­dos en la vida y asi alcan­zar la “sal­vación eter­na” ante los peca­dos inmer­sos en la vida cotid­i­ana; los prin­ci­pales motivos para alcan­zar la sal­vación de la vida mate­r­i­al se basan en la estruc­tura indi­vis­i­ble del ser humano y de la unidad de des­ti­no del hom­bre y de la humanidad como tal, dan­do paso al cre­do cris­tiano que se conoce actual­mente, es decir, aquel que prom­ete la res­ur­rec­ción de los muer­tos y la vida eter­na (Gil, 1984).

Las enseñan­zas cris­tianas han deja­do una serie de premisas impor­tantes que dan seguimien­to a la idea que se tiene de la vida después de la muerte; entre ellas está la creen­cia de que Dios todopoderoso mandó a su hijo para pro­fe­sar su pal­abra y así lib­er­ar a la humanidad de la deca­den­cia y del peca­do, sien­do su muerte un acto vol­un­tario, un sac­ri­fi­cio por la humanidad, sien­do su muerte una vic­to­ria más que una der­ro­ta, al preser­var la idea de la vida eter­na, ya que su res­ur­rec­ción dejó una gran huel­la para la humanidad, soste­nien­do que no hay razón algu­na para temer­le a la muerte, al con­trario es la opor­tu­nidad de alcan­zar la “bon­dad div­ina”, en donde las almas están des­ti­nadas a una larga y eter­na vida, toman­do como ref­er­en­cia “lo bueno y lo malo”, en otras pal­abras, esta vida solo se con­sigue si se ha logra­do estable­cer una paz y comu­nión con Dios, renun­cian­do a todas aque­l­las cosas ter­re­nales de la vida (Pearse & Pruss, 2012).

Con base a lo ante­ri­or, Goméz (2011) sostiene que las creen­cias y las tradi­ciones reli­giosas des­de hace sig­los se han car­ac­ter­i­za­do por man­ten­er el con­trol de la sociedad por medio de sus ide­ologías, sien­do la muerte una cuestión rela­ciona­da con la moral­i­dad, procla­man­do la “sal­vación” en las bue­nas acciones, el arrepen­timien­to de los peca­dos, el encuen­tro espir­i­tu­al con Dios, y la ayu­da hacia el próji­mo; opuesto, de aque­l­las per­sonas que deci­den no bus­car la sanación para su alma, quienes segu­ra­mente no ten­drán un lugar en el cielo y serán dester­ra­dos de la opor­tu­nidad de gozar de cada uno de los ben­efi­cios que prom­ete la sal­vación del alma; aun cuan­do los famil­iares se esfuercen por rezar para que esta encuen­tre la luz y la paz que necesita.

Las creen­cias reli­giosas hacia la muerte o la vida después de la muerte poseen un fuerte com­po­nente emo­cional que le per­mite a la humanidad no solo sen­tir, actu­ar y rela­cionarse con los demás; sino tam­bién, dar un sen­ti­do al mun­do al atribuir causas a los efec­tos, al procu­rar la efi­ca­cia de las acciones, o bien, el sen­tir el con­trol de su propia vida. Así lo señala Dar­win (1987, p.47):

“El sen­timien­to de la devo­ción reli­giosa es muy com­ple­jo: com­pó­nese de amor, de una sum­isión com­ple­ta a un supe­ri­or mis­te­rioso y ele­va­do, de un gran sen­timien­to de depen­den­cia, de miedo, de rev­er­en­cia, de grat­i­tud, de esper­an­za para el por­venir, y quizás tam­bién de otros sen­timien­tos. Emo­ción tan com­ple­ja no la podrá sen­tir ningún ser que no hubiese lle­ga­do a algu­na supe­ri­or­i­dad de fac­ul­tades morales e intelectuales”.

Estas creen­cias, la may­or parte de las veces se encuen­tran incor­po­radas en las ide­ologías y exis­ten den­tro de orga­ni­za­ciones más o menos estruc­turadas. Se for­man a través de un pro­ce­so de inter­nal­ización indi­vid­ual; sin embar­go, no pueden indi­vid­u­alizarse por com­ple­to, dado que todo sis­tema reli­gioso se orig­i­na a par­tir de la con­tin­ua activi­dad social de inter­pre­tar la real­i­dad. Con­sti­tuyen el fun­da­men­to jus­ti­fica­ti­vo de la acción humana, a pesar de que en oca­siones es difí­cil dar cuen­ta de aque­l­lo que se cree (Fer­nán­dez, 2006; Pepi­tone, 1991; Scharf, 1974).

Des­de la cien­cia psi­cológ­i­ca, se establece que el ser humano tan­to puede ser por­ta­dor de creen­cias, como un recep­tor de ellas, toman­do en cuen­ta la influ­en­cia del con­tex­to en el que se desen­vuelve (Remoli­na, 2008). Así las creen­cias reli­giosas sobre la vida después de la muerte pueden ser solo una expre­sión de la influ­en­cia social.

Como se obser­va, a pesar de la certeza y de la uni­ver­sal­i­dad fác­ti­ca de la muerte, han sido muchos los mod­os, y a veces casi opues­tas entre sí, las for­mas en que ha sido descri­ta, com­pren­di­da y expli­ca­da. No obstante, la muerte y la vida después de la muerte no son los úni­cos fenó­menos que cau­san incer­tidum­bre en el ser humano, tal es el caso del fenoméno de la vida en sí mismo.

Con­cep­tu­al­ización de vida

Ante­ri­or­mente se ha hecho énfa­sis en la necesi­dad del ser humano por enten­der todos aque­l­los fenó­menos inher­entes a su exis­ten­cia, sien­do asi la “vida” uno de los con­cep­tos pri­mor­diales. Exis­ten muchas teórias que ofre­cen una defini­ción acer­ca de lo que es la vida y su origen.

La Real Acad­e­mia Españo­la (2021) define a la vida como:

1) Fuerza o activi­dad inter­na sus­tan­cial, medi­ante la que obra el ser que la posee, 2) Unión del alma y del cuer­po, 3) Ser humano, 4) Relación o his­to­ria de las acciones nota­bles eje­cu­tadas por una per­sona durante su vida, y 5) Esta­do del alma después de la muerte.

Las primeras defini­ciones acer­ca de la vida vienen de la filosofía con las ideas de Tales de Mile­to, quien establecía que la vida esta­ba en el agua; mien­tras que Aristóte­les sostenía la idea de que los obje­tos se difer­en­cia­ban de las cosas vivas, por esta capaci­dad que tienen de orga­ni­zarse pese a las condi­ciones exter­nas e inter­nas del medio ambi­ente; cada una de estas aprox­i­ma­ciones nacieron a par­tir del sen­ti­do común y de esta curiosi­dad por encon­trar una expli­cación racional acer­ca de cuál es el ori­gen de la vida, recur­rien­do a una serie de instru­men­tos, con­cep­ciones y teorías que le ayu­darán al ser humano en ese momen­to a respon­der las inter­ro­gantes de su exis­ten­cia (Álvarez, Gam­boa, Gar­cía, Cedeño y Bolaños, 2017).

Des­de la visión reli­giosa, el ori­gen de la vida se puede explicar a través del “Géne­sis” el cual con­tex­tu­al­iza la pres­en­cia hacia la nat­u­raleza de un ver­dadero Dios como un solo ser, omnipo­tente, bueno y omni­sciente; den­tro de la Bib­lia, el Géne­sis nar­ra como Dios en tan solo siete días fue cre­an­do paso a paso des­de la nat­u­raleza has­ta el ser humano (Adán y Eva); esta con­cep­ción de vida esta­ba basa­da en la “per­fec­ción”, dicho de otra man­era, hace ref­er­en­cia a una vida libre del peca­do, donde los primeros hom­bres esta­ban des­ti­na­dos a vivir en armonía y seguir los pre­cep­tos de su creador, no obstante, tal cual lo expre­sa la Bib­lia, al com­er el fru­to pro­hibido, estas per­sonas se dotaron de con­cien­cia, la mis­ma que les ha per­mi­ti­do has­ta la actu­al­i­dad trans­for­mar su modo de vida (Álvarez, Gam­boa, Gar­cía, Cedeño y Bolaños, 2017).

Sigu­ien­do esta idea, el con­cep­to de la vida se vuelve un con­cep­to ide­al­ista, y a pesar de que hoy en día hay un sin fín de orga­ni­za­ciones reli­giosas, todas con­cuer­dan en la idea de que existe un ser supe­ri­or o ente divi­no que brindó un alma viva a una carne inan­i­ma­da y con ello, dis­eñó la vida con un propósi­to deter­mi­na­do, imposi­bil­i­tan­do así, la opor­tu­nidad de que el hom­bre conoz­ca cuál es el sen­ti­do y esen­cia de su propia vida, per­di­en­do abso­lu­ta­mente el con­trol de ella (Oparin, 2003).

Por otra parte des­de la per­spec­ti­va biológ­i­ca Oparin (2003) sostiene la idea de que la vida es de nat­u­raleza mate­r­i­al y que gra­cias a ello los seres humanos pueden estu­di­ar cada una de las leyes que le per­miten mod­i­ficar y trans­for­mar el ambi­ente en el que se encuen­tra; aunque den­tro de su conocimien­to exis­ten cir­cun­stan­cias que resul­tan intan­gi­bles, encon­tran­do así una lim­i­tante para com­pren­der cada uno de los fenó­menos exis­tentes; ante ello, en algu­nas oca­siones recurre a plantear una serie de expli­ca­ciones sobre­nat­u­rales para dotar de sen­ti­do a cada uno de esos fenómenos.

Por lo ante­ri­or, para este autor la primera eta­pa del ori­gen de la vida se remon­ta a la for­ma­ción de sus­tan­cias organ­i­cas bási­cas, las mis­mas que al com­bi­na­rse con otros ele­men­tos como el car­bono, el azufre, el nitrógeno, etc., dan paso a la for­ma­ción de sus­tan­cias más com­ple­jas, que con­forme se iban mez­clan­do iban cre­an­do com­puestos como car­bo­hidratos, pro­teí­nas y aminoá­ci­dos, las cuales se alma­cen­a­ban en el agua.

Del mis­mo modo, otra de las teorías más pop­u­lares respec­to al ori­gen de la vida es la hipóte­sis del Big Bang, la cual establece que hace miles de mil­lones de años, había una con­cen­tración de mate­ria suma­mente pequeña, la cual un día explotó en gran espa­cio en blan­co, lo cual dio lugar a que toda esta mate­ria se empezara a espar­cir, y a agru­par para dar paso a las primeras estrel­las y galax­i­as, respon­s­ables de for­mar el uni­ver­so tal cual se conoce en la actu­al­i­dad (Tor­res, 2017).

Con­tin­uan­do con las con­cep­ciones cien­tí­fi­cas, des­de el pun­to de vista de la biología con­tem­poránea, una com­pren­sión ade­cua­da de las propiedades mín­i­mas requeri­das para que un sis­tema pue­da ser con­sid­er­a­do vivo requiere el reconocimien­to de la evolu­ción y de los pro­ce­sos impli­ca­dos en ello. En este sen­ti­do, la condi­ción de vida es mar­ca­da por la tran­si­ción de reac­ciones pura­mente quími­cas a enti­dades autóno­mas y repro­duc­toras capaces de evolu­cionar por selec­ción (Tirard, Mor­ange & Laz­cano, 2010).

En témi­nos gen­erales, cabe señalar que, de acuer­do con Oliv­er y Per­ry (2006) los inten­tos de abor­dar la defini­ción de sis­temas vivos a menudo con­ducen nada más que a car­ac­ter­i­za­ciones fenom­e­nológ­i­cas de la vida, que a su vez a menudo se reducen a una mera lista de propiedades obser­vadas (o inferi­das). Estos inven­tar­ios son no solo insat­is­fac­to­rios des­de un pun­to de vista epis­te­mológi­co, sino que tam­bién pueden vol­verse obso­le­tos fácil­mente y no pro­por­cionar cri­te­rios sufi­cientes por los cuales se pue­da definir el tema de la vida.

Hoy en día, el tema de la vida se ha vuel­to muy con­tro­ver­sial, no solo por lo que se plantea en fun­ción de su con­cep­ción y ori­gen, sino más bien, por la parte bioéti­ca que ha gen­er­a­do un sin fín de debates por cues­tiones de carác­ter moral, y que al final del día están deter­mi­na­dos por el sis­tema de creen­cias rad­i­cales o de suprema­cía que tiene un indi­vid­uo. A modo de ejem­p­lo, el tema del abor­to, la clonación de ani­males, la fecun­dación in-vit­ro, la eutana­sia, etc., son for­mas de alter­ar la nat­u­raleza de la vida humana, y por lo tan­to su cur­so, per­di­en­do el “sen­ti­do” no solo de la vida mis­ma, ya que tam­bién se ponen en tela de juicio los val­ores que una per­sona debe ten­er para poder acep­tar la tran­si­ción nat­ur­al de este fenó­meno (Boladeras, 2007).

La muerte y la vida como fenó­menos que for­man parte de la nat­u­raleza y condi­ción humana, tra­scien­den más allá de un mero hecho biológi­co, pues traen con­si­go impor­tantes reper­cu­siones des­de los pun­tos de vista antropológi­cos, psi­cológi­cos, morales, sociales, filosó­fi­cos, reli­giosos, etc. El carác­ter mis­te­rioso de cada uno y los sufrim­ien­tos que nor­mal­mente los prece­den, han impre­sion­a­do al ser humano de todas las épocas.

Cabe señalar que, si se con­sid­era el impacto que tienen las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta sobre estos even­tos tan fun­da­men­tales para el ser humano, con­ducen a plantear la idea de su val­or como guías ori­en­ta­do­ras del com­por­tamien­to humano, cuyo fun­da­men­to cien­tí­fi­co, reli­gioso y sec­u­lar refuerza tan­to la idea de ten­er el con­trol abso­lu­to sobre ellos como la perte­nen­cia del ser humano a un grupo, ele­men­tos que han sido nece­sar­ios a niv­el evo­lu­ti­vo para el desar­rol­lo de la humanidad (Cas­tril­lón, 2019). Aho­ra bien, si se establece la relación de estos fenó­menos, vía las creen­cias, con prob­lemáti­cas sociales que aque­jan a la sociedad hoy en día tales como el con­tex­to actu­al oca­sion­a­do por la pan­demia por Covid-19, se puede lle­gar a com­pren­der las con­duc­tas adop­tadas por la población en gen­er­al durante el confinamiento.

Esta relación entre creen­cias de suprema­cía y el com­por­tamien­to emi­ti­do por las per­sonas ante esta pan­demia es muy alta, por ello, Ramakr­ish­nan (2020, cita­do en, la Redac­ción, 2020) men­ciona que ten­emos que emerg­er de la pan­demia menos arro­gantes, esto al con­sid­er­ar que como seres humanos sen­ti­mos que hemos dom­i­na­do la nat­u­raleza, que hemos dom­i­na­do la tec­nología, que somos los amos del uni­ver­so, es decir, debe­mos ten­er menos esa sen­sación de que podemos con­tro­lar todo para con­stru­ir una sociedad más resiliente.

Pan­demia por Covid-19

Actual­mente la sociedad se encuen­tra en una cri­sis que ha hecho que el ser humano se cues­tione aún más las inter­ro­gantes respec­to a la vida, la muerte y la vida después de la muerte, ya que la pan­demia por Covid-19 ha sido el refle­jo de cómo las per­sonas man­i­fi­es­tan sus creen­cias a través de sus con­duc­tas, y de cómo una situación de esta índole puede lle­var a cues­tionar tan­to pen­samien­tos e ide­ologías como la toma de deci­siones irra­cionales a con­se­cuen­cia de la influ­en­cia y la coop­eración social (Gómez, 2020).

A finales del 2019 en la ciu­dad de Wuhan Chi­na se empez­a­ban a repor­tar los primeros 27 casos de neu­monía, donde 7 de ellos se encon­tra­ban suma­mente graves, has­ta ese momen­to se desconocían las causas; para el 7 de enero del 2020 el min­is­te­rio de sanidad de Chi­na logra iden­ti­ficar un nue­vo coro­n­avirus, el cual se propaga­ba de man­era inmedi­a­ta con el sim­ple con­tac­to con las per­sonas (a través de las vías res­pi­ra­to­rias, medi­ante la tos, la sali­va, los estor­nudos, etc.); para medi­a­dos de enero ya se había repor­ta­do un aumen­to cre­ciente en los con­ta­gios, además de que ya no solo se trata­ba de Chi­na, sino que empez­a­ba el con­ta­gio en otros país­es, por lo que ante dicha situación en mar­zo del 2020 la Orga­ni­zación Mundi­al de la Salud (OMS) se vio en la necesi­dad de aler­tar a todo el mun­do sobre la lle­ga­da de una pan­demia (Maguiña, Gaste­lo y Tequen, 2020; Cortés y Pon­ciano, 2021).

La actu­al pan­demia de Covid-19, pro­duci­da por una cepa mutante de coro­n­avirus el SARS-CoV­‑2, ha gen­er­a­do en todo el mun­do, en el siglo xxi, una sev­era cri­sis económi­ca, social y de salud, nun­ca antes vista (Maguiña, Gaste­lo y Tequen, 2020). En Méx­i­co, por ejem­p­lo, has­ta el 18 de noviem­bre del 2021 los casos pos­i­tivos esti­ma­dos eran 4,076,789, las defun­ciones esti­madas 305,518 y los activos esti­ma­dos de 20,115 (Gob­ier­no de Méx­i­co, 2021).

De acuer­do a las inves­ti­ga­ciones real­izadas a lo largo de este tiem­po se ha logra­do ten­er cada vez más, infor­ma­ción clara y con­cisa respec­to al SARS-CoV­‑2, deducien­do que su ráp­i­da mul­ti­pli­cación se debe a que su mate­r­i­al genéti­co se repite en un 80%; este virus tiene como fór­mu­la glu­co­pro­teí­nas trans­mem­brana, lo cual per­mite que se adhiera a la célu­la obje­ti­vo, en donde ocurre la repli­cación viral del ARN.

De acuer­do con Maguiña, Gaste­lo y Tequen (2020) los datos rela­ciona­dos con la mor­tal­i­dad de esta enfer­medad se basan en tres cri­te­rios prin­ci­pal­mente: el primero, establece de man­era gen­er­al que los informes de Chi de los CDC sug­ieren una tasa de letal­i­dad de 0,25–3% ; en segun­do lugar, tam­bién se encuen­tra una relación con la ubi­cación geográ­fi­ca en donde se desar­rol­la el virus, lo cual va a ten­er como con­se­cuen­cia una variación en cuan­to a los val­ores estadís­ti­cos; por últi­mo, las aprox­i­ma­ciones de mor­tal­i­dad tam­bién pueden estar influ­en­ci­adas por datos demográ­fi­cos y deter­mi­nantes sociales.

Los deter­mi­nantes sociales según la Orga­ni­zación Mundi­al de la Salud (OMS, 2021) se definen como:

“Las cir­cun­stan­cias en que las per­sonas nacen cre­cen, tra­ba­jan, viv­en y enve­je­cen, inclu­i­do el con­jun­to más amplio de fuerzas y sis­temas que influyen sobre las condi­ciones de la vida cotidiana”.

Las cues­tiones de las que se habla están deter­mi­nadas por las políti­cas públi­cas, la dis­tribu­ción económi­ca, los sis­temas políti­cos, etc., los cuales van a depen­der de cada país; por ejem­p­lo, Méx­i­co es cono­ci­do por la gran diver­si­dad social, económi­ca, cul­tur­al y ecológ­i­ca; no obstante, esta diver­si­dad es solo un camu­fla­je que esconde el tras­fon­do que tiene el país, ya que tiene una gran brecha en cuan­to a la inclusión, la pobreza y el acce­so a los ser­vi­cios de salud; de este modo las prin­ci­pales deter­mi­nantes sociales que ponen en desven­ta­ja a la población mex­i­cana son: los gru­pos vul­ner­a­bles, la edad, el sexo, los índices de mor­tal­i­dad y mor­bil­i­dad, la esco­lar­i­dad, el niv­el socioe­conómi­co y el ámbito lab­o­ral (Cortés y Pon­ciano, 2021).

Toda esta situación ha tenido como con­se­cuen­cia inmedi­a­ta, a niv­el psi­cológi­co, una serie de malestares, como el miedo, las per­cep­ciones dis­tor­sion­adas y una incer­tidum­bre exce­si­va; lo cual ha lle­va­do al ser humano a com­por­tarse de una man­era neg­a­ti­va reper­cutien­do no solo sobre su salud, sino tam­bién sobre la salud de la sociedad en gen­er­al. Ante situa­ciones como esta, el ser humano pone a prue­ba su capaci­dad para hac­er frente a la adver­si­dad, dan­do paso al desar­rol­lo de acti­tudes neg­a­ti­vas hacia la pan­demia, o bien, con­cep­ciones, ideas y creen­cias a veces irra­cionales (Urzua, Vera, Caqueo y Polan­co, 2020; Nuñez, Cas­tro, Tapia, Bruno y De Leon, 2020).

Bajo estos tér­mi­nos, se debe recono­cer que cuan­do el ser humano se ve amen­za­do suele con­ducirse de man­era “irra­cional” ponien­do en tela de juicio esa capaci­dad para afrontar una situación de tal mag­ni­tud, bus­can­do de primera instan­cia sat­is­fac­er sus necesi­dades bási­cas, cayen­do en el ego­is­mo y la suprema­cía de la que se habla­ba con ante­ri­or­i­dad, puesto que la sen­sación de pér­di­da de con­trol ante las situa­ciones adver­sas cam­bia por com­ple­to las expec­ta­ti­vas respec­to al futuro y el sen­ti­do de la vida, bus­can­do encon­trar esas respues­tas a toda cos­ta; sin embar­go, es suma­mente con­tra­dic­to­rio que al mis­mo tiem­po las situa­ciones de cri­sis generen una gran empatía, trans­for­man­do tan­to las creen­cias de suprema­cía como las acti­tudes neg­a­ti­vas en otras for­mas de coop­eración y de super­viven­cia, en donde sal­gan ben­e­fi­ci­a­dos la may­or parte de la sociedad, o al menos eso es lo que se bus­ca (Jaimes, 2020).

La pan­demia por Covid-19 está llena de parado­jas, rev­ela el orden ocul­to de las cosas. Pero no en sen­ti­do mís­ti­co: rev­ela que el ser humano es un sis­tema com­ple­jo y está hecho de inter­rela­ciones (Behncke, 2020, como se citó en, Pais, 2020). Esta inter­relación está con­sti­tu­i­da no solo por la parte ambi­en­tal, biológ­i­ca y social del ser humano, sino tam­bién por la parte psi­cológ­i­ca, la cual alude a la for­ma en cómo el ser humano está enten­di­en­do, com­pren­di­en­do y tratan­do de explicar esta pan­demia en gen­er­al. Al respec­to, Grace (2020, como se citó en, Mar­tins, 2020) sostiene que el mun­do se enfocó cor­rec­ta­mente en la respues­ta médi­ca y en reini­ciar la economía de cada país, sin embar­go, a menos que se vean cuáles son las fuentes de esta cri­sis, la pan­demia estará lejos de cul­mi­nar, o bien, se van a ten­er más iguales o peo­res que ella. Después de todo, uno de los propul­sores prin­ci­pales de esta emer­gen­cia san­i­taria, es el com­por­tamien­to humano y auna­do a él, las acti­tudes que los seres humanos tienen sobre las medi­das san­i­tarias que se están imple­men­tan­do a niv­el mundi­al así como las creen­cias que se tienen sobre el ori­gen del pro­pio virus.

Materiales y Métodos 

Par­tic­i­pantes

Se selec­cionó una mues­tra no prob­a­bilís­ti­ca de 1200 habi­tantes de la población en gen­er­al de los cuales el 48.9% son hom­bres y el 51.1% mujeres. El 5.6% tiene esco­lar­i­dad bási­ca, 23.2% media supe­ri­or, 63.6% esco­lar­i­dad supe­ri­or y, final­mente, el 7.7% cuen­ta con un pos­gra­do. En cuan­to a religión, el 58.5% es católi­co, 8.3% cris­tiano, un 7.7% prác­ti­ca una religión difer­ente a las ante­ri­ores y, el 25.6% declaró no prac­ticar algu­na religión. En cuan­to al esta­do civ­il, el 58% son solteros, mien­tras que el 42% son casa­dos. Del total de la mues­tra, el 54.5% percibe de 1 a 3 salarios mín­i­mos, 24.9% de 4 a 6 salarios mín­i­mos, un 13.6% de 7 a 9 salarios mín­i­mos y, el 7% percibe más de 10 salarios mín­i­mos. Con respec­to a la edad, el 37.8% se encuen­tra en un ran­go entre 18 y 29 años, 15.8% entre 30 y 39 años, 19.3% de 40 a 49 años, 13.3% entre 50 y 59 años y, 13.7% de 60 años en ade­lante. Final­mente, de la mues­tra en su con­jun­to el 43.8% perdió algun famil­iar a causa de la pan­demia por Covid-19, mien­tras que el 56.2% no pade­ció de ello.

Instru­men­to

El instru­men­to que se uti­lizó para medir las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta hacia la muerte, la vida y el Covid-19 se encuen­tra con­sti­tu­i­do por 37 reac­tivos dis­tribui­dos en seis fac­tores que rep­re­sen­tan las creen­cias cien­tí­fi­cas, reli­giosas y sec­u­lares de la población en gen­er­al sobre estos temas. La con­fi­a­bil­i­dad del instru­men­to pre­sen­ta un val­or del coe­fi­ciente alpha de Cron­bach de .867 y una var­i­an­za total expli­ca­da de 54.411%.

Pro­ced­imien­to

La escala fue apli­ca­da a la mues­tra selec­ciona­da a través de medios dig­i­tales hacien­do uso de redes sociales como vía de dis­tribu­ción, entre ellas se uti­lizó Face­book, For­mu­la­rios Google, correo elec­tróni­co y What­sApp. Al no ten­er un con­tac­to direc­to con los par­tic­i­pantes, cada una de las escalas con­tó con la infor­ma­ción nece­saria para su llena­do. Esta infor­ma­ción alu­dia a los obje­tivos, car­ac­terís­ti­cas, condi­ciones del estu­dio y la con­fi­den­cial­i­dad de la infor­ma­ción brinda­da en caso de acep­tar con­tes­tar­la. Asimis­mo, se especi­ficó las instruc­ciones de llena­do del instru­men­to ase­gu­ran­do que los par­tic­i­pantes com­prendier­an por com­ple­to lo solic­i­ta­do. La apli­cación total de las escalas se llevó a cabo en un perío­do aprox­i­ma­do de mes y medio. Una vez recolec­ta­da la infor­ma­ción, se pro­cedió al análi­sis estadís­ti­co de los datos obtenidos.

Resultados

Propiedades psi­cométri­c­as del instrumento

La capaci­dad dis­crim­i­na­ti­va del instru­men­to se refle­ja en el índice de dis­crim­i­nación, este índice de cor­relación reac­ti­vo-total refle­ja el gra­do de homo­genei­dad de los reac­tivos que lo com­po­nen. En tal caso, los val­ores del índice están com­pren­di­dos entre .075 (reac­ti­vo 36) y .596 (reac­ti­vo 22). A través de este análi­sis no se elim­inó algún reac­ti­vo, debido a que, el val­or del “Alfa si se elim­i­na el ele­men­to” no afec­tó el val­or del coe­fi­ciente obtenido pre­vi­a­mente de α = .867 (Ver, Tabla 1).

Tabla 1. Media, desviación estándar y estadística de relación reactivo – total en el instrumento de creencias de supremacía absoluta sobre muerte, vida y COVID-19
Reac­ti­vo Media D.E Cor­relación ele­men­to-total corregida Alfa de Cron­bach si se elim­i­na el elemento
1 2.72 1.352 .548 .859
2 3.83 1.232 .090 .869
3 2.65 1.326 .537 .859
4 3.80 1.136 .276 .865
5 3.34 1.282 .151 .868
6 2.58 1.108 .214 .866
7 2.76 1.243 .522 .860
8 1.63 .901 .335 .864
9 3.10 1.180 .498 .860
10 3.26 1.214 .238 .866
11 1.78 .937 .354 .864
12 3.17 1.184 .317 .864
13 3.15 1.120 .187 .867
14 2.68 1.355 .580 .858
15 1.81 1.015 .471 .861
16 2.92 1.215 .517 .860
17 2.89 1.417 .592 .857
18 2.96 1.067 .378 .863
19 2.61 1.241 .408 .862
20 3.35 1.254 .127 .869
21 3.14 1.184 .377 .863
22 2.46 1.317 .596 .858
23 1.98 1.025 .350 .864
24 2.34 1.299 .540 .859
25 2.43 1.046 .365 .863
26 2.96 1.371 .553 .859
27 3.54 1.165 .175 .867
28 2.21 1.186 .564 .859
29 2.55 1.186 .195 .867
30 3.32 1.185 .185 .867
31 2.27 1.199 .546 .859
32 3.41 1.123 .119 .868
33 3.26 1.136 .087 .869
34 3.01 1.203 .486 .861
35 2.07 .957 .401 .863
36 2.84 1.106 .075 .869
37 3.18 1.146 .263 .865

Los estadís­ti­cos descrip­tivos de los resul­ta­dos de la pun­tuación en cada reac­ti­vo, con­sideran­do la dis­tribu­ción de las respues­tas a través de las medias, las var­i­an­zas y las desvia­ciones están­dar mues­tran los sigu­ientes val­ores. Para las estadís­ti­cas de escala, la media indi­ca un val­or de 103.95, la var­i­an­za se sitúa en un 331.158 y un val­or de 18.198 para la desviación están­dar con 37 ele­men­tos analizados.

Después del pro­ce­so de análi­sis de con­fi­a­bil­i­dad, se llevó a cabo el test de Kaiser-Mey­er-Olkin (KMO) y el Test de Esfe­ri­ci­dad de Bartlett. Los resul­ta­dos para estas prue­bas indi­can que la medi­da de ade­cuación mues­tral KMO obtu­vo un val­or igual a 0.941 y la prue­ba de Esfe­ri­ci­dad de Bartlett mues­tra un val­or aprox­i­ma­do de c2= 32902.087 para 666 gl con una p=.000.

Aho­ra bien, con el fin de encon­trar el número mín­i­mo de fac­tores homogé­neos capaces de explicar el máx­i­mo de infor­ma­ción de los datos obtenidos, a la escala con­for­ma­da por 37 reac­tivos se le aplicó el análi­sis fac­to­r­i­al exploratorio.

A través del méto­do de extrac­ción de análi­sis de com­po­nentes prin­ci­pales y el méto­do de rotación Vari­max con nor­mal­ización Káis­er que con­vergió en 9 itera­ciones se obtu­vieron un total de seis fac­tores. Auna­do a ello, a través del val­or de la comu­nal­i­dad de cada reac­ti­vo se elim­i­naron aque­l­los que se encon­traron por deba­jo de 0.35 por lo que se extra­jó solo el reac­ti­vo número 35.

En cuan­to a la grá­fi­ca de sed­i­mentación, esta indi­ca que los seis primeros com­po­nentes prin­ci­pales tienen val­ores pro­pios may­ores que 1. Estos seis com­po­nentes expli­can 54.411% de la variación en los datos. La grá­fi­ca de sed­i­mentación mues­tra que los val­ores pro­pios comien­zan a for­mar una línea rec­ta después del sex­to com­po­nente prin­ci­pal (Ver, Grá­fi­co 1).

Grafico 1. Gráfico de sedimentación 

Los seis fac­tores en su con­jun­to expli­can el 54.411% de la var­i­an­za total de la escala. Los val­ores de la var­i­an­za total expli­ca­da para cada fac­tor se mues­tran a con­tin­uación (Ver, Tabla 2).

Tabla 2. Varianza explicada, varianza acumulada, medias y desviaciones estándar de cada factor
Fac­tores % var­i­an­za explicada %

var­i­an­za acumulada

M DE
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. 25.436 25.436 2.66 1.007
FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. 13.500 38.936 1.95 .665
FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19. 5.455 44.391 3.22 .818
FACTOR 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte. 4.075 48.466 3.50 .802
FACTOR 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida. 3.001 51.467 3.07 .673
FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus. 2.944 54.411 2.97 .906

La solu­ción fac­to­r­i­al obteni­da para la escala de creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta hacia la muerte, la vida y el Covid-19 se mues­tra en la tabla 3.

Tabla 3. Matriz de componentes rotados, varianza total explicada y Alpha de Cronbach por factores
Reac­ti­vo Car­ga Factorial
FACTOR 1 FACTOR 2 FACTOR 3 FACTOR 4 FACTOR 5 FACTOR 6
Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19 Creen­cia científica:

La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19

Creen­cia científica:

Con­cep­tu­al­ización de muerte

Creen­cia científica:

Con­cep­tu­al­ización de vida

Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus
16. Más allá de todo, Dios es el prin­ci­pio y fin de todas las cosas. .881 .106 -.081 .026 -.056 .064
13. Creo que las per­sonas deben toda su exis­ten­cia al Creador. .847 .182 -.046 -.042 -.092 .063
25. Por enci­ma de todo, para mí, la Vida es un don divino. .808 .072 -.096 .070 -.007 .078
21. Por enci­ma de todo, Dios es el úni­co que tiene el poder de quitar la vida a la humanidad. .798 .259 .006 .009 -.095 .030
37. La vida eter­na es un esta­do de comu­nión con Dios. .793 .121 -.047 -.024 .008 .035
2. Defin­i­ti­va­mente es Dios quién decide cuan­do debe morir un ser vivo. .769 .176 -.069 -.033 -.016 .042
6. La Vida es sólo el pro­duc­to de una fuente div­ina que se creó con un propósi­to determinado. .751 .098 -.094 -.036 .051 .092
23. Para alcan­zar la vida eter­na sólo se nece­si­ta obe­de­cer los pre­cep­tos de Dios todopoderoso. .750 .320 -.073 .021 -.127 -.012
27. Dios es el úni­co que sal­vará a la humanidad de la pan­demia por coronavirus. .712 .431 -.034 -.053 -.059 -.052
30. Creo que sólo Dios tiene el poder de sanar a los enfer­mos de coronavirus. .693 .424 -.053 -.033 -.064 -.047
15. Lo úni­co que que­da de las per­sonas al morir es su alma. .611 -.022 -.004 -.069 .353 .202
8. La muerte físi­ca de los seres humanos es sola­mente el paso a otra vida. .597 -.030 .057 -.175 .399 .137
22. Defin­i­ti­va­mente el con­sumo de dióx­i­do de cloro mata al coronavirus. .186 .651 -.097 .119 -.029 .108
7. Creo que la enfer­medad de COVID-19 es sin duda un cas­ti­go de Dios. .227 .641 .007 -.268 .096 .035
34. En defin­i­ti­va, las ter­apias alter­na­ti­vas son las úni­cas que sanan a los enfer­mos por coronavirus. .175 .637 .026 .052 .159 .044
10. Sin duda algu­na el coro­n­avirus puede elim­i­narse a través de cura­ciones espirituales. .319 .611 -.171 -.192 .117 .008
14. Creo que la enfer­medad de COVID-19 es defin­i­ti­va­mente la man­i­festación del poder de Dios sobre la humanidad. .448 .568 .007 -.150 .049 .016
24. Los suple­men­tos vita­míni­cos son los úni­cos que pre­vienen la enfer­medad por COVID-19. .083 .511 .287 .137 -.030 .216
28. Defin­i­ti­va­mente las mas­car­il­las faciales son las úni­cas her­ramien­tas que pre­vienen la infec­ción por COVID-19. -.037 .193 .698 .048 -.014 -.107
9. Las vac­u­nas son en defin­i­ti­va la úni­ca her­ramien­ta de la que dispone el ser humano para erradicar el coronavirus. -.009 -.077 .680 .126 .130 .158
12. La cien­cia es la úni­ca her­ramien­ta que podrá pro­lon­gar la vida de los organ­is­mos de man­era indefinida. -.168 -.001 .602 .120 .273 .191
29. Sola­mente la cien­cia puede deter­mi­nar cuan­do una per­sona está muerta. -.072 -.099 .560 .273 .232 .012
1. La cien­cia es la úni­ca fuente de conocimien­to que puede curar a las per­sonas enfer­mas de COVID-19. -.133 -.259 .516 .319 .203 .068
4. La muerte biológ­i­ca es la úni­ca que pro­duce muerte total del ser humano. -.053 .002 .176 .700 .022 -.040
3. Por enci­ma de todo, es sólo el ser humano quien crea sus propias condi­ciones de vida. .111 -.109 .048 .644 .213 .150
19. Creo que es imposi­ble aún para el ser humano volver a la vida después de su muerte. -.050 -.009 .217 .459 .022 .040
26. Defin­i­ti­va­mente el ser humano es el úni­co que tiene el poder de erradicar la pan­demia por COVID-19. -.113 -.175 .306 .365 .334 .287
32. La Vida es úni­ca­mente el resul­ta­do históri­co de una com­bi­nación de ele­men­tos físi­co-quími­cos y selec­ción natural. -.328 -.005 .270 .320 .595 .009
31. Más allá de todo, con­sidero que la Vida es sólo el pro­duc­to de la evolu­ción biológica. -.304 -.014 .316 .339 .550 .067
36. La muerte del ser humano es úni­ca­mente el efec­to de sus condi­ciones de vida. -.021 .106 .057 .401 .475 .045
33. Con­sidero que, sólo el ser humano está con­for­ma­do por cuer­po y alma. .440 .026 .143 -.018 .458 .126
5. Creo que, en defin­i­ti­va, es inex­is­tente algún medica­men­to que cure la enfer­medad por COVID-19. .074 .198 .111 -.031 .373 -.111
17. Creo que, la Vida es úni­ca­mente el pro­duc­to de las rela­ciones inter­per­son­ales del ser humano. .106 .169 .247 .276 .351 .133
11. Creo que, sólo el ser humano posee los conocimien­tos sufi­cientes para crear el virus que gen­era el COVID-19. .089 .091 .171 .106 .079 .668
20. Con­sidero que, la cien­cia es la úni­ca que tiene las her­ramien­tas sufi­cientes para gener­ar virus sin prob­le­ma alguno. .091 .105 .332 .146 .079 .664
18. Para mí, el COVID-19 es sólo una enfer­medad crea­da por la cien­cia para con­tro­lar la sobre­población mundial. .253 .386 -.130 .085 .051 .573
Total de reactivos 12 6 5 4 6 3
% de Var­i­an­za Total Explicada 25.436 13.500 5.455 4.075 3.001 2.944
Val­or de coe­fi­ciente Alpha de Cronbach .942 .764 .722 .573 .636 .617

FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios. El con­tenido de este fac­tor alude a la diver­si­dad de creen­cias reli­giosas de suprema­cía abso­lu­ta que enfa­ti­zan en que la vida es un don, un rega­lo sagra­do que ha sido dado por Dios, donde úni­ca­mente él tiene dere­cho a decidir cuán­do la infunde a un cuer­po y cuán­do su tiem­po de estancia en la tier­ra ha ter­mi­na­do. Ver­sa sobre creen­cias sobre­nat­u­rales tales como la inmor­tal­i­dad, res­ur­rec­ción y trascen­den­cia; así como en la obe­di­en­cia en leyes div­inas y el des­ti­no del alma en vidas pos­te­ri­ores; auna­do a ello, este fac­tor rep­re­sen­ta las creen­cias sobre la sal­vación, recibir el perdón de los peca­dos y la vida eter­na, lo cual está deter­mi­na­do por la relación que cada ser humano ten­ga con Dios. En con­se­cuen­cia y con moti­vo de la pan­demia por coro­n­avirus, tam­bién se con­sid­era que Dios es el úni­co que puede sal­var a la humanidad de la enfer­medad por Covid-19. El val­or de alpha de Cron­bach para este fac­tor es de .942 con una var­i­an­za total expli­ca­da de 25.436%.

FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19. Con un val­or de alpha de Cron­bach igual a .764 y una var­i­an­za total expli­ca­da de 13.500%, este fac­tor está com­puesto por una serie de creen­cias reli­giosas de suprema­cía abso­lu­ta sobre los poderes de Dios sobre la humanidad, esto al oca­sion­ar la pan­demia por coro­n­avirus como cas­ti­go a sus peca­dos cometi­dos, así como creen­cias sec­u­lares de suprema­cía abso­lu­ta sobre la efi­ca­cia de difer­entes ter­apias alter­na­ti­vas para sanar dolores físi­cos y emo­cionales que aque­jan al ser humano, especí­fi­ca­mente los sín­tomas cau­sa­dos por el Covid-19.

Con un val­or de alpha de Cron­bach igual a .722 y una var­i­an­za total expli­ca­da de 5.455%, el FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19, rep­re­sen­ta a las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta cuyo fun­da­men­to se basa en la cien­cia para deter­mi­nar lo que es estar vivo y lo que es estar muer­to. Se con­sid­era que la cien­cia es la úni­ca que puede a través de sus avances en la clonación mol­e­c­u­lar, ter­apia celu­lar regen­er­a­ti­va o la crio­genia pro­lon­gar la vida del ser humano de man­era indefini­da. Asimis­mo, sobre este con­tex­to se pre­sen­tan creen­cias que alu­den a que los avances de la cien­cia tales como el desar­rol­lo de vac­u­nas y los pro­to­co­los de salud son los úni­cos que pueden hac­er frente a la pan­demia por Covid-19.

El FACTOR 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte, mues­tra creen­cias cien­tí­fi­cas de suprema­cía abso­lu­ta cuyo fun­da­men­to se basa en lo médi­co-biológi­co para deter­mi­nar la muerte. Morir sig­nifi­ca la pér­di­da irre­versible de las fun­ciones vitales; muerte ence­fáli­ca o paro cardía­co irre­versible; muerte celu­lar; el fin total de la exis­ten­cia del ser humano, de la exis­ten­cia de todo ser vivo sobre la Tier­ra. Con ello, se pre­sen­tan creen­cias que hacen ref­er­en­cia al hecho de que el ser humano es el úni­co que crea sus propias condi­ciones de vida y muerte. Este fac­tor tiene un val­or de alpha de Cron­bach de .573 con una var­i­an­za total expli­ca­da de 4.075%.

El FACTOR 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida, pre­sen­ta un alpha de Cron­bach igual a .636 y un val­or de var­i­an­za total expli­ca­da de 3.001%. Este fac­tor, como el ante­ri­or, involu­cra creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de índole cien­tí­fi­co sobre lo qué es la vida, asum­ién­dola úni­ca­mente como el pro­duc­to de las rela­ciones inter­per­son­ales del ser humano, el resul­ta­do históri­co de una com­bi­nación de ele­men­tos físi­co-quími­cos y el fru­to de la evolu­ción biológ­i­ca sin necesi­dad de una inter­ven­ción divina.

Por últi­mo, el FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus, enfa­ti­za en la fuente de ori­gen del virus que oca­sionó la pan­demia por Covid-19. En tal caso, resalta creen­cias cien­tí­fi­cas de suprema­cía abso­lu­ta sobre el papel de la cien­cia y del ser humano como úni­cos agentes creadores de dicho virus. Después de todo la cien­cia es la fuente más impor­tante de adquisi­ción de conocimien­to sobre la real­i­dad y desar­rol­lo humano. Este últi­mo fac­tor tiene un val­or de alpha de 617 con una var­i­an­za total expli­ca­da de 2.944%.

Cor­relación de Pear­son por factores

Tabla 4. Correlación de Pearson por factores
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19. FACTOR 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte. FACTOR 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida. FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus.
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. 1 .545** -.184** -.101** .292**
FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. 1 -.081** .124** .334**
FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19. 1 .525** .539** .224**
FACTOR 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte. 1 .490** .243**
FACTOR 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida. 1 .281**
FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus. 1
** La correlación es significativa al nivel 0.01 (bilateral)

Medi­ante el análi­sis de cor­relación de Pear­son se puede apre­ciar la pres­en­cia de cor­rela­ciones estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre los 6 fac­tores de estu­dio (Ver, Tabla 4).

Este análi­sis mues­tra que el Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios, tiene una cor­relación mod­er­a­da pos­i­ti­va con el Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19 (r = .545**); con el Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19 mantiene una cor­relación muy baja neg­a­ti­va (r = -.184**); asimis­mo, pre­sen­ta una cor­relación neg­a­ti­va muy baja con el Fac­tor 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de la muerte (r= -.101**); y final­mente, mantiene una cor­relación pos­i­ti­va baja, con el Fac­tor 6. Cien­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus (r = .292**).

En cuan­to al Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19, este mues­tra una cor­relación baja neg­a­ti­va con el Fac­tor 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte (r =-.081**); tam­bién tiene una cor­relación pos­i­ti­va muy baja con el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida (r = .124**) y; por últi­mo, con el Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus, mues­tra una cor­relación pos­i­ti­va baja (r =.334**).

El Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19, tiene una cor­relación pos­i­ti­va mod­er­a­da con el Fac­tor 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte (r = .525**); asimis­mo, tiene cor­relación pos­i­ti­va mod­er­a­da con el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida (r = .539**); po últi­mo, con el Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus, pre­sen­ta una cor­relación pos­i­ti­va baja (r = .224**).

Por su parte, el Fac­tor 4. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de muerte, mantiene una cor­relación pos­i­ti­va mod­er­a­da con el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida (r = .490**); y con el Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus, pre­sen­ta una cor­relación pos­i­ti­va baja (r = .243**).

Final­mente, el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida, pre­sen­ta una cor­relación pos­i­ti­va baja con el Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus (r = .281**).

t de Stu­dent para mues­tras independientes

El análi­sis estadís­ti­co de t de Stu­dent para mues­tras inde­pen­di­entes por fac­tores, mues­tra que exis­ten difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre las creen­cias hacia la vida, la muerte y el covid-19 de acuer­do al esta­do civ­il y pér­di­das por Covid-19 de la población en general.

Tabla 5. t de Student para la variable sociodemográfica ESTADO CIVIL
Fac­tor VS Media t gl Sig.
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. Soltero (a) 2.56 -4.146 1198 .000
Casa­do (a) 2.81
FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. Soltero (a) 1.91 -2.101 1198 .036
Casa­do (a) 2.00
FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19. Soltero (a) 3.32 3.218 1198 .000
Casa­do (a) 3.08
FACTOR 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida. Soltero (a) 3.12 5.032 1198 .001
Casa­do (a) 2.99
Conceptualización de vida (t= 5.032, gl= 1198, p< .001) (Ver, Tabla 5).

En cuan­to a la vari­able sociode­mográ­fi­ca Esta­do civ­il, las difer­en­cias se encuen­tran entre los val­ores de las medias cor­re­spon­di­entes a los Fac­tores 1, 2, 3 y 5. Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios (t= ‑4.146, gl= 1198. p< -.000); Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19 (t= ‑2.101, gl= 1198, p< -.036); Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19 (t = 3.218, gl= 1198, p<.000) y Fac­tor 5. Creen­cia científica:

Para el Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios y el Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19, son las per­sonas casadas quienes están de acuer­do con las creen­cias que con­for­man estos fac­tores, a difer­en­cia de las per­sonas solteras quienes no creen en ello.

Con­trari­a­mente, para el Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19 y el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida, son las per­sonas solteras quienes con­sid­er­an como cier­tas solo a las pos­turas cien­tí­fi­cas en la expli­cación de los fenó­menos de la vida, la muerte y el Covid-19, a difer­en­cia de las per­sonas casadas, quienes no lo creen así.

En cuan­to a la vari­able Pér­di­das por Covid-19, las difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas se dieron entre las medias cor­re­spon­di­entes a los Fac­tores 1 y 6. Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios (t= 2.386, gl= 1198, p< .017) y Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus (t= 3.002, gl= 1198, p< .003) (Ver, Tabla 6).

Tabla 6. t de Student para la variable sociodemográfica PERDIDAS POR COVID-19
Fac­tor VS Media t gl Sig.
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. Si 2.74 2.386 1198 .017
No 2.60
FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus. Si 3.06 3.002 1198 .003
No 2.91

Los resul­ta­dos para esta vari­able indi­can que son las per­sonas que han per­di­do a algún famil­iar por Covid-19 quienes con­sid­er­an como cier­tas las creen­cias de suprema­cía que con­for­man al Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios. Para ellas todas las muertes oca­sion­adas por la pan­demia han sido vol­un­tad úni­ca­mente de Dios, ya que al ten­er él la fac­ul­tad de otor­gar la vida, tam­bién tiene el poder de quitar­la cuan­do con­sidere que así debe ser; soste­nien­do con ello, la creen­cia de la vida eter­na, despúes de todo, no se tra­ta de un adiós, sino de un has­ta luego, para cuan­do llegue el momen­to de vol­verse a reunir con sus seres queri­dos en el cielo, jun­to a Dios. Lo ante­ri­or a difer­en­cia de quienes no han per­di­do a algún famil­iar ante esta situación de salud pública.

Con respec­to al Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus, son nue­va­mente las per­sonas que han per­di­do a algún famil­iar por el Covid-19, quienes a difer­en­cia de las que no han sufri­do dicha per­di­da, creen que el ori­gen de la pan­demia se debió a cues­tiones de la cien­cia y de las necesi­dades del ser humano por con­tro­lar cada vez más la naturaleza.

Análi­sis de var­i­an­za (ANOVA)

El análi­sis de var­i­an­za (ANOVA) por fac­tores indi­ca la exis­ten­cia de difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre las creen­cias hacia la vida, la muerte y el Covid-19 de acuer­do a la edad, la esco­lar­i­dad y el niv­el de ingre­sos de la población en general.

Los resul­ta­dos obtenidos para la vari­able Edad mues­tran que exis­ten difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre los val­ores de las medias de los Fac­tores 1, 3 y 5. Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Dios sanador de la humanidad (f= 8.495, gl= 4, p< .000); Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19 (f= 6.578, gl= 4, p< .000) y; final­mente, el Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida (f= 2.490, gl= 4, p< .042) (Ver, Tabla 7).

En el Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios, las per­sonas con un ran­go de edad de 50–59 años son quienes creen que Dios es un ser bon­da­doso, amoroso y omnipo­tente, creador de la vida y la muerte y; ante ello, con­sid­er­an que si obe­de­cen todos sus pre­cep­tos, Dios no solo les brindará el sumo bien sino tam­bién todo el conocimien­to nece­sario para lidiar con los prob­le­mas oca­sion­a­dos por la pan­demia por Covid-19; con­trari­a­mente a las per­sonas con un ran­go de edad de 18–29 años, quienes creen solo en la impor­tan­cia de la cien­cia para la creación de nuevos conocimien­tos cien­tí­fi­cos que den respues­ta a todas las inter­ro­gantes de la vida humana.

Mien­tras tan­to, para el Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19, son las per­sonas con un ran­go de edad de 60 años en ade­lante, quienes con­sid­er­an que la cien­cia es la prin­ci­pal her­ramien­ta de la que dispone el ser humano para explicar los fenó­menos de la vida y la muerte; por ende, ante la pan­demia por coro­n­avirus es la úni­ca que puede gener­ar solu­ciones y crear tratamien­tos efi­caces para la pro­lon­gación de la vida y la dis­min­u­ción de muertes por Covid-19. Esto a difer­en­cia de quienes se encuen­tran en un ran­go de edad entre los 30 a 39 años, quienes no creen en lo anterior.

Por últi­mo, los resul­ta­dos del Fac­tor 5. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Con­cep­tu­al­ización de vida, indi­can que las per­sonas con un ran­go de edad de 30–39 años nie­gan la creen­cia de que la vida sea pro­duc­to de cues­tiones biológ­i­cas y evo­lu­ti­vas; de for­ma con­traria, las per­sonas con un ran­go de edad de 18–29 años, con­sid­er­an que la vida es úni­ca­mente el resul­ta­do históri­co de una com­bi­nación de ele­men­tos físi­co-quími­cos y selec­ción natural.

En cuan­to a la vari­able Esco­lar­i­dad, los resul­ta­dos indi­can difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre las medias de los Fac­tores 1, 2, 3 y 6. Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios (f= 6.018, gl= 3, p< .000); Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19 (f= 2.769, gl= 3, p<.041); Fac­tor 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca: La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19 (f= 6.126, gl= 3, p< .000) y; por últi­mo, el Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus (f= 3.243, gl= 3, p< .021) (Ver, Tabla 8).

Tabla 8. Análisis de varianza (ANOVA) para la variable sociodemográfica ESCOLARIDAD
Fac­tor VS Media F gl Sig.
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y COVID-19 como pro­duc­tos de Dios. Bási­ca 3.13 6.018 3 .000
Media Supe­ri­or 2.71
Supe­ri­or 2.61
Pos­gra­do 2.66
FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. Bási­ca 2.13 2.769 3 .041
Media Supe­ri­or 2.00
Supe­ri­or 1.92
Pos­gra­do 1.91
FACTOR 3. Creen­cia cien­tí­fi­ca. La cien­cia ante la vida, la muerte y el COVID-19. Bási­ca 3.05 6.126 3 .000
Media Supe­ri­or 3.11
Supe­ri­or 3.30
Pos­gra­do 3.07
FACTOR 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coronavirus. Bási­ca 3.13 3.243 3 .021
Media Supe­ri­or 3.00
Supe­ri­or 2.98
Pos­gra­do 2.72

Para el Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios, el Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19 y el Fac­tor 3. Creen­cia científica.

La cien­cia ante la vida, la muerte y el Covid-19, son las per­sonas con esco­lar­i­dad bási­ca quienes creen que la vida, la muerte y el Covid-19 son even­tos y fenó­menos oca­sion­a­dos solo por la mano de Dios, donde su poder sobre la humanidad oca­sionó la pan­demia por coro­n­avirus como cas­ti­go a sus peca­dos cometi­dos; por otra parte, tam­bién con­sid­er­an la efi­ca­cia de difer­entes ter­apias alter­na­ti­vas como la acupun­tu­ra, el rei­ki, la med­itación o la home­opatía para sanar dolores físi­cos y emo­cionales que aque­jan al ser humano, especí­fi­ca­mente los sín­tomas cau­sa­dos por el Covid-19; a difer­en­cia de las per­sonas con esco­lar­i­dad supe­ri­or o que cuen­tan con un pos­gra­do, quienes defin­i­ti­va­mente no creen en ello. Estas per­sonas se ape­gan más a creen­cias de suprema­cía de tipo nat­ur­al-mate­r­i­al en la expli­cación de los fenó­menos de la vida, la muerte y el Covid-19.

Por su parte, los resul­ta­dos del Fac­tor 6. Creen­cia cien­tí­fi­ca: Ori­gen de la pan­demia por coro­n­avirus indi­can que son las per­sonas con un pos­gra­do quienes no creen que la pan­demia por coro­n­avirus hay sido crea­da por la cien­cia con el fin de con­tro­lar la sobre­población mundi­al o con algún fin de índole políti­co. Esto a difer­en­cia de las per­sonas con esco­lar­i­dad bási­ca, quienes sí creen en lo anterior.

Final­mente, para la vari­able Niv­el de ingre­sos, los resul­ta­dos del análi­sis de var­i­an­za (ANOVA) mues­tra difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre las medias de los Fac­tores 1 y 2. Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios (f= 4.147, gl= 3, p< .006) y Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19 (f= 5.278, gl= 3, p<.021) (Ver, Tabla 9).

Tabla 9. Análisis de varianza (ANOVA) para la variable sociodemográfica NIVEL DE INGRESOS
Fac­tor VS Media F gl Sig.
FACTOR 1. Creen­cia reli­giosa: Dios sanador de la humanidad. 1 a 3 salarios mínimos 2.72 4.147 3 .006
4 a 6 salarios mínimos 2.58
7 a 9 salarios mínimos 2.74
+ de 10 salarios mínimos 2.37
FACTOR 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el COVID-19. 1 a 3 salarios mínimos 2.01 5.278 3 .021
4 a 6 salarios mínimos 1.89
7 a 9 salarios mínimos 1.91
+ de 10 salarios mínimos 1.75

En el Fac­tor 1. Creen­cia reli­giosa: Vida, muerte y Covid-19 como pro­duc­tos de Dios y el Fac­tor 2. Creen­cia reli­giosa y sec­u­lar: Dios y las ter­apias alter­na­ti­vas ante el Covid-19, las per­sonas que perciben + de 10 salarios mín­i­mos son quienes no creen que la vida sea un rega­lo sagra­do que ha sido dado por Dios, donde úni­ca­mente él tiene dere­cho a decidir cuán­do la infunde a un cuer­po y cuán­do su tiem­po de estancia en la tier­ra ha ter­mi­na­do. En con­se­cuen­cia y con moti­vo de la pan­demia por coro­n­avirus, tam­poco con­sid­er­an que Dios es el úni­co que puede sal­var a la humanidad de la enfer­medad por Covid-19 y mucho menos, que las ter­apias alter­na­ti­vas sean efi­caces para sanar los dolores físi­cos y psi­cológi­cos que aque­jan al ser humano a con­se­cuen­cia de dicha enfer­medad. En con­tra­parte, las per­sonas que perciben de 1 a 3 y de 7 a 9 salarios mín­i­mos, si mantienen la creen­cia de supre­maía reli­giosa-sec­u­lar sobre todo lo anterior.

Con base a los resul­ta­dos obtenidos se puede estable­cer que las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta hacia la vida, la muerte y el Covid-19 son ver­dades per­son­ales muchas veces indis­cutibles, derivadas de la expe­ri­en­cia o fan­tasía, con un fuerte com­po­nente eval­u­a­ti­vo y afectivo.

Discusión

Actual­mente el estu­dio de las creen­cias es de suma impor­tan­cia para el desar­rol­lo de var­ios cam­pos de la inves­ti­gación empíri­ca (Martínez y Sil­va, 2010). En psi­cología social, las creen­cias además de ser un esta­do inter­no del suje­to que jun­to con otras propiedades pueden explicar com­por­tamien­tos diver­sos frente a estí­mu­los vari­a­dos, deter­mi­nan una estruc­tura gen­er­al de con­duc­ta, actúan como guías y ori­en­tan la acción de las per­sonas (Vil­loro, 1996); por ello, Nes­por (1987) señaló que, para enten­der la con­duc­ta del ser humano, se tiene que enten­der las creen­cias con las que define su vida. Cabe señalar que, en muchas oca­siones la relación de la creen­cia con la activi­dad se expre­sa al decir que el ser humano actúa con base a aque­l­lo en lo que se cree, sin embar­go, no siem­pre es así.

A menudo el ser humano pre­sen­ta una serie de creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo nat­ur­al-mate­r­i­al (cien­tí­fi­cas, sociales, históri­c­as), o bien, sobre­nat­u­rales (reli­giosas, sec­u­lares) (Pepi­tone, 1991) ante deter­mi­na­dos fenó­menos, y aun así no actúa con base en ellas; es decir, las per­sonas pueden ten­er la fuerte con­vic­ción de que la vida y la muerte son even­tos úni­ca­mente con­sagra­dos por Dios, y aun así lle­gan a come­ter peca­dos en la vida ter­re­nal, los mis­mos que los ale­jan de con­seguir una vida eter­na. Por otro lado, se puede ten­er la creen­cia de que la cien­cia es la úni­ca capaz de explicar y dar una solu­ción a los prob­le­mas que se pre­sen­tan hoy en día como, por ejem­p­lo, la pan­demia oca­sion­a­da por el Covid-19 y; no obstante, con­tin­uar sin acatar las medi­das san­i­tarias nece­sarias para erradi­car­la. A través de estas incon­sis­ten­cias en las creen­cias, se puede obser­var que exis­ten muchos para­le­los en la con­duc­ta de los seres humanos.

En el caso de las cor­rela­ciones pos­i­ti­vas encon­tradas entre fac­tores cuyo con­tenido son creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo cien­tí­fi­cas y creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo reli­gioso-sec­u­lar hacia la vida, la muerte y el Covid-19, estas plantean la exis­ten­cia de una relación de coex­is­ten­cia de dos tipos de creen­cias cuyo con­tenido gen­era dis­o­nan­cia por sus respec­ti­vas for­mas de explicar dichos fenó­menos, la mis­ma que para Falade (2019) puede ten­er un doble filo. Ante ello, Moscovi­ci (2008) señaló que una plu­ral­i­dad de mod­os de pen­samien­to puede coex­i­s­tir den­tro de un mis­mo indi­vid­uo, y que este dinamis­mo puede describirse como un esta­do de polifa­sia cog­ni­ti­va. En el caso de la coex­is­ten­cia entre las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo cien­tí­fi­co con creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo reli­gioso, Falade y Bauer (2018) han demostra­do que esta relación impli­ca no solo la coex­is­ten­cia de for­mas para­le­las, sino tam­bién la com­ple­men­tariedad, en la que una for­ma de creer refuerza a otra.

Para Evans y Evans (2008), Schei­tle (2011) y Payir et al., (2018) la nar­ra­ti­va dom­i­nante que rodea la relación entre con­cep­ciones y creen­cias que alu­den a la religión y la cien­cia ha sido impul­sa­da por el supuesto de que estas insti­tu­ciones se encuen­tran en un con­flic­to inevitable con­se­cuen­cia de sus afir­ma­ciones con­tra­dic­to­rias sobre la real­i­dad. Curiosa­mente, los datos empíri­cos ponen en duda el supuesto con­flic­to entre las creen­cias cien­tí­fi­cas y reli­giosas y, en cam­bio, apoy­an una hipóte­sis de coex­is­ten­cia que pro­pone que el pen­samien­to nat­ur­al y sobre­nat­ur­al coex­is­ten den­tro del mis­mo indi­vid­uo y que las expli­ca­ciones sobre­nat­u­rales son un aspec­to omnipresente de la cog­ni­ción humana (Legare, Evans, Rosen­gren & Har­ris, 2012).

En el caso de los resul­ta­dos de la pre­sente inves­ti­gación, indi­can que la may­oría de las per­sonas, inde­pen­di­en­te­mente de cier­tas vari­ables como esco­lar­i­dad, pér­di­das por Covid-19, edad, esta­do civ­il o ingre­sos económi­cos, no tienen una per­spec­ti­va de con­flic­to entre este tipo de creencias.

Los temas de la vida y la muerte, o bien, aque­l­los que se derivan de las causas de algu­na enfer­medad, como lo es el caso del Covid-19, son domin­ios fruc­tífer­os para estu­di­ar la coex­is­ten­cia de creen­cias nat­u­rales-mate­ri­ales y sobre­nat­u­rales por varias razones. En primer lugar, las creen­cias tan­to nat­u­rales-mate­ri­ales como sobre­nat­u­rales de los fenó­menos en estos domin­ios prevale­cen en todas las cul­turas y sociedades; como con­se­cuen­cia, es común que las per­sonas ten­gan acce­so a ambos tipos de creen­cias ya sea por influ­en­cia social, o bien, por expe­ri­en­cia. En segun­do lugar, estos temas están aso­ci­a­dos con emo­ciones fuertes, ansiedades e incer­tidum­bres exis­ten­ciales; en este sen­ti­do, las pre­gun­tas sobre la vida se refieren a cómo el ser humano se entiende a sí mis­mo y a su relación con el resto del mun­do; en cuan­to a la muerte y la enfer­medad por Covid-19 se refieren a sen­timien­tos de pér­di­da, mor­tal­i­dad o fini­tud, o bien, la búsque­da y exis­ten­cia de la vida eter­na. Final­mente, la coex­is­ten­cia de estas creen­cias de suprema­cía sobre estos temas resul­ta ser infor­ma­ti­va, debido a que requiere analizar causas que están fuera de la expe­ri­en­cia cotid­i­ana de las per­sonas. Ya sea la influ­en­cia sobre­nat­ur­al de una bru­ja o el tra­ba­jo de un microor­gan­is­mo como un virus, el fun­cionamien­to de estos fac­tores ocul­tos es invis­i­ble para las per­sonas involu­cradas (Legare & Gel­man, 2008, Legare & Visala, 2011).

En tal caso, los datos obtenidos en dichas cor­rela­ciones pos­i­ti­vas no indi­can el hecho de que, cuan­do están disponibles las expli­ca­ciones cien­tí­fi­cas estas reem­pla­cen a las sobre­nat­u­rales; ya que, los resul­ta­dos mues­tran que las per­sonas mantienen creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo reli­gioso-sec­u­lar aun cuan­do estas tienen conocimien­to de los pro­ce­sos biológi­cos involu­cra­dos en los fenó­menos de la vida y la muerte, así como, del ori­gen y propa­gación del virus SARS-COV‑2 expli­ca­do des­de la visión médico-biológica.

En otras pal­abras, así como las per­sonas creen que la enfer­medad de Covid-19 es sin duda un cas­ti­go de Dios ante los peca­dos cometi­dos por la humanidad (creen­cia de suprema­cía de tipo reli­gioso), y a su vez, que los sín­tomas cau­sa­dos por esta enfer­medad pueden elim­i­narse a través de cura­ciones espir­i­tuales, infu­siones de tés, limpias tradi­cionales, med­itación, Rei­ki o algu­na otra ter­apia alter­na­ti­va, porque estas actuán de for­ma inte­gral a niv­el físi­co, men­tal, emo­cional y espir­i­tu­al (creen­cias de suprema­cía de tipo sec­u­lar), tam­bién con­sid­er­an que la vida rep­re­sen­ta solo un con­jun­to de activi­dades que estable­cen la conex­ión del organ­is­mo vivo con el ambi­ente, es decir, solo una inte­gración entre un sis­tema de molécu­las indi­vid­uales, inter­ac­ciones sub­celu­lares y el entorno; creyen­do así, que la vida es úni­ca­mente el resul­ta­do históri­co de una com­bi­nación de lim­ita­ciones físi­co-quími­cas y selec­ción nat­ur­al, por ende, es el ser humano quien crea sus propias condi­ciones de vida, y al crear su pro­pio con­tex­to vital, con­sid­era que el coro­n­avirus es defin­i­ti­va­mente un arma biológ­i­ca crea­da por el ser humano y que el virus que oca­siona el Covid-19 fue crea­do en un lab­o­ra­to­rio de la indus­tria far­ma­céu­ti­ca para hac­er dinero con la ven­ta de una vac­u­na (creen­cias de suprema­cía de tipo natural-material).

En este sen­ti­do, se puede decir que las creen­cias de suprema­cía que se ten­gan sobre la muerte y la vida per­me­arán tam­bién a las creen­cias que se ten­gan sobre la pan­demia por Covid-19; de tal modo que, las creen­cias nat­u­rales-mate­ri­ales y las reli­giosas-sec­u­lares sobre estos fenó­menos apor­tan a cor­to pla­zo al ser humano una sen­sación de dominio de los hechos, seguri­dad y autonomía sobre el pro­pio bien­es­tar y sen­sación de con­trol sobre dicha enfermedad.

Por lo ante­ri­or, para Falade (2019) y Legare & Visala (2011) en lugar de aban­donar las expli­ca­ciones reli­giosas-sec­u­lares en situa­ciones de con­flic­to con expli­ca­ciones cien­tí­fi­cas, o vicerver­sa, las per­sonas encuen­tran for­mas de aco­modar ambas expli­ca­ciones a veces inte­grán­dolas y a veces sep­a­rán­dolas, lo que parece ser una car­ac­terís­ti­ca gen­er­al de la cog­ni­ción humana; no obstante, esta difer­en­cia entre el con­tenido de dichas creen­cias de suprema­cía ha traí­do con­se­cuen­cias en las deci­siones y acciones del ser humano, donde muchas veces este se ha vis­to oblig­a­do a ele­gir una ver­sión de la real­i­dad. Tal es el caso, de los resul­ta­dos que indi­can cor­rela­ciones neg­a­ti­vas entre este tipo de creencias.

Las cor­rela­ciones neg­a­ti­vas indi­can que las per­sonas que mantienen creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta sobre la muerte donde indi­can que por enci­ma de todo, Dios es el úni­co que tiene el poder de quitar la vida a la humanidad, que el alma y el cuer­po de los muer­tos serán reunidos otra vez en su per­fec­ta for­ma al final de los tiem­pos, donde la exis­ten­cia ple­na del ser humano comien­za después de la muerte, tam­bién tienen creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta sobre la vida que alu­den al hecho de que esta no solo es un don divi­no sino que es el pro­duc­to de una fuente div­ina que se creó con un propósi­to deter­mi­na­do; ante estas creen­cias, con­sid­er­an que la ausen­cia de Dios en la vida de las per­sonas causó la pan­demia mundi­al por coro­n­avirus. En con­tra­parte, no creen que la muerte se reduz­ca solo a la pér­di­da irre­versible de las fun­ciones vitales del ser humano, y con ello, que lo úni­co que quede de las per­sonas al morir sea mate­ria inerte; tam­poco con­sid­er­an que la vida sea solo el pro­duc­to de la evolu­ción biológ­i­ca, el resul­ta­do de las rela­ciones sociales que establece cada ser humano, o bien, que el ser humano es el úni­co creador de su con­tex­to vital; y ante la pan­demia por Covid-19, no creen que el ser humano posea los conocimien­tos sufi­cientes para crear el virus que gen­era dicha enfermedad.

En tér­mi­nos gen­erales, las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta son un moti­vo o un móvil para actu­ar, pero pueden ser sobrepasadas por motivos más fuertes, tales como un plac­er, una emo­ción, influ­en­cia social, conocimien­tos, vari­ables sociode­mográ­fi­cas o con­tex­tos cul­tur­ales específicos.

En el caso de las difer­en­cias encon­tradas entre las creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta hacia la vida, la muerte y el Covid-19 con respec­to a la edad, la esco­lar­i­dad, el esta­do civ­il, las pér­di­das por Covid-19 y niv­el de ingre­sos da una clara mues­tra de que las per­sonas usan expli­ca­ciones tan­to nat­u­rales como sobre­nat­u­rales que resul­tan ser bas­tante flex­i­bles y sen­si­bles al con­tex­to. Al respec­to, Legare & Visala (2011), señalan que la infor­ma­ción con­tex­tu­al, el aporte cul­tur­al, las par­tic­u­lar­i­dades de cada suje­to y la difi­cul­tad de con­cil­iar ambos tipos de creen­cias, influyen en la inter­pretación de un fenó­meno o even­to en par­tic­u­lar, así como en los inten­tos pos­te­ri­ores de lograr una coheren­cia explica­ti­va al respecto.

Cabe señalar que, el acce­so a múlti­ples mar­cos explica­tivos vía las creen­cias, es una expe­ri­en­cia psi­cológ­i­ca uni­ver­sal, y la res­olu­ción de con­flic­tos entre múlti­ples expli­ca­ciones hacia estos temas es un desafío cog­ni­ti­vo gen­er­al; debido a que, vari­ables como las men­cionadas, la expe­ri­en­cia, el lengua­je y las influ­en­cias con­tex­tuales, oper­an a un niv­el rel­a­ti­va­mente glob­al para influir en los patrones de razon­amien­to nor­ma­ti­vo den­tro de gru­pos o cul­turas par­tic­u­lares (Falade, 2019; Legare & Gel­man, 2008, Legare & Visala, 2011). Las per­sonas en todas las sociedades se enfrentan a la tarea de con­cep­tu­alizar sis­temas de creen­cias de suprema­cía poten­cial­mente con­tra­dic­to­rias sobre los fenó­menos de la vida y la muerte.

Por lo ante­ri­or, es impor­tante señalar que, sean cuales sean las creen­cias de suprema­cía hacia la vida, la muerte y el Covid-19 que condi­cio­nan el com­por­tamien­to de las per­sonas, estas deben estar rel­a­ti­va­mente esta­bles, de no ser así, al encon­trarse ante un dominio con­fu­so, pueden lle­gar a enfrentar incer­tidum­bre al no poder recono­cer la infor­ma­ción rel­e­vante y la con­duc­ta apropi­a­da (Nes­por, 1987) ante esta prob­lemáti­ca de salud públi­ca y en pres­en­cia de estos fenó­menos de la realidad.

Conclusión

Como ya se men­cionó, las creen­cias de suprema­cía se refieren a aque­l­las cual­i­dades jerárquicas que ponen de man­era con­cluyente a una per­sona, obje­to o atrib­u­to por enci­ma de otros. En este sen­ti­do, el colo­car a través de dichas creen­cias a Dios, al ser humano o a la cien­cia como agentes creadores de un virus o una enfer­medad, o bien, el hac­er­los respon­s­ables abso­lu­tos de fenó­menos como la vida y la muerte, han lle­va­do a la humanidad a crear una visión del mun­do más dom­i­nante (Pearse & Pruss, 2012), donde sus creen­cias de suprema­cía le va a per­mi­tir de cier­ta man­era ten­er una certeza de que lo que está dicien­do es un indi­cio de cred­i­bil­i­dad sobre estos fenó­menos de la real­i­dad y, por lo tan­to, el com­por­tamien­to tratará de ser lo más con­gru­ente con dichas creen­cias, dan­do paso a la sat­is­fac­ción de deseos tan­to per­son­ales como sociales (Nils­son, 2014).

Final­mente, para Pnev­matikos y Geor­giadou (2019), la coex­is­ten­cia de creen­cias de suprema­cía abso­lu­ta de tipo nat­ur­al-mate­r­i­al y de tipo reli­gioso-sec­u­lar en una mis­ma mente desafía las teorías de adquisi­ción de conocimien­to más influyentes en psi­cología. Asimis­mo, estos autores señalan que, aunque vari­ables como el impacto de la edad, la reli­giosi­dad, la expe­ri­en­cia cien­tí­fi­ca, los antecedentes cul­tur­ales y los fac­tores con­tex­tuales tienen un gran efec­to en los con­cep­tos del ori­gen de la vida, la muerte, el más allá y la enfer­medad, la mag­ni­tud del efec­to prome­dio depende del con­cep­to. De tal modo que, en lugar de colo­car al ser humano en una especie de cri­sis exis­ten­cial respec­to a sus con­cep­ciones hacia estos fenó­menos, la ini­cia­ti­va es incor­po­rar estos con­cep­tos en un mar­co explica­ti­vo híbri­do que incluya creen­cias cien­tí­fi­cas y reli­giosas (Rosen­gren & Gutiér­rez, 2011).

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Agradec­imien­to

Esta inves­ti­gación fue real­iza­da gra­cias al Pro­gra­ma de Apoyo a Proyec­tos de Inves­ti­gación e Inno­vación Tec­nológ­i­ca (PAPIIT) de la DGAPA- UNAM con clave IN 300521.

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