SILVIO RODRÍGUEZ: UN CIENTÍFICO SOCIAL

Manuel Calviño

Facultad de Psicología, Universidad de La Habana

Resumen

El pre­sente escrito con­tiene las Pal­abras de elo­gio del pro­fe­sor Manuel Calviño, en el acto de entre­ga del títu­lo de Doc­tor Hon­oris Causa en cien­cias sociales y humanidades a Sil­vio Rodríguez Domínguez.

Pal­abras clave: Sil­vio Rodríguez Domínguez, can­tau­tor, músico

Abstract

This doc­u­ment con­tains the words of praise from Pro­fes­sor Manuel Calviño, in the act of award­ing the title of Doc­tor Hon­oris Causa in social sci­ences and human­i­ties to Sil­vio Rodríguez Domínguez.

Key­words: Sil­vio Rodríguez Domínguez, singer-song­writer, musician

Para Sil­vio,
a quien las cien­cias sociales y las humanidades cubanas
le agrade­cen ser parte con­sus­tan­cial de ellas.

Cuan­do supe la decisión de la direc­ción uni­ver­si­taria de entre­gar el Títu­lo de Doc­tor Hon­oris causa en cien­cias sociales y humanidades a Sil­vio Rodríguez Domínguez –el hijo de Dagob­er­to y Argelia, cri­a­do con músi­ca y poesía, con espíritu lib­er­tario y sen­si­ble, en el Bar­rio de la Loma, San Anto­nio de los Baños… “donde hay un río[1] (Yo soy de donde hay un río)– pen­sé que se había toma­do una jus­ta y acer­ta­da decisión que me hizo sen­tir una pro­fun­da ale­gría actu­al con una larga historia.

Como de vez en cuando…solo de vez en cuan­do, más bien casi nun­ca, “que no es lo mis­mo pero es igual”(Pequeña ser­e­na­ta diur­na) “me acecha el fan­tas­ma” (Tu fan­tas­ma), “cara­pál­i­da”, por cier­to (Me acosa el cara­pál­i­da) del cien­tifi­cis­mo (ese que por momen­tos parece que “con­quista nue­va fama”(Llover sobre moja­do) –“iSolavaya!, aves de malagüero”(Me quieren)–, me lancé a hac­er más vál­i­da mi apre­ciación y durante var­ios días pre­gun­té a dece­nas de per­sonas (bue­na parte pro­fe­sores y estu­di­antes de nue­stro alto cen­tro de estu­dios) qué pens­a­ban de la decisión. La respues­ta unán­ime fue: Más que mere­ci­do… y claro no fal­taron los que agre­garon, con un cier­to matiz de incon­formi­dad con­struc­ti­va críti­ca, “hace rato se lo podían haber dado”. Bueno, si no se agre­ga un pero, no se es cubano. Además, como nue­stro nue­vo Doc­tor Hon­oris causa ha sen­ten­ci­a­do: “La críti­ca y la autocríti­ca son her­ramien­tas indis­pens­ables. La incon­formi­dad es legí­ti­ma, y es pro­gre­so(Cubade­bate, 2016) Al final, esta­mos ante una decisión “cum laude”.

Cuan­do supe, al mis­mo tiem­po, que tam­bién la direc­ción uni­ver­si­taria me invita­ba a hac­er las pal­abras, lla­madas de elo­gio, en el Acto de otorgamien­to (lo que agradez­co enorme­mente), entonces ya llegué al bor­de del parox­is­mo, eso sí acom­paña­do de inqui­etud y, lo digo sin­ce­ra­mente, un poco de miedo. “Quizás lo mejor es ni averiguar… Da miedo temer” (Se cuen­ta de ti).

Por suerte, una idea de Man­dela me resultó ter­apéu­ti­ca: “…la valen­tía no es la ausen­cia de miedo, sino el tri­un­fo sobre el miedo. El hom­bre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que con­quista ese miedo”. Entonces me entregué a la tarea. Lo hice recor­dan­do que el des­ti­natario de las pal­abras que voy a con­ju­gar, durante algún tiem­po vivió “con­ven­ci­do de que era la encar­nación del capitán Ahab(Pren­sa Lati­na, 2022), capitán del bar­co bal­len­ero Pequod), y per­se­cu­tor obse­sion­a­do por la ven­gan­za con­tra Moby Dick (Nov­ela Moby Dick. 1851), lo que me dio por pen­sar que yo podría acom­pañar­lo sien­do Star­buck (sin “s” al final), el primer ofi­cial al man­do en la nov­ela de Her­man Melville –la voz de la razón–, quien esta­ba con­ven­ci­do que el val­or más seguro y más útil es el que surge de una jus­ta esti­mación del peli­gro que se afronta, y más aún, que un hom­bre que igno­ra el miedo es com­pañero mucho más ries­goso que un cobarde.

Has­ta aquí, creí logra­da mi tran­quil­i­dad reflex­i­va, propia de un psicól­o­go pro­fe­sion­al. Pero, lo fun­da­men­tal esta­ba por verse: la intran­quil­i­dad metodológ­i­ca, la del cómo hacerlo.

Así, luego de hac­erme “un café román­ti­co, bar­ro­co” y recor­rer “mi cabeza en agua fría” (Llover sobre moja­do), empezaron a dar vueltas por mi mente (por mi psique, mi sub­je­tivi­dad –eli­jan ust­edes la expre­sión ade­cua­da) imá­genes car­gadas de col­or, con muy bue­na onda, con un “flow” riquísi­mo (aho­ra va emergien­do mi yo-musi­cante). Las evo­ca­ciones no se hacen esper­ar. Recuer­do la segun­da mitad de los sesen­ta, un via­je a Matan­zas. Sil­vio con su gui­tar­ra – “pecosa y discreta…tímida… reclu­ta tam­bién” (La gui­tar­ra del joven sol­da­do) la que ya des­de entonces reconocía, y has­ta hoy, como su mejor fusil. Yo iba como miem­bro de un grupo de Rock, jóvenes recién egre­sa­dos de la UM-2350 de Man­agua, “Los Dada”. Y entonces, empezó la can­ción… “Qué­date. Qué­date. Para poder vivir sin llan­to” (Qué­date). No nece­si­to la grabación para escuchar­lo y escucharme hacién­dole la segun­da. “Que man­eras más curiosas de recor­dar tiene uno” (Mari­posas).

Salta capri­chosa la memo­ria y me lle­va a Man­zanil­lo, hace algo más de cin­cuen­ta años. Acto fun­da­cional de lo que quedó en lla­marse el Movimien­to de la Nue­va Tro­va. Y después del jol­go­rio, jun­to a Pablo Milanés, Noel Nico­la, Vicente Feliu, Enriq­ui­to Núñez, Augus­to Blan­ca, Car­los Alfon­so, Amau­ry Pérez, Frank Fer­nán­dez y otros, empren­der la cam­i­na­ta que nos lle­varía de Playa las Col­oradas (no pre­cisa­mente por la playa, sino por el tupi­do man­gle) has­ta Ale­gría de Pio. 30 kilómet­ros car­ga­dos de his­to­ria y compromiso.

Pero inclu­so antes que yo subiera la escali­na­ta para no bajar­la nun­ca más, Sil­vio ya acom­paña­ba el espíritu uni­ver­si­tario. Se le escuch­a­ba en el Par­que de los Cabezones, en la casa de K 507, donde quiera que el pen­samien­to rev­olu­cionario y evolu­cionario, rev­olu­cionador, hacía lo que cor­re­spondía: hac­er “invo­can­do a Perale­jo, que nos viene mejor” (Pre­lu­dio de Girón). Sil­vio ha esta­do siem­pre intra­muro: en la asim­i­lación de sus tex­tos, en las polémi­cas que gen­er­a­ba, en la evi­den­cia per­son­al de que decía lo que muchos y muchas queríamos decir y no sabíamos cómo, pero además él lo hacía con un ver­so cor­tante, intran­si­gente, desafi­ante, enamorado.

Ya en la época era un dis­em­i­nador de ideas, un escu­d­riñador de los reglones tor­ci­dos has­ta de la vir­tud, un dialo­gante ref­er­en­cial entre los jóvenes (y los no tan jóvenes), un desnat­u­ral­izador de lo obvio (algo cuyo val­or encon­tramos tam­bién en Freire). En fin, alguien que proveía y pro­movía “ideas, infor­ma­ción y con­cep­tos para ayu­darnos a enten­der el mun­do en el que vivi­mos, quiénes somos, de dónde ven­i­mos y hacia dónde vamos… [alguien que] ayu­da a pen­sar los prob­le­mas colec­tivos que enfrenta­mos y a imag­i­nar man­eras más jus­tas de orga­ni­zar la vida social” Por cier­to, esto que acabo de leer es una suerte de defini­ción de Eze­quiel Adamovsky que es un cien­tí­fi­co social. (La vaca, 2016) A buen entende­dor pocas palabras.

Sil­vio era tam­bién nue­stro. Es tam­bién nue­stro. De los que poblam­os esta Col­i­na de lucha int­elec­tu­al, rev­olu­cionar­ia, mambisa.

En esta Uni­ver­si­dad, de 295 años de juven­tud acu­mu­la­da, hemos can­ta­do con Sil­vio, porque “el can­to de la Patria es nue­stro can­to” (Pre­lu­dio a Girón), hemos ama­do con Sil­vio, con ese “amor que can­ta y te eterniza, que te hace trascen­der” (Mujer sin som­brero), hemos com­bat­i­do con Sil­vio “fusil con­tra fusil” (Fusil con­tra fusil), hemos pen­sa­do con Sil­vio, porque en sus can­ciones “la Cuba actu­al… inspi­ra pre­ocu­pación y ocu­pación, o sea respeto y esper­an­za(Cubade­bate 2014) El reclamo de la patria es siem­pre pri­or­i­dad y “hay que acud­ir cor­rien­do pues se cae el por­venir” (La era está parien­do un corazón).

Claro que hubo tiem­pos difí­ciles (si alguien sabe cuáles son los fáciles que me lo diga) en que algunos burócratas con­fundían com­pro­miso con irrev­er­en­cia, pen­samien­to pro­pio con desviación ide­ológ­i­ca, críti­ca con acción ene­mi­ga; tiem­pos en que no fal­taron los trasnocha­dos que se creían dueños de la rev­olu­ción y sen­ten­cia­ban lo que era rev­olu­cionario y lo que no lo era como erup­ción infun­da­da de su medioc­ridad. Pero Sil­vio siem­pre supo que “la Rev­olu­ción era de quien la sin­tiera y la abrazara” (Rodríguez S. 2017) Y él, indud­able­mente, la abrazó, inequívo­ca­mente creyó siem­pre en Fidel (como ha con­fir­ma­do innu­mer­ables veces) y sabía, aris­totéli­ca­mente, que “solo una mente edu­ca­da puede enten­der un pen­samien­to difer­ente al suyo sin necesi­dad de aceptarlo”.

Fue en esa época, según su pro­pio rela­to, que acabó “vis­i­tan­do a un ami­go psiquia­tra, con quien trata­ba de encon­trar respues­tas a lo que [le]me había suce­di­do… el médi­co, que tenía fama de exce­len­cia, [le]me dijo que [se]me olvi­dara de la políti­ca y [se]me sal­vara”. Paciente indis­ci­plina­do, indó­cil diría yo, para ser más exac­to– “en aquel momen­to decidió no regre­sar a la mar­avil­losa con­sul­ta y curarse solo, o acabarse de enfer­mar, asum­ien­do su país con las con­tradic­ciones que tuviera”. (Rodríguez S. 2017)

Lo cier­to es que, como afir­mó en 1984: “me hubiera gus­ta­do estar en el Bayamo insur­gente de 1868; me hubiera gus­ta­do pertenecer a la caballería del May­or; desem­bar­car con Martí y Gómez por Play­i­tas; me hubiera gus­ta­do estar en la man­i­festación donde mataron a Tre­jo y coger el bar­co en que Pablo de la Tor­ri­ente marchó a España, a luchar por la Repúbli­ca; hubiera ido con­tento al Mon­ca­da, hubiera nave­g­a­do en el Gran­ma, hubiera hecho la guer­ra en la Sier­ra o en el llano, jun­to a Fidel; hubiera queri­do estar en la Que­bra­da del Yuro, en aquel octubre del 67” (Casaus V, Nogueras R. 1984) Por lo demás, “que lev­ante la mano la guitarra”.

Como yo “no quisiera un fra­ca­so en el sabio deli­to que es recor­dar” (De la ausen­cia y de ti), no voy a caer en la tentación de recon­tar his­to­rias cono­ci­das y admi­radas, que per­fi­lan una vida pro­fun­da­mente com­pro­meti­da con la patria, la lib­er­tad, la jus­ti­cia, el arte, la con­struc­ción social y obvi­a­mente con el amor –el que “despeña su suerte por un tiem­po mejor” (Por quien merece amor).

Esas his­to­rias están allí, pero no solo como lo suce­di­do, sino integradas orgáni­ca­mente en una obra úni­ca, indi­vis­i­ble, inclau­di­ca­ble. La his­to­ria del alfa­bet­i­zador de 14 años que por primera vez se inte­gra­ba a una labor social, en su “primera tarea”; la del nave­g­ante de 23 años, “incom­pren­di­do y calum­ni­a­do” que durante cua­tro meses y dos días tra­ba­jó y vivió jun­to a “los hom­bres del Playa Girón” (Playa Girón) y con­cibió 62 can­ciones car­gadas de pro­fun­dos pen­samien­tos que acu­mu­lan ya algo más de sin­cuen­ta años… sin­cuen­ta, con s, porque siguen sien­do de hoy; la his­to­ria del “Papá de un pio­nero de guer­ra” que en car­ta a Alfre­do Gue­vara, fecha­da el 15 de diciem­bre de 1975, le decía “…quiero que me des la opor­tu­nidad de irme a Ango­la. La argu­mentación creo que es obvia, la que podrá ofre­cer cualquier rev­olu­cionario. Por otra parte, en mí, una gente que se for­mó en los años de la epopeya de Che y que más tarde, bue­na parte de su tra­ba­jo lo ha inspi­ra­do el inter­na­cional­is­mo, se hace necesi­dad casi angus­tiosa esta expe­ri­en­cia” (Per­rerac 2016) Y es que le urgía la “can­ción que nació una vez que se nave­g­a­ba el mun­do, cuan­do elegi­mos el rum­bo bajo la estrel­la del Che” (Can­ción para mi soldado).

Y no hablo fes­ti­nada­mente de una obra úni­ca, indi­vis­i­ble, inclau­di­ca­ble. Es que en la espi­ral del desar­rol­lo –del hom­bre, del músi­co, del poeta, del rev­olu­cionario– se renue­van las epopeyas (esas que como bien el mis­mo ha dicho son las que nece­si­tan los jóvenes, “porque todos los jóvenes, de todas las épocas, si tú les pones una epopeya delante, se la comen” (The Lit­er­a­cy Project, 2020) Y a Sil­vio no le cuadra mucho esper­ar a que ven­gan. Invari­able­mente, ha sali­do a bus­car­las, ha ido al encuen­tro con la gente en los esce­nar­ios de las luchas por el bien­es­tar y la feli­ci­dad de los cubanos y las cubanas. Y prosigue con su com­pro­miso, lle­va “a bor­do de esta expedición…un loco, un albañil, un nigro­mante, un ruiseñor y un beso espadachín” Expe­di­ción) Lle­ga a los bar­rios, inclu­so a los bar­rios de reclu­sos (a las pri­siones). Fun­da espa­cios para la eman­ci­pación cul­tur­al, la pro­mo­ción de los exclu­i­dos del uni­ver­so com­er­cial de las graba­ciones y edi­ciones, hace apare­cer Ojalá, Abdala; se abre en el cibere­s­pa­cio con su “Segun­da cita” para la con­struc­ción y el debate. Todo puesto a exten­der, a mul­ti­plicar, a servir, porque, como su ami­go azul, “saber com­par­tir es siem­pre su vocación” (Uni­cornio)

Sen­cil­la­mente, despl­ie­ga sus alas de col­i­brí “liviana y pura” (Ala de col­i­brí), con todos y para el bien de todos, como sen­ten­ció aquel hom­bre a quien cono­ció su abue­lo Félix, cuan­do “estando en una bode­ga de Tam­pa …un señor le había pre­gun­ta­do qué hacía por aque­l­las tier­ras y que él le había respon­di­do que su padre tra­ba­ja­ba en cier­ta taba­que­ría. El señor había son­reí­do y le había dicho que era una casu­al­i­dad, porque den­tro de pocos días él iba a vis­i­tar el lugar donde tra­ba­ja­ba su papá, para hablar con los tra­ba­jadores. Y aquel hom­bre amable era José Martí” (López, A., 2022).

Ate­soro, en mi sanc­ta­sanc­tórum domés­ti­co, un CD (el Vol­u­men 2 de la Trilogía Sil­vio, Rodríguez, Domínguez, de 1994) en cuyo book­let hay una ded­i­ca­to­ria que escribió sen­ta­do jun­to a la escafan­dra que encon­tró “al pie del mar de los delirios” y que comien­za dicien­do: “Para Manolo, a quien llo­ra la músi­ca…” Hoy casi trein­ta años después, puedo devolver­le el gesto con estas pal­abras que no pre­tenden mucho más que decir: “Para Sil­vio, a quien las cien­cias sociales y las humanidades cubanas le agrade­cen ser parte con­sus­tan­cial de ellas”.

Porque aquel que es “de la aven­tu­ra de exi­s­tir… y el otro poco… de la ilusión” (Llegué por San Anto­nio de los Baños) ha sido, como la pupi­la de Rubén (Martínez Vil­lena), un inda­gador insomne de la sociedad cubana. La ha inda­ga­do, cues­tion­a­do, la ha expre­sa­do y ha lucha­do por hac­er­la “un tilín mejor” (Cita con ánge­les). Y eso es ser un cien­tí­fi­co social.

Porque quien nos ha invi­ta­do a “llenar de opti­mis­mo ese buen corazón… y hac­er cita con el por­venir” (Yo soy como soy) ha sido un miem­bro por dere­cho pro­pio de la Uni­ver­si­dad que, al decir de Mel­la, “debe influir de man­era direc­ta en la vida social, debe señalar las rutas del pro­gre­so, debe oca­sion­ar por medio de la acción ese pro­gre­so entre los indi­vid­u­os, debe… arran­car los mis­te­rios de la cien­cia y expon­er­los al conocimien­to de los humanos” (Cita­do por Alfon, A., 2023) Esto es ser un pro­fe­sor universitario.

Me apenan los que creen, o con­struyen y dan alien­to a la fal­sa creen­cia, que cien­cia es solo lo que se pub­li­ca en las revis­tas de alto impacto –muchas de las cuales, espe­cial­mente en las Cien­cias Sociales, son, sobre todo, epis­te­mológi­ca­mente, ide­ologías de las hege­monías neolib­erales, las que hacen suyo el ejer­ci­cio uni­lat­er­al del cri­te­rio y que se hacen acom­pañar de posi­ciones y gru­pos de poder. “Todos les temen pues saben que son los fan­tas­mas, los fan­tas­mas” (El rock de los fan­tas­mas) del ejer­ci­cio de la ver­ti­cal­i­dad sor­da que desconoce que ya en la pri­mav­era de 1845, Marx nos alertó: “El prob­le­ma de si al pen­samien­to humano se le puede atribuir una ver­dad obje­ti­va, no es un prob­le­ma teóri­co, sino un prob­le­ma prác­ti­co. Es en la prác­ti­ca donde el hom­bre tiene que demostrar la ver­dad, es decir, la real­i­dad y el poderío, la ter­re­nal­i­dad de su pen­samien­to” (Marx, C., Engels, F. 1980; 2) Lo demás es un prob­le­ma pura­mente escolás­ti­co”. “Si alguno que me escucha se viera retrata­do, sépase que se hace con ese des­ti­no. Cualquier recla­mación, que sea sin mem­brete” (Resumen de noticias)

Los que creemos en “la util­i­dad de la vir­tud” y en “la vir­tud de la util­i­dad”, miramos no solo a la racional­i­dad de la Cien­cia, sino tam­bién a su líri­ca. Líri­ca com­pro­meti­da que en la Uni­ver­si­dad de La Habana ha tenido a excel­sos cul­tores, des­de Varela, Cés­pedes, Agra­monte, Martí, Here­dia, en un largo camino que lle­ga a Vil­lena, Mel­la, Fidel, y por supuesto Vicenti­na, Euse­bio, Reta­mar (por solo nom­brar algunos). La líri­ca que es la condi­ción uni­ver­si­taria de sen­tipen­santes (Galeano). La expre­sión autén­ti­ca de los sen­timien­tos, de las emo­ciones que hacen y son hechas por los com­pro­misos. No se puede param­e­trizar el amor y sin amor no hay cien­cia posi­ble, bien que “Solo el amor alum­bra lo que per­du­ra. Solo el amor con­vierte en mila­gro el bar­ro… Solo el amor engen­dra la mar­avil­la” (Solo el amor).

Ter­mi­no recor­dan­do un axioma del após­tol: Hon­or a quien hon­or merece. Eso afir­mamos hoy, aquí. Por causa de hon­or esta­mos agrade­cien­do y recono­cien­do a este “reparador de sueños” (El reparador de sueños), que no dudó nun­ca, y que “tenía claro a los veinte años que mi país era mucho más impor­tante que yo”. (Gar­cía, N., 2015)

Gra­cias Sil­vio, por acep­tar este Títu­lo de Doc­tor Hon­oris Causa en Cien­cias Sociales y Humanidades de nues­tra Uni­ver­si­dad, por per­mi­tirnos esta ven­eración que “noble­mente nos sube a tu estatu­ra” (Llover sobre mojado).

Las y los pro­fe­sores y estu­di­antes de la Uni­ver­si­dad de La Habana ten­emos en ti, Sil­vio Rodríguez Domínguez, un her­mano “que arde, un her­mano de suerte, de vida, de his­to­ria, de sueños” (Si ten­go un her­mano), un her­mano con quien rat­i­fi­camos los com­pro­misos de hoy: “En todos los segun­dos, en todas las visiones” (Ojala) somos y ser­e­mos los que “podemos son­reír en ple­na luz” (Al final de este via­je), los que repeti­mos des­de la pro­fun­di­dad de nues­tra alma cubana, de nues­tra vocación uni­ver­si­taria, rev­olu­cionar­ia “Yo me muero como viví” (El necio).

Referencias bibliográficas

Alfon­so, A. (2023). Mel­la, ejem­p­lo de inte­gri­dad rev­olu­cionar­ia. En: Tri­buna de La Habana. Disponible en: http://www.tribuna.cu/historia/2023–03-25/mella-ejemplo-de-integridad-revolucionaria

Casaus, V., Nogueras, R. (1984). Que lev­ante la mano la gui­tar­ra. p.114. Disponible en: https://desarmandolacultura. files.wordpress.com/2018/04/casaus-victor-silvio-que-levante-la-mano-la-guitarra.pdf

López, A. (2022). Entre­vista con el míti­co trovador cubano Sil­vio Rodríguez: “Cier­ro filas con mi pueblo que sufre una tor­tu­ra cal­cu­la­da de seis décadas. En: Coun­cil of Hemi­spher­ic Affairs. Disponible en: https://www.coha.org/ entrevista-con-el-mitico-trovador-cubano-silvio-rodriguez-cierro-filas-con-mi-pueblo-que-sufre-una-tortura-calculada-de-seis-decadas/

Cubade­bate (2014). Sil­vio Rodríguez: “Soñar con imposi­bles es posi­ble; ignoro si afer­rarse ten­ga sen­ti­do” Cubade­bate. 2 de mar­zo, 2014. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/03/02/silvio-rodriguez-sonar-con-imposibles-es-posible-ignoro-si-aferrarse-tenga-sentido/

Cubade­bate (2016). Sil­vio Rodríguez: La incon­formi­dad es legí­ti­ma y es pro­gre­so. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/noticias/ 2016/02/01/sil­vio-rodriguez-la-incon­formi­dad-es-legit­i­ma-y-es-pro­gre­so/

Gar­cía, N. (2015). Ojalá. Sil­vio Rodríguez en su tier­ra. Doc­u­men­tales en la TV públi­ca. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=fgB2ekcyhlg)

La vaca (2016). Lo que dejó el debate por el rol del Con­icet: ¿para qué sirve finan­ciar inves­ti­ga­ciones en Cien­cias Sociales? Disponible en: https://lavaca.org/notas/lo-que-dejo-el-debate-por-el-rol-del-conicet-para-que-sirve-financiar-investigaciones-en-ciencias-sociales/

Marx, C., Engels, F. (1980). Obras Com­ple­tas de Marx y Engels, vol. 1, p. 2. Edi­to­r­i­al Progreso.

Per­rerac (1976) Enci­clo­pe­dia del can­tar pop­u­lar. Sil­vio en Angola,1976.https://perrerac.org/album/ sil­vio-rodriguez-sil­vio-en-ango­la-1976/13640/

Pren­sa Lati­na (2022) Sil­vio Rodríguez. El com­bat­iente. Disponible en: https://www.prensa-latina.cu/2022/12/06/silvio-rodriguez-el-combatiente‑i

Rodríguez S. (2017) Mi truene del ICR. En Segun­da Cita. Disponible en: https://primerocuba.blogspot.com/2017/10/mi-truene-del-icr-por-silvio-rodriguez.html

The Lit­er­a­cy Project (2020) Sil­vio Rodriguez. Mi primera tarea. Disponible en https://www. youtube.com/watch?v=XnCmeuMtmvY

Notas

  1. Todas las can­ciones de Sil­vio Rodríguez cuyos frag­men­tos se uti­lizan en el tex­to tienen su títu­lo referi­do.

Deja un comentario