EFICACIA DE LA TOMA DE PERSPECTIVA SOBRE EL PREJUICIO IMPLÍCITO HACIA PERSONAS SIN HOGAR

Carla Fernández
Abeliet Flores
Carolina Mora

Universidad Central de Venezuela

Resumen

Se evalúa la efi­ca­cia de la toma de per­spec­ti­va o toma de con­cien­cia como una téc­ni­ca para la reduc­ción del pre­juicio implíc­i­to hacia la comu­nidad de per­sonas sin hog­ar. Para esto, se empleó una mues­tra de 20 par­tic­i­pantes, con edades com­pren­di­das entre los 18 y 30 años, con­trolan­do las vari­ables autoes­ti­ma, posi­ción de poder y prác­ti­ca con el Test de Aso­ciación Implíci­ta (IAT). Los par­tic­i­pantes fueron dis­tribui­dos en dos gru­pos de inves­ti­gación. Uno de ellos fue expuesto a un rela­to breve que daría lugar a la toma de per­spec­ti­va, mien­tras al otro se le pre­sen­tó un rela­to breve no rela­ciona­do al tópi­co del sin­hog­a­ris­mo. Se tomaron medi­das post-test de laten­cia para las respues­tas a través del IAT, el cual pre­sen­tó imá­genes y tér­mi­nos ref­er­entes al grupo estigma­ti­za­do en cuestión. Los resul­ta­dos arro­jaron que no es posi­ble dar cuen­ta de difer­en­cias sig­ni­fica­ti­vas entre las mediciones del grupo con­trol y el grupo exper­i­men­tal, a pesar de que se encon­traron medias lig­era­mente difer­entes entre ellos. Múlti­ples vari­ables que afectan la efi­ca­cia de la toma de per­spec­ti­va son prop­ues­tas y expli­cadas a profundidad.

Pal­abras clave: sin­hog­a­ris­mo, acti­tudes, toma de per­spec­ti­va, pre­juicio implíc­i­to, IAT, autoes­ti­ma, poder

Abstract

The effects of the use of per­spec­tive tak­ing, also called con­scious­ness-rais­ing, are eval­u­at­ed as a tech­nique for reduc­ing the implic­it prej­u­dice towards the com­mu­ni­ty of home­less peo­ple. For this task, a sam­ple of 20 par­tic­i­pants, with ages between 18 and 30 years old was delim­it­ed, while con­trol­ling the vari­ables self-esteem and pow­er. Par­tic­i­pants were dis­trib­uted into two research groups, in which one of them was exposed to a brief sto­ry that will serve the func­tion of per­spec­tive tak­ing, while the oth­er was is pre­sent­ed with a short sto­ry not relat­ed to the top­ic of home­less­ness. The response laten­cies were mea­sured through the Implic­it Asso­ci­a­tion Test (IAT), which is a test that presents images and terms referred to the stig­ma­tized group men­tioned. The results showed that it is not pos­si­ble to account for sig­nif­i­cant dif­fer­ences between the mea­sure­ments of the con­trol group and the exper­i­men­tal group, in spite of the slight­ly dif­fer­ences on the means found among them.

Key­words: home­less­ness, atti­tude, per­spec­tive-tak­ing, implic­it prej­u­dice, IAT, sel esteem, power

Introducción

El tér­mi­no sin­hog­a­ris­mo se refiere a la condi­ción des­de la cual es insostenible, por parte de un ser humano, su alo­jamien­to per­ma­nente o pro­lon­ga­do en un espa­cio des­ti­na­do a ser habita­do. Por tan­to, un indi­vid­uo o per­sona es denom­i­na­da sin hog­ar al encon­trarse despro­vista del acce­so a una res­i­den­cia en condi­ciones aptas, por causas que pueden adju­di­carse a difer­entes razones de índole social y/o económi­co, como el desem­pleo; o per­son­al, como la vio­len­cia intrafa­mil­iar (Felipe, 2015).

No obstante, la con­cep­tu­al­ización para las per­sonas sin hog­ar puede resul­tar mucho más com­ple­ja de acuer­do a las condi­ciones que les rodeen; por lo que son cua­tro cat­e­gorías las men­cionadas por FEANTSA (2005 c.p. Felipe, 2015; Gob­ier­no de España, 2015) a este respecto:

  • Per­sonas sin techo: se mantienen en la intem­perie, sin acce­so a refu­gios; o en alber­gues durante la noche.
  • Per­sonas sin vivien­da: tienen acce­so a alo­jamien­tos tem­po­rales o a largo pla­zo, des­ig­na­dos a per­sonas sin hogar.
  • Vivien­da inse­gu­ra: se encuen­tran en alo­jamien­tos sin dere­cho a ocu­pación, bajo ame­naza de evac­uación o en estadía tem­po­ral con familiares/amigos.
  • Vivien­da inade­cua­da: se alo­jan en espa­cios inhab­it­a­bles o sobre­pobla­dos (car­a­vanas o cabañas).

Muchas de las con­sid­era­ciones en torno al sin­hog­a­ris­mo están estrechamente rela­cionadas con otro fenó­meno social, el del pre­juicio; este se entiende como la serie de acti­tudes neg­a­ti­vas de nat­u­raleza cog­ni­ti­va, afec­ti­va y con­duc­tu­al, por parte de uno o var­ios miem­bros de la sociedad, dirigi­das a las per­sonas que se con­sid­er­an parte de un deter­mi­na­do grupo, por el solo hecho de pertenecer a él (Baron & Byrne, 2005).

El pre­juicio puede ser engloba­do en dos for­mas prin­ci­pales: el pre­juicio implíc­i­to, cuya pres­en­cia e influ­jo en las per­cep­ciones del indi­vid­uo son sutiles e inclu­so refu­tadas por el mis­mo suje­to, ya que la per­sona puede no ser con­sciente de que lo tiene y es des­en­ca­de­na­do automáti­ca­mente frente al obje­to de su acti­tud neg­a­ti­va; y el pre­juicio explíc­i­to, que es recono­ci­do por la per­sona (Dovidio, Ess­es, Glick & Hew­stone, 2013).

Aho­ra bien, en el mar­co de conocimien­tos sobre las per­sonas sin hog­ar, son remar­ca­bles las con­se­cuen­cias que acar­rea el pertenecer a este grupo deter­mi­na­do, y la habit­u­al­i­dad con la que son víc­ti­mas de creen­cias y prác­ti­cas per­ju­di­ciales para su bien­es­tar emo­cional y físi­co (The Wes­ley Report, 2018).

La población común­mente señala a las per­sonas sin hog­ar de mod­os des­fa­vor­ables, inclu­so cuan­do se refu­tan los argu­men­tos para tales señalamien­tos. Un ejem­p­lo de esto se obser­va cuan­do son denom­i­na­dos como adic­tos a las dro­gas o al alco­hol, aunque estu­dios real­iza­dos indiquen que la may­oría de los indi­vid­u­os en condi­ción de sin­hog­a­ris­mo son hom­bres y mujeres desem­plea­d­os que no pre­sen­tan ningún tipo de adic­ción (Nation­al Coali­tion for the Home­less, 2009 c.p. Fos­ter, Hilton, Embry, Pires & Ahmed, 2014; Fink & Tass­man, 1992 c.p. Fos­ter & cols, 2014); o cuan­do se les des­igna pey­ora­ti­va­mente con enfer­medades men­tales, cuan­do solo una minoría, alrede­dor de un 15 a 26% de este colec­ti­vo, ha sido diag­nos­ti­ca­do con un des­or­den men­tal (Fink & Tass­man, 1992; Kin­sey, 2014).

No obstante, una encues­ta real­iza­da por el Wes­ley Report (2018) indi­ca que son fre­cuentes las atribu­ciones en la población, con relación al sin­hog­a­ris­mo, que adju­di­can esta condi­ción al desem­pleo (40%), la acce­si­bil­i­dad a una vivien­da (36%), la vio­len­cia domés­ti­ca (32%) o un quiebre en la dinámi­ca famil­iar (31%). Mien­tras que, en una menor pro­por­ción, se con­sid­er­an como posi­bles cau­santes: el gam­bling o adic­ción a apos­tar (18%), y la acu­mu­lación de deu­das (17%). Esto demues­tra que parte de la población atribuye la situación de muchas per­sonas sin hog­ar a causas inter­nas o propias de su comportamiento.

Del mis­mo modo, un reporte lle­va­do a cabo por el Cen­tro Nacional de Leyes sobre la Fal­ta de Vivien­da y la Pobreza (2017) afir­ma la preva­len­cia en Esta­dos Unidos de con­stantes vio­la­ciones en los dere­chos civiles, políti­cos, socio­cul­tur­ales y económi­cos hacia las per­sonas sin hog­ar por parte de las autori­dades, así como de los ciu­dadanos. Dicha asev­eración se refle­ja, por ejem­p­lo, en la penal­ización de per­sonas sin hog­ar por acud­ir a cen­tros de alo­jamien­to para solic­i­tar asis­ten­cia o a la destruc­ción vio­len­ta de cam­pa­men­tos donde estas se alo­jan. Además, se encuen­tran las man­i­festa­ciones abier­tas de pre­juicio y dis­crim­i­nación hacia este colec­ti­vo, espe­cial­mente cuan­do sus miem­bros a su vez pertenecen a otros gru­pos sub­val­o­rados, como afroamer­i­canos, per­sonas con dis­capaci­dad, miem­bros de la comu­nidad LGBTQ, e indi­vid­u­os que escapan de un con­tex­to de violencia.

De acuer­do a la mis­ma fuente (Cen­tro Nacional de Leyes sobre la Fal­ta de Vivien­da y la Pobreza, 2017), en Esta­dos Unidos el gremio de las per­sonas sin hog­ar se encuen­tra con­for­ma­do por un por­centa­je sig­ni­fica­ti­vo de per­sonas negras, quienes supo­nen el 12% de la población gen­er­al. Tam­bién el 40% de los jóvenes pertenecientes a la comu­nidad LGBTQ se hal­lan en situación de sin­hog­a­ris­mo, así como per­sonas que pre­sen­tan una dis­capaci­dad de cualquier tipo. Dichas cifras son alar­mantes y per­miten dar cuen­ta de que esta prob­lemáti­ca se extiende a un número grande de indi­vid­u­os que además son rec­haz­a­dos social­mente debido a otras car­ac­terís­ti­cas que les distinguen.

La situación de las per­sonas sin hog­ar en el con­tex­to vene­zolano es aún más pre­ocu­pante, puesto que a difer­en­cia de otros país­es de la región, en Venezuela no se cuen­tan con insti­tu­ciones guber­na­men­tales ded­i­cadas solo al apoyo de esta comu­nidad, como alber­gues o cen­tros de aten­ción para per­sonas y niños en situación de calle. Tam­bién pre­sen­tan muchos prob­le­mas para recibir aten­ción médi­ca en cen­tros de salud, pues son exclu­i­dos pre­cisa­mente por su condi­ción de calle, y no existe a niv­el de admin­is­tración públi­ca una políti­ca que exp­rese que los fun­cionar­ios como policías o bomberos deban prestar ayu­da o asi­s­tir a per­sonas sin hog­ar (Globo­visión, 2016).

Suma­do a esto, son pocas las inves­ti­ga­ciones recientes lle­vadas a cabo con la final­i­dad de reducir el pre­juicio hacia las per­sonas sin hog­ar. Una de estas fue real­iza­da por Hotchin, West & Wood (2016) quienes inten­taron dis­minuir el pre­juicio uti­lizan­do la téc­ni­ca del con­tac­to imag­i­na­do, es decir, la inter­ac­ción social men­tal­mente sim­u­la­da con una o más per­sonas sin hog­ar (Amaya, Bor­rero & Bus­ta­mante, 2017). Los par­tic­i­pantes fueron cues­tion­a­dos con relación a su niv­el de ses­go ini­cial hacia las per­sonas sin hog­ar, lo que per­mi­tió estable­cer cuan­ti­ta­ti­va­mente dos nive­les de pre­juicio explíc­i­to ini­cial: alto y bajo. La inves­ti­gación deter­minó que con­tar con un ses­go explíc­i­to ini­cial más bajo con­tribuía a la efi­ca­cia de la téc­ni­ca y por lo tan­to, a la reduc­ción del prejuicio.

De otro modo, la lit­er­atu­ra mues­tra que una de las téc­ni­cas más uti­lizadas para dis­minuir el pre­juicio hacia dis­tin­tos colec­tivos ha sido la denom­i­na­da toma de per­spec­ti­va o toma de con­cien­cia, que con­siste en una estrate­gia o pro­ced­imien­to cog­ni­ti­vo medi­ante el cual se pre­tende rela­cionar al indi­vid­uo con un deter­mi­na­do exo­grupo (González, 2011). Por lo gen­er­al el colec­ti­vo pre­dom­i­nante al que pertenece una per­sona se denom­i­na endo­grupo, mien­tras que el colec­ti­vo ajeno a este y que es víc­ti­ma de pre­juicio, se denom­i­na exo­grupo (Baron y Byrne, 2005). En la toma de per­spec­ti­va se pre­tende con­seguir la com­pren­sión de los mod­os de pen­sar, sen­tir y actu­ar del otro. Esta estrate­gia tam­bién per­mite el reconocimien­to de car­ac­terís­ti­cas reales y no estereoti­padas del exo­grupo, y de ele­men­tos comunes entre el obser­vador y el suje­to que es obje­to de pre­juicio (González, 2011).

Autores como Álvarez, Jiménez, Palmero & González (2014) realizaron una inves­ti­gación exper­i­men­tal en España donde uti­lizaron la toma de per­spec­ti­va con la final­i­dad de reducir el pre­juicio en per­sonas may­ores. Se encon­tró que la inter­ven­ción resultó efec­ti­va, aunque no demostró ser una estrate­gia tan potente como se esper­a­ba en prin­ci­pio. Además, Todd, Boden­hausen, Rich­e­son & Galin­sky (2011) elab­o­raron una inves­ti­gación hacien­do uso de la toma de per­spec­ti­va para dis­minuir el pre­juicio implíc­i­to hacia per­sonas afroamer­i­canas, en la cual se obtu­vo un aumen­to de las con­duc­tas de aprox­i­mación hacia estas per­sonas por parte de los par­tic­i­pantes, así como un niv­el de pre­juicio implíc­i­to menos ele­va­do, pos­te­ri­or a la intervención.

Así mis­mo, Bat­son, Poly­car­pou, Har­mon-Jones, Imhoff, Mitch­en­er, Bed­nar, Klein & High­berg­er (1997) tam­bién lle­varon a cabo una inves­ti­gación com­pues­ta por tres exper­i­men­tos, uti­lizán­dose en uno de ellos una téc­ni­ca de toma de per­spec­ti­va para cono­cer si las acti­tudes de los par­tic­i­pantes hacia un miem­bro de un grupo estigma­ti­za­do (en este caso, un hom­bre sin hog­ar), se torn­a­ban más pos­i­ti­vas, según la condi­ción en la que se pre­senta­ba la inter­ven­ción (de baja o de alta empatía). Los resul­ta­dos obtenidos demostraron una mejoría en las acti­tudes de los par­tic­i­pantes hacia la per­sona sin hog­ar, así como hacia el grupo estigma­ti­za­do en gen­er­al, más allá de la condi­ción en la que se pre­sen­tara la toma de perspectiva.

Cabe destacar, que la toma de per­spec­ti­va es sus­cep­ti­ble a la influ­en­cia de vari­ables que alter­an sus efec­tos. Una de estas vari­ables es la autoes­ti­ma, des­ig­na­da como un sis­tema orga­ni­za­do y más o menos estable, com­puesto por “con­tenidos múlti­ples acer­ca de sí mis­mo”; su fun­ción con­siste en medi­ar los com­por­tamien­tos a través de pro­ce­sos eval­u­a­tivos y el uso de la auto­con­cien­cia. Se tiene que una baja autoes­ti­ma por parte de una per­sona pro­duciría resul­ta­dos con­trapro­du­centes para la toma de per­spec­ti­va, puesto que el indi­vid­uo no lograría aprox­i­marse al otro de for­ma pos­i­ti­va debido a sus auto­val­o­raciones neg­a­ti­vas (Cor­rea, Saldí­var & López, 2015; Galin­sky & Todd, 2014).

Otra vari­able que puede afec­tar los resul­ta­dos obtenidos a par­tir de la toma de per­spec­ti­va es la posi­ción de poder que posean los indi­vid­u­os. Galinksy & Todd (2014) afir­man que las per­sonas en posi­ciones dom­i­nantes tien­den a pre­sen­tar una may­or difi­cul­tad para rela­cionarse con los otros, debido a que depen­den en menor medi­da de las val­o­raciones de quienes le rodean y en este sen­ti­do podrían sen­tirse menos moti­va­dos a lle­var a cabo el pro­ce­so de toma de perspectiva.

Aun así, la toma de per­spec­ti­va se con­sid­era apropi­a­da para la reduc­ción del pre­juicio hacia per­sonas sin hog­ar porque a difer­en­cia de otras tác­ti­cas, pro­mueve los pen­samien­tos gratos, al tiem­po que inhibe el acce­so y acti­vación de los estereoti­pos (González, 2011). A raíz de ello, se ha com­pro­ba­do la efec­tivi­dad que pre­sen­ta la estrate­gia para incidir con­sid­er­able­mente en aspec­tos como las nuevas con­sid­era­ciones pos­i­ti­vas de los miem­bros de un endo­grupo hacia var­ios inte­grantes de un exo­grupo, los com­por­tamien­tos no ver­bales hacia miem­bros de un exo­grupo, el rap­port durante inter­ven­ciones entre indi­vid­u­os de dis­tin­tos gru­pos sociales y las acti­tudes de ayu­da (Galin­sky & Todd, 2014).

De esta man­era, las inves­ti­ga­ciones men­cionadas y, de for­ma par­tic­u­lar, aque­l­la elab­o­ra­da por Hotchin, West & Wood (2016), per­miten recono­cer la necesi­dad que existe de abor­dar la prob­lemáti­ca del pre­juicio implíc­i­to, especí­fi­ca­mente en el cam­po de estu­dio cor­re­spon­di­ente a las per­sonas sin hog­ar. La evi­den­cia teóri­ca que apoya el uso de estrate­gias para la reduc­ción de las acti­tudes neg­a­ti­vas indi­rec­tas y de acti­vación automáti­ca (Baron y Byrne, 2005) hacia esta comu­nidad es escasa y resul­ta insu­fi­ciente para un cor­rec­to abor­da­je del sinhogarismo.

Es por tan­to, que la con­se­cuente inves­ti­gación tiene como final­i­dad com­pro­bar los efec­tos de la toma de per­spec­ti­va sobre el pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hog­ar. La téc­ni­ca será lle­va­da a cabo con­trolan­do los posi­bles efec­tos que las vari­ables posi­ción de poder, autoes­ti­ma y prác­ti­ca con el Test de Aso­ciación Implíci­ta (IAT) puedan ejercer sobre la técnica.

Por otro lado, es nece­sario expon­er la rel­e­van­cia de este planteamien­to, puesto que vis­lum­brar los ben­efi­cios, a cor­to y largo pla­zo, enlaza­dos a la reduc­ción del pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hog­ar no solo sus­ten­ta la inves­ti­gación actu­al, sino que impul­sa al desar­rol­lo de más conocimien­tos en el área.

Así, se tiene que la pre­sente inves­ti­gación podría con­tribuir al establec­imien­to de un méto­do efi­caz y además poco deman­dante en cuan­to a recur­sos y mate­ri­ales para la reduc­ción de las acti­tudes neg­a­ti­vas hacia las per­sonas sin hog­ar; de modo que puedan con­for­marse mecan­is­mos especí­fi­cos que per­mi­tan a estas per­sonas en esta­do vul­ner­a­ble, la posi­bil­i­dad de sen­tirse apoy­a­dos, no solo a niv­el insti­tu­cional, sino gen­uina­mente por los miem­bros de la sociedad.

De la mis­ma man­era, a través de la difusión del conocimien­to sobre la real­i­dad de las per­sonas sin hog­ar, el cual es solo uno de los múlti­ples aspec­tos que con­tem­pla esta inves­ti­gación, se con­tribuye a la con­ci­en­ti­zación de la prob­lemáti­ca del sin­hog­a­ris­mo, al ofre­cer una visión real y no estereoti­pa­da de este fenó­meno (The Wes­ley Report, 2015).

Más aún, la inves­ti­gación vigente per­mite cal­i­brar a niv­el exper­i­men­tal el alcance de la toma de per­spec­ti­va o toma de con­cien­cia como una estrate­gia para la dis­min­u­ción del pre­juicio implíc­i­to; sien­do este de may­or com­ple­ji­dad y menor com­pren­sión, debido a las pocas prue­bas recabadas y difi­cul­tades metodológ­i­cas para aprox­i­marse e inter­venir sobre sus efec­tos (Galin­sky & Todd, 2014).

Marco metodológico

Obje­ti­vo

Com­pro­bar los efec­tos de la toma de per­spec­ti­va como téc­ni­ca para la reduc­ción del pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hogar.

Vari­able Independiente

Toma de perspectiva

Con­siste en una estrate­gia o pro­ced­imien­to cog­ni­ti­vo medi­ante el cual se pre­tende rela­cionar al indi­vid­uo con un deter­mi­na­do exo­grupo, per­mi­tir el reconocimien­to de car­ac­terís­ti­cas reales y no estereoti­padas, así como ele­men­tos comunes entre ambos, por medio de la com­pren­sión de los mod­os de pen­sar, sen­tir y actu­ar del otro (González, 2011).

Se llevó a cabo un pro­ced­imien­to de presencia/ausencia para la manip­u­lación de la vari­able inde­pen­di­ente (Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista, 2010), en la que solo un grupo fue expuesto a la inter­ven­ción basa­da en la toma de per­spec­ti­va. Pos­te­ri­or a las instruc­ciones gen­erales dic­tadas a los par­tic­i­pantes, se pre­sen­tó un estí­mu­lo con­for­ma­do por una his­to­ria breve con respec­to a las viven­cias de una per­sona sin hog­ar, sobre la que cada suje­to respondió un con­jun­to de 5 pre­gun­tas en un perío­do de 15 min­u­tos aproximadamente.

Vari­able Dependiente

Pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hogar

Se refiere a las acti­tudes neg­a­ti­vas o en extremo pos­i­ti­vas de carác­ter cog­ni­ti­vo, afec­ti­vo y con­duc­tu­al, en torno a las per­sonas sin hog­ar; cuya pres­en­cia e influ­jo en las per­cep­ciones del indi­vid­uo son descono­ci­das e inclu­so negadas por este. Dichas acti­tudes son des­en­ca­de­nadas automáti­ca­mente una vez que los indi­vid­u­os se ven expuestos al obje­to del pre­juicio (Dovidio & cols., 2013).

Se eval­uó dicha vari­able por medio de las pun­tua­ciones arro­jadas por el Test de Aso­ciación Implíci­ta o IAT, obtenidas a par­tir de las laten­cias de respues­ta de los par­tic­i­pantes ante las dis­tin­tas fas­es del pro­gra­ma (Castil­lo, Esco­lar, González, Jimenez, Palmero, Rico, Sánchez & Torre, 2017).

Vari­ables Controladas

Edad

Con­cep­tu­al­iza­da como el perío­do de tiem­po que ha vivi­do una per­sona des­de su nacimien­to has­ta el pre­sente (Real Acad­e­mia Españo­la, 2001), la edad supone una vari­able nece­saria de con­tro­lar puesto que la toma de per­spec­ti­va es un pro­ce­so que requiere la capaci­dad del indi­vid­uo para con­sid­er­ar acti­va­mente los esta­dos men­tales de un suje­to exter­no, y rela­cionarse con sus for­mas de pen­sar y actu­ar; lo cual es posi­ble cuan­do los indi­vid­u­os alcan­zan cier­ta edad y son capaces de reflex­ionar sobre sí mis­mos y el con­tex­to que les rodea (Galin­sky & Todd, 2014). Esta vari­able fue con­tro­la­da a través del méto­do de elim­i­nación (McGuigan, 1996), excluyen­do de la mues­tra y por lo tan­to de las condi­ciones exper­i­men­tales a suje­tos menores de edad.

Autoes­ti­ma

Se refiere a la unifi­cación de las com­pren­siones y juicios val­o­rativos que tiene un indi­vid­uo respec­to a sí mis­mo, así como a las acti­tudes de aceptación o rec­ha­zo hacia su per­sona (Rosen­berg, 1965). Es enten­di­da como un aspec­to que inter­fiere entre la toma de per­spec­ti­va y sus efec­tos ulte­ri­ores. Se encuen­tran autores (González, 2011; Galin­sky & Todd, 2014) que desta­can el papel que cumple la autoes­ti­ma sobre la efec­tivi­dad de esta téc­ni­ca, quienes jus­ti­f­i­can que la trans­fer­en­cia de val­o­raciones pos­i­ti­vas de parte del self hacia el otro se ve con­sid­er­able­mente difi­cul­ta­da cuan­do la autoes­ti­ma del indi­vid­uo es baja. Tal argu­mentación supu­so la necesi­dad de con­tro­lar la inci­den­cia de dicha vari­able sobre la toma de per­spec­ti­va por medio del méto­do de elim­i­nación, en la mues­tra uti­liza­da para el análi­sis de los resul­ta­dos, excluyen­do de la mues­tra a aque­l­los indi­vid­u­os que obtu­vieron pun­tua­ciones bajas en la escala de autoes­ti­ma de Rosen­berg (McGuigan, 1996).

Posi­ción de poder

Es enten­di­da en tér­mi­nos gen­erales como un aspec­to que sirve al indi­vid­uo para la obten­ción de aque­l­lo que bus­ca o desea; y en el ámbito inter­per­son­al, como el vín­cu­lo entre dos per­sonas, en el cual el primero con­sigue del segun­do “un com­por­tamien­to que este de otra man­era no habría real­iza­do” sin su influ­en­cia (Cat­tá­neo, 2016, p. 2). Galin­sky & Todd (2014) afir­man que per­sonas en posi­ciones de poder o miem­bros de gru­pos dom­i­nantes sue­len ten­er may­ores difi­cul­tades para realizar la téc­ni­ca de toma de per­spec­ti­va u obten­er resul­ta­dos pos­i­tivos. Dado que la posi­ción de poder incide neg­a­ti­va­mente en la efi­ca­cia de la toma de per­spec­ti­va, se otorgó a todos los par­tic­i­pantes una hoja de datos sociode­mográ­fi­cos, pre­vio a la sesión exper­i­men­tal, en la cual se pidió que respondier­an sí o no sobre su perte­nen­cia a algún car­go públi­co o su aspiración a ello. De este modo, la vari­able fue con­tro­la­da por medio del méto­do de elim­i­nación, excluyen­do a aque­l­los suje­tos que respondían de for­ma afir­ma­ti­va (McGuigan, 1996).

Prác­ti­ca con el IAT

Com­prende el uso del Test de Aso­ciación Implíci­ta, com­puesto por cat­e­gorías de imá­genes y pal­abras que no poseían relación algu­na con la inves­ti­gación, de modo que los par­tic­i­pantes con­taran con una sesión de prác­ti­ca para uti­lizar dicho instru­men­to, a fin de famil­iar­izarse con su fun­cionamien­to y fas­es que com­prende. La impor­tan­cia de esta vari­able radicó en la necesi­dad de evi­tar resul­ta­dos inefi­caces en la medición del pre­juicio implíc­i­to, a raíz de fac­tores como la con­fusión o el uso equívo­co de los aspec­tos que com­prende el IAT, y fue con­tro­la­da por medio del méto­do de con­stan­cia de condi­ciones (McGuigan, 1996).

Tipo de Investigación

Se trató de una inves­ti­gación cuasi-exper­i­men­tal, puesto que se llevó a cabo la manip­u­lación inten­cional de una vari­able inde­pen­di­ente o VI (toma de per­spec­ti­va); se midió el efec­to que la VI pro­du­jo sobre la vari­able depen­di­ente o VD, en este caso, el pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hog­ar; y se con­tro­laron las vari­ables extrañas que pudieron poten­cial­mente incidir en la relación VI-VD, sien­do estas la autoes­ti­ma, la posi­ción de poder y la prác­ti­ca con el IAT (Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista, 2010; Ker­linger & Lee, 2002). Por otro lado, se llevó a cabo un pro­ce­so de selec­ción de los par­tic­i­pantes para que cumpli­er­an con las especi­fi­ca­ciones requeri­das de la inves­ti­gación (Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista, 2010; Ker­linger & Lee, 2002).

Dis­eño de investigación

La inves­ti­gación con­sis­tió en un dis­eño cuasi-exper­i­men­tal de dos gru­pos: un grupo con­trol y un grupo exper­i­men­tal. El primer grupo se vio expuesto a la téc­ni­ca de toma de per­spec­ti­va a través de un rela­to acer­ca de la real­i­dad de las per­sonas sin hog­ar, mien­tras que el otro fue expuesto a una activi­dad no rela­ciona­da con el sin­hog­a­ris­mo. La apli­cación de la VI se llevó a cabo en una úni­ca ocasión y tuvo una duración de 15 min­u­tos. Se recur­rió a la medición post-test inmedi­ata­mente después de la inter­ven­ción, con la final­i­dad de evi­tar la sen­si­bi­lización de los suje­tos a una eval­u­ación pre-test que pudiera gener­ar varia­ciones en los resul­ta­dos obtenidos.

Grá­fi­ca­mente, se rep­re­sen­taría de la sigu­iente man­era según Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista (2010):

Mues­tra

En la inves­ti­gación par­tic­i­paron 20 hom­bres y mujeres estu­di­antes de la Uni­ver­si­dad Cen­tral de Venezuela, de entre 18 y 30 años de edad, res­i­dentes del Área Met­ro­pol­i­tana de Cara­cas, no vin­cu­la­dos a car­gos o posi­ciones de poder y con nive­les de autoes­ti­ma promedio.

Muestreo

Se llevó a cabo un pro­ced­imien­to para muestreo de tipo no prob­a­bilís­ti­co, por cuo­tas, selec­cio­nan­do a aque­l­los estratos que cumpli­er­an con las car­ac­terís­ti­cas per­ti­nentes para con­tro­lar las influ­en­cias sis­temáti­cas que las vari­ables posi­ción de poder y autoes­ti­ma pudier­an gener­ar en el análi­sis de datos (Ker­linger & Lee, 2002).

Instru­men­tos

Escala de Autoes­ti­ma de Rosen­berg (RSES)

Fue uti­liza­da una adaptación al español del instru­men­to con­stru­i­do de ini­cio por Rosen­berg, denom­i­na­da Rosen­berg Self-Esteem Scale (RSES). Se tra­ta de un inven­tario que evalúa la con­cep­ción que tienen los indi­vid­u­os para con­si­go mis­mos, así como otros obje­tos rela­ciona­dos. Abar­ca dos dimen­siones referi­das a las acti­tudes que tiene la per­sona hacia sí mis­ma: a) pos­i­ti­vas, que se refieren a una apre­ciación favor­able de esti­ma y reconocimien­to de las propias habil­i­dades, ima­gen y valía; y b) neg­a­ti­vas, que se refieren a las apre­cia­ciones des­fa­vor­ables y de dis­min­u­ción de estas mis­mas habil­i­dades, ima­gen y val­o­ración. Con­s­ta de 10 items dis­puestos en una escala Lik­ert de 4 pun­tos, que va des­de total­mente en desacuer­do (1) has­ta total­mente de acuer­do (4), encon­trán­dose 5 ítems pos­i­tivos para una dimen­sión y 5 ítems neg­a­tivos o inver­sos para la otra dimen­sión. La RSES se cor­rige asig­nan­do los val­ores cor­re­spon­di­entes a cada ítem, de acuer­do a la respues­ta que se haya otor­ga­do, a través de una suma­to­ria de lo obtenido y con una plan­til­la impre­sa del test. Los resul­ta­dos fluc­túan entre una pun­tuación de 10 y 40, y se con­trastan de acuer­do a las nor­mas prop­ues­tas por Rosen­berg (1965), quien establece que un pun­ta­je más cer­cano a 10 supone una autoes­ti­ma con ten­den­cia a lo bajo, y una cal­i­fi­cación más cer­cana a 40 per­mite asumir una ten­den­cia a la autoes­ti­ma alta.

Para su adaptación, fue lle­va­do a cabo un pro­ced­imien­to de val­i­dación por parte de exper­tos con el uso de un for­mu­la­rio cuyo con­tenido pre­senta­ba una for­ma de eval­u­ación de los ítems en cuan­to a redac­ción, perte­nen­cia a la dimen­sión, y rel­e­van­cia. Como resul­ta­do de dicha eval­u­ación, fueron mod­i­fi­ca­dos los ítems 1, 2, 3, 7 y 10 de la escala.

Test de Aso­ciación Implíci­ta (IAT) de Green­wald, McGhee & Scwart

Es con­ce­bido como una medi­da para la eval­u­ación de pro­ce­sos men­tales implíc­i­tos, en la que se uti­lizan las laten­cias de respues­ta, a fin de deter­mi­nar la fuerza de las aso­cia­ciones entre estí­mu­los o cat­e­gorías (Tosi, Ledes­ma, Poó, Montes & López; 2018). El IAT se basa en el supuesto de que, al pre­sen­tar al indi­vid­uo una infor­ma­ción o estí­mu­lo que requiere de una con­testación inmedi­a­ta, es posi­ble des­en­ca­denar respues­tas automáti­cas que pueden ser indi­cadores de pre­juicio implíc­i­to a par­tir del tiem­po de respues­ta, ya que este se basa en las aso­cia­ciones y elab­o­ra­ciones pre­vias hechas por el mis­mo indi­vid­uo en torno al estí­mu­lo. En cuan­to a sus dimen­siones, estas rad­i­can en la ausen­cia de pre­juicio hacia el exo­grupo cuan­do la direc­ción es pos­i­ti­va (menores tiem­pos de respues­tas), y la exis­ten­cia de pre­juicio en caso de encon­trar un val­or con direc­ción neg­a­ti­va (may­ores tiem­pos de latencia).

La prue­ba pre­sen­ta una medi­da de inter­va­lo, y se encuen­tra con­for­ma­da por 50 ítems, sep­a­ra­dos en cat­e­gorías de imá­genes (per­sonas con hog­ar y per­sonas sin hog­ar) y cat­e­gorías de pal­abras (bue­nas y malas); pre­sen­ta­dos en 5 fas­es, a las cuales debe respon­der­se uti­lizan­do las letras E o I del tecla­do, según sea el caso. Las fas­es 3 y 5 rep­re­sen­tan el bloque com­pat­i­ble y el bloque incom­pat­i­ble, que resul­tan fun­da­men­tales para la eval­u­ación de los tiem­pos de respues­ta. El IAT se cor­rige por medio de las pun­tua­ciones autom­a­ti­zadas y ofre­ci­das por el pro­gra­ma, que sur­gen del cociente obtenido entre el prome­dio de respues­tas en los blo­ques com­pat­i­ble e incom­pat­i­ble y las laten­cias resul­tantes en ambas fas­es. Esto deter­mi­na direc­ciones pos­i­ti­vas o neg­a­ti­vas según sea el caso (Tosi & cols, 2018).

Para con­stru­ir el IAT usa­do en esta inves­ti­gación fue elab­o­ra­do un cues­tionario cor­to para cono­cer aque­l­los cal­i­fica­tivos comunes que serían los más indi­ca­dos y rep­re­sen­ta­tivos para la cat­e­go­rización de las per­sonas sin hog­ar, por parte de indi­vid­u­os con car­ac­terís­ti­cas sim­i­lares a la mues­tra uti­liza­da. El cual ofre­ció tér­mi­nos que, acom­paña­dos de la búsque­da teóri­ca, for­maron parte del IAT. Además, se llevó a cabo una val­i­dación por parte de 3 exper­tos teóri­cos que per­mi­tió eval­u­ar las dis­tin­tas cat­e­gorías de imá­genes y pal­abras, con respec­to a su estandarización y cor­re­spon­den­cia con las car­ac­terís­ti­cas del exo­grupo y endo­grupo, de for­ma adap­ta­da al con­tex­to vene­zolano en cuan­to a lengua­je y visu­al­ización de las imágenes.

Estadís­ti­cos

Una vez que se con­tó con las pun­tua­ciones cor­re­spon­di­entes de cada grupo, obtenidos a par­tir de la inter­ven­ción, se llevó a cabo un con­traste de medias uti­lizan­do el estadís­ti­co de prue­ba t para mues­tras rela­cionadas (Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista, 2010).

Condi­ciones ambientales

La eje­cu­ción para la téc­ni­ca de toma de per­spec­ti­va se real­izó en una sala de com­putación, con condi­ciones de ilu­mi­nación y ven­ti­lación ade­cuadas, equipa­da con sil­las y equipos indi­vid­uales para que los par­tic­i­pantes de cada grupo pudier­an lle­var a cabo la tarea de man­era cómo­da y apli­ca­da. A su vez, se invitó a los par­tic­i­pantes a estar en ópti­mas condi­ciones de sueño y ali­mentación para un mejor desem­peño en la actividad.

Pro­ced­imien­to

En la fase exper­i­men­tal, se selec­cionaron los dos gru­pos de for­ma no aleato­ria. A cada par­tic­i­pante se le hizo entre­ga de una hoja que mostra­ba una his­to­ria con relación a un tema especí­fi­co jun­to con 5 pre­gun­tas abier­tas con relación a ese mis­mo tema, otor­gan­do un perío­do de tiem­po de 15 min­u­tos para respon­der­las. El grupo con­trol elaboró la activi­dad sobre los agu­jeros negros (tema no rela­ciona­do); mien­tras que el grupo exper­i­men­tal lo hizo sobre las viven­cias de una per­sona sin hog­ar. Esto últi­mo dio lugar a la inter­ven­ción, con el uso de la toma de perspectiva.

A ambos gru­pos se les ofrecieron las instruc­ciones y dis­posi­ciones nece­sarias para la eje­cu­ción del IAT en los com­puta­dores una vez ter­mi­na­da la activi­dad. Cabe destacar que al grupo exper­i­men­tal se le hizo entre­ga del inven­tario de autoes­ti­ma (RSES) una vez cul­mi­na­da la eval­u­ación con el IAT. Para finalizar, se les rev­eló a todos los par­tic­i­pantes el obje­ti­vo real del estu­dio y fue agrade­ci­da su colaboración.

Aspectos éticos de la investigación

Con la final­i­dad de garan­ti­zar un que­hac­er éti­co a lo largo de la inves­ti­gación, se enmar­caron los sigu­ientes aspec­tos plantea­d­os por Ker­linger & Lee (2002), y Cooli­can (1997): 1) Se garan­tizó la par­tic­i­pación vol­un­taria de los par­tic­i­pantes, respal­da­da por un con­sen­timien­to infor­ma­do que además les otor­ga­ba la lib­er­tad para aban­donar el estu­dio en cualquier eta­pa de este, con la final­i­dad de velar por el bien­es­tar indi­vid­ual. 2) Se evitó inten­cional­mente infor­mar a los par­tic­i­pantes sobre los obje­tivos esen­ciales de la inves­ti­gación para un mejor mane­jo de los resul­ta­dos, ais­lando poten­ciales fuentes de ses­go, y para preser­var la veraci­dad de estos. 3) Aspec­tos como la ausen­cia de reper­cu­siones neg­a­ti­vas de índole físi­ca o men­tal a causa de la par­tic­i­pación fueron noti­fi­cadas y ase­gu­radas. 4) Todas las respues­tas pro­por­cionadas por los par­tic­i­pantes se mane­jaron de for­ma anón­i­ma para estric­tos fines de inves­ti­gación. 5) Una vez final­iza­do el pro­ced­imien­to exper­i­men­tal, se rev­eló a cada par­tic­i­pante toda la infor­ma­ción ref­er­ente a los propósi­tos esen­ciales de la inves­ti­gación con la final­i­dad de favore­cer la transparencia.

Resultados

Se pre­sen­tan los estadís­ti­cos descrip­tivos del grupo exper­i­men­tal y el grupo con­trol de la pre­sente inves­ti­gación, así como los resul­ta­dos obtenidos al com­para­r­los, a través de la prue­ba t para mues­tras relacionadas.

Tabla 1. Estadísticos descriptivos
N Media Desv. típ. Var­i­an­za
Grupo Con­trol 10 .6938 .5679 .323
Grupo Exper­i­men­tal 10 .5377 .5665 .321

Puede apre­cia­rse en la tabla 1 que para el grupo con­trol, con un total de 10 par­tic­i­pantes (n=10) se obtu­vo una media en la eval­u­ación post-test del IAT de 𝑥̅ = .6938, una desviación típi­ca o DT= .5679 y una var­i­an­za aso­ci­a­da S= .323; mien­tras que con respec­to al grupo exper­i­men­tal, com­puesto por 10 par­tic­i­pantes (n=10), se obtu­vo una media de 𝑥̅ = .5377, una DT= .5665 y una S= .321. Como es posi­ble obser­var, se cuen­ta con una difer­en­cia entre las medias del grupo con­trol y exper­i­men­tal, sien­do la de este últi­mo de un val­or más bajo. Para com­pro­bar si dichas difer­en­cias eran estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas, se estudió el com­por­tamien­to de la dis­tribu­ción, así como la exis­ten­cia de homo­cedas­ti­ci­dad entre los grupos.

Tabla 2. Prueba de normalidad para la distribución de puntajes del IAT
Shapiro-Wilk
Estadís­ti­co Gl Sig.
IAT .987 20 .990

Con el obje­ti­vo de estable­cer si el com­por­tamien­to de la mues­tra uti­liza­da se ase­me­ja a la de una dis­tribu­ción nor­mal, se uti­lizó la prue­ba de nor­mal­i­dad de Shapiro-Wilk. Esta prue­ba arro­jó un resul­ta­do de W= .987, p>.005, con un niv­el de sig­nifi­cación aso­ci­a­do igual a .990, lo cual indi­ca que la difer­en­cia entre la dis­tribu­ción teóri­ca y empíri­ca no es sig­ni­fica­ti­va estadís­ti­ca­mente, y que por lo tan­to, la mues­tra uti­liza­da para la inves­ti­gación se com­por­ta de man­era normal.

Tabla 3. Prueba de homogeneidad de la varianza
Instru­men­to Estadís­ti­co de Levene Sig.
IAT ‚051 ‚823

Para cono­cer si existe igual­dad de var­i­an­zas entre el grupo con­trol y el grupo exper­i­men­tal, se aplicó la prue­ba de Lev­ene, la cual arro­jó una sig­nifi­cación de p= .856 >.05. Este resul­ta­do com­prue­ba que dichas var­i­an­zas son iguales, por lo que existe homo­cedas­ti­ci­dad entre ambas distribuciones.

Por tan­to, cono­cien­do que existe homo­cedas­ti­ci­dad entre el grupo con­trol y el grupo exper­i­men­tal, y que la mues­tra obser­va­da se ajus­ta a una dis­tribu­ción nor­mal, se pro­cedió a uti­lizar la prue­ba t para mues­tras rela­cionadas para ver­i­ficar si existían difer­en­cias estadís­ti­ca­mente sig­ni­fica­ti­vas entre dichos gru­pos de investigación.

Tabla 4. Prueba T de Student para muestras relacionadas
Prue­ba T para la igual­dad de medias
T Gl Sig. (bilat­er­al)
IAT ‚636 9 ‚540

Una vez apli­ca­da la Prue­ba T de Stu­dent, esta arro­jó un val­or de t(9)= ‚636, p > .05. Lo ante­ri­or deja en evi­den­cia que aunque surgieron difer­en­cias entre las medias del grupo exper­i­men­tal y el grupo con­trol, tales difer­en­cias encon­tradas no son estadís­ti­ca­mente significativas.

Discusión de resultados

En cor­re­spon­den­cia con los resul­ta­dos encon­tra­dos a par­tir del análi­sis cuan­ti­ta­ti­vo de los datos que sum­in­istró la mues­tra de par­tic­i­pantes, se obser­va que las difer­en­cias encon­tradas entre el grupo exper­i­men­tal y el grupo con­trol, no pre­sen­tan sig­nifi­cación estadís­ti­ca. En este sen­ti­do, exis­ten una serie de vari­ables impor­tantes a con­sid­er­ar, las cuales además de explicar las posi­bles causas de la fal­ta de efi­ca­cia de la téc­ni­ca para la inter­ven­ción del pre­juicio implíc­i­to hacia las per­sonas sin hog­ar, ofre­cen un nue­vo mar­co de inter­ven­ción a par­tir de los difer­entes fac­tores encon­tra­dos como deter­mi­nantes a este respecto.

En prin­ci­pio, las acti­tudes des­fa­vor­ables hacia las per­sonas sin hog­ar son un fac­tor que per­siste des­de hace décadas y que se encuen­tra fuerte­mente arraiga­do en la sociedad. Conc­re­ta­mente, los com­por­tamien­tos que demues­tran pre­juicio, como las expre­siones de dis­crim­i­nación, han sido vis­i­bi­liza­dos y repor­ta­dos por fuentes como el Cen­tro Nacional de Leyes para el Sin­hog­a­ris­mo y la Pobreza (2017), insti­tu­ción que da cuen­ta de la crim­i­nal­ización de esta prob­lemáti­ca inclu­so en país­es desar­rol­la­dos como Esta­dos Unidos, en el que indi­vid­u­os que se enfrentan a esta situación de pre­cariedad son mul­ta­dos por la ley, o lle­va­dos a la justicia.

Por su parte, en España se llevó a cabo un estu­dio a per­sonas sin hog­ar, en el que fueron entre­vis­ta­dos 339 indi­vid­u­os, con la final­i­dad de cono­cer las for­mas de dis­crim­i­nación lle­vadas a cabo en su con­tra, y en cuyos relatos ver­bales se rev­e­laron expe­ri­en­cias con ciu­dadanos comunes; tales como sen­tirse igno­ra­dos, recibir miradas desagrad­ables, ser ata­ca­dos con piedras o fuego mien­tras duer­men, ser víc­ti­mas de burlas y bro­mas (Felipe, 2015).

De tal modo que, es verosímil afir­mar que el pre­juicio hacia las per­sonas sin hog­ar es, no solo un ele­men­to mar­ca­do en la sociedad, en el que son obje­to de repu­dio en algún pun­to de su condi­ción, sino que la prob­lemáti­ca ha per­sis­ti­do durante décadas en una can­ti­dad impor­tante de país­es y comu­nidades (Cen­tro Nacional de Leyes para el Sin­hog­a­ris­mo y la Pobreza, 2017; Felipe, 2015). Este es un fac­tor que per­mi­tiría explicar la razón por la cual la toma de per­spec­ti­va puede no ten­er un impacto con­sid­er­able sobre el pre­juicio, ya que tal y como Galin­sky & Todd (2014) men­cio­nan, un fuerte arrai­go de las acti­tudes neg­a­ti­vas por la sociedad hacia un grupo estigma­ti­za­do, puede dis­minuir la efec­tivi­dad de la téc­ni­ca de toma de con­cien­cia debido a que el ses­go per­sis­tente difi­cul­ta el ejer­ci­cio de rela­cionarse con el otro.

Adi­cional­mente, dichos autores estable­cen que las car­ac­terís­ti­cas cor­re­spon­di­entes al exo­grupo supo­nen un segun­do aspec­to o causa que puede incidir en la efi­ca­cia de la toma de per­spec­ti­va para la reduc­ción del pre­juicio implíc­i­to. Galin­sky & Todd (2014) indi­can que aque­l­las car­ac­terís­ti­ca del grupo estigma­ti­za­do que se perciben alta y neg­a­ti­va­mente estereoti­padas por el endo­grupo entor­pecen la efec­tivi­dad de la téc­ni­ca. En el caso de la pre­sente inves­ti­gación, las imá­genes de per­sonas sin hog­ar mostradas en el IAT refle­ja­ban acciones como dormir en par­ques o plazas, las cuales paradóji­ca­mente no solo podían coin­cidir sino estim­u­lar el estereotipo en torno a este colec­ti­vo, y por lo tan­to gener­ar resul­ta­dos con­tra­dic­to­rios e insospecha­dos. Como posi­ble solu­ción para este caso, se sug­iere emplear imá­genes de per­sonas sin hog­ar para el IAT con un bajo niv­el estereotípi­co, por ejem­p­lo, evi­tan­do mostrar a estos indi­vid­u­os en la eje­cu­ción de activi­dades que son rec­haz­adas social­mente, como pedir dinero o dormir en lugares públi­cos; así como omi­tir imá­genes en las cuales la apari­en­cia de dichas per­sonas sea desal­iña­da o sucia en exceso.

Por otro lado, la toma de per­spec­ti­va supone una téc­ni­ca que requiere de una gran com­pren­sión de las cir­cun­stan­cias en las que se encuen­tra un indi­vid­uo ajeno a la per­sona, por lo que una duración lim­i­ta­da para esta estrate­gia puede resul­tar con­trapro­du­cente para lle­var a cabo tal obje­ti­vo. De lo ante­ri­or se infiere que un tiem­po de duración de cer­ca de 15 min­u­tos para el empleo de la téc­ni­ca no per­mite a los par­tic­i­pantes com­pren­der y rela­cionarse en pro­fun­di­dad con el rela­to sobre la per­sona sin hog­ar; ya que el tiem­po delim­i­ta­do para la duración de la téc­ni­ca es un fac­tor que influye con­sid­er­able­mente sobre su eficacia.

Tam­bién, se tiene que la expe­ri­en­cia sub­je­ti­va y las sen­timien­tos exper­i­men­ta­dos por la per­sona sin hog­ar (sen­timien­tos de pro­fun­da tris­teza o sin sen­ti­do) com­pren­den un aspec­to impor­tante para obten­er los resul­ta­dos que se esper­an de la téc­ni­ca; y es posi­ble que una mera descrip­ción o énfa­sis sobre los hechos acon­te­ci­dos a la per­sona (la pér­di­da de la vivien­da o del empleo, por ejem­p­lo), poco pro­mue­van una aprox­i­mación empáti­ca. Galin­sky & Todd (2014) afir­man que la empatía es uno de los efec­tos logra­dos por la téc­ni­ca y se con­sid­era pri­mor­dial para dis­minuir las acti­tudes y con­sid­era­ciones des­fa­vor­ables hacia las per­sonas sin hog­ar. Por tan­to, se recomien­da que la toma de per­spec­ti­va destaque los sen­timien­tos y emo­ciones más que los hechos exper­i­men­ta­dos por las per­sonas sin hogar.

Otra vari­able estrechamente rela­ciona­da con la ante­ri­or es la modal­i­dad en la que se pre­sen­ta la toma de per­spec­ti­va, la cual tiene dos impli­ca­ciones rel­e­vantes. Por un lado, exis­ten difer­en­cias indi­vid­uales en cuan­to a aque­l­las modal­i­dades sen­so­ri­ales que des­en­ca­de­nan o dan lugar a pro­ce­sos men­tales bási­cos como la aten­ción y emo­ción, los cuales a pos­te­ri­ori influyen sobre otros más com­ple­jos como la reflex­ión y la empatía; por el otro, depen­di­en­do de la modal­i­dad de pre­sentación del rela­to a través de la toma de per­spec­ti­va, sea audio o video, es posi­ble acen­tu­ar más vívi­da­mente la mag­ni­tud de las expe­ri­en­cias y sen­timien­tos vivi­dos por la per­sona sin hog­ar, perteneciente al grupo estigma­ti­za­do. De esta man­era, la inter­ac­ción entre cómo se desem­peñan estos pro­ce­sos men­tales bási­cos y com­ple­jos indi­vid­uales y aque­l­las modal­i­dades de pre­sentación que puedan con­tener may­or o menor estim­u­lación (audio, rela­to escrito o video) harán el pro­ce­so de toma de per­spec­ti­va más o menos efec­ti­vo según sea el caso (Bat­son & cols., 1997; Galin­sky & Todd, 2014). Así, se recomien­da la eval­u­ación pre­via, sobre todo de aque­l­los pro­ce­sos men­tales com­ple­jos como la reflex­ión, y el empleo de mate­ri­ales alta­mente estim­u­lantes como los mate­ri­ales audivisuales.

A niv­el pro­ced­i­men­tal, se tiene que a pesar del con­trol ejer­ci­do sobre la vari­able de prác­ti­ca con el IAT, existe la posi­bil­i­dad de que los par­tic­i­pantes requiri­er­an de un entre­namien­to aún más pro­lon­ga­do sobre su fun­cionamien­to, debido a la com­ple­ji­dad que el instru­men­to pre­sen­ta para ser eje­cu­ta­do cor­rec­ta­mente. Dicho fun­cionamien­to tam­bién se ve com­pro­meti­do como con­se­cuen­cia de la con­fusión gen­er­a­da en el bloque incom­pat­i­ble y la fati­ga que en gen­er­al pro­duce aten­der a las fas­es del IAT (Hernán­dez, Fer­nán­dez & Bap­tista, 2010). Por con­sigu­iente, se recomien­da para futuras inves­ti­ga­ciones un entre­namien­to más per­sis­tente y sep­a­ra­do en el tiem­po para que esto desem­boque en la reduc­ción de la fati­ga gen­er­a­da por la com­ple­ji­dad del instru­men­to, a fin de garan­ti­zar un desem­peño ópti­mo por parte de los participantes.

Hechas las con­sid­era­ciones ante­ri­ores, futuras inves­ti­ga­ciones deben con­sid­er­ar el con­trol de las vari­ables sug­eri­das como gen­er­ado­ras de efec­tos adver­sos para la téc­ni­ca de toma de per­spec­ti­va, tales como la pre­sentación del grupo estigma­ti­za­do de for­ma estereoti­pa­da, el tiem­po de duración para el empleo de la téc­ni­ca, el niv­el de emo­cional­i­dad involu­cra­do en el rela­to, y la modal­i­dad en la que este sea pre­sen­ta­do. En cuan­to al pro­ced­imien­to, se deberá tomar en cuen­ta aspec­tos como un entre­namien­to pro­lon­ga­do y min­u­cioso para el uso de tests sim­i­lares al IAT.

Conclusiones

La pre­sente inves­ti­gación expone que, aunque los resul­ta­dos obtenidos por el uso de la toma de per­spec­ti­va no hayan sido sig­ni­fica­tivos para dar cuen­ta de la efec­tivi­dad de la téc­ni­ca, per­miten com­pro­bar que efec­ti­va­mente, existe en la sociedad un influ­jo de acti­tudes neg­a­ti­vas incon­scientes hacia las per­sonas sin hog­ar, lo que per­mite no solo dar espa­cio a may­ores dis­cu­siones sobre las causas, en este caso del pre­juicio implíc­i­to hacia per­sonas sin hog­ar y en cuan­to a estas visiones neg­a­ti­vas en gen­er­al; sino dar lugar a prop­ues­tas y medi­das que mejoren la cal­i­dad de vida de las comu­nidades y de aque­l­los que son blan­co de prác­ti­cas per­ju­di­ciales (Cen­tro Nacional de Leyes para el Sin­hog­a­ris­mo y la Pobreza, 2017; Baron & Byrne, 2005).

A la luz de los ele­men­tos que se han descrito, se tiene que una primera aprox­i­mación al abor­da­je de la prob­lemáti­ca del sin­hog­a­ris­mo debe ser, en los ámbitos social y legal, a través de la incor­po­ración de reg­u­la­ciones de índole públi­co por parte del Esta­do, para otor­gar may­or apoyo a los ciu­dadanos con respec­to a la adquisi­ción y manu­ten­ción de una vivien­da, bien sea propia o renta­da. Dicho aspec­to, jun­to al desem­pleo, han sido una de las prin­ci­pales causas en muchos país­es por la cual los indi­vid­u­os se encuen­tran sin hog­ar en lap­sos vari­ables de tiem­po, y debe ser con­tro­la­do, en cada nación, por los entes guber­na­men­tales a car­go de los ser­vi­cios de los ciu­dadanos (Cen­tro Nacional de Leyes para el Sin­hog­a­ris­mo y la Pobreza, 2017).

Además, es nece­sario estable­cer lin­eamien­tos para la pro­tec­ción de per­sonas sin hog­ar prin­ci­pal­mente por parte de las autori­dades estatales y entes públi­cos, incluyen­do inter­ven­ciones de carác­ter psi­cológi­co y social sim­i­lares a la con­tem­pla­da por la pre­sente inves­ti­gación, ya que la crim­i­nal­ización de estos indi­vid­u­os y los actos de dis­crim­i­nación, como la destruc­ción de los cam­pa­men­tos de dicha comu­nidad supo­nen un fac­tor deter­mi­nante para des­en­ca­denar el rec­ha­zo por parte de la sociedad hacia la agru­pación de indi­vid­u­os sin hog­ar, y además con­tribuyen al arrai­go de visiones pey­ora­ti­vas hacia ellos. Esto difi­cul­ta la reduc­ción del pre­juicio explíc­i­to y, sobre todo, del implíc­i­to (Baron & Byrne, 2005; Cen­tro Nacional de Leyes para el Sin­hog­a­ris­mo y la Pobreza, 2017).

Se vis­lum­bra, por medio de la inves­ti­gación actu­al, que las estrate­gias uti­lizadas para la reduc­ción del pre­juicio hacia las per­sonas sin hog­ar requieren de un abor­da­je de la prob­lemáti­ca del sin­hog­a­ris­mo que tome en cuen­ta la fuerte y neg­a­ti­va car­ga estereotípi­ca que pre­sen­ta este colec­ti­vo; con­sideran­do apropi­a­do hac­er énfa­sis en su expe­ri­en­cia sub­je­ti­va y en los aspec­tos que le hacen ser parte de la sociedad, y no mera­mente un miem­bro de un grupo estigma­ti­za­do (Galin­sky & Todd, 2014).

Por últi­mo, se con­sid­era rel­e­vante men­cionar que las per­sonas sin hog­ar son indi­vid­u­os comunes que, a raíz de la acu­mu­lación de diver­sas cir­cun­stan­cias que en su gran may­oría son de ori­gen exter­no a ellos, pier­den un espa­cio pro­pio y seguro. Es impor­tante que en la sociedad se real­cen estrate­gias efi­caz­mente delim­i­tadas y de apoyo hacia las per­sonas en esta situación, así como prop­ues­tas guber­na­men­tales para la solu­ción de hechos sociales que lle­van a miem­bros de las pobla­ciones a quedar despro­vis­tos de cualquier ayu­da. Aunque los indi­vid­u­os en situación de sin­hog­a­ris­mo no han exper­i­men­ta­do pre­juicio direc­to por parte de todos los miem­bros de la sociedad, ello no dis­min­uye la impor­tan­cia y urgen­cia de nor­mas rig­urosas que val­ori­cen la condi­ción humana, y per­mi­tan una evolu­ción per­son­al y social de cada individuo.

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