SALUD MENTAL Y COVID-19 EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES CUBANOS

Roxanne Castellanos Cabrera
Aurora García Morey
Daidy Pérez Quintana

Facultad de Psicología, Universidad de La Habana

Jagger Álvarez Cruz

FLACSO-Cuba, Universidad de La Habana

Resumen

La colab­o­ración entre el Min­sap, Fac­ul­tades de psi­cología y (Flac­so-Cuba), de la Uni­ver­si­dad de La Habana y la ofic­i­na de Unicef-Cuba, prop­i­ció la eval­u­ación de la salud men­tal de una mues­tra de niños/as y ado­les­centes cubanos con­va­le­cientes de la Covid-19. Este tra­ba­jo abor­da la car­ac­ter­i­zación del esta­do psi­cológi­co de una mues­tra de 44 niños/as y ado­les­centes, medi­ante téc­ni­cas no ver­bales, (dibu­jo libre y temáti­co), com­posi­ción y una encues­ta al cuidador prin­ci­pal. Se encon­tró que el 81.8 % está afec­ta­do emo­cional­mente, sin que exista des­or­ga­ni­zación de los pro­ce­sos cog­ni­tivos. El 60 % de las cuidado­ras prin­ci­pales no expre­sa con­cien­cia de esto, lo cual limi­ta el acom­pañamien­to que requieren niños y ado­les­centes para su recu­peración. Se con­stató afectación de la esfera emo­cional y necesi­dades de may­or social­ización. La total­i­dad de los casos, deben recibir acom­pañamien­to psicológico.

Pal­abras Claves: Covid-19, salud men­tal, infan­cia, eval­u­ación psicológica.

Abstract

The col­lab­o­ra­tion between the MINSAP, Fac­ul­ties of Psy­chol­o­gy and (FLAC­SO-Cuba), of the Uni­ver­si­ty of Havana and the office of UNICEF-Cuba, led to the eval­u­a­tion of the men­tal health of a sam­ple of con­va­les­cent Cuban chil­dren and ado­les­cents from the COVID-19, to know the psy­cho­log­i­cal state of con­va­les­cent chil­dren and ado­les­cents. The authors of this work were respon­si­ble for the char­ac­ter­i­za­tion of the psy­cho­log­i­cal state of the stud­ied sam­ple of 44 chil­dren and ado­les­cents, through non-ver­bal tech­niques (free and the­mat­ic draw­ing), com­po­si­tion and a sur­vey of the main care­giv­er. It was found that 81.8% are emo­tion­al­ly affect­ed, with­out dis­or­ga­ni­za­tion of cog­ni­tive process­es. 60% of the main care­givers do not express aware­ness of this, which lim­its the accom­pa­ni­ment that chil­dren and ado­les­cents require for their recov­ery. It was found affec­ta­tion of the emo­tion­al sphere, needs and social­iza­tion capac­i­ties. All cas­es must receive psy­cho­log­i­cal support.

Key word: COVID-19, men­tal health, child­hood, psy­cho­log­i­cal evaluation.

Intro­duc­ción

La cien­cia y la tec­nología tienen un desem­peño rel­e­vante en el enfrentamien­to a la Covid-19 en Cuba. En vín­cu­lo per­ma­nente con la gestión guber­na­men­tal, los desar­rol­los inves­tiga­tivos en varias dis­ci­plinas cien­tí­fi­cas se están ori­en­tan­do a resul­ta­dos que ofre­cen respues­tas san­i­tarias, sociales y políti­cas a los desafíos de la pandemia.

El gob­ier­no en inter­ac­ción con las cien­cias, medi­ante un sis­tema de tra­ba­jo que incluye el diál­o­go direc­to de exper­tos y pro­fe­sion­ales con el gob­ier­no, la colab­o­ración interin­sti­tu­cional e inter­sec­to­r­i­al y la par­tic­i­pación inter­dis­ci­pli­nar­ia, real­iza inves­ti­ga­ciones que acel­er­an respues­tas y una acti­va comu­ni­cación públi­ca para mejo­rar la infor­ma­ción y el com­por­tamien­to de la población (Díaz-Canel, 2020).

La mov­i­lización del conocimien­to exper­to se ubi­ca en pro­gra­mas de pre­ven­ción en salud men­tal y apoyo psi­cológi­co ante la pan­demia por la Covid-19. Los exper­tos tra­ba­jan coor­di­na­dos por el Depar­ta­men­to de Salud Men­tal del Min­is­te­rio de Salud Públi­ca e imple­men­tan pro­to­co­los de apoyo a la salud men­tal de tra­ba­jadores san­i­tar­ios (front­line), per­sonas vul­ner­a­bles y aten­ción a con­va­le­cientes, tan­to adul­tos como niños.

En el mar­co de una colab­o­ración interin­sti­tu­cional entre el Min­is­te­rio de Salud Públi­ca (Min­sap), la Fac­ul­tad de Psi­cología y la Fac­ul­tad Lati­noamer­i­cana de Cien­cias Sociales (Flac­so-Cuba), ambas áreas de la Uni­ver­si­dad de la Habana, y la ofic­i­na de Unicef-Cuba, se proyec­tó la eval­u­ación de la salud men­tal de la población de niños y ado­les­centes cubanos con­va­le­cientes de la Covid-19, cuan­do en La Habana existían solo 98 casos de niños entre 0 a 18 años con­va­le­cientes de la enfer­medad. En ese momen­to, eran muy pocos los estu­dios rela­ciona­dos con este tema.

La eval­u­ación estu­vo com­pues­ta por cua­tro aspectos:

  • Despis­ta­je psicopatológico
  • Estu­dio neurológico
  • Car­ac­ter­i­zación del afrontamien­to familiar
  • Car­ac­ter­i­zación del bien­es­tar psicológico

Cor­re­spondió al equipo de inves­ti­gadores de la Fac­ul­tad de Psi­cología y de Flac­so, la car­ac­ter­i­zación del bien­es­tar psi­cológi­co. Los hal­laz­gos que se describen deben ser enten­di­dos como deriva­ciones de un pilota­je acer­ca del obje­ti­vo de la inves­ti­gación y su dis­eño metodológico.

Metodología

El pre­sente estu­dio tiene como prin­ci­pal obje­ti­vo cono­cer el esta­do psi­cológi­co de niños y ado­les­centes con­va­le­cientes por Covid-19. Los autores de la pre­sente inves­ti­gación, obtu­vieron la mues­tra a par­tir de la base de datos del Min­sap. En el momen­to en que se real­iza la inves­ti­gación, en La Habana solo­mente había 98 casos de niños entre 0 a 18 años que habían pade­ci­do la Covid-19 y la mues­tra la con­for­maron 44 niños y ado­les­centes, con­va­le­cientes de la enfer­medad, elegi­dos al azar.

Los cri­te­rios de inclusión fueron los sigu­ientes: que los niños y ado­les­centes fuer­an con­va­le­cientes de la Covid-19, no ten­er imped­i­men­tos cog­ni­tivos ni motores para realizar la eval­u­ación, y que la famil­ia, el niño y/o ado­les­cente expre­saran su con­sen­timien­to para par­tic­i­par en el estudio.

Es un estu­dio explorato­rio-descrip­ti­vo y la apli­cación de las téc­ni­cas estu­vo a car­go de los ser­vi­cios de psi­cología y psiquia­tría de la Direc­ción Provin­cial de Salud en La Habana.

Fueron apli­cadas las téc­ni­cas habit­uales del pro­ce­so de eval­u­ación psi­cológ­i­ca. Como parte de la metodología habit­u­al en la aten­ción a la infan­cia, se real­izó una tri­an­gu­lación entre la infor­ma­ción prove­niente de las fuentes direc­tas (el pro­pio niño o ado­les­cente) y de las fuentes indi­rec­tas (el cuidador principal).

Cada téc­ni­ca se eval­uó cuan­ti­ta­ti­va­mente a par­tir del análi­sis de fre­cuen­cias, por­cien­tos y relación entre vari­ables sig­ni­fica­ti­vas, que emer­gen del estu­dio. El análi­sis cual­i­ta­ti­vo, per­mi­tió elab­o­rar la car­ac­ter­i­zación del esta­do de bien­es­tar psi­cológi­co de la mues­tra mencionada.

Las téc­ni­cas apli­cadas por edades fueron:

Des­de cin­co has­ta 12 años (6to gra­do de escolaridad)

Téc­ni­cas psicográ­fi­cas: para el análi­sis de la esfera cog­ni­ti­va, emo­cional y socio-relacional.

  • Dibu­jo espontáneo.
  • Dibu­jo temáti­co de la Familia.
  • Dibu­jo temáti­co de la Covid.

Tres Deseos, Tres Miedos, Tres Moles­tias: análi­sis de infor­ma­ción acer­ca de las prin­ci­pales necesi­dades y moti­va­ciones, pre­ocu­pa­ciones, temores, malestar psi­cológi­co y de las viven­cias rela­cionadas con la enfermedad.

Des­de los 12 años (7mo gra­do de esco­lar­i­dad) has­ta los 18, se aplicaron:

Téc­ni­ca psicográ­fi­ca: análi­sis de la esfera cog­ni­ti­va, emo­cional y socio-relacional.

  • Dibu­jo espontáneo.

Com­posi­ción temáti­ca: análi­sis de infor­ma­ción acer­ca del esta­do de áni­mo actu­al, viven­cias rela­cionadas con la enfer­medad, impacto emo­cional, proyec­ción futu­ra. Pro­ce­sos emo­cionales, social­ización, depre­sión, vital­i­dad, ansiedad y angustia.

A los cuidadores prin­ci­pales de los infantes estudiados:

  1. Entre­vista socio-psi­cológ­i­ca sobre el niño o ado­les­cente: aportó los datos rela­ciona­dos con la con­tex­tu­al­ización socioe­conómi­ca y cul­tur­al de la famil­ia, las poten­cial­i­dades biológ­i­cas y psi­cofi­si­ológ­i­cas, fac­tores y acti­tudes poten­cial­mente psi­co­patógeno, desar­rol­lo físi­co y psi­cológi­co, for­ma­ción de hábitos, dinámi­ca famil­iar y validis­mo. Enfa­tizó en sín­tomas psi­cológi­cos o con­duc­tas de desajuste después de pade­cer la Covid-19.
  2. Cues­tionario del cuidador: infor­ma­ción acer­ca del esta­do físi­co y psi­cológi­co del cuidador, su disponi­bil­i­dad y acce­si­bil­i­dad para el niño, cal­i­dad del vín­cu­lo, val­o­ración acer­ca del hijo y apoyos que solicita.

Los niños menores de cin­co años fueron eval­u­a­dos medi­ante los instru­men­tos apli­ca­dos a los cuidadores.

Resultados

El análi­sis de los resul­ta­dos requiere que se acote que, por irreg­u­lar­i­dades del pro­ce­so de eval­u­ación, hubo algunos casos que no arrib­aron con la total­i­dad de las téc­ni­cas pre­vis­tas apli­cadas. Dado que se tra­ba­jó con una batería de téc­ni­cas, esto no impidió que se pudiera realizar la eval­u­ación de cada caso. Sin embar­go, intro­du­jo la difi­cul­tad de ten­er que mane­jar cifras difer­entes en los análi­sis glob­ales de los instru­men­tos, lo cual hemos deja­do explíc­i­to en este doc­u­men­to, al referirnos al análi­sis de cada téc­ni­ca psicológica.

Los 44 niños y ado­les­centes se dis­tribuyeron por gru­pos etar­ios y sexos:

  • 1 a 3 años: 13.6%
  • 4 a 5 años: 9.1%
  • 6 a 8 años: 15.9%
  • 9 a 10 años: 20.5%
  • 12 a 18 años: 40.9%

Esta dis­tribu­ción mues­tra el mis­mo patrón de dis­tribu­ción etaria de la población infan­til, iden­ti­fi­ca­do en el tran­scur­so de la epi­demia (Gar­cía et al., 2020; Íñiguez et al., 2020). Hay un ligero pre­do­minio de varones 56,8%, sobre 43. 2% las niñas.

Con­tex­to socio cul­tur­al y económico

Respec­to al niv­el edu­ca­cional famil­iar, pre­dom­i­na el medio en un 46.5 % de la mues­tra y el niv­el alto está pre­sente en un 9.3 %. El esta­tus económi­co se val­oró según los ingre­sos salar­i­ales prome­dios para la provin­cia de La Habana que repor­ta la Ofic­i­na Nacional de Estadís­ti­cas e Infor­ma­ción (Ofic­i­na Nacional de Estadís­ti­ca e Infor­ma­ción, 2017). El 52.5 % de las famil­ias perciben ingre­sos por deba­jo del prome­dio salar­i­al, el 20 % acordes al prome­dio y el 27.5 % se encuen­tran por encima.

Las condi­ciones con­struc­ti­vas de las vivien­das de estas famil­ias son cat­a­lo­gadas de reg­u­lar por la may­oría, (51.2 %), malas en un 26.8 % y bue­nas, en un 22 %. Refieren haci­namien­to el 34. 1 % de las famil­ias estudiadas.

Al obser­var la ima­gen 1 sobre tipología famil­iar, se apre­cia el pre­do­minio de las famil­ias mono­parentales (madre e hijos) en un 37.8 % de la mues­tra, a lo que se suma un 14.3 % de famil­ias mono­parentales exten­sas. Las famil­ias de tipo nuclear rep­re­sen­tan un 31 %.

Imagen 1: Tipología familiar (porciento)

Análi­sis del cues­tionario del cuidador principal

El cues­tionario fue respon­di­do por 42 suje­tos. El 95.2 % de los cuidadores prin­ci­pales que respondieron son las madres de los muestrea­d­os. Los dos casos restantes, se tratan de una abuela y bis­abuela mater­na, respectivamente.

Un poco más de la mitad de las cuidado­ras (58.5 %) refieren sen­tirse bien, mien­tras que el resto (41.5 %) expre­san algún niv­el de malestar; ya sea físi­co, psi­cológi­co o gen­er­al (que con­tem­pla tan­to el físi­co como el psicológico).

El 84.6 % de estas cuidado­ras, refieren estar en casa, disponibles para el niño todo el día en estos momen­tos, mien­tras que el resto (15.4%) se encuen­tran en sus activi­dades lab­o­rales, resul­tan­do acce­si­bles en la tarde y noche.

Respec­to a las activi­dades que real­izan de con­jun­to con los hijos, las cuidado­ras repor­tan el juego en un 42.9 %. El resto de las activi­dades referi­das, pueden apre­cia­rse en la ima­gen 2. No se obtienen otras respues­tas en alto niv­el de rep­re­sen­ta­tivi­dad, que hablen de un vín­cu­lo sig­ni­fica­ti­vo como ten­den­cia en la mues­tra. Un 16.7 % que equiv­ale a siete niños, refiere no realizar ningu­na activi­dad, de con­jun­to con su hijo(a).

Imagen 2: Actividades que se realizan de conjunto con los hijos (porciento).

Un 51.4 % de las cuidado­ras refiere que no han detec­ta­do sín­tomas ni desajustes en la con­duc­ta de sus hijos. Del 48.6 % restante un 27 % refiere no poder mane­jar ade­cuada­mente los cam­bios de los hijos (se alter­an, gri­tan, cas­ti­gan, entre otros), mien­tras un 21.6 % expre­sa lograr un buen mane­jo de la cri­an­za, a pesar de los desajustes presentes.

El 39 % de las cuidado­ras, expre­sa no ten­er ningu­na pre­ocu­pación conc­re­ta. Un 29.3 % expre­san pre­ocu­pación por la salud físi­ca y al 19.5 % les pre­ocu­pa el mane­jo psi­cológi­co frente a los cam­bios del niño o adolescente.

El 7.2 % de los adul­tos están pre­ocu­pa­dos por situa­ciones famil­iares que involu­cran al hijo y un 4.9 % por el hecho de que no han estu­di­a­do durante el perío­do de activi­dad docente en casa. Las cuidado­ras refieren no nece­si­tar apoyo ninguno en un 29.3 %. Se solici­ta apoyo médi­co por un 17.1 %, económi­co y mate­r­i­al por un 14.6 % y psi­cológi­co por un 31.7%, lo cual con­trasta con el 19.5 % que no expresó pre­ocu­pación por el mane­jo psi­cológi­co de sus hijos.

  • Análi­sis del cues­tionario de sín­tomas clínicos

Los sín­tomas referi­dos por las 37 cuidado­ras en sus hijos, tienen bajas rep­re­senta­ciones en la mues­tra (Ima­gen 3). La suc­ción dig­i­tal, los tics y la pér­di­da de intere­ses, no son sín­tomas que se repor­tan en la muestra.

Esta baja rep­re­sentación de todos los sín­tomas en los eval­u­a­dos, no coin­cide con los datos obtenidos en la inves­ti­gación sobre los efec­tos del ais­lamien­to físi­co en niños y ado­les­centes cubanos (Gar­cía et al., 2020). El grupo de inves­ti­gadores, en base a la expe­ri­en­cia de facil­itación de los gru­pos de apoyo psi­cológi­co, a través de What­sApp, tiene la hipóte­sis de que, en muchos casos, no existe una cert­era obser­vación de la con­duc­ta de los hijos, ni con­cien­cia de prob­le­ma respec­to a la posi­ble afectación psi­cológ­i­ca de ellos mismos.

Imagen 3: Síntomas referidos por las cuidadoras (porcentajes en base al total de afectados)

En la ima­gen 4 se puede apre­ciar una com­para­ción entre los sín­tomas de may­or inci­den­cia en la mues­tra de niños y ado­les­centes que padecieron la Covid-19 y la ya referi­da de los niños sanos que se encon­tra­ban en ais­lamien­to físi­co (Gar­cía et al., 2020).

Imagen 4: Cinco síntomas más frecuentes comparados con los presentados por niños con Covid-19 y niños sanos en aislamiento físico.

Excep­to en la inape­ten­cia, que en los con­va­le­cientes puede ser secuela de la enfer­medad, los demás sín­tomas se com­por­tan mucho más ele­va­dos en los niños sin Covid-19.

Tenien­do en cuen­ta que los niños estu­di­a­dos en la inves­ti­gación antes referi­da, esta­ban bajo los efec­tos del ais­lamien­to físi­co y que los del pre­sente estu­dio, han vivi­do el ais­lamien­to, además del impacto psi­cológi­co de haber pade­ci­do la Covid-19, no sería con­fi­able ase­gu­rar que los primeros ten­gan un cuadro más com­ple­jo de sín­tomas de desajuste psi­cológi­co que los segundos.

Análi­sis de la téc­ni­ca “Tres deseos, tres miedos, tres rabias”

De los 15 niños que la realizaron esta téc­ni­ca, mues­tran malestar psi­cológi­co rela­ciona­do con el hecho de haber­la pade­ci­do 14.

Los con­tenidos rela­ciona­dos más direc­ta­mente con haber pade­ci­do la enfer­medad, expre­san deseos de bue­na salud para ellos y sus famil­ias, así como miedos a la enfer­medad pro­ced­imien­tos médi­cos y anhelan que la Covid desa­parez­ca. Otras siete respues­tas refuerzan la necesi­dad de apego, unión y bien­es­tar famil­iar, por el momen­to que están viviendo.

El segun­do tipo de con­tenido que resul­ta lla­ma­ti­vo por su alta fre­cuen­cia está vin­cu­la­do a posi­bles con­flic­tos con otros niños y famil­iares, que pueden implicar mal­tra­to o discriminación.

La necesi­dad de juego, diver­sión y social­ización, por el con­trario, se ve rep­re­sen­ta­da en solo siete respues­tas, con­trario a la ten­den­cia nat­ur­al. Esto está indi­can­do que, las pre­ocu­pa­ciones y necesi­dades rela­cionadas con la enfer­medad que han pade­ci­do, ocu­pa el primer lugar, reforzan­do la idea de impacto psi­cológi­co de este acon­tec­imien­to en ellos.

Téc­ni­cas psicográficas

Los niños estu­di­a­dos por gru­pos de edades son 29, 16 niños y 13 ado­les­centes. El análi­sis abar­có pro­ce­sos ejec­u­tivos, emo­cionales con énfa­sis en el impacto de la enfer­medad, social­ización y esfera familiar.

En los pro­ce­sos ejec­u­tivos, el primer ele­men­to impor­tante es que, de los 29 niños evalu­ables, 28 (96.6 %) mues­tran un cur­so de pen­samien­to coher­ente donde no se apre­cia des­or­ga­ni­zación ni saltos. Esto sig­nifi­ca una bue­na poten­cial­i­dad para el pro­ce­so de recu­peración, aunque la inteligen­cia de la may­oría de los niños es de prome­dio a bajo. Respec­to a la energía psíquica, el 69 % tiene energía psíquica sufi­ciente para sat­is­fac­er sus necesi­dades. Resul­ta lla­ma­ti­vo el 17.2 % con energía débil, lo cual no es común en una población sana y puede obe­de­cer a secue­las de la enfermedad.

Un 65.5% de la mues­tra expre­sa capaci­dad e interés de comu­ni­carse con los otros. Sin embar­go, esta ten­den­cia es más noto­ria en los niños (81.2 %). En los ado­les­centes esta car­ac­terís­ti­ca se encuen­tra en el (46.2 %), pero una parte de ellos pre­sen­tan una expan­sivi­dad noto­ria (38.5 %), lo cual puede deberse a la necesi­dad de comu­ni­carse, de desa­hog­a­rse de lo vivido.

La pro­por­ción está ele­va­da en 41.4 %, pudi­en­do inter­pre­tarse como rigidez del pen­samien­to y fal­ta de flex­i­bil­i­dad. Son los ado­les­centes los que están deter­mi­nan­do esa ten­den­cia, al igual que el 37.9 % con reforza­mien­to en el dibu­jo lo cual se rela­ciona con la pres­en­cia de moles­tias y la remem­o­ración de viven­cias, que en este caso pueden ten­er que ver con la enfermedad.

En gen­er­al hay baja cal­i­dad en las rep­re­senta­ciones, lo cual habla de poca de cre­ativi­dad y recur­sos int­elec­tuales en esta población.

Los pro­ce­sos emo­cionales tienen como for­t­aleza, el 96.6 %, de respues­tas emo­cionales ade­cuadas a la real­i­dad y los estí­mu­los que reciben. La afectación que mues­tran se cor­re­sponde a las expe­ri­en­cias que han tenido por lo que cuan­do se les ofrez­ca la posi­bil­i­dad de social­ización y de expe­ri­en­cias agrad­ables, deben ir recu­peran­do el esta­do anímico.

Sin embar­go, la capaci­dad gen­er­al de exper­i­men­tar diver­si­dad y bal­ance de emo­ciones, tan­to pos­i­ti­vas como neg­a­ti­vas, solo se expre­sa en dos niños que uti­lizan poli­cromía (6.9 %) y ninguno es ado­les­cente. Esto se jus­ti­fi­ca por el fuerte impacto emo­cional de las viven­cias neg­a­ti­vas aso­ci­adas al haber esta­do enfer­mo y porque al pare­cer, el perío­do pos­te­ri­or al alta médi­ca, tam­poco ha sido alta­mente grat­i­f­i­cante. Las respues­tas emo­cionales son pobres o aplanadas, en un 48.2 %; a ello trib­u­tan más los niños, mostran­do esa ten­den­cia en un 68.8 %. Esto parece estar rela­ciona­do con pobreza de viven­cias que contar.

En el dibu­jo espon­tá­neo, la emo­ción que aflo­ra con may­or fre­cuen­cia es la ansiedad, (51.9 %), lle­gan­do has­ta 61.3 % en los ado­les­centes, esta­dos de agre­sivi­dad en un 40.7 %, aumen­tan­do al 50 % en los niños. La ansiedad agi­ta­da se pre­sen­ta en el 33.3 % has­ta 38.5 % en los ado­les­centes, y la inhibi­ción de la respues­ta emo­cional está en otro 33.3 % aumen­tan­do nue­va­mente al 38.5 % en los adolescentes.

El bajo por­cien­to de rep­re­sentación del tema de la Covid (3.7 %) en el dibu­jo espon­tá­neo, indi­ca que, a pesar del impacto emo­cional, no han sido afec­tadas todas las esferas de desar­rol­lo de estos infantes. En el área famil­iar, un 28.6 % de los niños expre­san un bal­ance emo­cional ade­cua­do, aunque el 80 % evi­den­cia pre­do­minio de la inhibi­ción de la respues­ta emo­cional. Esto rev­ela difi­cul­tades u obstácu­los en la comu­ni­cación del niño con la famil­ia, y con­sti­tuye un fac­tor de ries­go para la evolu­ción favorable.

La com­posi­ción famil­iar que rev­e­lan los niños, se cor­re­sponde con los miem­bros reales del hog­ar, en un 57.2 %. Un 21.4% real­iza proyec­ciones ampli­adas, deno­tan­do la impor­tan­cia afec­ti­va de otros famil­iares no con­vivientes. El 21.4 % dibu­ja famil­ias con miem­bros que no exis­ten o que no son famil­iares, lo cual evi­den­cia con­fusión o insat­is­fac­ciones respec­to al con­cep­to de familia.

En el caso del dibu­jo temáti­co sobre la Covid-19, que solo se apli­ca a los niños, un 42.9 %, se impli­ca per­sonal­mente. Se dibu­jan, solos o con sus famil­iares, en el entorno hos­pi­ta­lario, brin­dan­do detalles vívi­dos de los equipos y pro­ced­imien­tos médi­cos lo cual, suma­do al uso del col­or, que rev­ela pres­en­cia de emo­ciones neg­a­ti­vas o inhibi­ción emo­cional, y habla del alto impacto emo­cional que sig­nificó para ellos el haber esta­do enfermos.

Los demás niños (57.1 %), tienen evo­ca­ciones acer­ca de la enfer­medad, de un modo que impli­ca una relación más sana con el contenido.

Las pref­er­en­cias cromáti­cas en la may­oría solo van a col­ores que refle­jan esta­dos de áni­mos neg­a­tivos e inhibi­ción de la respues­ta emo­cional, aunque no se mues­tran altos por­cien­tos debido a que son pocos niños y podían escoger ocho colores.

En gen­er­al, las téc­ni­cas psicográ­fi­cas, expre­san reg­u­lar­i­dades en la mues­tra estu­di­a­da. Se obser­va con­ser­vación de los pro­ce­sos int­elec­tuales, poca cre­ativi­dad y recur­sos int­elec­tuales, así como inmadurez moto­ra. La social­ización resul­ta defici­taria, como ten­den­cia. La respues­ta emo­cional tiende a inhibirse en gen­er­al y en par­tic­u­lar, en la esfera famil­iar. Hay pre­do­minio de emo­ciones neg­a­ti­vas, como la ansiedad y la agre­sivi­dad. El tema de la Covid en casi la mitad de los niños estu­di­a­dos, se aso­cia con con­tenidos neg­a­tivos y remem­o­ración de viven­cias per­son­ales aso­ci­adas a la hos­pi­tal­ización. Hay afectación emo­cional evi­dente en una parte sig­ni­fica­ti­va de la población estu­di­a­da, sin que afecte los pro­ce­sos cog­ni­tivos ni se des­or­gan­ice el fun­cionamien­to general.

Com­posi­ción temática

La com­posi­ción la realizaron 16 ado­les­centes. La respues­ta emo­cional está inhibi­da en el 87,5 % de los casos estu­di­a­dos. El 75 %, están fun­cio­nan­do con menos energía psíquica y acome­tivi­dad del fun­cionamien­to usu­al en estas edades, lo que se expre­sa tam­bién en las fluc­tua­ciones del equi­lib­rio emo­cional de los suje­tos, en un 56 %.

La comu­ni­cación está inhibi­da en el 43.8 %, de los ado­les­centes, en con­traste con la ade­cua­da exten­sión de las com­posi­ciones de la may­oría. Con­sid­er­amos que el redac­tar y elab­o­rar sobre las viven­cias de haber pade­ci­do la enfer­medad, les per­mi­tió descar­gar angus­tias y pon­er en orden sus ideas acer­ca de este acon­tec­imien­to neg­a­ti­vo, recién vivi­do. El pen­samien­to es claro en un 62.5 %

El 50 % expre­sa un sobreapego hacia la madre, como prob­a­ble mecan­is­mo de búsque­da de pro­tec­ción y seguri­dad. Esto se cor­re­sponde con la alta inci­den­cia de esta con­duc­ta, ya referi­da2. Tam­bién se obser­van sig­nos de ansiedad, angus­tia y pér­di­da brus­ca de la energía o estropeo de la escrit­u­ra en pal­abras claves como ais­lamien­to, Covid-19, tratamien­to, dolor, miedo, famil­ia y man­i­festa­ciones explic­i­tas de sufrim­ien­to y depresión.

Al analizar los ras­gos gen­erales, las prin­ci­pales difi­cul­tades tienen mar­cadores altos en las tres áreas de actuación: per­son­al, social y famil­ia. Las difi­cul­tades en esta últi­ma área se cor­re­spon­den con el fun­cionamien­to famil­iar, el que en algunos casos fue puesto a prue­ba con la enfer­medad de todos los famil­iares con­vivientes. En estos casos el apoyo tuvo que pasar a ser asum­i­do por famil­iares no habit­uales en estas fun­ciones, en cir­cun­stan­cias nuevas y difí­ciles. No obstante, los ras­gos encon­tra­dos en lo rel­a­ti­vo a las esferas per­son­al, social y famil­iar, son esta­bles, o sea, que no son reac­tivos al padec­imien­to de la enfer­medad. (Ima­gen 5)

Imagen 5: Presencia de dificultades en las esferas personal, social y familiar, expresadas en las composiciones (porciento).

El ras­go grá­fi­co más ele­va­do en su insu­fi­cien­cia, resultó el inmunológi­co como debil­i­dad, 43.8 %, lo cual puede rela­cionarse con el hecho de haber pade­ci­do la enfer­medad y las difi­cul­tades en la social­ización en un 37.5 %.

Los con­tenidos que apare­cen en las com­posi­ciones son los siguientes:

Imagen 6: Contenidos abordados y su presencia en las composiciones realizadas.

El análi­sis de con­tenido está mar­ca­do por sen­timien­tos y viven­cias de sufrim­ien­to, dolor, miedo, incer­tidum­bre, e ideas de muerte, de man­era que las com­posi­ciones son detal­ladas y crudas, con una car­ga de angus­tia, no solo por lo que ya había pasa­do, sino por el sen­timien­to arraiga­do de que se pue­da repetir.

En algunos per­sis­ten secue­las impor­tantes como la pér­di­da del olfa­to o el gus­to, dolores de cabeza y malestar gen­er­al, por lo que las viven­cias neg­a­ti­vas se reac­ti­van de man­era con­stante. Esto, unido a la pér­di­da de famil­iares cer­canos, temor a ser rec­haz­a­dos por los ami­gos por evitación al con­ta­gio, o la agudización de padec­imien­tos ante­ri­ores a la enfer­medad, jus­ti­fi­ca el sobreapego, la tris­teza, inhibi­ción y fal­ta de acome­tivi­dad de estos menores. Algunos pocos expre­san la ale­gría con la pres­en­cia del per­son­al médi­co y la emo­ción del alta médica.

Con­sid­er­amos que, a pesar del alto impacto, las afecta­ciones de la esfera emo­cional, no lle­gan a afec­tar el pen­samien­to ni des­or­ga­ni­zan la estruc­tura de la per­son­al­i­dad en for­ma­ción. Sin embar­go, requieren de apoyo y acom­pañamien­to en el pro­ce­so de recu­peración, para ellos y sus familias.

Inte­gración del análisis

Al inte­grar el análi­sis exhaus­ti­vo de cada caso, pudo deter­mi­narse que hay 36 niños con algún niv­el de afectación psi­cológ­i­ca, como con­se­cuen­cia de haber pade­ci­do la Covid-19, lo cual rep­re­sen­ta un 81.8 % del total. Sin afectación se encuen­tran ocho, para un 18.2 % de la mues­tra. De ellos, tres son de un año de edad, uno de cua­tro, tres de nueve y uno de once (Ima­gen 7).

Imagen 7: Nivel de afectaciones emocionales presentadas (porciento).

Según la com­ple­ji­dad y niv­el de estruc­turación de la sin­toma­tología en la mues­tra, se apre­cia la sigu­iente dis­tribu­ción del niv­el de sev­eri­dad de la afectación emocional:

  • 29.5 % Afectación Leve. (36.1% del total de afectados).
  • 40.9 % Afectación mod­er­a­da. (50% del total de afectados).
  • 11.4 % Afectación sev­era. (13.9 % del total de afectados).

El 40 % de las cuidado­ras, no mues­tran con­cien­cia de prob­le­mas en relación con la afectación de los hijos. El 55.6 % de esos niños y ado­les­centes tienen una afectación mod­er­a­da y un caso es severo, sin que los adul­tos a car­go, ten­gan con­cien­cia de ello.

La ima­gen 8 per­mite apre­ciar los nive­les de afectación de la mues­tra estu­di­a­da, según los ran­gos de edad.

Imagen 8: Niveles de afectación emocional por rangos de edades (porcentaje).

En gen­er­al, los ado­les­centes son los más impacta­dos. Ninguno está libre de sín­tomas o desajustes. Pre­sen­tan más trastornos de niv­el mod­er­a­do y todos los severos están en este peri­o­do etario. La per­ma­nen­cia de los malestares físi­cos y la may­or con­cien­cia de la enfer­medad y del ries­go afronta­do puede ser causa del malestar emo­cional severo. Dos tuvieron pér­di­das de famil­iares cer­carnos (están en due­lo psi­cológi­co) y un ter­cero tiene a la madre en malas condi­ciones de salud por secue­las de la Covid. Estos tres casos coin­ci­den con diag­nós­ti­cos de inten­si­dad severa.

Como car­ac­terís­ti­cas psi­cológ­i­cas del fun­cionamien­to actu­al se encontró:

  • Pro­ce­sos cog­ni­tivos con­ser­va­dos en la mayoría.
  • Inteligen­cia y cre­ativi­dad de prome­dio a bajo.
  • Ten­den­cia a la inmadurez moto­ra, y rigidez del pen­samien­to en parte de los adolescentes.
  • Se pre­supone que la estim­u­lación de todos los pro­ce­sos del desar­rol­lo, no ha sido ópti­ma, por lo que no guar­da relación direc­ta con la enfermedad.
  • La social­ización y la diver­sión no emer­gen como con­tenido aso­ci­a­do al bien­es­tar en gen­er­al. Puede influir la imposi­bil­i­dad de realizar estas, debido a la pan­demia. En los niños, se con­sta­ta malestar en la inter­ac­ción con otros niños y famil­iares por con­flic­tos rela­cionales, lo cual no guar­da relación direc­ta, con el haber enfer­ma­do con Covid. Se con­sid­era que las habil­i­dades sociales y la necesi­dad de social­ización, no tienen buen niv­el de desar­rol­lo en la mues­tra estudiada.
  • Hay sig­nos de afectación emo­cional en el 81.8 %. Las viven­cias aso­ci­adas a la Covid han sido inten­sas y neg­a­ti­vas, por lo que sus efec­tos aún per­du­ran, afectan­do el bien­es­tar psi­cológi­co. No obstante, a pesar del impacto emo­cional, no alcan­za a des­or­ga­ni­zar los pro­ce­sos cog­ni­tivos, mostran­do respues­tas adap­ta­ti­vas resilientes. Los ado­les­centes mues­tran may­or afectación, lo cual puede estar rela­ciona­do con concien­cia de peli­gro y ries­go para la vida.
  • Dada la impor­tan­cia del acom­pañamien­to famil­iar en la recu­peración psi­cológ­i­ca de los niños y ado­les­centes, resul­ta lla­ma­ti­vo que el 60 % de las cuidado­ras (madres en la may­oría), no pare­cen ten­er con­cien­cia del impacto psi­cológi­co que ha deja­do la Covid, en sus hijos. Un 41 % de estas cuidado­ras, refieren malestar físi­co y/o psi­cológi­co, afectan­do sus posi­bil­i­dades de brindar cuidados.
  • La ausen­cia de con­cien­cia en los padres, de la necesi­dad de apoyo psi­cológi­co para sus hijos, no resul­ta nove­doso para los espe­cial­is­tas de salud men­tal, con­sideran­do con­ve­niente su estimulación.
  • El con­tex­to famil­iar que pre­dom­i­na se car­ac­ter­i­za por un niv­el educa­ti­vo medio; ingre­sos por deba­jo del prome­dio salar­i­al; vivien­das en esta­do reg­u­lar o malo y un índice no des­pre­cia­ble de haci­namien­to. Una parte impor­tante de las famil­ias son de tipo mono­parental mater­na, sin poder­se pre­cis­ar el lugar que ocu­pan los padres en las vidas de sus hijos. Con­sid­er­amos prob­a­ble que una parte de estas famil­ias se encuen­tren en ries­go y/o desven­ta­ja social, lo cual debería ser obje­to de estu­dio de otras investigaciones.

Conclusiones

  • En la mues­tra de 44 niños y ado­les­centes, res­i­dentes de La Habana, que han pade­ci­do la Covid-19. Se encuen­tra que el 81.8 % está afec­ta­do emo­cional­mente, sin que haya des­or­ga­ni­zación de los pro­ce­sos cog­ni­tivos, los que en gen­er­al mues­tran un fun­cionamien­to nor­mal, con un poten­cial de prome­dio a bajo. Las necesi­dades y com­pe­ten­cias para la social­ización, se encuen­tran defici­tarias, como car­ac­terís­ti­ca pre­dom­i­nante en la muestra.
  • No hay con­cien­cia de afectación de los hijos, en un 60 % de las cuidado­ras prin­ci­pales, lo cual limi­ta el acom­pañamien­to que requieren niños y ado­les­centes para su recu­peración. Los con­tex­tos famil­iares en su may­oría, pre­sen­tan car­ac­terís­ti­cas con posi­bil­i­dad de ries­go y/o desven­ta­ja social, lo que debe con­statarse en otras inves­ti­ga­ciones para ofre­cer la ayu­da requerida.
  • La total­i­dad de los casos estu­di­a­dos, deben recibir acom­pañamien­to psi­cológi­co, ten­gan o no sus padres con­cien­cia de las prob­lemáti­cas de sus hijos. Crear esa con­cien­cia, es fun­da­men­tal en la labor que se requiere para la pro­tec­ción de la salud men­tal de este grupo de infantes.

Recomendaciones

Ofre­cer apoyo y seguimien­to psi­cológi­co a la total­i­dad de las famil­ias del estu­dio, para el mane­jo de los niños y ado­les­centes y para los adul­tos impli­ca­dos, muchos de ellos tam­bién con­va­le­cientes de la Covid.

Que se real­ice un estu­dio de ries­go y desven­ta­ja social en estas famil­ias, que ten­ga como final­i­dad, brindar otros apoyos requeri­dos para una pro­tec­ción inte­gral de la infancia.

Referencias bibliográficas

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